jueves, 28 de julio de 2022

Probablemente no los identificas

 


Probablemente no los identificas


Hay cosas que le traen a uno recuerdos muy agradables cuando menos se lo piensa y haber visto casualmente imágenes de artículos desaparecidos ha sido uno de ellos.  Ya hemos abordado el tema de los artículos que ya no se usan, pero que muchos pueden identificar, pero ahora vamos a ver otros que eran comunes hace seis o siete décadas atrás o más y los que no hayan vivido esos tiempos o los hayan conocido en su casa, difícilmente puedan saber cuál era su uso.


Aquellos eran los tiempos en que todos fumaban dondequiera; era corriente ver marcas de carros que ya  solo se pueden ver en museos; predominaban otros sistemas de reproducción de sonido (tan buenos que nada, ni siquiera lo digital ha podido superarlos y están reviviendo); donde la comunicación telefónica nos parece algo propio de la edad de piedra; los juguetes eran primitivos, toscos, y el uso del plástico era muy limitado, solamente algunos producidos en bakelita y predominaban el metal, la madera y el vidrio; las motas peinadas con Wildroot u otra cera para el cabello eran la moda; se acostumbraba ir al cine drive-in y ver la película desde el auto; la cadena de tiendas Woolworth conocida como el ten-cents era muy popular, y muchísimas otras cosas que al verlas tenemos que profundizar en la memoria para reconocerlas o buscar información por otras partes.


Hay otros cosas que desaparecieron como las conocimos pero que se modificaron o revivieron, por lo que no las menciono, como pudiera ser los dulces cubanos, en particular el "mojón de negro" o la africana y el tocadiscos, por mencionar algunos.


Este es otro ejercicio de nostalgia por tiempos ya pasados, sin que se pueda caer en decir que cualquier tiempo pasado fue mejor porque las afirmaciones rotundas no son buenas, pero sin duda que al ver estos objetos, artículos o lo que sea, nos van a aflorar, a la mayoría, sentimientos positivos.


Un amigo, contemporáneo, me comentó que lo que escribo lo va a leer poca gente, probablemente los de nuestra edad y es posible, pero siempre va a haber alguien que comparta estos recuerdos y lo agradezca, mientras otros que están preocupados por saber de su pasado y de lo que no vivieron pero escucharon sobre ello, pero si ello no ocurre, escribo por satisfacción propia, porque me es muy agradable recordar de donde soy, de donde vengo y cuáles son mis raíces y mis vivencias.


Entre los productos presentados aparece un artefacto muy raro, usado por los cobradores de las rutas de guagua y que me recuerda a mi padre, chofer de la COA y a lo eficiente y barato del servicio y lo comparo con Miami, donde la gente solamente toma transporte público en casos como el mío que no tengo unos ingresos que me permitan mantener un carro.  El sistema de Metrobús es puntual y cómodo y solamente se llenan los ómnibus en horarios pico y para eso nunca he visto a nadie de pie (no se si está prohibido).  Si la gente sacara cuentas, las guaguas tendrían una mayor frecuencia y se ahorrarian el pago de seguros, mantenimiento, refacciones, peajes, gasolina y multas.  Y seguramente habría muchos menos accidentes y menos tranques, lo peor de Miami.  Pero parece que en esta ciudad, como pocas, el tener un carro es una absoluta necesidad y no se dan cuenta de que pueden prescindir de él y emplearlo solo en casos de una emergencia, mal tiempo o para pasear.


Calculador: Dispositivo para ayudar al cobrador a dar el vuelto rápidamente y sin equivocarse. Se usaba mucho por los cobradores del servicio de ómnibus.


Cenicero.  Los había de muchos tipos porque se fumaba dondequiera, pero este en particular lo recordamos porque se apretaba hacia abajo y las cenizas y restos se iban hacia el fondo con un movimiento circular.


Planchas de hierro.  Se calentaban en el fogón de carbón y solamente con su peso se planchaba la ropa, pero acababan con el brazo de la planchadora. Recuerdo a mi abuela, a mi madre y a mi tía, fajada con aquellas pesas de hierro planchando la ropa almidonada, que era toda, hasta las sábanas y calzoncillos.  


Batea de zinc con lavadero de madera.  Era el artículo más usado para lavar, lo que se hacía con jabón sólido.  Sin duda era un ejercicio brutal, pero no quedaba otro remedio hasta que aparecieran las lavadoras eléctricas y el detergente en polvo para el que pudiera comprarlas. 


Dispositivo para poder tocar un disco de 45 revoluciones por minuto en un tocadisco.  El área central del disco era más grande que el de fábrica, por lo que este pequeño artículo plástico era imprescindible para poner el disco en el tocadiscos, construidos especialmente para los discos de 78 rpm y los Long Playing de 33 rpm.


Patines de municiones.  Eran uno de los regalos más deseados por los niños. Se los pedían a los Reyes Magos porque había momentos en que era muy pobre y no podía traerles una bicicleta.


Bolsa para agua caliente o lavados.  Esta bolsa era el terror de mucha gente.  Pudiera ser que se llenara con hielo o con agua caliente para aliviar un dolor o una inflamación, pero cuando le conectaban una manguera con un pitón, entonces la cosa se ponía bien fea.


Abanicos de cartón.  En un país tropical como Cuba había que combatir el calor como fuera, aunque realmente no había tanto calor como ahora y el aire acondicionado era algo muy exclusivo y los ventiladores no eran muy necesarios.  El clima era mucho más fresco que ahora, pero el abanico, principalmente el de cartón, el cual regalaban los comercios donde uno compraba o los políticos en campaña electoral, era la principal solución, pues los abanicos españoles, que se doblaban, eran más bonitos y efectivos, pero más caros.


Cafeteras de tela. Eran lo más usual, casi la única forma de hacer café (y en las casas se hacía café varias veces al día). Era un armazón donde se situaba el café molido y se le echaba el agua caliente mientras abajo estaba situado un jarro esperando que filtrara la infusión por la manga.  Por supuesto que no le sacaban el extracto al café, por lo que también se acostumbrara a echarle agua otra vez a la borra.


Máquina de coser.  En las casas se cosía y se arreglaba la ropa, la costumbre no era la de hoy de comprar la ropa hecha, sobre todo para mujeres y niños, se compraba la tela, los botones, los zippers, el hilo y otros adornos y se cosía en casa, por eso casi todos tenían una máquina de coser, y la mayoría era de la marca Singer.  


Dedales para coser. Eran de uso corriente y servían para no pincharse el dedo con las agujas y empujarlas más fácilmente.


El tocadiscos.  Era un artículo muy popular y había portátiles y manuales como el de la foto y como el que tuve (de la marca Philco) y que no tenía muerte salvo por las agujas, hasta otros sofisticados, de muebles elegantes y automáticos que eran capaces de cambiar automáticamente varios discos.  Mi colección de discos, sobre todo Long Playing, llegó a tener más de 500 y los regalé y vendí porque ya no tenía donde escucharlos y a causa de la moda del cassette y más tarde del CD, pero después comprobé que la calidad del Hi Fidelity no se encuentra en ningún otro dispositivo de sonido.


Pluma fuente y tinta.  Los de mi generación aprendimos a escribir con pluma y tinta, después vino el bolígrafo, el portaminas y el plumón, pero aunque ya no se valora la escritura cursiva, sin duda los que ven nuestra letra se admiran de que todavía conservemos el estilo Palmer.  Y la pluma fuente siempre fue motivo de distinción, desde la modesta Esterbrook hasta la elegante Parker, con punta y tapa de oro y ambas acompañadas de la tinta Quick.  Después vendrían otras marcas de plumas y de tinta, pero la excelencia estaba en la combinación Parker-Quick.


