domingo, 9 de enero de 2022



 Treinta años sin la URSS


El fin de un año y el comienzo de otro, son momentos de repaso de lo sucedido y pasar balance del año que termina y celebrar con los seres queridos y manifestar sus propósitos y esperanzas respecto al año que comienza.  Pero a lo largo de la historia han ocurrido en esas fechas eventos de todo tipo que harían interminable su relación, tales como, los más cercanos en el tiempo, en 1997 el ingeniero informático Sabor Bhatia vende su sitio web, llamado Hotmail a la compañía Microsoft, en 1999 Estados Unidos le devuelve a Panamá la administración del Canal de Panamá según acordaron en el tratado Torrijos-Carter, en 2000 ocurrieron dos hechos cronológicos únicos, el comienzo de un nuevo siglo y un nuevo milenio, en 2001 la Unión Europea unifica su moneda, sustituyendo sus monedas nacionales por el Euro.


Pero para los cubanos, el fin de año ha tenido dos momentos cumbre:



La huida de Fulgencio Batista con la consiguiente toma del poder por Fidel Castro y el comienzo del calvario cubano y otra no menos impactante, el 31 de diciembre de 1991 fue el último día de existencia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas conocida como la Unión Soviética y que llegó a tener una influencia determinante sobre nuestro país en todos los sentidos, lo que hizo que viviéramos días y años de penurias y sufrimientos que yo diría que llegan hasta hoy por su apoyo al régimen cubano.


Mijail Gorbachov lideró durante seis años una revolución que al final cambió la Unión Soviética y el mundo para siempre, la Perestroika y el Glasnost culminaron con las palabras de

Gorbachov el 25 de diciembre de 1991: “el marxismo conduce al fracaso y a la dictadura. No queda otro remedio que cancelarlo totalmente”.


Gorbachov no quería asumir el papel de dictador como sus antecesores y sus principales proyectos eran todo lo contrario al estalinismo, por lo que él fue el verdadero artífice del fin del comunismo en Europa, no Reagan ni el Papa, sin Gorbachov seguiría existiendo la URSS.


Ese día la bandera de la hoz y el martillo fue arriada e izada la tricolor rusa, durante breves instantes ambas banderas coincidieron, dando paso a una nueva era de la humanidad con uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX.



La relación Cuba-URSS


Por más de 30 años, desde 1960, la Unión Soviética, se constituyó en el principal soporte ideológico, financiero y material de la Isla, la que llegó a considerarse una versión caribeña y tropical de Moscú.


Sin duda alguna algo que no tiene una respuesta muy clara es como Cuba llegó a ser esa versión tropicalizada del comunismo internacional, ya que se trata de culturas muy distantes no solo geográficamente y a las que la unen muy pocas o ninguna tradición, amén del idioma y costumbres.  Esa amistad eterna a la que se hacía referencia en todos los actos políticos eran solamente palabras vacías.


Tampoco los orígenes de la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista no se destacó por simpatías de ningún tipo sobre el socialismo, el comunismo o la URSS, incluyendo al partido comunista local, el Partido Socialista Popular, casi completamente alejado de la lucha rebelde.


Probablemente ese cambio esté relacionado con las relaciones con los Estados Unidos y los intereses de la Unión Soviética y del propio Fidel Castro, pues al aumentar las presiones para derrotar la revolución, sus líderes vieron en la Unión Soviética un aliado y más que eso un soporte económico envidiable, mientras que para la URSS el tener a un socio a 150 kilómetros de su mayor enemigo, era una coyuntura irrepetible.


Por tanto entre Cuba y la URSS se implantó una relación provechosa para ambos en la que la URSS fue el soporte de supervivencia del gobierno cubano y Cuba fue el emplazamiento estratégico para influir en el traspatio de los norteamericanos.


Fidel Castro asumió que esa alianza iba a garantizar su permanencia en el poder, como ya lo había hecho Stalin y otros líderes comunistas de los países satélites de la URSS en Europa.


Poco a poco el país se fue sovietización, al control material manifestado en los alimentos, ropa, perfumes, transporte terrestre, ferroviario, naval y aéreo, se sumó la esfera ideológica con la adecuación de planes de educación, organización estatal, costumbres y estrategias de los medios de difusión, control de la cultura y establecimiento de férreos controles de disidencia, paralelo a la militarización del país con armas soviéticas o de los países socialistas.


Todavía conservamos en la memoria la carne rusa, las pañoletas, los perfumes soviéticos, los ventiladores Órbita, las lavadoras Aurika, los refrigeradores Zil, los autos Moskvich y Lada, los televisores Krim y los muñequitos rusos y muchas otras cosas que todavía forman parte de la vida del cubano.


Las broncas y perretas del comandante


Al final Fidel Castro no era comunista, ni socialista, su única ideología era el fidelismo y su perpetuación en el poder hasta su muerte, como así fue, desgraciadamente.


A partir de su ascensión al poder y desfalcar todo lo que pudo, desde la nacionalización de las grandes empresas y más tarde hasta los chinchales y los limpiabotas.  Ya esa política había sido exitosa con los ricos que lo apoyaron para financiar la revolución y a los cuales después confiscaría todos sus bienes, a lo que sumó el desastre monetario inventado por el genial economista Che Guevara haciendo que el dólar, que estaba a la par del peso cubano, hiciera que este no valiera casi nada respecto a la moneda norteamericana, lo que ha trascendido hasta hoy.


Cuando estos recursos ya fueron mermando y la economía fue feneciendo, necesitaba urgentemente un aliado que lo sacara del hueco.  Y fue en ese momento que aparecieron los soviéticos, ofreciendo comprarle, primero el azúcar y después todo lo que vendiera, con precios preferenciales respecto a los precios mundiales.  


