domingo, 7 de abril de 2019
Curiosidades del transporte en la Cuba republicana
Curiosidades del transporte en la Cuba republicana
Ya que Cuba había sido pionero en la transportación por ferrocarril, cuando fue la primera nación iberoamericana y tercera en el mundo, tras Inglaterra y Estados Unidos, en introducir este medio en 1837 con el camino de hierro entre La Habana y Bejucal, no era nada extraño que que incursionara en otros adelantos.
Ya Cuba había estado a la vanguardia mundial con otras primicias, como el primer cementerio fuera de las iglesias en 1806, el uso de máquinas y buques de vapor en 1829, el primer sistema público de alumbrado eléctrico en 1889, el tranvía eléctrico en 1900, año en que también llegó igualmente antes que otro país latinoamericano el automóvil. Después sería La Habana la primera ciudad del mundo con telefonía sin usar operadora en 1906 y el segundo país del mundo en inaugurar una emisora de Radio en 1922 y más tarde igual sitio con la televisión en 1950.
Por eso no era nada raro que muchas inventivas norteamericanas se probaran en Cuba y se introdujera masiva y comercialmente en la Isla como segundo lugar y una de ellas, aunque no se continuó, fue el Tren Aéreo.
El Tren Aéreo Miami-La Habana
Era una innovación que buscaba unir a la Florida con La Habana por mar mediante el empleo de un avión que llevaría a remolque a dos planeadores sin motor, como si se tratara de una locomotora con dos vagones pero en el aire.
El experimento nunca antes hecho, un Tren Aéreo Internacional entre Miami en Estados Unidos y La Habana, Cuba, para cuya empresa fue encargado al conocido aviador Agustín Parlá, famoso por ser el primer cubano que volo en un aeroplano y cruzara el estrecho de la Florida de Cayo Hueso a Mariel sin brújula en 1913. Más tarde en 1919 inaugura el primer vuelo comercial de Cuba y efectúa el primer vuelo comercial a Estados Unidos. En ese mismo año se crea la Compañía Cubana de Aviación y Parla es designado gerente general. También en 1920 realizó el primer vuelo nocturno y más tarde es designado inspector general de los aeropuertos cubanos.
El hecho tuvo lugar el 14 de mayo de 1935, despegando de Miami a la una de la tarde y a las dos y cinco minutos desde la fortaleza de la Cabaña se disparó un cañonazo similar al habitual de las nueve de la noche, para anunciar que el Tren estaba en camino.
Las multitudes se desbordaron y colmaron el Paseo del Prado, el parque de la Fraternidad y las calles de los alrededores del Capitolio, mientras que otros miles se amontonaban en los alrededores, balcones y azoteas, todos con la vista clavada en el litoral.
A las tres y diez minutos se produjeron dos cañonazos consecutivos desde La Cabaña, y comenzó a avistarse el Tren Aéreo, tres puntos en el cielo, los que sobrevolaron el Capitolio. De inmediato se soltaron los cables que los unían y mientras el avión piloteado por Parlá se dirigió hacia el aeropuerto de Columbia en Marianao, los planeadores hicieron varias figuras sobre el lugar hasta que uno de ellos, conducido por un campeón de vuelo a vela, Jack O'Meara, aterrizó frente al cine teatro Payret quince minutos más tarde y el otro planeador, piloteado por Richard DuPont, haría lo mismo tres minutos después.
Ese vuelo se convertiría en el primer tren aéreo internacional con itinerario sobre el mar en el mundo y duró algo más de dos horas. En el armazón de las naves se podían ver letreros que decían: “First International Sky Train Cuba-USA”.
El vuelo de regreso de La Habana a Miami, se realizó el 19 de mayo, aniversario 40 de la caída en combate de José Martí, también de forma exitosa, pero de ahí no pasó la experiencia, que no se repitió.
Quizás alguien leyó “El Tren Volador” una de las tantas sonadas aventuras de Emilio Salgari y le vino esa idea a la cabeza.
Un Zepelín en La Habana
Seguramente a todos nos ha llamado la atención cuando leímos, escuchamos o vimos en filmes un dirigible, ese aerostato gigantesco autopropulsado y con capacidad de maniobrar, aunque lentamente, como una aeronave, aunque difirere de ellas en sus características de sustentación aerodinámica por sustentarse en lograrla mediante el contener gases menos pesados que la atmósfera.
Se dice que en 1784 Jean Pierre Blanchard le incorporó a un globo aerostático un propulsor manual y al año siguiente cruzó el Canal de la Mancha con un globo con timón similar a la cola de las aves y unas alas batientes.
Vendría más de un siglo de perfeccionamiento de estos medios para volar y transportarse a partir de ser más livianos que el aire, hasta que llegó la edad de oro de los dirigibles en 1900 con la aparición en alemania del Luftschiff Zeppelin (LZ1), que llevaría a la fama este nombre en honor de Ferdinand von Zeppelin, que había realizado múltiples investigaciones y desarrollo de dirigibles rígidos en la década anterior.
Al comenzar la Primera Guerra Mundial se creyó que los zepelines serían un arma insustituible, pero realmente probaron ser terribles pero muy inexactas pues los daños que hicieron al enemigo se pueden considerar despreciables y sin embargo eran muy vulnerables, por lo que la aviación se convirtió en el arma de primer orden destructivo.
Fueron muchas las tragedias alrededor de los dirigibles, alemanes, británicos y norteamericanos, que hicieron impopulares estas máquinas pero sin duda la tragedia del Hindenburg mientras aterrizaba en New Jersey en 1937, supuso el fin de los dirigibles como medio de transporte.
Actualmente se los utiliza en una serie de aplicaciones secundarias, especialmente publicidad y por supuesto sus tecnologías son altamente seguras, pero ya la aviación con su desarrollo vertiginoso le arrebató el lugar de dueño del aire.
Pero la historia que nos interesa es que el dirigible Defender, partiendo de su base en Miami, voló el 24 de febrero de 1930, conmemorando el inicio de nuestra Guerra de Independencia y además para llegar hasta Rancho Boyeros y participar en la inauguración del Aeropuerto Internacional que ese día tendría efecto.
Era la época de mayor auge de los dirigibles y entonces el mayor de todos era una extraña combinación de dirigible y portaaviones, el Akron, el cual patrullaba el Caribe, sobrevolaba a Cuba y llegaba hasta el Canal de Panamá. Contaba con una tripulación de un centenar de marinos y llevaba cinco biplanos de ala fija destinados a observación y combate. Esta gigantesca nave fue derribado por una tormenta frente a las costas de New Jersey y solo hubo tres sobrevivientes. Su gemelo, el USS Macon también se accidentó en las costas de California y fallecieron dos tripulantes. Hasta ahí llegó la historia de los dirigibles en la marina de Estados Unidos.
Después durante la Segunda Guerra Mundial, un dirigible sobrevolaría las costas entre Cuba y la Florida para detectar submarinos alemanes, lo que hicieron con éxito y contaron codos bases de apoyo, una en Isla de Pinos y otra en Caibarién.
Ya desde 1862, un capitán del ejército español, presentó el proyecto para emplear un dirigible para el servicio postál internacional, lo que fue objeto de muchas burlas. Hoy Ubaldo Pasarón y Lastra es recordado como uno de los pioneros en el estudio de los dirigibles.
Las guaguas de palo en La Habana
Mis primeros viajes en guagua fueron en unos redondeados autobuses pintados de color ladrillo cuyas puertas delantera y trasera estaban permanentemente abiertas y de las que en ocasiones la gente iba colgada. Otra cosa que me llamaba mucho la atención era el chofer, con un gigantesco timón y una larga palanca para cambiar las velocidades, El ruido del motor era tremendo y parece que en aquellos tiempos todavía no habían inventado los muelles de suspensión para hacer más cómodo el viaje y no con tantos brincos, pero todo ello tenía su explicación.
Eran las llamadas “guaguas de palo”, que circularon hasta mediados de los años 50 en La Habana. Desde 1907 había comenzado a circular las guaguas en Cuba, totalmente hechas en Estados Unidos, pero los transportistas buscaron una alternativa cubana, importaron chasis y motores de camiones y se comenzó a construir la carrocería en el país. Las guaguas tenían una estructura de madera a la que se le incorporaban, según el diseño, ventanas de madera con cristales y el techo, curvado, era impermeabilizado con una lona.
Ya en 1910 el transporte público de pasajeros tenía una fuerte presencia de estos vehículos adaptados para ese servicio. Paralelo a ello se desarrolló y proliferó la naciente industria de carrocerías, las que ensamblaban guaguas enchapadas con armazón de madera, y los distintos carroceros fueron perfeccionando los diseños y la comodidad y seguridad de los vehículos.
Ya a finales de los años 40 había un grupo más pequeño de carroceros, pero con alta especialización, los que construían no solo guaguas de palo, sino también modelos con estructura de perfiles de acero y chapas metálicas remachadas, así como camiones y otros vehículos de doble tracción o hasta 6 x 6 para el transporte de pasajeros en lugares montañosos o en vehículos con difícil acceso. Recuerdo que en más de un lugar del vehículo aparecían chapas con el nombre de los constructores y muchos tenían sus talleres en Marianao.
También para el servicio interprovincial se construyeron varios modelos, algunos aerodinámicos y con estilos futuristas y con mucho más confort que sus parientes para el servicio urbano, lo que tuvo un impulso acelerado a partir de la inauguración de la Carretera Central el 24 de febrero de 1931.
Podemos pensar ahora que las guaguas de palo eran débiles, pero realmente eran muy fuertes y resistieron muchos años de trabajo continuado y solamente podían ser superadas por las que se comenzaron a producir después y que eran de carrocerías y estructura metálica.
