lunes, 10 de mayo de 2021

Los cubanos tambien tenemos de franceses

 Los cubanos tambien tenemos de franceses


Las mejores cosas de la vida son gratis, las segundas mejores cosas son las más caras.

Coco Chanel

 

Y para completar esta frase, yo diría que muchas de las segundas mejores cosas, esas bien caras, son francesas.


Guillermo Cabrera Infante se dio cuenta al vivir en Londres que muchas cosas que se decían sobre ese país y sus habitantes no eran ciertas.  Los ingleses no eran tan puntuales como se decía, el té no se tomaba a las cinco de la tarde, sino a las cuatro y lo que consideraba más grave: en Londres casi no hay niebla, ese fue un invento de Arthur Conan Doyle para que Sherlock Holmes y siempre estuviera rodeado de un halo de misterio y para hacer más tenebrosos los crímenes de Jack el Destripador.  A su vez había tres cosas que le gustaban mucho de los británicos: juego limpio, cortesía y modestia junto con otra cosa  que ya conocía por libros y películas: su sentido del humor.  Pero la mayoría de las cosas que se daban como ciertas no eran tal y como se dice conocer.

Y otro tanto podemos aplicar a los franceses.  En el mundo tienen fama de arrogantes y orgullosos por sus logros del pasado en el arte y la ciencia y por su estilo de vida en el que se han destacado en las artes en general, la arquitectura, la forma de vestir y lucir y sobre todo en la gastronomía.  Probablemente en algunos de estos campos los franceses son los super, ultra, hiper, mega líderes mundiales.


Aunque la Francia de hoy está lejos de ser una potencia mundial de primer orden y su lengua no es la predominante ni en los negocios ni el entretenimiento y solo tienen fuerza en parte de África, en sus antiguas colonias, la realidad es que Francia ha tenido una influencia de primera importancia a lo largo de la historia en muchos sitios, incluyendo en imperios tan poderosos como el ruso e internacionalmente en lo que de alimentación y exquisitez se trata, aparte de que el francés es considerado el idioma del amor.

Lo cierto es que los franceses son exquisitos en su trato, manejan como nadie los modales y de Francia han salido grandes artistas de todas las disciplinas, grandes científicos y sobre todo grandes pensadores, los mejores perfumes y los mejores vinos, algunos de los mejores quesos y su gastronomía goza de prestigio universal entre las mejores, a la vez que son líderes en la moda y en la perfumería.  El resto solo son estereotipos porque gente buena y gente mala existe en todas partes.  Y si de orgullosos y estirados se trata, todo lo que tiene ascendencia latina y en particular nosotros que venimos de España, la meca del orgullo, no podía ser de otra manera.


En resumen, los mitos que hay sobre las nacionalidades, se cumplen en ciertas personas, en particular en los que viven en capitales o grandes ciudades, pero para nada pueden considerarse extensivos a todos.  Y mucho menos creernos que, como se comenta, son los mejores en el amor o que muchos son amanerados o afeminados solo porque son más elegantes o desempercudidos y preocupados por su apariencia que otros.

El que Luis XIV, el llamado Rey Sol, solo se hubiera bañado un par de veces en toda su vida, no quiere decir que los franceses no se bañen, o que Philippe Pétain haya sido un títere de los nazis, no significa que los franceses no lucharan contra la ocupación, o que se menosprecie la comida francesa porque comen ancas de rana y caracoles, todos son mitos que podemos atribuir a los que no los conocen, como ocurre con muchísimos países.

Lo cierto es que los cubanos también hemos tenido la suerte de que los franceses dejaron su huella en nuestro país, lo que sin duda alguna nos hizo mejores, más civilizados.

Su influencia en Cuba es inmensa a pesar del extenso dominio lógico de la cultura española y la composición de la procedencia de la población, y prueba de ello son, por mencionar unas pocas: el café, la gastronomía, la música, la danza, la arquitectura, la farmacopea y el gusto por el buen vestir y la perfumería, aspectos en que lograron destacar de manera que todo lo que oliera a francés, incluyendo el idioma, en Cuba se consideraba, o se sigue considerando por algunos, de buen gusto, aunque yo recuerdo en mi juventud que se decía que el que le gustaba hablar francés, al igual que el hombre que quería ser pianista, es porque era maricón, con todas sus letras.

Pero es muy importante saber cómo comenzó nuestro acercamiento a los franceses.


Desembarcaron los franceses.

De los que vamos a hablar no fueron los primeros franceses que llegaron a Cuba, sino otros, de muy triste recordación, cuyos nombres aprendimos de niños y nunca hemos olvidado.

El primero de ellos fue el autor del más cruel ataque a La Habana, Jacques de Sores.  El pirata francés llegó con dos carabelas y doscientos piratas el 10 de julio de 1555 y tras bordear la bahía llegaron hasta Guanabacoa,  y tras ello desembarcó en la caleta de San Lázaro, atacó el fortín existente y saqueó todas las casas, la iglesia y destruyó el fuerte y tras incendiar la villa, asesinó a más de treinta prisioneros en un ataque muy sonado y que dio origen a la necesidad de fortificación de la capital de la Isla.  El ofrecimiento de entregar mil pesos contra los treinta mil que pedía provocó su ira y que también provocó que arrasara con las estancias vecinas, colgara a los esclavos que en ellas trabajaban, ultrajara las imágenes de santos y quemara las embarcaciones.  De Sores dejó a La Habana destruida y a sus vecinos aterrorizados y en la miseria, los que maldecían tanto al francés como al cobarde gobernador Pérez de Angulo, el cual fue enviado preso a España y fue el causante de que en lo adelante todos los gobernadores generales fueran militares.

Jacques dejó un recuerdo muy triste, ya que anteriormente a su ataque a La Habana, había devastado a Santiago de Cuba y a Puerto Príncipe, lugares que fueron saqueados, cometidos múltiples asesinatos y secuestradas sus mujeres, las que en su viaje hacia La Habana, fueron dejadas en Cayo Coco.

Pero Jacques de Sores no fue el primer pirata francés que asoló a Cuba, ya en 1537 un corsario francés estuvo  anclado varias horas en el puerto habanero, vigilando a los barcos españoles y al ser perseguido, se fue hasta la bahía de el Mariel y al trabar combate, el francés quemó dos de las naves y se incautó otra.  Y un año después otro pirata francés asedió a la villa de San Cristóbal, la que saqueó y quemó y se llevó hasta las campanas del templo.

Por si fuera poco en 1543 Jean Francois de la Roque desembarcó en la misma entrada de la bahía, donde hoy está la fortaleza de la Punta, pero a este no le fue muy bien porque los vecinos, asustados por los desastres ocurridos anteriormente y a pesar de no existir fortalezas bien plantadas, lograron detener a los piratas y causarle varias bajas.

                                                La Habana siglo XVII


De ahí que para contener los ataques de corsarios y piratas España fortificó sus puertos en Cuba en especial La Habana, donde se erigieron las fortalezas de La Punta, y la del Morro, a ambos lados de la entrada.

Así y todo en 1604 el corsario francés Gilberto Girón desembarcó en la bahía de Manzanillo, desde la cual se dirigió hasta Yara, donde secuestró al obispo de Cuba fray Juan de las Cabezas, establecido en Bayamo, por el que pidió un fuerte rescate.  Un capitán español, que aparentemente iba a entregar el rescate, le tendió una emboscada, donde el corsario fue muerto por un negro esclavo, el cual lo atravesó con una lanza.  

Y hubo muchos otros ataques, como el de Baracoa en 1546 por corsarios franceses los que aprovecharon que no había medio alguno de defensa; ataques a Santiago de Cuba en 1543, 1546 y 1554; Pierre Legrand, francés, asaltó a Sancti Spíritus el día de navidad de 1665.

Y aparte dejamos a uno de los más tristemente recordados por su crueldad: Jacques Jean David Nau (François l'Olonnais) conocido como el Olonés y que atacó a Batabanó, San Juan de los Remedios, y Puerto Príncipe. "El Olonés", que había llegado al Caribe muy joven, se destacó por ser muy cruel. En 1668 en la cayería norte de la parte central de Cuba, captura un barco español, y asesina a todos sus tripulantes. El Olonés asentado en la isla Tortuga, muy cerca de la costa norte de Haití y donde radicaban los llamados Hermanos de la Costa, el mayor refugio de piratas, logró comandar una flota de cincuenta naves. 

Estos franceses fueron sin duda muy destructivos, pero la vida, siempre llena de compensaciones, nos trajo a los buenos un siglo y medio o par de siglos más tarde.  Algo así como lo es un calvo con una espesa barba, un buen ejemplo de compensación..

                     Massacre des Blancs - https://historiasdelahistoria.com


La revolución haitiana

Es poco probable que la revolución haitiana haya tenido un mejor relator que Carpentier, pero yo soy de los que no me impresiona la fama de los escritores, sino busco que la lectura me de satisfacción, es por ello que me voy a detener en este caso.

