domingo, 18 de marzo de 2018

Los Catalanes en Cuba (y un repaso de los de otras partes de España)



Los Catalanes en Cuba (y un repaso de los de otras partes de España)

Cuando después de siete años en el presidio Modelo de Isla de Pinos y unos meses en una granja en Melena del Sur, cumpliendo una condena de 20 años por el falso delito de “atentar contra los poderes del estado”, en varias visitas previas a su libertad condicional, mi padre me pidió le fuera consiguiendo un grupo de cosas para hacerse una comida de la que estaba ansioso. Visitas a varias bodegas en el pueblo, que aún tenían vinos y licores de la época anterior a la revolución y que no era costumbre consumir por los hogareños, entre ellas una botella de Oporto, que parece que los lugareños no valoraban debidamente, harían compañía al ansiado manjar.

Llegó el día tan esperado en que le dieron la libertad condicional y fui con Papá a saborear el famoso plato, que no era más que unas exquisitas Papas a la Catalana. Y el vino lo dejamos para otra ocasión y de una caja de cerveza yo me tomé 4 y mi padre 20. Esto, visto como una simple pincelada, es parte de la tremenda huella que dejaron los catalanes en nuestro país.  Cuando  un hombre ha estado privado de la libertad y de sus gustos y lo primero que desea es comerse unas papas a la catalana por algo será, un algo que está muy enraizado en él y en la sociedad.  Y mi padre es hijo de madrileño y andaluza, así que por ahí no viene.

La emigración española hacia Cuba

La emigración española hacia Cuba comenzó en 1492, prosiguió en 1898 y se prolongó hasta la actualidad. El primer avistamiento de un barco español fue el acercamiento a la isla el 27 o 28 de octubre de 1492, probablemente en Bariay en el extremo oriental de la isla. Cristóbal Colón, en su primer viaje a América, navegó hacia el sur desde lo que hoy son las Bahamas para explorar la costa noreste de Cuba y la costa norte de La Española. Cuando Cristóbal Colón descubrió la isla creyó que era una península del continente asiático.

En Cuba, al igual que en otros lugares de la llamada Nueva España, como México, la influencia española fue decisiva, pero a diferencia de las tierras continentales, en la Isla la población autóctona no sobrevivió.  En las otras tierras se fue imponiendo una cultura mestiza producto de ambas culturas, la indígena y la española, sobre las cuales predominó la religión, que fuera impuesta a sangre y fuego. Más tarde ocurriría en todo el caribe similar mezcla, pero con los esclavos africanos.

En Cuba casi todos, salvo la población negra descendiente de esclavos, era en su inmensa mayoría o española o descendiente de españoles, a lo que se añadió después de la independencia de Cuba y a principios del siglo XIX una gigantesca migración española en busca de nuevos horizontes y que huían de una España desgastada económica y moralmente por sus guerras coloniales lo que hizo a muchos españoles jóvenes desertar del ejército y comenzar una nueva vida en América y en particular en Cuba.

La cultura española predominó completamente toda la primera mitad del siglo XIX con expresiones en la gastronomía, la música, el comercio, la literatura, el teatro, las costumbres, en fin en todo el espectro cultural y económico, aunque en este último fue cediendo terreno ante el capital norteamericano.

Cuba, colonia española, siempre fue un destino deseado de los peninsulares desde su descubrimiento hasta el siglo XIX. A partir de la independencia de Cuba, ésta se convirtió en un proceso continuado durante la primera mitad del siglo XX, principalmente en sus primeras cuatro décadas y con diferentes características, ya que en la etapa colonial fue evolucionando desde una colonización dirigida a la creación de núcleos urbanos, con el establecimiento de colonos blancos, hasta la entrada de trabajadores libres en régimen de asalariados, de acuerdo al desarrollo de la economía y del sistema productivo cubanos, pero después tuvo marcados visos políticos y económicos.

Hasta 1904 Cuba fue el destino principal de los españoles que decidieron emigrar, y de ellos,  cuatro de cada diez españoles se asentaron en La Habana, y una proporción similar en las provincias azucareras de Oriente, Camagüey y las Villas.

Después, de esta emigración económica  se pasa al exilio político durante el período 1931 a 1945. Es en esos años empieza una especie de reserva hacia la emigración española, aún a pesar de la gran composición ibérica de la población, porque se consideraban peligrosos que podían alterar aún más la situación política y social inestable en la Isla.

Sin embargo, casi toda la emigración española hacia Cuba se caracterizaba por tratarse de personas humildes y trabajadoras que buscaban una vida mejor y para ello estaban dispuestos a someterse a grandes sacrificios, que iban más allá de los dolorosos al dejar su familia y su vida anterior atrás.

El viaje de los emigrantes españoles hacia Cuba transitaba por un largo calvario que empezaba en la aldea o pueblo de origen o en Madrid. Si vivían cercanos a uno de los grandes puertos de donde partían los buques, el viaje en su conjunto era más sencillo, pero si no era así, tenían que trasladarse al puerto adjudicado por las autoridades de migración, para lo que se empleaba la vía ferroviaria en primera instancia, pero también había caravanas de familias, amigos o coterráneos que viajaban a pie o en carros tirados por caballos hasta el lugar de donde partía el buque.

Una vez que llegaban al puerto correspondiente, no era raro que hubiera que hacer una larga estadía hasta la partida del barco, mientras tanto se pasaban trabajosos trámites a presentar ante las autoridades portuarias. Y finalmente llegaba el triste momento de partir, pues muchos sabían que no volverían a ver a su familia ni a su pueblo, que iban a un viaje sin retorno, como nos narró Alberto Cortés en su poema-canción “El Abuelo” y que se convirtió en el destino de la mayoría de los emigrantes españoles a América.

Pero la travesía no era ni mucho menos un lecho de rosas, en realidad era algo desesperante.
Esta nunca duraba menos de veinte días, llenos de incomodidades, suciedad, falta de higiene, frío o calor, hacinamiento, hambre, comidas en mal estado y hasta escasez de agua.

Ya en el siglo XX estas condiciones infrahumanas mejoraron sensiblemente, porque las leyes fueron más exigentes con las compañías navieras que propiciaron espacios vitales, condiciones sanitarias, enfermería, baños, asistencia médica, agua y alimentos en buen estado y suficientes, calefacción, ventilación y camarotes.

Y después estaban las condiciones de entrada a Cuba, que con el campamento  de inmigración llamado Triscornia, del que hay que hablar en detalle, constituían otro penar.  Y hay que decir que por Triscornia, entre 1900 y 1959, pasaron dos millones de españoles, la mayoría en las primeras décadas del siglo XX. Notemos que la población total de Cuba en 1898 era de 1 millón 632 mil habitantes.

A partir de la desintegración del colonialismo español en 1899, se detuvo temporalmente la emigración a Cuba, es más muchos decidieron regresar a España. Pero al cabo de pocos años la emigración volvió a tomar ímpetu, y con mucha más fuerza que antes, debido a la apertura económica que promovieron la situación política cubana, un flujo migratorio que se mantuvo por las dos primeras décadas del siglo XX.

Una prueba de ello es que en 1900, la población de Cuba era de 1,6 millones, de los cuales 127 mil eran españoles de nacimiento, de ellos 6.400 eran catalanes.pero en 1920, con una población de casi tres millones de habitantes, en la isla vivían más de 300.000 españoles, de ellos 16.000 catalanes.  Afirman los historiadores que en esta época se produjo el mayor de los trasvases humanos desde España hacia América,que abarca desde 1880 hasta 1930 y que supera todos los siglos anteriores de conquista y colonización. Del gran trasiego de más de tres millones de personas en medio siglo, una tercera parte llega a Cuba y una parte muy importante no regresa, sino que se asienta y se reproduce biológica y culturalmente.
                         Una bodega asturiana en La Habana.

Composición de la emigración y los catalanes.

Por supuesto que no todas las regiones de España  influyeron por igual en la conformación de la cultura cubana, su simple explicación la tenemos en el hecho de que los cubanos a los españoles les decimos “gallegos” porque esa fue la mayor emigración que asimilamos.

 Los españoles y sus descendientes se agruparon en sociedades culturales y de ayuda mutua, que comenzaron con el Centro Español y después fueron derivando en otras más regionales..

Fueron precisamente el Centro Gallego de La Habana y el Centro Asturiano de La Habana las instituciones con mayor cantidad de miembros y por ende con mayor poderío económico. Prueba es que en el lugar más deseado de La Habana de entonces, el Parque Central, uno frente al otro, estas asociaciones tenían su sede en espléndidos, lujosos y funcionales palacios. En mi familia había descendencia de madrileños, andaluces y asturianos. No se cuando se decidieron por el Centro Asturiano, creo que cualquiera de los dos eran excelentes en todos sentidos, pero como el que conozco es el Asturiano voy a hablar de él.

 El patrimonio europeo de los cubanos proviene principalmente de la península Ibérica; los españoles asentados en Cuba (andaluces, canarios, asturianos, catalanes, gallegos, vascos y castellanos) son la imagen del fenotipo cubano a la parte de los afrodescendientes.

No obstante hay que hablar de los principales orígenes de los emigrantes.


Canarios o Isleños

La emigración canaria a Cuba fue cuantiosa y sostenida, tanto que puede considerarse una de sus principales raíces culturales y etnográficas. Hoy no es raro el cubano con parientes en Canarias, y menos el que lleva un apellido guanche. Porque los descendientes de aquellos emigrantes canarios del XVII poco tardaron en considerarse cubanos de pura cepa.
 La influencia canaria en la cultura cubana actual es tan notable que casi no nos damos cuenta de ella. . La pronunciación peculiar del castellano en Cuba, y la preferencia por formas poéticas como la décima campesina, la improvisación, controversias, el punto guijarro o repentismo, son fuertes ejemplos de ello.

Esta forma de hablar similar al canario, y diferente al peninsular, es el que se habla en Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, y la costa del Mar Caribe como Venezuela, el norte de Colombia y Panamá. Recuerdo que en Panamá un colombiano me preguntó que si yo era costeño, o sea, natural de la costa atlántica de Colombia.

Ya hemos abordado de la notable emigración Canaria en Cuba a través de los temas relacionados con el cultivo del tabaco y con el tristemente famoso buque Valbanera.  Pero hay un dato muy importante, la caña de azúcar fue llevaba por Colón hasta Cuba desde las Islas Canarias, y las plantaciones se asentaron de forma extraordinaria en el clima favorable que les brindaba el Caribe, lo que convirtió a Cuba en la azucarera del mundo.
                  El majestuoso y poderoso Centro Gallego de La Habana.

 Los gallegos

Aparte de Cristóbal Colón, se habla de que el verdadero descubridor de Cuba fue el gallego Sebastián de Ocampo, quién en 1509 recorrió la isla haciendo un bojeo alrededor de ella y ratificando que era una Isla y que tenía un número considerable de indios habitando en ella.

Pero en la segunda la mitad del siglo XIX la presencia gallega se hizo masiva en Cuba, y aunque algunos regresaron, la mayor parte permanecieron formando familias con españolas o criollas.

Los gallegos con su laboriosidad crearon una gran infraestructura socio-cultural, siendo el mayor de los símbolos el Centro Gallego de La Habana, fundado el 23 de noviembre de 1879, y que brindaba a sus asociados asistencia sanitaria, contribuir a la prosperidad del país natal y fomentar la unión de los gallegos y de sus descendientes, además de proporcionar ayuda a los inmigrantes gallegos.

Siempre los gallegos tuvieron fama de buenos trabajadores y gente muy ruda. Tal es así que en Cuba hay unos insectos inofensivos de corta vida que proliferan en verano y a los que se les llama “gallegos” por lo duros que son.  O aquella vieja frases tan recurrida en nuestra niñez: "los gallegos no se bañan ni con agua de carabaña".
              El no menos majestuoso y poderoso Centro Asturiano de La Habana.

Los asturianos

La región asturiana representó para Cuba el origen de una de las mayores fuentes migratorias y sus huellas se extendieron, al igual que la gallega, de forma tal que la conservan y cultivan no sólo sus numerosos descendientes, sino una parte mayoritaria de la población.

En el siglo XIX su presencia aumentó, tanto en número como en influencia en todas las actividades, hasta que llegaron a convertirse, junto a gallegos y canarios, en una de las poblaciones inmigrantes más numerosas de Cuba.

Los aportes de la inmigración asturiana en Cuba son muy valiosos sobre todo en el terreno cultural y gastronómico, pero lo que más resaltaba fueron las romerías que se realizaban en los jardines de las fábricas de cerveza y merenderos de la época.

No voy a profundizar en este acápite porque, aunque no los conocí, mis abuelos maternos eran asturianos, según he conocido, aunque ahora recientemente he hecho descubrimientos que dicen otra cosa y esa es una historia interesante.

Los andaluces.

La influencia cultural andaluza se expresó en tantos aspectos de la vida en Cuba que es mejor referirnos a ello de forma particular, porque ellas van desde instrumentos de trabajo, artes de pesca, costumbres alimenticias y sobre todo por la música.  Es tan vasta su huella que hay que abordarla con más detalle, se lo merece.



 Los catalanes.

En nuestros días existe un fenómeno mediático con un trasfondo comercial muy fuerte que son las interminables competencias futbolísticas que vienen acompañadas de campañas publicitarias interminables y que hacen que hasta en Cuba, donde a nadie le gusta el fútbol, deporte muy aburrido comparado con el béisbol, para mi gusto y el de la mayoría de los cubanos, ahora los niños y jóvenes, por imitación ya que los repiten incesantemente, se hacen adictos a ese juego.