La primera ruta con guaguas importadas de la General Motors fue la 58 de la Cooperativa de Omnibus Aliados COA, que iba desde la Ceiba en Marianao hasta la Avenida del Puerto, y que como era un servicio especial, según denominaron, comenzaron a subirle el precio, mientras que las guaguas de palo de esa misma ruta continuaban valiendo seis centavos.
Ello impulsó a que otras rutas o importaran carros americanos o se hicieran de guaguas de carrocería metálica para hacerlos más competitivos.
Dentro de los numerosos talleres destacó Merens, Rodríguez y Betancourt los que producirían carrocerías metálicas para los que tuvieran menos recursos y los otros importarían guaguas nuevas o de uso pero de mejor calidad y mayor capacidad.
Hoy en día, a los que los conocimos, las guaguas de palo nos parecen incómodas, lentas y hasta peligrosas, pero comparadas con sus competidores, los tranvías en cuanto a velocidad, fueron un paso de avance importante. En los tranvías la velocidad se medía en una escala que iba del uno al nueve, que era la máxima, por eso cuando alguien estaba apurada o quería terminar algo, en esos tiempos se decía que estaba con los nueve puntos.
Los tranvías, injustamente y tristemente, desaparecieron en 1952, por lo que los nuevos carros fueron coexistiendo con las guaguas de palo, o estos fueron pasando a otros servicios como escuelas u otras instituciones, pero en el servicio interprovincial duraron mucho tiempo. Paralelamente a ello aparecieron los Leyland para sustituir las rutas que antes cubrían los tranvías y fueron bautizadas como “Las enfermeras” por su color blanco. Y la COA se hizo de equipos comodísimos, con caja de cambios automática.
Los aerodinámicos diseños para las rutas de Santiago a La Habana duraron mucho más tiempo hasta que fueron siendo sustituidos por las famosas Canberra de la General Motors, ahora con aire acondicionado y un muellaje incomparable. Mi primera experiencia en estos ómnibus fue en un viaje a Varadero que no olvido.
Y por supuesto el cambio de tecnología incluyó el incremento del pasaje de seis centavos a ocho, lo que trajo protestas interminables.
Pero para mí era una maravilla ir hasta el Café Colón en Marianao desde la esquina de Calzada del Cerro y Palatino y después coger una ruta 50 que iba hasta Jaimanitas, a donde íbamos a la playa, después de ver un paisaje hermoso de La Habana en esos años con las avenidas cubiertas de árboles en ambos lados. ¿Qué iba a importarme que la guagua fuera de palo?.
Los “cubanos” sobrevivientes o fallecidos en el Titanic.
Cuba era un país a donde la gente quería emigrar, no como ahora que es un país al que nadie emigra y de donde ha emigrado una quinta parte de la población y otra buena parte no lo ha hecho porque no ha podido. Es por eso que ahora se puede encontrar a un cubano en cualquier parte del mundo.
Conozco de cerca a gente que se ha ido a vivir a lugares tan lejanos como Australia o Kazajastán, a Corea del Sur y a Rusia. Y en Estados Unidos somos casi dos millones y en cualquier estado, incluyendo Alaska, puedes encontrar cubanos. En Canadá, México, España y otros países son miles, decenas o cientos de miles. Pero eso tiene un origen político y económico, por eso es que antes de la revolución los cubanos podían estar en muchas partes, pero principalmente como turistas, porque no muchos emigraban. Para qué, si Cuba era, con todos sus problemas, uno de los mejores países del mundo para vivir. Y suerte que los cubanos no somos muchos, porque adonde llegamos, imponemos nuestro estilo de vida, nuestras costumbres y casi nos adueñamos del lugar.
Hay muchas reseñas periodísticas sobre cubanos en el Titanic, uno que se murió ahogado, otro que se salvó y está enterrado en el Cementerio de Colón en La Habana.
Lo cierto es que los relacionados con el Titanic eran cubanos naturalizados, pero asturiano uno y catalán el otro.
Entre los cientos de víctimas del Titanic estuvo Servando José Florentino Ovies y Rodríguez, residente en la ciudad de La Habana, Cuba, un asturiano que estaba de vacaciones en Francia y al que se le ocurrió regresar vía New York aprovechando el viaje inicial del Titanic, tan anunciado con bombo y platillo. El Titanic, tras salir de Southampton en Gran Bretaña, fue al puerto de Cherburgo (el de los paraguas de Michel Legrand que todos los cubanos recordamos) y que fue el lugar donde abordó Servando.
Su boleto de primera clase no lo salvó de la muerte en tan trágico suceso y su cadáver congelado fue recuperado con el número 189 en la relación de occisos en el desastre marítimo más mortífero y recordado de todos los tiempos.
Y hubo otro, un natural de Barcelona, Julián Padró, nacionalizado cubano, que se salvó en el naufragio.
Quince días después del hundimiento llegaron a La Habana Julián Padró, chofer de 26 años, también arribaron Emilio Pallás, un panadero de 29 años y las hermanas Florentina y Asunción Durán, de 30 y 26 años, de Lérida, los que fueron recogidos por el buque Carpathia y llevados a New York donde las naviera les costeó el pasaje hasta Cuba, en donde declararon que nunca más se subirían a un barco, promesa que cumplieron.
Padró viajaba con el fin de residir en Nueva York e intentar prosperar, pero se vio envuelto en el desastre y habló con detalles sobre la batalla campal entre los pasajeros por abordar los botes salvavidas y que en medio del pánico reinante, se deslizó por una soga y cayó sobre uno de los botes que ya se alejaba del Titanic.
Hizo su vida en La Habana, obtuvo la ciudadanía cubana y falleció en 1968, yaciendo en el Cementerio de Colón. Siempre hablaba de que se había salvado de milagro, porque el protocolo de salvamento fue un relajo y de los 2224 pasajeros y tripulantes solo se salvaron 705, entre los que estaba Padró, porque el destino así lo había decidido.
Como los cubanos tenemos presencia en todo lo importante que acontece en el mundo, se dice que el 11 de septiembre de 2001, cuando el ataque terrorista a las Torres Gemelas en New York, pocos minutos antes había pasado por allí un guajiro pinareño invitado por su familia que vivía en New Jersey y que libró de los atentados por pura suerte.
Todo es factible, porque los cubanos estamos, como Dios, en todas partes.
La terminal de helicópteros de La Habana.
No voy a hablar de La Habana de los años cincuenta, ni de La Habana Vieja, para no desgastar el tema, pero si vuelvo a decir que probablemente no vuelva a haber otra ciudad tan linda, tan atractiva y tan llena de vida.
Aunque el centro de las actividades económicas y culturales comenzaba a trasladarse hacia el Vedado, La Habana Vieja en los cincuenta mantenía todo su esplendor y era el sitio preferido de los turistas, en particular los norteamericanos. Nadie había superado todavía al Floridita y al Sloppy Joe’s, ni al Prado, ni a los alrededores del Capitolio.
Grandes hoteles con casinos se alzaban por doquier y se construían otros en la zona de la Rampa, haciendo de La Habana una de las ciudades más deslumbrantes de América.
Yo trabajaba en la calle Chacón y Cuba y más tarde en Obispo y Aguiar, y por mis tareas hube de conocer al detalle toda la Habana Vieja y gran parte de la capital. Sin duda uno de los lugares más atrayentes y cosmopolitas era la calle Obispo y justo en ella surgió la idea de construir una terminal para helicópteros en pleno corazón habanero.
Para construir el helipuerto se escogió el espacio que ocupara el antiguo Convento de Santo Domingo, en la manzana que conforman las calles de Obispo y O’Reilly, San Ignacio y Mercaderes, justo al fondo del antiguo Palacio de los Capitanes Generales, donde fuera fundada en 1728 la primera universidad cubana, la Real y Pontificia Universidad de San
Jerónimo de La Habana, que estuvo allí hasta 1902 cuando se convirtió en una ciudadela o solar, convirtiendo las celdas de los frailes en cuarterías sin servicios sanitarios ni cocina, hasta 1957 cuando el gobierno de Batista pretendió construir una terminal para helicópteros al servicio del turismo. En ese convento había funcionado por primera vez la Universidad de La Habana por lo que su demolición para construir la terminal aérea, fue objeto de protestas por parte de personalidades políticas y de la cultura.
No obstante el gobierno comenzó a construir un gran edificio para oficinas en cuya azotea estaría el helipuerto y cotidianamente pasaba por allí y veía el tráfico interrumpido, la suciedad predominando en todos los alrededores y la desaparición de inmuebles históricos que se merecían mejor suerte.
Se creó una empresa llamada Terminal de Helicópteros SA, a la cual el Banco Nacional de Cuba traspasó la propiedad y que contaba con un capital de dos millones de pesos, toda una fortuna para la época.
El edificio se comenzó a construir, pero el proyecto no estaba a tono con el entorno y con la llegada de la revolución, el edificio a medio construir y con la desaparición de los casinos, el juego y la convulsión social que trajo el cambio político, el turismo desapareció y los inversiones se fueron de Cuba.
El inmueble fue expropiado por el gobierno, se concluyeron las oficinas y fue destinado a Ministerio de Hacienda y más tarde al Ministerio de Educación, con un considerable deterioro constructivo hasta que la Oficina del Historiador de La Habana lo rescató y lo incorporó nuevamente como sede a la Universidad de San Gerónimo, adjunta a la Universidad de La Habana y atendida directamente por la Oficina del Historiador de La Habana, sin cuya acción La Habana Vieja se hubiera caído literalmente a pedazos.
