jueves, 10 de junio de 2021

¿Cómo era la vida en los Gulags de la Unión Soviética?



 ¿Cómo era la vida en los Gulags de la Unión Soviética?


Leo una reseña recordatoria del estreno el 16 de mayo de 1971 de la producción cinematográfica noruega-británica-norteamericana "Un día en la vida de Ivan Denisovich", de Alexander Solzhenitsyn y no puedo menos que recordar todo lo que representó el Gulag.  


Pero pocos días después veo que el 30 de mayo se cumplieron años de la muerte de otro gigante de la literatura, Boris Pasternak, quien no solo nos dejó una obra imperecedera como Doctor Zhivago, sino que también abordó el tema del Gulag.


Cuando conocí que a Alexandr Solzchenitzyn le habían concedido el premio Nobel de Literatura de 1970, me di a la busca de como leer una de sus obras y tuve la suerte de tener en mis manos precisamente esa obra, "Un dia en la vida de Ivan Denisovich", uno de los desgarradores testimonios de los doce años que el autor estuvo desterrado en Siberia víctima de una de las purgas de Stalin.


La narración de un día típico de un prisionero en un Gulag siberiano, es un relato terrible, mucho más si pensamos que muchos de los prisioneros están allí cumpliendo una condena por su forma de pensar o por no haber muerto durante la Segunda Guerra Mundial.


El frío, el hambre, las memorias de su vida anterior, la añoranza por los suyos y los abusos e injusticias sistemáticos, eran una especie de condena típica de la Inquisición, y solo un ejemplo lo describe, comer lo mismo todos los días durantes años y años, llevaban a lo que dice uno de sus personajes: 


—¡No vale la pena alterarse! —movió la cabeza, abatido—. Todo termina por olvidarse.


Esto lo afirmó un soldado hecho prisionero por los nazis después que una explosión durante un combate le rompió el tímpano en 1941. En ese tiempo fue hecho prisionero, escapó, volvieron a echarle el guante y le encerraron en el campo de concentración de Buchenwald, de donde escapó a la muerte de milagro. Tras la guerra fue tildado de traidor y ahora cumple su condena resignadamente con una máxima: si sales de tus casillas, estás perdido. 


Archipiélago Gulag otra de sus obras del mismo tema me llevaron a conocer mejor algo de lo que se hablaba como uno de los más crueles métodos de castigo, inmerecido en muchos casos, sobre todo por los llamados crímenes de opinión, simplemente por no comulgar con las ideas comunistas, lo que era motivo suficiente para desterrar al prisionero a Siberia, en las peores condiciones de vida en los llamados Gulag.


Ya antes había ocurrido algo parecido con Boris Pasternak, también Premio Nobel de Literatura pero en 1958, galardón al que se le prohibió asistir y del cual no se publicó en la URSS su épica obra Doctor Zhivago, donde también aparecen los abusos en los campos del Gulag, nos muestran que al régimen no le convenía que se revelara lo que allí ocurría.





¿Cuál es el verdadero Gulag?


A todos nos parecía que el Gulag era un sistema particular de reclusión, como lo fueron los llamados Campos de Trabajo o Campos de Concentración nazis, u otros similares que han existido a lo largo de la historia, como los campos de refugiados políticos en Francia tras la Guerra Civil Española o los trescientos campos de Franco por el que pasaron casi un millón de enemigos del fascismo, ya fueran republicanos o simplemente el maestro del pueblo.


Pero el Gulag no era ese tipo de presidio, sino el equivalente a las instituciones penitenciarias occidentales y la condena y el lugar para cumplirla dependía de lo que habías hecho y el por qué estabas allí.


El Gulag era todo el sistema penitenciario soviético, pero que funcionaba con principios distintos, ya que la reclusión en la mayor parte de los países está diseñada para castigar y evitar la fuga del condenado, mientras que según los sovieticos ellos persiguen principalmente la “reeducación por el trabajo”, un remedo del “Arbeit macht Frei”, el lema nazi a la entrada de Auschwithz y otros campos de exterminio, que lo que realmente persigue es la exterminación de los enemigos y los rebeldes.


Se consideraba que el rigor del trabajo era suficiente castigo para los reclusos en el Gulag y no hacía falta hacer énfasis en otros elementos. Era imposible pensar que gente sometida a trabajos brutales, con poca alimentación y ubicados en lugares muy distantes, se atrevieran a fugarse en un país tan militarizado como la URSS.



Por tanto los Gulags eran todas las instalaciones carcelarias soviéticas, no había otro tipo de reclusorios en la URSS, pero la dureza del Gulag dependia de los delitos cometidos y en todas sus variantes formaban parte de las condenas los trabajos forzados y el sistema punitivo.


Por eso cuando se menciona a "los gulags" se habla informalmente de todas las instalaciones que dependian de esta administraciòn. Los gulags eran las cárceles, no había otras cárceles al estilo occidental en la URSS.


Los delitos menores se cumplian en Gulags con un relajamiento de los mecanismos de seguridad pero donde era obligatorio trabajar no menos de 12 horas diarias a destajo, viviendo en barracas tipo cuartel en los suburbios de las ciudades, de donde eran trasladados para cumplir los trabajos que se requiriera, como eran desbrozar terrenos, cavar zanjas, limpiar baños públicos o alcantarillados, en fin trabajos muy relegados que nadie quería hacer.  Los presos tenían un día libre a la semana, donde gozaban de cierta libertad y nadie escapaba porque sabían que ello implicaba ir a otro Gulag de mayor rigor.


Había otro tipo de Gulag de mayor severidad, cuyos condenados integraban grupos de trabajo que eran trasladados en camión o en tren a cualquier parte de la Unión Soviética, viviendo temporalmente en barracones o cuarteles desocupados sin muchas o ninguna condición para vivir.   La seguridad no era extrema porque por término medio no dormían más de un dia en un mismo lugar, el riesgo de ser enviados muy lejos y con climas extremos hacía que algunos pensaran en la fuga, pero el Gulag en esta modalidad era la institución como tal y no un lugar físico, pues era itinerante y el que escapara no tenía otra oportunidad, era asesinado donde fuera encontrado, por lo que el miedo y no la seguridad era el gran gendarme.


Y así sucesivamente, mientras más grave fuera el delito, la dureza de las condiciones y el trabajo en los Gulags era mayor, por lo que de los diez niveles de disciplina, a partir del cuarto o el quinto nivel ya el rigor era insoportable.


Aleksander Solzhenitsin, fue al peor de todos los niveles, aquel en el que los condenados no se esperaba que sobrevivieran, porque en la URSS era considerado un nazi confeso y se decia que sus obras no debían considerarse una fuente histórica porque estaban llenas de  imprecisiones y eran resultado del odio hacia el sistema socialista y que los Gulags eran mucho más humanos que muchos presidios capitalistas.


Por supuesto que muy poca gente va a creer esos argumentos.  No se si Solzhenitsin fue un nazi o un tipo con mala suerte, porque todos los soldados soviéticos que cayeron presos fueron considerados colaboradores de los nazis;  recuerdo una película muy esclarecedora de ese tema, “Cielo Despejado” de Grigoriy Chukhray, cuando la muerte de Stalin despeja el destino de millones de personas acusadas y encarceladas injustamente, pero la realidad es que casi todos en el mundo tienen al Gulag como un presidio inhumano y cruel, representativo de la peor época del estalinismo.



El Gulag, un brazo de la KGB


El Gulag, siglas en ruso de la Dirección General de Campos y Colonias de Trabajo Correccional, era una dependencia del NKVD (la temible KGB) encargada de administrar el sistema penal de campos de trabajos forzados en la extinta unión Soviética.


El sistema Gulag se nutrió de la herencia de la represión zarista y fue evolucionando hacia un totalitarismo extremo junto con el poder soviético y el estalinismo.  El destierro zarista de sus enemigos más allá de los montes Urales, sobre todo en la infinita tundra era el peor castigo.  Primero, según las concepciones de Lenin, los presos comunes, de todo tipo, o sea asesinos, ladrones, estafadores, etc., eran víctimas del capitalismo, por lo que los que fueron considerados "enemigos de clase", los opositores a los bolcheviques y al comunismo, recibían una condena mayor que los delincuentes comunes y eran los principales candidatos al destierro.