Yo no soy fanático del fútbol, lo considero un deporte monótono y sin gracia, y que no requiere mucho intelecto para jugarlo, pero lo que más me molesta tremendamente es que un personaje semianalfabeto que todo lo que hace es caerle a patadas a una pelota, se convierta en un ícono para la juventud y gane mil veces más que un científico que hace nuestra vida más duradera y confortable y que cuyas acciones hacen un aporte inestimable al desarrollo humano y a la sociedad, pero así es el mundo actual, un lugar donde los verdaderos valores cada vez valen menos y la superficialidad es casi total. Malos artistas y deportistas son famosos al extremo y los jóvenes y niños los quieren imitar, mientras que los grandes científicos e intelectuales son casi unos desconocidos.  Pero aunque no nos guste el fútbol, si se habla de Cataluña hay que mencionar al Fútbol Club Barcelona, que al final se nutre de buenos jugadores de muchas partes del mundo y no exclusivamente de catalanes.

Los primeros catalanes en llegar al continente americano fueron integrantes de las huestes colonizadoras españolas.   En la expedición de Hernán Cortés para la conquista de México en 1519 iban soldados ignorantes que hacían de cirujanos como Juan “Catalán” que “santiguaba y embalsamaba heridas y descalabraduras”; pero el emigrante catalán en aquellos primeros momentos no tuvo un peso importante en Cuba.

Una de las causas por la que los catalanes no participaron masivamente en la conquista y colonización de América, fue hasta que fuera superado el carácter monopólico con que Isabel de Castilla decretó la América para los castellanos. Pero nunca es tarde si la dicha es cierta, y gracias a las presiones ejercidas desde Inglaterra y los aires de renovación política, el "despotismo ilustrado" que dominó los finales del siglo XVIII, los catalanes lograron finalmente entrar en La Habana, y fue para triunfar y en muchos casos no irse.

A pesar de esta demorada aparición en la Isla, los catalanes llegaron a conformar el 72% de todos los peninsulares asentados en la colonia en un momento dado. Tenían el monopolio no solo del lucrativo negocio negrero, sino una buena parte de la fabricación y comercialización del azúcar cubano en el mercado internacional; la producción tabacalera y la fabricación de algunas de sus más afamadas vitolas y dominaban casi todo el comercio minorista, donde para anunciar que se iba a la bodega, la gente decía: "Voy al catalán de la esquina". Aunque lo cierto es que eso varió con el tiempo y en los años cincuenta se decía: “voy al gallego de la esquina”, pues la mayoría de los bodegueros eran gallegos o asturianos.

Al margen de que vista integralmente, no fueron tan numerosos como otras etnias que configuraron la nacionalidad cubana, su huella quedó impresa en muchos aspectos de la vida nacional. La mayoría se arraigó y optó por una doble nacionalidad sentimental, y amaban tanto a Cuba como a Cataluña.

Hay que recordar que a finales del siglo XVIII existió una atmósfera económica particular, pues en Cataluña se estaba produciendo el desarrollo del sistema capitalista así como la única revolución industrial que ocurrió en España.  La emigración catalana a Cuba propició pues el encuentro de las dos zonas más dinámicas económicamente de todos los territorios españoles, las puntas de lanza de la modernización industrial y agrícola.

Los catalanes se constituyeron entonces en el flujo migratorio más importante tanto en lo tocante al papel económico como en la influencia política y social, ya que el 60% de los emigrantes españoles que llegaban a Cuba lo hacían para servir, mientras que entre los catalanes dicha proporción era sólo del 38% y de forma provisional, hasta que encontraban una actividad en la que pudieran desarrollarse.  Empezaban como aprendices realizando las tareas más ingratas durante prolongadas jornadas, cargando y descargando mercancías y limpiando los locales y esclavizados tras un mostrador que por las noches era su cama. A diferencia de otros inmigrantes peninsulares, los catalanes no acostumbraban a llegar como trabajadores de servicio,y por lo general rebasaban la primera prueba después de algunos años de dura tarea convirtiéndose en comerciantes o propietarios de algún negocio, pero obviamente, no todos lo conseguían.


Los catalanes pioneros y afortunados

Se dice que Miguel Ballester, uno de los más antiguos inmigrantes catalanes, fue quien introdujo e instaló el primer trapiche de caña de azúcar en la isla. Pero en la historia de Cuba, se afirma que los comerciantes más beneficiados fueron los catalanes, sobre todo los dedicados al tráfico de la caña de azúcar, lo que dió origen a otros negocios y entre ellos se habla de Juan Güell y Ferrer, Antonio López y López, dueño de la famosa compañía de buques “Marqués de Comillas”, y Narciso Gelats Durall, fundador del banco Gelats, uno de los más poderosos de La Habana.

Juan Conill Puig fue pionero en almacenamiento de tabaco en rama, producto del que fue un gran exportador. Jaime Partagás y Rabell fue el fundador de la firma “Partagás”, “Real Fábrica de Tabacos Partagás”, en 1845. Por cierto, Partagás murió de un balazo disparado a traición, debido a rivalidades en el comercio del tabaco.

El poder económico de los comerciantes, industriales y banqueros catalanes en la segunda mitad del siglo XIX era casi total en la zona occidental de la Isla, a pesar de constituir solamente el diez por ciento de su población.

De hecho el asentamiento catalán comienza con los Reales Decretos (de 1765 a 1778) que permitían el libre flujo de mercancías entre los puertos de España y los de las colonias.
Las grandes fortunas ganadas en Cuba fueron la base de la aristocracia catalana, que obtuvo con ellas títulos nobiliarios españoles como: Marqués de Comillas (Antonio López y López), Conde de Güell (Juan Güell y Ferrer), Marqués de Santa Rita (José Baró Blanxart).
El primer cafetal fomentado en Cuba fue obra del catalán Gelabert, quien trajo semillas de Santo Domingo y creó una plantación en el Wajay, curiosamente no para ser consumido el café como infusión, sino para hacer aguardiente. El consumo masivo del café, del cual el cubano no puede prescindir, se debe a la masiva emigración franco-haitiana.

.En 1750, Esteve Codina fundó el poblado de El Guatao, en las proximidades de La Habana y famoso por la frase “se acabó como la fiesta del Guatao”. Bernat Llagostera fue el primer empresario del Teatro Principal de La Habana, construido en 1773.El  Papel Periódico de La Habana se publicó a partir del 24 de octubre de 1790 y su editor y propietario fue el catalán Francesc Seguí.  De las cuatro imprentas que existían en La Habana en las primeras décadas del siglo XIX, dos eran propiedad de catalanes: Palmer y Seguí, siendo este último el que abrió la primera librería en la ciudad.  Jaume Florit introdujo la taquigrafía en 1805, Josep Antoni Maestras la primera gran fábrica de chocolate a la isla y Joan Xifré la primera tenería.

En 1810 Bernardí Rencurrell fundó la primera industria de cigarrillos y la comercialización del tabaco de la zona oriental estuvo controlada durante muchas décadas por un grupo de catalanes establecidos en Santiago.

El famoso Teatro Villanueva lo construyó Miquel Viu Pons. En 1834 llegó a la capital Josep Robreño, autor y actor de amplia fama,cuyo apellido ha perdurado en los anales del teatro cubano hasta nuestros días. Según el autor antológico, la capital de Isla de Pinos fue bautizada en 1830 como Nueva Gerona en recuerdo de la defensa heroica de Girona, en la que participó el que entonces era capitán general de Cuba,Francisco Dionisio de Vives.

Y hasta hubo un pirata catalán nombrado Carreras, cuyas piraterías las hizo todas contra las costas norteamericanas, y perseguido por el Gobierno de Estados Unidos, en 1834 lo apresaron y juzgaron siendo decapitado y expusieron la cabeza dentro de una jaula en Cayo Smith en la bahía de Santiago de Cuba.

 Los catalanes más poderosos en Cuba

Cuando en Cuba se habla de catalanes hay que mencionar primero a Sarrá, Partagás, Gener, Gelats y a Bacardí. Estos son solo algunos de los muchos apellidos catalanes que pusieron en marcha la economía cubana mientras se enriquecen con el ron, la caña de azúcar, el café y sobre todo con la venta de esclavos.

Sarrá.

Sarrá se asocia en Cuba a su famosa droguería y a su inmenso imperio inmobiliario.

José Sarrá y su tío Valentín eran boticarios que a mediados del XIX se fueron a Cuba para probar fortuna y llegaron a conquistar La Habana. No solamente fueron catalanes emprendedores, sino que se convirtieron en parte de la historia de Cuba y un ejemplo vivo de lo que fueron los indianos y de los primeros capitalistas de Latinoamérica. Sarrá está presente en  algunos de los inmuebles más emblemáticos de La Habana, comenzando por su famosa botica hasta el majestuoso palacio art nouveau que hoy es sede de la embajada española.

Si Sarrá estuvo presente en Cuba durante un siglo, en Estados Unidos sigue existiendo.

Fue en 1853, cuando Valentín Catalá y su sobrino José Sarrá y Catalá invirtieron 50.000 pesos en la fundación de una farmacia y droguería La Habana Vieja  y que destinado al comercio mayorista, tuvo un primer nombre de La Reunión porque unifica las farmacias tradicional y homeopática.  Sarrá surtió a los hospitales de todo el país con de ungüentos, sales, jarabes y extractos.  Fue en 1858 cuando se incorporó al negocio al sobrino,  José Sarrá y Valldejuli, el
cuál fue el máximo impulsor del negocio y Valentí y su tío regresaron como indianos a Barcelona.



Sarrá Valldejuli revolucionó la empresa, modernizó los laboratorios y expandió el catálogo de productos, así como compró toda la manzana y otros terrenos aledaños, creando con ello  la que sería la mayor farmacia de Latinoamérica y la segunda del mundo tras la norteamericana Johnson, con la formación de “más de cien farmacéuticos” en los laboratorios Sarrá. Tanto éxito tuvo que el rey Alfonso XII concedió a Valldejuli el título de Farmacéutico y Droguero de la Real Casa, así como el derecho de utilizar el Escudo de Armas Reales.

No obstante este desarrollo, en realidad fue la tercera generación, con Ernesto Sarrá Hernández a la cabeza, la que, en las primeras décadas del siglo XX, transformó el prestigioso negocio en uno de los más importantes de Cuba, con 46 edificios, 600 empleados y más de 500 productos farmacéuticos.

Gener

Era una marca de tabacos muy popular en Cuba y curiosamente se dedicó a ese negocio a partir de un contratiempo, pues llega a La Habana desde San Juan y Martínez en Pinar del Río, tierra conocida como Vueltabajo y que da el mejor tabaco del mundo, a vender una cosecha, pero no encuentra nadie que le pagara el precio que exigía, así que alquila un local y contrata a tabaqueros para procesar su cosecha.  Sus marcas Emperatriz de la India, pero sobre todo con Hoyo de Monterrey, de fama mundial, obtiene el gran premio en la Exposición Universal en Barcelona en 1888.

La fortuna le sonrió al convertirse en tabaquero por casualidad, y sin embargo es de muy triste recordación en Cuba, pues fue uno de los responsables del fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina, hecho luctuoso en la historia cubana.  Para mayor vergüenza, fue el presidente del tribunal que para juzgar los hechos se creó. Y también está el episodio de sus esclavos encadenados muertos por un incendio en su negocio.


Bacardí
Ya de Bacardí hemos hablado en otros artículos, pero es importante mencionar a este personaje, quizás el más famoso internacionalmente de todos los catalanes que lograron fortuna en Cuba, el cual con su alambique en Santiago de Cuba, creado empleando un secreto que le da un vinatero francés, comienza a producir el mejor ron de entonces y supera a sus coterráneos Rovira, productor del ron Castillo, Camp con el inmejorable  Matusalén, Juan Albuerne con el ron Albuerne y Pedro Palau con el ron Palau.

Sin duda, gracias a Bacardí Cuba emerge como la potencia ronera del Caribe, lo que se mantiene hasta nuestros días.

Bacardí se convirtió en el ron “que hizo a Cuba famosa”. La prohibición de la venta de alcohol en Estados Unidos, la tristemente famosa “Ley Seca” propició que los norteamericanos fueran masivamente a Cuba, sedientos de bebidas, adicionalmente al auge del crimen organizado que se aprovechó del contrabando y venta de alcohol. Pero Bacardí también tuvo su zafra con la prohibición, ya que  un anuncio de la época, presentaba a un murciélago, que es el logo de Bacardí,  cargando a un Tío Sam en sus garras con un vaso vacío de Florida a Cuba.

En 1935 el periódico The New York Times citó a Bacardi como un nombre propio que se fijó en el léxico de Estados Unidos como un término genérico para el ron , igual que pasó con Kleenex, Coca Cola o Gillette.

El murciélago, símbolo de Bacardí, está presente en los escudos de armas de los Reyes de Aragón, Valencia, Mallorca y Barcelona, y Condes de Barcelona y Urgel.


Partagás.

Partagás, el cigarro que gusta más, era un slogan publicitario de la Cuba republicana. Se refería a los cigarrillos, que gozaban de mucha fama y venta, pero realmente su fuerte eran los habanos.

Jaime Partagás, que curiosamente nunca fumó, logró una gran fortuna gracias al tabaco y durante una visita a sus vegas de Vueltabajo, un tabacalero contrincante al que había arruinado, lo mató de un solo balazo. El tabaco lo hizo rico y lo mató.

 El Castillo de Farnés
Francisco Puig era el propietario del Castillo de Farnés, pequeño pero famoso restaurante de La Habana Vieja.

Puig se convirtió de conocido, pues empleaba diariamente el ómnibus de su casa a su negocio, ida y vuelta diariamente, en un gran amigo de mi padre, que le recuperó la cartera con dinero y documentos que le había robado los carteristas usuales en la ruta y  quienes mi padre amenazó.
Todos los fines de semana estábamos invitados a comer allí. Claro que no lo hacíamos, pero si por mi fuera iría todos los días. !Qué comida española más deliciosa¡. Allí conocí el pulpo a la gallega, las papas a la catalana, las escalivadas, el arroz negro, la crema catalana y otras delicias.