Pude presenciar su construcción y terminación, pues trabajaba a pocas cuadras de distancia y pasaba a diario por allí, pero llegó la Revolución y cayó dentro del inmenso y sin fondo saco de cosas que el comandante mandó a parar. En este mundo contemporáneo donde el helicóptero es algo corriente, en Cuba deben quedar dos o tres del ejército y uno de la policía, que amigos míos camarógrafos de la televisión han montado para hacer reportajes ante eventos especiales o el paso de un ciclón y han contado que están amarrados con alambres y que es un milagro que no se hayan caído.
Titina escandalizó a La Habana al montar en bicicleta
Cuando era muchacho había un dicho popular que decía:
"Titina, oh Titina, montando en bicicleta
y al doblar una esquina, se le ponchó una teta..."
En esos tiempos “teta” era una mala palabra y había que decir el verso bien bajito para que ningún mayor nos escuchara. Pero ninguno de nosotros sabía de dónde había salido esa expresión.
La primera vez que se vio en La Habana a una mujer manejando un automóvil, Macorina, el escándalo fue tremendo, pero también el día en que se vio recorrer a una mujer en bicicleta las calles de la Habana el alboroto resultó colosal.
Fue el 12 de noviembre de 1894 cuando los transeúntes habaneros se quedaron estupefactos ante el espectáculo extraordinario de una mujer montando en bicicleta, pero pocos sabían que un año antes en la revista Fígaro había sido publicado un artículo con un grupo de muchachas matanceras, entre ellas Julia Bosch, la primera fotografía de tal suceso, que montaban bicicletas, más cuando Antonia Martínez se atrevió a pasear en dos ruedas por la Habana, ahí sí se armó el escándalo porque esa era una actividad eminentemente machista.
Antonia era conocida como Titina y su atrevimiento se convirtió en la comidilla de todos y a lo largo de su recorrido en bici recibió todo tipo de burlas, groserías insultos, pero la galleguita, no solo de España, sino de Galicia, porque los cubanos les decimos “gallegos” a todos los peninsulares. Pero al igual que Macorina, Titina se hizo famosa e inmediatamente le sacaron el versito que cité anteriormente. La fama no fue por su valentía de hacer algo que estaba reservado, no se sabe por qué, a los hombres, sino por el versito alusivo a que se le iba a ponchar una teta por atrevida.
Al cesar la dominación española, nuevos aires de progreso llegaron al país y la influencia de la mujer norteamericana, más moderna, civilizada y liberal que la cubana y las costumbres coloniales españolas que le habían impuesto hizo que un gran número de mujeres comenzaran a pasear por toda la ciudad en bicicleta, a lo que siguió el cabello corto, usar blusas sin mangas más adecuadas a nuestro clima y hasta a enseñar el tobillo
Julia Bosch
Al final Titina no solo fue valiente al perturbar los preceptos machistas y provocar la ira de la sociedad conservadora, sino que fue una precursora que dio pie para que las mujeres tuvieran tanto derecho como los hombres a disfrutar todos los espacios públicos. La galleguita no era ninguna beligerante ni tenía aires feministas, sino que hizo lo que cualquier persona debía hacer si realmente es una persona libre.
Seguramente Titina se rió y se sigue riendo de aquellos que le desearon un ponche, y no precisamente de una rueda, cuando doblara una esquina.
La bicicleta durante muchos años fue un medio de transporte empleado por mensajeros, repartidores de periódicos, transportadores de rollos de cintas de películas y otros oficios, así como recuerdo a un hombre muy gordo que vivía por Palatino y trabajaba en La Habana Vieja y que el médico le recomendó mucho ejercicio y pedaleaba incesantemente y bajó muchas libras en poco tiempo, por los muchachos y muchachas en su adolescencia, los que adornaban las bicicletas Niágara con rabos de zorra y timbres para anunciar su presencia, hasta que fue cayendo en desuso hasta que se masificó nuevamente durante el período especial cuando la gente iba en bicicleta al trabajo o a pie, o hasta el relativamente nuevo invento del bicitaxi, remedo de la rickshaw popular en China, Japón e India que conocimos en las obras de Julio Verne y de Emilio Salgari.
Titina tiene su puesto en la historia de Cuba, y uno muy exclusivo.
La vaca Rufina, una víctima de la Guerra Fría
Aunque no tiene que ver directamente con el transporte en Cuba, es un hecho curioso que vale la pena incorporar aquí y del cual seguramente todos nos hemos olvidado.
Era el inicio de la era espacial, a finales de los años cincuenta y comienzo de los sesenta, los Gobiernos que asumieran la conquista espacial, eran también los responsables de responder por los daños si algo no salía mal.
Y por supuesto que los cohetes explotaban uno tras otro como proceso lógico para poder lograr dominar una nueva tecnología.
Los soviéticos se fueron delante con el lanzamiento del primer satélite artificial, el Sputnik, y después dieron el golpe de gracia con el primer hombre en el espacio: Yuri Gagarin, por lo que los norteamericanos se proyectaron con la aceleración de todo un programa que les permitiera ganar el lugar perdido, por lo que los cohetes se probaban y mejoraban a ritmo febril.
Como parte de esta empresa un enorme cohete despegó desde el Centro Espacial en Cabo Cañaveral, Florida para poner en órbita dos satélites y alcanzar a la Unión Soviética en la frenética carrera por el dominio del espacio.
Pocos minutos después, en la provincia de Holguín, en la zona oriental de Cuba, unos campesinos que trabajaban la tierra vieron como caían del cielo fragmentos incandescentes junto con silbidos y explosiones, por lo que corrieron a refugiarse de lo que pensaron era un ataque o una invasión extraterrestre, o que el mundo se iba a acabar y ese era el inicio. Al cesar el ruido y regresar a sus labores vieron que a una infeliz vaca un fragmento del cohete le había destrozado la cabeza.
El gobierno revolucionario, ya en confrontación con Estados Unidos, envió el ejército al lugar porque pensaron se trataba de un ataque armado, pero al revisar la situación recuperaron varios pedazos de metal y piezas del motor del cohete que había explotado a pocos minutos de su lanzamiento
El cohete Thor DM-21 se desintegró en el aire y muchos de sus fragmentos cayeron sobre la vaca Rufina, la única víctima conocida de la carrera espacial y la Guerra Fría en Cuba hasta ese momento.
La competencia de la conquista del cosmos entre Estados Unidos y la Unión Soviética indirectamente mató a Rufina y Fidel Castro, siempre oportunista, calificó el hecho como “un cruel atentado y violación del espacio aéreo cubano”. Menos mal que ningún país tiene soberanía sobre el espacio extraterrestre, porque si no también hubiera aludido a ello. A ello le siguieron manifestaciones dirigidas, las que incluyeron el ridículo desfile de cubanos con sus vacas frente a la embajada de Estados Unidos con carteles que decían: “Los yanquis nos matan sin piedad”, “Einsenhower, asesinaste a una de mis hermanas”.
El gobierno norteamericano hizo pocos pronunciamientos sobre el hecho, explicaron que se había perdido el control sobre el cohete Thor y que lamentablemente algunos de sus desechos cayeron sobre Cuba, y que ante estos peligros de la carrera espacial, se indemnizaría a la Isla con dos millones de dólares.
La vaca Rufina fue despedida con honores de Estado, como ocurriría con Rosafé, un toro semental canadiense y con Ubre Blanca, la prodigiosa campeona productora de leche.
Y este tema nos lleva a reflexionar del hecho de que los experimentos genéticos que redujeron a menos de la mitad la masa ganadera vacuna de Cuba.
El semen de Rosafé fue empleado para los experimentos de Fidel Castro e inseminar vacas cebú, una raza resistente al clima cubano, con la idea de lograr un híbrido de mayor rendimiento lechero al que llamaron F1 en su honor. Salvo excepciones como Ubre Blanca, el resultado fue catastrófico. El cruce de las vacas Holstein, gran productora de leche, con la Cebú, productora de carne, para obtener una súper vaca fue otra de las farsas revolucionarias. El resultado fue un híbrido nombrado F1, que da poca carne y y es un pobre productor de leche.
Al triunfo de la revolución, Cuba tenía 6,2 millones de habitantes y seis millones de reses. Tras los inventos del Comandante, la cifra cayó a dos millones y aún hoy, con el doble de esa población, hay menos de 4 millones de reses. Ello ha traido consigo que los cubanos no pueden, como antes de la revolución, tomarse un vaso de leche y comer carne de res es un tabú, en un país donde esos eran renglones que consumían hasta las clases más pobres. Ahora es para una minoría.
Sin duda alguna, la culpa la tiene el cohete Thor y sus científicos, marionetas del imperialismo yanqui.
viernes, 15 de marzo de 2019
Cuba: la cuna de la rumba
Cuba: la cuna de la rumba
“Un golpe de recuerdos te modela
como a la nube el soplo imprevisible.
¡La música y la enamorada tela
que cruza por tus ojos! Suprimible
y oscuro lo demás, aquí te espera,
frente a mi vida absorta o despiadada,
un país al que vuelves, pasajera
del eterno sabor de tu mirada.
-¿Será tú lo que miro? ¿Y a qué sombra
de tu soñar inmóvil pertenece
la antigua calidad en que me abismo?
Pero de pronto en mí tu voz me nombra
como un golpe de rara luz que acrece.
¡Oh música y milagro de lo mismo!”
Un golpe de recuerdos te modela - Cintio Vitier.