El que antes fuera un gangster estudiantil, se disfrazó de marxista leninista y encontró a quién deberle para subsistir.


Y todo iba bien hasta cuando ocurre la Crisis de los Misiles, conocida en Cuba como la Crisis de Octubre, que puso al mundo al borde un holocausto nuclear y con el cual Fidel Castro pretendió chantajear, aun a costa de la propia existencia de la humanidad.  Con la retirada de los misiles de la Isla, acordada entre la URSS y los Estados Unidos, se quiebra la amistad entre los soviéticos y Cuba, hecho que no duraría mucho, porque Fidel Castro no tenía para quien virarse.


Por eso poco tiempo después volvió a hacer las paces con Nikita Kruschev hasta llegar a ser parte de firmar importantes tratados comerciales, formar parte de CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica), sovietizar la estructura estatal y el sistema de dirección económica, lo que trajo, por los gigantes volúmenes de suministros a la Isla, una era de bonanza económica, a lo que se sumó los precios bondadosos del azúcar cubano y los volúmenes de petróleo que permitían su reventa con grandes ingresos, llegando a representar el intercambio con la URSS el 85% del comercio exterior de Cuba.


Con la llegada de Mijail Gorbachov al poder en 1985 se mantiene la relación, pero el primer aviso de cambios es que el gobierno soviético afirmó que no enviaría fuerzas militares para la defensa de la Isla.   Por supuesto que a Fidel Castro no le hizo ninguna gracia las reformas de Gorbachov, las que comenzó a criticar, a lo que se sumó la prohibición de dos de las más populares revistas en Cuba, Sputnik y Novedades de Moscú, en las que empezaron a aparecer historias y reportajes que los comunistas estalinistas nunca hubieran permitido.


El punto culminante fue cuando Fidel Castro vio una foto en Sputnik de Ronald Reagan junto a Gorbachov en mayo de 1988.  Ahí mismo decidió suspender la circulación de Sputnik, Novedades de Moscú y otras publicaciones soviéticas, con la sospecha de que el padrinazgo estaba en peligro.  No podía permitir ningún tipo de disidencia, ni siquiera de algunos liberales soviéticos, ninguna crítica al sistema era válida, aunque fuera en la URSS.


Fidel Castro en un discurso premonitorio el 26 de julio de 1989 dijo:


"Si mañana o cualquier día nos despertáramos con la noticia de que se ha creado una gran contienda civil en la URSS, o, incluso, que nos despertáramos con la noticia de que la URSS se desintegró, cosa que esperamos que no ocurra jamás, ¡aun en esas circunstancias Cuba y la Revolución Cubana seguirían luchando y seguirían resistiendo!".


Ya en esos momentos las repúblicas socialistas, una tras otra fueron separándose del carro del comunismo mundial, con la más impactante de todas, el derribo del Muro de Berlín, a lo que le siguió la disolución de la Unión Soviética y su separación en estados independientes.


La teta de la vaca


La Unión Soviética, el gigantesco estado comunista tenía un poderío que todos consideraban inexpugnable.


Con un territorio dos veces y media el de Estados Unidos,  una longitud de 10900 kilómetros que cubría 11 de los 24 husos horarios del mundo; con una población de 287 millones, casi 40 millones más que en Estados Unidos en aquel momento; conformada por 100 nacionalidades;  con un Producto Interno Bruto de 2.6 billones de dólares que lo hacía la tercera economía del mundo, tras Estados Unidos con 5,9 billones y Japón con 3.1 billones; con una producción de 11.7 millones de barriles de petróleo diario, lo que la hacía el tercer productor mundial; 5.1 millones de soldados, más del doble de Estados Unidos y casi igual a la OTAN; 45 mil cabezas nucleares, cuando Estados Unidos tenía 23 mi, le daban casi una supremacía absoluta.


Tras el fracaso en el loco intento de producir 10 millones de toneladas de azúcar en la zafra de 1970, a Fidel Castro no le quedó otra alternativa sino caer dentro de la órbita de Moscú, el que llegó a ser el principal destino de las exportaciones cubanas y el principal suministrador de la Isla.   Pero fue mucho más allá, en 1986 el mayor ingreso de divisas para Cuba fue el petróleo ruso, que reexportaba al mercado internacional, quedando en un segundo puesto el azúcar y el níquel.


La desaparición de la URSS en 1991 provocó una grave crisis económica en Cuba.  El Producto Interno Bruto (PIB) cubano cayó desastrosamente; sus principales productos de exportación cayeron a niveles ínfimos; la inflación pasó de un 0,5% al 26%, y las importaciones bajaron un 75%, con una gran escasez de alimentos, combustibles, e insumos de todo tipo.


Comenzaba para los cubanos el tristemente célebre Período Especial en Tiempo de Paz.


El modelo cubano sobrevivió a la desintegración de la URSS, pero con la aparición de una crisis económica nunca antes vista y que para mí no ha concluido.  Para muchos, incluyéndome, la extinción de la URSS y el campo socialista, más que un evento de primer orden en la política mundial era una señal inequívoca de cambio en Cuba.  Y nos equivocamos.


Y entonces ocurrió algo inexplicable: si Cuba era un satélite de la Unión Soviética, ¿por qué el gobierno cubano no cayó?.  Se los dejo de tarea, hay muchas explicaciones pero no me satisface ninguna.



Cuba tras la desaparición de la URSS


Algunos vestigios de la influencia soviética en Cuba permanecieron, como fue la base de espionaje electrónico Lourdes, la cual fue cerrada por Vladimir Putin, en parte porque ya la tecnología existente no la hacía necesaria, pero fue objeto de un mayor enfriamiento con los rusos.


Tras dejar Fidel Castro el poder, Raul Castro vuelve a Rusia a negociar la gigantesca deuda de Cuba, la que es condonada por Putin.