El Gulag se hizo famoso por ser el lugar donde iban a parar los presos políticos como disidentes, ex funcionarios importantes, personalidades religiosas y otros opuestos al sistema soviético.  Como en muchos estados totalitarios, como son los comunistas, no existen diferencias entre presos políticos y los presos de conciencia, por lo que estos últimos debían soportar una presión adicional tanto por parte de los presos comunes, criminales de todo tipo y a la vez de los carceleros, encargados de hacerles a estos enemigos del estado la vida imposible.


​El sistema penal del Gulag llegó a contar con 427 campos de trabajos forzados, por lo que el término de Archipiélago Gulag, acuñado por Aleksandr Solzhenitsyn, fue tan gráfico que comparó estos campos dispersos por gran parte de la geografía soviética con una agrupación de islas con similares particularidades, un archipiélago.


Las estadísticas de los Gulag son impactantes, se dice que a fines de los años 40, y comienzos de los 50, hubo un promedio de cerca de dos millones y medio de prisioneros por año, destacando que a la muerte de Stalin en 1953 había exactamente dos millones y medio de infelices en esos campos en Siberia y cuatro millones en todo el país y entre 1930 y 1956 se calcula que murieron en los Gulag más de tres millones de prisioneros.  

      Liberado del Gulag permiso residencia https://upload.wikimedia.org


Entre 1929, momento en que los campos alcanzaron una escala masiva  y la muerte de Stalin, dieciocho millones de personas pasaron por el Gulag, a lo que hay que añadir que alrededor de siete millones fueron deportados a pueblos lejanos e inhóspitos, haciendo un total de cerca de veinticinco millones los sometidos a trabajos forzados.


Oficialmente, el GULAG fue liquidado por el MVD, Ministerio del Interior, el 25 de enero de 1960.



Un dato interesante ofrecido por historiadores rusos:  no hubo un solo centro de gran población que no contara con uno o varios campos locales, ni una sola industria importante que no empleara prisioneros de esos campos.  Y estamos hablando de Gulag, no del Holomodor, la hambruna de los años treinta en Ucrania, donde Stalin mató de hambre a muchos más ucranianos que Hitler asesinó a judíos.


Pero al respecto hay una repercusión mediática diferente.  Mientras que las cámaras filmaron los campos nazis en la Segunda Guerra Mundial, en la Unión Soviética se prohibía el acceso a esos campos de muerte.  Esa es una parte olvidada de la historia mundial, como lo son también las masacres en Armenia por parte de Turquía, en Nanking por los Japoneses, en China, los muertos por la Revolución Cultural de Mao, las locuras de los Khmer Rojos en Camboya y las guerras de las naciones en las que Yugoslavia se dividió.


El día que como se dice en Cuba "le demos taller" a estos hechos, nos daremos cuenta de que el ser humano es lo peor que pisa la Tierra.


Miguel Strogoff


Uno de los libros que más me impactó en mi juventud de los tantos de Julio Verne que me gustaron, fue Miguel Strogoff, el Correo del Zar.  Tan es así que uno de los libros que escribí, y que trata de un espía cubano internacional, fue titulado El Correo del Zar de La Habana.


Pero cuando Verne escribió Miguel Strogoff, se vio influenciado por las fantásticas narraciones que había sobre Siberia y el zarismo, un territorio misterioso y casi virgen.


No eran muchos occidentales los que habían viajado más allá de los montes Urales, debido principalmente a los intensisimos territorios con su clima frío y clima poco amigable no contaban con estructuras adecuadas para realizar largos viajes.  No había a mediados del siglo XIX ni ferrocarriles que cruzaran esas llanuras y por ese territorio salvaje solo podía viajar a caballo.


Siberia era un territorio ruso donde había que desarrollarlo todo y aprovechar sus amplias posibilidades mineras e hidráulicas y donde sería necesario crear infraestructuras de comunicaciones y ciudades.


Es a partir de los años treinta que el gobierno de Stalin se interesa en explotar sobre todo los grandes recursos del extremo oriental de Siberia, casi el fin del mundo, para lo que había que atravesar grandes y caudalosos ríos, extensas tundras y gigantescos lagos.  Un país que había acometido una revolución comunista, donde todo había que hacerlo nuevo y además desgastado por la guerra civil y los conflictos regionales, necesitaba echarle mano al elemento que los zares emplearon para conquistar ese territorio, la inmensa población penal, conformada en buena medida por sus enemigos de clase.


De ahí que diseñaron una intrincada red de centros penitenciarios y otros itinerantes donde criminales comunes y presos políticos, en el número de millones, acometieron estos trabajos y muchos dejaron la vida en este penoso sistema carcelario, tanto por las abrumadoras jornadas laborales al nivel de la esclavitud, como por las terribles condiciones climáticas.   Pocos lugares del planeta han sido tan agresivos y truculentos como Siberia, por lo que todo lo que allí se logró se hizo sobre la base de cientos de miles de vidas humanas.


Pero el Gulag no solo fue útil al comunismo para lograr esos objetivos económicos, en el orden psicológico fue uno de los elementos que ayudó a imponer el terror como política del sistema y que aseguraron el totalitarismo en la URSS.


Resulta que los zares, incluyendo a Iván el Terrible, eran niños de teta al lado del padrecito Stalin, uno de los mayores asesinos de la historia.


                      Holomodor Ukrania https://antisovetsky.blogspot.com

Gulags ha habido en muchas partes, incluyendo a Cuba


No voy a hablar de los horrores nazis y el holocausto del pueblo judío, eso es ampliamentoe conocido, aunque todavia siguen existiendo idiotas, de los que hay una epidemia mundial, que niegan que haya existido, pero hay muchos otros casos parecidos, inclusive en Cuba.


El cruel sistema del Gulag que Stalin implantó en Siberia, se mantiene en pleno siglo XXI en China, donde existe desde que Mao tomó el poder hace más de setenta años.  

Los Laogai son parte importante del sistema penal chino, y tienen dos funciones: "reeducar" a los prisioneros, que deben reconocer sus crímenes y  comportarse como un buenos revolucionarios y además sirven para proporcionar al Estado una fuerza de trabajo a un costo despreciable.


Campos de concentración para soldados y personal civil huyendo de la Guerra Civil Española y del terror franquista, en lo que incluyo a mi tío Rogelio Rodriguez Valdes Carranza, que es una lastima que cuando hacía los cuentos de ese horror que había vivido, a los niños nos mandaban a jugar a otra parte.


Seguramente fueron más civilizados pero no dejaron de ser campos de concentración los que impusieron en Estados Unidos a los naturales de Japón e Italia durante la Segunda Guerra Mundial, aunque no tuvieran nada que ver con la guerra ni con  la política de sus gobiernos, de los cuales la mayoría huyeron tanto por razones políticas como de la miseria. 


Y vamos a hablar de lo más cercano, lo que sobre este tema ha ocurrido en Cuba.



La reconcentración de Weyler


Lo primero que me viene a la mente fue uno de los genocidios más crueles de nuestra historia, que por tratarse de un país pequeño como Cuba no ha tenido mucha difusión, y fue la política de reconcentración del gobernador General de la Isla, el asesino Valeriano Weyler.   Tras el recomienzo de las guerras de independencia de nuestro pueblo en 1895, Weyler implantó la medida de reconcentrar a toda la población campesina, lo que duró hasta 1898, con el fin de que los insurrectos se vieran privados del apoyo logístico que la mayoría de la población rural le daba.


La concentración forzosa de los campesinos en pueblos, ciudades y fortines controladas por el gobierno colonial, fue una medida ineficaz que no ayudó en nada a derrotar a los mambises y en cambio, a pesar de ser sustituido Weyler y aliviada o eliminada parcialmente, pocos días antes de comenzar las hostilidades entre España y Estados Unidos, dejó tras de sí a más de 400 mil desplazados, de los que fallecieron alrededor de 170 mil, que representaba entonces la décima parte de la población cubana, lo que supuso hambre, malnutrición, enfermedades y miseria casi absoluta, lo que históricamente se considera un genocidio de Weyler contra los campesinos por favorecer estos mayoritariamente, incluyendo a los peninsulares, la independencia de la Isla.