Alejo Carpentier, probablemente el autor cubano más difundido, aunque no mi preferido, no por sus temas, que son excelentes, sino por lo excesivamente aburrido y enredado de su estilo y su vocabulario complejo en exceso que me resulta demasiado elitista.   Alejo fue un cubano tan afrancesado que hablaba el español con acento francés (nació en Suiza de padre francés y madre rusa y vino a Cuba muy pequeño), pero nos dejó varias obras monumentales entre ellas  “El siglo de las luces” y “El reino de este mundo”, que nos acerca tanto a la revolución francesa como a las islas caribeñas dominadas por esta potencia, en particular Haití, sobre todo “El reino de este mundo” con los orígenes de la independencia haitiana, dándonos  una primera aproximación al realismo mágico tan en boga en nuestros días, tras la explosión orquestada por Gabriel García Márquez.

Carpentier es para mí, con respecto de los especialistas, como esos pintores famosos que nos muestran un lienzo incomprensible y de los cuales los expertos y los ignorantes no se cansan de alabar, a pesar de que no entienden nada de su esencia.

Sin duda alguna Carpentier profundizó en ese suceso que influenciaría de forma positiva en la conformación de la Cuba que conocemos, aunque muchas cosas hayan cambiado por una revolución que él apoyó pero que sin duda también, con el tiempo, le hubiera resultado una farsa.   Fue oportunista pero no creo que haya sido estúpido.

Haití era la colonia francesa más rica de América, y su destrucción por la revolución de 1791, dio a Cuba la oportunidad de ocupar su lugar en la producción de mercancías muy bien cotizadas en el mercado internacional como eran el café y el azúcar.  Algo parecido ocurriría con la revolución cubana de 1959, que le dio la oportunidad a otros países del Caribe a desarrollar su producción tabacalera, cafetalera y ronera, como fue con República Dominicana, la que también sustituyó a más de cien peloteros cubanos que jugaban en las Grandes Ligas de Béisbol, Puerto Rico con la música cubana ahora bautizada como “salsa” a la par que todos  los países del área desarrollaron el turismo para asimilar los que antes venían a Cuba, mientras ésta se quedaba a años luz del incremento turístico mundial..

Inspirados por las ideas libertadoras de la Revolución Francesa de 1789, medio millón de esclavos negros de Haití se amotinan contra la presencia y dominio francés en esa isla, y ello dio comienzo a un éxodo. 

Los primeros que salieron de Haití fueron franceses precavidos que al ver los choques entre diferentes facciones y en particular en la parte más rica del país, Cabo Francés, decidieron unos refugiarse en la parte española de la isla, actual República Dominicana y otros, por su cercanía, aunque separados por el mar, se radicaron en la parte oriental de Cuba.  Tanto en un lugar como en otro, los refugiados fueron bien acogidos; venían familias enteras, algunas con sus esclavos y algunas pertenencias, pero en Cuba las autoridades españolas, temerosas del contagio de la revuelta, no fue hasta 1791 que se permitió ingresar una emigración masiva por Baracoa, la población y el puerto cubano más cercano a Haití.

                      Citadelle Laferrière - https://historiasdelahistoria.com
La ciudadela Laferriére es la mayor fortaleza de toda America y fue construida por Henri Christophe para defender a la recien nacida Haití.

En su mayoría eran dueños de cafetales e ingenios azucareros y aunque muchos se instalaron en los alrededores de Santiago de Cuba algunos se fueron hasta la parte occidental de la Isla, aunque realmente después se encontraron en muchas zonas del país, sobre todo los llamados negros franceses, llevados por sus amos en su fuga.  La oleada de refugiados más masiva se produce a partir de 1792, ya que los gobernantes españoles, por encima de su diferencia con los franceses, pusieron por delante la gravedad del peligro de los rebeldes negros esclavos, ayudada con un proyecto de Francisco de Arango y Parreño, una figura de mucho prestigio que representó a Cuba ante las Cortes españolas, creó la Sociedad Económica de Amigos del País  y que no estaba de acuerdo con la condicion colonial de Cuba, por la que abogaba que tuviera los mismos privilegios que los peninsulares, y que propugnó que se le diera a los franceses derechos de ciudadanía porque ello conllevaria al desarrollo social y económico, tal y como ocurrió.

Nombres que dejarían su rastro en nuestra historia, se acogieron a ese derecho de ciudadanía, como fueron Beaumont, Chappotin, Gleize de Maisoncelles, Jean de Chauviteau, Kenscoff, Benatour, Rousset, Robert, Lafargue, Espinville, Messemé, todos emprendedores que fundaron cafetales, industrias, boticas, ingenios en todas partes de Cuba.  A su vez, aprovechando esta estampida, varios negros y mulatos franceses se fueron a vivir a nuestra isla.

En la práctica los franceses admitidos debían declararse monárquicos pero esto fue cambiando muy rápidamente cuando se vio que no todos los republicanos franceses eran partidarios de la anarquía y además que en el orden económico se vio de inmediato el beneficio que esta emigración traía consigo. Paralelamente España concibió un plan, aprovechando la oportunidad, para eliminar al Haiti negro del mercado mundial del azúcar con la ayuda de los franceses emigrados y si era posible también del comercio del café.  Grandes contingentes de hacendados, administradores, técnicos, mayorales y especialistas vinculados a estas producciones estaban dispuestos para ello y así atenuar o desaparecer completamente la competencia y de paso tomar venganza por lo ocurrido.                                    

Más tarde, al final del siglo XVIII y principios del XIX llegaron a Cuba otros refugiados civiles y militares que se habían asentado en Jamaica o Santo Domingo, entre ellos varios colonos anglófonos también expulsados por Toussaint-Louverture.  Estos se ubicaron en La Habana y Matanzas, así como en Trinidad y Puerto Príncipe en el centro, y con mayor razón en Santiago de Cuba.  Pero no fue el último éxodo, después vino la que se llamó "evacuación de Haití", resultante de las amenazas de Napoleón Bonaparte de destruir la amenaza que representaba para el imperio colonial Francés la revuelta haitiana.  La expedición francesa de 1802 al mando del general Leclerc, que pretendía reponer el restablecer la esclavitud y la colonización haitiana, la cual fracasó, dejó tras de si un caos que obligó a la fuga de miles y entre ellos los que pudieron escapar a las matanzas de franceses decretada por Dessalines y la persecusión inglesa en el mar, llegaron a Cuba formando parte del grupo más masivo, de alrededor de veinte mil personas.

Una triste historia la de los franceses en Haití, parecida a la suerte de los balseros cubanos de nuestros días, ambos huyendo del terror.


Curiosidades de la emigración francesa.

El alzamiento del 2 de Mayo de 1808 de los madrileños contra Napoleón, tuvo una repercusión en Cuba con los refugiados franceses, los que fueron injustamente atacados.  Someruelos, el capitán general, determinó que los naturalizados debían ser respetados y los que no, o que no habían manifestado su apoyo a la causa española, debían  abandonar el país de inmediato.  Por supuesto que en Santiago y Baracoa no hubo hechos graves, pero en La Habana y sus alrededores, hubo un levantamiento que pretendía saquear los bienes de los franceses y asesinarlos.   Por ello muchos colonos se fueron para New Orleans o para otras colonias francesas del Caribe.

Ese hecho trajo consigo que en varias regiones del occidente y centro de la Isla se perdiera la huella de la presencia francesa, pero lo cierto es que en especial en el oriente del país, tras finalizar el conflicto entre Francia y España, regresaran a sus posesiones, no así en otros lugares.

En la segunda mitad del siglo XIX, tras el crecimiento de la zafra, entraron, según estimaciones, medio millón de braceros haitianos para la cosecha.  Muchos se asentaron en Cuba y se asentaron en la zona Oriental, por lo que esa comunidad haitiana conservó su lenguaje y por ello es en esa zona en donde más abunda la raza negra en toda Cuba.

Los que vinieron originalmente con sus amos cubanos, ayudaron a conocer que en Cuba tendrían trabajo y un ambiente más tranquilo y por ello la grlan afluencia de negros haitianos, que allimentaron aún más el surgir de las contradanzas francesas, las Tumbas Francesas y que tanto influirían en el danzón, el son, las Charangas francesas, la rumba y otros ritmos cubanos.

Estos aportes de sangre francesa y haitiana con su estilo de vida, se fueron integrando y fortalecieron la formación de la identidad cubana.


El período francés

Fue tan fuerte el impacto de esa inmigracion que esos años quedaron en la historia cubana con esa denominación.  Y con mucha fuerza se asentaron los colonos franceses, sus familias y muchos de sus esclavos en Santiago de Cuba, Guantánamo y las montañas de la Sierra Maestra, así como en la zona occidental en la Sierra del Rosario.   En esos lugares desarrollaron grandes cafetales y prosperó rápidamente la economía, pero tras la proclamación de Fernando VII y la declaración de la guerra a Napoleón, se produjeron asaltos a las casas de franceses en varias locaciones de la región oriental, teniendo en cuenta que una parte importante de los franceses blancos emigrados habían nacido en Haití y otra buena cantidad venía de la Francia continental y se temía que trajeron consigo sus ideas independentistas y antimonárquicas.