Pero a Cuba le apareció una nueva vaca que sustituyó la teta soviética: Hugo Chavez y su socialismo del siglo XXI, y que a partir de sus locas ideas de integracionismo y de ayuda con petróleo a otros países, y subvencionar completamente a Cuba, ha llevado a Venezuela a una crisis de todo tipo, peor inclusive que la de la Isla.


Pese a ello, sobrevive un régimen que vive de parásito de otros países, que explota a los médicos, artistas y deportistas para sobrevivir y que agoniza, pero desarrolla una estrategia tras otra, incluyendo métodos propios de la Guerra Fría, para mantenerse en el poder.


No todo ha cambiado para bien


Tres décadas después de la caída de la URSS todavía hay comunistas, algunos ven en Putin y su fiebre de mantenerse en el poder el reflejo de aquella Unión Soviética de la cual él fue un represor.  Sigue habiendo en Cuba, en Rusia y en otros países los que se ilusionan con aquellos tiempos y se sienten nostálgicos cuando los mencionan y hasta repiten Tovarich y alaban a un monstruo como Stalin.


Supongo que la transición de un país comunista hacia la democracia sea un proceso muy complejo que transita no sólo por lo económico, sino sobre todo por la eliminación de la memoria de no nos hace ver adecuadamente las esperanzas y proyectos de vida que nos da un sistema democrático y donde impere la ley.  Supongo que tenga algo con habernos adaptado a algo parecido al Síndrome de Estocolmo.


Y curiosamente queda vigente una alegoría de la URSS, su himno es ahora es el de la Federación Rusa,.  Y no podía ser de otra forma ante tan bella obra musical, que sin embargo nos hace pensar en la Unión Soviética.


A diferencia de la Unión Soviética, las repúblicas que la integraban y los antiguos países socialistas, en Cuba nada ha cambiado para bien, todo lo contrario, la economía es de las más desastrosas del mundo comparable con Haití o los países más atrasados de África, la represión cada dia es peor, volviendo a la época de los mítines de repudio y la violencia política y las prácticas estalinistas han sido llevadas a su mayor expresión y la desesperanza es tal que Cuba se ha convertido en un país en el que los cubanos son desterrados o se destierran por su propio deseo en forma masiva.


El futuro de Cuba, a pesar de las expectativas de muchos, no existe, ni habrá una transición con gran influencia de la diáspora, cada vez mayor, porque esta no puede estar más dividida y son muy pocos los que han retado al oficialismo y no han sido obligados a emigrar.  Los más valientes han sido falsamente acusados de lo que no son y desgraciadamente una mayoría se cree, por costumbre o por cobardía, el discurso oficial, convirtiéndose en "cefalomos" sin criterios y sin derechos, a los que solamente les interesa, a toda costa, sobrevivir, aunque sea con migajas y ninguna libertad de pensamiento o de acción.


Desgraciadamente hay que parafrasear a Carlos Gardel: “treinta años no son nada”.  Pero para una persona es casi media vida.















martes, 4 de enero de 2022


 

Las Navidades, un mito convertido en costumbre y ahora en un negocio


"Ni aquí, ni ahora. Vana promesa

De otro calor y nuevo descubrimiento

Se deshace bajo la hora que anochece.

¿Brillan luces en el cielo? Siempre brillaron.

De esa vieja ilusión desengañémonos:

Es día de Navidad. No pasa nada."


Navidad, de José Saramago



Siempre el fin de año está preñado de melancolía y nostalgia, dondequiera que estemos vienen a la memoria los buenos momentos en que toda la familia se reunía y al despedir el año viejo  hacíamos votos porque el siguiente fuera el mejor, seguido por aquel instante en que los menores nos mostraban su mejor sonrisa al ver lo que le habían traído los Reyes Magos.


Pero lo que más recuerdo de las navidades está asociado a dos palabras: la cena de Nochebuena y el Aguinaldo.


El Aguinaldo.


El aguinaldo era una institución que esperaban todos los trabajadores como una forma de recibir ingresos económicos adicionales, una regalía que venía a ser un sueldo mensual extra, como mínimo, o más en algunos casos.  Recuerdo que se le decía "el Arturito" porque hubo un senador camagueyano, Arturo Hernandez Tellaheche que propuso su legalización.


El aguinaldo era normalmente el salario extra que le daban los empleadores por navidad, pero también tenía otra connotación que para algunos la hacía parecer una propina o una limosna, pero para mí no era así.  Algunas personas daban limosna no para compadecerse de la desventura ajena, sino para que los vieran y los consideraran buena gente, y otros daban propina porque lo trataron bien y esperaban que lo trataran mejor en su próxima visita al lugar donde la dio, ya sea un restaurante, un hotel, un taxi o una cafetería.



La práctica de la propina debemos haberla adquirido de los norteamericanos porque en España no se acostumbra, y casi todas nuestras costumbres vienen de la Madre Patria, pero la del aguinaldo nos viene de siempre, porque desde los tiempos más remotos, la pedian, mediante una tarjeta de felicitación, todos aquellos que de una forma y otra nos rodeaban, algunos de ellos de oficios ya desaparecidos o en fase de extinción como el cartero, el lechero, el bodeguero, el sereno, el farolero, el guaguero, los porteros, los acomodadores de los cines y hasta los barrenderos del barrio y todos los comerciantes habidos y por haber, desde el puesto de fritas o el punto de venta de café de a tres kilos hasta la tienda más exclusiva.


En todas partes aparecía un Santa Claus de barro, sonriente, esperando nuestro aporte, que no podía salir de otro lugar, sino del aguinaldo de los asalariados, el que iba mermando con tantos solicitantes.  Paralelo a ello aparecían en esas fechas, aprovechando que la gente tenía un poco más de plata, las rifas en los centros de trabajo.  Y también algunos dejaban una buena parte del aguinaldo en billetes de lotería y vidrieras de apuntaciones, a ver si la suerte les sonreía, lo que era muy raro.