Durante la Guerra de los Diez Años, Weyler, que peleó en la Isla bajo el mando del Capitán General Conde de Valmaseda, también se ordenó la reconcentración de campesinos en zonas controladas por los españoles pero no en forma total, lo que le sirvió al carnicero Weyler para ordenar, con los poderes absolutos de que disfrutaban los Capitanes Generales en Cuba, el desplazamiento de la cuarta parte de la población cubana.


A su vez esta cruel medida provocó la destrucción de la riqueza agrícola de Cuba y que la zafra azucarera fuera de casi la quinta parte de la lograda anteriormente, y mientras las fuerzas insurrectas amenazaban a los dueños de centrales, las tropas españolas quemaban bohíos, sembradíos y frutales, afectando a los más pobres y desvalidos.


Esta tragedia supuso que la reconcentración de Weyler constituye una de las mayores debacles demográficas conocidas hasta entonces.  Pero de eso no se habla mucho.


La guataqueria con los americanos.


Una cosa es ser aliados y otra sumisos.

Si los Estados Unidos, durante la Segunda Guerra Mundial, recluyeron en campos de concentración a los naturales de los países del Eje, y fueron declarados enemigos y ubicados en campos de internamiento según  el gobierno de ese país, lo que representó que 120 mil japoneses-americanos fueran trasladados a la fuerza a esos campos durante toda la duración del conflicto, en Cuba se extendió la histeria y los oportunistas y enemigos de los inmigrantes, regaron falsas historias sobre el hecho de que muchos eran espías y Fulgencio Batista, no podía menos que imitar y complacer a los vecinos del norte.


De esa manera llegaron los peores años de la colonia japonesa en Cuba, la emigración fue paralizada  y 341 japoneses y 114 alemanes, más trece italianos, fueron encarcelados en el Presidio Modelo de Isla de Pinos y en otras cárceles de La Habana, donde varios fallecieron debido a la falta de una alimentación adecuada y de atención médica, además de que estuvieron allí hasta un año después de terminada la guerra.


Muchas de sus familias se vieron privadas de la mano de obra de los hombres y perdieron sus cosechas o sus tierras, viéndose en condiciones críticas muy injustas como condenados por un crimen que no habían cometido.


Esta página de la historia cubana compite con la del barco Saint Louis, repleto de emigrados judíos que escapaban del nazismo y a los que se le prohibió el asilo en Cuba, como uno de los hechos mas vergonzosos por abusivo y arbitrario.


Llegó la Revolución


Las revoluciones son eso, revoluciones, que implican alterar, agitar, conmocionar, transformar, cambiar todo, sin importar el precio.


A esa hora, con nuestra característica intrínseca de absolutismo, donde todo es excesivamente malo o extraordinariamente bueno, donde como dijo el Generalísimo Máximo Gómez, o no llegamos o nos pasamos, la revolución definió que nada de lo que se había hecho en el país durante más de cincuenta años de independencia, era válido.  Había que acabar con todo y para eso estaba el ejemplo de los nuevos amos: los soviéticos, los que ya tenían experiencia de sobra en destruir una sociedad y sus valores.


Nada más ajeno a nosotros que la idiosincrasia y la cultura soviética, rusa y eslava, pero sí algo sí asimiló de forma ejemplar el nuevo régimen fueron los mecanismos de represión y creación de terror que le permitieron, hasta hoy, mantenerse en el poder.


Y una de las medidas relacionadas con ello era que la gente supiera que no podían pensar ya más con cabeza propia y todo debía ser y hacerse como ellos dijeran.  Así fue que si, como dijera el máximo líder, tenías actitudes "elvispreslianas", o sea, te gustaba la música de rock and roll, te vestías como un rockero, había que tomar medidas contigo; si eras homosexual o aunque fuera amanerado, había que tomar medidas contigo; si eras un libre pensador, un aspirante a filósofo, o un intelectual no afín a las ideas de izquierda, había que tomar medidas contigo.  Y entre esas medidas fue concebida la UMAP.


Las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), un eufemismo total, ya lo he abordado en otros artículos, fue una creación del argentino Che Guevara, que propugnaba la idea de un hombre nuevo (lo ha logrado, esa marginalidad extrema que domina el panorama cubano de hoy no es más que ese "hombre nuevo" que más bien puede identificarse con un troglodita que con un ser humano), y el que se alejara de esta concepción debía ser reeducado.


Para ello se tomó como ejemplo el Gulag soviético, con un toque tropical, aplicado a nuestras condiciones.  Aquí no tenemos una Siberia, pero si lugares muy aislados, salvajes, insalubres, a donde podían ser conducidos estos disidentes para que pudieran ser incorporados al tren de la revolución.  A lo largo del país se buscaron este tipo de lugares, pero se comenzó por la zona de la península de Guanahacabibes, para que sembrando eucaliptos los desviados se hicieran "hombres nuevos".


Las UMAP


Como todo en Cuba, donde existe un control total de los medios y de la información, la historia de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), también ha sido maquillada y distorsionada por el régimen, que pretende convertir en hermoso lo despreciable.  Pero seis décadas son suficientes para perder la credibilidad y ya nadie cree lo que dice el gobierno.


A diferencia de los soviéticos, que vieron en el cine y la literatura un instrumento para lavar la memoria sobre el Gulag, hasta que apareciera Solyenitzin, los líderes de la Revolución Cubana no asumieron ese riesgo. 


Los campos de trabajo forzado, creados entre 1965 y 1968, fueron tratados con el mayor secretismo.  Pero es imposible cometer abusos con miles de jóvenes, por lo que lo que estaba ocurriendo comenzó a filtrarse y a crearse una corriente internacional condenando el autoritarismo y la crueldad de ese hecho, por lo que se comenzó a crear una imagen pública de que esos no eran campos de trabajo forzado ni de concentración y mucho menos de castigo o de control social, sino lugares donde el modelo educativo de determinadas conductas desviadas del modelo social deseado, habían logrado un milagro en la conciencia de los jóvenes con notables éxitos económicos, con logros relevantes en Pinar del Río y Camagüey, donde estaban las principales agrupaciones de la UMAP.


El objetivo central era finalmente reconocer que en algunos casos aislados las UMAP fueron un error y que de ningún modo fueron campos de trabajo forzoso.


Pero todos los que conocimos gente que fueron enviados a esos campos, donde el abuso, la agresión, la mala comida y las pésimas condiciones de vida, junto con el trabajo abusivo, casi esclavo, lo único que lograron fue crear muchísimos enemigos del sistema.  Otros pensaron igual pero se plegaron al arma más poderosa de los regímenes totalitarios: el miedo.


Un caso curioso fue Pablo Milanes, enviado a la UMAP en 1966 cuando despegaba su carrera musical.   Pablo se convirtió en uno de los adalides de la Nueva Trova y aduladores del régimen con sus canciones, y alega que sufrió del Síndrome de Estocolmo durante muchos años hasta que finalmente, varias décadas más tarde manifestó:


“Aunque no haya comparación, te puedo decir que estuve en Auschwitz y las instalaciones eran mejores que las de la UMAP.  Las instalaciones eran tenebrosas”.


Aunque en Cuba todos sabían que Milanés había sido enviado a los campos de trabajo, él esperó varias décadas para hablar del asunto, manteniendo el silencio, como en casi todos los casos que emanan desde posiciones de poder y acomodados con el poder, algo consistente con la dominante doble moral imperante en la psiquis de los cubanos.


Y como en otras experiencias de este tipo, siempre había parte de los confinados que se prestaban para reprimir a sus iguales como muestra extrema de la miseria humana.  En los campos de exterminio nazis estaban los Sonderkommandos que eran judios que ayudaban al exterminio de su propia raza pensando que al final iban a salvarse, pero lo que más se acerca al caso cubano fueron los Kapos de los campos nazis o a los que en el Gulag se les conoció como capataces (nariádchik).


