lunes, 8 de julio de 2019

Grandes fotógrafos cubanos


Grandes fotógrafos cubanos

¿A quien no le gusta la fotografía?, probablemente todos hemos sidos adictos a tener recuerdos que perduraran para siempre a través de fotos, en ocasiones tales como cuando nos casamos, nacen nuestros hijos, fiestas o celebraciones familiares, vacaciones, graduaciones o cualquier evento que vale la pena evocar.

Seguramente recordamos las viejas cámaras Kodak de cajón, y más tarde las Leica o las Nikon, las más caras y de más prestaciones y al alcance de pocos, las populares cámaras rusas Kiev o la fenomenal Zenit, la primera reflex que conocimos, en el tradicional formato 24 x 36 milímetros, y diseños populares de tipo compacto  en las conocidas Smena, Lomo o la muy admirada Lubitel.

A la más profesional de todas, la Zenit, especialmente el modelo 122, se le conocía como el “tanque ruso” por ser dura y como todas las cosas soviética, casi irrompible, de mucha duración.

Y que esto existiera no era casual, en la Unión Soviética, desde sus inicios, la fotografía se constituyó en el medio por excelencia para la propaganda y con el que mostraban el heroísmo del pueblo soviético, el modo de vida y los esfuerzos para desarrollar al país.  Junto su pariente cercano, el cine, tomó un vuelo impresionante en servicio del régimen, el que llegó a su cima con la Gran Guerra Patria.

Tras el triunfo aliado sobre el nazismo, la industria de cámaras fotográficas, se vio alimentada con nuevos elementos de avanzada, sobre todo en el campo de la óptica, donde la Carl Zeiss era líder mundial.  Esta empresa reconocida mundialmente, tenía sus fábricas esparcidas por diferentes lugares de Alemania, por lo que al terminar la guerra, los soviéticos toman posesión de una de sus principales industrias, la de Dresden y desmontaron la totalidad de la maquinaria como una especie de botín de guerra.  Con esta tecnología sus ingenieros comenzaron a producir nuevamente la famosa Contax, ahora bajo el nombre soviético de Kiev y en la Alemania Oriental recuperaron la empresa y crearon la VEB Zeiss Ikon Dresden, con la que se creó un conflicto con sus similares de la Alemania Federal.

Esta inyección de tecnología de punta permitió que se desarrollara la producción de camáras fotográficas y la URSS aplicaran su reconocida calidad en los campos del espionaje, la investigación espacial y en tareas militares, y llegaran, a diferencia de otros estratos olvidados para otras producciones, extensamente al consumo social.

Recuerdo que reporteros gráficos que conocí en diferentes periódicos y revistas, que eran unos privilegiados en el sentido de que contaban con cámaras Nikon, Pentax o Canon o hasta una exclusiva Leica, afirmaban que las Zenit eran unas cámaras toscas y atrasadas, pero sin embargo otros reconocidos fotógrafos afirmaban que la Zenit contaba con una óptica tan buena como la mejor y que aunque no era la más avanzada, permitía a cualquier persona con un mínimo entrenamiento, sacar fotos de primera calidad, y que además costaba diez veces menos que los famosos equipos japoneses o alemanes, en esos momentos en una ofensiva  para dominar con su tecnología de última generación, los campos de la fotografía, la electrónica y el sector automotriz, en la que tuvieron un éxito tal que ha llegado hasta nuestros días.

Pero también otros fotógrafos, de los mejores, explicaron y aseguraron que la foto no la saca la cámara sino el que la maneja, que una buena cámara ayuda, pero lo más importante es el que está detrás de ella y es capaz de captar el momento.

Las cámaras soviéticas eran, sin duda excelentes, pero no se podía decir lo mismo de sus insumos.  Era como tener un poderoso Mercedes Benz y echarle gasolina de bajo octanaje y eso ocurría con las cintas Orwo.  Orwo era el monopolio productivo de la extinta República Democrática Alemana para fabricar cintas para fotografía y cine, papel fotográfico, casetes de audio y cintas para grabación de sonido para todo el campo socialista.  Quizás mi experiencia personal no es muy válida, porque todos los organismos estatales, que eran la totalidad de los existentes en Cuba, empleaban de forma exclusiva esta marca y los archivos sonoros del cine y la radio y la televisión estaban conformados básicamente con Orwo. Pero mi valoración es diferente.


Sin duda, de mi extensa colección de casetes de audio, esos entrañables estuches plásticos con cinta magnética donde grabamos nuestra música preferida, que a veces hacíamos avanzar con un lápiz para cuidar los motores de la grabadora y que al recordarlos nos dá nostalgia porque eran más resistentes a los elementos  y a los golpes que los soportes actuales, en mi criterio los de las marcas TDK (en mi opinión los mejores), Sony, Maxell, Philips, Ampex, BASF, eran los que todos queríamos tener aunque costaran mucho más caros que los Orwo, que se enredaban muy a menudo.

Pero respecto a las cintas cinematográficas, tanto negativos para imprimir como transparencias o diapositivas, estábamos obligados a emplear las películas Orwo. En Cuba muy pocos tenían cámaras de cine, pero fotográficas eran muy abundantes.  Con el tiempo nos fuimos dando cuenta de que las diapositivas Orwocolor, se llenaban de hongos y el papel impreso, se volvía amarillento y nebuloso, ambas perdían la brillantez del color porque aparentemente no resistían la humedad de nuestro país y era entonces que extrañábamos con más fuerza al Kodachrome, al Agfacolor o al Fujichrome. Pero sin embargo si hoy en día tengo las fotos de mis hijos desde que nacieron hasta que llegó la fotografía digital, es gracias a la Orwo, estarán manchadas o amarillentas, pero al menos cuento con esos recuerdos.

No había otra opción sino ir con nuestros rollos a El Arte en Galiano y Zanja o a Cubacolor cerca del Mónaco para revelarlos o imprimirlos. Pero al menos podíamos tirar algunas instantáneas y perpetuar momentos que no queríamos olvidar.

Y hay otra cosa que ayuda a la fotografía en Cuba, que aparentemente la hace más fácil: la luz.
La intensidad de los colores y la luz de la Isla, cautivaron no sólo a fotógrafos, sino también a pintores. La Gitana Tropical de Víctor Manuel, los Guajiros de Carlos Enríquez, las Floras de Portocarrero o los Gallos de Mariano Rodríguez dan fe de su influencia en la pintura, con cuadros en los que la música casi aflora entre la luminosidad y donde destaca por encima de todo, los colores de Cuba.   Y en la fotografía ni se diga.

Ya hoy en día Cuba, y en particular La Habana ofrece otros encantos no pensados antes para el fotógrafo.  Los carros americanos viejos, los “almendrones” que subsisten, remendados o falsificados pero con la apariencia de cuando siete u ocho décadas atrás comenzaron a rodar, los edificios derrumbados y las ruinas de lo que fue la capital más linda de América Latina y la regresión al pasado que supone el visitar a Cuba, son un atractivo para los fotógrafos, aficionados o profesionales.

La realidad de hace 60 años puede compararse con la de hoy a través de las fotos y reafirma lo que define el refrán chino de que una imagen vale más que mil palabras, así que la gráfica es más impactante que lo que podamos decir o escribir. Podemos ver lo que estuvo y ya no es visible, la realidad de entonces y la actual y llegar a conclusiones sobre lo que ha representado la revolución socialista para nuestro país, al margen de concepciones políticas.

Por supuesto que los periódicos y revistas siempre tuvieron muy claro el papel de la imagen, pero en la historia de nuestros medios hubo un momento del cual no me canso de hablar, Lunes de Revolución, el magazín dirigido por Carlos Franqui y Guillermo Cabrera Infante, que aprovechó como nunca antes el trabajo de los fotógrafos, lo que fue parte fundamental de su éxito inigualable hasta el momento.  Se nutrió de los mejores, entre ellos Alberto Korda, Raúl Corrales, Osvaldo Salas, José Agraz, Jesse Fernández, Mario García Joya, Tirso Martínez, Liborio Noval, Rogelio Arias, Marino Bueno, Ernesto Fernández, Generoso Funcasta y Enrique Yánez, por mencionar algunos.

En Lunes de Revolución, los fotógrafos exaltaron, con impresionantes fotorreportajes los sucesos políticos, deportivos, de la farándula y la vida del país en todas sus situaciones y ambientes.  Y ello fue pieza fundamental de la publicación más importante de toda la vida e historia cultural cubana

La historia de nuestro país, sus personajes, hechos y sucesos, fueron atrapados y congelados gracias a estos grandes fotógrafos, por lo que vamos a referirnos brevemente a algunos de ellos, sin desdorar a los que por lógica no están mencionados.

Hoy en día cualquiera tira fotos, con cámaras de todo tipo o con celulares.  La fotografía digital ha revolucionado el mundo, pero las fotos excepcionales, esa las sigue tomando un ojo que solo lo tienen los grandes fotógrafos.

Jesse Fernández (1925-1986)

Entre los propios fotógrafos está reconocido como un hombre muy culto y el mejor fotógrafo de toda la historia en Cuba.

Sin duda hay otros más conocidos internacionalmente por coyunturas sumadas a su talento, pero esos mismos no dudan en señalarlo como la máxima expresión en la especialidad.

Jesse Antonio Fernández habanero, estudió pintura en la Academia San Alejandro donde compartió con destacados artistas plásticos y escritores de su época, como Lezama, Franqui, Cabrera Infante y los pintores Gina Pellón, Agustín Cárdenas, Agustín Fernández y Roberto Estopiñán.

Después estudiaría ingeniería en la universidad de Pennsylvania, los que abandonó por la pintura, yendo a Nueva York a estudiar de dibujo y pintura en la Art Student’s League con importantes pintores y donde conoce a Wifredo Lam y le sirve de traductor. Jesse participa en la vida bohemia del Village, donde vivía, y compartía con los pintores abstractos expresionistas que tenían talleres en la calle 10 y se hace un amante del jazz.

A principios de los años 50 se radicó en Colombia donde se dedicó seriamente a la fotografía a la que llegó alentado por los fotógrafos que más admiraba: Henri Cartier-Bresson y Walker Evans, sobre todo Cartier Bresson un magnífico dibujante igual que Jesse, y su acercamiento a Evans era por ser un admirador de la literatura francesa.

Regresa a Nueva York a finales de los años 50 y sus fotos comienzan a aparecer publicadas en las principales revistas como Life, Time, Paris Match y Bohemia. En 1958 es designado director artístico en la revista Visión, propiciando sus viajes por América Latina, donde realiza numerosos y exitosos fotorreportajes.

Al triunfo revolucionario en 1959 Carlos Franqui y Guillermo Cabrera Infante lo invitan a ser parte del equipo de fotógrafos del periódico Revolución y su suplemento literario Lunes, pero a finales de ese año se desvincula del proceso y regresa a Nueva York, donde regresa al dibujo y la pintura además de la fotografía, clases de lo cual imparte en la School of Visual Arts, vive de nuevo en el Village y en intensa vida cultural.  Comparte su hogar entre New York, Puerto Rico, Toledo y Madrid, radicándose definitivamente en París, donde permanece hasta su muerte en 1986, sin dejar sus peregrinajes con la cámara a cuestas. 


Publicó tres libros de fotos que se consideran excelsos: Cajas (1976), Les Momies de Palerme (1980) y Retratos (1984), y tras su muerte se han publicado varios sobre su vida y su obra.  Decía Jesse que sus libros solo fueron el resultado de acumulaciones de sus fotos que con el tiempo surgió la idea de reunirlos y divulgarlos con el principio de plasmar con la mayor autenticidad la imagen íntima del ser humano en su ambiente habitual, sin falsificar su personalidad ni alterar el entorno donde se mueve, por lo que rechazó toda técnica pictórica, pese a dominarla perfectamente, para aplicarla a la fotografía.