El Castillo de Farnés era y es un restaurante pequeño pero muy bien ubicado (al lado de la Zaragozana y a pocos metros por la misma acera, del Floridita, dos centros gastronómicos de estatura mundial).  En el siglo XIX existía en este inmueble una bodega y una tienda de comestibles y víveres. Con posterioridad, Francisco Puig adquirió el establecimiento y lo convirtió en una fonda a la que nombró Castillo de Farnés, en honor a una fortaleza de Cataluña, aunque esta parece llamarse realmente Castillo de Farners, su región natal.
En la esquina de la fachada poseía un mascarón de proa con el cuerno de la abundancia, actualmente conservado y utilizado como emblema del sitio. El restaurante Castillo de Farnés es actualmente a una taberna española, especializada en la comida de ese país.


Sitios icónicos que existen en Cuba gracias a los catalanes.

Una impresionante huella arquitectónica dejaron los catalanes en Cuba. Recuerdo cuando niño que los albañiles y maestros de obra catalanes tenía fama de hacer las cosas bien hechas. Aquí vamos con algunas muestras famosas de sus obras.

Edificio Bacardí

Esta joya de la arquitectura y primera construcción estilo Art decó habanera, en su momento fue el edificio más alto de la Isla  y sigue siendo uno de los más bellos.  Es toda una joya de la arquitectura de la época, contiene mármol de diversos países como Alemania, Bélgica, Noruega, Suecia, Italia, Hungría y Francia. La construcción fue ejecutada por la compañía Grasyma de Wunsiedel, de la región alemana de Bavier, la cual realizó los trabajos en diez meses a pesar de las malas condiciones del terreno donde se erigió por lo que se utilizó hormigón resistente de alta calidad y pilotes de maderas preciosas cubanas como júcaro negro y jiquí para la cimentación. Tiene una superficie total de 7 031 m² y 12 plantas.

El Edificio Bacardí de La Habana, con mas de siete mil metros cuadrados y doce plantas, está diseñado en forma de pirámide escalonada y su fachada está cubierta de granito rojo de Baviera y asume el azulejo como elemento decorativo tomado del modernismo catalán.


La Lonja del comercio

En un extremo de la plaza de San Francisco, justo frente a uno de los muelles de más movimiento portuario, en una de las entradas a la Habana Vieja, se encuentra la Lonja del Comercio de La Habana donde, aún hoy, como en su origen, se agrupan oficinas de empresas. La Lonja, como se conoce, se construyó en 1908 bajo la dirección del presidente de  la Sociedad Catalana de Beneficencia, y que además gerenciaba empresas y bancos,

En años recientes fue remodelada y devueltas sus propiedades originales, por lo que también se considera un edificio icónico de la capital, a lo que se suma su extraordinaria ubicación.

Real Fábrica de Tabacos Partagás

Jaume Partagàs Rabell , procedente de Arenys de Mar llegó a Cuba en 1831 con solo 14 años, porque la sastrería de su familia no funcionaba bien. En Cuba aprendió el negocio del tabaco de la mano del también catalán Joan Conill y quien apadrinó a varios compatriotas en los años siguientes. En sus viajes a  Pinar del Río, Partagàs conoció las famosas plantaciones de tabaco de la zona llamadas Vueltabajo, que se dice producen el mejor tabaco del mundo, hasta que en 1845 fundó la Real Fábrica de Tabacos Partagàs, un referente mundial.
Sus instalaciones se mantienen como originalmente y son visita obligada del turismo internacional.  Su privilegiada ubicación al fondo del Capitolio Nacional le da un atractivo adicional.



Banco Gelats

La antigua sede del Banco Gelats, se encuentra en la calle Aguiar de La Habana Vieja, zona que hace más de un siglo era el distrito financiero de la capital.  Ahora es la sede del Banco Nacional de Cuba. El edificio fue construido en 1908 por el dueño de la compañía, Narcís Gelats Durall, nativo de Lloret y cuya entidad bancaria de gran de prestigio, custodió el capital de varios países europeos , así como de Canadá y EEUU, y toda la fortuna de los catalanes. Se dice que este era el único banco en el que el Vaticano guardaba dinero. Gelats también fue naviero y dueño de la  famosa fábrica de cervezas La Tropical.

El Floridita

Si hay algo famoso internacionalmente en La Habana, aparte del Capitolio y el Morro, es El Floridita.  El bar más famoso de la Habana y uno de los más famosos del mundo también tiene origen catalán. En la entrada del bar aparece una placa que lo explica y su propietario era Constantino Ribalaigua Vert, maestro coctelero que creó el Daiquirí Floridita, el Papa Doble y el Havana Special. Gran amigo de Ernest Hemingway, Ribalaigua le preparaba unos daiquiris especiales, más fuertes o cargados que los tradicionales. Una estatua de bronce a tamaño natural de Hemingway aparece apoyada en un extremo de la barra, y ello hace las delicias de los turistas.

Y yo le haría otra estatua al catalán Constantino.

Palacio de Valle en Cienfuegos

El catalán don Celestino Caces comenzó la construcción de una quinta morisca que más tarde fue comprada por el asturiano radicado en esa ciudad, Acisclo del Valle (impresionante nombrecito), y que dio a su esposa como regalo de bodas, y fue el que terminó el palacio en 1917. Este edificio o mejor descrito, palacio, muestra el arte hispano morisco con influencias góticas, románicas, barrocas y mudéjares.

Es un edificio emblemático para mí no solo por su belleza, sino también porque se encuentra en Punta Gorda en la ciudad de Cienfuegos que tanto me ha gustado siempre y justo al lado del hotel Jagua (o para decirlo con propiedad, a la inversa).

Creo que simplemente sentarse enfrente de él, en el pequeño malecón donde está el restaurante Covadonga, famoso por sus paellas, y contemplarlo, bien vale la pena.


El Teatro Payret

En 1876 el catalán Joaquín Payret, hombre que amaba las artes, especialmente el teatro construyó este emblemático teatro en un sitio envidiable, en la concurrida esquina del Paseo del Prado, antes Alameda de Isabel II y San José. Sin embargo, Joaquín Payret transitó de la mano de la desgracia, porque se lanzaba a construir un teatro donde sobraban entonces algunos y además sin conocimientos de este tipo de negocio.

En 1877 abrió sus puertas con el nombre de teatro “Payret”, y se renombró como “Teatro de la Paz”, después de firmado el Pacto de Zanjón. Pero a través de su existencia se vio envuelto en varias

 desgracias ocurridas que al inmueble por lo que se le aplicó el término de "jettatore", que implica lo que está maldito y sufre de mala suerte repetidamente.
Con un temporal, las cañerías de desagüe se obstruyeron, la acumulación de agua fue tal que se desplomó una de las paredes maestras y se hundieron los pisos superiores sobre los de abajo lo que trajo pérdida de vidas.Ello llevó a que Joaquín Payret se encontrara en una crisis económica, de la que pudo salir con la ayuda de la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña.

Pero su escenario ha sido sede de las más diversas manifestaciones artísticas y otros eventos de gran importancia, tanto cubanos como internacionales, como han sido los Circos Pubillones y de Santos y Artigas, conciertos, conferencias, discursos, festivales, obras dramáticas, obras líricas, óperas, operetas, obras vernáculas, presentaciones de ballet, revistas, sainetes, zarzuelas y hasta peleas de lucha libre.

A su vez el teatro Payret fue de los primeros en presentar películas desde las primeras décadas del siglo y por los años 30 fue conocido como “La Catedral del Cine Español”.


Ermita de los catalanes

La Ermita de Monserrat o de los Catalanes, o mejor dicho, las Ermitas, tienen una larga historia.

En 1885 el Centro Catalán de la Habana y otras asociaciones, proyectaron construir una iglesia en homenaje a la Virgen de Montserrat.  El lugar que más se asemejaba en Cuba a la Montaña de Montserrat fue la Loma del Tadino, que se renombró como Loma de los Catalanes o Loma de Montserrat.  La ermita se ubicó en donde actualmente está situado el Memorial José Martí en la llamada Plaza de la Revolución.

En sus alrededores se creó espontáneamente un asentamiento marginal, en el área entre ella y los linderos del Cementerio de Colón, un barrio de armas tomar que existe hasta nuestros días.  Recuerdo que en 1959, durante una concentración de apoyo a la revolución a las cuales íbamos los jóvenes a buscar novia, fuimos con unas muchachas hasta ese barrio, llamado La Dionisia y junto a ella La Timba y nos asombramos de su parecido con las peligrosas favelas de Río de Janeiro.

De 1953 a 1958 se produce la construcción de lo que hoy es el Memorial José Martí, que originalmente se llamó Plaza Cívica, proyecto que quería hacer de ella el centro de circulación vial de la capital y a su vez administrativo pues allí radicarían varios ministerios, la Biblioteca y el Teatro Nacional.

Por ello la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña tuvo que construir una nueva Ermita, la que se finalizó en 1934 en el kilómetro ocho y medio de la Avenida de Rancho Boyeros, justo frente al conocido centro Río Cristal y justo antes de llegar al Reparto Fontanar donde viví. Del templo antiguo se pudieron recuperar algunos mármoles, el altar, la imagen de la virgen, los vitrales y las ventanas emplomadas que quedaron incorporadas al nuevo templo.


Pero también estaba la Ermita de Matanzas, que fue la primera.

Una de las cosas más famosas de Matanzas son las Alturas de Simpson, aumentada su fama por el danzón de Miguel Faílde, pero para los matanceros, siempre ha sido un lugar de recreo y propicio para ver un hermoso paisaje del valle del Yumurí por una parte y de la bahía y la ciudad por otro.

Justamente allí existe otra Ermita,  inaugurada el 8 de diciembre de 1875, cuando la Sociedad Catalana de Matanzas, la convirtió en lugar de peregrinación y sitio para mantener costumbres como la Fiesta de la Colla. Desde aquella fecha, las Alturas pasaron a conocerse como Monserrat, en honor a la Patrona de Cataluña.

Y a la Ermita de Monserrate no le faltan sus cuatro esculturas que fueron colocadas el 9 de noviembre de 1886 en la entrada de la Ermita, representando a las provincias catalanas: Lérida, Barcelona, Tarragona y Gerona. Ellas habían desaparecido del sitio y, con el concurso de escultores, e inspirados en fotos de las originales, volvieron a ocupar su lugar histórico.


Negreros y esclavos

Una famosa frase de negros esclavos y libertos era: !Ay señor, cómo me gustaría ser blanco...aunque fuera catalán! se demostraba la mala voluntad que los negros y mulatos le tenían al original de Cataluña, que había monopolizado el comercio, los cafetales, ingenios y buena parte de la cosecha y producción de tabacos y que además fueron unos gran tratantes de esclavos.

Averiguar el grado de participación catalana en el tráfico de esclavos es una empresa complicada, pero existe la certeza de que los negocios de algunas familias que se enriquecieron en las Américas surgieron de la trata de esclavos y contaban con abundante mano de obra esclava.  También existían los que no se había inmiscuido en operaciones de trata de personas pero todos empleaban esa fuerza laboral que representó lo más denigrante del ser humano.


Pero solamente durante los treinta años de trata de esclavos legal (1790-1820) se ha podido establecer la presencia de 146 embarcaciones catalanas entradas en Cuba con contrabando humano, que constituyen un 7,45% del total y un 24,7% de las españolas

Ello fue tan cruel que existieron casos en que hubo esclavos que fueron a su vez propietarios de otros esclavos, y por supuesto abundaban los casos en que los amos españoles tenían hijos con sus esclavas y maltrataban hasta a sus propios hijos sin siquiera darles el beneficio de la libertad.

Un caso famoso fue el de Joan Gener y Batet, que levantó una gran fábrica tabaquera en Cuba, y al cual, despues de un incendio en sus talleres en la Habana, se pudo comprobar que los aprendices que murieron quemados estaban  atados con cadenas.

Y la historia del desarrollo económico de Barcelona está sustentada en buena medida en la aportación de capital y el espíritu empresarial de los indianos, un capital representativo de aquellos que regresaron e hicieron gigantescas inversiones durante todo el siglo XIX, y cuyo principal componente de riqueza estaba basado en la sangre y sufrimiento de los esclavos.

Puede ser que la trata y explotación de esclavos no fuera el factor fundamental del crecimiento barcelonés, pero fue el principal que propició el enriquecimiento de muchos catalanes en Cuba que después invirtieron lo ganado en Cataluña. La sangre, el esfuerzo y las miserias para los esclavos y el país del que se beneficiaron y la bonanza para Cataluña. Sin Cuba, Cataluña no hubiera logrado las riquezas que hoy tiene. Y el indiano catalán se nutrió de ello.
                                 Celebración del día de los Indianos en Tenerife, Islas Canarias.

Los indianos

En 1898 Barcelona dominaba el 51% del comercio con Cuba y los catalanes eran mayoritaria y exitosamente dueños de importantes industrias como ron y tabaco, por lo que amasaron grandes fortunas.  De ahí surgió el nombre de “indiano”.

“Indiano” fue el nombre que designaba al emigrante español que fue a América y regresaba rico, lo que se extendía hasta a sus descendientes y que a veces era admirativa o peyorativas, según el caso, pues muchos indianos se hicieron de fortunas procedentes de la abominable trata de esclavos o de la explotación del trabajo de sus propios paisanos.

Los indianos, como es usual en la gente de recursos, se convirtieron en líderes locales a finales del XIX y comienzos del siglo XX, cuando gran cantidad de jóvenes, especialmente de regiones con fácil salida al mar, como Galicia, Asturias, Cantabria, el País Vasco, Cataluña y Canarias, se vieron obligados en esa época a lo que se denominaba hacer las Américas, o sea, ir en busca de una mejor fortuna en países iberoamericanos, de los cuales eran sus principales destino Cuba, Argentina, Uruguay, Chile Venezuela y México. Ocasionalmente unos viajaban  reclamados por sus familiares ya establecidos en esos lugares los que fomentaban negocios familiares exitosamente.  La realidad es que la mayoría no tuvo mucha fortuna, y no encontraron mejor destino en América que la pobreza de la que huían.