Cuando era niño, en la Cuba de mediados del siglo XIX, muy diferente a la vida ahora con la invasión de dispositivos electrónicos, lo primero que me llamaba la atención con respecto a la música por su sonido atrayente, era la percusión, que se aumentaba cuando uno presenciaba una comparsa en un carnaval o pasaba una conga política. Esos eran los sonidos más concurrentes en la Cuba de entonces. Unas tumbadoras, unas claves y un cencerro eran capaces de atraer multitudes. Y de eso se trata la rumba.
La rumba es un género musical ligado intrínsecamente a la historia de la Isla. Los colonizadores españoles que arribaron a finales del siglo XV y acometieron la colonización desde inicios del XVI, diezmaron a la población aborigen, por lo que decidieron traer esclavos africanos para el trabajo duro, los que vinieron con sus religiones, tradiciones y todo tipo de expresiones culturales que con el tiempo se mezclaron, se modificaron y pasaron a formar parte del naciente espíritu criollo.
Entre los más destacados y visibles de esa influencia cultural africana, están sin duda, sus aportes a la gastronomía, pero sobre todo la música, siendo la rumba el ejemplo más claro de ese influjo.
Todos los instrumentos musicales que se usan en la rumba cubana son de percusión y de ellos los básicos son tres tambores llamados tumbadoras, mientras que la melodía la llevan los cantantes. La tumbadora o Congas es un tambor inventado en Cuba que, a diferencia de los africanos, tiene llaves para tensar la membrana de cuero. La tumbadora prima y el segundo o tres marcan el ritmo básico y la tercera tumbadora, llamada quinto, con una afinación más alta, da los golpes improvisados para los que bailan.
La rumba cubana tiene tres estilos o ritmos principales: el Guaguancó, la Columbia y el Yambú, cada uno con sus rasgos distintivos, por lo que son diferentes en cuanto a su lugar de origen, los coros, la manera en que se bailan y los cantos. Pero la rumba cubana es considerada la madre de numerosos ritmos y bailes latinos, que se fueron desarrollando a través del tiempo y tuvo diferentes manifestaciones en otros países, caribeños, España y el cono sur, de igual forma que las Bulerías y el flamenco habían influido en la formación de la música popular cubana gracias a gitanos, negros curros y otros que arribaban a Cuba.
Desde sus inicios y por mucho tiempo, esta música y sus bailes fueron marginados, propios solamente de los barrios más pobres y marginados, pero su autenticidad hizo que desbordara sus límites sociales y se convirtiera en una tonalidad nacional que tendría gran influencia en la música internacional.
En Cuba, hasta la década de 1950 la Rumba era, salvo en tiempos carnavalescos, un festejo privado, familiar e informal que equivalía a la palabra fiesta o baile, salvo en los carnavales.
Estudiosos afirman que la denominación de rumba tuvo un fondo comercial lo que tiene el mismo basamento por el cual se utilizó más tarde la de la salsa como un término general para la música popular de origen cubano y que erróneamente se atribuye a otros países y de la cual se aprovecharon por el ostracismo cultural que el comunismo implantó en la Isla..
Tantos aportes musicales de Cuba al mundo hacen que no sea nada casual que en 2016 la UNESCO asignara a la rumba cubana, y las prácticas culturales relacionadas con ella, para formar parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, porque de hecho, forma parte del alma del cubano.
Matanzas y la rumba
He escuchado mucho de que los habitantes de la provincia de Matanzas se atribuían la paternidad de la rumba, muchos afirmaban que la rumba había nacido en Matanzas, pero ello estaba sustentado sobre todo en la fama notable de agrupaciones de la provincia como Los Muñequitos de Matanzas y a la notable población de origen negro de esa región. Pero en las visitas que he hecho a esa ciudad por haberse mudado allí mi hermano, pude observar que dondequiera había un tambor sonando, lo mismo de día que de noche, y siempre estaba presente la rumba como manifestación espontánea.
Sin duda alguna la Rumba es la música de los pobres, de la gente de color y en Matanzas adquiere una relevancia particular. E un baile muy sensual que se toca de forma improvisada en los solares o casas de vecindad donde vive mucha gente que se reúnen en un patio central, lo mismo para lavar, que para hacer uso de los servicios sanitarios, tender la ropa lavada, jugar al dominó o para cualquier celebración, por lo que se se convirtió en el escenario idóneo para un rumbón.
La fiesta comenzaba cuando alguien empezaba a tocar el ritmo movido de la rumba, dando palmadas o haciendo sonar un par de palos o cucharas de madera a falta de claves mientras otros comenzaban a marcar el ritmo en una mesa o en una caja cualquiera, sobre todo en los tiempos en que abundaban las cajas de bacalao salado de Noruega, de amplio consumo entre la gente humilde, o empleando las gavetas de los escaparates y coquetas que son rápidamente vaciadas para cumplir un objetivo más deseable, a lo que sigue de improviso el canto de "belebele belé", al que se suma un coro y comienza de repente la rumba. Y si alguien tiene o trae una tumbadora y hay un quinto aparte de las congas, entonces la función es completa, “con todos los hierros”, como se dice en Cuba.
Pero lo cierto es que la rumba surge en Matanzas algo después que en La Habana, pero eso no es lo importante, en Matanzas se desarrollaron dos variantes notables, la Columbia y el Yambú. Lo verdaderamente significativo es que no hay un pueblo en Cuba donde no se cante y baile rumba en cualquiera de sus diferentes modos y a difundirla contribuyeron artistas de la talla de Celeste Mendoza, Carlos Embale, y agrupaciones como Los Muñequitos de Matanzas, Los Papines, Clave y Guaguancó, y Yoruba Andabo más los miles de artistas anónimos que la interpretaron en diferentes épocas.
Pero en lo personal cuando me hablan de rumba la identifico con la modalidad habanera que es la que considero más elegante y acabada: el Guaguancó.
Guaguancó
En una de sus grabaciones, el sonero Abelardo Barroso introduce el número diciendo: "Vamo’ ahí a un guaguanco (sin acento)" , o sea a una fiesta donde se va a tocar guaguancó. Y dice la letra, en una versión mía porque nadie se ha atrevido a escribir:
"Oye truco, vamo' al solar de Guamina que tiene un guaguanco allá,
allí está Abelardo y Boloña, y toda esa gente allá, vamo' pa' allá...
alalalá, alalá, alalá, alalá, alalá...aaaaah
bancó, bancó, bancó, bancó, bancó, aaaaah…
Guamina me trajo, opaniyé, pero Guamina me trajo, opaniyé, opaniyé,
me trajo un loro de allá de Oriente que dice así
tu eres la reina rumbera, la reina del guaguancó
kon, kon, kon, allá en la tumba mabó
kon, kon, kon, allá en la tumba mabó
los timberos están llorando la muerte de Andrea Baró,
Unión de Reyes está llorando porque Malanga murió”
De lo que no hay dudas es que el guaguancó es, dentro de la rumba, el estilo más popular. Es un ritmo eminentemente habanero y los musicólogos lo evalúan como el más elaborado, se dice que por lo general en sus textos no usa muchas frases ni vocablos africanos, aunque con la mencionada ejecución de Barroso se muestra una excepción, que no creo sea la única, pero todas las canciones se basan en el habla popular cubana, y sobre todo se caracteriza porque el baile tiene un profundo sentido erótico, ya que representa la persecución de la mujer por el hombre, en el que hay acercamientos y rechazos, entrega y huida.
En el Guaguancó, la melodía es similar a la cadencia musical andaluza y la sección rítmica está compuesta por tres tambores y a flata de ellos por cajones de madera, de ahí que también se le llame “rumba de cajón”, pero cuando no los hay se emplea cualquier cosa, todo lo que pueda marcar el ritmo, que necesita ser más rápido que los otros estilos de rumba.
No es precisa la afirmación pero se dice que el guaguancó surgió en Regla como parte de la liturgia de la sociedad secreta Abakuá o ñáñigos.
Algunos refranes recogidos de diferentes rumbas, nos muestran la sapiencia de sus letras:
“Todo el mundo se empareja en el cementerio
El perro tiene cuatro patas, pero no puede coger cuatro caminos
Perro no come perro
Oreja no puede pasar cabeza
De la mentira nace la verdad
Cuando hay guerra, el soldado no duerme
Solo una vez se castra el chivo
Dios en el cielo y yo en la tierra”
El centro de la rumba en general es el baile, pero en el guaguancó la letra tiene un papel fundamental, a lo que se añade el de quien la canta, porque aunque tiene una estructura sencilla en sus líricas, su contenido o simbología es valioso. sus méritos musicales hicieron que la rumba, en particular la modalidad habanera, penetrara a otros géneros musicales cubanos, desde el son hasta la conga, el mambo y el chachachá, incorporando sus sonidos a esos ritmos.
Famosos y la rumba
El gran sonero Ignacio Piñero no podía ser ajeno a la rumba, por lo que compuso obras como: “Los rumberos de La Habana” “Descanso”, “Cómo voy a sufrir”, “Lindo yambú” y “Ay, qué bueno” que dice así”
“El guaguancó es lo más bueno
que Cubita dio,
melodía hechicera
convertida en flor. Aé.
¡Qué rumba, alabao sea Dios!
¡Qué bueno!”
No podía dejar de cantar a los "rumberos de ayer" el gran Benny Moré cuando compuso y cantó:
"Que sentimiento me da
cada vez que yo me acuerdo
de los rumberos famosos
que sentimiento me da
oh, oh Chano, murió Chano Pozo.