Su gran amigo Guillermo Cabrera Infante lo definió de esta manera:

"El ojo incansable que lo ve todo, la máquina que atrapa cada instante para inmovilizarlo, un hombre apocado y audaz, un individuo vulnerable que detrás de la cámara se convertía en un héroe que no conocía el miedo, un americano de atuendo que conocía donde estaba lo cubano, un dandy popular que nos influyó a todos con su vestuario novedoso: camisas azules de obrero, pantalones de caqui, zapatos de cuero virado y un cigarrillo Player entre los labios. Había otro aspecto inquietante de Jesse: era capaz de llevar al viaje que hicimos por todo el territorio cubano tomando fotos para un número de Lunes titulado "A Cuba Con Amor", un inusitado volumen de las poesías completas de Rimbaud —que leía cada noche de viaje al fin de la Isla. Jesse era un hombre culto oculto". (El País, 23 de marzo, 1986).

Sus restos descansan en el cementerio de Père-Lachaise, en Paris. Entre su fecha de nacimiento y su muerte hay una rica vida marcada por su vocación por la fotografía y su constante peregrinaje por el mundo.

Constantino Arias (1920- 1991)

Su trabajo se ha valorizado como la obra gráfica más completa de la historia cubana de los últimos veinte años de la etapa republicana y de obligatoria consulta para la historia de la fotografía cubana.

Parte de esa calificación se debe a que fue el fotógrafo profesional del Hotel Nacional de Cuba desde 1941 a 1959, por lo que capturó fotos que reflejan aspectos tan disímiles como los vicios de La Habana pre revolucionaria, tales como el juego y la prostitución, la influencia en el país de la mafia italoamericana y la política, pero algunas nunca fueron publicadas por la censura del gobierno de Batista.   La sociedad habanera de los años 40 y 50 se vieron retratadas en sus magníficas fotos.

Pero también fueron extraordinarias sus fotos de gente de pueblo en lugares como el Rumba Palace, la pobreza extrema y la corrupción e inestabilidad política de esas décadas con su acostumbrado movimiento incesante por cualquier parte fotografiando cualquier cosa  que pudiera ser de interés para las revistas que abundaban entonces, aunque algunas nunca le pagaban.

Cubrió las luchas estudiantiles universitarias, las protestas obreras, los barrios marginales, la vanidad de la burguesía habanera y el ambiente bohemio de los clubes y cabarets que pululaban en la capital.

En sus más de cuarenta años de fotógrafo autodidacta, trabajó para periódicos, revistas y sobre todo para Bohemia.  Nunca supo que estaba haciendo historia gráfica con sus imágenes realistas sin retoques con un uso del flash que los demás colegas envidiaban.


Su obra fue expuesta en Cuba, México, Estados Unidos, Japón y Francia y colecciones de su trabajo se encuentran en: Museo de Brooklyn, New York; Center of Cubans Studies, New York y el Museo de Bellas Artes en La Habana y publicadas en varias revistas de Italia, Estados Unidos y México.

Se graduó en la escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana en 1961 y trabajó a partir de entonces en la revista Bohemia.


La esposa de otro gran fotógrafo, Mayito, comenzó a coleccionar las fotos de Arias en su carácter de historiadora y crítica y halló en sus obras la más completa imagen de la sociedad cubana de mediados de siglo en un voluminoso archivo de aproximadamente diez mil negativos.  Constantino no tenía interés en imprimir toda su obra, pero Mayito comenzó a procesar sus negativos porque consideraba que había que ver su increíble obra.

Algunas de sus obras hoy son altamente valoradas en el mercado internacional, tal como la foto de Richard Nixon durante su visita a Cuba en 1955 en un campo de caña, Chano Pozo en 1947, el retrato de una bailarina en 1958, la fabulosa foto de una ama de casa 1952 y otras.

La obra de Constantino es historia pura.

Mario García Joya, Mayito.

Ahora es más conocido como director de fotografía cinematográfica, pero sus orígenes fueron la pintura y la fotografía.

Sin duda es uno de los fotógrafos más influyentes e internacionalmente más reconocidos que ha dado Cuba y también estudió pintura en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de San Alejandro.

En sus inicios trabajó en agencias publicitarias como la OTPLA, donde le empezó a interesar la fotografía, y ahí mismo dejó la pintura. y se dedicó a hacer foto-reportajes para la prensa.  Mayito confiesa que en la pintura tenía un problema, si comenzaba un cuadro y no lo terminaba ese día, se quedaba a medias y no lo terminaba nunca, pero con la fotografía capturaba las imágenes, las revelaba e imprimía y podía rápidamente ver plasmado lo que había querido expresar, pero sin duda, al igual que con Jesse, su formación como artista plástico le permitía manejar el lenguaje con mayor precisión y arte.

Cabrera Infante lo incorporó a Lunes de Revolución y allí se desarrolló profesionalmente, pero en los años sesenta pasó a trabajar al cine, primero como camarógrafo y después como director de fotografía, donde ha acumulado más de noventa largometrajes, entre ellos La última cena, Los sobrevivientes, Hasta cierto punto y Fresa y chocolate.

Sus fotos se han publicado en revistas especializadas de cien países, así como en portadas de libros, folletos y discos y se han expuesto en sitios como el Centro Georges Pompidou, de París, The New Museum of Contemporary Art y la Ledel Gallery, de Nueva York, el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, el Palacio de Bellas Artes y el Museo de Arte Moderno, de México, el Centro Cultural de São Paulo y The Australian Centre for Photography.
Acumula una considerable cantidad de premios en Cuba y el extranjero como fotógrafo y como cineasta y en el año 2002 recibió la prestigiosa beca Guggenheim.

Fue el director de fotografía del fallecido cineasta Tomás Gutiérrez Alea (Titón) desde finales de los 60 hasta 1994. Titón refiriéndose a su labor diría “…el trabajo con Mayito comienza desde la fase en que se está desarrollando el guión y sus aportes son a veces decisivos. Él no es simplemente un fotógrafo sino un coautor de la película”.

Por ello Mayito es una leyenda en la fotografía cubana.


Pepe Agraz  (1909-1982)

Las grandes fotos de hechos deportivos en Cuba siempre tuvieron la firma de Pepe Agraz.

Pero aunque era un fotógrafo especializado en deportes, donde fue pionero en fotos de acción deportiva, en particular en el boxeo, también tuvo trabajos destacados como le entrada de Fidel Castro en La Habana y la explosión del vapor La Coubre.

De fotógrafo callejero,  llegó a ser considerado un experimentado fotorreportero de eventos sociales y posteriormente en la prensa, en particular en el deporte, registrando torneos de boxeo y series de béisbol durante medio siglo desde la década de los años treinta hasta los ochenta.

Sus impresionantes fotos, únicas han hecho que sea considerado un innovador en la fotografía periodística en Cuba. Para poder captar el instante decisivo en los eventos deportivos y eventos que debía cubrir como fotógrafo, Agraz dotó a su cámara con un mecanismo de su invención que él bautizó como “el ojo mágico”, que le permitía obtener no sólo un fotograma sino una secuencia de varias instantáneas, y posteriormente en el laboratorio seleccionaba la más adecuada y esa era la que entregaba a la publicación.

Su labor en la prensa fue muy extensa en el  Diario de la Marina, Información, Bohemia, El País, Avance, Carteles, Revolución, el Instituto Nacional de Deporte y Granma. Fundó y dirigió la revista Fotos.

Fue pionero en el obtener fotos de momentos de acción de las peleas de boxeo sin otra luz que las existentes en el cuadrilátero, pero no las fotos convencionales de los boxeadores posando dentro del ring sino escenas de la pelea con la luz del ring utilizando una cámara más pequeña, objetivos más luminosos y aumentado la sensibilidad de la película.

También fue pionero cuando cubrió la pelea entre Kid Gavilán con Ray Sugar Robinson en Filadelfia, donde tomó las fotos y regresó a La Habana tras cumplir una planificada y estricta coordinación de itinerarios y horarios que hizo posible que el periódico Avance publicara esas fotos al día siguiente, lo que aparte de tratarse de una exclusiva, puso en jaque a las agencias de prensa, haciendo que los diarios cubanos exigieran la instalación del servicio de radiofotos, lo que no ocurrió hasta varios años más tarde.

Pero ahí no paran sus aventuras, la celebración del Gran Premio Cuba de Automovilismo, en el Malecón habanero en 1958, momento en que el 26 de Julio secuestró al campeón Juan Manuel Fangio para llamar la atención internacional, un fatal accidente segó la vida de 6 espectadores cuando el coche número 54 del cubano Alberto G. Cifuentes patinó arremetiendo contra el público.  Agraz captó impresionantes fotos del accidente, sobre las que todavía se comenta.

Otras fotos impresionantes son la de dos boxeadores que gateaban aturdidos sobre la lona, pues se había noqueado mutuamente y el referee daba conteo de protección a ambos, o las instantáneas de la pelea del cubano Joe Legón y el americano Hankin Barrows, dominada por el norteamericano, pero en el último round se ve como el cubano sale sin su zapatilla derecha porque la molestaba y ahí mismo noqueó a Barrows.

El valor de las fotos de Agraz radica en haber podido captar el momento mágico en el que se desarrolla una acción.  Eso han podido hacerlo pocos, aunque tiren millones de fotos

Osvaldo Salas (1914-1992)

Una gran definición nos dio Oswaldo Salas, uno de los grandes fotógrafos cubanos del siglo XX, y es que la cámara no es lo definitorio.  No negaba la tecnología y la conocía muy bien y estaba al día en las innovaciones en esa materia, pero sostuvo que una buena fotografía se lograba a base de un cinco por ciento de técnica y un noventa y cinco por ciento de imaginación. Y eso es un postulado que no va a variar.

Al igual que otros grandes, en su adolescencia matriculó en la Academia de San Alejandro, pues quería ser pintor, pero tuvo que dejarlo pues tenía que trabajar.

Fue mensajero, soldador y electricista en un taller de equipos de comunicaciones, y allí casualmente había aficionados a la fotografía, los que le enseñaron una cámara y allí encontró no solo un objetivo, sino también una manera de acercarse a su ambición de ser pintor.

Decidió hacerse fotógrafo, se fue a Nueva York y se inscribió en 1947 en el Inwood Camera Club, abrió en 1950 un estudio en la calle 50, de Manhattan, cerca del Madison Square Garden y tras hacerse de un nombre renunció a las solicitudes de servicios habituales para registrar celebraciones familiares, y decidió dedicarse a captar lo que sucedía en ese centro de eventos deportivos y musicales y congelar para la posteridad los espectáculos, las personalidades que asistían al sitio y los lugares cercanos.  Su obra en este sentido hizo que se le abrieran las puertas de periódicos y revistas, entre ellos La Prensa, de Nueva York; Clarín, de Argentina; y Alerta y Bohemia, de Cuba.


En esa época creó obras fotográficas que  han pasado a la posteridad como son el de Salvador Dalí con sus bigotes únicos; Sarita Montiel con sus peinetas; Joe Di Maggio, el Yankee Clipper en sus momentos de mayor gloria deportiva y a Rocky Marciano sangrando pero contento por su victoria sobre Ezzard Charles en el Madison; y sus fotos famosos de Orestes Miñoso con dos bates y la de Luis Alomá, Willie Miranda y Héctor Rodríguez cuando jugaban con los Medias Blancas de Chicago.