Se dice que en las primeras oleadas hubo hasta 30 mil refugiados, la tercera parte de los franceses en la región oriental, de forma tal que en Santiago de Cuba eran el 22 por ciento de la población, el treinta por ciento en Baracoa y unos pocos cientos en varios lugares de la zona occidental y central de la Isla.

Es por eso que en Santiago de Cuba constituyeron un grupo homogéneo que pudo mantenerse aferrado a sus patrones culturales, lo que no ocurrió con el resto, que vieron en alguna medidas obligados a integrarse a los conciudadanos cubanos.   Pero poco tiempo después había más de 200 cafetales fundados por ellos surgieron en los alrededores de Santiago, 115 en los alrededores de La Habana y veinte en el centro de la Isla.

La gran prosperidad se mostró con el registro, solamente en el territorio santiaguero, de 260 empresas de capital francés, la transformación de la infraestructura de la ciudad y sus alrededores, el despertar cultural y social, de forma tal que todavía siguen vivas las huellas de su presencia.

Los franceses construyeron un café al estilo parisino con gran capacidad, el que fue bautizado como Le Tivolí.  El barrio donde estaba situado pasó a llamarse igual y se constituyó en un símbolo de la ciudad, con sus rejas de hierro al estilo del sur francés en ventanas y balcones, que fueron sustituyendo los barrotes de madera y desde él había una hermosa vista de la bahía y las montañas.  Fue allí donde nació el carnaval santiaguero, y también algunas variantes de la tumba francesa, un baile de los negros esclavos que rememoran a París.

Sin duda alguna, Santiago de Cuba y Cuba recibió el primero y más importante impacto de la cultura francesa, por eso se constituyó en la ciudad más importante después de la capital y ello se debió a que esa emigración propició la introducción de nuevas técnicas en la agricultura y convirtió a la Isla en productora y exportadora de café, 

El primer cafetal la había fundado en Cuba el catalán Jose Gelabert (los catalanes tuvieron un papel predominante en el desarrollo económico de la Isla en las cercanías del poblado de Wajay en 1788, pero no para destinar el grano a ser consumido como la popular bebida, sino para fabricar licores.


Pero al final el café, junto al tabaco, el ron y la caña de azúcar, han sido de los principales elementos en el desarrollo de la economía y la sociedad cubana y en ello está la mano de los franceses.

En el artículo sobre los catalanes en Cuba, me refiero a que fue un francés, con quien hizo amistad Facundo Bacardí en un viaje a Cuba y con el que compartió estancia en la Martinica en espera de que pasara un huracán, el que le enseñó el secreto que convirtió a Bacardí en el Rey de los Rones y el Ron de los Reyes.

Pero en particular el café, se hizo la bebida nacional junto con un compañero inseparable: el tabaco.  Y el café es la principal la huella de la presencia francesa en Cuba.

Aunque en la zona oriental del país no es nada raro encontrar apellidos franceses, sobre todo en Santiago de Cuba y Guantánamo.

Pero estos son temas que merecen una aproximación más detallada.

                      Eugène Delacroix - https://es.wikipedia.org


El impacto de las ideas de la Revolución Francesa.

La revolución francesa tiene un prestigio que casi lo convierte en un mito porque los valores, las ideas y el modelo que representó, de libertad, igualdad y fraternidad, todo un símbolo de la democracia y los derechos humanos, que representan el triunfo de lo sensato sobre el oscurantismo son tan genuinos y siguen tan vigentes que ni siquiera el terror aplicado en nombre de los logros revolucionarios le hizo mella.

Si recordamos el gustado programa televisivo “Escriba y lea” nos retrotraemos a que para identificar un suceso se hacía referencia a qué período histórico correspondía, y así muchos conocieron que la Revolución Francesa representó el inicio de la era contemporánea y marca el momento en que se abrieron nuevos horizontes políticos basados en la soberanía popular, que a pesar de que contrastan con estadíos anteriores profundamente injustos, no han logrado materializar completamente esas ideas.

Pero ella tuvo una influencia muy importante en las revoluciones que imitaron ese modelo, de una parte para proclamar la independencia de muchos países, acabar con el dominio colonial y por otra para abolir la esclavitud.  No solamente se sacudió el régimen feudal, sino que también las instituciones como la iglesia, las monarquías, el derecho, la educación y la familia se vieron afectados por el incipiente capitalismo y la industrialización de la sociedad.

Las ideas libertarias de la Revolución Francesa florecieron sobre todo en el nuevo continente, donde la gente se sintió con derecho a las soberanía y liberarse de monarcas omnipotentes y el primer y principal ejemplo fue la creación de los Estados Unidos, con el apoyo relevante de Francia.  La independencia norteamericana tuvo un impacto continental y Europeo por la ruptura que significaba romper con la metrópoli, así como el surgimiento de una república diferente a las conocidas, que eran aristocráticas y oligárquicas.

Por eso la llegada a Cuba de la emigración francesa, se sumó a la influencia de las ideas independentistas que se fueron extendiendo por el mundo y que fueron desmembrando el imperio colonial español.

  Mascarilla original de Napoleon-Dr-aArrtonmmarchis -https://www.cubahora.cu


Algunos personajes relevantes franceses, representantes de las ciencias y la cultura visitaron o vivieron en Cuba en diferentes épocas, entre ellos al duque Luis Felipe de Orleáns, Rey de Francia en 1830, y quien por espacio de cuatro meses residió en La Habana, en el año 1798. Otro ejemplo fue el de Francisco Antonmarchi Metti, último médico de Napoleón, quien se asentó en Cuba, donde falleció y fue el que trajo la mascarilla mortuoria del emperador que se encuentra expuesta en el Museo Napoleónico, en La Habana.

Muchos cubanos, con sangre francesa, combatieron al colonialismo español, alcanzando los grados más altos en el Ejército Libertador de Cuba, del cual es ejemplo el General de División José Lacret Morlot, pero también están los Generales de División Eligio Ducasse Revee y Vidal Ducasse Revee, el General de Brigada Luis Bonne Bonne, el General de Brigada Eloy Beauvilliers y los Generales de Brigada Demetrio Castillo Duany y José Joaquín Castillo Duany,

Y no pocos cubanos de gran prestigio internacional eran hijos de madres o padres franceses como fue el caso del prestigioso científico cubano Carlos J. Finlay de Barres, descendiente de madre francesa, a quien corresponde el mérito de ser el descubridor, en 1881, del vector que transmite la fiebre amarilla.




Final

Una sola reflexión: ¿por qué al Caballero de París lo bautizaron con ese nombre?  No por ser un vagabundo ni por estar afectado de sus facultades mentales, sino por su elegancia, su cultura y sus modales, a pesar de ser quien era.   No era un caballero cualquiera, era un caballero en todo el sentido de la palabra y además se le designó que era de París, la meca de lo exquisito.

En resumen, los franceses que llegaron de improviso, huyendo del horror y sin contar con nadie, lo cambiaron todo y para bien.  Revolucionaron la producción agrícola, generalizaron el cultivo de café, introdujeron su gastronomía, la danza, el teatro, refinaron las diversiones.  

Llegó a ser tan fuerte esa influencia en las primeras décadas del siglo XIX que una quinta parte de los habitantes de la zona oriental tenía como lengua materna el francés. 

Y dos siglos después, si revisamos la guía telefónica vamos a encontrar los apellidos Pierre, Laffite, Lafita, Lasalle, Laferte, Crombet, Cascaret, Laurent, Ribeaux, Gurrié, Lemaire, Chappotin, Estrampes, Villars, Chanfrau, Fouchard, Etcheverria, Pelletier, Giraud, Elisonde, Darcourt, Deschapelle, Lagarde, Blanchet, Depestre, Sanguily, Verrier, Pascal, Benet, Caseaux, Lanier, Leblanc, Lapoux, Brunet, Laure, Roy, Prevost, Moreau, Savon, d'Arnaud, Lamarque, Casamajor, Lamothe, Caignet, Gilard, Monier, Dumois, Bayard, Stable, Brossard, Longchamps, Rivery, Dufourneau, Joly, Barthelemy, D'Espaigne, Bavastro.  Y solamente he mencionado apellidos que de una forma u otra he conocido personalmente, por tratarse de artistas, deportistas, escritores u otros de los que tengo referencias.

Ahora bien, sin duda alguna los grandes receptores de la influencia francesa fueron La Habana, Santiago de Cuba y Matanzas. 

Los 54 Estados miembros de la Francofonía, unidos a Francia por lazos culturales, políticos y sociales no incluye a la Mayor de las Antillas por razones obvias, pero no es obstáculo para que Cuba se encuentre entre los Estados observadores de esa organización  y participe de las celebraciones mundiales de las manifestaciones de esa comunidad que une los valores y la cultura y representa el idioma de doscientos millones de personas en todos los continentes.