En ningún momento las UMAP fueron unidades militares para ayudar al desarrollo agrícola del país, sino que fueron una cacería de jóvenes libres desafectos al régimen ejecutada por agentes de la Seguridad del Estado, basados en las siguientes palabras de Fidel Castro:


"Yo no soy científico, pero sí observé siempre una cosa: que el campo no daba ese subproducto. Estoy seguro de que, independientemente de cualquier teoría, hay mucho de ambiente y de reblandecimiento en ese problema porque todos son parientes: el lumpencito, el vago, el elvispresliano, el pitusa. Muchos de esos pepillos vagos, hijos de burgueses, andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos, algunos de ellos con una guitarrita en actitudes ‘elvispreslianas’ y que han llevado su libertinaje a extremos de querer ir a algunos sitios de concurrencia pública a organizar sus shows feminoides por la libre. Árboles torcidos, eso son.”


Entonces estaba toda aquella mística soviética de las tierras vírgenes y de los jóvenes que iban a conquistarlas, y cuya máxima expresión en la Isla fue la Zafra de los Diez Millones, pero desde antes estaba la idea de Fidel Castro de que los jóvenes con su trabajo, de forma voluntaria o esclava como eran las UMAP, iban a salvar la revolución y de paso lograrían  formar el hombre nuevo.


¿Después de esto qué más se puede decir de la UMAP?.  Solamente que allí nunca existió un gesto humano y que solamente era muestra del odio y la intolerancia  hacia los que no pensaban igual que los revolucionarios.


Es triste pensar que muchos jóvenes se vieron de pronto capturados y enviados a esos campos de trabajo sin saber por qué y pasaron una experiencia de la cual muchos no se iban a recuperar jamás, más las verdades que muchos no revelaron y que nos apartan de la verdadera dimensión de aquella infamia, una de las tantas del socialismo cubano.



El Escambray y la nueva reconcentración.


Al igual que ocurrió en la Unión Soviética, no solo los desafectos o disidentes sufrieron destierro, también sus familias y es el caso que voy a contar.


Noemí es una amiga de muchos años cuyo padre ayudó a los alzados del Escambray, como tantos campesinos hicieron, solamente por darle comida a gente hambrienta y por ello fue detenido y preso junto con otros cientos de campesinos que cometieron igual delito a los ojos del régimen.  Para evitar esta ayuda, el ejército ubicó a partir de principios de 1961 en cada casa de campesino de la extensa zona rural (¿se imaginan?) una escuadra con 8 milicianos, encargados de custodiar el lugar para evitar que los enemigos del comunismo pudieran conseguir alimentos u otro tipo de ayuda.


Pero junto con los campesinos, fue desalojada de sus tierras toda su familia y enviados a una especie de campo de concentración, a vivir, sin condiciones ninguna, en un lugar más allá de la base aérea que construyeron los norteamericanos cuando la Segunda Guerra Mundial conocida por San Julián, en el lugar conocido como Remates de Guane, para los cubanos identificado como “el culo del mundo”.  


 Allí, donde se acababa la carretera, los mismos presos, entre los que estaba su padre, construyeron una cárcel y poco a poco el pueblo que hoy se conoce como Sandino.  Probablemente sea por eso que medio Sandino, incluyendo a Noemí y a casi todos sus hermanos, estén hoy en Estados Unidos.  Semejante exilio forzoso y el sufrimiento de ver a tu padre preso sin haber cometido delito alguno, es algo imposible de olvidar.


¿Qué sentido que no sea que la gente sienta el terror, el arrancar a la gente de su hábitat por el simple hecho de que no comparta sus criterios políticos?.  El mismo sentido por el cual millones de rusos y de todas las nacionalidades que componían la afortunadamente desaparecida Unión Soviética, fueron enviados, más bien deportados a los lugares más fríos e inhóspitos y sometidos a los trabajos más brutales, para acabar con su vida de forma lenta y cruel.


La deportación forzosa de los campesinos del Escambray hacia los lugares más selváticos y escabrosos de Pinar del Río, donde fueron sometidos a trabajos forzados y enormes sufrimientos, pudiera compararse perfectamente con la reconcentración de Weyler.   No los habrán matado de hambre, pero la angustia y los dolores que sufrieron son comparables a los ocurridos en tan vil hecho de nuestra historia.  Y por supuesto, guarda muchas similitudes con el gulag soviético.

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El exilio cubano


Y el llamado "exilio cubano", los millones de personas que han emigrado o han sido obligadas a emigrar para buscar un clima político, económico y social más humano y donde no se coarten las libertades, ha sido una constante en la vida del cubano. 


Desde los deportados por razones políticas y militares por parte del gobierno colonial español, entre los que se encuentra muchos de nuestros próceres, comenzando por José Martí y este ha tenido más bien visos políticos a lo largo de la Cuba republicana, porque Cuba era un país de llegada, no un país donde la gente emigraba.


Pero el verdadero exilio, ese que conocemos, se ha producido después del triunfo revolucionario, en diferentes oleadas o gota a gota, pero ha sido incesante, lo que ha hecho que aparte de la gran concentración de cubanos en Miami, la llamada "segunda ciudad de los cubanos", porque solamente en La Habana puede haber más gente de nuestro país, lo cierto es que el exilio cubano ha sido tan extenso que se pueden encontrar cubanos en cualquier parte del mundo, en los lugares más insospechados, y no hablo solamente de Estados Unidos, sino de todo el planeta.



Pero de este tema, lo que nos interesa son aquellos casos que fueron obligados, como mi padre, a abandonar el territorio nacional e irse en el éxodo del Mariel bajo la amenaza de ser encarcelado nuevamente.


No les importaron los sufrimientos, la separación de las familias o lo incierto de deportar a personas de la tercera edad por el simple hecho de ser disidentes, es por eso que el cubano, si algo hace con gusto, aunque lo hiera después la nostalgia, es desarraigarse para siempre de esa tierra que ha sido maldecida por un puñado de delincuentes.


Algunos dicen que la  diáspora cubana es más emigración que exilio.  Tanto queria le gente vivir en Cuba, que durante más de cuatro siglos ser deportados a España era considerada una de las sanciones penales más crueles y tras la independencia el emigrar de los cubanos no fue para nada relevante, sino que Cuba se convirtió en el destino de numerosos destinos migratorios, comenzando por España y otros países europeos, al extremo que se le llegó a llamar "la segunda colonización".  Los cubanos viajaban a Estados Unidos y as casi cualquier parte sin necesidad de visa y en el vecino del norte solamente vivían menos de veinte mil cubanos, casi todos por buenas oportunidades laborales.


Es decir que a Cuba entraban muchísimas más personas que las que salían del país.  Pero a partir de la revolución en el poder, ya sabemos lo que ocurrió.


Por supuesto que las causas de la salida del país son múltiples, comenzando por la necesidad de escapar de la persecusión política y de ser libres, lo que incluye tener una vida mejor con oportunidades que no existen en la Isla.  Han pasado seis décadas y dos generaciones nuevas de cubanos, que no conocieron el capitalismo, siguen sumándose a esos, que mayoritariamente desean irse del país, por lo que al final lo dejan todo atrás y se convierten no en emigrantes económicos, sino en exilados, lo que incluye el desarraigo, que el que no lo vive no puede experimentar lo triste que es.


Neruda lo describió acertadamente:


"El destierro es redondo:

un círculo, un anillo:

le dan vuelta tus pies, cruzas la tierra,

no es tu tierra,

te despierta la luz, y no es tu luz,

la noche llega: faltan tus estrellas,

hallas hermanos: pero no es tu sangre.

eres como un fantasma avergonzado

de no amar más que a los que tanto te aman,

y aún es tan extraño que te falten

las hostiles espinas de tu patria,

el ronco desamparo de tu pueblo,

los asuntos amargos que te esperan

y que te ladrarán desde la puerta."


     Júbilo por la muerte de Stalin en el Gulag https://antisovetsky.blogspot.com













lunes, 7 de junio de 2021

Ayer y hoy: ¿cuál es mejor?


Ayer y hoy: ¿cuál es mejor?


“La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será.”