Después de la revolución regresa a Cuba y hace una icónica foto del Che Guevara con un tabaco en la boca y otros de los dirigentes revolucionarios y finalmente se conceptúa como uno de los fotógrafos pertenecientes al selecto grupo de los creadores de la llamada “fotografía épica cubana”.

Korda (1928-2001)

A Korda el destino le tenía reservado un puesto destacado dentro de la fotografía mundial gracias a la fotografía icónica del Che Guevara con su boina que ha recorrido el mundo y que se ha convertido en un símbolo de los revoltosos y sobre todo de los ignorantes.

Alberto Díaz Gutiérrez, conocido por su nombre artístico de Alberto Korda es reconocido como uno de los maestros de la fotografía cubana de la Revolución y su fotografía más famosa es, sin duda, el retrato del Che tomado el 5 de marzo de 1960 y titulado El Guerrillero Heroico, es probablemente la imagen más reproducida en la historia de la fotografía.  Es esa imagen que vemos en pullovers, camisetas, gorras, banderas y hasta en tatuajes en figuras tan detestables y problemáticas como Maradona y Mike Tyson, que lo tienen con un ídolo.

Pero aparte de ello, Korda es considerado el más versátil de los fotógrafos cubanos de su generación. Figura principal de la fotografía de modas en la década del 50, le asignaba a sus obras una verdadera categoría artística.

Sin duda fue uno de los grandes cronistas gráficos de la revolución cubana, cuando una décadas después del triunfo revolucionario nacionalizan sus estudios, fundó el Departamento de Fotografía Científica Submarina del Instituto de Oceanología de la Academia de Ciencias de Cuba, donde desarrolló un trabajo no igualado hasta hoy. Elabora el Atlas de los corales cubanos y realiza fotos únicas de la belleza de los fondos marinos de la Isla, siendo el pionero en Cuba en fotografía submarina.


Korda, original del barrio del Cerro, estudió comercio en la Havana Business Academy, trabajó como vendedor de jabones, máquinas de escribir, material de oficina y visitador médico y de casualidad comenzó a hacer fotos de forma autodidacta para una compañía de seguros, cuya obra le valió un premio que le permitió fundar en 1956 los estudios fotográficos Korda junto con sus amigos Luis Peirce Byers (Luis Korda) y Newton Estapé.  En su oficina del edificio La Metropolitana en la calle O’Reilly en La Habana vieja desarrolló exitosamente su trabajo, lo que le permitió mudarse al Vedado, frente al Hotel Capri.

Ya reconocido como un maestro, se empeñó en captar la belleza de las cubanas, entre las que destacó las de su esposa, la modelo Norka. La cual luego de divorciarse de su esposo, el famoso fotógrafo, se marchó a París en el 1962 convirtiéndose en la estrella de las pasarelas y favorita de la casa de Christian Dior.


Desde 1959 trabajó como fotógrafo del Periódico Revolución  y como fotógrafo personal de Fidel Castro 1969, al que acompañó a numerosos viajes internacionales.  Fue en 1960 cuando cambió su vida al realizar la famosa fotografía del Che Guevara, según los más prestigiosos críticos, uno de los diez mejores retratos fotográficos de todos los tiempos y que además es la obra más reproducida en la historia de la fotografía mundial. Fueron famosos una serie de reportajes del recorrido de Fidel Castro por toda la isla.

Desde 1980 se dedicó a la foto de modas, dirigió la fotografía de la Revista Opina y trabajó para las firmas comerciales EGREM, CUBAEXPORT, CONTEX y CUBAMODA.

Sus fotografías han sido publicadas en los periódicos Revolución, El Mundo, Hoy, Granma y las revistas Bohemia, Inra, Carteles, Revolución y Cultura, CASA. Y su fotografía “Guerrillero Heroico” del Che Guevara, ha sido objeto del documental “Una foto recorre el mundo”, del director Pedro Chaskel.  No en balde entre las fotos más conocidas de la historia de la fotografía se encuentra el retrato del Che en el número 12.

Durante su carrera fue partícipe de numerosos proyectos y su obra se encuentra en colecciones de Cuba, Italia, Francia, Estados Unidos y México y ha sido presentada en muchos países de América, Europa y Asia.  Sobre su obra se han publicado diez libros y catálogos y tres documentales sobre su vida.

Cuando se decía Korda, la gente sabía que detrás había una foto fuera de liga.
Armand (1905-1992)

Los dos fotógrafos más famosos y solicitados de La Habana en los años cuarenta y cincuenta fueron Armand conocido como “el fotógrafo de las estrellas” y su discípulo, Narcy (1908-1968).

Claro que nos referimos a las estrellas de radio, teatro y televisión, que querían imitar el estilo de Hollywood, por lo que las grandes divas de la época como Rita Montaner, Rosita Fornés, Celia Cruz, Olga Guillot o Josephine Baker se hacía retratar en escenas que recreaban la sofisticación y glamour de la meca del cine.

Armand, cuyo nombre era Armando Hernández López, matancero que se crió en Santa Clara y Cienfuegos y después fue a vivir a La Habana aprovechando el momento de oro de los declamadores y como tal trabajó en el Círculo de Amigos de la Cultura, de donde pasó a trabajar junto con su hermano Angelo, propietario de un estudio de fotografía en la calle Reina en La Habana.

Rápidamente tuvo un gran éxito y en 1943 creó su propio estudio en Centro Habana el que se mudó más tarde hacia el Vedado.  A partir de su exitoso trabajo como retratista, fue bautizado como “El fotógrafo de las estrellas” y se consideraba que un artista no se podía considerar como consagrado hasta que Armand no lo fotografiara, porque era el que mejor podía hacer resaltar sus rasgos, belleza y encantos con su arte en el celuloide..

En 1961, emigró de Cuba hacia Miami, donde inauguró un estudio para después pasar a residir a Puerto Rico, donde vivió quince años regresando definitivamente a la Florida donde murió.

Todos los artistas querían que los retratara Armand y así tenían asegurada su fama porque sin duda saldrían en la revista Bohemia, la más leída.


Raul Corrales (1925-2006)

Natural de Ciego de Ávila, era portero de un restaurante, hasta que decidió ganarse la vida como fotógrafo, oficio en que se desempeñó en muchas publicaciones cubanas.  Publicó en los diarios Hoy, Revolución y las revistas Bohemia y Carteles, en el Instituto Nacional de Reforma Agraria.

El triunfo de la revolución en 1959 tuvo gran impacto en Corrales, lo que lo llevó a desarrollar trabajos como la imagen de los guerrilleros barbudos cabalgando en una llanura, con sus banderas al viento; vistas de una formación de milicianos, captada desde las alturas, y otras que son referencia gráfica imprescindible de la Cuba de esos primeros años revolucionarios.

Su imagen de la Plaza de la Revolución vista desde detrás de la tribuna con Fidel Castro arengando al pueblo en la Primera declaración de La Habana se constituyó en el reverso de los billetes de diez pesos cubanos y esa y otra de sus obras han sido utilizadas en carteles propagandísticos y tarjetas postales.
Su obra ha sido tan representativa de la etapa de la Cuba revolucionaria que se ha expuesto en Cuba, Brasil, Francia, Estados Unidos, Italia y otros países.  Ha obtenido diversos premios de fotografía contemporánea en varios países, salones de artes plásticas y fundaciones fotográficas y ha recibido numerosos premios y distinciones y hasta el Premio Nacional de Artes Plásticas y la Orden Félix Varela.  Sus obras forman parte de la Fototeca de Cuba, la Casa de las Américas

Sus obras forman parte de las colecciones de la La Fototeca de Cuba, La Habana, La Casa de las Américas, del Centro Studi e Archivio della Comunicazione, Universidad de Parma, Italia. Del Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana, Cuba.

Sin duda un gran cronista de la historia de este último medio siglo

Jorge Oller (1929-)

Oller nació en Barcelona, pero emigró a Cuba con su familia en 1936 durante la Guerra Civil en España.  Estudió dibujo comercial y cinematografía en el Instituto de Artes y Ciencias Cinematográficas, así como fotoperiodismo en la Agencia de Noticias Zentralbild en Berlín, República Democrática Alemana.  Antes se había graduado en la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling en La Habana en 1952.

De 1950 a 1960 fue fotógrafo y reportero gráfico en el periódico Información y trabajó para las revistas Carteles, Bohemia y Talía, especializada en temas literarios.  A partir de 1961 trabaja en el periódico Combate, el diario Hoy, donde fue jefe de fotografía y en la Agencia de Noticias Prensa Latina.

Fundador del periódico Granma, trabajó en éste hasta su jubilación en 1992.  A partir de 1993 organiza el Archivo Fotográfico del Museo de la Ciudad de La Habana y el de la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña.

Jorge Oller Oller. Fotógrafo, reportero gráfico. Fundador del Periódico Granma. Miembro del Consejo de Dirección y redactor de la Revista “Fototécnica”.  Ha escrito diversos artículos, folletos y catálogos sobre la historia de la fotografía cubana, y está considerado como un erudito en la materia. Ha publicado once libros ilustrados y recibido numerosos premios, entre ellos el Premio Nacional de Periodismo y realizado exposiciones en varios países.

Ha viajado como corresponsal a decenas de países y considerado como un maestro del lente.  Pero sobre todas las cosas, porque lo conocí personalmente, una persona sencilla y decente.


Liborio Noval (1934-2012)

De investigador de mercado en la publicitaria Siboney en 1952, pasó a ser fotógrafo de esa compañía hasta 1960, cuando pasó al periódico Revolución, después Granma donde laboró durante cuatro décadas hasta su muerte. Liborio se inició en la fotografía un poco por casualidad y accidente al lado de otro grande, Raúl Corrales.

Liborio Noval Barbera, fotorreportero cubano ostenta el Premio Nacional de Periodismo José Martí e incontables reconocimientos en Cuba y en el extranjero por su trabajo acumulando treinta y dos premios nacionales e internacionales.  Su obra se ha publicado en revistas de varios países y en libros especializados.

Comenzó como laboratorista en el periódico Revolución, pasando a fotógrafo en 1960. También en 1960 trabajó en la revista INRA.

Fue jurado en varios concursos de fotografía y participó en obras para la Bienal de La Habana en el año 2000 y en la subasta humanitaria para la Fundación Chappard en Venezuela, para recaudar fondos contra el Sida.

A lo largo de medio siglo las fotos de Liborio Noval estuvieron a diario en la prensa, y la televisión hizo célebre su trabajo.   Esa constancia en la fotografía política y su fidelidad al periodismo hizo que se conociera menos al otro Liborio Noval, el que trataba de hacer arte aún en fotos hechas con premura.

Conservaba en la pared de su casa dos imágenes captadas y dedicadas por Alberto Korda, su amigo de siempre, y otras fotos, pocas, del propio Liborio, las que consideraba sus pequeñas medallas olímpicas.

Tirso Martínez (1915-1990)

Numerosas resultan las fotografías tomadas durante la gesta de Playa Girón, en particular una en la que aparece Fidel Castro bajando de un tanque T-34 fue seleccionada entre las mejores imágenes captadas por los corresponsales de guerra en aquella gesta.  Y hay que tener en cuenta que siete corresponsales extranjeros también estuvieron en Playa Girón, entre ellos Jorge Ricardo Masetti, entonces al frente de la agencia Prensa Latina, fundada en La Habana en 1959, Timur Gaidar corresponsal de Pravda, Lothar Graff, fotógrafo alemán, Robert Taber y Leo Huberman, periodistas estadounidenses, Cedric Belfrage, periodista inglés, director de The National Guardian y Oldrich Strafelda, corresponsal de la agencia checoslovaca CTK, todos reconocidos fotógrafos.y sin embargo ninguno pudo lograr una obra tan vívida como la de Tirso.  Ellos vivieron la guerra y capturaron imágenes impresionantes en los momentos de mayor peligro, escribieron entrevistas, divulgaron partes de guerra y relataron los hechos detalladamente, pero sin el impacto de la obra del fotógrafo cubano, que logró la obra gráfica
más completa y significativa que existe sobre los sucesos de Bahía de Cochinos, conocidos en Cuba como Playa Girón.