La muerte de Andrea Baro,
Malanga también murió,
cayó Lilón y Pablito,
murió Mulence y René,
oh, oh Chano, murió Chano Pozo"
Pero entre los verdaderamente grandes del género se encuentran los siguientes, que son verdaderas leyendas en Cuba:
Los Papines
Cuatro hermanos decidieron en 1957 salir del solar habanero donde eran reyes de la percusión y crearon Los Papines, un grupo de percusión y voces. Los hermanos Luis, Alfredo, Jesús, y Ricardo Abreu, este último el director y del cual se derivaría el nombre Los Papines, pues sus amigos y familiares lo llamaban Papín
Desde sus inicios a principios de la década de 1960 alcanzaron gran popularidad en Cuba y en los escenarios internacionales en los que se han presentado por lo llamativo y original de sus presentaciones. Dieron a conocer al mundo ritmos afrocubanos como el guaguancó, columbia, yambú, y jiribillas, todas manifestaciones diversas de la rumba y a su vez hicieron populares en esos ritmos versiones de sones y boleros con gran éxito.
Pasaron por cabarets, como el Tropicana, pero fueron requeridos para actuar en los mejores escenarios de Cuba y del mundo siendo muy famosos en culturas tan diferentes a la nuestra como las de Japón y Rusia.
Convirtieron a la rumba cubana en todo un espectáculo, un show diferente y llevaron la música más marginal y de los sectores más pobres a los mejores escenarios mundiales. Por eso cuando se habla de tambor cubano y de rumba cubana, en primer lugar se habla de Los Papines, que fueron los que vistieron de gala a la rumba.
Recuerdo a un amigo y a fallecido, Eddy Bernat, cubano que se fue a vivir a Estados Unidos en los años veinte y estuvo más de treinta años tocando drums en las mejores orquestas, de blancos y de negros, el cual al repatriarse a principios de la revolución, me decía que en Cuba había habido grandes percusionistas, pero solo dos sobresalían y eran reconocidos mundialmente: Los Papines y Guillermo Barreto. "Mongo" Santamaría, Francisco Aguabella, Chino Pozo y Chano Pozo fueron grandes, pero no llegaron a la altura de los anteriores.
Estela y Rene
Ya antes de los Papines, la rumba de los solares habaneros y también acomodada a los bailes de salón aparecieron en Chicago en la Century of Progress World Exposition en los años treinta con la pareja de Estela y René, los que serían muy famosos en Estados Unidos, Europa hasta que su llegada a México y su incursión en el cine de ese país, sirvió de base para el más exitoso de las manifestaciones del cine azteca: el cine de rumberas blancas cubanas como lo fueron Amalia Aguilar, Ninón Sevilla, María Antonieta Pons y Rosa Carmina
René y Estela también incursionaron en Hollywood, en el filme “Another thin man”. René se enferma y regresa a Cuba, donde falleció con apenas 25 años, en lo más alto de su fama y en medio del boom de la rumba cubana.
Estela rehizo sus actuaciones con otra pareja hasta que a principios de los sesenta se va a vivir a Miami, continuando con otros bailarines en el teatro Olympia, el actual Gusman Theater y la considerada mejor bailarina de rumba juega un papel decisivo en difundir la musica cubana en Estados Unidos, sobre todo la rumba, la conga y el mambo.
René y Estela con su asrte mostraron al mundo la esencia de la verdadera rumba frenta a las versiones edulcoradas y confusas que se atribuían ese ritmo.
Lilón y Pablito
En los años treinta Pablo Duarte triunfaba como bailarín de rumba en el entonces famoso y céntrico cabaret Eden Concert, más tarde cine Actualidades, frente al Edificio Bacardí.
Es encargado de las coreografías de las películas cubanas “Sucedió en La Habana”, “El romance del palmar” y “Ahora seremos felices”.
Para una gira internacional en 1940 al frente de la cual iba Ernesto Lecuona, la pareja de bailes seleccionada es la de Lilón y Pablito. Georgina Fernández “Lilón” ya era reconocida como una destacada bailarina. Son contratados en diversos países de América del Sur, Panamá y México y deciden casarse.
Al finalizar la gira crean junto con dos percusionistas The Four Cuban Diamonds , actuando en diversos lugares de Estados Unidos y con gran éxito en el Teatro Apollo de Harlem. Su acto de bailar con el vaso de agua en la cabeza es imitado por muchos sin poder alcanzar la elegancia que muestran.
Tras ocho años de giras mundiales planean el regreso a Cuba, pero este nunca se produjo: Su cuarto en New York, es encontrado con la llave abierta del gas y Pablito y Lilón muertos acuchillados justo el día antes de su regreso a La Habana, donde habían fabricado su casa nueva. Murieron en circunstancias no aclaradas, los reyes de la rumba, en la misma ciudad donde unos meses antes habían matado a otro rumbero: Chano Pozo.
Chano Pozo
Yo a Chano Pozo personalmente lo recuerdo por "Pin, pin, cayó Berlín. Pon, pon, cayó Japón" referido a la derrota fascista en la Segunda Guerra Mundial" y que sería un dicho muy requerido por los niños de entonces y que pasó la prueba del tiempo.
El habanero José Luciano Pozo había nacido muy cerca de la Loma de los Catalanes, donde está hoy la Plaza de la Revolución, en un conocido barrio marginal, La Timba donde tuvo una infancia difícil y miserable y se dedicó a la santería y a tocar percusión. Decía que le debía sus dotes a los santos y se sentía protegido por ellos.
Era capaz de tocar seis tambores de congas al mismo tiempo y se dice que no ha habido otro como él para la improvisación.
En Estados Unidos a donde fue con Leonardo Timor como director musical, rápidamente lo apadrinaron los grandes del jazz como Dizzy Gillespie y formó parte de la orquesta de Duke Ellington. Acompañó a grandes cantantes como Ella Fitzgerald. Era un espectáculo porque tocaba y bailaba como nadie, en la jiribilla, la tonalidad más rápida de la rumba, girando los tambores, lo que después imitarían Los Papines. A su vez compuso números antológicos como “Manteca” y “Nagüe”.
Chano no lo sabía, pero había revolucionado el jazz y solo con treinta y dos años fue baleado en Harlem. Los creyentes dicen que fue un castigo por una deuda con Santa Bárbara lo que ocasionó su muerte, que se produjo un día 3 de diciembre, la noche anterior a la celebración de la Santa o Santo, que se identifica como hombre o como mujer, al menos un no entendido como yo lo siento así.
Agustin Gutiérrez "Manana"
En algunos de sus números, en el estribillo, Abelardo Barroso se refiere a “Manana” y no por gusto. Manana fue un bongosero y percusionista al que se le atribuye haber creado el ritmo martillo en el bongó, un patrón que se convirtió en elemental y que asemeja a un medio galope de un caballo, y del que los bongoseros se aprovechan para improvisar.
Tocó con los mejores conjuntos y hasta con la orquesta Sinfónica de la Habana y en varias agrupaciones de la religión abakuá. Sentó cátedra en el bongó.
Malanga
Mucha gente coincide en afirmar que Malanga fue el más brillante de los bailadores de rumba hasta ahora conocidos. Probablemente muy pocos sabían que se llamaba José Rosario Oviedo, porque todos lo conocían por “Malanga”. Hijo de una esclava, que lo tuvo en 1885 en un ingenio del municipio de Alacranes en Matanzas, fue bautizado como hijo de padre desconocido, con el apellido de los propietarios del ingenio y fue apadrinado por su abuelo materno, un esclavo congo, José Quintero, y Saturnina Oviedo, quien sería su madre de crianza.
La Columbia había surgido en los arrabales de los pueblos matanceros, sobre todo en los bateyes de los ingenios azucareros y cuando comienza a interpretarse se entona un lamento al estilo de los cantaores de flamenco.
La rumba Columbia se baila por hombres solos, que muestran sus habilidades frente a los tambores, aunque pasó a la historia una bailarina de Columbia, Andrea Baró, mencionada en algunas improvisaciones de rumba, en particular en canciones de Abelardo Barroso, como es el caso en “La Reina del Guaguancó”, de Alfredo Boloña, donde dice: “Los timberos están llorando la muerte de Andrea Baró…”
Malanga era muy famoso, respetado y querido en Unión de Reyes, pero fue de los que introdujo la rumba en la zona central de Cuba y en La Habana se reconoció su maestría en barrios como Los Sitios y Jesús María, porque tenía un estilo al que nadie siquiera podía acercarse. Bailaba con cuchillos en las dos manos, con los que hacía malabares sin dejar de bailar o se subía a una mesa con un vaso de cristal lleno de agua, el que se ponía en la cabeza, y tras mil peripecias y evoluciones, no se derramaba una gota, o también bailaba en la punta de los pies, como los dedicados al ballet clásico. También bailaba con aros de barriles o se amarraba un pañuelo en las piernas.
No solo bailaba rumba, también sones y danzones y las mujeres se peleaban por bailar con él. Por su carácter y popularidad, fue un activista político del Partido Liberal y en una fiesta en Ceballos, entonces Camagüey, en una fiesta religiosa, en una competencia de rumba superó a todos los de la zona, por lo que le lanzaron un maleficio, y más que maleficio le sirvieron comida con vidrio molido para matarlo.
Malanga fue un hombre que no le hacía daño a nadie, era todo alegría, ritmo, musicalidad y sonoridad, por eso lo recuerdan como se merece cuando le cantaron:
“Areniye oh/
Siento una voz que me dice
Areniye oh/
Siento una voz que me dice:
Malanga murió
Unión de Reyes llora,
como Malanga murió
Unión de Reyes llora
a su timbero mayor
Que vino regando flores,
desde Matanzas a Morón”
Y en nuestros días es frecuente escuchar la frase de "Malanga y el puesto de viandas" para referirse a algo que es de dominio público, que todos lo saben.