Eduardo Galeano


Sin duda alguna las décadas de los cuarenta a los sesenta en Cuba muchos añoramos, mientras otros no quieren recordarla y la mayoría no saben de que se está hablando, o aún peor, no les interesa conocerlo.


Pero los años que uno vive en plenitud, sobre todo en niñez y juventud, le parecen, por adversos que hayan sido, mejores que ningún otro de su vida.  De ahí el empleo de la frase: “cualquier tiempo pasado fue mejor”, de la autoría de Jorge Manrique y que le permitió pasar a la historia de la poesía con esta sola obra, las Coplas a la muerte del Maese Don Rodrigo”, su padre.


Todos sabemos que no es exactamente así, que la sociedad va avanzando, sobre todo en los aspectos materiales y la calidad de la vida por los adelantos tecnológicos, mejoramiento de la economía, la aparición de posibilidades de vivir cómodamente como nunca antes y de alargar la vida de las personas y tener una existencia más plena y muchos otros asuntos que nos hacen la vida más completa y pasable.  No puedo decir lo mismo de las relaciones sociales y la familia, que parece que van en sentido contrario al desarrollo material, pero en definitiva probablemente se deba a algo que no compartimos porque no fue lo que conocimos y vivimos y ya he hecho las comparaciones en más de una ocasión poniendo un ejemplo muy gráfico: hoy detestamos el reguetón, que nos parece, más que una música, un ruido infernal con letras groseras; pues eso mismo pensaban nuestros padres cuando apareció el rock and roll y seguramente ocurrió en otros momentos de la historia con el conflicto generacional.


Y esta comparación puede ser extensiva a muchos aspectos de la vida, por lo que me pareció muy saludable hacer una reflexión sobre aspectos en los que no pensamos y que son ahora muy diferentes a como nos acostumbramos a verlos.


La playa.


La gente de mi edad éramos fanáticos perdidos de quemarnos al sol para tener una piel tostada, color canela, que nos identificaba como asiduos a la playa.  Para ello nos echamos por todo el cuerpo cerveza, aceite, aceite con yodo, manteca de coco y lociones llamadas Suntan para que nos diera en la piel ese color dorado deseado.   


No pensamos entonces en lo dañino del exceso de la radiación solar y la ciencia todavía no nos alertaba de la posibilidad de sufrir cáncer de piel por ese exceso.   Fue a mediados de los setenta que en Miami se comenzó a experimentar con los protectores solares como un medio de atenuar las radiaciones ionizantes, y hoy en día es una práctica sin la cual muy pocos se someten a la acción solar y otros hasta usan pullovers de mangas largas para bañarse en la playa.


Hoy nos cuidamos del sol de forma muy cuidadosa y cuando éramos jóvenes anhelábamos achicharrarse con sus rayos.  Aquí no cabe que el tiempo pasado haya sido mejor.


Y otra cosa curiosa, por lo menos los cubanos, a los que nos gusta bañarnos en la playa cuando el agua está calentica, muchos esperaban hasta las seis de la tarde cuando el agua se ponía bien sabrosa, antes nos metíamos al agua y si no nos gustaba su temperatura lo dejábamos para más tarde.   Ahora estamos pendiente del pronóstico de la temperatura del agua del mar, para lo que revisamos celosamente las páginas web dedicadas a la meteorología y el clima.   Si nos pronostican menos de 86 grados Fahrenheit o 30 grados Celsius, no nos metemos al agua.  Nuestra dependencia de la tecnología la hemos llevado a niveles insospechados, o probablemente ridículos.


Fumando espero...


Si en la televisión, en el cine, las fotos de artistas y de gente importante, todos fumaban, si en todas partes, cines, restaurantes, salas de espera de todo tipo de instituciones, establecimientos comerciales y dondequiera, hasta en las sesiones del Congreso de la Nación o dentro de un avión, se fumaba y había ceniceros, todo nos atraía hacia el cigarro o el tabaco.


Si a eso le sumamos una fuerte campaña publicitaria en todos los medios, y al hecho de que el precio de cigarros y tabacos era asequible a todos los bolsillos, sin duda alguna el no fumar era una excepción y no la regla.


Si veíamos a nuestros artistas preferidos, o a los escritores o artistas que admiramos, o a los políticos a los que seguimos, con un cigarrillo en la boca, imitarlos era casi un imperativo.  


Una cajetilla de dieciséis cigarros costaba diez centavos o en su defecto se podía comprar al menudeo al precio de tres cigarros por dos centavos, al que recurrimos los de menos ingresos o los que fumábamos escondidos en el cine.   Además estaba el tema de las fosforeras y encendedores, entonces de gasolina, que iban desde las baratas pero muy eficientes fosforeras austriacas, hasta las exclusivas Ronson de muchos tipos, hasta llegar a un modelo exclusivo que está concebido para encender en los barcos, aún con los vientos en contra.  Con el tiempo la ahora famosa marca Zippo compró a la marca Ronson, por eso ahora es la más cara.


Después llegaría la campaña que nos aleccionó sobre los daños que provoca el cigarro, (del cual soy otra víctima como muchos de mi generación) y las consiguientes prohibiciones, y por suerte llegamos a un mundo con menos humo, aunque hay lugares y gente que no entienden nada de nada y siguen fumando.  Por eso hay imbéciles que llegan a presidentes y gente que ante una pandemia que ha dejado millones de muertos, no se vacuna, así que no es nada raro que haya gente que siga fumando.


Tampoco aquí el tiempo pasado fue mejor.



La alimentación

El cubano invariablemente desayunaba, almorzaba y comía consumiendo grandes cantidades de grasa.  Desde la mantequilla, el queso y el jamón en el desayuno, más la leche entera, que mientras más grasa tuviera era major; en el resto de las comidas siempre había un plato frito, ya fuera tostones, plátanos maduros, malanga, boniato o papas fritas, y la forma preferida de consumir un bistec de res o de puerco, el pollo, o hasta un pescado, era frito o empanizado.


El aceite era exclusivamente para las ensaladas y todo, hasta el arroz, se cocinaba con manteca de cerdo.


Más tarde llegó la época en que las grasas animales se consideraban dañinas y propensas no solo a llevarnos a la obesidad, sino también a la arteriosclerosis y otros desórdenes de la salud.  A ello le siguió la definición de nocivo del consumo de carnes rojas, de fumar y de tomar bebidas alcohólicas, así como todo lo que contuviera azúcar o los carbohidratos que se convierten por efecto del metabolismo en azúcares. Prácticamente lo único sano eran los vegetales.


Con el tiempo también llegaron las comparaciones: ¿cómo era posible que nuestros padres y abuelos, que comieron toda su vida grasa animal, tomaron mucho ron y vino y por lo regular andaban con un tabaco en la boca todo el día, pudieron vivir hasta mucho más allá de los 80 o 90 años?.


La respuesta de la ciencia es que en primer lugar los alimentos eran naturales, que el uso de pesticidas, fertilizantes y otros elementos químicos era mucho menor o inexistente, por tanto lo que se consumía es lo que ahora se llaman “alimentos orgánicos” y que además nuestros predecesores realizaban ejercicio físico hasta muy mayores y eso contribuía a eliminar el efecto adverso del consumo de grasas.


Hasta cierto punto comparto ese razonamiento, pero el alante y atrás de las recomendaciones de las autoridades, me hace dudar de ello.  Primero las grasas animales eran nocivas y era mejor emplear grasas vegetales como la margarina, más tarde la margarina es nociva y solamente es bueno el aceite de oliva virgen extra; del azúcar blanca debe ser limitado su consumo y emplear en su lugar endulzantes artificiales, más tarde se definió que es preferible usar azúcar no refinada en lugar de azúcar blanca o edulcorantes y así sucesivamente.


Sin duda la obligación de plasmar en las características de cada producto su contenido en energía, grasas saturadas, no saturadas o trans, sales minerales, azúcares y otros componentes es una ayuda para que el comprador sepa qué va a consumir, y a partir de qué momento tiene caducidad, lo mismo que ocurre con las medicinas, y que también tiene un componente eminentemente comercial, aunque no exento de tiempo de vigencia real de las caracteristicas del producto.