El aguinaldo duró, como todo lo bueno, hasta que apareció la revolución.  En diciembre de 1960 se pagó, pero se hizo saber que esa práctica no continuaría porque, según los sindicatos, esos que debían defender a los trabajadores, en cambio defendieron su eliminación.


La cena de nochebuena


De la cena de nochebuena ya he escrito hasta la saciedad, porque es algo de lo que nunca nos olvidamos.  El lechón asado, la yuca con mojo, y sobre todo las golosinas que no se veían en otra época del año, identificaban a esa celebración, al igual que era de las pocas veces en que se reunía toda la familia.


Mágicamente aparecían los turrones (Alicante, Jijona, Yema y otros), los dátiles, los higos, las nueces y las avellanas.  Y junto con ello estaban, aunque las había todo el año, frutas de climas templados como manzanas, peras, melocotones y uvas, y una de las más recordadas  de esos tiempos era la venta masiva de manzanas acarameladas.


Y también estaban los dulces caseros hechos expresamente para esa cena, los buñuelos de yuca y malanga en forma de ocho y su almibar de anis, los cascos de naranja o toronja y los quesos blancos o patagrás para acompañar a ellos o a otros dulces de frutas en almíbar.


Pero la cumbre de todo ello era el turrón, que junto con el lechón asado, eran el símbolo de la Nochebuena.   Había muchas marcas conocidas de turrones españoles, pero también eran muy demandados los de  La Estrella (la marca del famoso chocolate) y La Ambrosía, dos grandes productoras cubanas de confituras que se destacaban por los chocolates en barra para derretir, ideales para dulces y chocolate caliente, pero también por los exquisitos turrones, sobre todo los de yema y de mazapán que no tenían nada que envidiarle a los españoles, lo que aumentó la bien ganada fama que ya tenían por sus galletas dulces, sus caramelos y sobre todo sus chocolates.


Llegó la revolución y durante sus dos primeros años mostraron una rara voluntad navideña, aunque se hicieron intentos de eliminar a Santa Claus, una figura extranjera, por un guajiro barbudo vestido con guayabera y sombrero de yarey, al que se llamó Don Feliciano y del que pocos se acuerdan.  Junto con ello camiones militares recorrieron los barrios más humildes repartiendo carne de puerco, arroz, frijoles negros y turrones.


Pero al final resulta que una de las tradiciones más lindas de los cubanos se convirtió en una fiesta imperialista, por lo que se  se suprimieron las fiestas de Navidad, desde 1969 a 1998, alegándose que interrumpía las tareas de la zafra azucarera (durantes siglos no la había interrumpido y Cuba era el mayor productor mundial de azúcar de caña).  La celebración ya con otro carácter, se pasó para el 26 de julio, fecha del ataque vergonzoso y fallido al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba y junto con este hecho desapareció el Día de los Reyes Magos.


El primero de enero y fin de año se siguió celebrando, no despidiendo a un año que termina y haciendo proyectos y deseos para el nuevo, como es en todo el mundo, sino para conmemorar otra fecha política, el ascenso al poder de la revolución.  Batista nos embarcó escogiendo ese día, una maldición adicional a lo que se avecinaba con su huida.




Los Reyes Magos se exiliaron de Cuba



Me pongo a pensar que pensarían los niños de hoy, mi nieto por ejemplo, si le digo que ya Santa Claus no va a venir el 25 de Diciembre, sino el 4 de julio porque es el día que se celebra la independencia de Estados Unidos.  Seguramente no lo entendería, porque no hay nada más triste y a la vez cruel que acabar con tradiciones que no afectan absolutamente a nadie, sino que solamente traen alegría y buenos sentimientos.


Cuando éramos niños nos contaban que existían tres reyes barbudos montados en camellos  llamados Melchor, Gaspar y Baltazar que, traían juguetes en sus bolsas a todos los niños, y que en otros países lejanos entraban por las chimeneas, pero que en Cuba entraban por debajo de la puerta y de sus bolsas sacaban los juguetes que anteriormente le pedíamos en las carticas que se ponían al pie de los arbolitos de Navidad.


Todos escribimos cartas que comenzaban: “Queridos Reyes Magos: Ante todo, esperamos que se encuentren bien, y si creen que nos hemos portado bien, y les alcanza, pues sabemos que llevan juguetes a muchos niños en el mundo, quisiéramos que nos trajeran…..”, una inocencia que algunos padres no podían complacer, pero que sin duda alguna estaba llena de magia.


Los Reyes Magos eran parte de nuestros sueños y fantasías infantiles y nuestros padres se desvivían por complacernos en lo que podían, y no olvidamos los paseos en los días navideños por las vidrieras de las tiendas de Monte, Galiano, San Rafael y Belascoaín, donde veíamos los juguetes que los reyes nos dejarían el 6 de enero.


Dejábamos la noche del 5 de enero leche, maíz y yerba para los reyes y sus camellos y dormíamos apurados con la ilusión de lo que nos dejarían en el arbolito.  Los padres habían escondido los juguetes y los llevaban al arbolito en cuanto los niños se dormían.


A veces los juguetes, o en la mayoría de los casos, no eran los que queríamos, pero siempre eran motivo de felicidad y hasta mejores que los que esperábamos.  Pero todo tiene su fin y fue un momento triste y desagradable cuando un alumno de mi misma escuela, mucho mayor que yo, me dijo que los reyes no existían y que eran los padres.  Me fajé a golpes con él porque la ilusión hay que defenderla con todo.