De forma similar a lo ocurrido con el retrato fotográfico más famoso  y reproducido del mundo, el de Ernesto Guevara, captada por Korda en 1960, que fue “descubierto” siete años más tarde al ser publicada por los editores del  Diario del Che en Bolivia en la portada del libro, la fotografía de Tirso en Girón, fue “descubierta” por los diseñadores de propaganda política cubana.

Tirso Martínez Sánchez, fotorreportero del periódico Avance, se había hecho famoso en 1955 cuando daba cobertura a la persecución por miembros del Servicio de Inteligencia Militar de una persona que fue asesinada en el barrio de San Leopoldo en La Habana.  Tirso fue maltratado y atacado por los sicarios, hecho que fue denunciado y fue objeto de una protesta del Colegio Nacional de Periodistas.

Este hecho es bastante conocido, pero mucho más su obra en obra en la etapa revolucionaria cubriendo hechos como Playa Girón y la Campaña de Alfabetización.

Su vida laboral la desarrolló en sus inicios en el periódico Avance, cuyo director Jorge Zayas abandonó el país invocando que en Cuba no existía libertad de Prensa.  Esto ocurrió el 19 de enero de 1960 y el día 23 el diario era intervenido por el gobierno, por lo que fue la primera defunción de la prensa libre.  A partir de ahí continuarán dejando de circular, una tras otra, la mayor parte de las publicaciones excepto Hoy, del Partido Socialista Popular y Revolución, del Movimiento 26 de Julio.

                                            Magnífica obra de Calixto N. Llanes

Colofón

Se puede hablar perfectamente de una fotografía antes de la Revolución y otra después.

La fotografía prerrevolucionaria se basaba en los mismos esquemas del resto del mundo y con mucha influencia de la gráfica norteamericana. En ella se destacan los retratos comerciales de estudios, cumpleaños, bodas, graduaciones, vida social, el mundo de la farándula, eventos deportivos y sucesos trágicos entre otros y también muchísima fotografía publicitaria destacándose el papel creativo y artístico del Club Fotográfico de Cuba.

Con el triunfo revolucionario de 1959, el cambio fue total no solamente por los temas abordados, básicamente documentales, por lo que la fotografía se constituyó en el soporte
iconográfico por excelencia que dió a conocer la Revolución y sus líderes a todas partes del mundo.  Cientos de fotógrafos de diversos países también llegaron a Cuba a testimoniar esos momentos únicos, y hasta los que se habían dedicado a realizar fotografías de arte también se unieron a ese movimiento arrebatador.
                                         Obra de Juan Moreno Hernández.

Hay quienes afirman que esas fotografías son exclusivamente testimoniales, pero la realidad es que muchos de ellos, sobre todo los que hemos nombrado, marcaron esa época por ese tipo de trabajo con sus fotos épicas, pero también muchos de ellos ya venían desde antes haciendo imágenes de disímiles temas de gran contenido artístico y técnico y pasada la efervescencia continuaron tomando fotografías y temas completamente diferentes, por lo que la referencia a una fotografía pre revolucionaria y posrevolucionaria no tiene validez alguna.

Todos fueron magníficos artistas del lente que se destacaron por un trabajo u otro y que al final conforman el panteón de los grandes de la fotografía en Cuba.  Y por supuesto que quedan muchos más que aquí no se mencionan.
                                Asesinato del mafioso Albert Anastasia en la foto de Chinolope.

Habría que mencionar a Generoso Funcasta, Fernando Lezcano, Ernesto Ocaña, Jose Manuel Acosta Bello, Felipe Atoy Vasconcelos, Tito Alvarez, Venancio Díaz, Paco Altuna, Jesús Valdés Gómez, Félix Arencibia, Sergio Canales, Maria Eugenia Haya Jiménez, Rufino del Valle, Luis Korda, Ernesto Fernández, Ricardo López, Juan Moreno, Chinolope y una lista extensísima.  Pero hemos escogido a este pequeño grupo para representarlos a todos.

                                                           Martí, de Ernesto Fernández

viernes, 24 de mayo de 2019

Más personajes cubanos, reales o ficticios



Más personajes cubanos, reales o ficticios

La música ha tenido un papel muy importante en llevar a la fama a personajes o bien que existieron  que han sido producto de la imaginación del autor y a través de las generaciones se han ido cimentando como parte de las tradiciones y mitología de nuestro país, en la que hay unos cuantos olvidados por muchos, pero que merece rescatar aquí.  Otros han trascendido cuando han sido empleados en su forma original o modificada para destacarlos o como una nota simpática o atrayente en programas de televisión o propagandas comerciales y otra parte que vale la pena retomar para que no queden en el olvido. Y están otros que no son personajes físicos o virtuales que podamos definir, sino que representan ocupaciones que son parte de nuestra cultura.  Veamos algunos:


Matasiete

Las mañanas de domingo, tan tranquilas, y esa tranquilidad era alterada, para bien, cuando nos sentábamos con los niños a ver La Comedia Silente, esas viejas comedias del cine mudo, que Armando Calderón con su magia hacía revivir y de qué forma.

Calderón, llamado el hombre de las mil voces, les ponía el sonido, tanto voz como efectos en esos enredos bien seleccionados de broncas, persecuciones y situaciones increíbles entre hombres y mujeres, ladrones y policías, borrachos y pendencieros.  No importaba de donde fueran, todos hablaban como cubanos y con las frases propias de nuestra picaresca.

Allí aparecían Charly, Barrilete, Luz Brillante, Soplete y el que nos ocupa: Matasiete, el personaje al que Calderón había bautizado como el matón del barrio, un hombre alto y gordo con unas cejas aguileñas y una barriga impresionante que le sacaba una cuarta y media a Charles Chaplin y siempre andaba en pose de pelea con sus brazos en guardia, a la usanza de los boxeadores de principios del siglo pasado.

Armando Calderón era un hombre muy culto y que leía mucho, y era muy entendido en rescatar personajes y hechos curiosos, así que probablemente el nombre de Matasiete lo haya rescatado de la historia cubana porque así se le llamó a un individuo con una leyenda muy oscura, supongo que el verdadero Matasiete.

El Matasiete a que se refieren las crónicas, era uno que no había matado a siete sino a tres, que se conociera, y sin embargo el apodo se le había quedado de manera que ya nadie sabía su verdadero nombre.

Se cuenta que era un mulato calesero en los tiempos de la colonia, apellidado Gamboa como era costumbre de nombrar a todos los esclavos con el del dueño y que gozaba de algunos privilegios, hasta que un día, creyéndose impune y con engreimiento, se equivocó con su amo y le faltó el respeto, el cual le marcó la cara con un latigazo, ordenó que le cortaran la patilla y el bigote y lo enviaran a trabajar al ingenio de su propiedad.

El calesero, sabía el significado del castigo, por lo que decidió que antes de que lo enviaran al ingenio y le cortaran el bigote y la patilla, debía escaparse y dedicarse al pillaje, ocupándose de robos y asaltos, hasta que encontró más tarde un oficio mejor remunerado y más cómodo: el de sicario.

Al primero que robó fue a su ex-amo Don Jacinto y su primera víctima mortal fue el comisario Capote, que lo había perseguido furiosamente y al que mató con el puñal que le robara a su dueño.

Se hizo amigo de los malhechores que en esa época pululaban en Cuba y que no temía andar libremente por dondequiera, donde era rápidamente reconocido porque su fealdad repulsiva con sus pómulos salientes y ojos saltones, era rematada por una cara con una nariz completamente desfigurada y en la que sobresalen costurones y ronchas.  Fue andando con esos bandidos que conoció a un marqués que empleaba a delincuentes con diferentes objetivos, el que le contó sus andanzas y le pidió encargarse de lo que necesitara, ante lo cual le respondió que buscara la manera de que la gente pensara de que estaba muerto y después lo emplearía, porque en las condiciones que estaba, a un perseguido como él todo el mundo lo reconocería fácilmente.

Fue entonces que Matasiete fingió su muerte para lo que se ocultó en una manigua en la zona del Campo de Marte, fuera de las murallas y se encontró con que en el lugar había un hombre que le había dado muerte a un mulato de aproximadamente su tamaño y que le estaba cortando la cabeza.   De manera que sin tener que matar a nadie, lo que además no le importaba, se había ahorrado el trabajo y también le servía para quitarse a la justicia de arriba.

Vistió al cadáver con su ropa dentro de la que había una carta de su antiguo amo y algunas posesiones del mismo como un chaleco, una tabaquera de carey y la sortija, cosas que le había robado.  Al descubrirse al día siguiente el cuerpo, llamaron a Don Jacinto Gamboa y reconoció la ropa del calesero y las prendas suyas.  Dio gracias a Dios porque sabía que el que ahora estaba muerto había amenazado con quitarle la vida y ya mucha gente no tendría que temer más del acoso del asesino. Era irrelevante que no hubiera aparecido la cabeza, ese sin duda era el calesero, cuya muerte asumieron como una venganza del asesinado comisario Capote o de una venganza o ajuste de cuentas entre malandrines.

A partir de ahí, desprovisto de su patilla y sus bigotes y mejoró su apariencia personal, aunque la fealdad y su cicatriz seguían señalándole como un monstruo que metía miedo a cualquiera, fue a ver al marqués de Baños, el cual lo bautizó con el apodo de Matasiete y fue empleado en ejecutar los peores crímenes como sicario.

Se dice que el calesero nunca dejó de sentir un odio infinito hacia su ex amo y todo lo que representara el orden y la justicia y que el que le desfiguró el rostro tenía que morir de su propia mano y con el puñal que había sido de el mismo mientras le decía antes de apuñalarlo:

Don Jacinto, yo soy Gamboa, el calesero.

Pero de si pudo cumplir su cometido o no, realmente no se sabe, ni cómo acabó Matasiete.


La frita cubana

En los estados unidos y en todo el mundo, a partir de los años 50, se propagó la comida rápida, en particular el “hamburger” o sea “la hamburguesa”. Pero en Cuba, desde mucho antes, tenemos algo parecido pero mucho más apetitoso“La Frita Cubana”. 

La original frita cubana se prepara con carne molida de res, manteca de chorizo con pimentón, cebolla, salsa de tomate y papa frita picada finamente en juliana dentro de un pan suave para que sea crujiente y su secreto está en la manteca de chorizo con pimentón que aparte del sabor hace que se fría mejor y se compacte.

Se dice que esta comida callejera se difundió masivamente sobre la década de 1930 pero que ya existía desde antes.  Tal es así que en 1926 Jorge Mañach ya dedicaba una de sus Estampas de San Cristóbal a la popular frita, tan en correspondencia con el gusto del cubano por las cosas fritas, siempre presente en nuestro paladar.

Y los típicos carritos con cocinas de gas líquido, de kerosene, conocida en Cuba como “luz brillante” y hasta de carbón, fueron estableciéndose en cualquier calle.


Al igual que las cafeterías que ofertaban café cubano de tres centavos, los friteros llegaron a dominar toda la geografía de la capital.   Fue así que se convirtieron en una comida perfecta para después de salir del cine, de la pelota o tras tomarse unos tragos.  Cerca de cualquier lugar público había un puesto de fritas, pero en particular en los alrededores de los estadios de pelota, jai-alai o boxeo, los bares, estaciones de guaguas o de trenes y calles comerciales, su presencia era masiva.