Pero mis contemporáneos saben que antes los productos no tenían caducidad, y las condiciones de embalaje no eran las actuales.


Y otro elemento muy importante es que el proceso de envasado ha evolucionado muy favorablemente para estar a tono con el evitar que el producto se contamine o varíe sus propiedades


Sin duda la industria química se ha desarrollado y ha introducido múltiples tipos de envases para alimentos y otros elementos que requieren conservación, pero a pesar de todo ello, hay un material que no ha sido superado de forma alguna por ninguno otro: el vidrio.


Y en las comidas callejeras ha habido una revolución: ahora proliferan las pizzas, las hamburguesas y los sándwiches de todo tipo, pero en La Habana de mi juventud estaban presentes, a precios populares por no decir ridículos, las deliciosas fritas cubanas, mejores mil veces que las mejores McDonald’s, los hotdogs al mejor estilo norteamericano, lo deliciosos helados toda crema, que le darían batalla a muchas marcas norteamericanas de hoy en día, y qué decir del verdadero Sándwich Cubano, esa bomba de proteínas que es más alimenticio que muchos platos famosos.  


Y qué decir de los batidos (de trigo, de plátano, de chocolate, de fruta bomba, malteada o de mamey) que  había en cualquier parte y su costo era risible.  No era lo mismo tomarse una Coca Cola o una Materva que un sustancioso y delicioso batido.  Ahora son smoothie y no se cuantos nombres, y para tomarse uno parecido a aquellos hay que hacerlo en la casa, echarle leche condensada, leche evaporada y un queso crema y bastante pulpa o material, si no, no puedes compararlo con aquellos.


Y como hay de todo en la viña del Señor, no se nos puede olvidar que un buen día se supo que el popular puesto de la Playa de Marianao, que después del triunfo de la revolución se hizo famoso, lo que ofertaba era  pan con tiñosa.


Por eso yo sigo añorando aquellos días en que una frita, un coctel de ostiones, un pan con bisté o un simple perro caliente, estaba al alcance de mi bolsillo y del de casi todos.  Al final no creo que las comidas de entonces hicieran tanto daño como las de hoy.



Los restaurantes


Antes de 1959, en Cuba había restaurantes de todo tipo y todas las categorías, desde las humildes fondas de chino, con sus completa a precios módicos, hasta selectos restaurantes de lujo, pasando por cafeterías y establecimientos especializados en gastronomía cubana, española, arabe, francesa, china o italiana.


Como es normal en el mundo el acceso era libre y salvo en determinadas ocasiones, o lugares, no era necesaria una reserva previa.


Pero llegó la revolución y lo cambió todo, para peor por supuesto.



Un buen día a alguien se le ocurrió un mecanismo probablemente copiado de otra galaxia, mediante el cual si uno quería ir a un restaurante, tenía que, a partir de determinada hora, ponerse a llamar a un número telefónico, a ver si había suerte de alcanzar una reservación para el día siguiente.  Si tenias éxito entonces debías estar en un lugar determinado para que te dieran el ticket que avalaba la reserva y finalmente ibas, muy contento, a El Cochinito, El Conejito, El Monseñor u alguno otro de los que daban servicio.


Por supuesto que cuando finalmente cenabas, se acababa todo el estrés resultante de más de un dia en esas gestiones, las que en ocasiones terminaban sin haber alcanzado la posibilidad de ir a comer al lugar que escogiste o solamente quedaba disponibilidad en otros que no siempre eran de tu agrado o a una hora que no te gustaba.


Después todo tomó un viso más normal, hasta que nuevamente se implantó otro medida extraterrestre, pagar en divisas, la moneda en la que no cobras tu salario, por lo que se hizo más difícil ir a cenar a cualquier parte y los centros que quedaron en moneda nacional por lo regular tenían ofertas de baja calidad.  A pesar de ello, tanto en un sitio como en otro, el símbolo más importante que implantó el régimen revolucionario para todo, la cola, estaba presente siempre.


No hace falta abundar mucho con el tema.  Como en el resto del mundo, el ir a comer a un restaurante es práctica común de mucha gente, algunos usualmente y otros de forma esporádica para celebrar algo o comer un plato en particular en el que el sitio al que vamos está especializado.  Pero en Cuba, se convirtió en todo un lujo, que muchos, la mayoría no se puede dar.


Me quedo con lo que viví en ese sentido en los años cincuenta.



Las medicinas


Las medicinas de mi juventud no tenían fecha de vencimiento.  Creo que treinta años después de haberla comprado, alrededor de 1960, cerca de 1990, encontré un pomo de Linimento Sloan y lo empleé en el primer dolor muscular que se presentó y fue efectivo.  Estoy poniendo un caso extremo, pero lo cierto es que no existía, ni se conocía que era el vencimiento de un producto medicinal.   También es cierto que no se compraban medicinas en exceso y solamente cuando hicieran falta.


Las inyecciones se hacían con jeringuillas que se esterilizaban haciéndolas hervir con agua y las agujas se cambiaban periódicamente y la nalga le avisaba a uno cuando llegaba ese momento.  Ahora todas las inyecciones se hacen con jeringuillas desechables y el proceso es más sencillo y más higiénico.


Los problemas de los ojos se resolvían con una infusión de vicaria blanca debidamente enfriada, los dolores musculares con sebo de carnero o manteca de majá; los males estomacales con cocimiento de manzanilla y elixir paregórico; la bronquitis o neumonía con vick vaporub y papeles de cartucho para conservar el calor en el pecho y la espalda así como en la planta de los pies y en la nuez de Adán; y muchas otras hierbas para casi cualquier uso.  Los dolores musculares se trataban con árnica y cafiaspirina que también servía para el catarro.


Muchos jarabes vienen saborizados y ya no hay que tomarse medicamentos tan desagradables como el palmacristi, la sal de higuera o someterse a “toques” en la garganta o echarse gotas nasales de “argirol”.  Ahora el yodo y el mercurocromo, el rojo aseptil y otros medicamentos no son recomendables.  Sin duda alguna han surgido miles de medicamentos más efectivos pero algunos no han perdido su trono, como el bicarbonato de sodio, la leche de magnesia, y muchas de las hierbas medicinales que mencioné, sobre todo la manzanilla, el romerillo y el anís, sin olvidarnos que la miel de abejas con limón lo resuelve casi todo, sin dejar de lado al ajo.


A pesar de que sigue existiendo muchos remedios naturales y ha tomado fuerza, sin muchos avances, la farmacopea homeopática, en los países del primer mundo predominan los medicamentos de patente.


Pero ahora estos y los tradicionales, todos, tienen fecha de vencimiento.  Y como no tenerla si lo más importante no es su objetivo sino comercializar los productos.


Y otro elemento de las medicinas actuales es su vademecum: todos tienen efectos que van desde un dolor de cabeza hasta la muerte e interactúan con casi todo.  Al final ello tiene un componente real de efectos secundarios e interacciones con otros medicamentos o alimentos, pero este es exagerado para evitar demandas y reclamaciones.


No puedo decir que los tiempos pasados fueron mejores porque la ciencia ha desarrollado muchos medicamentos y tratamientos más efectivos, pero sin duda el mercado prima sobre las necesidades de la salud en nuestros tiempos.


Las vacaciones


Estaban los picnics, que no eran más que un viaje a una finca, a una playa o simplemente a un lugar bonito, como era el Laguito en Miramar, donde la gente llevaba sus cazuelas con arroz con pollo y una neverita con cerveza, no había platos desechables y los existentes eran de cartón de muy mala calidad.


Estos picnics podían realizarse cualquier domingo, no necesariamente como parte de unas vacaciones, porque mucha gente no tomaba ese periodo de descanso, prefería continuar trabajando y así obtener un ingreso adicional.  


Pero siempre había los que se preparaban todo el año para pasar sus vacaciones, sobre todo en lo que más le gusta al cubano: la playa.  Mucha gente iba a casas en Santa Maria del Mar o Guanabo que se alquilaban por semanas o meses y otros a los pocos hoteles que existían mientras que estaban los que diariamente o en días alternos iban con su comida preparada a pasarse el dia en la playa, comprar la fruta de la estación: el mamoncillo y tamales o algo mas que pasaran los vendedores ambulantes ofertando.  Después se hizo popular los llamados “carritos del helado” que nos atraían con su música infantil y sus ofertas.