Después, recuerdo que iba a cumplir 9 años y mi padre estaba sin trabajo y tenía que salir a luchar el sustento diario, fabricando y vendiendo chancletas de varios tipos. Un día sorprendí a mi madre y a mi tía cosiendo un traje de pelotero con mi nombre, no dije nada pero supuse que no era lo que le iba a pedir a los reyes magos pero era lo que podían traerme, así que sospeché la verdad, pero me dije que lo importante es que por escasas que fueran las posibilidades de la familia, para el día de Reyes los niños tenían que tener algo que los alegrara.


Pero un día impusieron el eliminar la navidad, con sus arbolitos, la cena de Nochebuena y la llegada de los Reyes Magos, porque era un símbolo religioso imperialista y que a partir de entonces lo que ameritaba una verdadera celebración era el 26 de julio.  De un plumazo, una tradición de siglos, se vio destrozada.


Los reyes dejaron de venir, se exiliaron y en su lugar los juguetes se convirtieron en básico, no básico y dirigido y obtenerlos pasaba por dos momentos trabajosos, varios días de cola para poder comprar los primeros días y tener acceso a los mejores juguetes y después la sorpresa de lo que quedara disponible, lo que después se convirtió en una rifa, como si fuera la lotería: si te la sacabas comprabas un buen juguete, si no, los despojos.



Mientras tanto yo, como solo tenía hijos varones, aproveché mi habilidad de encuadernador, para crear aviones, carros, barcos, lo que pudiera con cartón y papeles de colores, para de alguna forma lograr la magia que hace un juguete en un niño, no un día en especial, sino todo el año.


Los Reyes Magos pasaron a ser una leyenda que solo los mayores recordamos con nostalgia, al igual que la celebración de la Nochebuena, sin arbolito y con lo que pudiéramos conseguir para acercarnos a aquel banquete tradicional, fingiendo que en lugar de despedir al año que terminaba, celebrábamos el aniversario del triunfo de la revolución, una de las muestras de la hipocresía en la que hemos vivido desde hace más de seis décadas.


A nuestros hijos le robaron la magia de la infancia, el brillo de felicidad en los ojos al descubrir los juguetes en el arbolito, una de las cosas de la vida que no tienen precio y algo que no es nocivo para nadie, por el simple hecho de adoctrinarlos en una existencia llena de odio contra el mundo real, como seres convertidos en hombres nuevos, como el Ché, una consigna vacía que por suerte no ha prosperado porque nadie quiere ser ni un loco ni un asesino como el argentino.


Cuba no es solamente un país en donde a los niños les robaron la ilusión, sino un lugar donde nos robaron nuestras costumbres y nuestros valores intrínsecos a nuestra nacionalidad y eso no se puede perdonar.



El origen de la Navidad


El 25 de diciembre, Día de Navidad, se celebra desde el año 336 cuando el emperador romano Constantino, el que dejó de lado las celebraciones y cultos paganos e hizo del cristianismo una religión de Estado.


Eso hizo que se apropiaron de un culto pagano y lo transformaron en una fiesta religiosa.

La celebración de esta fiesta el 25 de diciembre está relacionada con el nacimiento anual del dios-Sol en el solsticio de invierno adaptada por la Iglesia católica para permitir la conversión de los pueblos paganos.


En realidad el nacimiento de Jesús de Nazaret no está registrado ni en el Antiguo Testamento ni en el Nuevo Testamento. El 25 de diciembre ha sido una fecha clave para los pueblos de la antigüedad que celebraban el solsticio del invierno en el hemisferio norte desde el 21 de ese mes, lo que probablemente llevó a considerarlo una fecha apropiada.


Constantino, un monarca depravado y corrupto, fue el que implantó el culto cristiano y esta celebración.  No en balde la Iglesia Ortodoxa considera a Constantino como un santo, a pesar de que está muy lejos de lo que puede considerarse una deidad o siquiera una persona piadosa o buena, sus acciones son horribles.  Mandó a asesinar a su hijo porque su esposa lo acusó de querer seducirla y cuando supo que era mentira, también la mató a ella; la barbarie y la crueldad de su mandato fueron extremas, como el caso de que instauró que el dueño de un esclavo podía hacer con ellos lo que quisiera, inclusive matarlos, los que permitieran la seducción de sus hijas serían asesinados con plomo fundido por la garganta, los ladrones de la recaudación de impuestas ajusticiados, los prisioneros tendrían que estar sometidos a ver la luz del día continuamente y aunque eliminó la crucifixión por lo que representaba, implantó la horca como método de ajusticiamiento.


Todo ello tiene relación también con que la duración del día, el 21 de diciembre con el comienzo del invierno, es el día más corto del año en el hemisferio norte, por lo que se ha asociado en diversas culturas, como griegos, romanos, germanos, escandinavos y aztecas, con eventos de muerte y resurrección.


Y otros teólogos, consideran diferentes fechas, porque se sustentan que si los pastores cuidaban sus rebaños al aire libre el día del nacimiento de Jesús, no podía ocurrir en diciembre.  Así algunos hablan del 20 de mayo,  otros que ocurrió en la primavera y así sucesivamente, evalúan, según sus criterios, un hecho que no tiene sustento histórico alguno.


Algunas curiosidades de la Navidad


El Príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo llevó la costumbre de los árboles de navidad a su esposa, la Reina Victoria de Inglaterra, porque los abetos decorados había sido una tradición en su natal Alemania desde tiempos medievales.  Una ilustración de la pareja al lado de un árbol de Navidad apareció en la prensa de 1848, lo que fue el inicio de una costumbre que se volvió universal.



Muchas de las canciones propias de la Navidad, tienen un origen muy curioso.