Papa Montero
Existieron dos individuos con este apelativo, aunque realmente son tres, aunque uno no es rumbero.
Uno era natural de Isabela de Sagua y era un negro viejo, siempre alegre, canoso, dientes muy blancos, que vestía impecablemente de blanco, zapatos de dos tonos y sombrero de jipijapa.
A este Papá Montero lo que más le gustaba era bailar rumba con lindas mulatas y nunca se perdía una fiesta, no importándole emborracharse y que surgieran las broncas por fugaces amores. Era un fiestero y mujeriego incontenible y quería competir con Malanga.
A causa de ese estilo de vida, en un carnaval le dan una puñalada y muere con la sonrisa en los labios. Como había pedido, su entierro fue acompañado de tambores y otros instrumentos de percusión, con improvisaciones alabando la vida que había llevado.
Después de hablar uno de sus compinches, la viuda, tranquila hasta ese momento, se levantó y acercándose al ataúd le grita:
¡¡Canalla… rumbero!!
De forma improvisada el coro de dolientes, agregó a la expresión:
A velar a Papá Montero, ¡zumba!… canalla… rumbero.
El compositor Eliseo Grenet, medio hermano del fallecido, según comentarios, lo hace todavía más famoso en la década del 40 con una composición que evidencia la afición del cubano a tirarlo todo a broma, incluyendo a la muerte.
“Señores, señores, los familiares del cadáver me han confiado
para que despida el duelo del que en vida fue Papá Montero.
A llorar a Papá Montero, ¡zumba!, canalla, rumbero.
Que era un viejo muy zalamero, ¡zumba!, canalla, rumbero.
Pero llora... llora… llora… llora… llora la rumba, canalla, rumbero.
Muy cordial y muy zalamero, ¡zumba!, canalla, rumbero.
El guateque ya está en el cielo, ¡zumba!, canalla, rumbero.
Pero qué rico baila al compás del cuero, canalla, rumbero.
Toda la gente en el barrio llora… y llora la rumba.
Todo el mundo lo quería, querían a Papá Montero (…).”
Adolfo Luque, el Papá Montero pelotero, del gordo de San Luis no se encuentran fotos.
Pero hay otro Papá Montero, el cual no influyó en la obra de Grenet, porque era de San Luis en Santiago de Cuba. Era descendiente de isleños y un conocido chofer de alquiler, con un Ford que era capaz de soportar sus 350 libras de peso y los letreros y adornos excesivos.
No importaba que fuera tan gordo, se ataba un pañuelo a la cintura y bailaba rumba, guaguancó con gran maestría y poses humorísticas. No era famoso solo como bailarín, como le gustaban mucho los niños y al pasar por lugares céntricos o donde abundaran los “fiñes”, repartía medios (monedas de cinco centavos). De ahí que a Luis Felipe Montero lo bautizaran como Papá Montero.
Y podía haber trascendido más que el otro Papá Montero, porque al visitar la compañía teatral de Arquímedes Pous, el pueblo de San Luis, se monta en el taxi del gordo y comprueba lo carismático del personaje, por lo que escribe una obra llamada “Pobre Papá Montero”, aunque no le hacía mucho favor, porque lo pinta como un cuentista y vividor, muy diferente a la realidad, por lo que la gente no le hace gracia tal descripción porque era un hombre muy querido.
Y por si fuera poco, aparece otro Papá Montero, en este caso el pelotero de mayor fama entre todos los cubanos, cuando el racismo le impedía a otras estrellas como Cristóbal Torriente, Marín Dihigo o José de la Caridad Méndez, llamado “el Diamante Negro”. Pero sin duda fue de los grandes de la pelota cubana, reconocido en las Grandes Ligas por su trayectoria y por su impresionante condición física y al cual el pueblo nominó como “Papá Montero” no porque bailara rumba, sino porque llevaba una vida bohemia y farandulera, siempre impecable en el vestir.
El cine de rumberas
La rumba se puso de moda en toda América Latina y dominó la escena hasta pasados los años 40 desde principios de siglo. Después surgiría el mambo y el cha cha chá, pero el que abrió camino a la música cubana en el mundo, junto con el son, fue la rumba.
Fue así que surge el llamado cine de rumberas como un género que tuvo su máximo esplendor en la Época de Oro del cine mexicano a lo largo de las décadas de 1940 y 1950. Sus grandes estrellas eran las rumberas. Aunque su factura no era nada impresionante, pues eran todos melodramas baratos, con su origen en el cine negro norteamericano, tuvieron mucho éxito y se convirtieron en cine de culto gracias a las rumberas cubanas, que pasaban de ser mujeres fatales, cabareteras o prostitutas, a convertirse en el centro de admiración del espectador por ser unas víctimas de la sociedad que bailaban como diosas e irradiaban sensualidad.
Rita Montaner en La Noche del Pecado en 1933 había abierto la brecha, le siguió Consuelo Moreno en ¿Mujeres sin Alma: Venganza Suprema? y Margarita Mora en Águila o Sol , además de la Puertorriqueña Mapy Cortés, llamada "La Rumbera Blanca", aunque todas las famosas serían blancas.
Pero surge Juan Orol, considerado el "padre espiritual" del cine de rumberas, y de cuya imagen probablemente se inspiró para moldear a su futura musa: María Antonieta Pons.
Juan Orol nació en España, pero se había criado en Cuba, donde vivió en los llamados "solares", como se le dice en Cuba a las vecindades, por lo que conoció la rumba de primera mano. Al irse a México y convertirse en director de cine, comenzó a importar figuras cubanas y
María Antonieta Pons fue una de ellas, la primera rumbera del cine a raíz de su debut en la cinta Siboney y descubrió una mina de oro por el éxito de taquilla.
María Antonieta Pons es considerada como la primera rumbera del cine en toda su extensión, a la que luego seguirían las otra cuatro grandes: Meche Barba, Amalia Aguilar, Rosa Carmina y Ninón Sevilla.
Hay dos películas que destacan: “Humo en los ojos” con Meche Barba, como la que dio inicio a la producción masiva del cine de rumberas y “Aventurera”, con Ninón Sevilla, se considera la obra cumbre de ese género.
De todas las rumberas que pasaron por el cine mexicano, solo cinco han pasado a la historia como las mejores del género: María Antonieta Pons (1922-2004), Meche Barba (1922-2000), Ninón Sevilla (1929-2015), Amalia Aguilar (1924) y Rosa Carmina (1929), que son las llamadas
“Reinas del Trópico”, muchas otras pasaron de forma efímera pero estas cinco hicieron decenas de películas y fueron el soporte de ese tipo de cine exitoso. Y todas fueron auténticas, ninguna se parecía a la otra, eran distintas hasta en su estilo de bailar y les imprimían un sello particular.
No llegaron a esa excelencia en la industria cinematográfica aunque sí en las pistas Blanquita Amaro, que aunque pasó por México, sería estrella en el cine argentino; Olga Chaviano, carismática bailarina y cantante que apareció en varias películas mexicanas y dominaba los espectáculos de cabaret de la época y que se retiró al casarse con Norman Rothman, figura de la mafia asociada a Santos Trafficante Jr.; Amelia Vargas que sería gran estrella del cine en Argentina; Lina Salomé, que hizo varias películas en México en los años 50; Las hermanas Vázquez, llamadas Las Dolly Sisters, inspiradas en las originales de origen húngaro que triunfaran en Estados Unidos fueron las bailarinas de la Orquesta de Pérez Prado
Merece mención aparte Mary Esquivel, descubierta por Orol en Cuba y con el que hizo varias películas a mediados de los 50 y principios de los 60, pero se retiró del espectáculo tempranamente.
El cine de rumberas, junto con el de luchadores, son la mayor aportación del cine mexicano a la fílmica mundial. Y sin las cubanas, ese cine no hubiera existido.
El Mambo y Pérez Prado.
Pérez Prado, natural de Matanzas, que desde niño conoció la rumba y después el mambo, se convirtió en un excelso pianista y arreglista y tras pasar por dos grandes agrupaciones como la orquesta Casino de la Playa y la Sonora Matancera, se va a México, donde creó un grupo musical y trabajó para la RCA Víctor. Su fama trascendió internacionalmente y fue llamado "el Rey del Mambo"
Las raíces originales del Mambo estánl “Danzón de Nuevo Ritmo”, gracias a “Arcaño y sus Maravillas”, y uno de sus músicos, Orestes López, el que creó el primer Mambo en 1938. Pérez Prado crea un nuevo estilo que difería del primer mambo porque contenían gran influencia de las jazz band norteamericanas y mayor instrumentación. Hay mucha historia detrás del nombre de Oscar Valdés. La llamada Dinastía Valdés, de la que también forman parte Oscar (percusionista), Marcelino (percusionista), Alfredo Valdés y Vicentico Valdés (cantantes) y los pianistas fuera de serie Bebo y Chucho.
Nueva York que había hecho de la rumba un fenómeno cultural, lo repitió con el Mambo a mediados de los cincuenta. Pero Pérez Prado pudo popularizar el mambo en México y de ahi saltar al mundo, no por casualidad, sino porque este ritmo estaba a la sombra del cine de rumberas que dominaba la escena en esos momentos.
La rumba como espectáculo
La rumba es reina en las comparsas del carnaval, pero a través de la conga.
La rumba, que se originara entre la población marginada, negros en su mayoría, demoró más que otros ritmos en ser aceptada por todas las capas sociales. Primero dominó el teatro vernáculo junto con la guaracha y hasta los trovadores incursionaron en ella. No se bailaba en las sociedades blancas por considerarse “música de negros”, ni en las de negros finos, por similar consideración, pero fue rompiendo barreras poco a poco hasta que se posicionó en los salones de todas las capas sociales y se universalizó.