Después con la revolución, cambiaron muchas cosas: el Estado acaparó la propiedad de los hoteles y de muchas casas de la zona, así que ya la opción de ir a la playa dependía de que por el centro de trabajo le fuera asignada la posibilidad junto con una factura para pasar esos días, lo que cada vez se fue haciendo más difícil, hasta que prácticamente desapareció hasta que renació pero ahora no por méritos laborales, sino por divisas.


La crisis del transporte hizo más difícil viajar a la playa y mucho más el hacer el viaje tipo picnic, con comidas y bebidas incluidas.  La ruta 400 hacia Guanabo comenzó a desaparecer, el tren que pusieron para sustituir su exiguo servicio fue un desastre, mientras que las máquinas de alquiler, los conocidos boteros, aumentaron sus precios hasta la estratósfera y ahora ir a la playa es un suplicio.


Para otros destinos, como el que yo acostumbraba, como era el ir a la playa, específicamente a Varadero en verano pero no en época de vacaciones, sino en mayo o junio antes de que comenzaran las vacaciones escolares  y las masivas de los padres, y las de Cienfuegos o Viñales en otras épocas del año, se fueron haciendo cada vez más difíciles.   De ocho pesos que costaba el hospedaje diario en el Hotel Jagua de Cienfuegos o seis en Los Jazmines de Viñales, súbitamente pasó a ser en divisas y solo para extranjeros.


Las vacaciones, desde lo más caro o selecto, hasta lo más humilde, se convirtieron en un imposible para los cubanos.  Y pensar que todavía hay gente que se piensa que es mentira que podía entrar sin reservación a cualquier hotel habanero: el Nacional, el Habana Libre, el Capri, el Riviera o cualquier otro, hospedarse y pagar entre ocho y diez pesos por noche.  Les puedo asegurar que durante los años setenta lo hice muchísimas veces, tantas que he perdido la cuenta.


Lo que son las vacaciones del cubano ahora, lo pueden responder bien aquellos que no disponen de las divisas para hacerle frente siquiera para sobrevivir.


Ciegamente se puede afirmar que otros tiempos pasados fueron muchísimo mejores.


El transporte


En Cuba el transporte público por ómnibus siempre fue el rey.  No había quien compitiera con él en seguridad, costo, exactitud y comodidad.   Mucha gente tenía carro exclusivamente para pasear los fines de semana y otros tomaban un taxi, también muy baratos, solamente para casos muy necesarios.


Las guaguas paraban dondequiera, solamente había que levantar la mano o hacerles una seña, si venía llena podías esperar la siguiente porque no iba a demorar mucho y el sistema era de una eficiencia tal que podías hacer combinaciones con muchas otras rutas hacia otros destinos y estaba cubierto, al menos en La Habana, la casi totalidad de los asentamientos urbanos y en el interior de las provincias y el transporte interprovincial, incluyendo los trenes, también era muy eficiente.


Con el tiempo las deficiencias propias del sistema socialista deterioraron todas las áreas de la economía y entre ellas el transporte fue uno de los más golpeados, por eso ni siquiera me atrevo a hablar de algo que casi no existe y que cada día es peor.


Pero cuando un cubano llega a otro país se da cuenta de que el transporte es uno de los elementos clave de cualquier sistema.  Ahora bien me llama la atención que en Miami, con una población de tres millones y una extensión territorial muy vasta, existe un sistema de transporte metropolitano muy bien organizado, pero que tiene una frecuencia que para sus usuarios, en ocasiones se puede considerar insuficiente.  Pero es el cuento del huevo y la gallina.  Probablemente los únicos que no posean carro en Miami sean los muertos y yo.  El resto prefiere andar en carro, aunque este horas en un tranque en una autopista o en una de las concurridas avenidas o calles de la ciudad antes que tomar un ómnibus. 


 Resumen:  la gente no quiere coger guaguas porque demoran mucho y las guaguas no pueden aumentar su frecuencia de viajes porque no tienen pasaje.


Hay que ver que hicieron en ciudades como New York o Chicago, donde la gente emplea mayoritariamente, al menos en las zonas principales, del tren suburbano, el metro y el ómnibus, dejando a un lado al carro para otros menesteres.


Así y todo tiempos pasados fueron sin duda mejores, sobre todo en Cuba.


                           Finita en el tiempo de las paraderas.

La ropa


La forma en que visten los habitantes de un país nos muestran su cultura y sus tradiciones.  No se trata de ropa de lujo, sino como siempre escuché, que había que andar limpio y sin roturas.  Una ropa podía estar zurcida y limpia y eso se veía bien, lo contrario a una ropa cara sucia o rasgada o que le faltara un botón.


Y el cubano siempre se ha destacado como personas de buen vestir.  Desde épocas remotas las mujeres destacaban por sus hermosas batas y los hombres por sus guayaberas.  


En los años cincuenta la ropa estaba al alcance de todos y había para todos los bolsillos.  Se podía ir a El Machetazo y comprar varias camisas o un pantalón por un peso, buscar liquidaciones en muchas otras tiendas, las ofertas en conocidas tiendas durante el mes de julio o agosto y otras variantes.  O buscarse un crédito en tiendas como J.Vallés, Ultra y otras, que se iban amortizando poco a poco y comprar las marcas más reconocidas, como eran McGregor, Cam-pal, B.V.D., Pioneer, Saturno, Viti, Ariguanabo, Arrow.  De la ropa de mujer mejor ni mencionarla porque las ofertas eran tan variadas, de todos los precios y sobre todo era una época donde las costureras eran muy demandadas, pero sí recuerdo que en ropa interior las más solicitadas eran las TrueForm y Maidenform y en trusas Jantzen.


La gente iba bien vestida por dondequiera.  Los empleados de bancos y ofnicinas iban en traje y con cuello y corbata, las empleadas de las tiendas iban de blanco en verano y de negro en invierno y siempre con zapatos de tacón y medias de seda.  Eran mis compañeros de viaje en la guagua diariamente y en aquellos tiempos ni las guaguas tenían aire acondicionado ni se sudaba tanto, así que para mí es totalmente cierto lo del cambio climático.

                                Empacado completo con McGregor e Ingelmo

Y la moda era un negocio que tenía ofertas nuevas incesantemente, como es ahora.  Todos recordamos el vestido de Marilyn Monroe que en la película se levanta y ese fue uno de los íconos de la moda de los años cincuenta, que transitó por la saya de paradera hasta llegar a las minifaldas, mientras por medio estaba el escándalo del bikini.


Los hombres vieron cómo la moda de pantalones anchos fue estrechándose hasta que se hicieron hábito los pantalones sin pliegues y sin bajos.  Los trajes fueron también volviéndose más ajustados y con las solapas de los trajes y las corbatas más finas y las camisas con pequeños botones en sus cuellos.


Pero después llegaron las carencias del socialismo que hicieron que este gusto de los cubanos por vestir bien se perdiera a la fuerza, el racionamiento hizo que conseguir ropa y calzado fuera una quimera, y los mecanismos de venta como los días de las trabajadoras en la tienda según la letra que identificaba la cartilla o libreta de productos industriales y el plan jaba en bodegas, fueron medidas extraterrestres que al final no resolvian mucho y solo tenían un simbolismo político, porque al final no había los productos o estos eran de mala calidad o eran los llamados “tostenemos”, donde las prendas de vestir eran iguales para todos, producidas en cantidades multitudinarias.


Las guayaberas fueron identificadas con los represores del régimen por ser casi un uniforme de los guardaespaldas y agentes de la Seguridad del Estado, por lo que la población las rechazó, aparte de ser difíciles de conseguir.  Décadas de diferentes soluciones parciales como fueron la venta de prendas de vestir sin coser (Cose en casa), la aparición de marcas con determinada calidad (camisas Yumurí) y más tarde el limitado alcance de conseguir los pantalones que se habían puesto de moda internacionalmente (Jeans Lee, Levis, Wrangler o los magníficos españoles Lois), pasando por la era de los Safaris, hasta que llegó el momento cumbre con la oferta de ropa en divisas.