                          La Caperucita Roja, un cuento infantil universal


¿Y Qué niño cubanos no ha cantado: “A mambrocható”?, esa pieza derivada del cántico infantil francés “A mon beau château”, o no conoce La Bella Durmiente, Caperucita Roja,  La Cenicienta, Pulgarcito, El gato con botas, asimilados por una vía u otra, por las narraciones de nuestras abuelas o por las versiones de Disney, y estos cuentos de hadas, princesas y con una moraleja sin par, fueron escritos por el francés Charles Perrault, mientras que  Antoine de Saint-Exupéry nos dejó El Principito, y Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve escribió La Bella y la Bestia.  Y otro tanto se puede decir de Jean La Fontaine, con sus fábulas educativas que nos ayudaron a desarrollar la imaginación, como son La Cigarra y la Hormiga, El mono y el Leopardo, La Zorra y el Cuervo, El Lobo y el Cordero, El Gato y el Ratón, La Liebre y la Tortuga y muchas otras que nos han enseñado tantas lecciones de vida.

Estos son solo unos pocos ejemplos, continuaremos profundizando en la influencia francesa en Cuba, que es mucho mayor de lo que avizoramos a simple vista.

Cuando nos hablan de Francia a los cubanos nos vienen a la mente Julio Verne, Victor Hugo, Voltaire, Charles de Gaulle, Charles Aznavour, Edith Piaf, Louis Pasteur, Louis Braille, Pierre y Marie Curie, los hermanos Louis y Auguste Lumiere, Paul Cézanne, Claude Monet, Pierre Auguste Renoir, Paul Gauguin, Claude Debussy, Ravel y hasta Napoleón Bonaparte (aunque por su procedencia corsa no hablara bien el francés, lo que no fue obstáculo para que llegara a ser emperador).

Y no crean que se me olvidó: a los franceses también hay que darles crédito por haber creado el mejor invento para la caspa: la guillotina.  A pesar del chiste cruel, es el método más humano  para ejecutar a alguien, pues es un procedimiento letal sin agonía.

Por eso debemos pasar revista a lo que nos dejaron los franceses, porque nuestra relación con Francia va muchísimo más allá de la frase "Oui, c'est bien moi Fantômas (ui ce muá fantomás), de la película de igual nombre;  del estribillo de la canción de Joe Dassin, Et si tu n'existais pas (et si tu nexistepas) o de la canción de la Aragón ce la ví moncher (C'est la vie, mon chéri) 

"Si las olas se van, se van y vienen

Si las olas se van ce la ví moncher,

yo tenía juventud y ahora tengo canas,

yo tenía juventud ce la ví moncher,

y ahora tengo canas ce la ví moncher...

...no te rías de mi, que el que anda llega,

no te rías de mí ce la ví moncher,

que el que anda llega ce la ví moncher..."


















La Colección, una obsesión

La Colección, una obsesión


"Las cosas viejas, tristes, desteñidas,

Sin voz y sin color, saben secretos

De las épocas muertas, de las vidas

Que ya nadie conserva en la memoria,

Y a veces a los hombres, cuando inquietos

Las miran y las palpan, con extrañas

Voces de agonizante dicen, paso,

Casi al oído, alguna rara historia

Que tiene oscuridad de telarañas,

Son de laúd, y suavidad de raso".


José Asunción Silva (poeta colombiado del siglo XIX)


Hay un dicho que pregona algo así como que cantes como si nadie te escuchara, baila como si nadie te viera, juega como si no hubiera ganadores, ama como si todos te quisieran y sonríe a pesar de todo.  A ello yo le añadiría: colecciona todo lo que quieras, pero no dejes de coleccionar los buenos momentos que has vivido.  Esa colección es la única verdaderamente tuya, igual que aquel que escribe y nadie lo lee, pero siente satisfacción por haberlo hecho.

Los coleccionistas aprovechan cualquier ocasión para buscar las piezas que le faltan, porque una colección es un reto que nunca acaba, aunque resulte un imposible el completarla, como el que se pudiera dedicar a coleccionar faltas de ortografía, la moda predominante en nuestros días, o poesía siciliana.  Al final lo que colecciona uno, puede tener valor para muchos otros o solamente para el mismo coleccionista, lo que no cambia para nada su sentido.

Y es que absolutamente todos, de una forma u otra hemos sido coleccionistas o conocido a alguien, que sin saberlo o no, lo es.


Pablo Neruda coleccionó barcos en botellas, cuadros de marinas, botellas de cristal, conchas marinas o terrestres de todos colores, máscaras y estatuillas, mascarones de proa, claraboyas y otros objetos de viejos navíos, pero sobre todo fue el mayor coleccionista de vivencias que haya existido, las que plasmaba en su poesía. Neruda sabía que era mejor coleccionar instantes y no cosas.

La primera vez que tuve un acercamiento a lo que era un coleccionista fue cuando al comenzar a trabajar, muy joven, con solo trece años, me enseñaron a limpiar, organizar y catalogar bibliotecas, primero privadas y más tarde otras inmensas de empresas o bufetes de abogados, hasta llegar a una muy importante como era la de la Atlántica del Golfo Sugar Company, una de las mayores productoras de azúcar, propietaria de tierras y colonias de caña en Cuba.  Pero la primera de ellas no se me olvida por su relación con el tema que vamos a tratar.


Fue en casa de alguien sin duda alguna de muy buen caudal, el que tenía una mansión en la calle 31 esquina a 30 en Miramar.  Ya anteriormente había trabajado en tres o cuatro bibliotecas parecidas y tras ser presentado al propietario, este me hizo varias observaciones, entre ellas la de que él era un coleccionista de sellos, los que guardaba bajo llave en un armario imponente, y que esos solamente los tocaba él y con guantes y pinzas, mientras que su otra colección, nada despreciable, se trataba de libros impresos de forma exclusiva, en hojas sueltas, dedicados por el autor para esa persona.   A los que tenían este hábito exclusivo, o más bien curiosidad, se les llamaba bibliófilos.  Por supuesto que no a cualquiera el autor le dedicaba de su puño y letra una obra custodiada por una tapa de piel con letras doradas y una cinta para evitar el despelote de su contenido o una protección parecida, todas muy elegantes y vistosas.

Ya la historia de lo que me pasó con uno de estos libros la he hecho anteriormente, por supuesto que el libro se me cayó y el nerviosismo para recoger las hojas y que no vieran el desastre, fue uno de los momentos de mayor suspenso de mi vida que todavía no se me olvida.  Pero ese fue mi primer encuentro con un coleccionista, y sin saberlo yo tenía algo de eso, por mi comportamiento con los muñequitos y los álbumes de postales.  Aunque sin duda yo estaba muy lejos de las obsesiones de bibliófilos y otros coleccionistas y como le ocurría a todos, el coleccionismo tenía que estar dentro de mis posibilidades económicas.

Después conocí colecciones de monedas y billetes antiguos, que al igual que los sellos de correo, pueden llegar a tener valores insospechados por su valor simbólico, histórico, cultural y artístico.


Y está también el material con que estaban hechas. Una moneda fabricada antes de 1965 contenía 95% de plata en su fusión, por lo que con el tiempo el precio de los materiales era más costoso que el valor que representaban.  Recordemos los llamados "realitos Roosevelt" o las "pesetas americanas" de veinticinco centavos de nuestra juventud y niñez.  Y ni hablar del Peso de Plata Cubano por el centenario del nacimiento de Jose Martí, emitidos en 1953 junto con monedas de cincuenta y veinticinco centavos.

Mucho se hablaba en Cuba, sobre todo los campesinos, de los doblones de oro y la morocota,  la denominada "Doble Águila", una moneda de oro emitida en los Estados Unidos entre 1849 y 1933, con una denominación de veinte dólares y cuya aleación era de un 90% de oro con un 10% de cobre, correspondientes a 22 quilates, toda una fortuna hoy.

Y de los billetes también eran objeto de coleccionismo, siendo muy demandados los correspondientes al Banco Español de La Habana y al Banco Español de la Isla de Cuba, antes de existir la moneda nacional y el curso corriente del dólar estadounidense, sin dejar de ser muy valiosos cualquier moneda europea, en particular las de España.

Al casarme en 1969 conocí a Martín, ex dueño de una botellería y embotelladora que la revolución le había expropiado y que había dedicado su fortuna a comprar una buena casa en Fontanar, un Mercedes Benz y a cambiar todos los años su carro americano, el último de los cuales fue un Chevrolet Corvair de 1959, que siempre estaba roto.  Pero Martín tenía una cosa muy valiosa para mí: aunque no sabía inglés, contaba con la colección, al menos desde los años veinte hasta que dejó de entrar a Cuba, de las revistas de la National Geographic Magazine, así como una bastante extensa de Life en Español.   Pero también tenía otras cosas que no me interesaban para nada y que mientras me decía que podía quedarme con las National Geographic, porque eran porquería, y que lo verdaderamente valioso era todo el contenido de un gran closet, con álbumes y más álbumes de sellos de correo.  Martín era filatélico, no se si reconocido, pero la plata que invirtió en ello fue mucha y todo respondía a un afán desconocido porque realmente lo que se llama cultura, era tan escasa para él como abundante el dinero que tenía.