Pero es en las congas carnavalescas donde la rumba alcanza su máxima difusión, al igual que con artistas de talla que triunfan con "El Vive bien", "Yényere Gumá", "Yayabo", "Ay, Mamá Inés". Todos sabían de la creación de Chano Pozo para la comparsa de los Dandys "Siento un bombo, mamita me está llamando...sí, sí, son los Dandys", la de la comparsa del Alacrán: "Oye mamita no te asustes cuando veas, al alacrán tumbando caña, costumbres de mi país, mi hermano", la santiaguera "abre que viene el Cocoyé",
La conga, género menor de la rumba, es más sencilla que la rumba y de ellas la conga habanera es más rápida y musical que la oriental. Mientras que la rumba domina una fiesta familiar, de vecinos o amigos, la conga reúne cientos o miles de personas, por lo que necesita un gran espacio para no detenerse y su ritmo es más repetitivo y con menos variaciones que la rumba. Y conga es el género musical, los músicos que lo interpretan y bailan y un tipo de tambor al que así se le llama.
La Rumba no forma parte de las procesiones religiosas y se desarrolla separada, por lo que recibió mucha libertad para desarrollarse, pero con el tiempo se ha llegado a identificar con las religiones afrocubanas, como si pertenecieran a ella, detrás de lo cual está lo exótico que representa para el turismo extranjero esta combinación.
Pero viene la revolución y se quiere potenciar a la fuerza el papel de la música cubana en el país, el cual era casi total y predominante, satanizando los ritmos extranjeros, en particular al Rock and Roll naciente. Trataron de que los tambores de Pello el Afrokán, un desmesurado ruido imposible de controlar de decenas de instrumentos de percusión que pretendía competir con Elvis Presley, pero el Mozambique estaba muerto antes de nacer porque era una exacerbación de lo que a la gente le gustaba, pero en exceso y a tragar a la fuerza.
En 1963 se da a conocer y se promociona excesivamente, por el percusionista Pedro Izquierdo (Pello el Afrokán), un ritmo que buscaba las raíces de la música en África, y se decide llamarlo Mozambique. Dicen los estudiosos que no decayó rápidamente el Mozambique, y que tampoco Pello compuso solo dos Mozambique. En realidad el Mozambique decayó tan rápido como otros ritmos contemporáneos, oportunistas diría yo, como el Pacá de Juanito Márquez, el Pilón y el Upa-Upa de Pacho Alonso, el Guachipupa de Tony Taño, el Dengue de Dámaso Pérez Prado interpretado por Roberto Faz y su Orquesta, pero en realidad todos eran músicas poco elaboradas y la que ni la exageración de ser tocada por más de 100 tambores ni el ser apoyada políticamente, por su sonido y melodía repetitiva, primitiva y que quizás fuera muy enraizada con África pero con la música cubana no tenía mucho que ver, hizo que la juventud empezó a renegar de la música cubana y que todo lo que sonara a Mozambique le diera une especie de urticaria.
A partir de 1959 Cuba es un sistema cerrado que se desarrolla con su propia dinámica y por tanto muy lentamente porque no tiene la influencia del resto del mundo y es por ello que surge el fenómeno mal llamado “salsa” que no es más que música cubana sazonada con algunos otros componentes caribeños y que triunfa, al igual que ocurre con el turismo y la pelota, porque Cuba está aislada.Un autoaislamiento solamente perjudicial para el cubano, al que además no había que obligarlo a consumir lo que más le gustaba, la música cubana, pero al que le ocurrió lo mismo que con el patriotismo, lo que no es espontáneo y además se quiere identificar con un sistema político ajeno a sus tradiciones, es objeto de repulsa.
Se mantiene más viva la verdadera música cubana y los valores patrióticos cubanos en el extranjero que en la propia Cuba, porque ellos no tienen nada que ver con la política.
A los cubanos a pesar de la represión, le seguía gustando la música cubana pero sobre todo los jóvenes no querían renunciar a los sonidos de esos tiempos y por eso se hicieron adictos a la radio por Amplitud Modulada para escuchar sus emisoras favoritas a partir de que desapareciera Radio Kramer y se excluyera toda la música foránea del resto de las emisoras cubanas. Es así que las más sintonizadas eran WQAM y WGBS, de la Florida, y KAAY, de Arkansas. La señal de las dos primeras emisoras se originaba en los cayos del sur de la Florida, fuera de la demarcación de los condados donde mayor preponderancia tienen los grupos de poder cubanoamericano, mientras que la KAAY (queieieiuai, como se le conocía) trasmitía desde Little Rock, Arkansas, totalmente al margen del conflicto entre Cuba y sus exiliados.
En 1978 ocurre un fenómeno que de alguna forma revive el gusto por la música cubana, ya salida del bache del Afrokán, y salió al aire “Para Bailar”, un programa de los más populares y gustados en la historia de la televisión cubana, no sólo por el atractivo que siempre acompaña a los concursos televisados sino por el ritmo que le imprimió su creador mediante el empleo de novatos animadores. Los locutores profesionales se opusieron a los nuevos presentadores, los escritores de guiones protestaron porque el director, un bisoño, Cachito fuera a su vez el escritor, pero la fórmula funcionó como nunca antes.
Y de ellos nos quedan recuerdos de parejas memorables, bailando ritmos cubanos, sobre todo la rumba, donde destacaban los profesionales Caruca Rodríguez y Rosendo González del Ballet de la Televisión Cubana y los aficionados Rebeca Martínez y Miguel Ángel Masjuán, María Yamel y Manolito, y los reyes del guaguancó los hermanos Santos. Y por supuesto no podía faltar la rueda de casino.
A mediado de la década de los 50 en las instalaciones sociales de la Playa de Marianao, el Club Casino Deportivo, se puso de moda una modalidad de baile de varios géneros o modalidades de la música popular que estaban en boga y a la que se le llamó “rueda de casino”, y esta forma compleja de baile en coro, después también quiso ser asumida por la llamada “salsa” como un producto de ella, cuando existía desde mucho antes.
Las otras rumbas
La Conga, que como ya hemos dicho es una modalidad de la Rumba, fue conocida por primera vez en Europa gracias a Eliseo Grenet, autor de clásicos cubanos como Drume Negrita, Las perlas de tu boca, El sitierito, Tabaco verde, La comparsa de los congos, La mora, Papá Montero, Rica pulpa, Lamento cubano, Negro bembón, Tu no sabe inglé, Sóngoro cosongo y por supuesto Ay! Mamá Inés. .El París, que como dijo Hemingway, era una fiesta, la aceptó rápidamente, pero fue de forma estilizada y simplificada la que se había introducido como «Ahí viene la Conga» (Mírala que linda viene). Pero ya de la conga ya hemos hablado, sobre todo de La Chambelona, Las jardineras, El Alacrán y las Bolleras, Hasta Santiago a pie, Chénhere Gumá y otras así como el papel de las congas en los carnavales y su gran influencia y presencia en la política cubana.
La rumba española, llamada Rumba flamenca, Rumba catalana y Rumba gallega, tienen su origen en la rumba cubana, pero han adquirido entidad propia como género musical.
La rumba flamenca como su nombre lo indica, se originó a partir de la mezcla del flamenco con la rumba cubana, en España se hizo conocida en teatros y espectáculos de variedades, de donde la adoptarían los intérpretes flamencos. Los instrumentos principales en la rumba flamenca son las palmas, la guitarra flamenca y las castañuelas y después se le incorporó también el cajón. Paco de Lucía, Ramón de Algeciras, Los Chunguitos, Ketama, Rosa Morena, Las Grecas, Los Amaya, Manzanita, Los Manolos, Azúcar Moreno, Rosario Flores, Lolita Flores y Los del Río son algunos de sus más conocidos ejecutores, sin olvidarnos del gran Antonio Gades.
Y ya lo dijo alguien: “La música existió antes de Paco de Lucía, pero sin él, no será la misma”. Su presencia en Cuba fue casi permanente y cuando lo sorprende la muerte ya había decidido mudarse de México a Cuba.
La rumba catalana es un género musical que desarrolla la comunidad gitana catalana en Barcelona desde mediados de los años 60, a partir de la rumba flamenca y la influencia de la música cubana y rock & roll. El género se fundamenta en una fusión de cantes catalano-andaluces de aire liviano con las claves básicas de la música afrocubana.
Antonio González Batista "El Pescaílla", Peret, los Gipsy Kings y los Manolos son una muestra de la rumba catalana.
Y los compositores clásicos como el genial Alejandro García Caturla no fueron ajenos al género y creó una gran obra que tituló “La Rumba”, donde sintetiza todas los estilos de rumbas.
La Rumba se puede considerar herencia cultural del mundo y sirvió de base e influencia más importante para otras culturas de música y baile desde la Salsa hasta la Rumba Flamenca. Cuba es creador de una gran diversidad de expresiones culturales pero ninguna puede competir con la importancia de la Rumba.
La Rumba es una fiesta
La Rumba, es más que baile o canto, es un tipo de fiesta creada en determinadas circunstancias sociales por el africano y sus descendientes, sin excluir la presencia de una población blanca de bajo estrato social, donde posible y lógicamente también estuvo el gitano que cuando llega a Cuba abandona su personalidad y se mimetiza con los mestizos.
La palabra Rumba fue elegida probablemente por su sello africano, como también ocurrió con el Mambo o la Samba.