Pero más que eso era la comida típica de barrio que podía consumirse a cualquier hora, ya fuera desayuno, almuerzo, comida o merienda.  Llegó a ser muy conocida en todas partes del país por ser muy barato aparte de delicioso.

Un carbonero, el gallego Sebastián Carro Seijido, viendo que el gas licuado comenzaba a imponerse como combustible doméstico, vio que tenía que dedicarse a otro giro.

Así se convirtió en el creador de esta deliciosa invención, la que elaboraba con mucha limpieza.  No tardó mucho, por la aceptación, en darse cuenta de que había nacido el mejor bocadillo de barrio de la gastronomía cubana.

Ya en los años cincuenta Sebastián, gracias a la frita, era un empresario adinerado que aparecía en el Libro de Oro de la Sociedad Habanera y poseía varias cafeterías y el restaurante de comida española El Escorial.  Fueron famosas su cafetería El Bulevar en la calle 23 entre 2 y 4 en el Vedado, la popular La Cocinita en la calle Paseo donde estaba entonces el desaparecido Palacio de los Deportes y otras más todas famosas por su especialidad: la frita cubana.

Los friteros estaban en todas partes y ello era de gran importancia para la economía popular, porque al ser sus productos muy económicos, estaban al alcance de todos, por lo que se podía resolver un almuerzo o comida rápidamente y sin gastar mucho.

Algunos friteros fueron evolucionando y comenzaron a dar una más variada oferta, vendiendo pan con bisté, butifarras, mariquitas, pan con tortillas, perros calientes, papas rellenas y otros, pero la frita nunca dejó de ser la reina.  No valió para nada la competencia de otras delicias también baratas como los bollitos de carita y las majúas fritas en los puestos de chinos, las frituras de bacalao o de malanga, los chicharrones o los tamales.  La frita solamente era llevada a un segundo plano en Cuba por el café con leche.

Los puestos de frita junto con los puestos de chinos, eran conocidos como "casa de socorros", porque podía uno alimentarse con unos pocos centavos.  Y para hacerlo más gráfico, cuando la situación estaba muy mala la gente decía "no me gané ni para la frita"

El puesto de fritas era un sitio de tanto arraigo popular que de cierta forma identificaba al país.  Al dicho que no creo que se haya formulado para denigrarnos, porque con ella se arreglan y discutían todos los problemas y negocios, y que es real, de que: “Cuba es un país de café con leche”, podía agregársele: “y fritas”.

La revolución acabó con todo y entre sus víctimas también estuvo la frita.  La desaparición de la frita empezó con el mismo comienzo del gobierno revolucionario y tuvo su estocada con la llamada “ofensiva revolucionaria” de marzo de 1968 que destruyó la economía particular y sumió al país en una crisis económica que todavía perdura y que cíclicamente lleva a la nación muy cerca del abismo.

Es por ello que la frita también emigró. Los cubanos se iban incesantemente de la isla mientras se nacionalizaban los negocios y propiedades, y el principal componente de la frita, la carne molida, se hizo imposible de conseguir porque la vaca se convirtió en algo sagrado, casi como en la India.

La frita se fue junto con los más de dos millones que abandonar el país, los que comenzaron a recrear los negocios que fueron de su propiedad o conocieron, mayormente restaurantes, y empresas relacionadas con la gastronomía o la industria alimentaria.

En Miami, donde afortunadamente sobrevive y se ha extendido, el rescate comenzó en 1961 cuando Dagoberto Estevil inauguró la primera fritería en la Pequeña Habana en Miami.  Después abrió  El Rey de las Fritas,  El Mago de las Fritas, El Palacio de los Jugos, Five Cuban Guys y en los cientos de restaurantes cubanos o latinos  que allí hay siempre está presente.

La frita surgió mucho antes de que comenzara la fiebre de la hamburguesa en Estados Unidos, por lo que no hay imitación, sino probablemente sea lo contrario; McDonald's masificó en Estados Unidos la hamburguesa, una versión insípida comparada con la frita cubana.

Sin embargo, en Cuba, donde nació, hay muchos cubanos de hoy en día que no saben lo que es. Pero si en Cuba tomarse un café con leche es un milagro, qué no será con la frita.

Los personajes de Matamoros

“Veinte años en mi término
me encontraba paralítico
y  me dijo un hombre místico
que me extirpara el trigémino.

 Suelta la muleta y el bastón
 y podrás bailar el son.”

Es imposible que haya un cubano que no reconozca esta melodía o tantas con las que el genial músico Miguel Matamoros hizo sus aportes al cancionero cubano.

“El Paralítico”  este son del Matamoros fue la inspiración al conocer que de en La Habana de 1930 un médico español llamado Fernando Asuero, pregonaba que curaba cualquier parálisis mediante una inyección en un nervio llamado trigémino y extirpándolo.  La llamada neuralgia del trigémino o tic doloroso se presenta como un dolor facial intenso, como un calambre, porque es uno de los nervios más largos de la cabeza y que lleva la sensibilidad desde la cara al cerebro, por lo que una operación de ese tipo resulta compleja, debe hacerse bajo anestesia general y al final puede que resuelva las parálisis faciales pero ninguna otra, por lo que lo que el médico pregonaba era un absurdo.

Matamoros conocía a un billetero de la Plaza del Vapor que estaba paralítico y que se trató con el doctor Asuero y por supuesto, tras someterse al tratamiento, no hubo ninguna cura, así que de esa treta del médico para buscarse pacientes, salió la inspiración para el son de referencia.
       
De Matamoros la lista de números famosos de su autoría, casi todos basados en hechos y personas reales, se hace interminable, así como los estribillos y frases que se pueden aplicar a diversas cosas de la vida real como son:

“El que siembra su maíz que se coma su pinol”, que se puede interpretar como "el que la hace la paga".

“Cada vez que me acuerdo del ciclón se me parte el corazón”, que tuvo su origen en un ciclón que lo sorprendió en Santo Domingo y que provocó cuatro mil muertos y veinte mil heridos.

“La mujer de Antonio: tiene un pegajoso estribillo:

“la mujer de Antonio camina así, por la madrugada, camina asi, cuando va a la plaza, camina así”.

Y la mujer de Antonio no existió, se refería a una perrita y la inspiración le vino cuando Pepín Bacardí le pidió que fuera al Hotel Venus en Santiago de Cuba para cantar en un almuerzo homenaje a una artista mexicana llamada Celia Montalván,tiple cómica, actriz y vedette, la que tenía una perrita pequinesa exageradamente zamba y al verla se le ocurrió "la perra de Celia camina así...pero le cambió la letra por la que conocemos y que es muy sugestiva.

“Veneración” es sin duda una de las canciones más cubanas de Matamoros, que la inscribió a nombre de la esposa de Rafael Cueto, guitarra acompañante de su trío con el objetivo de su amor por las virgen de la Caridad del Cobre, centro de la composición y para que cobrara los derechos de autor.  No hay cubano que no haya disfrutado:

“Y si vas al Cobre quiero que me traigas una virgencita de la Caridad. Yo no quiero flores, yo no quiero estampas, lo que quiero es Virgen de la Caridad”.

Y "Mamá Son de la Loma" (¿De dónde serán? Ay, mamá ¿Serán de La Habana? ¿Serán de Santiago, Tierra soberana? Son de la loma, y cantan en llano…) y Lágrimas Negras (Tú me quieres dejar, yo no quiero sufrir, contigo me voy mi santa, aunque me cueste morir) están entre las más representativas de la música cubana y la primera surgió cuando  después de dar una serenata y no tener respuesta alguna, ya cuando se iban de retirada, viendo que la serenata había sido un fracaso, sintió desde uno de los edificios contiguos a una niña preguntando: Mamá ¿esos cantantes son de La Habana?, a lo que le respondió la madre– “No, hijita son de aquí, de Santiago, de la loma”.

“Olvido” (Aunque quiera olvidarme, ha de ser imposible, porque eternos recuerdos, tendrás siempre de mi, mis caricias serán el fantasma terrible, de lo mucho que sufro, de lo mucho que sufro alejado de ti).

Reclamo místico (Dime que ya eres libre como es el viento dime que no me quieres que ya me olvidas dime que ya no tienes ni un pensamiento ni una sola esperanza que me de vida ni una sola esperanza que me de vida);

El Fiel enamorado (Aún sólo persiguiendo tu cariño yo sigo desafiando el porvenir y mientras tenga en mis venas sangre te seguiré queriendo, te seguiré adorando y serás para mí todo mi corazón. Quita mi caballo que está en la puerta allá en el camino real...);

La Cocainómana (No quiero más cocaína, no me quiero envenenar, yo quiero vivir Celina una vida de verdad.  No quiero coca, que me sofoco, a mí la coca, mamá, me pone loco.)

Triste muy triste (Triste están las estrellas, triste la luna, triste porque muy triste me ven llorar.  En esta noche, noche tan triste como ninguna, como ninguna de las mil noches de mi penar).

Camarones y Mamoncillos (Allá por el año tres se bailó mejor el son, era cortó y ala vez mas caliente y sabrosón. Oyelo, báilalo, gózalo, allá vá, lo verán.  Camarones donde están los mamoncillos, mamoncillos donde están los camarones).

Juramento (Si el amor hace sentir hondos dolores yo te diera mi bien por tus amores hasta la sangre que hierve en mis arterias).

Dulce embeleso (El beso de tu boca tentadora que me diste embriagada de ilusión, yo lo guardo como llama animadora en el fondo de mi pobre corazón).

Es imposible mencionar su obra de alrededor de doscientas composiciones, todas exitosas y todas haciéndose eco de una realidad.  Por ello en Cuba, todo el pueblo reconoce su obra y la invocan para amenizar fiestas familiares o populares.



Francisquito daba la hora sin tener reloj.

Cuando uno camina por el centro de la ciudad de Sancti Spíritus, como es moda ahora en Cuba, se ha cerrado al tránsito para crear un paseo peatonal al que se le llama bulevar, que por definición es una avenida ancha y arbolada con lugares adecuados para el comercio minorista, imitando los grandes boulevares del mundo, como se denomina originalmente, nacidos en París y extendidos a casi todos los países del mundo. En Cuba destacan la calle Obispo en La Habana Vieja, el Bulevar de San Rafael, el de Cienfuegos, la calle Enramada en Santiago de Cuba, y otros similares en Cienfuegos, Camagüey, Bayamo, Ciego de Avila, Sancti Spíritus, San José de las Lajas y Nueva Gerona.  Pero ninguno realmente cumple el que sea una avenida ancha y menos con árboles.

Y el de Sancti Spíritus no es la excepción, pero en mitad del paseo se levanta una estatua de tamaño natural de un personaje de la ciudad, que se llamó Francisco Polanco y que era conocido por Francisquito.

La estatua está de pie sobre la esfera de un reloj a la usanza antigua con números romanos y tiene la ropa y los zapatos rotos y un saco a la espalda, por lo que sin duda llama la atención.

Francisquito era uno de los vagabundos que va desandando y malviviendo por las calles de las ciudades y pueblos y que se buscaba la vida haciendo lo que fuera, recogiendo basura o acometiendo cualquier tarea a cambio de comida.
Eso solo no podía haber hecho a Francisquito famoso, porque son unos cuantos los que llevan esa vida incierta y sin futuro, pero en particular este personaje tenía un don que lo hizo popular.

Nunca había tenido ni usado un reloj, pero cualquiera podía acercarse a él y preguntarle: ¿qué hora es Francisquito? y al momento le respondía con una precisión hasta de minutos y en lo que nunca se equivocaba.  Siempre decía la hora exacta.