Tras su muerte su hijo se dedicó a despilfarrar todo y vendió a la Sociedad o Asociación Filatélica todo aquel arsenal valioso por una bagatela, porque al final él no sabía de otra cosa que no fuera gastar indiscriminadamente lo que no había sudado.  La colección de una vida se fue en un par de visitas al cabaré, y cuando esto acabó se dedicó a hacer huecos en el jardín y el patio, bastante grandes, a ver si había algún tesoro enterrado.



Y como el coleccionismo es una especie de adicción, hay quien colecciona cualquier cosa: latas y botellas de Coca Cola, jabones, peluches, carritos, llaveros, figuras de Santa Claus, cámaras fotográficas, cámaras de cine, tazas de café, cajas de cigarrillos, teléfonos, figuras de porcelana, muñecas, relojes, cajitas musicales, almanaques, cajas de tabacos habanos, y prácticamente todo lo imaginable o no.  El mayor problema de los coleccionistas es hallar espacio para la colección, porque a medida que pasa el tiempo el volumen se va incrementando, por muy pequeña que sean las piezas.  Y la otra dificultad es que los que rodean al coleccionista y no comparten su pasión no pueden entender el por qué de esa manía y los problemas que trae consigo, comenzando por el gasto y la incomprendida inutilidad.


Y probablemente no pueda considerarse coleccionismo, pero está presente la moda de poner en las puertas del refrigerador, mini posters con imán que muestran los lugares a donde se ha viajado, muchas veces como una muestra de sus exitosos periplos para despertar la envidia ajena.

Dejo aparte a los multimillonarios que se obsesionan por coleccionar obras de arte de determinado pintor o figuras de civilizaciones tales como el antiguo egipto, los aztecas o los mayas o similares, sin importarle que hayan sido robadas de museos o mal habidas, su vicio puede más que la moral y la ética.

Y relacionado con el caso, a pesar de no ser una colección, mi suegro conservaba todas las libretas de abastecimiento desde la primera en marzo de 1962 hasta su muerte en 2004, toda una curiosidad, a la que no le dimos valor en ese momento, pero que en realidad era historia viva del viaje en picada de un sistema fallido.

Y no tiene nada que ver con el coleccionismo ni con la superstición, pero por si acaso yo ando con un par de billetes de dos dólares en la billetera, que dicen que trae buena suerte, y aunque no creo en la suerte, aún y así no me desprendo de ellos.


Las postalitas

Creo que el afán de coleccionar cosas le viene a uno con los genes, pero sin duda alguna algo en algún momento de tu vida te impulsa a comenzar a acumular cosas que a otros le pueden parecer desde interesantes hasta ridículas o sin sentido.  En realidad creo que ello responde a un interés de tener lo que otros no tienen o de lograr lo que otros no han podido, porque realmente tener una colección de objetos al final no sirve absolutamente para nada aparte de la satisfacción personal de haberlo logrado, porque lo más probable, como lo que he contado sobre mi vecino Martín, es que nadie valore lo que coleccionaste con tanto esfuerzo.

Y si hablo de los genes, solamente pudiera referirme a mi abuelo, al que conocí muy poco porque murió cuando yo era muy pequeño, pero del cual recuerdo que tenía en el patio y otras zonas de la casa, inmensas cantidades de latas de todo tipo, y de lo cual tengo en mi mente dos cosas impactantes: su velorio en la sala de la casa, lo cual me aterrorizó y que setenta años después me muestra destellos de aquel momento, y la recogida de los cientos o miles de latas, que hubo que aplastar y así y todo fueron varios sacos con sus desechos.


Pero el tema que quiero abordar se refiere a que una de las cosas que influyeron en muchos niños o jóvenes de mi generación y en particular en mi en adquirir este hábito, fue el de las postalitas.

Ya he abordado el tema de las postalitas, con los álbumes que todos queríamos tener completos y que por obra y gracia del mercado, siempre había algunas que no aparecían por ninguna parte y nos obligaba a desesperarnos de forma tal que éramos capaces de dar cualquier cosa por obtenerla y completar nuestra colección.  Eso nos llevaba a comprar y volver a comprar rompequijadas, caramelos o lo que fuera a ver si teníamos suerte, lo que se convertía en algo parecido al vicio del juego y donde la recompensa era alcanzar la famosa postalita que pocos tenían.  Se valía todo, el intercambio, el ofrecer dos o más por una postal o hasta sacrificar algún juguete con tal de obtenerla.

Con los comics o muñequitos que es como los conocemos en Cuba, ocurría otro tanto, pero en menor medida porque se trataba de una colección viva, es decir que continuaban saliendo números nuevos y aquello nunca terminaba, pero el objetivo de los álbumes era llenarlos completos.


Así fue que coleccioné álbumes de postalitas, muñequitos, libros y discos de vinilo y más tarde casettes, videos en formato VHS y DVD con música, películas y series.  Al final tras irme de Cuba, todo tuve que regalarlo y en algunos casos, sobre todo los discos de vinilo porque nadie tenía tocadiscos, venderlos por una bagatela, y si hubiera estado en otro país, mis colecciones de muñequitos, debidamente encuadernadas, probablemente hubieran valido una fortuna, y probablemente ahora con el renacer de los tocadiscos, también muchos LP serían tan demandados como un denario del imperio romano.

Pero a lo que voy a referirme es no a ese inútil hábito de coleccionar, sino nuevamente a las postalitas, y a un elemento que muchos no valoramos debidamente en su momento.

Lo mismo que me gusta la lectura, la aviación y la música (en particular la guitarra) y en ese orden, también he sido un amante perpetuo de la geografía.  Todavía me extasío con los mapas, los datos geográficos, sean físicos o digitales y esa preferencia me llevó en mi niñez a ganar concursos tanto de ortografía como de geografía en los eventos interescolares que organizaba la Sociedad Económica de Amigos del País, un ente de tanta importancia en la historia cubana y de la cual los cubanos de hoy no tienen la más remota idea de que existió.

El caso es que desde los mapas de la Esso o la Texaco, que regalaban en los garajes donde se vendían la gasolina, pasando por las revistas de la National Geographic Magazine, disfruté muchísimo esa disciplina, que tuvo su génesis, al menos para mí, en algo tan sencillo como un album de postalitas.


Y me refiero a varios álbumes, uno de ellos titulado “Maravillas del Mundo”.


El origen de mi afición a coleccionar

Por supuesto algunos de esos álbumes en particular, como corresponde al momento en que fue editado, explica que la naturaleza es una creación de Dios, (Al principio creó Dios el cielo y la Tierra...Génesis), pero como ya desde muy pequeño yo hallaba sin sentido todo lo que oliera a religión, y un poco más tarde en los años cincuenta, en mi adolescencia, mi fe en el cristianismo se había perdido para siempre, pero en aquel momento poco importaba el origen de todo lo que existe en la naturaleza, sino que me asombraba por la variedad casi infinita de elementos que la componían y su constante transformación.

Y el más difundido o al menos el que tuve a mi alcance fue el álbum Las Maravillas del Mundo, publicado por la Sociedad Nestlé y editado en Barcelona en los años cincuenta.

De él aprendí, aunque viendo el nivel de la educación que tuvieron mis hijos, que en Cuba antes de la revolución, tener sexto grado, aunque fuera de una escuela pública, significaba contar con un nivel muy bueno de lectura, escritura, ortografía, matemática, conocimientos de la naturaleza, geografía, historia de Cuba y moral y cívica, pero sin duda alguna aparte del que fuera adicto a la lectura, las postalitas nos enseñaban las maravillas naturales más destacadas o al menos las más conocidas, las extraordinarias obras creadas por el hombre, tanto de construcciones como obras de arte y muchísimas otras cosas que serían objeto de nuestro interés y conocimiento más profundo en los estudios de bachillerato.



Fue así que tuve mi primer acercamiento al conocimiento de esa cultura enigmática y atrayente que es el Antiguo Egipto, con las pirámides, la esfinge y muchas otras obras monumentales y el majestuoso río Nilo; un acercamiento al México prehispánico con Teotihuacán, las ruinas Mayas de Chichén Itzá, la imagen que me persiguió toda la vida hasta que pude conocerla personalmente de la Isla de Janitzio en el lago de Pátzcuaro y los volcanes, en particular el majestuoso Popocatepetl y el Paricutín, que surgió ante la vista de todos; de Estados Unidos me asombraron las Cataratas del Niágara, el Gran Cañón del Colorado, las Sequoias gigantescas de California, el Parque Nacional Yellowstone con sus maravillas entre ellas el géiser Old Faithful, las formaciones rocosas de Utah y Colorado, Arizona con el Monument Valley; el Mar Muerto, el río Tigris, el Volcán Vesubio en Italia, los fiordos de Noruega, el Pan de Azúcar en la bahía de Guanabara en Río de Janeiro, la Cascada del Ángel en Venezuela, las cordilleras del Himalaya, Los Alpes y Los Andes, el Desierto del Sahara, el Volcán Fujiyama en Japón, el Amazonas que es el río más caudaloso del mundo y el de mayor extensión de su cuenca, el lago Titicaca, las cataratas Victoria en África y las de Iguazú en América del Sur y algo muy impresionante, aparecía el Salto del Hanabanilla, tal y como era entonces, mucho antes de que una represa acabara con esa imagen tan icónica de nuestro país.  Y no se me puede olvidar una imagen, la de Sanibel Island, cerca de Fort Myers en la Florida, famosa por la cantidad de caracoles y conchas que allí hay y que por suerte he podido visitar más de una vez.