Aquellos que hicieron fortunas. regresaron años más tarde a sus lugares de origen, y adquirieron títulos de nobleza, aunque fueran unos burros analfabetos y explotadores o negreros, y compraban, restauraban o construían grandes casonas o palacios, los que se nombraron "casas de indianos" y como el dinero sobraba y pretendían imponer su poder y admiración, también establecen instituciones de beneficencia o culturales, subvencionando la construcción de escuelas e iglesias, y arreglaban o construían carreteras, hospitales, asilos, llevaban el agua y la luz eléctrica y otras que les dieran poder y reconocimiento.  Una forma de reconstruir el feudalismo cuando el mundo iba hacia el capitalismo.

Uno de los más exitosos indianos catalanes fue Miguel Biada Buñol, empresario dedicado a la marina mercante e impulsor del Ferrocarril Barcelona-Mataró, primera línea férrea de la península Ibérica y segunda de España tras el Ferrocarril La Habana-Güines y que se hizo rico con la exportación de cigarros y la importación de alimentos; . También y más famosos en Cuba fueron Facundo Bacardí del que ya hablamos: Josep Xifré i Casas,  el catalán más rico del siglo XIX que se dedicó a la especulación comercial, el contrabando y el tráfico de esclavos y cuyo padre murió arruinado por los negocios con América y que lo obligó a huir a Cuba por el acoso de los acreedores que perseguían a la familia; Agustí Vilaret fundó las cavas Mont-Ferrant después de pasar treinta de sus 45 años en Cuba se dedicó a la elaboración de champán, para lo que compró una masía conocida como Mas Ferran y bautizó su empresa con el nombre de Mont-Ferrant;.

Hay indianos de Galicia, de Asturias, de Cantabria, del País Vasco, de Canarias, de Valencia, pero sobre todo de Cataluña.
                               

Los que no fueron indianos.

Una cineasta cubana, Vanessa Batista decidió hacer un documental acerca de los catalanes que emigraron a Cuba y no volvieron a su tierra.

“Los que se quedaron” es un relato de los emigrantes que no fueron “indianos” y que echaron raíces en Cuba.  Los indianos regresaron ricos a su país, entre ellos muchos catalanes, y los emigrantes no prosperaron lo suficiente y quedaron de cierta forma atrapados por las circunstancias económicas y emocionales.

La cineasta buscaba el lado emocional de los emigrantes, no el didáctico ni el histórico, pero las realidades que se encontró durante su rodaje la obligaron a replantearse la obra.

En su búsqueda de información, la cineasta dió con la familia del catalán Francisco Carulla en Santiago de Cuba, y ello transformó el proyecto al contar con filmes inéditos de casi un siglo de existencia en los que se observa la Barcelona de 1926 y sus alrededores, ya queCarulla compró una cámara de cine cuando tenía unos 30 años.

Carulla no se hizo rico pero le iba bien en Cuba, y en ese viaje a Barcelona dejó instalada agua corriente en la casa de sus parientes en Cataluña. Es entonces que uno se pregunta que hubiera sido de Cuba si toda la fortuna que se llevó a España, y en particular a Cataluña, se hubiera invertido en la Isla.

Sobre qué hubiera sido de la isla caribeña si toda la fortuna que se llevó a Cataluña se hubiera invertido allí, me recuerda la historia del abuelo de mi esposa que en los años 50, a esa altura de la dictadura franquista, enviaba sistemáticamente dinero y cajas con conservas y comida no perecedera a sus parientes en Asturias.

Los indianos están sustentados en la miseria que había en Cuba.



Los catalanes y la independencia de Cuba y en la de sus propios coterráneos.


"Más se perdió en Cuba" es una frase empleada para minimizar la gravedad de un problema o contratiempo.
Por supuesto que la frase viene del conflicto de España con Estados Unidos, donde fue destruida toda la flota española en el Caribe y en Manila y una derrota aplastante de España, que tuvo que ceder los territorios coloniales que aún tenía, como Cuba, Puerto Rico y Filipinas.  Una variante es que el dicho en realidad expresa: "Más se perdió en Cuba y volvieron cantando", aludiendo a los pocos sobrevivientes que volvieron a su patria cantando contentos por haberse salvado.

En Cataluña, como en el resto de España, Cuba perdura como una vieja herida, como un lejano "paraíso perdido", pues de todas las nacionalidades que fueron a vivir a la Isla, la catalana fue la más favorecida.

La política proteccionista benefició durante dos siglos a una industria catalana que gozó de forma privilegiada tanto del mercado nacional como del peninsular.  El año 1714 representó el fin de la soberanía catalana por parte de España, pero también marca el comienzo de la prosperidad en Cataluña, al convertirse en la región más industrializada de España. Pero parece que más de tres siglos de privilegios catalanes no han sido suficiente para ellos y ahora luchan por su independencia que no les traerá los beneficios que les ofreció España.

Pero la posición de los catalanes respecto a la independencia de Cuba no fue ni remotamente la que ellos ahora desean, pues en 1869, recién iniciada la Guerra de los Diez Años, ocurrieron sucesos en La Habana que demostraban la situación de extrema tensión entre independentistas cubanos y voluntarios españoles con una buena integración de catalanes en sus filas.  Es famoso en la historia lo ocurrido Teatro Villanueva, donde una obra en la que se exaltaba la independencia de Cuba y apenas se ocultaba que era a beneficio de los guerrilleros cubanos y sus familiares y donde el público, de ideología separatista o independentista, dio vivas a la independencia de Cuba y pidió librarse del yugo español.


Se presentaron en el teatro voluntarios españoles y exigieron la suspensión de la obra, lo que provocó grandes discusiones con el público y se produjeron disparos contra los voluntarios españoles, los que también dispararon provocando la muerte de tres separatistas y muchos muchos heridos de ambos bandos.  Pero ahí no acabó el asunto, en los días que siguieron ocurrieron graves incidentes y tiroteos en las calles de La Habana entre separatistas y voluntarios con un saldo de 25 muertos, incluyendo el asalto por los voluntarios al Palacio de Aldama, en La Habana, mientras que otros atacaron a los cubanos en el café El Louvre, así como tirotearon a ciudadanos en otros lugares públicos.

Se aceleró entonces el viaje a Cuba de los grupos de voluntarios españoles organizados en la Península, muchos de los cuales eran catalanes.Los Voluntarios criticaron y se sublevaron contra el gobernador general Dulce y su política diplomática y consiguieron que el Gobierno español lo sustituye. Dulce cuyo mandato en Cuba se caracterizó por una política conciliadora y liberal, con oposición al tráfico de esclavos, era odiado por los catalanes, pues había sido durante los años de 1858 a 1862 capitán general de Cataluña, puesto desde el cual reprimió algunas intentonas, entre ellas la represión del movimiento de los “agraviados” (malcontents).

Uno de los factores de mayor peso en la búsqueda de su independencia fue la negativa por parte de los catalanes a conceder a los cubanos la menor autonomía administrativa y política, y la posibilidad de comerciar libremente, sumado a una política arancelaria corrosiva.

El estallido de las guerras de independencia en Cuba son una respuesta al estrangulamiento económico a los cubanos para favorecer, no solo a la industria catalana sino la de toda la toda la península, pero los abanderados de esta política fueron siempre el Fomento del Trabajo nacional y otras entidades empresariales catalanas.

Sin embargo siglo y medio después, los ahora extremistas independentistas catalanes hasta hacen suya una bandera copiada de la cubana, sus enemigos separatistas cubanos. Los mambises cubanos consideraban a los catalanes, entre todos los españoles a sus peores enemigos, por sus creencia extremistas y por su posición de preponderancia económica en la Isla.  Muchos catalanes se han inspirado en lo que combatieron en Cuba para aplicarlo ahora en su tierra, sin reconocer lo favorecidos que han sido históricamente por las decisiones de la corona y los gobiernos españoles.

Pero lo mismo que decimos esto, hay que reconocer que algunos catalanes, como José Miró Argenter, General del Ejército Mambí y Jefe del Estado Mayor de la columna invasora y escritor del valioso "Crónicas de la Guerra" y otras obras: Josep Oller Araga, incorporado al Ejército Mambí y autor de "Diario de campaña de un catalán mambí": o Gabriel Prat combatieron junto a los cubanos en la guerra por su independencia y de cierta forma inspiraron el independentismo catalán.


Origen de la bandera catalana.

 A pesar de tener más de un siglo, la bandera estelada o estrellada utilizada por los nacionalistas e independentistas catalanes se ha puesto muy de moda en los últimos tiempos, producto de la tirante relación existente entre el Gobierno Español y parte de la ciudadanía de Cataluña que ansía la independencia, sin sacar cuentas de lo que ha representado el balcanismo en otras partes de Europa.

Pero lo que nos ocupa, el origen de esta bandera es de Vicenç Albert Ballester, conocido activista de la causa soberanista catalana quien en 1908 se inspiró en la bandera de Cuba para la creación de la estelada.

En un principio la estrella estaba colocada sobre un rombo azul en el centro,, pero poco tiempo después se modificó para que tuviese su diseño actual.

Dos décadas después de crearse la estelada, esta fue declarada bandera oficial de la “República Catalana Independiente” en la “Constitución de la Habana” que se escribió y firmó en la capital cubana el 2 de octubre de 1928.

Todo el tiempo de la dictadura franquista, la estelada pasó a ser una bandera clandestina y duramente perseguida.
                         Entre estos "catalanes famosos" no hay ni un solo catalán.

La fama histórica de los catalanes como tacaños.

Pero lo más que nos caracteriza a un catalán, al menos en Cuba, es su fama de tozudos, tacaños y hábiles negociantes, pero por sobre todo ellas una mala fama como negreros o traficante de esclavos africanos.

Se dice que si un catalán tiene frío, se acerca a la estufa, pero sólo la prenden si están a punto de congelación: que el hilo de cobre se inventó por dos catalanes que halaban para sí una moneda de ese material, en fin la historia de los catalanes (con cierto viso de envidia diría yo), está llena de prejuicios y chistes, lo que ocurre también con gallegos, andaluces, vascos y madrileños.

Ejemplo de ello son los cuentos populares cubanos sobre los catalanes en los cuales hacen gala de su afán de hacer negocios hasta con los propios hijos, con la religión, con lo que sea, y en su extrema tacañería, hasta rondar con la muerte.

Cuando Dante Alighieri escribió “La Divina Comedia”,  de 1304 a 1321, retrata el odio que los italianos de aquella época tenían a los catalanes y ya menciona el tópico de que eran ávidos y tacaños. En realidad la mala fama histórica que arrastraron los catalanes proviene de la expansión militar de la Corona de Aragón que dominó algunas partes de Italia.

Entonces se consideraba que la mejor forma de insultar a un catalán era recordar la rigidez de sus bolsillos o como se dice en cubano “tiene reuma en el codo”. En la Italia medieval se veía con malos ojos la llegada de los comerciantes y soldados catalanes que ejercieron el dominio aragonés sobre Cerdeña y Sicilia, así como sobre el Reino de Nápoles.

Hasta por los propios Papas desde Roma –la gran mayoría italianos– que no comulgaban con la llegada de tropas extranjeras a la Península Itálica se mostraron hostiles con los catalanes.

Siglos más tarde, el aumento de los comerciantes catalanes en España despertó los prejuicios hacia ellos, sumados a la excelente posición geográfica de Cataluña y su experiencia marítima la que había sido decisiva en el comercio por toda la geografía española. Los catalanes, dedicados al comercio, fueron desplazando a los genoveses, holandeses e ingleses que, hasta entonces, habían sido los máximos beneficiados de la llegada de mercancías desde América.

 Al ser tan exitosos, contaban con mucha liquidez, lo que los catalanes aprovecharon para hacerse prestamistas, una actividad que siempre mal vista en la historia, lo que reforzó su fama de tramposos comerciantes, avaros y usureros.

En español la palabra tacaño es sinónimo de agarrado, cicatero, roñoso, interesado, avaro, mezquino, miserable, por lo que fueron igualados a los escoceses y los judíos, ambos dedicados históricamente al comercio los primeros y a prestamistas los segundos.

De ahí que los catalanes tengan un trato más preciso del dinero derivado de su tradición de comerciantes, por lo que es corriente que si estas tomando o comiendo con los amigos cada uno se pague siempre lo suyo.

A eso en Cuba se le dice "a la americana" y no se identifica con los catalanes.


Hay quienes catalogan a los catalanes de la época como judíos ortodoxos extremos, pero en realidad el catalán se caracteriza por ser trabajador, emprendedor, ahorrativo y con mucha chispa para los negocios.

Y hay que decir que también hubo piratas catalanes.

Si nos guiamos por las películas de Hollywood,  la piratería es una actividad exclusivamente anglosajona y con algunos franceses y se circunscribe al área del Caribe, pero en realidad tiene un alcance geográfico y temporal mucho más extenso.

Los piratas catalanes más famosos pertenecían a menudo a familias acomodadas y a veces alternaban, como es el caso de Joan Torrelles, períodos dedicados a la piratería y otros a perseguir a los piratas.  Cuando la piratería era contra enemigos, los mercaderes lo veían como algo beneficioso, por lo que se puede decir que entonces el mercader era un pirata en potencia.

España también tuvo sus piratas, y de los bien malos.  Entre ellos vizcaínos, grandes navegantes, fueron la mayoría, pero los catalanes no fueron excepción.  Joan Torrellas es calificado como el pirata más famoso de Cataluña y recibió el nombre de "pesadilla del puerto de Barcelona". Y Pere Despalan, que no dudó en capturar y vender como esclavos a algunos compatriotas residentes en localidades costeras, constituye una prueba de la crueldad de aquellos malhechores.