Fechador de goma. En todas partes, oficinas, ventas de boletos, tiendas, estaba presente un fechador de goma. Como es lógico, la digitalización lo convirtió en un artefacto inútil, innecesario.  Igual ocurre con los gomigrafos, sustituidos por sellos secos al relieve.


Enciclopedia.  Solo los lectores compulsivos como yo conservan en su casa (al menos conservaba porque la dejé en Cuba junto a tantas cosas) una enciclopedia.  Esa gran obra que nos abría las puertas de todo el conocimiento, dejó de ser útil cuando aparecieron las enciclopedias digitales, como Encarta, y a su vez esta dio paso a la enciclopedia más grande que jamás haya existido: Wikipedia.


Máquina de escribir. Una Underwood portátil Golden Touch fue el regalo de mi padre por haber terminado el sexto grado. Aprendí mecanografía con un libro que venía acompañado de la máquina y alcancé a escribir a velocidades similares a los del "sargento de carpeta" (los que atendían las denuncias en las estaciones de policía y que escribían a gran velocidad).  Cuando llegaron las computadoras personales, con teclados QWERTY, ya hacía decenios que yo era un experto en la materia.  Pero de veras extraño el sonido del teclado de la máquina de escribir y su retroceso.


Sacapuntas.  Seguramente en la casa teníamos los pequeños sacapuntas que dejaban los restos de madera y de grafito por dondequiera, pero estos que vemos aquí solamente los había, por ser más caros y aptos para un uso mayor, en las oficinas y en las escuelas, empotrados en la pared.


Cinta para máquina de escribir. Este artículo ha pasado a la historia junto con la máquina de escribir y solamente lo tendrán algunas impresoras de matriz de punto, que también le van dejando su espacio a las impresoras láser y a las de inyección de tinta.  Y de la impresora 3D ni hablar.


Guía de direcciones y telefónica.  Este dispositivo, que con algunas variantes algunos emplean aún, también ha sido desplazado por la informatización.


Maleta colegial. Todos usábamos maletas de piel para llevar los libros, lápices, reglas y otros enseres escolares, y hasta la merienda.  Las maletas no eran para nada baratas, pero eran una inversión que duraba varios años, toda la escuela primaria y servía para otros al dejar de usarla.  La vida la ha cambiado por las mochilas, que dejarán sin duda una huella en las espaldas de los escolares y solo sirven para un curso.


Escupidera.  En aquellos tiempos donde no existían los antibióticos, se consideraba higiénico escupir dentro de las escupideras para así no contagiar a otras personas, sobre todo cuando proliferaban enfermedades mortales como la tuberculosis.  El desarrollo fue haciendo desaparecer estos asquerosos artefactos, que es dudosa la utilidad que habrán tenido.


Fosforeras. Los cubanos le decimos fosforeras a los encendedores, porque hacen la misma función que los fósforos. La costumbre de fumar era universal y todo nos compulsaba a ello, la vida social, el sentirse interesante, el pensar que ya uno era un un hombre por hacerlo e imitar a los que en los anuncios, en la televisión y el cine, fumaban sin cesar, pero sus secuelas las estamos sufriendo ahora.  Y los encendedores, eran entonces de gasolina con una piedra para hacer la chispa, los que dieron paso a los de gas y más tarde a los electrónicos.


Batidor de mano. Este artículo le resultará gracioso a algunos, pero así se batió durante mucho tiempo los huevos, las claras y otras mezclas hasta que aparecieron los batidores eléctricos en sus distintas variantes.


Cantina. En su acepción más amplia las cantinas eran almacenes de productos cárnicos y vino, locales donde se venden bebidas alcohólicas (un bar), pero para nosotros la cantina está relacionada con una práctica gastronómica donde había personas que se dedicaban a elaborar alimentos (nunca menos de cuatro platos como prefiere el cubano, o sea, arroz, frijoles, carne, vianda frita y ensalada), según previa solicitud y llevársela a su casa a la hora prefijada en una serie de cuatro o más compartimentos que se transportaban como uno solo y en cada uno de los cuales venía cada componente.  Eso era conocido como "comer de cantina", la calidad era excelente y el precio muy bajo. En mi casa despreciaban esa práctica y hasta la criticaban, pero la verdad cada vez que podía iba a jugar con mi primo Héctor para ser invitado a “comer de cantina”, que era como acostumbraban.


Reverbero. "Calienta pero no cocina" era una referencia al reverbero, pero en el doble sentido sexual.  El reverbero era un infiernillo de alcohol que se empleaba cuando no había otro combustible para cocinar. En mi casa, como en todas en Cuba, pasamos del carbón al gas o a la electricidad, y el reverbero era un auxiliar algunas veces útil, pero que de ahí no pasaba.


Colador.  Este colador, muy útil en sus tiempos, pasó a mejor vida ante otros diseños y no se encuentra en ningún comercio, a pesar de ser muy versátil, porque ya la gente no quiere ni mover las manos, todo tiene que ser eléctrico.


Depósitos esmaltados.  Creo que donde único se siguen empleando, y para eso por personas mayores, los artículos esmaltados, ya sea cazuelas, jarros, palanganas y otros, es en México.  El esmalte desaparece y se crea una zona donde aparece el orín, por lo que los plásticos, el acero inoxidable, el cobre y el aluminio los han desplazado.  Antes eran muy comunes en Cuba.


Abridores de botellas.  Antes eran muy comunes y muchas marcas de refrescos y cervezas los promocionaban y la gente los clavaba en las cocinas o patios donde se compartía con familia y amigos.  Ahora raramente se ven y si los encuentras se ve que son muy viejos.  También hay un uso más masivo de la lata y de botellas cuyas tapas se abren fácilmente con las manos.



Bandejas de hielo.  Los refrigeradores modernos, desde hace muchos años, vienen con un dispositivo que sirve agua fría por una parte y por otra cubos de hielo.  Eso ha ido haciendo inoperante las tan usadas bandejas para hielo, que diariamente usábamos, sacando los cubitos accionando una palanca que los separaba de su cubículo.  Después vinieron los plásticos, pero los de aluminio fueron insuperables.


Máquina de moler carne.  Era un artículo imprescindible en cada casa.  Puede que compraras el picadillo ya picado en la carnicería, pero esta máquina servía para moler cualquier cosa y convertirla en un masacote.  La harina de maíz, los vegetales, los sazones, el pan, para todo servía este artículo que ahora ha sido sustituido por las batidoras manuales, los procesadores de alimentos y otros inventos.  Pero cuando en mis tiempos sacaban la maquinita, era que la cosa se iba a poner buena.


Permanente Toni. El cabello ondulado estaba de moda, así que todas las mujeres usaban el permanente casero Toni, una alternativa barata en sustitución de ir a la peluquería.


El quinqué.  En todas las casas había un quinqué, una lámpara que funcionaba con una mecha alimentada con luz brillante o kerosene.  Normalmente se empleaba cuando había un fallo en el suministro de electricidad, muy raro en la Cuba de antes de la revolución (producto de una avería, una tormenta o un ciclón) y de uso imprescindible ante los apagones que han caracterizado los últimos sesenta años de la vida del cubano.