Por si fuera poco, este album tambien nos dio una introducción a las obras de arte creadas por el hombre, donde destacan la estatua de Moises creada por Miguel Angel, el Apolo de Belvedere, hallado en las ruinas de Anzio; el Discóbolo; el Pensador del escultor Rodin; el Perseo de Benvenuto Cellini; la Venus de Milo; la Avenida de los Guerreros cercana a Pekín y otras.

Probablemente en ese momento no valoré debidamente que algo que tuvo un objetivo eminentemente comercial, que era el incentivar la compra, casi siempre de golosinas, caramelos o chocolates para completar todos los imágenes o cromos del álbum, también nos estaba ayudando a cultivarnos y a apreciar tanto las maravillas de la naturaleza, como las creadas por el hombre, en resumen, las maravillas del mundo.


Cracker Barrel

La primera vez que entré a un establecimiento de Cracker Barrel, me impactó el gusto por coleccionar cosas viejas que nos llevaban muy atrás en el tiempo, aún a épocas en que no había nacido.   Al disfrutar su menú me hice la idea también de que cuando se hacían uso de las herramientas, utensilios y se compraban las cosas que aparecían promocionadas en las paredes con carteles de esos tiempos, también debía comerse como se come allí, aunque ahora los alimentos no sean para nada tan naturales como entonces.

Esta cadena de tiendas-restaurantes ambientada en estilo sureño de los Estados Unidos ha ido creciendo desde su fundación en 1969 y ya cuenta con 663 establecimientos en 45 estados.

Realmente no es una colección lo que muestra como decoración o ambientación, pero sin duda han tenido que ir buscando a viejos coleccionistas o sus descendientes para lograr contar con tan valioso arsenal de tesoros antiguos y no tan antiguos, que recrean las tiendas rurales tradicionales, que incluyen la bomba de gasolina, la que ha sido sustituida por un restaurante de comida campestre.

Mis visitas al "Barril de Galletas", como se traduciría literalmente al español, no ha sido tan frecuente como quisiera, pero normalmente se encuentran situadas en lugares apartados, pero lo que sí puedo afirmar es que cada vez que los visito encuentro nuevos elementos que aguzan mi memoria y siempre me voy con el corazón contento por la deliciosa comida.

Como conclusión, y un buen ejemplo de ello es Cracker Barrel, sin duda alguna, no todo en el coleccionismo es inútil, pero como vimos en el poema que da inicio a este artículo, las colecciones se convierten a la larga en cosas viejas, tristes, desteñidas, sin voz y sin color, que saben secretos de épocas muertas y de las vidas que ya nadie conserva en la memoria.  Pero todo eso no importa, aunque la colección solamente tuviera valor para el coleccionismo en ese momento, en la posteridad siempre se va a encontrar algo valioso.




viernes, 7 de mayo de 2021

El Titán y el Titanic


 
El Titán y el Titanic

Los medios de prensa no pueden dejar de pasar la fecha del 15 de abril sin recordar la gravedad del hecho que ocurriera en 1912.  Es por eso que este tema, vuelve a las andadas, y siempre, cuando investigamos, aparecen cosas nuevas o a las que no le habíamos dado importancia.

El Titanic se hundió hace 109 años pero la tragedia siempre da para más, creo que cada vez que es mencionada, siempre surgen comentarios entre familiares y amigos, es de esos hechos que nunca se olvidan.  Y es curioso que existen varios libros e historias que atrapan a los lectores a lo largo de todo el siglo pasado y es válido repasar algunos de ellos, unos más acertados que otros y hasta algunos premonitorios.


Los libros malditos

El editor británico William Thomas Stead, uno de los pioneros del periodismo investigativo y que se convirtió en una figura controversial en la era Victoriana por ser un defensor del pacifismo, había sido invitado por el presidente norteamericano William Taft a una conferencia acerca de la paz, y fatalmente encontró la muerte en el Titanic.   Como buen inglés, se menciona que en lugar de tratar de salvarse, ni siquiera se alarmó por el naufragio y pasó sus últimas dos horas leyendo un libro en el salón de fumadores de primera clase.  Stead había publicado dos historias con terrorífica premonición:  How the Mail Steamer went Down in Mid Atlantic (1886) and From the Old World to the New (1892), las cuales anticipan el hundimiento del Titanic.

The White Ghost of Disaster o El Fantasma Blanco del Desastre, publicada en enero de 1912 antes del viaje inaugural y único del Titanic, nombra al Fantasma Blanco como un gigantesco iceberg que golpea a un trasatlántico y lo hunde, otra premonición.

En el mismo 1912, también antes del naufragio, el periódico alemán Berliner Tageblatt publicó un libro en forma serial desde el 9 de enero hasta el 24 de abril con una obra de ficción escrita por Gerhard Hauptmann, quien ganaría el Premio Nobel de Literatura de ese mismo año, y también la historia se publicó en Marzo por S. Fischer Verlag con el título de Atlantis, sobre un ficticio buque llamado Roland que tuvo similar destino que el Titanic.  


El Titán

Futility (vanidad o inutilidad), una obra de Morgan Robertson publicada en 1898, renombrada como El Naufragio del Titán, es digna de comentar porque a pesar de haber sido escrita más de catorce años antes del Titanic, es casi una copia fiel del suceso.  Su argumento narra que el mayor trasatlántico jamás construido, dotado de los mayores lujos y que coincide casi exactamente con las medidas y capacidad del Titanic, tomó el nombre de Titán.  Con insuficientes botes salvavidas para todos sus pasajeros y tripulantes y considerado insumergible, choca en el Atlántico Norte con un iceberg y mueren la mayor parte de los que estaban a bordo.  Una visión totalmente comparable con el estilo de Julio Verne, aunque se dice que el autor tuvo acceso a los planos del mayor buque del mundo que entonces se proyectaba construir

Existió una publicación que se actualizaba anualmente, llamada The Wonder Book of Ships, y en la edición de 1910 se señalaba al Asturias como la mayor nave en servicio, pero se hablaba de la construcción del Titanic, que rompería todos los récords, como lo hizo, pues probablemente haya sido el único que en su primer viaje zozobró.

Hoy en día los gigantescos cruceros son unos colosos al lado de lo que fuera el Titán, pero un siglo atrás el monstruo de sesenta mil toneladas de desplazamiento, con motores de cincuenta mil caballos de fuerza, una velocidad de veinticinco nudos, once pisos de altura con una extensión equivalente a varias manzanas urbanas y hasta con un campo de golf y vacas lecheras, era toda una sensación.   Pero ni los famosos dieciséis compartimientos que se decía que lo harían insumergible, evitó que se hundiera por la vanidad de sus propietarios que no fueron capaces de lo más elemental: dotarlo con botes salvavidas para todos sus ocupantes.  La misma vanidad que un par de años después sería la causante de la Gran Guerra.

Como quiera que sea, estos fueron libros de cierta forma malditos, porque en cierta forma adivinaron el desastre.


El Titanic en el Cine

El Royal Mail Steamship Titanic perteneciente a la White Star Line fue el segundo de una serie de tres

trasatlánticos diseñados para ganar la batalla a la competencia y lo que logró fue poner fin a la Belle Epoque, un drama tan impactante que un siglo después sigue vivo y dio pie a numerosos filmes.

Después del naufragio se escribirían varios libros y se harían varias películas, un total de dieciocho y casi una centena de documentales y películas para televisión, pero de todas ellas debemos destacar solamente dos: 


Están también "Titanic" (1953) "A Night to Remember" (1958) Una noche para recordar y la super oscarizada Titanic (1997) de James Cameron, unas obras cinematográficas en la que hay que detenerse.

Pero no puedo dejar de mencionar Atlantis, la novela alemana que fue llevada a la pantalla en un filme silente el mismo 1912 por Nordisk Film, estrenada poco tiempo después del fatídico hecho.


Hubo una versión anterior, para nada despreciable, "Titanic" de 1953, con Clifton Webb, Barbara Stanwyck y Robert Wagner, dirigidos por Jean Negulesco, ese director que nos dejó obras como Three Coins in the fountain (1954) Tres monedas en la Fuente, A Certain Smile (1958) Una Cierta Sonrisa, The Best of Everything (1959) Las audaces, How to Marry a Millionaire (1953) Como agarrar a un millonario con Marilyn Monroe y Lauren Bacall y otro buen filme: Boy on a Dolphin (1957) El niño y el delfín, con Alan Ladd, Clifton Webb, Sophia Loren, un tremendo récord de buenas obras.