Investigadores de ls historia se sorprenden al descubrir la gran cantidad de piratas, corsarios, contrabandistas y negreros que han dado Cataluña. .Es por ello que en la baja edad media la piratería tuvo un papel fundamental para los países y ciudades costeras, que encontraban en el mar la solución para su desarrollo económico.


Hemingway y los catalanes

Si voy a hablar de los catalanes, entonces hay que mencionar la curiosa historia de la pintura de Miró “La Masía” y de Ernest Hemingway.

Y si mencionamos a Hemingway y a “La Masía” hay que mencionar a Finca Vigía.

Puede hablarse de varias vidas paralelas relacionadas con Hemingway.  Una de ellas fue con el pintor catalán Joan Miró, ambos indiscutibles íconos culturales del siglo XX y que fueron grandes amigos.  Hemingway, que no era muy fiel ni a las mujeres ni a los amigos, conservó una amistad duradera con Miró.

La Masía, fue una obra maestra de Miró que comenzó  a pintar en 1921 en Tarragona, en la casa de veraneo familiar y terminó en París al año siguiente, trabajando en ella durante nueve meses, lo que calificó de un trabajo constante y pesado.

La Masía fue uno de los amores a primera vista de Hemingway, al verla en el estudio parisino del pintor de Rue Blomet, no paró hasta conseguirla en 1925 y no se separó de ella nunca, convirtiéndose en su cuadro preferido, a pesar de poseer una notable colección de obras de Masson, Gris, y Klee.

Miró se enteró de que el escritor tenía su cuadro y le escribió en 1934: “Estoy muy contento de que seas tú quien tenga La Masía”. Esta obra representa la esencia de lo que es Cataluña para Miró, un pintor enamorado del campo y sus valores por encima de lo urbano.  Hemingway coincidía con el pintor cuando dijo que cuadro “contiene todo lo que sientes por España cuando estás allí y todo lo que sientes cuando estás lejos y no puedes ir”. La Masía es un símbolo para la nación catalana como lo es El Guernica para la multicultural España.  La Masía no es más que una típica casa de campo con tierras de labor, característica de las regiones españolas de Cataluña y Aragón.

En 1934 recuperó el cuadro después de haberse separado de la primera de sus cuatro mujeres, Hadley Richardson, ya que Hemingway se lo pidió prestado una temporada, pero nunca se lo devolvió.

Dondequiera que vivió el  premio Nobel: Chicago, Florida y Cuba., ahí estaba “La Masía” que acompañó al escritor durante una buena parte de su vida. En Finca Vigía, en La Habana, tenía unos 7 mil libros y folletos así como 2 mil revistas de todas las temáticas, como era amante de la buena música contaba con 900 discos de vinilo  donde no faltan la música cubana y la española, la música popular norteamericana, la música clásica y el jazz.

A la sombra de La Masía nacieron o concluyeron en Finca Vigía obras como A través del río y entre los árboles, Islas en el Golfo, El jardín del Edén, El verano sangriento o El verano peligroso, Por quién doblan las campanas, El viejo y el mar y París era una fiesta.
Su cuarta esposa Mary Welsh,  la que en 1986 la cedió a la National Gallery de Washington, donde es una de las obras maestras que allí se exhiben.
Uno observa La Masía y le parece contradictorio que Hemingway haya dicho: “No te molestes con conocer las iglesias, lo edificios de gobierno o las plazas públicas. Si quieres aprender de una cultura, pásate las noches en sus bares”.  Nada más ajeno a un bar que el cuadro que prefería.


8 apellidos catalanes.

Este filme es la secuela de la simpática película "Ocho apellidos vascos", y en este caso los ocho apellidos catalanes son Guardiola, Adrià, Serrat, Pujol, Caballé, Cobi, Messi y Codorníu.

En ella continúan los enredos de un andaluz enamorado de una vasca que ahora es pretendida por un catalán para casarse y la misión de vida o muerte en que se empeña el vasco padre de la muchacha para impedir que se case con un catalán..

Algunas de las características de los catalanes son caricaturizadas en el filme, entre ellos cuando el andaluz trata de integrarse con los catalanes como uno de ellos se muestra muy tacaño, y es la tacañería uno de los tópicos más repetidos.
En realidad los personajes catalanes no se muestran muy agarrados, al contrario resultan bastante desprendidos, pero es a la vista del vasco y del andaluz que se muestran la percepción que existe de los catalanes aunque no sea objetiva.

El folclore sirvió para trazar un puente de unión entre ambas películas, porque en un final el País Vasco y Cataluña son dos de las regiones que cuentan con un mayor número de tradiciones, y había que explotarlas al máximo, esas costumbres ancestrales que a veces son tan extrañas vistas desde fuera pero que terminan marcando la idiosincrasia de un pueblo.

Seguramente tendremos la sensación, cuando hablan algunos políticos catalanes, de que son el pueblo elegido, de que lo catalán es lo mejor», y en una farsa de la trama la madre del novio catalán se siente muy satisfecha porque se cree que Cataluña ha conseguido la independencia antes que Euskadi, que se les han adelantado sin tener un ETA.

Arguiñano, Igartiburu, Erentxun, Gabilondo, Urdangarín, Otegi, Zubizarreta, Clemente… eran algunos de los apellidos utilizados en la primera parte de la película como se hacía llamar al protagonista andaluz, que simulaba ser vasco para contentar a su suegro, el que se hace su cómplice en 8 apellidos catalanes, pues prefiere ver a su hija casada con un andaluz, sobre los que también tiene prejuicios.

Pero eso también pasa en Cuba con los habaneros, los santiagueros, los pinareños, los camagüeyanos, en fin unos contra otros, y eso es un país pequeño como Cuba

                                Joan Manuel Serrat, el catalán más querido en Cuba

Identidad del catalán en la Cuba de hoy

Algunos de los catalanes de los que he hablado ya no son conocidos por la inmensa mayoría del cubano de hoy, sobre todo por la política de la revolución de tratar de borrar la memoria histórica de nuestro país y concebir todo lo pasado como malevo.

Por eso cuando hablamos de catalanes, sin duda nos vienen a la mente, en primer lugar ese grande entre los grandes: Joan Manuel Serrat, y seguimos con José Carreras (a lo mejor es descendiente del pirata catalán al que le cortaron la cabeza en Santiago de Cuba), Carmen Amaya, Montserrat Caballé, Dyango, Moncho, El Pescaílla (creador de la rumba catalana), la pianista Alicia de Larrocha de la Calle y el genio musical Pau Casals. Esto es en cuanto a músicos.  Si vamos a los escritores la lista es extensa también, con Ana María Matute, Eduardo Mendoza, Mercè Rodoreda, Juan Goytisolo, Josep Maria Castellet,  y el polifacético escritor Manuel Vázquez Montalbán.

Junto con ello también nos viene a la mente la Editorial Planeta, líder del sector editorial tanto en España como en Latinoamérica y una de las diez más importantes del mundo.  Y ya desde niños conocíamos a la Editorial Bruguera, que se dedicó a la producción de literatura popular e historietas o cómics.

Y sin olvidar por supuestos, a esos grandes de las artes plásticas como fueron Salvador Dalí, Joan Miró i Ferrà,  Antoni Tàpies, Ramón Casas, Ramon Martí i Alsina, Joaquim Mir, Antoni Tàpies.  Y no olvidar a los arquitectos Antoni Gaudí y Ricardo Bofill, el chef investigador Ferrán Adriá y la chef Carme Ruscalleda..

Pero dentro de nuestra composición étnica, los catalanes son una comunidad bastante numerosa en Cuba, es suficiente ver el gran número de apellidos catalanes que aparece en el directorio telefónico. De ello da fe que el regionalismo catalán existente en España, se acentuó a raíz de la independencia de Cuba,​ dado que el empresariado catalán monopolizaba las principales industrias y rubros económicos del país.

En Cuba los descendientes, o sea los hijos, nietos y bisnietos de aquellos primeros catalanes que llegaron a nuestro país,  han vivido o viven vinculados a la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña, más conocida como el Casal Català, que curiosamente es la entidad de ayuda social más antigua del mundo con 175 años de fundada precisamente para ayudar a aquellos coterráneos que tuvieron menos suerte y no prosperaron en Cuba.

De lo que sí no hay dudas, es de que sin la presencia de los catalanes en Cuba, hoy nuestra historia sería otra. Y sería otra la historia de Cataluña, enriquecida en no poca medida gracias a los negocios de sus emigrados a la mayor de las Antillas.

Ah, y por supuesto que todos los de mi generación tienen bien presente al Anís del Mono de Badalona y la Crema Catalana.



miércoles, 21 de febrero de 2018

La Habana DC: una ciudad en ruinas.


La Habana DC: una ciudad en ruinas.

Ciudad de La Habana, en un amasijo de ruinas. Increíblemente ahora ese es su encanto para los turistas, ver edificios que hace décadas que no reciben una mano de pintura, con balcones a los que cada día se les cae un pedazo y observar a la gente que vive en lugares dignos de los años de la posguerra, pero esta vez como una especie de suicidas que están en espera a que todo se derrumbe a su alrededor.  Tokio, Hiroshima, Hamburgo, Berlín, Dresde, Colonia, Varsovia, Coventry, Londres, Leningrado, Rotterdam, una lista interminable de ciudades que fueron víctimas de bombardeos y combates resurgieron como el Ave Fénix, de sus propias cenizas, pocos años después de terminado el conflicto.

Las guerras siempre han transformado el paisaje urbano y físico que nos rodea y en algunos casos su huella y cicatrices nunca desaparecen.  Pero todas, sin excepción, con la voluntad del hombre, han borrado su destrucción sistemática y han tenido una recuperación y un cambio espectacular.

Dresde e Hiroshima resurgieron de sus propias cenizas.
En Cuba, sin embargo, que lo que existió fue una de las que los cubanos llamamos “guerra del pan duro” y siempre en regiones rurales, se ha observado un fenómeno único, debido también al abandono, la desidia y la ineficiencia del hombre, en este caso por parte de Fidel Castro, sus acólitos y el llamado gobierno revolucionario que debía nombrarse “involucionario”, porque a contrapunto del Rey Midas, ha convertido en “mierda” todo lo que ha tocado.

No es que yo sea habanero y conozca La Habana como la conocieron todos los de mi generación: una ciudad espectacular, hermosa, de grandes contrastes, conservadora de los estilos arquitectónicos que la caracterizaron a lo largo de su desarrollo y pionera en el  modernismo, en fin, una ciudad bendecida además por su geografía y su clima, casi un paraíso, si no fuera por los hombres.

Tokio al terminar la guerra y pocos años después.


Yo trabajé en la Habana Vieja a partir de 1957 y como parte de mis tareas debía ir a casi todos los lugares del mencionado municipio, pero también a Centro Habana y sobre todo al Vedado. Para buscarme unos centavos, que entonces valían, a hacer mi trabajo, y en lugar de tomar una guagua o un taxi, hacía esos recorridos a pie, por lo que puedo dar fe de que eran muy pocos, poquísimos, los lugares de La Habana que acusaran descuido o falta de mantenimiento.

Eso hacía a La Habana, con una intensa visita de turistas, sobre todo norteamericanos, una ciudad deseable y amigable, que los atraía por muchas cosas, adicionalmente al afable carácter del cubano, por su cuidado y limpieza y por su armonía entre lo antiguo, lo viejo, lo contemporáneo y lo moderno.

Lugares abandonados en el mundo.



-el famoso Hotel El Salto en Colombia, justo frente al espectacular Salto de Tequendama, el que cesó sus operaciones a causa, dicen unos que por la polución de las aguas del río y otras a que el Hotel está embrujado y fue causa de muchos suicidios en el borde del abismo en que se encuentra;

-el pueblo de Craco en Italia, abandonado por un deslizamiento de tierra que lo sepultó;

-Keelung, la ciudad que fundaron los españoles en Taiwán y que fuera parte del Imperio español con el nombre de La Santísima Trinidad, a pesar de la expulsión de los españoles obligados a abandonar esta región de la isla, en ella quedó un monumento, un castillo construido y llamado San Salvador y que es reconocida como una ciudad fantasma ya que está situada en uno de los lugares más inhóspitos del planeta, durante la mayor parte del año prácticamente desaparece bajo la nieve y el hielo, y solamente deja ver sus ruinas y su asfalto durante un par de semanas en verano; 


-el balneario de Varosha, Famagusta en Chipre y que era el área moderna y turística de Famagusta. Sus habitantes huyeron durante la invasión turca de 1974 y ha permanecido abandonada desde entonces;

...y por supuesto, más cercana, la Ciudad Nuclear en Juraguá, Cienfuegos, Cuba, construída para los trabajadores de la electronuclear que nunca se terminó y en la que sobreviven algunos cientos de personas, entre ellos algunos rusos.


Todos estos casos tienen su explicación y además son lugares que han sido abandonados, salvo en el caso de la Ciudad Nuclear, aunque el que vivan en ella personas son solamente el resultado de la extrema crisis habitacional de Cuba, en otra situación ahí no viviría nadie, pues es casi una ciudad fantasma.  Pero el caso de La Habana y su desmoronamiento, no tiene una explicación única ni convincente.  Es un caso irrepetible de desatención y falta de interés.



Surgimiento y desarrollo de la capital cubana



Este año se cumplirán 499 años de que fuera fundada la villa de San Cristóbal de La Habana, después convertida en ciudad y capital de la República de Cuba. En estos casi cinco siglos, La Habana se desarrolló, amplió, modernizó y se convirtió en una de las ciudades más bellas de América Latina y, según muchas voces autorizadas, del mundo.

Pocos años después del descubrimiento de América y cuya primera tierra importante fue Cuba, comenzó la colonización de la Isla comenzando por la parte oriental y terminando en la occidental.  Diego Velázquez, nombrado Gobernador de la Isla realizó esta campaña de forma  irregular, en la que duró varios años, por lo que de 1511 a 1515, nacieron las siete primeras villas coloniales cubanas: Baracoa, Bayamo, Trinidad, Sancti Spíritus, Santiago de Cuba, Puerto Príncipe (hoy Camagüey) y en último lugar La Habana que, aunque se considera su nacimiento definitivo el 16 de noviembre de 1519, se fundó inicialmente en 1515 en un asentamiento al sur de la Isla.