¡Hala la cadena!.  Era una frase empleada comúnmente en Cuba como sinónimo de que descargaras el baño y no salió de la nada, sino de los viejos inodoros o toilettes que tenían el depósito de agua muy alto y al halar una larga cadena que tenía en un lateral con un mango de madera se producía una descarga, a través de una tubería gruesa, tan fuerte que si no te apartabas era capaz de tragarte.  ¡Hala la cadena! era un símbolo de que todo se iba y una frase que nos repetía la madre y la abuela cuando íbamos al baño.


Jeringuilla de cristal.  Las jeringuillas de cristal para inyecciones eran aterradoras.  A diferencia de las actuales, desechables, éstas se usaban una y otra vez, hirviéndolas, lo que incluía las agujas, que iban perdiendo el filo y si no se cambiaban provocaban una penetración dolorosa.  El terror a las inyecciones de mucha gente proviene de estas aterradoras jeringuillas y sus despuntadas agujas.



Mercurocromo.  No había herida, rasguño o infección de la piel que no fuera tratada con mercurocromo.  En ninguna casa faltaba este líquido principal de primeros auxilios, pero después se descubrió que por contener pequeñas cantidades de mercurio, se hizo conveniente desechar  su uso por la peligrosidad del uso continuado y fue siendo sustituido por compuestos de yodo, no ese que conocimos en nuestra niñez, sino otro más suave y más efectivo, el Yodo Povidona, que cubre un espectro más amplio para combatir las bacterias y es menos agresivos con la piel, su efecto dura más y no mancha como sus antecesores, el mercurocromo y el yodo.


Elixir Paregórico.  Probablemente no había ningún medicamento más efectivo para los males del estómago, en particular para los dolores, que el elixir paregórico y ese medicamento que en forma de gotas se vendía libremente, después fue mediante receta médica y hoy no existe (tal y como era originalmente), se debe no a que haya dejado de ser efectivo, sino a que contenía opioides.


Ensartador de agujas.  Si en tu casa nadie cosía, es muy difícil que puedas identificar este objeto, que siempre venía acompañado de la compra de un juego de agujas.  Se trata de un ensartador, un elemento que es de gran ayuda para ensartar rápidamente el hilo en cualquier aguja de coser.


Bigornia. Una pieza pesada de hierro imprescindible para los zapateros y que tenía múltiples usos en ese oficio, sobre todo para clavar, en mi casa era un artículo siempre presente porque ese fue un oficio de la familia durante un tiempo.  Es muy difícil de encontrar hoy en día y la mayoría de aquellos a los que se les pregunte de qué se trata no sabrán responder.


Pieza metálica para suela del calzado.  Tiempos atrás todo el calzado era hecho de piel, incluyendo la suela.  Los zapatos, por tanto, tenían una larga duración, a lo que ayudaba el limpiarlos y aplicarles betún sistemáticamente, y lo que más se gastaba era la suela, por lo que el zapato no se botaba, sino que era llevado al zapatero remendón a ponerle "media suela", para seguir siendo útil, pero había unos dispositivos metálicos en forma de media luna que se ponían en la suela y el tacón y que servían de guarnición para que la suela no se gastara y a su vez anunciaba que ahí llegábamos por el sonido que producían.


Chancletas de palo. En todas las casas cubanas había y se usaban para bañarse, era una madera en forma de suela con una tira de goma o de cuero, fijada con tachuelas o puntillas.  Se remontan a los tiempos en que los esclavos las usaban en lugar de las alpargatas y son la forma más miserable del calzado.


Monederos plásticos.  En los años cincuenta se hicieron populares estos monederos que se abrían apretándolos por cualquier parte y que en el bolsillo, cuando había mucho menudo, se volvían molestos.


Thermo.  No faltaban en ninguna casa y principalmente guardaban el café que no se había tomado en una colada, pero también agua fría o algo para llevar a un viaje o excursión o a la escuela.


Nao Capitana.  El único refresco que costaba diez centavos (los otros costaban cinco) y que era en realidad una leche con chocolate deliciosa que se anunciaba como "un regalo al paladar" y era producida por la fábrica de Chocolate Armada y nombrada en honor a la "Nao Capitana", la nave principal de la Armada Española.  Los que no vivieron en La Habana de los años cincuenta difícilmente lo reconocerán.  Yo la tomaba el día que quería darme un gusto lujoso durante una función de cine.


Pesa de farmacias.  Estas pesas estaban presentes en todas las farmacias y en algunos otros lugares y costaba un centavo pesarse.  Hoy tienen otro estilo muy diferente, pero las mujeres hacían uso de ellas con la misma preocupación de hoy en día.


Aparato de Flit.  ¡Echale flit! era una expresión para acabar con algo, y se trata de un rociador y el líquido para matar insectos que no fallaba y que ya no existe porque probablemente tendría componentes nocivos para el ser humano como el DDT, y la competencia de otras marcas, pero era tan efectivo para matar mosquitos, que se convirtió en el nombre genérico para cualquier insecticida.


Teléfono Kellogg.  El que lo conoció, difícilmente lo olvida porque era irrompible, los pesados teléfonos negros marca Kellogg, eran los más universales de la telefonía por hilos.


Litros de leche.  La leche se vendía casi siempre en pomos de cristal de un litro de capacidad y los lecheros la dejaban en la puerta de la casa y nadie se los robaba.  Ahora se comercializan en galones plásticos, bolsas plásticas o envases de cartón, pero el litro es inolvidable.


Caja registradora.  La tenían casi todos los comercios, bodegas, farmacias y tiendas y era un armatoste de hierro con gigantescas teclas que hoy nos dan risa, pero en sus tiempos fueron muy efectivas.



Teléfono de la policía.  Situados en determinados lugares eran de uso exclusivo de la policía para cubrir emergencias y otras situaciones y siempre fueron cosas misteriosas para los niños que tratábamos de ver que algún policía los usara, pero nunca lo logramos.


Regla de cálculo.   Hasta que se inventó la calculadora electrónica de bolsillo, la regla de cálculo era la herramienta principal para cálculos matemáticos complejos y su uso se extendió hasta los años ochenta. Su precisión es tal que todavía siguen fabricándose en pequeños lotes para usos muy específicos en actividades industriales, de navegación marítima y aérea y otros.  Yo la usé ampliamente, pero si me ponen una en la mano ahora, no se por donde empezar.


Cine Drive in.  Me acuerdo del Autocine, como se le llamaba en Cuba, del reparto Embil en la Calzada de Vento y del llamado "Novia del Mediodía" en la Autopista a San Antonio de los Baños.  Eran cines donde se entraba con un carro y desde él se veía la película.  Una modalidad que ha pasado a mejor vida, igual que el cine tradicional porque con Netflix y sus similares es imposible competir.


Cámara de rollos.  Las cámaras de fotos con rollos de películas eran universales hasta que aparecieron  las digitales. La película fotográfica es un medio de grabación sensible a la luz usado por una cámara analógica y muestra una imagen mejor y más fácil de proyectar en una pantalla grande.  Pero las digitales le ganan en posibilidades al ser muy grande la cantidad de fotos que podemos tomar, borrarlas si no nos gustan, mejorarlas, trucarlas y otras ventajas, por lo que salvo para actividades profesionales, la cámara de rollo ha cedido casi todo el terreno a lo digital.  Es una comparación similar al Wifi del sonido con el mp3.  Y de verdad extrañamos aquellos tiempos en que había que ponerle un extra a la foto porque eran solamente 24 o 36 fotos las posibles y después esperar la emoción para ver cómo quedaron las fotos reveladas e impresas.