Jingle Bells, una canción clásica navideña, dada a conocer en 1857, fue escrita por James Pierpont, para celebrar Thanksgiving, o Día de Acción de Gracias y no para la Navidad.  Aunque no hay ninguna mención a la Navidad en ellas, décadas después fue asociada, exitosamente con las fiestas navideñas.


Curiosamente las más icónicas canciones navideñas, fueron compuestas por judíos:


Las canciones de navidad más populares no son sobre Jesús, sino de campanas de trineos y los arreos de los renos, Santa Claus y el muérdago, en resumen sobre el invierno y por la estancia de la familia en casa por las fiestas.

Son de autores judíos piezas como "White Christmas", "Let It Snow", "Rudolph the Red-Nosed Reindeer", "A Holly Jolly Christmas", "Silver Bells", "Rockin' Around the Christmas Tree", "Santa Baby" y "Chestnuts Roasting on an Open Fire".  Para rematar, una de las más recientes y muy popular: "Last Christmas", es de la autoría de George Michael, de raíces judías.


Coca-Cola, la popular soda, ha jugado un papel muy importante en la difusión de la imagen de Santa, la que rediseñó en 1931 e hizo más humana y amable y es la que conocemos en el día de hoy y que hace las delicias de los niños


Y no pensemos que Fidel Castro fue el único que prohibió los árboles de navidad, también el presidente Theodore Roosevelt prohibió los árboles de Navidad en la Casa Blanca, debido a que por su espíritu conservacionista y ecologista consideró que esa práctica llevaba a la deforestación.


E increíblemente, los peregrinos, considerados como los iniciadores de la nación norteamericana, no celebraban la Navidad y en Boston de 1659 a 1681, estas fiestas fueron declaradas ilegales, lo que hizo que hasta poco después de la independencia, las Navidades no eran bien vistas porque se consideraban una costumbre inglesa.


La Navidad es un gran negocio


Las celebraciones actuales de la Navidad van mucho más allá de consideraciones religiosas, de hecho, a pesar de que muchos lo consideran una fiesta de fe, lo real es que su verdadera razón tiene un sustento comercial en el que participan no solo el consumo material de comidas y bebidas, sino también los medios de difusión, espectáculos musicales, el cine y la literatura y por ende Internet que es un resumen de todos ellos.


La Iglesia Católica habla de celebración y no de aniversario o nacimiento, porque eso, como tantas otras cosas, no tienen sustento histórico ni científico a pesar de que los dogmas y la ceguera dominen las mentes de millones.


Pero al final, es una época linda, evocadora, inspiradora y que nos trae muchos recuerdos y que no hay por qué desechar ni mucho menos combatir, sino disfrutar, aunque en Enero no tengamos un centavo y estemos llenos de deudas porque el negocio hizo que la tradición se quedara muy atrás.






miércoles, 22 de diciembre de 2021

Pepe Botella y Quevedo

 Pepe Botella y Quevedo


¿Existe alguien de mi generación que no recuerde los cuentos de Quevedo?.  Estoy seguro que no, aunque ya nadie hable de ellos, pero voy a rememorar mis vivencias al respecto.


Una de las alusiones de mi abuela a su terruño y que repetía con mucha gracia, como es propio de los andaluces, era su referencia a Pepe Botella y a Quevedo, probablemente el escritor picaresco y no el de los cuentos, aunque al final vinieron siendo casi el mismo.


Pepe Botella


José I de Bonaparte reinó entre junio de 1808 y diciembre de 1813 en España gracias a su hermano mayor, Napoleón Bonaparte, y es el mejor ejemplo de tener una fama injustificada, sobre todo cuando se le atribuyen defectos que no merece.   Aunque se afirma que era abstemio o que tomaba muy poco, que nunca se le vio borracho y que era muy medido en la comida, la historia lo ha conocido como Pepe Botella, una fama indebida.


No era un hombre de virtudes y a la sombra de su emperador hermano hizo lo que le dio la gana, en particular en su afición a las mujeres.


Al llegar a Madrid en Enero de 1809, dictó decretos que favorecían el juego y la industria de bebidas espirituosas, a la vez que mantuvo varios romances, entre ellos con la Condesa de Jaruco,  María Teresa Montalvo y O'Farrill, que se había casado con el hombre más rico de Cuba y que después se arruinó por sus gastos en la corte de Carlos IV, y por poco  la condesa también acaba con el tesoro real manejado por Bonaparte.


No es extraño que los españoles, y una de las herencias que nos dejaron a los cubanos, es poner en ridículo, sin razón o con ella, a cualquiera que le moleste o le cause algún daño, por lo que tanto en Cuba como en la Madre Patria abundan estos motes y uno de los más manidos fue el de Pepe Botella y otro que ha llegado hasta nuestros días: Mambrú.


John Churchill era el comandante de las tropas británicas, holandesas y alemanas que luchaban del lado de los que querían que el archiduque Carlos de Austria acabara en el trono español. Churchill ostentaba el título de duque de Marlborough, que para un español tal nombre era casi impronunciable, por lo que se le rebautizó como Mambrú, lo que realmente no dista mucho de Marlborough fonéticamente, y se hizo popular este canto infantil:


“Mambrú se fue a la guerra,

¡qué dolor, qué dolor, qué pena!,

Mambrú se fue a la guerra,

no sé cuando vendrá.

que do-re-mi, que do-re-fa,

no sé cuando vendrá.”


Así que al rey impuesto por Francia había que molestarlo y a José I se le abdicó el apodo de Pepe Botella y se dijo que era un borracho perdido, y como decir las cosas con gracia es más efectivo, se hicieron famosas coplas como la siguiente:


“Cada cual tiene su suerte,

la tuya es de borracho

hasta la muerte.


Pepe Botella, baja al despacho.

No puedo ahora, que estoy borracho.”