Una vez en su nueva y privilegiada ubicación, La Habana no hizo más que progresar a lo largo de los siglos, lo que la convirtieron en el centro de expansión del proyecto colonial español, siendo punto básico de la ruta imperial, base logística y de tránsito durante el proceso de conquista de la América continental y una encrucijada fundamental entre América y España.

 La Habana a partir de ese momento se le considerara como la Llave del Nuevo Mundo. Y como bien lo apuntó el historiador cubano Manuel Moreno Fraginals: La Habana fue un fenómeno aparte, cuya relación con el exterior fue mucho más importante que su conexión con el resto de Cuba.Luego, cuando Cuba se convirtió en el primer país productor de azúcar, el petróleo de la época, La Habana se convirtió en la ciudad más bella de América. Y lo digo sin chovinismo alguno.

Después de la independencia de Cuba, La Habana elevó su papel de núcleo económico, y político de la isla, y lugar turístico por excelencia, paralelamente a su carácter de ser el polo de una gran producción cultural.

Este proceso ininterrumpido de desarrollo se interrumpió abruptamente hace 59 años.  A partir de ese momento se dejó de construir al ritmo de los años anteriores y apareció una ola de construcciones de mala calidad y mal gusto estético.  Simultáneamente, al ser nacionalizadas las propiedades inmobiliarias, se dejaron de ejecutar los mantenimientos sistemáticos, las reparaciones y las modernizaciones y ampliaciones, lo que tuvo alcance a todas las edificaciones, fueran fábricas, almacenes, comercios, oficinas o viviendas. Se convirtieron en propiedades del pueblo, es decir, un dueño abstracto y como tal recibieron el trato que recibe lo que no tiene dueño.



La revolución y La Habana
No es algo absoluto lo que voy a decir, pero el grupo de los principales líderes de la revolución, incluyendo la legión geriátrica que durante casi 60 años ha mantenido el control del país, está constituída principalmente por gente que procede de la región oriental del país, empezando por los hermanos Castro y los generales, comandantes, héroes de la revolución y todos los títulos honoríficos que hace medio siglo se asignan unos a otros, sin ningún hecho valedero que los respalde. Todos los cubanos sabemos que esto que digo no es absoluto, pero considero que los verdaderos héroes estaban entre los jóvenes habaneros o de la parte occidental de la Isla que vivían en La Habana y que lucharon y perdieron la vida en condiciones mucho más difíciles que aquellas en la que lo hacían los que después se hicieron del poder de forma absoluta. Más mérito y más valientes fueron José Antonio Echeverría, Marcelo Salado, José Smith Comas, Rolando Cubela, Carlos Gutiérrez Menoyo y Faure Chomón. Y lo digo con toda propiedad, pues mi padre, miembro del movimiento 26 de Julio, capturado y torturado por el verdugo Carratalá, optó, al ser liberado y enviado a Venezuela, por irse a pelear a la Sierra del Escambray, donde conoció la verdadera cara de Fidel Castro y sus seguidores, al incorporarse al pelotón de Ramiro Valdés y ser Ernesto Che Guevara su jefe de columna. Allí conoció el odio hacia los habaneros y por lo excelso de sus instituciones y logros y lo que se avizoraba para el país. Como ya he relatado, el Día de los Reyes de 1959, mi padre, visto por todo el barrio como un héroe, regresó a la casa, se peló, se afeitó la barba, quemó sus ropas de combatiente del ejército rebelde y volvió a su trabajo como guaguero. Como ocurre creo que en todos los países del mundo (latinoamericano y subdesarrollado, no creo que en los países del primer mundo sea así) todos reniegan y consideran a la capital como un lugar indeseable para vivir y a sus habitantes unos apestados. Así ocurre con los argentinos que desprecian a los que han hecho famosos a Argentina en el mundo: los porteños y el tango; los mexicanos desdeñan a los “chilangos” que son tanto los naturales de la capital o D.F. como los de otras partes del país que allí viven. Una simpática anécdota me ocurrió con un señor de edad, chofer de Uber que me dijo era de Michoacán y se casó con una “chilanga” y allá se fue a vivir. La familia de la esposa lo acogió con cariño pero su familia lo tuvo en una especie de lista negra durante muchos años porque se había convertido en un chilango. Y con La Habana no podía ser menos. En ello, aparte de la envidia, que afirmo que es el principal sentimiento que he conocido en México y en Argentina, a ello se suma algo real, y es que el desarrollo de Cuba estaba, no cosa única en este continente que no dejará jamás el subdesarrollo, casi exclusivamente en la capital. Todavía ese sentimiento subsiste, pero formando parte de la doble moral que caracteriza al cubano de hoy. Si vamos al estadio del Cerro, principal centro beisbolero del país y juega el equipo local (Industriales, el mejor, el más querido y el más odiado) contra otro de cualquier parte del país, las gradas se dividen entre los que apoyan a Industriales y los que provienen del interior, sobre todo de la parte oriental, los que odian a muerte al equipo capitalino, lo que da muestra de la gran cantidad de no capitalinos que viven en la capital. Dicen que odian la capital, que es imposible vivir allí, que tiene un ritmo de vida insoportable, etc. etc. etc. Pero La Habana está llena de personas que lo abandonan todo para irse a vivir, la mayor parte ilegalmente o en condiciones infrahumanas, hacia la capital. De esas vivencias es que surge la canción “La Habana no aguanta más.” La Habana es mala, pero cómo será el desastre en el resto del país que todos quieren mudarse a ella.





La falsa industrialización y desarrollo del país
A partir de 1959 La Habana pierde su sitial y es personificada como el mal absoluto, una ciudad de vicios, drogas, prostitución y gangsters.

El falso puritanismo que suele animar los procesos revolucionarios y del cual Cuba no fue ajeno, cuando muchos de los que la dirigían nunca habían dado un golpe, o eran forajidos y bandidos rurales como el Comandante Crescencio Pérez, o un traficante de ganado robado como el General Lussón, pero eso no tenía importancia, ellos habían lavado sus pecados luchando por el triunfo revolucionario.

La Habana es considerada como una ciudad pecadora y a su atractivo, a su prestigio internacional y a su magnificencia, se le adjudica la culpa de la decadencia moral de Cuba, que diera origen a tener que hacer una revolución para cambiar todo lo malo que ella representaba.

 No importaba su importancia económica, su exhuberancia arquitectónica, su protagonismo histórico y cultural, lo importante era destacar que su vida nocturna, cabarets, bares, casinos y sobre todo la prostitución (algo característico a todo conglomerado humano y en particular a los puertos y que toda la vida formó parte de la historia de toda latinoamérica y hasta del mundo) eran asuntos que aconsejaban demeritar la imagen de la ciudad.
A ello se sumó la delirante ideología del demente argentino (!mal rayo lo parta, cuáto daño hizo en nuestro país!) creando el internacionalismo y el despego a lo urbano, idealizando el campo y su acompañante necesario, el guerrillero rural.  De ahí que se tratara, incesantemente, durante muchos años, de borrar los atractivos urbanos y llevar a las personas, desde niños, y como parte de su trabajo, a hacer “trabajos voluntarios” a la agricultura, mediante jornadas agrícolas, huertos escolares, la Escuela al Campo, las Escuelas en el Campo, las Zafras del Pueblo y las innumerables movilizaciones a la agricultura, todas sin resultado productivo y mucho menos con influencia ideológica en las personas, todo lo contrario.

La Habana era incompatible con su concepto del hombre nuevo que debía surgir de las generaciones de guerrilleros que se formarían gracias a sus ideas y a su semejanza, como expuso en su inútil libelo sobre la teoría de la guerra de guerrillas.


Y por ello se priorizaron construcciones, en su inmensa mayoría de edificios de microbrigadas, iguales en todo el país, a lo largo y ancho de Cuba y se desatendió completamente el mantenimiento y construcción en la capital, salvo un hecho propagandístico que fue el caso de Alamar, más como un símbolo que como otra cosa por lo ineficiente de sus servicios y la poca calidad de sus construcciones.

Igual ocurrió con la llamada industrialización, llevándose plantas fabriles a diferentes sitios de la geografía cubana, en la mayor parte de los casos con tecnología obsoleta de los países socialistas, que era más barato regalar que convertir en chatarra y que además mostraba la hermandad de los países del CAME.  Hoy en día son pocas las industrias que aún funcionan, y las que lo hacen es porque han sustituído su tecnología por sistemas procedentes de países capitalistas desarrollados.

Ya una vez mencioné la pérdida que representó para el país construir una planta gigantesca de envases de vidrio en la ciudad de Las Tunas, a mil kilómetros de los yacimientos de su principal materia prima y de sus principales consumidores, amén de los problemas derivados de la falta de cultura fabril en una provincia donde ante una fiesta o carnavales, no hay quien los lleve al trabajo. Primero el ron y después el deber.

Hicieron cuatro edificios y cuatro fabriquitas para que la gente viera que La Habana había dejado de ser la prioridad, pero este fue solamente otro espejismo revolucionario.  No se desarrolló el interior del país y la capital se dejó destruir sistemáticamente.


A pesar de ello se mantuvo vigente el dicho: “Cuba es La Habana, y lo demás es paisaje”.



El deterioro de La Habana


Para los que conocimos La Habana de los años anteriores a 1959 y circulamos por cualquier parte de ella, nos asustamos con la agonía del paisaje urbano actual, donde hasta los autos son dignos sobrevivientes de esta debacle existencial.

Ningún municipio de la ciudad escapa a la destrucción y encontramos ruinas, edificios sin pintura desde hace años, repellos que se caen a pedazos, balcones en estado tan deplorable que pasar por debajo de ellos es jugarse la vida, alcantarillas rotas, contenedores de desperdicios desbordados, escombros, salideros de agua potable y de aguas albañales y una extrema suciedad ambiental.

Excepcionalmente encontramos algunas pocas calles y edificaciones que han sido reconstruidas gracias a su condición patrimonial, sobre todo sitios históricos en La Habana Vieja, o a expresos intereses turísticos, como son la Manzana de Gómez, ahora Manzana Kempinski; los hoteles Saratoga, Inglaterra y Telégrafo, y algunos otros como los edificios FOCSA y Someillán, y sin que se me olvide, hasta el propio Capitolio Nacional, todo un símbolo de Cuba, que por poco se derrumba.

Y de ello se salva en gran medida el otrora aristocrático y ahora más exclusivo Miramar, donde radican embajadas, firmas extranjeras y viven muchos extranjeros, ajenos a la cochambre que es la ciudad hoy.

También se han salvado algunas plazas, todas en función del turismo, pero el resto, la mayoría de las calles y aceras y parques, se encuentran en estado deplorable, con vertimiento de residuales, sucias, sin asiento ni áreas verdes cuidadas.



Solares habaneros


Y para agravar más la situación y estar a tono con lo que es de todos, proliferan en La Habana  la aparición de solares, ciudadelas o casas de vecindad.

Yo me crié en el barrio del Cerro, aristocrático en sus inicios y mayoritariamente de clase pobre a mediados del siglo XX, pues aún subsistían grandes palacetes de familias pudientes.  Pero en el Cerro existían unos cuantos solares, en algunos sitios numerosos.  Allí pude conocer los horrores del solar habanero,  las condiciones de vida de los habitantes de los solares, donde la insalubridad y el hacinamiento eran la regla.

Para ser objetivos, es cierto que en la capital cubana no hay niños que duerman en las calles, ni mendigos en el sentido clásico de la palabra. Pero ello no quita el hecho de que vivir en un solar no es, ni mucho menos, algo deseable.

Es evidente la proliferación de solares en La Habana, y seguramente por cada solar de los que existían en la época republicana, la cifra ha crecido exponencialmente y a eso le sumamos las casas de vecindad, que son viviendas grandes, subdivididas, convertidas en cuarterías y que hallamos por centenares en toda la ciudad.  Y todos ellos en condiciones peores que en los tiempos del capitalismo, donde por lo menos había agua y esperanzas de salir algún día de allí.  Hoy se considera feliz el que al menos tiene un pedazo donde vivir, aunque sea en ese ambiente.

Los antiguos palacetes que contaban con patios interiores, cocheras y aljibes, se convirtieron en cuarterías y solares, y a ellas fue a vivir una parte de la población más pobre de la ciudad, con servicios sanitarios insuficientes, los habitantes utilizaban pequeñas habitaciones, a veces sin puertas, que se fueron multiplicando con el tiempo. Casas del siglo XVIII o XIX y hasta principios del XX, fueron convertidas en albergue de  decenas de familias, multiplicándose el hacinamiento poblacional por la indiscriminada migración interna, creándose condiciones infrahumanas y de difícil convivencia, agudizando las indisciplinas sociales y la violencia. Sin contar con el alto riesgo de derrumbe es algo cotidiano, agravado por las construcciones de los propios moradores, en particular las llamadas “barbacoas”, para acoger a más gente en su limitado espacio.
Primero está el Solar del 20, a unos pocos pasos de mi casa, justo haciendo esquina en la calle Suzarte y Salvador. Las otras tres esquinas estaban ocupadas respectivamente por la bodella del gallego Antonio, el puesto de chinos del padre de mi amigo Ramón y la farmacia del Dr. Perales, el que hizo famoso a su esposa Mirta de Perales.

Por la calle Salvador este solar ocupaba toda la cuadra hasta dar por el fondo con lo que se conoce como “el Canal” lugar por donde pasan grandes tubos del acueducto de Albear y en cuyos alrededores proliferaban los solares, los sembradíos de mariguana y a ese lugar, al que me tenían prohibido ir, solamente entraban los del ambiente, casos como Orlando Contreras y Benny Moré, que se dicen iban allí a comprar la yerba.  Pero ni la policía entraba allí.