Maquinita de pelar.  La máquina manual de pelar era el terror de los niños, y a veces de los adultos también porque si no estaba debidamente aceitada te halaba los pelos.  Por suerte llegaron las eléctricas y la tortura pasó a la historia, pero muchas generaciones sufrimos debido a ella.

 


Marcas de carro que desaparecieron.  En mi juventud había una gran cantidad de marcas de carros que ya no existen y que entonces eran muy populares.  Desde el lujoso Packard, el potente Mercury, el Nash Rambler (un pionero en estructura de una sola pieza, aire acondicionado y cinturón de seguridad), el Studebaker (al cual injustamente se le llamaba "estudesgracia") a pesar de ser un buen carro, el Plymouth (el carro más popular y más vendido de la Chrysler y el que había en mi casa), el Hudson (llegó a ser el tercer más vendido después de la Ford y Chrysler), el Oldsmobile (una de las marcas más antiguas del mundo), el Pontiac (una de las más populares de la General Motors), el DeSoto (otro de la Chrysler) y algunos otros que ahora no recuerdo.  


Guía o Directorio Telefónico.  Mucho tiempo atrás para localizar a cualquier persona, empresa o entidad oficial, lo podíamos encontrar en la Guía Telefónica, un voluminoso ejemplar que se actualizaba anualmente.  Las guías telefónicas dejaron de editarse en papel y aparecieron en formato digital.  Junto con ellas también fueron desapareciendo los teléfonos públicos de pago y los teléfonos móviles y más tarde los smart tv con acceso a Internet, han ido dominando todo el espectro telefónico mundial.


Fogón de carbón. Cuando nací, en mi casa en Bejucal (y creo que en todas las casas) se cocinaba con carbón.  La cocina era sucia, la cocción lenta y trabajosa, siempre estaba presente el tema de las cenizas y el saco de carbón...pero el sabor de la comida era incomparablemente más sabroso que el actual.


Mosquitero. El que diga que no existe el cambio climático es un ignorante.  Todavía cuando me casé en 1969 y cuando nacieron mis hijos en la década de 1970, en cuba se usaba mosquitero en todas las camas para dormir y el ventilador o el aire acondicionado no era necesario.  El clima era mucho más fresco, pero desde hace varias décadas, se hace imposible dormir sin esos aparatos y el mosquitero vuelve a ser un artículo imprescindible, al menos en Cuba, aunque haya más calor.


Wildroot. A lo mejor el nombre no te dice mucho pero si te menciono a "Carlitos Pelolindo" entonces vas a recordar a ese acondicionador para el cabello masculino que fuera tan popular.


Nevera: Era un artículo presente en casi todos los hogares menos los más pudientes que podían contar con un refrigerador.  Por ello el hielo era un suministro diario que no podía faltar y el hielero alguien que era esperado ansiadamente.

Estos son algunos ejemplos de artículos que no perdieron su utilidad, pero sí fueron sustituidos por otros  más acordes con los tiempos que vivimos, o simplemente se hicieron innecesarios.

Cada época tiene sus costumbres y los artículos que la identifican, y pese a las diferencias entre cada región o país, todos los actos del hombre son siempre los mismos, la necesidad de comer, beber, reproducirse y entretenerse, con las diferencias que establece la sociedad, según el ambiente que en el orden religioso, moral, social, económico y cultural imperante.

Pero el mundo ha sido, es y siempre será así, en constante movimiento, cambio y transformación, y si han desaparecido países, surgido otros nuevos y el mundo es ahora muy diferente al de hace seis o siete décadas, ¿cómo no van a desaparecer cosas como éstas?, que a pesar de que las veamos como excelentes o útiles, ya no tienen cabido en el mundo actual, porque hay otras más eficientes, aunque no se puede, desgraciadamente, decir lo mismo de las relaciones sociales, que sin duda alguna, y a diferencia de las cosas materiales, han involucionado.

                 Compra de telas a los "polacos" en la calle Muralla.

















lunes, 18 de julio de 2022

Carabina al tiro



Carabina al tiro


Cuando escucho la palabra "carabina" me vienen a la mente tres cosas:


Primero: Carabina proviene del francés "carabine", y consiste en un arma de fuego parecida al arcabuz y que se desarrolló convirtiéndose en un fusil ligero con el cañón rayado. 


Algunos recordarán de las películas de vaqueros la famosa carabina Winchester modelo 30/30, un arma muy famosa que se fabricó en varios calibres, de los cuales el más popular fue la carabina 30/30  y que fuera fabricada como arma de cacería, pero es probablemente el que más indios ha matado en las películas de Hollywood (y también en la vida real).  E de mayor producción fue el Winchester de 1894, diseñada por John Moses Browning  (la famosa compañía de producción de armas con productos exitosos como pistolas, fusiles, escopetas y cuchillos de cacería) y que se produjo hasta el 2006, siendo el fusil más vendido en toda la historia de los Estados Unidos.


Este fue el primer fusil de cacería que usaba cartuchos de pólvora sin humo, de ahí que se popularizara rápidamente y ha sido el más empleado en las películas del género Western o del Oeste americano, donde todos usaban esta arma como su fusil primario, entre las que destacan el Winchester 73, en la película de igual nombre protagonizada por James Stewart y en casi todas las del racista, borracho y violento ícono del western Joh Wayne.  También hay que mencionar que fue el arma más representativa de la Revolución Mexicana, habiéndose hecho muy popular el corrido "Carabina 30-30" interpretada por Miguel Aceves Mejía, Luis y Antonio Aguilar y otros.


La segunda es la expresión "la carabina de Ambrosio", cuyo significado es la representación de un objeto o persona completamente inútil, que no sirve para nada y que expresa el colmo de la inutilidad, incapacidad, ignorancia o torpeza.


Su origen se remonta a un campesino sevillano que a principios del siglo XIX decide dejar la labranza, donde no sacaba ni para comer, y decide dedicarse al bandidaje como asaltador de caminos, para lo que usaba una carabina que no estaba cargada con pólvora sino con semillas, por lo que cuanta gente trataba de asaltar se burlaban de él por su incompetencia, lo que hizo que le achacaba la culpa de su fracaso a su  famosa carabina. También se le llamó carabina a una chaperona joven que los padres le imponían a sus hijas en sus relaciones con sus pretendientes, algo que también fue inútil para garantizar la moral de las jóvenes.  


La popularidad de esta expresión fue magnificada por obras de Gustavo Adolfo Bécquer en sus "Cartas desde la Celda", Benito Pérez Galdós en "Miau" y en sus "Episodios Nacionales", así como otros escritores.


Y en México conocí que durante las décadas de 1970 y 1980 hubo un popular programa de variedades y musical en el que destacaba Manolo Muñoz, un cantante versátil conocido en Cuba y que se llamaba también “La Carabina de Ambrosio”.


Y la tercera está relacionada con uno de los juegos de mesa o entretenimiento cubano que solamente cede en popularidad para nosotros ante el dominó de nueve fichas.



La carabina para los cubanos.


En Cuba, sin duda alguna, la carabina es otra cosa. 


La carabina es una jugada de uno de los juegos de mesa preferidos del cubano, de aquellos que disfrutamos cada vez que podíamos, cuando la tecnología no dominaba nuestras vidas y la interacción humana era como debe ser para considerarse una sociedad.