No importa que el hermano mayor del emperador no fuera ni borracho ni tonto, lo que demostró tras concluir su corto reinado, cuando con la fortuna resultante de las joyas de la corona española se fue a vivir a New Jersey en Estados Unidos, donde adquirió tierras y construyó un palacete, con lujosos muebles, obras de arte y una biblioteca, donde vivió durante tres décadas casi hasta su muerte sin que nadie lo molestara mientras su hermano murió abandonado y despreciado en la isla de Santa Elena.


Y como una especie de maldición que dejó, Pepe Botella tuvo un sucesor despreciable, 


Fernando VII de Borbón , conocido como el rey Felón, que no le importaban los intereses ni deseos de sus súbditos, se mostró como un absolutista, vengativo, traicionero y sin escrúpulos, rodeado de aduladores y bandidos que le ayudaron a ejercer un control casi absoluto del poder mediante una fuerte represión ilimitada.  Gobernó como el peor de los déspotas y la historia lo considera de los peores reyes españoles, si no el peor.


Bajo el reinado de Fernando VII, la burguesía ganó terreno y el país dejó de ser una potencia de primer orden, perdiendo casi todos los territorios de ultramar y el caos económico, político y social, llevó a España a una crisis de la que no se repondría.


Y sobre Fernando VII conocí también el por qué de otra frase que decía mi abuela : “Así se las ponían a Fernando VII”, y es que el rey era aficionado al billar y los guatacas que jugaban con él fallaban los tiros, dejando las bolas en posición favorable para que hiciera carambolas y así ganara.


Francisco de Quevedo


Y ya mayorcito, los cuentos más atrevidos que corrían entre los jóvenes, eran los cuentos de Quevedo.


Mientras que eran voz popular los cuentos de Quevedo, muchos no sabían que se trataba de uno de los más grandes exponentes de la literatura española, sino lo identificaban como un personaje típico de la picaresca.   Pues de ese Quevedo, el escritor, también mi abuela me refería una copla, que se basa en esta historia:


Que viene como con vino


Un hombre completamente borracho, iba sobre un burro y su borrachera hacia que el animal se fuera de un lado al otro y el hombre estuviera al borde de caerse.  Quevedo lo vio y al preguntar a sus acompañantes que les parecía ese mamarracho, le contestaron:


-Viene como conviene a los que vienen de la romería.


A lo que Quevedo respondió con esta copla:

“Ese pollino que viene

montado en otro pollino

no viene como conviene

que viene como con vino.”


Pues “no viene como conviene sino que viene como con vino” era otra de las frases que mi abuela repetía cuando el caso lo amerita, sobre todo cuando llegaba mi tio Enrique un borracho perdido, que casi siempre llegaba a ver a su madre y con lágrimas etílicas se dedicaba a hablar mal de sus hermanos.


Ya después en la escuela, era objeto de gracia otras citas de Quevedo:


Una adivinanza: "Entre dos piedras feroces sale un hombre dando voces, qué es...¡el pedo!.


O esta otra, que al decirla ya nos sentíamos casi hombres:


“No hay contento en esta vida

que se pueda comparar

al contento que es cagar.

No hay gusto más descansado

que después de haber cagado.”


Pero después al comenzar a practicar mi entretenimiento favorito, la lectura, conocí muchas cosas de Quevedo, como estas.


El rey llama a la puerta


Quevedo acompañaba al rey Felipe IV y al subir una escalera, se detiene para abrocharse los cordones de un zapato, ante lo cual el rey, que ve a Quevedo con el culo empinado, le da una nalgada, a lo que el escritor responde con un viento.   El rey le dice que es una falta de respeto lo que ha hecho, pero Quevedo, con su agilidad y agudeza le responde:

-Oiga su Majestad, ¿a qué puerta llama el rey que no se le abra?. 


Quevedo estaba obsesionado con la parte trasera de los humanos y por ello escribió " Gracias y Desgracias del Ojo del Culo'', donde explica que se puede prescindir de los ojos de la cara pero no del ojo del culo, una expresión que si algún niño o joven de nuestra época decía textualmente, le costaba muy caro.


Pero es cierto lo que decía Quevedo en ese libro:


.....es más necesario el ojo del culo solo que los de la cara; por cuanto uno sin ojos en ella puede vivir, pero sin ojo del culo ni pasar ni vivir. Su vecindad, es sin comparación mejor, pues anda siempre, en hombres y mujeres, vecino de los miembros genitales y así se prueba que es bueno, según aquel refrán: Dime con quien andas, te diré quien eres. Él se acredita mejor con la vecindad y compañía que tiene que no los ojos de la cara, pues éstos son vecinos de los piojos y caspa de la cabeza y de la cera de los oídos, cosa que dice claro la ventaja que les hace el serenísimo ojo del culo.”


Una simpática alusión a este tema lo tenemos en el Poema al pedo, del cual un fragmento dice:


“El pedo es como la nube que va volando

y por donde pasa va fumigando,

el pedo es vida, el pedo es muerte

y tiene algo que nos divierte;

el pedo gime, el pedo llora

el pedo es aire, el pedo es ruido

y a veces sale por un descuido”.


Caballo muerto


Su agudeza era tal que el rey tenía un caballo preferido que estaba enfermo y mandó a Quevedo a ver si estaba vivo o muerto, diciéndole que si estaba muerto, no se lo dijera, porque lo castigaba.  Quevedo cumplio el encargo y regresó a donde el rey, diciéndole:


"El caballo de mi Bamba, 

ni come, ni bebe, ni anda. 

Está tumbado en el prado, 

le entran moscas por la boca y le salen por el rabo”


Le dijo entonces el rey: - ¿Y qué quieres decir?, ¿qué está muerto?


A lo que respondió Quevedo: -Usted lo ha dicho, que yo no he sido.