Ese solar tenía un patio central gigantesco donde había una mata de tamarindo, y en tiempo en que el árbol daba sus frutos, los que allí vivían se fajaban por cogerlos. Pocas veces entre allí, más por curiosidad que por otra cosa, a pesar de que allí vivían unos muchachos, los únicos blancos del solar, a los que le decían “los polacos”, dos varones y una hembra, muy blancos, casi colorados y de los cuales el mayor, que parecía una escultura de Charles Atlas por su musculatura a pesar de ser casi un niño, que era monaguillo de la parroquia del Cerro, se decía después que era el marido del cura, cosa que no dudo porque el curita era bien afeminado.

En más de una ocasión se formaban tremendas broncas en el solar, por cualquier razón: mujeres, bebida, juego, deudas, lo que fuera.  Yo vivía a tres puertas del solar, en una gran casa de madera de dimensiones espectaculares, con sala, comedor, tres cuartos, baño, un gran pasillo, un gigantesco patio y un tremendo portal abierto por tres lados.  Allí jugaba a menudo y una de las broncas trajo que uno de los habitantes del solar, limpiabotas por más señas, le lanzara un pomo de tinta rápida (tinta negra para zapatos) a otro con el que peleaba y al final el afectado fui yo y las paredes de mi casa.



También allí vivía un mulatico de cabeza desproporcionada que cuando me ponía a jugar bolas con mi hermano en la puerta de la casa, ya en la calle, venía y decía: “manigüiti un peo”, cogía las bolas que podía y se mandaba a correr.  Hasta un día en que salí a jugar bolas con mi bate de béisbol y cuando se acercó le dí par de batazos por las piernas y otro por el lomo.  Ese fue el último día, hasta que me salió el bigote, que pude jugar en la calle, porque cuando el cabezón me robaba las bolas, nadie protestaba, pero cuando le dí unos trancazos para que no me siguiera agrediendo, entonces sí vinieron a quejarse.

No los conocí de nombre o no los recuerdo, pero en la parte de El Cerro donde vivía había unos cuantos solares, entre los cuales estaba uno donde parece que era la sede de la comparsa  El Alacrán, y que ensayaba todo el año aunque no fuera época de carnaval. Yo comparaba aquello con las películas de moda entonces sobre los Mau-Mau en Africa.

Y estaban otros solares famosos de La Habana, como El solar de la California, el Solar del Reverbero, el Palo Cagao, y otros, y cuya fama se debía tanto a la música como a tragedias que en ellos habían ocurrido.

La California está situado a unos pasos del Malecón Habanero en la calle Crespo, en pleno barrio de Colón, el antiguo barrio de las putas más popular y que ahora es el barrio ideal o uno de los principales destinos para los inmigrantes de provincias orientales que llegan a La Habana y que se dedican a cualquier cosa, como  vender productos robados, proponer jineteras ( eufemismo para decir putas), hacer de pingueros, pedalear 12 horas en un bicitaxi o cualquier cosa legal o ilegal que les de dinero.

Ahora existe allí un paladar de igual nombre muy cercano al famoso “Solar de La California”, y que promociona que el solar era un lugar frecuentado por el legendario percusionista cubano Chano Pozo y en el que se reunía con algunos de los más destacados jóvenes talentos de la  música habanera de entonces, como Bola de Nieve o Dámaso Pérez Prado, para hacer descargas musicales que no tenían fin.  Ese espíritu de Chano Pozo aún se siente en la zona. Y cuando hablo de ello me refiero al espíritu de la guapería barata que le caracterizó y que le causó la muerte a la misma edad que Cristo.

En aquel solar y en muchos otros vivían músicos negros que lo mismo ejecutaban con excelencia un  piano clásico que tocaban un guaguancó en un cajón y por lo regular eran personas de excelente educación.  Y no es extraño también encontrar en ellos a músicos que a veces son mejores que los que descubrió Ry Cooder en el rescatado Buena Vista Social Club, que para mí no es más que música de primera ejecutada por músicos de segunda, o de tercera, que se han hecho famosos sin tener gran talento gracias a las mismas artes que han convertido a Shakira en una estrella mundial.

Y por supuesto el que visite la Habana de hoy, es inútil que vaya a buscar en Guillermo Cabrera Infante, ese gran cronista de la vida habanera antes de la revolución, una guía para conocerla, porque La Habana ahora es otra.

Cabrera Infante cuenta en “La Habana para un Infante Difunto” la vida de lo que era considerado el peor solar de La Habana, el situado Zulueta 408.  La moraleja que nos muestra es que casi todos sus amigos también vivían en solares y al igual que Guillermo fueron al instituto de segunda enseñanza, pudieron estudiar inglés por la noche, todo en escuelas gratuitas y se hicieron médicos, dentistas, y todo lo que fueron capaces de ser y quisieron.

También nos muestra la diferencia con los solares actuales si los comparamos.  Ella radica en que, el peor solar de la Cuba Republicana era un hotel de primera comparándolo a lo que se vive en un solar en la Cuba hoy.  Y como paradoja, dos de los más famosos paladares o restaurantes privados de La Habana, La Guarida y San Cristóbal,  a donde van todas las personalidades mundiales que visitan Cuba, incluyendo al presidente Obama, están rodeados de solares y casas destruidas o en fase de derrumbe, lo que acrecienta su encanto para los extranjeros que se sienten en un ambiente único porque seguramente no conciben que en la capital de un país pueda existir o coexistir con restaurantes de lujo, tantas ruinas juntas.

Y cada vez que hablo de solares, me acuerdo de Facebook, ese lugar donde la privacidad ha dejado de ser el elemento fundamental en la convivencia social.  Yo puedo haberme criado en el Canal, uno de los peores lugares de uno de los peores barrios de La Habana, crecí entre solares en los que la privacidad era un lujo, pero no por ello me siento nada cómodo en ese solar universal que es Facebook.  Creo que cada uno tiene la libertad de escoger qué ver y permitir lo que quiera que vean o sepan, pero ya lo de las redes sociales es para decirlo en cubano, una cochambre.  Y además muy peligrosa.




Un día en el solar

Y unas memorias me llevan a otras, en este caso "Un día en el solar".

Para hablar de el filme “Un día en Solar”, .la adaptación al lenguaje cinematográfico de lo que tan alabado fuera en los escenarios teatrales, el primer gran musical del cine cubano con  Sonia Calero, Tomás Morales, Asseneh Rodríguez, Alicia Bustamante, Litico Rodríguez, y los bailarines del Conjunto Experimental de Danza., hay que hablar primero de ese coreógrafo excepcional que fue Alberto Alonso.

Alberto Alonso debutó en 1933, bajo las órdenes de Yavorsky, en El azul Danubio, lo que lo convirtió en una figura masculina pionera del ballet cubano. Dos años después, acompaña a Alicia en Coppelia, y cuando se integra al Ballet Ruso de Montecarlo, se lanza en una carrera internacional que lo conduciría hasta los Estados Unidos, abriendo el camino que su hermano y su cuñada emprenderían poco después, exponiendo no sólo el nacimiento de un ballet influido por las esencias de Cuba, sino que lo extendió al musical y a la revista de comedias, hacia las cuales tuvo el respeto que se merecen esas expresiones, que no son menos elitistas, llevándolas también al cabaret y a la televisión y haciendo de todas ellas espectáculos de mérito.
Alberto Alonso con Maya Plisetskaia en el montaje del ballet Carmen.
Alberto Alonso es en la historia del ballet cubano, ese eslabón perdido entre lo excelso y la vida nocturna de una ciudad y nadie como él pudo captar el acento sensual, la voluntad rítmica y la cadencia propia del cuerpo cubano  sin caer en superficialidades según el gusto turístico que también se imponía en la época.

A inicios de los 50 en Montmartre se estrenaba El solar, con las actuaciones de Benny Moré, Olga Guillot, Candita Quintana, y música interpretada por la Orquesta Casino de la Playa. 

Pero el verdadero éxito vino con  esa mujer fascinante que es Sonia Calero, con la que Alberto comenzó la relación que los unió hasta el final y ese calor que siempre vivió ellos se materializó en las coreografías que él creó para ella, dueña de ese dúo de la escoba, de la cola de rumbera que manejaba como nadie cuando bailaba. La historia se ha encargado de calibrar el aporte de  Alberto Alonso a la danza en Cuba, que hasta pudo sacar algo bello de todo lo feo que hay en un solar.


                                           La incomparable bailarina Sonia Calero.
Reparaciones generales….para mi bolsillo


Pero si hay algo que me llama la atención es que a diferencia de la lógica, en Cuba no se le da mantenimiento a nada y en un momento determinado se le da una reparación capital.  Recuerdo que en la era capitalista, los comercios, cines, edificios, casas, industrias, todas las construcciones eran objeto de reparaciones y mantenimiento sistemáticos.  Muchas veces caminaba por calles comerciales como Obispo, Galiano o Monte, en horarios tempranos en la mañana y veía gente pintando, cambiando una puerta o un marco, arreglando una cerradura, cambiando bombillos o en cualquier tarea necesaria, la que no se dejaba para luego. Esto garantizaba que nunca había que cerrar el negocio, salvo una contingencia grave.  Por otra parte recuerdo que un problema de chapistería en un auto, el automóvil se dejaba en el taller por la tarde y al día siguiente por la mañana estaba listo y pintado con igual color al resto del carro.

Sin embargo, en todos los lugares donde trabajé, sobre todo los más importantes, como el Ministerio de la Industria Básica, donde conocí muchas actividades, sobre todo minería e industria química y en el Instituto Cubano de Radio y Televisión, también conociendo todas sus actividades, era sistemático el proceder de cesar una actividad para reconstruirla totalmente.

Pero el quid de la cuestión, que se escapaba a mi razonamiento lógico, lo vine a conocer de manos del jefe de Inversiones de la Cadena de Tiendas Caracol, que trabajaba de similar forma, con la diferencia de contar con todos los recursos que se requirieran por su funcionamiento en divisas y en función del turismo extranjero.

La razón está en que un mantenimiento sistemático o modernización, requiere igualmente un trabajo sistemático de atención y la asignación de una cantidad limitada de recursos.  En cambio una reparación general o modernización, tiene un financiamiento grueso, del cual se puede, en primera instancia desviar una buena cantidad para provecho personal, y por otra se pueden utilizar medios recuperados que también representan un ahorro que va al bolsillo del inversionista.  Entonces la simple explicación es que una remodelación total permite robar y el mantenimiento no.  Por eso dejaron a punto de derrumbe al emblemático Hotel Capri, para poder buscar una inversión jugosa en la que hay una gran jugada de corrupción.




Las ruinas habaneras que me impactaron


Decía Sir Winston Churchill: “El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia y la prédica a la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria."

Y no hay duda de que eso es lo que ha ocurrido en Cuba, por eso no hay cubano que no tenga una experiencia personal con las ruinas y por eso voy a narrar algunas de las mías.

Sin duda alguna cuando hablo de destrucción y ruinas, lo primero que me viene a la mente son los cines.  Conocedor como gran cinéfilo, de la gran mayoría de los 358 cines habaneros (puedo asegurar que me quedaron solo unos pocos por conocer), no pude dejar de asombrarme, aunque ocurría como con alguien que siempre está a tu lado, que no te das cuenta si crece, engorda o se pone viejo, así mismo me pasó con el deterioro de los cines.  Primero fueron la falta de aire acondicionado o de los grandes ventiladores que en ellos existían.  Después la falla en los equipos de proyección o la mala calidad de lo que veíamos en pantalla (no del contenido de la película como tal sino de su oscuridad o falta de brillantez), después con asientos rotos, la desaparición de los pequeños puntos de venta de golosinas y refrescos y al final con el cierre de antes siempre concurridos cines o teatros.

Por supuesto que de ello no se salvaron ni las más modernas salas. Solo han sobrevivido unas pocas, casi todas relacionadas con un evento más político que cultural que es el Festival del Cine Latinoamericano que se celebra cada año.  Da tristeza ver en ruinas lo que un día fue el moderno y cómodo complejo Rex-Duplex, o mis cines preferidos de barrio, el Edison, el Principal o el Maravillas, y no escribo más sobre el tema porque tendría que abordar más de 300 casos y eso merece otro artículo.  Resumiendo, La Habana pasó de ser la ciudad del mundo con más cines a convertirse en un cementerio de cines.

Los cines Duplex y Rex en la actualidad.


Ante tanta habladuría de pasillo en mi lugar de trabajo, el centro de la Radio y la Televisión en Cuba, pude conocer y conseguir el documental “Habana, nuevo arte de hacer ruinas” de dos cineastas alemanes y que fuera premiado en varios festivales y que aborda el tema de habaneros que ante la falta de un lugar donde vivir, fijaron su residencia en una de las tantas ruinas existentes. 



  En particular me llamó la atención el caso de aquellos que, como nosotros, han vivido medio siglo esperando la invasión de los yankis y la realización del sistema comunista como el nuevo paraíso terrenal, sin haberse realizado ninguno de ellos, y mientras tanto, han vivido entre ruinas de una ciudad que un día fue espectacular, entre ellos uno de los casos abordados en el documental que me impactó es el del ocupante del antes fastuoso teatro Campoamor.




Restaurante Río Cristal

De este sitio, cercano a donde vivía, el Reparto Fontanar, he escrito numerosas veces, y nunca pensé que la desidia pudiera destruir un lugar tan encantador, que merecía haber sido custodiado como ejemplo de algo hermoso que valía la pena hacer duradero.

Aparte del entorno, con fuentes y castillos, también en estado de abandono y que fueron delicia de mis hijos cuando pequeños, el restaurante como tal, antiguo barracón de esclavos en 1790 para un ingenio azucarero y después claustro de monjas, contaba con vistas espectaculares al río y su pequeña cascada, un menú excelente y barato, y sobre todo un espectacular bar con azulejos pintados con motivos de Don Quijote de la Mancha, que por sí solo valían la pena conservar a cualquier costo.