Estaban el dominó, las barajas americanas, las barajas españolas, el parchís, el Monopolio, las Damas, las Damas Chinas, los palitos chinos, los rompecabezas, el ajedrez y muchos otros, pero el que nos ocupa era uno de los más populares: El cubilete.


En el cubilete la baraja americana es reproducida en los dados, lo que nos permite crear una gran variedad de modalidades a los cinco cubos o dados que vienen dentro del famoso cilindro de cuero, el depósito que da nombre al juego. 




Entre las variantes más usadas está la de la variante vasca que consiste en lanzar tres veces los dados para retar a los oponentes a superar el tiro en una ronda, durante la cual todos querrán conseguir la  "carabina", una combinación de Reinas y Ases que puede darnos dos puntos o "patas" cuando es mixta, cinco patas cuando es de Reyes, o diez patas cuando es de Ases, conocida como full de Ases y representa una victoria inmediata del juego y es conocida como el "Poker Dice", una variante para los dados del "póker de Ases de cinco cartas, ya que el juego se gana cuando se obtienen diez patas ó puntos.  Si nadie tira una carabina entonces gana una pata el que tenga la mano mas alta, o sea, cinco cundangos, cinco jevas, cinco gallegos o cinco negros.


Por lo tanto, una carabina al tiro, es algo muy raro y que muestra que hemos tenido muchísima suerte en lograrla, porque no interviene en ello nuestra habilidad para nada.


Cada dado tiene las representadas en sus lados las cartas de Póker americano: 

el As (que funciona como comodín), 

la K (que representa al Rey), 

la Q (Reina o cundango), 

la Jota (mujeres o jevas), 

el Gallego (10 rojo), el que solamente vale menos que el negro,

y el Negro (9 negro), una forma racista si se quiere ver así, por ser el que menos vale.



Las bodegas y el cubilete: 


Mientras que "cubilete" tiene otros significados en otros países como Colombia, donde es un cubo o balde pequeño, en México es el nombre de una montaña, el Cerro del Cubilete en Guanajuato, el cubilete de cocina, un recipiente usado como molde o un vaso de vidrio o metal mas ancho por su boca que por su base,  para nosotros el cubilete es un contenedor cilíndrico estrecho y hondo fabricado de cuero y que sirve para mover los dados en el juego del mismo nombre. Algunos cubiletes ahora tienen un forro interior de fieltro que hace que los dados generen un sonido agradable al momento de ser agitados, pero en mis tiempos eran completamiento de piel y los dados de marfil, lo que los hacían indestructibles.  


Y así tenía que ser porque el cubilete es un juego tradicional y muy popular en Cuba, donde, a diferencia de otros países, tenemos nuestras propias reglas y nos cuesta mucho asimilar las variantes mexicanas, por ejemplo. Mis amigos mexicanos juegan diferente el cubilete, pero al conocer el cubilete cubano ya están encantados con el mismo, hasta a veces yo dejo de ganar con tal de perder y cumplir la sanción: tomarme un "caballito" de un buen tequila.


El cubilete cubano es único y no solo por las características del juego, sino porque todos lo juegan y en particular era algo que se jugaba en todas las bodegas (una en cada esquina), donde la gente iba a refrescar y tomarse una cerveza y de paso jugaban una partida, o dos si se embullaban, o más, mientras seguían consumiendo y mejorando la calidad del "saladito" (botana o picadita en otros países).


Tengo gran añoranza por esas breves jornadas jugando cubilete con un amigo, donde el perdedor tenía que pagar la ronda y en cada ronda mejoraba el saladito; en la primera eran chicharrones, en la segunda aceitunas rellenas, en la tercera camarones salados, en la cuarta jamón español y de ahí en lo adelante lo que uno quisiera. Por eso siempre trataba de tirar carabina de naturales o full de ases, y si no, ganar la ronda porque aunque todo era muy barato, si perdía, tenía que pagar.


Las rondas de carabina me traen a la mente también mis primeros Cubalibre, aquella combinación de ron con Coca Cola o Mojitos que ahora me saben muy diferente, así como cuando la cosa se extendía, aquellos deliciosas anchoas o jamón serrano.  Una diversión sana y al alcance de todos los bolsillos, que tristemente desapareció en Cuba y solo quedó para la "nueva clase".


En Cuba desaparecieron todo tipo de juegos y apuestas, como los casinos, las máquinas tragamonedas, la lotería, el hipódromo, el cinódromo y otros más, pero aún subsisten clandestinamente la charada o bolita, las apuestas en la pelota (la pasión nacional) y el dominó, pero el cubilete vio desaparecer a su lugar por excelencia: la barra de la bodega.


Los cubanos sabemos que los juegos de azar nos brindan muy escasas probabilidades de ganar, las que no dependen de nuestra habilidad, sino del azar, pero eso no es lo importante para nosotros, sino la emoción del momento ante el desasosiego de lo que va a ocurrir.


Personalmente me gustan los juegos de mesa familiares en los cuales lo más que podemos perder es el que momentáneamente se burlen de uno o tener que pagar la derrota tomándose un trago o algo parecido, pero nunca perder lo que hemos logrado en la vida trabajando o porque nos cayó del cielo, por ser débiles o adictos ante un juego de azar como si fuera una droga o algo peor que ésta.


Por eso, entre otras razones, tengo tanta nostalgia por el cubilete, porque me recuerda tiempos muchísimo mejores, a pesar de lo que piensen algunos que no los vivieron.



El Cerro del Cubilete


Como viví cinco años en un lugar muy cercano al sitio al que me voy a referir, lo vuelvo a ver cada vez que vuelvo allí a compartir con mi hijo y mi nuera, no puedo dejar de mencionar otro cubilete, esta vez una montaña con un significado religioso que la acompaña.


El Cerro de Cubilete se halla en la región del Bajío, que de bajo no tiene nada, es una larga y extensa meseta de más de dos mil metros de altura que corre por el centro de México.  El cerro como tal está a quince kilómetros de la ciudad capital de Guanajuato, a 2661 metros de altura, y a 800 metros de la meseta del Bajío, siendo la elevación más alta de todo el estado de Guanajuato.  En su cima hay una edificación que contiene un museo y un templo y una estatua de Cristo Rey en su cima, la que puede verse desde la distancia.


Se cuenta que en 1919 el Obispo de León, Guanajuato, de visita en el pueblo de Silao, el más cercano al cerro, imaginó cómo sería ir a esa montaña, disfrutar de la hermosa vista desde allí y oficiar en su cima una misa.  Se recabaron fondos y el 12 marzo de 1920 se efectuó la misa y se colocó la primera piedra de un monumento que se construiría en recordación y homenaje al hecho.


Un mes después, tras haber realizado un artesano labró en piedra una estatua de Cristo de tres metros de altura sobre un pedestal de seis metros, que fue llevada a la cima. El 10 de abril de ese mismo año el Obispo, acompañado de más de veinte mil personas subieron al Cerro al atardecer haciendo brillar con fogatas a la montaña y al amanecer el prelado bendijo el sitio, la declaró como "lugar santo" y le cambió el nombre a "Montaña de Cristo Rey", bendiciendo la escultura y celebrando la misa.


Después se trató de hacer un monumento mayor, involucrando al Vaticano en el proyecto pero el gobierno de Plutarco Elías Calles frustró los planes.  El 30 de enero de 1928 fue dinamitado el monumento,  el que fue destruído durante la Guerra Cristera, un levantamiento contra el gobierno mexicano debido a disposiciones anti-Católicas añadidas a la Constitución mexicana y que tuvo en la zona uno de sus escenarios más crudos.