De la situación hoy, mejor ni mencionarla.  Del pueblo que vestía exquisitamente, no queda nada.   Mientras tanto, en el mundo, particularmente en Miami, cuando vemos a alguien, por lo regular una persona mayor, vestida elegantemente con un pantalón de buen corte, una camisa de mangas largas y unos zapatos de piel, nos rememora a los cubanos de los años cincuenta, porque ahora todos visten cómodamente, regularmente con short y pullover, para cualquier tipo de actividad, ya sea una cita médica, un viaje en avión o lo que sea, por lo que en ese aspecto, la vida será menos formal, pero muchísimo más cómoda.


Me quedo con los tiempos actuales.



Los zapatos


No se acostumbraba, como ahora, a tener decenas de pares de zapatos.  Se contaba con uno, de buena calidad y otro para salir.  Todos eran de piel y muy baratos, sobre todo los de producción nacional, donde las marcas Amadeo, Ingelmo y Bulnes no tenían nada que envidiarle al Thom Mcan o Florsheim.


Los muchachos usaban los zapatos colegiales y los tenis US Keds, que eran solo para deportes en la escuela y destacaban por dos cosas, por su bajo costo y por la peste a chicotes que dejaban.   Ahora esos mismos modelos, probablemente de peor calidad, son bautizados con marcas como Converse y cuestan una barbaridad.


Con la revolución, desapareció el calzado de piel y fue sustituido por botas rusas, el que tuvo la suerte de conseguirlas, pues eran duras a matarse, y si no tenía que recurrir a unos zapatos plásticos que derretían los pies, los Kiko Plastics.  También desaparecieron las chancletas de palo que se usaban para bañarse y aparecieron las plásticas


Obtener un par de zapatos de una cuota anual de un solo par, era algo así como sacarse la lotería.  Y de las mujeres mejor ni hablar.  Algunos tuvimos suerte y nuestros hijos debian usar botas ortopédicas, así que al menos tenían garantizado calzado todos los años.


Si ha habido algo crítico, dentro de las casi totales carencias materiales que ha sufrido el cubano durante los últimos sesenta años, ha sido la carne de res y los zapatos.  A ese nivel.


Y ninguno de los dos ha mejorado.  Ahora el que quiera zapatos, si no tiene divisas tiene que seguir con lo que tenga.


Los juegos


No voy a hablar de los juguetes de los niños, ese es un tema tan doloroso por todo lo que ha representado, en primer lugar de destrozar de plano la ilusión de los niños con una costumbre, si se quiere tonta, pero bonita que era la de los Reyes Magos, cambiandola por el azar de lograr un número que te permita coger los mejores juguetes o lo que queda.  La gente de mi edad recuerda los paseos por las vidrieras de Monte y de Galiano viendo lo que pudiera ser que nos trajeran los Reyes y la ansiosa espera de la noche de la víspera del seis de enero dejando la cartica junto con agua y yerbita para los camellos.


Ha llovido mucho y en la mayor parte del mundo se mantiene esa tradición, que aparte de su carácter comercial tiene un sentido fantasioso que vale la pena conservar dentro de lo poco que nos queda de inocencia como civilización


Pero más bien me quiero referir a los juegos de mesa, esos que hacían que interactuáramos con la familia y amigos y que tanto nos enseñaron a convivir.


El mundo de hoy es muy diferente.  La digitalización, la informática e Internet acabaron con siglos de juegos interactivos, de reuniones familiares y de conversaciones entre amigos.


Afortunadamente esta práctica no ha desaparecido completamente, pero en su inmensa mayoría si se ha visto afectada.  No es raro encontrar a varias personas en una fiesta donde todas están clavadas en su celular en lugar de conversar con la que tienen al lado y lo más sorprendente es que algunos conversan online con otros que están muy cerca de ellos y prefieren este tipo de conversación virtual a la física.


Si me preguntan si prefiero el mejor juego virtual de XBOX o Playstation a un miserable juego de parchís, creo que ya saben mi respuesta.  Y recuerden que soy un profesional de la informática y se sus valores, pero al César lo que es del César.


Diferencias entre 1950 y 1960.


Los años cincuenta probablemente hayan sido los de mayor desarrollo económico de toda la Cuba republicana.  Fueron completadas grandes obras arquitectónicas, el mayor edificio como el FOCSA, el mayor hotel como el Habana Hilton, la Vía Blanca, los túneles de 5ta Avenida, Línea y el Túnel de la Bahía de La Habana, el puente de Bacunayagua, el mayor del país, y decenas de edificios que conforman el skyline habanero.   


Mientras tanto, la década de 1960 probablemente haya sido la peor de la historia para el pueblo cubano: comenzó con los fusilamientos en masa, las nacionalizaciones y expropiaciones, los encarcelamientos políticos, el comienzo de la separación de las familias, el inicio del éxodo masivo, la imposición de limitaciones a la libertad religiosa y la libertad de información, los alzamientos en el Escambray, la invasion de Bahia de Cochinos o Playa Girón, el cambio de la moneda, la crisis de los Misiles Nucleares o Crisis de Octubre, y la introducción de un régimen comunista y el dominio del plais por parte de la Unión Soviética con los consabidos cambios en la estructura política, económica y social del país, con la imposición de una cultura y la ruptura de las costumbres históricas, y que al final nos llevaron al caos en que se encuentra Cuba sumida hoy en dia.  A ello le añadieron la desastrosa Ofensiva Revolucionaria que nacionalizó hasta los limpiabotas y los proyectos macabros como el Cordón de La Habana, la Brigada Che Guevara que acabó con las frutas en Cuba y el desastre colosal de la Zafra de los Diez Millones, el mayor chasco del régimen


Cuba dejó de ser lo que había sido para convertirse en un país detenido en el tiempo, un país sin futuro.


Esa Habana, de la que hablo, que está en el recuerdo de muchos, la sigo considerando la de un tiempo mucho mejor que el actual, que bien vale la pena que soñemos con ella, inclusive aquellos que nunca la conocieron.


Todo lo que todavía tiene brillo en la capital cubana fue construido antes de la revolución, incluyendo lo que vive en nosotros y como pensamos.  Es cierto que no todo era oro, que había injusticias (las mismas que se profundizaron con el comunismo  y que siguen existiendo no solo en Cuba sino en el mundo entero), y no todos tenían el mismo poder adquisitivo, Cuba no era un país del primer mundo, pero se ubicaba muy bien respecto a muchísimos, la mayoría de los países, pero sin duda se podía vivir decentemente sin necesidad de delinquir, era una sociedad de gente que trabajaba duro para mejorar su vida.  Sin duda había un nivel no despreciable de miseria, sobre todo en el interior del país, pero nadie carecía de la esperanza de un futuro mejor.


Ahora, tras seis décadas de dictadura se sustituyó el autoritarismo de Batista por el totalitarismo castrista, donde todo es propiedad estatal, con represión total hacia los disidentes y se limita totalmente la sociedad civil mediante una dictadura férrea.


Por eso hay que analizar a Eduardo Galeano cuando dijo: Cuando el Estado se hace dueño de la principal riqueza de un país, corresponde preguntarse quién es el dueño del Estado.


Como es lógico, el mundo ha seguido desarrollándose y hay cosas que ahora son mucho mejores que el mundo que conocimos, pero eso no es absoluto, otras debían haberse quedado, sobre todo en las relaciones sociales.


Tania Quintero, la destacada escritora cubana dijo algo muy hermoso: “Me siento afortunada de haber nacido en 1942 y haber podido conocer la Cuba de antes de 1959 y la posterior, la del desastre.”


Mucha gente, como yo, comparte esos pensamientos, porque Cuba era entonces un lugar de llegada, al que mucha gente quería llegar y ahora es un punto de huida, de fuga de un futuro incierto, lo que implica que sea valedera la frase de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, a pesar de los pesares.


Y para remachar, solo voy a referirme a lo que quizás más extraño: las frutas cubanas.  Ellas son el ejemplo más vivo de lo que un dia fuimos y ya no.