Nadie logró explicar a qué se debía su habilidad, no se encontró una razón científica, pero Francisquito se convirtió en el reloj de Sancti Spíritus, a sabiendas de que nunca fallaba.

De esa forma devino un personaje entrañable pero no obstante la mayor parte de su vida la pasó en la calle como un vagabundo. Muchos lo ayudaban y le daban comida o una muda de ropa hasta que fue acogido en un hogar de anciano, donde vivió casi hasta los cien años y le erigieron la estatua en el Bulevar para que la gente pudiera seguir preguntándole la hora, aunque ya no le respondan.

Otro Francisquito, el Mulo Parlanchín que se haría muy famoso por sus muñequitos o cómics y sus películas y ello ratificaría el concepto científico de que los mulos y mulas son animales muy inteligentes, que tratados con cariño y paciencia son muy útiles y si los tratan a palos, son muy tercos y no obedecen.


François Gamboa millonario y mendigo

Un francés apellidado Chueaux en 1834 buscando oro en la Sierra Caballos en Isla de Pinos, unas elevaciones contiguas a la capital pinera, encontró yacimientos de mármol gris de buena calidad.

La Isla es bien conocida por sus yacimientos de mármol sobre todo las de la Sierra de Caballos y la Sierra de las Casas, que rodean la ciudad de Gerona y de las que se explota el tipo gris siboney.

Ya antes, desde 1826 varios habían pedido a las autoridades españolas la explotación de ese mineral, pero no fue hasta 1847, cuando a Leopoldo O'Donnell le fue concedido el permiso para emplear las canteras, lo que se hizo exitosamente y con grandes inversiones, pero el alto costo del traslado hacia La Habana y el poco apoyo e interés del  gobierno colonial hicieron inviable la explotación marmolera.

Es a partir de 1926 con la construcción del Presidio Modelo donde verdaderamente comienza a funcionar la industria del mármol basado en el empleo de los presos y el mineral es extensamente utilizado en toda la Isla, tanto en obras públicas como privadas lo que se ha extendido hasta la actualidad y posteriormente comienza su exportación hacia la capital habanera.

No es el de mayor calidad, pues en Villa Clara existen variantes de vino verde, de alta aceptación por ser muy raro, pero sí el mayor yacimiento del país, y además aparte del gris también hay uno negro muy gustado.

La Isla no era de mucho interés por parte del gobierno colonial español, muestra de lo cual es su tardía fundación de su capital en 1830 y el desdén por autorizar la explotación del mármol.  Así que el territorio vivió de la pesca y de algunos productos agrícolas, sobre todo impulsados por colonos norteamericanos y después por el mármol y una fuerte producción de cítricos que prácticamente ha desaparecido.  Algunos pineros dicen que ellos tienen una mala suerte, o una doble circunstancia adversa, son una isla dentro, a pesar y aparte de otra Isla, Cuba.

Pero en 1928 llega a Cuba François Gamboa, un personaje que se presume que venía huyendo de Europa, donde había asaltado un banco y era buscado.  También se supo que su nombre no era ese, por lo que resultaba que alguien llamado François no fuera francés sino italiano.  Lo cierto es que con ese alias, para no ser descubierto, llegó meses más tarde a la entonces poco habitada Isla de Pinos.

Allí comenzó a invertir su fortuna de manera que compró varias fincas, terrenos urbanos, instaló una mueblería, una tienda que vendía de todo y hasta una casa de empeños, por lo que pronto fue de los hombres más ricos de la localidad.   Después fomenta la construcción de viviendas, todas en una comunidad que bautizó con su nombre: el reparto llamado François.

Todos los registros históricos aseguran que su fortuna fue millonaria, pero que se caracterizaba por no hacerle honor a ello, pues que, a pesar de su riqueza vestía y se veía como un pordiosero. Sucio, con ropa ajada o raída, comía muy mal y bebía en exceso, por lo que parecía más un necesitado que un hombre rico. Y además de ser un miserable era avaro y codicioso.

Cuentan que ya cercano a los ochenta años de edad se casó con una mujer de más o menos su misma edad y su presencia mejoró, pero no dejó de ser un tacaño ni el irascible y desagradable personaje que había sido siempre.

Otros cuentan que cuando el cambio de la moneda en 1961 por parte del gobierno revolucionario, uno de los más afectados fue François Gamboa, el que perdió cientos de miles de pesos escondidos en su casa y que fueran encontrados en paquetes de diez mil pesos tras su muerte y se especula que debe haber muchos más escondidos o enterrados.

En resumen, un delincuente encubierto que escogió un lugar entonces escondido y apartado para hacer crecer su botín y que no obstante su éxito, debido exclusivamente a que tenía medios para invertir, nunca ayudó a nadie y vivía como un mísero, por lo que no se mereció nada de lo que tuvo. Eso desgraciadamente ocurre con mucha gente, que ha llegado a alcanzar lo que no se merece y se olvida de ayudar al prójimo y sobre todo de no agradecer a los que en algún momento lo ayudaron.

La Isla de la Juventud tiene un ritmo original: el "sucu sucu," que tiene más en cosas en común con el calipso y otros ritmos caribeños que con los procedentes de la gran isla de Cuba, y estoy seguro que algún sucu-sucu echándole con el rayo al desagradable François tiene que haberse escuchado.


Ya los majases no tienen cueva

“Ya los majases no tienen cuevas
Felipe Blanco se las tapó,/
se las tapó, se las tapó,
se las tapó/ que lo vide yo...”

Ya que hablamos de Isla de Pinos, no podemos pasar por alto ese número musical, un sucu-sucu muy famoso hecho rescatado y hecho popular por Eliseo Grenet, ese prolífico autor de Ay! Mamá Inés, La Mora, Papá Montero, Lamento cubano, Negro bembón, Drume negrita, Las perlas de tu boca, Tabaco esclavo y muchas otras joyas musicales cubanas.

“Felipe Blanco” sonaba el día entero en la radio y en las victrolas de los establecimientos comerciales y dio a conocer ese ritmo pinero, pero lo importante es el origen de la historia.

Su familia fue de los fundadores de Nueva Gerona en 1831 donde tenían una finca dedicada a la cría de cerdos.  Los habían convencido de irse a ese lugar con la promesa de darle cinco caballerías para sembrar sin pagar impuestos por diez años y donde podrían cultivar, como en el resto de la zona occidental de Cuba, caña de azúcar y tabaco, cosa que no era real pues las tierras no daban para eso.  Pero trabajaron duro y llegaron a tener mucho ganado bovino y porcino.  Felipe había nacido en 1834 y tuvo un papel importante en el exito de la empresa familiar. Se fue a vivir a Surgidero de Batabanó y regresó a la Isla.

Mientras tanto se había casado y tenía siete hijos y la aparición de niños con ojos azules, igual que Felipe, los que le querían apuntar a él y que de alguna forma comenzó la leyenda del majá y las cuevas,lo que no tenía nada que ver con el tema erótico, sino con uno más serio.

A los revolucionarios cubanos que el gobierno colonial deportaba para Isla de Pinos, llamada por Don José de la Luz y Caballero como "La Siberia de Cuba", se les calificaba como "majases", un reptil no venenoso que no es agresivo y ante una pelea, se esconde en el monte.  Esos deportados no tenían recursos y eran mal vistos los que le hacían favores, por lo que no tenían otro remedio que irse a vivir en las cuevas, que son numerosas en la zona.  Pero la crueldad del gobierno español era tal que ordenaron a todos los propietarios de tierras que las tapiaran para evitar que en ellas vivieran los desterrados.

Felipe Blanco era amigo del gobernador y sabiendo la bestialidad del mando, mandó a obstruir la entrada de las cuevas en sus terrenos para que los “majases” no pudieran refugiarse en ellas.  Otros dicen que era buena persona, pero el hecho real es que fue un enemigo de la independencia de Cuba y el pueblo, siempre sabio, le ajustó cuentas por su forma de actuar con el sucu-sucu más popular.



Sarito, el Robin Hood cubano

En el folklore de todas las naciones siempre aparecen historias sobre bandoleros, asaltantes o cuatreros, y siempre hay uno de ellos que roba a los ricos para repartirlo entre los pobres.
Así surgieron las leyendas de Robin Hood, Jesse James, Pancho Villa, Jesuíno Brilhante el Cangaceiro, Cartouche, Fra Diávolo, El Tempranillo y hasta Pablo Escobar.

Parecido esquema se repite en todas partes y se vuelve una presencia imprescindible la del bandolero “buena gente”, que protege a los desfavorecidos, protege a huérfanos, viudas, ancianos y gente común sin recursos y que ha sido obligado en contra de su voluntad por las circunstancias, a llevar una vida fuera de la ley y ello lo ha aprovechado para despojar a los pudientes y ayudar a las víctimas de la injusticia social.

Y Cuba no podía ser menos que otros, por eso tenemos la historia de cuando el bandolerismo se convirtió en leyenda en nuestro país con Manuel García, El Rey de los Campos de Cuba, una figura incólume que hay que mencionar cuando se hable de folklore cubano. Uno de los primeros versos que nos aprendimos, porque nos lo repetía y contaba su historia nuestras abuelas, fue:

"Y dice Manuel García
que si no le dan centenes,
él descarrila los trenes
y mata la policía."

Se cantó un danzón con su nombre, inspiró una película silente, otra sonora, episodios radiales y hasta muñequitos. Para unos fue un bandolero y para otros un patriota y lo cierto es que fue muerto a traición.

Pero de este personaje-leyenda ya hemos hablado, hoy le toca a otros menos conocidos.

La habanera Condesa de Merlín, dejó en 1844 sus ideas sobre el bandolero noble cuando dijo: “El que mata a otro huye al interior de la Isla, se le persigue y se le pone precio a su cabeza. Abandonado como enemigo de la especie humana, obligado a temer y a defenderse, se hace ladrón para proveer su existencia y asesino para conservarla.”
                             El Rey (Manuel García), obra de Carlos Enríquez.

Entre los bandidos cubanos aventureros y caballerescos está Gustavo Machín y Ulloa, famoso por haberse escapado del Castillo del Príncipe y que tras ser capturado nuevamente , se casó con su concubina Simeona antes de ser ejecutado en garrote vil en 1888.

Uno de los secuaces de Machí, José Moreno y Suárez, tenía nada menos que veintisiete hijos. Al ser capturado y en el momento de ser trasladado para su ejecución en Guanajay, los españoles tuvieron que preparar un tren con doscientos soldados para custodiarlo, porque era un personaje de mucha fama y muy querido. Se dice que desde el patíbulo donde iban a ahorcarlo gritó: “¡Se acabó esto! ¡Adiós, caballeros!”.

En Jovellanos, Matanzas, Cristóbal Fernández Delgado era un bandido muy querido de Jovellanos, del que se asegura que, como María Antonieta de Austria, durante la noche anterior a ser ejecutado el pelo se le puso completamente blanco.

Pero cuentan los entendidos que no hubo ningun caso como el de Sarito, quien se daría a conocer en la década de 1920 y fue asesinado por la Guardia Rural sin haber robado jamás a nadie.

Se llamaba Hermenegildo Seara Plaza y casi un niño entró a prestar servicios en el ejército de la República en Camagüey.   Su forma de pensar era lo más alejado a la disciplina militar hasta
Que se cansó de tanto ordeno y mando y se convirtió en desertor, pero no simplemente dejó el ejército, sino que se llevó su fusil y se fue para el monte.

Estuvo andando por Vertientes, terreno que se conocía bien y visitaba las fincas de los campesinos más pobres, los que lo alimentaban y protegían de la persecución del ejército.