Más tarde la Iglesia pidió permiso para levantar otro monumento y el presidente Obregón lo negó, por lo que nuevamente el Obispo Valverde mandó a confeccionar un nuevo monumento a Cristo Rey, en este caso el tercero, el que fue conservado en la Catedral de León hasta que llegó un nuevo gobierno, en este caso el del presidente Avila Camacho, autorizó no solamente el monumento sino un santuario. La escultura, que representaba una columna de nubes con la figura de Cristo fue trasladada por partes a la cima del Cerro y donada poco después a la ciudad de San Luis de la Paz.


La cabeza del dinamitado monumento anterior fue llevada en camión por todo el país en una ‘gira misionera’ como una forma de recaudar financiamiento para la obra, la que concluyó en la década de 1950, siendo hoy uno de los santuarios religiosos más importantes de México, pero nadie lo conoce como lo bautizara el Obispo, sino que sigue siendo "El Cerro del Cubilete".



La carabina al tiro de los cubanos de hoy


Carabina al tiro fue lo que sacaron los que pudieron irse por Camarioca, por los Vuelos de la Libertad, por el Mariel, se sacaron la Loteria de Visas o pudieron irse por reunificación familiar o acogiéndose a la Ley de Ajuste Cubano tanto cuando estaba vigente la Ley de Pies Secos-Pies Mojados o entraron legalmente a los Estados Unidos y permanecieron un año y un día para legalizar su estado migratorio.


Carabina al tiro también fue lo que sacaron los que pudieron hacerse ciudadanos españoles gracias a la Ley de Memoria Histórica y así lograr un largo proceso para sacar de su familia de la Isla, o los o las que se casaron con ciudadanos extranjeros y lograron una ciudadanía en otros países, o los que tuvieron la oportunidad de viajar por motivos laborales, estudios, eventos científicos, becas o eventos deportivos y aprovecharon la oportunidad de dejar atrás la Isla y con ello su vida, su familia y sus raíces, un costo muy alto.


La carabina al tiro puede compararse con algo sobre lo que escribí recientemente: sacarse la lotería sin billetes.  Ambos son flechazos del azar que nos tocan a algunos cubanos.


















lunes, 11 de julio de 2022

Los barberos

 


Los barberos


Otra crisis empezó en Cuba en los años sesenta cuando a los Beatles se les ocurrió dejarse el pelo largo.  En ese entonces en Cuba tener el pantalón apretado, el pelo largo o hasta una mota o patillas eran consideradas, según definición indiscutible del emperador en jefe, "actitudes elvispreslianas" y por ende contrarrevolucionarias.  Esa moda hizo que los barberos redujeran considerablemente sus ingresos, porque muchos jóvenes, a pesar de los pesares y siempre que no fueran estudiantes universitarios o trabajaran en lugares importantes, porque esa era causal para ser botados, se dejaron el pelo largo y por ello el barbero se quedó sin clientes.


Antes de eso, cuando alguien estaba con el cabello largo y descuidado, la gente pensaba dos cosas: o estaba enfermo, probablemente tuberculoso, o estaba cumpliendo una promesa a San Lázaro.  Al único que se le perdonaba eso era al Caballero de París.



La gente calculaba el estado financiero de una familia por la frecuencia con que los niños iban a la barbería.  Los cánones de la época solamente perdonaban el pelo largo con lo que dije anteriormente o con el hecho de que la persona fuera un poeta, un pintor o un científico, el resto tenía que mantenerse pelado de acuerdo con la moda.  Otros casos con el pelo largo eran considerados un símbolo de rebeldía o de personas negligentes y sucias.


Yo mientras tanto y por la inevitable herencia, cada vez tenía menos pelo, y mi barbero, que era también calvo, me decía, para consolarme, que pelar a un calvo era como arreglar un traje a alguien que no le quedaba bien, que era más difícil pelar a un calvo que a un peludo.  Pero en verdad aquello no me daba ningún consuelo.


Pero tengo muchas vivencias de los barberos, sobre todo de la época anterior al desastre revolucionario.



Los barberos


“Barbero”, según el diccionario de la Real Academia Española, es la persona que tiene por oficio afeitar o arreglar la barba, pero en Cuba, el barbero no solo afeita, probablemente sea lo que menos hace, porque su ocupación principal es la de peluquero.   Volviendo al diccionario de la Real Academia, entonces peluquero es la persona que tiene por oficio peinar, cortar el pelo o hacer y vender pelucas, rizos, etc.


Pero para los cubanos el barbero es el que corta el cabello a los hombres y el peluquero es el que atiende el  cabello de las mujeres.  Ningún hombre cubano va a decir que va a la peluquería ni que se va a cortar el cabello, simplemente se va a pelar o a afeitar. En otros países, se cortan el cabello y se rasuran.


El barbero de mediados del siglo XX lograba a base de mucho oficio y tijeras lo que hoy hace una maquinita eléctrica y los niños íbamos, asustados, a pelarnos a la barbería donde todavía se pelaba el abuelo y donde también se pelaba su padre. De manera que el barbero, aparte de pelarnos, conocía una buena parte de la historia de toda la familia, al igual que nosotros conocíamos la de él.


La barberia


La barbería más famosa que conocí fue aquella donde ejecutaron al capo mafioso Albert Anastasia el 25 de octubre de 1957 en Nueva York, y que fue noticia de primera plana. Umberto Anastasio dirigió durante años la organización conocida como "Murder Inc." al servicio de la Cosa Nostra y especializada en sacar del camino a los rivales.


Pese a ser un connotado asesino y responsable de más de cien homicidios, solo cumplió una corta condena en la cárcel de Sing Sing ya que los principales testigos desaparecieron.


Fue asesinado a balazos el 25 de octubre de 1957 en la barbería del Hotel Park Sheraton (Hoy Park Central Hotel New York ubicado en el 870 de la Séptima Avenida en Manhattan) por encargo de Vito Genovese y Carlo Gambino, otro miembro de la organización. El propio Gambino le sucedió en el cargo.


Anastasia participó en la conferencia de La Habana de 1946 efectuada en el Hotel Nacional, donde participaron los principales líderes de la Cosa Nostra y entre los grandes ganadores de aquella conferencia de criminales están el nombre de Lucky Luciano, Meyer Lansky, Frank Costello, Santo Trafficante Jr. y Albert Anastasia.


Pero Anastasia era demasiado ambiciosoy tras la inversión de Meyer Lansky en el Habana Riviera y el haberle cedido el judío el Casino del Habana Hilton, Albert reclamó se le transfiriera el Riviera.  Así se fueron acumulando fricciones con distintos jefes mafiosos y la otra conferencia (Apalachin meeting) fue donde se selló su sentencia.


Dos encapuchados llegaron a la barbería "Park Sheraton" donde se encontraba con su barbero Bocchino y lo cosieron a balazos en el propio sillón donde lo atendían. 


Por supuesto, como es costumbre, el asunto quedó sin resolverse a pesar de que sus guardaespaldas no estaban con él, se sabía quienes se beneficiaban con su muerte y que Santo Trafficante Jr. fue el último en visitarlo poco antes de su asesinato.


Pero el asesinato en pleno mediodía, en un centrico lugar de New York, fue sin duda una noticia impactante relacionada con lo que podia ocurrir hasta en una barbería.


La barbería de mi barrio.


La barbería de mi barrio y las de todos los barrios tenían una característica: era un lugar a donde las mujeres no iban, salvo a pelar a algún niño.  Y en las pocas barberías que había una mujer es porque ella era la manicura, porque allí acudían hombres que se arreglaban las manos.