Dame pie


Otra anécdota que no le hizo mucha gracia al rey fue la del pie.


El rey Felipe IV le dijo que como él era muy ingenioso para improvisar, que le compusiera al momento unos versos. Quevedo le dijo al rey que escogiera el tema, para lo que le dijo: 


-"Dadme pie Majestad".


Queriendo hacerse el chistoso, el rey en lugar de decirle un tema, estiró la pierna hacia él, pero  Quevedo, dándose cuenta de lo que pretendía le dijo:


-"Paréceme, gran señor, que estando en esta postura, yo parezco el herrador y vos la cabalgadura.


Escoja


Quevedo era amigo de las apuestas y apostó a que le iba a decir coja en su cara a la mismísima reina, la cual se molestaba mucho cuando le hacían alusión a su defecto.  Fue así que se presentó ante ella con dos flores y le dijo:


“Entre este clavel

y esta rosa,

su majestad ESCOJA”


La hermosura de Quevedo


Y la Descripción de la Hermosura de Quevedo, me produjo más nauseas que risa, ver solo este fragmento:



“...Piojos cría el cabello más dorado,

lagañas hace el ojo más vistoso,

en la nariz del rostro más hermoso

el asqueroso moco está enredado.


La boca de clavel más encarnado                               

tal vez regüelda a hálito fatigoso,

y la mano más blanca es muy forzoso

que al culo de su dueño haya llegado.


El mejor papo de la dama mea

y [a] dos dedos del culo vive y mora,                      

y cuando aquesta caga, es mierda pura.

Esto tiene la hermosa y más la fea,

veis aquí el muladar que os enamora,

cágome en el Amor y en su hermosura.”


Los cuentos de Quevedo


De Quevedo se puede uno morir de risa leyendo el Buscón, Poderoso caballero es Don Dinero, Érase un hombre a una nariz pegado o El Gran Tacaño, su libro de cuentos y chistes por excelencia y sobre él había muchas anécdotas, cuentos, chistes familiares y juegos de palabras, pero sobre todo me refiero a los chistes que se contaban popularmente en la Cuba de los cincuenta, junto con los de Pepito, su heredero.


¡Hasta por el culo me conocen!


Uno de los cuentos más populares es que Quevedo se va a una azotea para ver mejor un desfile que iba a pasar por la calle, pero le entra ganas de ir al baño y se le había cerrado la puerta de acceso por lo que decide irse a uno de los laterales y tratar de cagar hacia abajo, cuando pasa una señora y al ver lo que está ocurriendo, grita: ¡Que veo!, a lo que responde Quevedo: 


-¡Hasta por el culo me conocen!.


Limas y Limones


Quevedo, que está haciendo caca (siempre está haciendo caca), ve venir a unas monjas y no le da tiempo de ponerse todo el ropaje por lo que se sube a una mata y las monjas se detienen a coger fresco, una de ellas ve unas protuberancias que cuelgan, las toca y le dice a la otra: son limas, a lo que responde la otra:, no, son limones y así siguen con el toqueteo hasta que Quevedo responde: no son limas ni son limones, son los huevos de mis cojones.



Mostacita


Otro cuento nos habla de un personaje al que llaman Mostacita y que acostumbraba a hacer caca en su cuarto y tirarla por la ventana; en eso pasa Quevedo y un acompañante y lo llenan de excremento.  El acompañante le dice, -es Mostacita, a lo que Quevedo responde: -que Mostacita, es Mierda.


El de la cara redonda y el tabaco en la boca


Quevedo que va en un tren y tiene ganas de hacer caca (¡otra vez!) pero el baño está ocupado, por lo que decide bajarse los pantalones y sacar el culo por la ventana y comienza a cagar, pero siente que le gritan: el de la cara redonda y el tabaco en la boca que se meta que vamos a entrar a un túnel.


Pepito


Con el cambio generacional en Cuba la Orquesta Aragón y Benny Moré es música antigua, en Estados Unidos Frank Sinatra y Ella Fitzgerald es música antigua y leer es un hobby pasado de moda, al igual que practicar modales de convivencia y civilidad e igual pasó con los cuentos.


Con las nuevas generaciones, Quevedo quedaría poco a poco en el olvido y el nuevo protagonista sería Pepito, uno de los más representativos de la realidad de la Cuba revolucionaria, porque refleja toda una época, y uno de sus cuentos icónicos fue el siguiente:  

La maestra pregunta a los alumnos: ¿Cuántos tipos de leche ustedes conocen?


-Leche evaporada, dice uno.

-Leche condensada, afirma otro.

-Leche de chiva, agrega un tercero

-Leche de litro, dice otro, hasta que levanta la mano Pepito y responde.


-Leche de caballo muerto, maestra. 


Explícate Pepito, no entiendo eso, la que da la leche es la yegua y cuando está viva.


-Si, maestra, es que cada vez que le pido leche a mi mamá, ella me dice: ¡Cuando se muera el caballo!.


Lo cierto es que se murió Fidel Castro y los cubanos siguen sin leche que tomar.


Pepito se llama Jaimito en otros países latinoamericanos y España, Johnny en Estados Unidos, Little Johnny en el Reino Unido, Toto en Francia o Pierino en Italia, pero a mi se me hace muy cercano el Pepito cubano, que siempre sale de los apuros en que se ve metido y que para siempre se ha quedado niño lo que le permite ser cínico e irreverente, pero fiel a la verdad y a narrar el contexto en que se vive, representando el pensar cotidiano del pueblo, siempre haciendonos reir, aunque en ello haya una dosis de amargura.


Pero al final, si vamos al humor fino y profundo, ese que no pasa a pesar de que cambien los gustos, me quedo con Francisco de Quevedo, una prueba de que el tiempo no puede llevárselo todo.