Como era una persona jaranera y jovial, se había ganado la confianza de todos y aunque no hay certeza de hechos delictivos por su parte, durante esos años el país estaba plagado de bandoleros y asaltantes que mataban y robaban impunemente, sobre todo a los hacendados y ganaderos de la zona, éstos le achacaron todo a Sarito y pusieron precio a su cabeza.

La Guardia Rural también quería la recompensa e aumentó la búsqueda y como siempre ocurre, gracias a una traición y una delación le prepararon una emboscada.  Fue abatido a tiros sin poder defenderse y un campesino que lo acompañaba fue asesinado poco tiempo después.

Su muerte fue llorada por los campesinos de la zona y la prensa camagüeyana criticó el hecho, ya que no se podía afirmar que hubiera matado o robado, su único pecado había sido desertar.

Pocos saben que a Sarito le pusieron inadecuadamente el título de bandido, por lo que lejos de considerar al joven un Robin Hood criollo, como sí lo fue Manuel García, el muchacho fue más que un malhechor, una víctima.



El guajiro de Cunagua

"¡Ea!, ya llegó el guajiro, ya llegó el guajiro de Cunagua.

¡Ea! llegó el guajiro, llegó el guajiro de Cunagua.

Yo vine a La Habana, pues quería gozar, y con tanta gana, que aprendí a bailar, óyelo negra.

Salí de Cunagua, y llegué hasta Ciego, resultó que luego ya estaba en La Habana, ya tu lo ves,
Conocí a Barroso, allá en el Pontón, le cantó sabroso con la Sensación, oye guarjiro,

¡Ea!, ya llegó el guajiro, ya llegó el guajiro de Cunagua.

Camará y Oscar, Rafael Segundo, dicen a gozar, y se acaba el mundo, oyelo negra

¡Ea!, ya llegó el guajiro, ya llegó el guajiro de Cunagua.

Traigo la mano caliente Antero, su guarará
Con su guara, con su guara,
con su guara, su guarará...."

No puedo menos que reírme cuando veo repetidamente que al cha cha chá de la inspiración de Juana González y que hiciera famoso el gran Abelardo Barroso con la orquesta Sensación, se le califique como salsa-bembé, cuando todavía faltaban muchos años para que los oportunistas bautizaran como "salsa" a los ritmos cubanos tocados en New York y sobre cuyo origen no se podía discutir por el auto bloqueo que el comunismo le impuso a Cuba.

Entre sus números famosos fueron El Panquelero, La Hija de Juan Simón, En Guantánamo y El Brujo de Guanabacoa, El Guajiro de Cunagua no se quedó atrás y sonaba en las estaciones de radio y en las victrolas una vez tras otra.  Las asociaciones de música e imágenes que nos trajo Barroso difícilmente se repitan, no en balde lo apodaron El Caruso del Son.

Aunque también El Panquelero, En Guantánamo y El Brujo de Guanabacoa están inspirados en personajes reales, es el del Guajiro de Cunagua del que vamos a hablar.

El central Cunagua, situado en el pueblo del mismo nombre en la entonces provincia de  Camagüey y hora Ciego de Ávila, era uno de los más grandes del país por su capacidad de molienda de seiscientas mil arrobas de caña diarias y el tercer mayor propietario de tierras, pues disponía de casi cinco mil caballerías y tenía también su propio aeropuerto.

El central Cunagua fue construido durante la danza de los millones del siglo pasado. Los mayores centrales estaban en la antigua provincia de Camagüey, Colosos, y en la región de Ciego había al menos cinco de ellos: Stewart, Violeta, Pina, Baraguá y Cunagua.
El nombre de Cunagua, de origen indígena proviene de los manantiales existentes en el lugar y el batey del central construido entre 1915 y 1917 fue, junto con el Hershey uno de los más confortables y de mayor valor arquitectónico de los existentes en Cuba.  Después de ser nacionalizado le dieron el nombre de Bolivia y como la mayoría y gracias al triunfante proceso revolucionario, fue desmantelado y demolido.

Pero el lugar se haría famoso por la mencionada canción, que tuvo un origen curioso.

Había un pelotero,  Raúl González, "Cunagua" al que no se por qué lo llamaban así porque era natural de Perico en Matanzas, y sin embargo había famosos peloteros nacidos en Cunagua como fueron Tony “Haitiano” González que jugara con el Cienfuegos en 1958-61, los Cubans Sugar Kings en 1958-59 y en Grandes Ligas de 1960 a 1972 incluida una temporada en las Ligas Mayores del Japón.

Sobre el tema de a quién podía identificarse como el guajiro de Cunagua los comentaristas deportivos debatieron mucho, al igual que sobre el profesionalismo y el amateurismo.  Bobby Salamanca, el mejor de los narradores cubanos, al igual que Rubén Rodríguez, defendían el profesionalismo mientras que Eddy Martin, siempre oportunista, era agresivo contra los profesionales mientras se ponía el mismo una venda en los ojos y una cortina de humo para no ver que el llamado amateurismo de la pelota cubana era una falsedad y solo buscaba la supremacía, con objetivos políticos dentro del béisbol no rentado internacional.

Y este narrador, igual que otro que pasará a la historia junto con él, por ser instrumentos serviles de la política en detrimento del deporte, eran ambos unos destructores del béisbol.  Eddy Martin y Héctor Rodríguez eran de un lugar cercano a Morón y por ende a Cunagua.

Ahora en Cunagua ya no hay un central azucarero, pero está ubicada cerca de una importante zona de desarrollo turístico, Cayo Coco y Guillermo.  Su playa, Cunagua es una muestra de lo que es la diferencia entre el turismo extranjero y el cubano, es el balneario de los pobres porque la de los cayos está vedada para los que no tengan dólares y hasta hace poco para todos los cubanos, parias en su propio país.

Al final no se puede precisar si el Guajiro fue Raúl González o  Tony González, pero lo que es seguro es que el guajiro de Cunagua ahora es más guajiro que nunca antes.


El bodeguero de Richard Egües

“Toma chocolate y paga lo que debes”, es un estribillo de la letra de dicha canción, y muy conocida mundialmente y que ha devenido en parte del refranero popular de la isla,
ya que cualquier persona utiliza esta frase para pedir implícitamente su pago o retribución.
El bodeguero era uno de los personajes populares en Cuba, la mayoría españoles con una fuerte presencia asturiana y gallega, eran conocidos y queridos por todos. Llevaban una vida de trabajo y esfuerzo y sobrevivía con las exiguas ganancias que obtenían por su agotador servicio.  Era común en Cuba que las amas de casa tuvieran una libreta donde el bodeguero les anotaba lo que iban consumiendo y en cuanto tuvieran dinero le liquidaba la deuda.  En eso no había trampas ni trucos de una parte o de la otra, era una relación de mutua confianza pero que a veces, porque el ser humano si se destaca por algo es por ser malo, surgía uno que dejaba de pagar y de una conversación de ese tipo que escuchó Richard Egües, nació la canción.

El Bodeguero es sin duda alguna de las canciones insignia de la Orquesta Aragón, una de las agrupaciones cubanas más importantes de toda la historia artística.

El compositor y flautista de la orquesta, Richard Egües, nunca imaginó el éxito que tendría, pero al escucharla por primera vez su director, Rafael Lay, supo que tendría gran fama.

Eran los tiempos de oro del chachachá, y a su autor hacía tiempo venía elaborándola en su mente, y una madrugada al regresar al hospedaje donde vivía vio que no podía dormir y se dedicó a escribirla hasta que terminó, y cuando lo hizo volvió a repasarla.

Richard Egües le dedicó la canción a un bodeguero amigo suyo natural de la provincia de Santa Clara al que veía a menudo y que le contaba anécdotas como esa.  Todas las bodegas entonces tenían un pequeño espacio que era una barra de madera dura con una cantina, donde la gente del barrio y los que ocasionalmente pasaban, se tomaban un trago o una cerveza mientras el bodeguero le despachaba los víveres que había ido a comprar, o se quedaban un rato tomando mientras compartían o conversaban con algún amigo y el bodeguero entonces les ofrecía un saladito, el que iba mejorando en calidad a medida que se consumía nuevamente.

Como ocurría muchas veces, El bodeguero se estrenó en una de las presentaciones en vivo de la orquesta Aragón en su programa diario de Radio Progreso. Tras su identificación:
"Si tú oyes un son sabrosón,
ponle el cuño, es Aragón.
Si tú escuchas un rico danzón.
ponle el cuño, es Aragón."

comenzaron a tocar El Bodeguero, el que hizo enloquecer a todos desde su primera representación.  La furia por escuchar la canción que se grabó poco después en 1955 comenzó entonces y sesenta y cuatro años después la gente la sigue oyendo con el mismo gusto.

Pero las generaciones actuales no tienen la más mínima idea del origen de la canción ni de lo que era un bodeguero de verdad, como el que inspiró esa melodía.

El indio de la Hatuey no es cubano ni dominicano.

Cuando uno escucha la palabra Hatuey, si es cubano, le vienen dos cosas a la mente: el indio y la cerveza.

El primero se refiere a Hatuey, un cacique taíno proveniente de la isla de Quisqueya, llamada por los españoles La Española y que ocupan actualmente Haití y República Dominicana, el cual al ser expulsado de Guajabá, su lugar de origen, por los conquistadores se fue a la parte oriental de Cuba y contactó con las tribus taínas de esa zona y los preparó para la lucha contra los intrusos y les recomendó deshacerse del oro que poseían porque ese era el dios de los hombres blancos.  Atacó en pequeños grupos a Baracoa y hostigó a los españoles pero la superioridad técnica hizo que fuera detenido y condenado a la hoguera.

Todos conocemos que cuando un cura, el padre Olmedo le preguntó si quería convertirse al cristianismo para ir al cielo, Hatuey le respondió" si los españoles también van al cielo, prefiero ir a cualquier parte donde no estén y por no ver gente tan cruel.  Yara, el lugar donde se asume ocurrió el suplicio de Hatuey y después se realizó el Grito de Yara, el inicio de nuestras guerras de independencia, cuenta con un monumento en su honor, aunque hay quienes dicen que cerca de Baracoa también hay un lugar llamado Yara y los naturales se hacen eco de una leyenda que ha trascendido medio siglo sobre La Luz de Yara, una luz crepuscular que varía de tamaño y que le sale al paso a los que por allí pasan y que no es más que una manifestación del bravo cacique.

Y la segunda es una popular bebida cubana, una cerveza de mucha calidad que pretendía ser, y lo fue, competencia de la Tropical y que propiedad de la Bacardí fue lanzada en 1927 en Santiago de Cuba con la marca Hatuey.  Por supuesto que Hatuey tenía una imagen del emblemático aborigen como símbolo que la identificaba. Sus rasgos fisonómicos son los propios de un indio caribeño, con facciones mongoloides según los dibujos de la época e igualmente son acertados sus atuendos, los documentados durante la conquista.

En sus primeros veinte años Hatuey resultó un producto de mucha aceptación, por lo que se construyeron otras dos fábricas, una en la parte central de la Isla, en Manacas, y otra en los alrededores de la capital, la Cervecería Modelo del Cotorro. A pesar de una fuerte campaña publicitaria y el exponencial crecimiento de sus ventas, se consideraba que su propaganda se habías hecho sobre la base de una imagen muy conservadora y poco atractiva.

Teniendo en cuenta estos criterios la Bacardí consideró conveniente rediseñar la imagen de la cerveza en los años 50 para lo que contrataron a una prestigiosa agencia publicitaria, la OTPLA (Organización Técnica Publicitaria Latino Americana)., la que rediseñó la representación de la marca.