Existe una curiosa pelicula, Raise the Titanic (1980) Suban al Titanic, donde para elaborar un sistema antimisiles, un grupo de científicos necesita un metal muy raro, cuyas únicas reservas se encuentran, al parecer, a bordo del Titanic, por lo que tratan de obtenerlo a pesar de la profundidad en que se encuentra. 

Y hay otro antecedente, aún mejor: la inglesa "A Night to Remember" (1958) Una noche para recordar , dirigida por Roy Baker y considerada una de las mejores aproximaciones a la realidad histórica.  La actuación de Kenneth More tiene anécdotas simpáticas como cuando se filmaba a los sobrevivientes luchando en el agua para subir a los botes salvavidas, lo que se filmó en una gigantesca piscina en Londres en noviembre con un frío tremendo. Kenneth saltó al agua porque los extras no se decidían, pero dijo que nunca en la vida había sentido tanto frío, por lo que le gritó a los extras: ¡no salten, está muy fría! pero ya los extras lo habían seguido, por lo que el realismo fue tremendo.


El Titanic de Cameron

El Dr. Robert Ballard, un destacado oficial retirado de la Marina y profesor de oceanografía en la Universidad de Rhode Island, es muy conocido por su trabajo de arqueología submarina, fue el descubridor del pecio del Titanic y también de naufragios famosos como el acorazado Bismarck, el portaaviones USS Yorktown y la lancha torpedera comandada por John F. Kennedy, la PT-109.

Los restos del Titanic fueron descubiertos en 1985, 73 años después a 12500 pies de profundidad (3810 metros) frente a las costas de Newfoundland.  Cameron siempre estaba obsesionado con el naufragio y se dice que pasó más tiempo observando sus restos que los que pasó cualquier pasajero de su viaje original.

El filme Titanic ha sido uno de los más costosos de la historia, para no ser absoluto.  Su costo total fue de doscientos millones de dólares y su versión final es de un poco más de tres horas, exactamente 195 minutos, lo que hace que se gastara casi un millón de dólares por minuto de tiempo en pantalla.

El trabajo de reconstrucción fiel de la época con precisión histórica fue notable y llega hasta detalles insospechados y a los que el director se dedicó a inspeccionar, como el que se sirviera caviar de Beluga en las escenas de cenas fastuosas, con un impresionante costo de alrededor de cuatro mil dólares por libra, lo que en parte explica el abultado presupuesto.



Mejor película, Mejor Director, Mejor Cinematografía, Mejor Decoración, Mejor Vestuario, Mejor Sonido, Mejor Edición, Mejores Efectos Sonoros, Mejores Efectos Visuales, Mejor Canción Original, Mejor Música, Mejor Actriz Principal, Mejor Actriz de Reparto y Mejor Maquillaje, Once Premios Oscar en total, más los galardones de los Golden Globe, BAFTA, y otros de diversas partes del mundo no fueron casualidad.  Un merecido homenaje a las víctimas de la tragedia.



La parte mística del Titanic: el bautismo y la luna


Como el hombre tiene que hallarle a todo un origen místico, por supuesto hay quien dice que lo ocurrido no es más que el resultado de una maldición porque la naviera White Star Line no bautizaba cristianamente sus buques y además porque fue construido en Belfast, Irlanda del Norte, con fuerza de trabajo predominantemente de religión protestante.


Y otros aluden a la ciencia o la pseudociencia, alegando que la luna llena había provocado la colisión.  Ellos  afirmaron que la luna llena del 4 de enero de 1912 había creado mareas inusualmente fuertes que enviaron una flotilla de témpanos de hielo hacia el sur, de forma tal que interceptaron al Titanic en su viaje desde Southampton hasta New York.  Afirman que esa no fue una luna llena corriente, sino el mayor acercamiento de la Luna a la Tierra desde el año 796 y que este hecho no volverá a ocurrir hasta el 2257.


Días sin saberse lo ocurrido

Las noticias del choque del Titanic con un Iceberg comenzó a diseminarse el 15 de Abril, tres días después del naufragio.  A pesar de que se mandaban muchos telegramas contentivos del suceso, no había muchos detalles, pero eso no fue óbice para que algunas publicaciones buscaran el sensacionalismo con su cobertura.  Un periodico publico en primera plana en grandes letras: "Todos salvados en el Titanic después de la colisión", mientras que el London Daily Mail encabeza su edición con "No hay pérdidas de vidas".

Mientras tanto el New York Times fue más cauteloso, pero sin embargo publicó, haciendo referencia a un despacho de una agencia de prensa, que "Todos los pasajeros del Titanic fueron salvados y están siendo llevados hacia Halifax"

Los primeros periódicos que cubrieron la noticia reportaron que no había muertos y demoraron varios días en revelar la verdad.

Eran otros tiempos donde los medios de comunicación eran bastante primitivos, pero aun asi, la cobertura fue excesivamente falsa y triunfalista, muy poco objetiva ante un hecho tan grave.


Algunos detalles impresionantes.

Cuando el Titanic se hundió, dos horas y cuarenta minutos tras chocar con el iceberg, la temperatura del mar era de 28 grados Fahrenheit (menos 2.2 grados Centígrados ) muy  por debajo de la temperatura de congelación del agua.  Sumado a esto estaba la insuficiencia de botes salvavidas y se decía que estaba equipada paras llevar 64 botes salvavidas y solo llevaba 20 y que el primero de ellos fue puesto en servicio una hora después del choque con el iceberg.   El error humano provocó muchas de las muertes. No sólo fue el número de botes salvavidas inadecuados, sino también, los botes salvavidas estaban llenos sólo parcialmente. Más de 1.100 personas podrían haberse salvado si los botes salvavidas se hubieran llenado a plena capacidad.

Los músicos tocaron durante dos horas y cinco minutos hasta que el barco se hundió.  Trece parejas viajaban en luna de miel en el Titanic, 

Se dice que un pasajero que había vivido con un trauma por haberse incendiado y hundido el barco en que viajaba en 1871, enfrentó sus miedos y abordó el Titanic en 1912, donde se hundió con el barco.


Al final más de 1500 pasajeros murieron en el naufragio y solamente 306 cuerpos fueron encontrados.

De los 1316 pasajeros, sobrevivieron 498, para un 38 por ciento, pero de los viajeros de primera clase, esto se elevó a 202 con el 62 por ciento mientras que en tercera clase, solamente el 25 por ciento se salvaron.

Pero hay otros datos los tripulantes de los botes salvavidas, sobrevivieron el 68 por ciento, los oficiales el 57 por ciento, pero los de la tripulación de ingeniería, o de avituallamiento, es decir, electricistas, bomberos, fogoneros, mayordomos, cocineros, camareros y otros solamente sobrevivió el 20 por ciento y de los músicos ninguno.

Y un tema vergonzoso y macabro: la recogida de cadaveres del Titanic, se hizo seleccionando a los pasajeros segun sus pertenencias y clase social, es decir, se trato de recuperar solamente los cuerpos de los ricos, mientras que los pasajeros de segunda y tercera clase fueron abandonados a su suerte bajo las aguas congeladas.  De 328 cuerpos recuperados de las 1497 víctimas, 119 fueron arrojados al mar nuevamente por la imposibilidad de reconocerlos.  Ni siquiera ante la tragedia, la White Star Line tuvo dignidad.


Personajes que murieron en el Titanic o se salvaron

Isidor Straus era un pasajero de primera clase y el fundador millonario de la cadena de grandes almacenes Macy. Straus se mantuvo en el Titanic y fue visto por última vez sentado con su esposa en hamacas esperando el final tranquilamente.

El pasajero más rico a bordo fue John Jacob Astor IV con una fortuna equivalente a 2 billones de dólares actuales y que fue visto por última vez fumando un cigarro con el escritor y periodista Jacques Futrelle.

Jacob se considera un héroe por asegurarse que su esposa embarazada se subiera a un bote salvavidas, tras lo cual cedió su puesto a otra mujer. 

                               Los Astor y la heroica actitud del esposo.

Benjamin Guggenheim, un rico industrial y heredero de la fortuna de la minería Guggenheim, vestido de etiqueta, se sentó con su ayudante a tomar brandy y fumar puros mientras esperaba la muerte.

La familia Goodwin, Frederick y Augusta con sus seis hijos abordaron el Titanic en Southampton con el fin de emigrar a América,  Su hermana esperaba en Nueva York a Frederick y su familia con un trabajo y una casa completamente amueblada, pero el destino tenia previsto otra cosa, todos murieron en el naufragio.

Pero no todos fueron tan valientes, algunos dejaron una estela de cobardía.

J. Bruce Ismay era Director General de la White Star Line. y había sido quien dibujó los planos para el Titanic en una servilleta durante una cena en 1907.  Ante el naufragio se comportó como un cobarde, subiéndose a un bote salvavidas mientras en el barco todavía había cientos de mujeres y niños. 