Mi tia conocía a una manicura que trabajaba en una barbería grande que había en la Calzada del Cerro y ella le contaba que la manicura que arreglaba las uñas a las mujeres en la peluquería hablaba sin parar y la que le arreglaba las uñas a los hombres en la barbería, solo escuchaba, apenas hablaba.  El parlamento era algo exclusivo de los barberos.


Pero en esencia la barbería siempre fue un lugar popular, donde iban los que se pelaban, los que se afeitaban y los que iban a conversar, porque si por algo se caracterizaba la barbería es porque alli se hablaba sin parar de cualquier tema y el gran conversador era el barbero.  Creo que lo hacía para entretenerte y te sorprendiera diciendo: ya terminamos, mirate al espejo.



A veces en una misma barbería iban a pelarse el jovencito, el padre y el abuelo.  El cubano, al que le cayó la peor maldición existente con el comunismo donde hay que hacer cola para todo, no tenia sangre para esperar en una cola en cualquier parte, salvo en el salon de la barbería, ahi si no tenía apuro para nada, porque era entretenido.


Si algo recuerdo de los barberos es el peine en la oreja y al alcance de la mano los paños blancos que a veces nos apretaban casi hasta asfixiarnos, las brochas, los potes con el jabón de afeitar, el pomo de colonia, el de talco y las tijeras, la navaja y la torturadora maquinita, que entonces era de mano y siempre halaba los pelos al cortarlos y el cepillo y el espejo de mano como punto final del pelado o afeitado.


Había mucha gente que se acordaba de pelarse los domingos, cuando el barbero menos quería trabajar, pero cuando llegaba al Salón se daba cuenta de que a medio barrio había tenido la misma ocurrencia, por lo que ese día había más gente que el resto de la semana.  De la barbería había que ir directo a la ducha, porque si no la picazón era tremenda, a pesar de tantos paños y tanto talco.


Y mientras tanto el barbero estaba habla que te habla. Abordaba todos los temas posibles, después de darte un periodico o una revista recomendándote un artículo que no te interesaba y que probablemente él no había leído y si por casualidad respondias a un tema cualquiera, entonces se vestía de experto en lo que fuera y te daba una disertación interminable, que solo acababa cuando te ponía el espejo en la nuca para que vieras lo bien que habías quedado.


En mi juventud estaba de moda el pelado alemán, super corto y que dejaba el pelo muy bajo y al frente de una pulgada de largo, de forma tal que parecías un cepillo, pero aquello era el último grito y junto con un pantalón sin pliegues y sin bajos, era lo máximo.  Eso fue hasta que llegó Elvis Presley y es moda regresó cuando a Elvis lo mandaron al Servicio Militar en Alemania.  Y después con los Beatles y los grupos rockeros, se acabó el pelado alemán.


Menos mal que se afeitaba y daban los retoques con navaja, la que se afilaba en una tira de cuero preparada para ello, porque si no, al llegar la revolución, también en la barbería hubiéramos tenido que sufrir la tortura que conocimos con las cuchillas del campo socialista.


Afeitarse se convirtió en una odisea, y la llegada de cuchillas de afeitar, hechas en Checoslovaquia, atenuó pero no resolvió el problema, que se volvió un sufrimiento. Aparecieron primero las Patria o Muerte y Venceremos, una marca tan revolucionaria como de desastrosa calidad, a la que bautizaron como “lágrimas de hombre”. Después vendrían otras soviéticas como Sputnik y Neva, y otras Checas como Admiral y Astra, ya de mejor calidad, pero nada parecido a las que usábamos antes.


No obstante no se me olvida que una de esas cuchillas tenía impresa a un hombre con la cara enjabonada afeitándose y con una cara de angustia tremenda. Una dolorosa experiencia era afeitarse en un sistema que no dejó casi ningún resquicio de la sociedad que no fuera afectado negativamente.


Después para defenderse, a alguien se le ocurrió el invento y los cubanos acudimos al barberito y a otros remedios porque la historia de los barberos fue quedando atrás por varias razones.


El Barberito


En la década de 1970 apareció en Cuba una nueva invención socialista: El Barberito, una especie de peine de doble cara al que se le ponían dos cuchillas de afeitar y que se suponía que estaba encargado de satisfacer las necesidades mínimas de pelado y con ello alargar las visitas a la barbería.  Decían sus instrucciones que para los hombres de pelo no muy abundante, el uso del barberito era más efectivo, por lo que en esos casos hasta podría sustituir la necesidad de ir al barbero.


Mi suegro compró uno y como ya mis entradas estaban bastante pronunciadas nos suscribimos al barberito.  Pero aquello resultó un fiasco, el artefacto ni pelaba ni afeitaba y probablemente muy pocos lograron hacer algo positivo con tal invento, además de que como las cuchillas estaban escasas, las que se le ponían al aparato eran las usadas, por lo que picaba aún menos.


Las pocas veces que lo utilicé me recordó aquellos tiempos en que nos pelaban con las maquinitas manuales que estiraban el pelo y lo halaban dolorosamente.  Un verdadero desastre.


En fin, el Barberito fue otro mini proyecto fallido del socialismo cubano.


El primer barbero habanero cuando estos eran médicos y dentistas


En los tiempos antiguos, creo que salvo en el antiguo Egipto donde la depilación era generalizada y no solo en la cabeza, la gente no era muy adicta a pelarse y afeitarse.  Ya en la Edad Media, donde la Iglesia dominaba todas las esferas de la sociedad, la necesidad de asistencia médica surgió, como muchas otras cosas, en los monasterios y los monjes hicieron aportes a la medicina (al igual que en muchas otras cosas, como la escritura, la cerveza y los vinos), incluyendo los tratamientos por sangrías, pero con la bula papal de que "La Iglesia no derrama sangre", una burla total cuando casi toda la sangre derramada en el mundo entero se debía a sus dogmas y acciones, prohibió las sangrías y dio lugar a la aparición del  cirujano-dentista-barbero.


Ellos tuvieron acceso a los monasterios, pues a los monjes se les prohibía usar barba o estar pelados de una forma distintiva para diferenciarlos de otras órdenes.  Fue así que los barberos fueron adquiriendo los conocimientos prácticos que tenían los monjes sobre procedimientos quirúrgicos y tratamiento de enfermedades.


De esta manera además de pelar y afeitar, fueron autorizados a dar masajes, aplicar ventosas, extraer piezas dentarias, hacer sangrías, aplicar sanguijuelas y operar forúnculos, otros eran capaces de tratar fracturas, esguinces, dislocaciones, úlceras, enfermedades de la vista, hernias y problemas digestivos.


Cuando en La Habana todavía no se había construido el Castillo del Morro, los vecinos fueron testigos de un evento histórico: la llegada en agosto de 1552 de Juan Gómez, el primer barbero-cirujano, que sería más demandado por su accionar médico que como barbero.  Su bienvenida contó con los únicos tres músicos que había en la naciente ciudad y poco después, al ver la calidad de su trabajo, se le dio la exclusiva del comercio de boticario y de que nadie podía atender sus dolencias y curarse con otra persona, lo que afectó a los curanderos y brujeros que pululaban entonces a falta de alguien con algún conocimiento al respecto.


Y como barbero no aparece en la historiografía muchas o ninguna referencia.