Ahora solo queda una piscina a donde va la gente a tomar cerveza y de lo verdaderamente valioso, solo hay ruinas.  Sus rejas coloniales fueron robadas y milagrosamente aún existe una tarja de mármol que explica su historia en Español e Inglés:

Esta edificación fue construida como barracón de esclavos (…) de un central azucarero que aquí existía (…) Nuestra Señora del Carmen y posteriormente San Andrés a partir de 1854 [,] fue utilizado como convento de religiosas (…).

Por suerte pude disfrutarlo y guardar en mi memoria a ese hermoso lugar.  Y como dice el dicho: que me quiten lo bailado, porque yo lo supe aprovechar.



Capitolio Nacional.

Junto con el Castillo del Morro, es quizás el símbolo habanero más conocido internacionalmente.  El Morro y su fortaleza colindante, La Cabaña, tuvieron la suerte de ser dirigidos, por su carácter histórico relacionado con la defensa del país, por las Fuerzas Armadas, que rápidamente vislumbraron un nuevo papel para ellas: la obtención de divisas mediante la creación de atractivos turísticos en ellas.  Esta es la causa de que no hayan colapsado.

Mientras tanto el Capitolio, de cuyo tema he escrito algunos artículos, representaba todo lo odiado por la revolución: la república y la democracia, y como tal fue repudiada, abandonada, convertida en museo, remodelada para uso como oficinas burocráticas y casi completamente olvidada.  Por suerte el deterioro no fue total y el auge turístico obligó a restaurarlo, obra que duró varios años.

Pero durante muchos años, cada vez que pasaba por alguna de las partes del majestuoso edificio, veía orine, basura, y ese olor a humedad corrosiva.  Inclusive por razones de trabajo tuve que ir en varias ocasiones a la Academia de Ciencias de Cuba, cuyas oficinas radicaban en el Capitolio y ver también el ocaso de una obra impresionante. Vamos a ver si la nueva sede del Parlamento Cubano goza de la libertad de expresión que tuvo en su momento, aunque fuera con todos los defectos de las democracias latinoamericanas, pero que al menos dejan ver un destello de libertad y de criterio.

El Edificio Rosita de Hornedo y el teatro Blanquita

El que estuviera entre los mejores y más elegantes complejos habitacionales de La Habana, es hoy un amasijo   de ruinas altamente peligrosas.



El hotel residencial Rosita, y su gemelo, el edificio Riomar, ambos construidos en los años cincuenta, del siglo XX, en la esquina de Primera y Cero, en la Puntilla, en Miramar, era objeto del interés de los arquitectos y la admiración de los cubanos y extranjeros. Con la revolución se unieron con un solo nombre: Sierra Maestra.

El solo nombre lo dice todo, pues tiene relación también con el teatro Blanquita, llamado así en honor de Blanca Maruri, esposa de Alfredo Hornedo, senador de la República y director-fundador de los periódicos “El País” y “Excelsior” y con grandes intereses en  “El Crisol”, fue considerada una dama altruista, pero no pudo asistir a la inauguración del templo cultural: murió poco antes de la inauguración del coliseo, el 17 de mayo de 1948.

La inauguración del teatro “Blanquita”, en su momento el de mayor capacidad entre los coliseos teatrales del mundo, con su gran pista de patinaje en hielo sobre su escenario, marcó la vida cultural de La Habana. El “Anuario 1948, Suplemento de el diario “El País” señalaba que El “Blanquita”, con 6 600 lunetas, pista de patinaje y cafetería para doscientos clientes superaba en 500 asientos al “Radio City Hall”, de Nueva York.

Pero casado en segundas nupcias con Rosa Almanza, dio el nombre de ella al hotel residencial que, en 1955, construyó en la Avenida Primera de Miramar: el Rosita de Hornedo, un bellísimo edificio de once pisos con 172 apartamentos y dos pent houses.

Llama la atención que el teatro está situado tan cerca del mar como el edificio Sierra Maestra, y es incluso más viejo, sin embargo su estado de conservación es bueno .  La única explicación que tiene es que ese es el teatro empleado para actos políticos de primer nivel. Y uno de los edificios del Sierra Maestra es la sede de la Corporación CIMEX, antaño la compañía con gestión en divisas más poderosa de Cuba y que ahora está en un ocaso tras haber pasado a ser manejada por los militares. Algunos especialistas estatales alegan que la causa del deterioro es su ubicación tan cercana al mar, en una zona de gran agresividad corrosiva, lo que sería valido para el resto de las edificaciones en similares condiciones.

El Sierra Maestra, al igual que el FOCSA, tenía vecinos que se negaron a ser desalojados a cambio de otras viviendas, por lo que lo declararon como zona “congelada”, para impedirles permutar o traspasar sus bienes, mientras el deterioro del inmueble, por una falta de mantenimiento y abandono se fue destruyendo.

Algunos se cansaron de vivir en esas condiciones y otros terminaron marchándose del país, o murieron de viejos. Hasta que finalmente el complejo fue declarado inhabitable, por deterioro.





FOCSA y Alaska
Primero, trabajé durante años en el apartamento 16-K del edificio FOCSA, el más alto de la Habana, el primero construído en el mundo solamente con hormigón armado y una de las siete maravillas de la arquitectura cubana.  Pues tenía solamente tres ascensores, dos que trabajaban cuando se les ocurría, si es que había electricidad, y otro que iba exclusiva y directamente al piso 28 donde estaba al restaurante La Torre.

Al trabajar en el piso 16 muchas veces o iba poco a poco subiendo los 16 pisos, o iba  hasta el piso 28 y bajaba o me la jugaba con los ascensores locos, que le costaron la vida a una persona.  Pero no era eso solamente.  En 1958 había estado en el edificio en varias ocasiones, en algunas de ellas al apartamento del músico Adolfo Guzmán.  Recuerdo los olores deliciosos en todos los pisos, los grandes espejos en el lobby central y el de los pisos.  Ya nada de eso existía, no había espejos, el sistema de recolección de basura se hacía a través de unos pasillos concebidos para la servidumbre y que a veces no eran recogidos los despojos en más de una semana.  Los pasillos y escaleras estaban faltos de luces y los salideros eran usuales. Recordemos que el agua en el edificio FOCSA es salobre, lo que acaba rápidamente con las instalaciones sanitarias.

Por suerte fue reparado años después mediante la inversión de unos israelíes y los pocos vecinos originales que allí vivían se negaron a marcharse a pesar de las tentadoras ofertas que les hicieron.  Supongo que allí sigan si están vivos, porque a una señora que conocí allí ahora se encuentra en Miami.

Unos cuantos años después trabajé en el Edificio Someillán, otra joya de la arquitectura cubana y reviví, aunque no tan críticamente, todo lo que había vivido en el edificio FOCSA.  Este fue otro de los inmuebles que también se salvó en tablitas y fue reparado.

                                          Al fondo a la derecha el edificio Alaska.
El otro fue el Edificio Alaska.
El edificio Alaska, justo frente al ICRT y para ser más precisos, frente al famoso restaurante El Mandarín, era toda un orgullo del vedado.

El edificio Alaska contaba con cinco pisos y más de 50 apartamentos con cuatro o cinco habitaciones, aunque algunos de ellos se habían convertido en cuarterías.

Por su situación geográfica, frente al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), no es nada extraño entonces que en esa edificación, familiar para millones de cubanos, residieron renombradas figuras del mundo artístico como Rosita Fornés, el actor y locutor Álvaro de Insua, el actor Carlos Badías, las actrices Minín Bujones y Maritza Rosales, el director de televisión José Ramón Artigas y otras personalidades de la cultura cubana.

El edificio Alaska, muy vinculado al ulterior desarrollo de La Rampa habanera, fue construido en 1922 y aunque no era precisamente una obra perfecta pero su valor fundamental era que constituía una obra testimonial, ya que la historia de lo que sería La Rampa, comenzó con él, y era lo único que quedaba de la imagen antigua de la zona.

                                             Ahora es un parqueo para los magnates del Partido.
Uno de mis compañeros de trabajo vivía en el Edificio Alaska, y muchas veces fui a su casa y al pasar los años se fue evidenciando su deterioro, que databa desde 1978,  al grado que sus vecinos que el edificio no se estaba cayendo a lascas sino a trozos. Todos los días se caía algo hasta que un piso colapsó, y el edificio fue parcialmente evacuado, enviando a algunos vecinos a La Habana del Este.  Después comenzó a construirse un edificio en Zapata y B, al lado de una famosa estación de policía y fueron evacuados todos los vecinos en 2003, 25 años después de que se alertara que había que repararlo,  y fue demolido el edificio, y sus terrenos empleados como parqueo para el Comité Provincial del Partido Comunista de La Habana, un destino utilísimo.

Por supuesto que mi compañero, ya jubilado se quejaba del desastre de edificio que habían construído para los que habían vivido muchos años en medio de un desastre.  Pero el cubano se ha conformado en vivir en un país donde nada, salvo la represión, es eficiente.



Ferrocarriles.
Una de las imágenes que se pueden ver en La Habana de hoy es la aparición de decenas de locomotoras.  Estas locomotoras son las existentes en el llamado Museo del Ferrocarril, antigua estación ferroviaria de Cristina, en Águila y Amistad, al fondo del Capitolio y que ante la vista de todos se deterioran, sin la protección de un techo contra las inclemencias del tiempo; sin engrase o anticorrosivos para las locomotoras del siglo XIX, las cuales, por sus condiciones museables, en otro país valdrían fortunas.




Lo real es que esto no es más que una iniciativa de alguien para ubicar algunas de las cientos de locomotoras que dejaron de funcionar cuando a Fidel Castro se le ocurrió acabar de un plumazo con la industria por la que era conocida Cuba en el mundo entero: la industria azucarera.

Quiere decir que se ha hecho ruinas no solo de nuestras construcciones, sino hasta de nuestra propia historia y tradiciones.





Otros casos

En la Víbora, cercana al Instituto de Segunda Enseñanza de la Víbora donde estudié, en Carmen, entre Cortina y Figueroa, en la Víbora, existía una majestuosa construcción que abarcaba una manzana, y que había sido una escuela, colegio de monjas y otras funciones, entre ellas allí estuve varios días en una de las locas movilizaciones que se le ocurrían a Fidel Castro con el invento de las Milicias de Tropas Territoriales que creó para contrarrestar la invasión que Ronald Reagan iba a realizar en Cuba y para lo cual movilizaba a cualquiera por el tiempo que se le ocurriera.  Ya en esos momentos el edificio estaba en crisis, después fue declarado inhabitable pero se llenó de gente que no tenían donde vivir y se derrumbó hace pocos años con algunas víctimas fatales.



Cuba fue privilegiada con la aparición de numerosas construcciones Art-Deco, y tal es así que se declara que en Cuba hay más muestras de esa tendencia arquitectónica que en Miami Beach.

Pues algunas de esas joyas arquitectónicas también han sufrido el embate del tiempo y el abandono, como fueron el Hospital Pediátrico del Vedado en 27 y G, que al final tuvo que ser demolido por los años en espera de ser reparado, la Escuela de Veterinaria, que la última vez que la ví tenía letreros que anunciaban peligro de derrumbe, y creo que es imposible relacionar miles y miles de lugares que los conocí flamantes y después en ruinas.

La Habana se esta cayendo.No hay dudas de que a pesar de los esfuerzos de restauración de las zonas más viejas de la ciudad acometidos por la Oficina del Historiador, con un fin quizás histórico, pero pienso que más con fines de lucro, a La Habana no le va a quedar otro remedio que el comentario que me hizo un amigo una vez: “a Cuba hay que situarle un ejército de bulldozers en el Cabo de San Antonio y llevarlos por todo el país hasta la Fosa de Bartlett, que se va a llenar con los desechos y hacerlo todo nuevo.:

La fosa submarina de Bartlett tiene 1600 metros de longitud y 7600 metros de profundidad, y si la llenamos, es que Cuba está llena de escombros y ruinas.  Pero mientras eso ocurra, hay que tener cuidado al caminar por las calles de La Habana, sobre todo si ha pasado un ciclón, o hasta cuando llueve.  Mejor ponerse un casco en la cabeza.

Nada, que escribir estas memorias me han hecho recordar al más grande humorista cubano, Guillermo Alvarez Guedes y su cuento que refleja que al cubano no le queda otro remedio que conformarse con lo que vive.

“A las siete de la mañana el inglés se levanta, va al refrigerador, abre el refrigerador, coge dos huevos, los hierve, se los come y va para el trabajo.  A las siete de la mañana un americano se levanta, va al refrigerador, abre el refrigerador, coge dos huevos, los fríe, se los come y va para el trabajo. A las siete de la mañana en Cuba, un cubano se levanta,  va al refrigerador, abre el refrigerador, se rasca los huevos, cierra el refrigerador y se va para el trabajo.”


Ciudad de La Habana, en un amasijo de ruinas. Increíblemente ahora ese es su encanto para los turistas, ver edificios que hace décadas que no reciben una mano de pintura, con balcones a los que cada día se les cae un pedazo y observar a la gente que vive en lugares dignos de los años de la posguerra, pero esta vez como una especie de suicidas que están en espera a que todo se derrumbe a su alrededor.  Tokio, Hiroshima, Hamburgo, Berlín, Dresde, Colonia, Varsovia, Coventry, Londres, Leningrado, Rotterdam, una lista interminable de ciudades que fueron víctimas de bombardeos y combates resurgieron como el Ave Fénix, de sus propias cenizas, pocos años después de terminado el conflicto.

Las guerras siempre han transformado el paisaje urbano y físico que nos rodea y en algunos casos su huella y cicatrices nunca desaparecen.  Pero todas, sin excepción, con la voluntad del hombre, han borrado su destrucción sistemática y han tenido una recuperación y un cambio espectacular.