Dorothy Gibson, cantante, modelo y estrella del cine mudo de 22 años de edad, sobrevivió al hundimiento del Titanic y pasó a protagonizar una película muda llamada Saved from the Titanic (también conocida como Sobreviví el Titanic). Gibson fue la primera película sobre el desastre. La película fue estrenada el 14 de mayo de 1912, justo un mes después de su rescate

Rhoda Abbott era la única mujer de pasajeros del Titanic que realmente se hundió con el barco y sobrevivió. Abbott, pasajera de tercera clase, estaba en la popa cuando el barco se hundió. Fue barrida de la nave y, cuando salió a la superficie, fue capaz de llegar al bote salvavidas, pero sus dos hijos pequeños se hundieron en el mar.


Y no se puede dejar de mencionar a Molly Brown. Molly fue bautizada como "la insumergible" y era una activista social y filántropa norteamericana que se salvó en el bote No. 6 y asumio la dirección del mismo por el comportamiento cobarde del contramaestre Robert Hichens, con las mujeres que la apoyaron contras el rudo marino y tomaron los remos salvando a otros que estaban en el mar.  Ello le trajo un reconocimiento nacional que fue más allá de su natal Missouri o de Colorado donde vivía.

Millvina Dean tenía nueve meses de nacida cuando abordó al Titanic con su familia de emigrantes hacia Wichita, Kansas, convirtiéndose en la sobreviviente más joven.  Con su madre y un hermano sobrevivientes también, regresó a Southampton tras su rescate y murió en 2009.

              Frederick Fleet, el vigía al que le quisieron achacar la tragedia.

El trauma y los suicidas

Y hubo otros que sobrevivieron al naufragio y después se suicidaron por los recuerdos traumáticos del naufragio, aunque no creo que todos sean de este tipo, pero la prensa así lo reportó, para que el tema no perdiera vigencia.

Annie Robinson, una azafata del Titanic, se tiró por la borda de un buque, seis meses después, tras escuchar una sirena anunciando niebla en el puerto de Boston.

Al Dr. Washington de Dodge, quien se pegó un tiro en la cabeza el 30 de junio de 1919 tambien se le atribuye su suicidio por los recuerdos del naufragio, pero lo cierto es que habia pasado mucho tiempo y estaba bajo una investigacion por corrupcion, que seria probablemente la causa de su decision.

El Dr. Henry Frauenthal se lanzó desde un séptimo piso de un hospital en 1927, quince años después, y se habla de que cuando se subió al bote salvavidas en el Titanic, siendo una persona voluminosa, le rompió las costillas a una mujer que allí estaba, lo que lo afectó mucho.   

El finlandés Niskanen iba en el Titanic hacia Boston y a pesar de ser un pasajero de tercera clase, sobrevivió.  Se fue a California a buscar oro y tras años de no encontrarlo, se suicidó quemando su cabaña en 1927.

Phyllis Jane tenía tres años de edad cuando naufragó y se salvó con su madre, regresando a Detroit.  Su madre se dedicó a viajar por todo Estados Unidos contando sus experiencias y las de sus hijos a bordo del Titanic.  Phyllis se casó y tuvo cuatro hijos y vivía desde entonces en la misma casa, pero en 1954, 42 años después, se suicidó de un tiro en la cabeza.

Frederick Fleet se hizo marino desde los 16 años y nueve años más tarde fue el que alertó sobre el iceberg con el que chocó el Titanic. Tras el naufragio siguió en la marina hasta su retiro 24 años después, tras lo cual se dedicó a varios trabajos menores.  Muerta su esposa y desalojado por su hermano, con quien vivía, se ahorcó en 1964 en el patio de la casa.

Como ven estos casos se promocionan como relacionados con el Titanic, pero salvo el primero el resto no los veo así.


Se salvaron en tablita

Hubo uno que se salvó por los pelos, Milton Hershey, el famoso chocolatero, quien había comprado un pasaje para el Titanic, pero no abordó el buque como había planeado.  Había pasado el invierno en Francia y pensó volver a casa en ese viaje, pero asuntos urgentes del negocio lo hicieron que tomara otro buque, el alemán Amerika, que zarpaba antes.  En los archivos de la compañía aparece el cheque de 300 dólares de Hershey a nombre de la White Star Line, como depósito para su reservación.

Y otro caso curioso fue el del noruego Elias Johannesen Engesa Éter, que había comprado un pasaje para New York, pero tuvo que cancelar el viaje por un ataque de apendicitis.  La White Star Line no registró que había perdido el viaje y asumió que estaba entre las víctimas, porque no estaba entre los sobrevivientes recogidos por el Carpathia.  Los familiares quedaron asombrados de la noticia de que se había ahogado, mientras que se estaba recuperando de su operación.

Es por hechos como este que más tarde se emitieron dos documentos importantes: La Enciclopedia Titánica, que es la única fuente definitiva de los pasajeros que abordaron el Titanic en su primer y último viaje y el libro Who Sailed the Titanic? The definitive Passenger List, un libro de Debbie Beavis de 2002 que refiere aun con mayor precisión este hecho.  Por si fuera poco está el Titanic relief fund, que garantizó a las familias del desastre estipendios de por vida.

Solamente uno de los botes salvavidas que lograron escapar el naufragio regresó a buscar posibles sobrevivientes. En la oscuridad, encontraron a un joven chino aferrado a una puerta de madera, temblando de frío pero aún con vida.  Ese hombre era Fang Lang, uno de seis sobrevivientes chinos del Titanic, y su rescate iría a inspirar una famosa escena (la de los enamorados Rose y Jack) en la taquillera película de Hollywood de 1997, Titanic.


Los chinos del Titanic

Fang Lang, junto a otros cinco ciudadanos chinos, Lee Bing, Chang Chip, Ah Lam, Chung Foo y Ling Hee no eran polizones ni se disfrazaron de mujeres, simplemente tuvieron suerte de no morir en el naufragio, pero su llegada a Estados Unidos no fue para nada agradable, fueron expulsados del país tras la inspección migratoria en Ellis Island, basados en una controvertida ley, el Acta de Exclusión China, que prohibía la inmigracion de chinos, aunque ellos realmente iban hacia el Caribe a trabajar.

El cuento de que los chinos eran polizontes o travestis fue un invento para denigrarlos, en realidad los chinos ayudaron a sobrevivir a otros. En particular Fang Lang se asió a una puerta que flotaba, luego remó en el bote que lo rescató y ayudó a poner a salvo a todos los que estaban a bordo.  Rechazados por Estados Unidos, los seis hombres fueron enviados a Cuba y poco después se fueron a Reino Unido, donde había una escasez de marineros, pues gran parte del personal naval británico estaba siendo reclutado en el ejército durante la Primera Guerra Mundial.

Chang Chip padeció constantes problemas de salud después de la fatídica noche, y finalmente murió de pulmonía en 1914.  Ah Lam fue deportado a Hong Kong, mientras que Ling Hee abordó un barco de vapor con destino Calcuta, India.  Lee Bing emigró a Canadá, mientras que Fang Lang, después de navegar entre Reino Unido y Hong Kong durante años, se volvió ciudadano del país que antes lo había rechazado, Estados Unidos.

Más de un siglo después, la hostilidad que enfrentaron los seis sobrevivientes chinos tiene insólitos paralelos con el racismo antiasiático de hoy en día que es alimentado por la pandemia y un presidente racista y excluyente, porque si no conoces la historia, se repetirá.

                                           Servando Ovies y Julián Padró.


Los cubanos no podían faltar en el naufragio más famoso de la historia

Dos españoles naturalizados cubanos, uno asturiano y otro catalán se embarcaron en el Titanic.  Julián Padrón, natural de Barcelona y cuyo destino era Cuba, tomó el buque en Cherburgo, Francia, con boleto de segunda clase, la primera parada después que partiera de Inglaterra.  Tuvo la suerte de ser uno de los primeros en subir a los botes salvavidas, rescatado por el Carpathia.  Su prometida, Florentina Durán y Moré, también superviviente, con la que se casó y se fueron a vivir a Cuba, se convirtió en un exitoso empresario del transporte terrestre y recibió la ciudadanía cubana.

El otro fue el asturiano Servando José Florentino Ovies y Rodríguez, que estaba de vacaciones en Francia e igualmente abordó en Cherburgo. Servando viajó en primera clase.  Tenía mujer e hijo en La Habana, pero el estar en primera clase le dio varios días de opulencia y rodearse de la aristocracia, pero fue encontrado muerto en el mar.

Un siglo despues del Titanic, los barcos siguen siendo susceptibles de sufrir naufragios y hundirse, pero la tragedia marítima mas sonada de la historia representó un momento de cambio en la construcción de buques, el perfeccionamiento de las tecnologias de navegación y sobre todo en las medidas de seguridad maritima, lo que sumado al perfeccionamiento del pronóstico del tiempo,  ha hecho que los accidentes maritimos cada vez sean menos y el transporte maritimo mas seguro.