La rumba es desplazada de Nueva York cuando surge a finales de la década de los 60 un nuevo ritmo tropical, una mezcla o fusión de diferentes ritmos, predominando los de la música cubana seguida de la de otros países caribeños hispanos.
Si interrogamos a personas de distintas partes del mundo acerca de qué es la rumba, todos darían respuestas diferentes pero todos coincidirían en su origen, el contexto histórico en que surge y la influencia que ha tenido en la historia musical mundial. El comercio de esclavos les arrebató la libertad, pero no pudo quitarles el ritmo.
La rumba nació antes que la nación cubana y mucho antes que surgciera el concepto de patria. La rumba no sólo es anterior, sino que contribuyó a que se desarrollara el concepto de nación, por lo que es un elemento fundamental de la identidad cubana.
En Cuba el baile es parte intrínseca del ADN de sus habitantes. Por eso, aunque soy de la excepción, de los que en Cuba llaman “patones”, porque no saben bailar o lo hacen mal, no puedo dejar de llevar la procesión por dentro cuando escucho la buena música cubana y entre ellas está la rumba.
Y me refiero ahora a tres figuras ligadas a la rumba y a los ritmos cubanos, con tres diferentes estilos y formas de expresión, todas dentro de la excelencia.
Celia, la rumba y la salsa
Celia Cruz, que en Cuba ha sido borrada de la historia y de la difusión, como si no hubiera existido, decía que cada vez que la tildaban de “Reina de la Salsa” se molestaba, porque sabía que la llamada “salsa” no era más que una mezcla del son, rumba, guarachas y todos los ritmos que ella interpretaba que no era más que un plagio de los ritmos cubanos que se atribuían otros como si fueran nuevos.
Eddy Palmieri, norteamericano-puertorriqueño que se autotituló como uno de los pioneros de la salsa, se equivocó más de una vez, pero cuando se atribuyó un estribillo como de su propiedad, cuando era conocido como una conga de barrio habanero desde 1910, tuvo que retirar sus acusaciones de plagio a Gloria Estefan y le costó el descrédito. Su concepto de pionero es tomar lo que no es suyo y meterle un torrente de trombonazos y solos instrumentales, para él eso era la salsa, cuando en realidad lo que había detrás no era creación sino buscar dinero.
Celia Cruz fue una estrella en Cuba, cantante de la Sonora Matancera, que no fue un conjunto de los más apreciados por los negros cubanos, sino por los blancos, tuvo que competir con una pléyade de estrellas que había entonces como Benny Moré, Celio Gonzalez, Alberto Beltrán, Xiomara Alfaro, Merceditas Valdés, Rita Montaner, Roberto Faz, Tito Gómez, Barbarito Diez, Bienvenido Granda, Rolando Laserie, Orlando Contreras, Bienvenido Granda, Orlando Vallejo y muchos más. Entre ellos pudo Celia brillar, pero sin duda brilló mucho más cuando decidió exiliarse.
Lo que es una falta de respeto es que ahora que se redescubrió a la música cubana verdaderamente buena, con el negocio de Buenavista Social Club, donde excelentes obras son interpretadas por artistas de segunda o tercera, surja la comparación de Celia Cruz con Compay Segundo, este último devenido en artista por obra y gracia del espíritu santo y que siempre fue un músico no de segunda, sino de cuarta o quinta categoría.
Celia Cruz respondió cuando le preguntaron ¿qué significa la palabra Salsa?:
Para mi la Salsa es una palabra, nada más. Una palabra comercial. Como ritmo yo creo que no existe Es una palabra que se le adjudicó a todos los ritmos del Caribe, principalmente a los ritmos de Cuba. Yo pienso que la Salsa tiene sus raíces en la música cubana. Y te lo digo porque cuando yo empecé a cantar lo que hoy llamamos Salsa es lo mismo que estaba haciendo con La Sonora Matancera". "La Salsa es música cubana con nombre nuevo".
Marlon Brando y los tambores
El actor de actores, del cual ante su muerte, Al Pacino diría: “ahora todos subimos un escalón más”, fue un gran amante de la percusión cubana.
En marzo de 1956 sin más equipaje que lo que llevaba puesto y una abultada billetera, tomó el avión hacia La Habana para comprar “una buena tumbadora, unos bongoes y aprender a bailar rumba”.
Diría al respecto:
“La tumbadora es una verdadera ganga. ¡Noventa pesos! Es cara para un cubano pero para un americano, siendo auténtica, es muy barata. Yo tengo seis como estas. I love tumbadoras.”
Lo que más le entusiasmaba era ir a los cabarets de la Playa de Marianao, porque ahí se escuchaba música cubana de la buena. No se sentía cómodo en los grandes cabarets elegantes, sino disfrutando la música autóctona, sobre todo ver al percusionista el Chori en el Choricera Club.
Allí pudo hacer realidad en esa ocasión uno de sus sueños; nada menos que tocar junto al Chori, aunque este, al principio, puso reparos a actuar con un no profesional, así fuera el mismísimo Marlon Brando.para sorpresa de muchos, el futuro Don Vito Corleone, resultó un buen percusionista, lo que reconoció el Chori, que como buen profesional, no perdonaba una a la hora de enfrentarse a los “cueros”, ni siquiera a un mito de la talla de aquel.
Guillermo Cabrera Infante, lo entrevistaría para la revista Carteles en el lobby del hotel Packard, y le respondió que tocaba desde hacía quince años la tumbadora, que estaba en Miami por asuntos de negocios y que de repente se le ocurrió comprar una tumbadora, pero cubana y en Cuba.
Dicen que años después, en una entrevista, el genial actor mencionó a La Habana como uno de los lugares más inolvidables de su vida. Regresó a Estados Unidos con el mismo pantalón y la misma camisa, pero se llevaba una tumbadora y había bailado rumba en casa del trompo.
Sonia Calero y Alberto Alonso
La excelencia de la rumba
Sonia Calero. Cuando se le menciona nos viene a la mente una rumbera, bailarina y coreógrafa cubana, pero no una más, se le reconoce en todo el mundo como una de las mejores bailarinas de su época, y a su vez la mejor exponente de danzas cubanas del mundialmente famoso Ballet Nacional de Cuba, del cual fue bailarín, y coreógrafo, su difunto esposo Alberto Alonso, el arquitecto de ese Ballet y un gran coreógrafo por más de cuatro décadas hasta su fallecimiento
Su repertorio de entonces fue amplísimo y muy variado en estilos. Incluía, desde obras académicas, de estilo neoclásico, experimentales y populares, como sus interpretaciones de las obras creadas por Alberto Alonso para televisión y espectáculos musicales en teatros y cabarés. Figura principal en La calle, Quimbisa, La guagua o La mujer de Antonio, El muerto se fue de rumba, El güije, El solar, La rebambaramba, destacaban su gran dominio de las tradiciones culturales cubanas.
Era la estrella del elenco del Teatro Musical de La Habana, donde se destacó como actriz y bailarina en la interpretación de comedias musicales cubanas. Mi solar fue el más exitoso espectáculo musical cubano de la década en 1966 y el filme Un día en el solar, primer largometraje cubano realizado a color basado en esta comedia musical.
Es famoso el solo “La rumba”, en 1965 con el Conjunto Experimental de Danza, baile llevado hasta sus más insospechados límites, y que convierten a la rumba en un arte excelso.
En 1966 ingresó en el Ballet Nacional de Cuba, en el que llegó a alcanzar el rango de primera bailarina. Al verla bailar, Maya Plisetskaya se quedó encantada, y fue muy exitosa la presentación de ‘La Rumba’ en el Teatro Olimpia de París,
El baile de Sonia Calero se puede definir en dos palabras: elegancia y el refinamiento, Su pas de deux “de la escoba” en Mi solar, junto al bailarín cubano Roberto Rodríguez, ha quedado como ejemplo de cubanía y delicadeza, felizmente recogido en el filme Un día en el solar. Su interpretación de La rumba aún hoy no ha sido superada; es en un modelo de referencia de la capacidad de estilización del baile popular en la escena.
La rumba no muere
Una imagen que me parece la más elaborada para describir a la rumba, en particular al guaguancó, la escribió José Lezama Lima, uno de los más grandes escritores del Caribe, en su artículo: Cómo nace el Guaguancó:
“¡Qué distintos algunos parques de barrio! La alegría o el cansancio que muestran, tienen la doble marca de una jomada que se vivió con rigor, viven en casas pequeñas, en cuartos imposibles o en pasajes tintos de sol, y al llegar la benévola, como los griegos le llaman a la noche, sienten el deseo de comunicarse, de respirar, de rodearse de un paisaje que durante el resto del día se les ausenta. Así se forma el ideal medieval de la vecinería, el orgullo de crecer en un barrio dentro de la ciudad, que a su vez tiene que manifestarse ya en forma universal, en el lenguaje severo de quien tiene que ser oído. ¡Así nace el Guaguancó!”
Y así sigue viviendo, espontáneamente, la rumba en toda Cuba.
Quizás ahora la rumba se pueda ver un poco empañada por la excesiva comercialización que corroe a las religiones afrocubanas, cuyos mercaderes tratan de casarla inexorablemente con la rumba, pero sabemos que no es así.
Como manifestación musical cubana pura, la rumba se distingue de las manifestaciones afro cubanas que están ligadas a las religiones que trajeron los esclavos negros y que se arraigaron en Cuba. En comparación con las expresiones religiosas principales de Yoruba o Lucumíes, Bantú, Congo, Ñáñigos, Arará y otros, la rumba se desarrolló separada de esos oficios religiosos. Pero sin duda hereda la resistencia por su propia identidad y las ganas de sobrevivir de los esclavos y sus descendientes.
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