El rediseño conllevaba, según sus criterios cambiar la imagen del indio Hatuey y finalmente escogieron una que no engaña a ningún conocedor de la historia o a una persona con cultura media, la escogida, con una asombrosa inexactitud gráfica de los anales, fue la correspondiente a un indio estadounidense famoso: Pontiac, ensombreciendo completamente su asociación con el nombre que ostentaba..

El indio de plumas alargadas, como las de un águila, que no las hay en Cuba y los rasgos similares a los integrantes de las tribus iroquesas del norte de Estados Unidos eran ahora el emblema del indio Hatuey.  En definitiva a los tomadores de cerveza no les interesaba la etiqueta, pero sin duda fue todo un sacrilegio cultural.

Se dice que el pintor Luis Martínez Pedro, diseñador de la OTPLA fue el que propuso la solución, que buscaba acercar al mercado norteamericano visualmente la imagen del indio.  Aunque extraño para los cubanos y molesto para los trabajadores de la Bacardí, Pontiac era el símbolo indio por excelencia de los Estados Unidos, el guerrero valiente y audaz que lucho a brazo partido para expulsar a los ingleses de sus territorios.  Una figura reconocida por los americanos era un gancho para qu consumieran la cerveza Hatuey.  Es imagen no la daban Toro Sentado, Caballo Loco, Gerónimo o Cochise.

Por eso Pontiac fue desde antes, la imagen de una conocida y popular marca de automóviles perteneciente a la General Motors, la cual estuvo produciéndose hasta 2010.  Pontiac se destacó porque sus productos eran de mayor rendimiento que los Chevrolet y tenían un precio más bajo que sus equivalentes en Buick y Oldsmobile. Y l imagen del Pontiac Firebird con el mitológico pájaro de llamas en su capó es parte de la cultura pop.

Pero al pobre Hatuey lo convirtieron en un indio americano y al final salió tan jodido como aquellos, con la diferencia de que en Cuba no quedan indios y si quedaran no iban a tener los privilegios que hipócritamente les han dado en Estados Unidos después que destruyeron su civilización y los asesinaron masivamente.


Lola, la que mataron a las tres de la tarde

Esta expresión, tan cubana como “voló como Matías Pérez”, “la hora en que mataron a Lola”, está entre los dichos más populares.

No hay cubano que al referirse a las tres de la tarde no recuerde : “eran las tres de la tarde cuando mataron a Lola”, como dice una famosa canción.

Y esta curiosidad también tiene un origen real.  Un crimen pasional y violento sirvió de inspiración al número musical y por ende al dicho, cuando un hombre asesinó a su esposa cuando lo encontró siéndole infiel con otro.

Se cuenta que Lola era una prostituta que vivía en Belascoaín y Nueva del Pilar y que un médico llamado Edmundo Mas, que le dio una puñalada en el pecho por traicinarlo.  El hecho fue recogido con poco ruido por la crónica roja de los periódicos y solo se precisó como dato interesante que la habían matado a las tres de la tarde.

De ahí quedó para la historia las tres de la tarde como la "hora en que mataron a Lola".

Fue famosa la anécdota de cuando Ramón Grau San Martín siendo presidente de Cuba, miró durante un discurso su reloj y sorprendido por la hora dijo:

“¡Coño, son las tres de la tarde, la hora en que mataron a Lola!”, lo que hizo que la frase aún ganara más popularidad.

Como el cubano le saca filo y la veta humorística a todo, más allá del crimen pasional, se ha relacionado la historia de Lola con otras cosas, como por ejemplo:

Si alguien está en una posición inclinada hacia delante, le advierten que en esa posición mataron a Lola.

Cuando estamos en un éxtasis o un disfrute máximo, decimos: “está mejor que Lola”.

Las 3:00 pm en Cuba se definen como “la hora en que mataron a Lola”.
Estar “mejor que Lola”, hace alusión a un estado de máximo disfrute.

Y volviendo a la pelota, Bobby Salamanca identificó la frase con un jonrón, el que narraba diciendo: “¡Adiós, Lolita de mi vida…!”.

La canción “Lola” interpretada por Orestes Macías, recreó la historia, aunque de forma novelada. Y es de que destacar que su autor fue el reconocido músico puertorriqueño que vivió en Cuba y que dio al mundo obras tan hermosas como Perfume de Gardenias, Cachito, Silencio, Amor ciego, Capullito de Alelí, Tu no comprendes, Lo siento por tí, Desvelo de amor, Amor ciego,El Cumbanchero y Lamento Borincano y el que es casi un himno boricua, Preciosa, el gran Rafael Hernández.

No hay evidencias de que Rafael aclarara en algún momento si se refería a un hecho real, que pudo haber ocurrido en Puerto Rico o en Cuba, donde también vivió hasta el momento en que la compuso. Lo real es que la canción dice:

“Eran las tres de la tarde
cuando mataron a Lola…
y dicen los que la vieron
que agonizando decía:
yo quiero ver a ese hombre
que me ha quitado la vida
yo quiero verlo y besarlo
para morirme tranquila”.

Sin duda todo un drama, que es una de las cosas preferidas por la morbosidad humana.

Se dice estar inspirado en la vida real, pues mientras el asesino trataba de escapar, fue detenido y llevado a rastras a donde estaba agonizando Lola, la que lo besó antes de morir, y que seguidamente volvía a escabullirse por lo que ajusticiado por los policías que allí se encontraban.

Cómo ocurrió el suceso objetivamente es muy difícil de afirmar, pero lo que sí es cierto es que la expresión ha trascendido el tiempo y se ha hecho parte de nuestra idiosincrasia.



 María La O

"María la O todo se acabó
María la O
tu amor ya se fue
y jamás volverá
María la O sueña en morir

Y jamás él volverá
María la O
sueña en morir"

¿habrá algún cubano que no haya escuchado y disfrutado esta melodía?

María la O es una conocida zarzuela o sainete lírico en un solo acto, y compuesta por el maestro Ernesto Lecuona creada a partir de una obra de Gustavo Sánchez Galarraga, un escritor y poeta habanero que a pesar de ser de familia acomodada, siempre estuvo cerca de los sectores humildes y los representó en sus trabajos. Como letrista trabajó con destacados compositores musicales como Jorge Anckermann y Ernesto Lecuona con quienes hizo nacer obras cubanas que han quedado para siempre como Rosa la China, El Batey y María la O a la vez que fue autor de muchas obras de teatro exitosas.

Lecuona siempre tuvo en mente el proyecto de María la O como una forma de llevar la trama la novela Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde a una obra musical, pero los herederos de Villaverde no le concedieron los derechos de adaptación, por lo que trabajó de conjunto con Galarraga para no perder esa bella estampa colonial cubana.

María la O, una hermosa mulata habanera con muchos pretendientes entre ellos un Santiago Mariño, José Inocente y Fernando de Alcázar.  Jose Inocente es el único de ellos que es cubano y juró que mataría a quien le hiciera daña a María, la que se enamora de Fernando sin saber que está prometido a la hija de un marqués, por lo que la trama es parecida a la de Cecilia Valdés y José Inocente mata a Fernando.

Lecuona fue llamado el Gershwin cubano porque estar siempre en la preferencia tanto en Cuba como en Estados Unidos. El autor de Siboney, Para Vigo me voy, Canto Siboney, El Amor del Guarachero, El Batey, El Cafetal, El Calesero, El Maizal, La Flor del Sitio, María la O, Rosa la China, Canto Carabalí, La Comparsa y Malagueña, Andalucía y Siempre en mi corazón, nominada a un Oscar como canción y que fuera derrotada por White Christmas en 1942.

Algunas de sus zarzuelas son las únicas producciones de latinoamérica que están integrados a los repertorios en España.

María la O ha sido interpretada por estrellas de renombre mundial como son: Esther Borja, Alina Sánchez, Zoila Galvez, Alba Marina, Ana María Martínez, Larisa Martínez, Libertad Lamarque, Eva del Moral, Maria Leticia Hernandez, Plácido Domingo, José Mojica, Alfredo Sadel, Manolo Alvarez Mera, Maria Eugenia Barrio y una lista que sería interminable

Y hay otra canción de igual nombre, aunque con un “de” intermedio, que fuera inmortalizada por Lola Flores y más tarde por Conchita Piquer e Isabel Pantoja y que dice:
“¡María de la O!
Que desgrasiaíta, gitana tú ere
teniéndolo tó.
Te quiere reí,
y hasta los ojitos los tienes morao
de tanto sufrí.
Mardito parné
que por su curpita dejaste ar gitano
que fue tu queré.
Castigo de Dió
Castigo de Dió
é la crusesita que lleva a cuesta
María de la O:.


Pero en Cuba María la O también tuvo otro significado.

A partir del triunfo de la revolución comienzan las escaseces y se implanta la libreta de racionamiento alimenticio y la de productos industriales, y en esta última había cupones por el que podía adquirirse una cosa u otra, había que elegir.   Entonces comenzó a llamársele María la O: o coges una cosa o coges la otra.

María la O, la libreta de productos industriales era válida por todo un año, personal e
intransferible, y los cupones sueltos no tenían valor. Cada persona pertenecía a un grupo de compra clasificado con una letra y, dentro de esa letra, un número.  Podía ser que el día de compra coincidiera con el abastecimiento de la tienda o no, todo era suerte y verdad.

¡Te toca, pero no vino o vino pero no te toca!, eran casi siempre las opciones más repetidas.

María de la O: todo se acabó.



El ermitaño gallego 

Volvemos a Isla de Pinos, un territorio pequeño pero con muchísimas historias que van desde los trabajos de sus primeros habitantes, el mármol, la cueva de Punta del Este con sus dibujos de arte rupestre, sus colonias de norteamericanos, el  triste y macabro Presidio Modelo y hasta ser considerada como la Isla del Tesoro, en la que se basara para escribir el libro de aventuras  Robert Louis Stevenson, pero ahora vamos a referirnos a la asombrosa vida de Antonio Isla, un gallego que llegara a la isla y que sin quererlo le diera nombre a una cueva de esa región.

No se conoce cómo llegó a Isla de Pinos el personaje, y mucho menos del por qué se convirtió en ermitaño y vivió un cuarto de siglo en una caverna, casi como los hombres primitivos.

Lo de Antonio no fue poca cosa, probablemente no se conozca que alguien haya estado viviendo de forma aislada y en una cueva por tanto tiempo en Cuba.  Se dice que era un leñador y carbonero y que un día decidió aprovechar las numerosas cavernas que hay el extremo sudoriental de la isla, y se asentó en el lugar conocido como cueva de los Indios o cueva del Humo, y que más tarde se llamaría cueva de Isla en honor a Antonio Isla por haber vivido allí y convertirse en una leyenda.

En 1944 los arqueólogos de la Sociedad Espeleológica de Cuba lo hallaron cuando exploraban la cueva número 1 de Punta del Este en busca de pinturas rupestres.  En esos momentos ya tenía setenta y cinco años y estaba fuerte a pesar de que los vecinos lo habían atacado y recibió una puñalada en un pulmón.  Los vecinos decían que el hombre vivía allí porque había encontrado un tesoro, el que tenía escondido en botijas y que se dedicaba al contrabando, lo que despertó la codicia de algunos, de los cuales supo defenderse bien.

Tras su muerte en la cueva, el lugar y sus alrededores fueron cuidadosamente revisados y aunque no se encontró tesoro ni botija alguna, se encontraron documentos de que Antonio Isla era propietario de una cuenta bancaria que lo hacía rico.  Antonio se llevó con él su secreto de por qué se hizo un anacoreta, un solitario y se aisló del mundo.