El identificador de las barberías


Cuando había una batalla, lo cual era cotidiano, la tienda en la que trabajaba el cirujano-barbero y a la que había que llevar a los heridos, era señalizada con un poste que se pintaba en colores rojo y blanco. El rojo representaba la sangre derramada durante las operaciones y el blanco por las vendas que el barbero utilizaba durante la intervención.


Ello lo hicieron visible empleando una estaca decorada con franjas de estos colores y de esa estaca se colgaban palanganas de bronce, una en la que se guardaban las sanguijuelas; y la otra era el depósito que recibía la sangre.  El color azul, que se añadió al poste de identificación del barbero podría tener dos orígenes diferentes, uno de ellos que el añadir el azul al poste quedaba con los colores de la bandera americana. En Italia, se cambió el color azul por el verde, para hacerlos coincidir con los colores de su bandera. Pero en la Inglaterra de 1745 se creó el Real Colegio de Cirujanos, separando ambas profesiones y por tanto siendo obligatorio definir el símbolo que los identificara, quedando el rojo y el blanco para los cirujanos y añadiendo el azul para los barberos, cuyas funciones son las que conocemos: pelar y afeitar.


Sin embargo, la separación de la cirugía de la medicina persistió, y solo con la Revolución Francesa se creó la profesión médica unida, como la conocemos hoy, al margen de sus especializaciones.  


El llamado indiferentemente poste de barbero, caramelo, cilindro, pirulí o cilindro con tres colores en trazado helicoidal,  con el paso del tiempo se adoptó como el peculiar identificador de las antiguas barberías. Un símbolo muy útil en épocas en las que el analfabetismo era mayoritario y suponía una  bonanza para el pueblo iletrado, al igual que lo fueron la identificación de bebidas con cabezas de animales.


Durante muchos años estuvieron de moda los postes de barbero giratorios, pero han pasado de moda igual que los barberos que se quitaron la bata blanca y usan cualquier vestimenta. La barbería actual es una competencia entre la vieja escuela y los que se acomodan a la moda de la barba larga o recortada y los pelados con figuras en la cabeza gracias al pelado.


Y están los que como yo, nos pelamos al cero y se acabó el problema, siempre estamos frescos.


Pero al hombre no va a dejar de crecerle el pelo y la barba, por lo que de alguna manera, según la marea de la moda, el negocio prosperará  o decaerá, pero nunca desaparecerá.


Las barberías de hoy


Recuerdo a mi padre afeitándose diariamente, con agua caliente y un jabón para afeitar que con una brocha hacía una espuma grandiosa. Después se echaba, a golpecitos, una loción olorosa para después de afeitar, y parecía no un simple guaguero, sino el gerente de un banco.


Cuando podía hacerlo, me metía en el baño y a escondidas me echaba aquella loción en la cara añorando el día en que pudiera hacerlo por necesidad. Creo que ese era un deseo de todos los adolescentes y algunos, al igual que yo, ahora nos declaramos estúpidos por haber tenido esos pensamientos porque ahora nos pesa ser esclavos del afeitado.


Unos no se afeitan porque quieren que una cuchilla les dure una eternidad o porque no usan un buen producto, o no usan agua caliente o dejan muchos días entre una afeitada y otra y por ello dicen que el afeitado les produce ronchas, erupción y molestia, o no saben descañonar debidamente y entonces se dejan crecer la barba. Pero también está la moda. Basta que un famoso se la deje para que la gente empiece a imitarlo.


Y entonces hemos vuelto a un siglo atrás, cuando imperaba el hombre barbudo, pero con una diferencia: la mayoría de las barbas que vemos no son cuidadas, sino crecidas espontáneamente, así que nos vamos acercando a la imagen del hombre primitivo.  Yo que soy amante del béisbol, veo cómo uno tras otro los peloteros van al juego con una imagen que si no tuvieran un uniforme impecable y tantos artefactos que ahora usan, parecerían un grupo de cromañones.   Cuando veo a un pelotero debidamente pelado y afeitado me vienen a la memoria los tiempos de Joe Dimaggio, Mickey Mantle, Lou Gehrig, Ted Williams, Ty Cobb, Babe Ruth, por citar a los más grandes, en unas épocas donde los jugadores lucían elegantes y no mamarrachos.


Por eso mi memoria vuela a mi infancia y adolescencia, donde imperaba el hombre rasurado.


Los hombres, sin excepción, estaban siempre pelados y afeitados. Cuando uno veía a alguien con el pelo largo o barbudo, la explicación siempre era que se trataba de un vagabundo o que era una persona que había hecho una promesa a algún santo. En esos tiempos los accesorios más conocidos eran las máquinas y cuchillas de afeitar Gillette, Gem, Wilkinson y Pal, mientras que las cremas de afeitar y lociones para después de rasurado, más demandadas eran Gillette, Mennen, Old Spice, Varon Dandy, Palmolive, Williams y Colgate.


Pero sin duda alguna el sinónimo de una buena afeitada era Gillette.


Apenas me salieron tres pelitos en el bigote, comencé a usar Gillete como cuchilla y como crema de afeitar y Skin Bracer de Mennen como loción para después de afeitar y es lo que uso todavía, tras un lapso de cinco décadas o más sin ellas gracias a la revolución.


Y las barberías cubanas de hoy son muy variadas, desde las lujosas y caras hasta aquellas donde te pelan sentado en una banqueta en una acera.  Pero ahora se le ha ocurrido al régimen, tras décadas en que los barberos fueron empleados estatales, y después pasaron a ser trabajadores por cuenta propia, regularle el máximo a cobrar por sus servicios, y los barberos han sacado las cuentas de lo que les cuestan las cuchilla de afeitar, la colonia, el talco, la laca, la licencia, los impuestos, la seguridad social, la electricidad y otros servicios básicos y por ello algunos están pensando en entregar la licencia y dedicarse a otra cosa o pelar clandestinamente en su casa.   


Por eso probablemente veremos otra vez a los cubanos dejarse la melena, porque las barbas ya las tienen aunque sea un símbolo que odiamos.


Mi recuerdo más curioso de los barberos


Y no puedo dejar de mencionar algo que siempre me llamó la atención y que nunca olvidé.


Todos los fines de semana iba con mi padre a hacer compras en la Plaza de Cuatro Caminos o Mercado Único, como indistintamente se conoce.   La Plaza, como usualmente la llamaban, desde los años veinte del siglo pasado, era uno de los lugares más visitados de La Habana, su actividad nunca paraba.  En la Plaza había de todo y a los mejores precios, pero en particular íbamos a comprar productos del mar, porque los pescadores llegaban al puerto con sus goletas con viveros con el pescado vivo y lo llevaban a la plaza en cajas de zinc con hielo.  Pargos y Rabirrubias en su corrida eran los preferidos de mi padre y si no el Serrucho, la Sierra y la Cherna, aparte de los camarones y en ocasiones las langostas.


A mi me encantaba pasear por la planta alta de la Plaza, porque allí no solo estaban los productos cárnicos y los del mar, sino también muchos puestos gastronómicos, en particular fondas chinas con sus deliciosas sopas chinas y el arroz frito, el mismo que muchas veces mi padre llevaba a casa cuando terminaba a medianoche su trabajo.  Pero lo que más me llamó la atención fue la de los barberos de la plaza.


En las edificaciones situadas justo enfrente por toda la cuadra frente al Mercado por la calle Monte, había a todo lo largo tres o cuatro escalones altos para subir a la parte techada donde había muchos negocios. 


Pues allí si usted quería pelarse lo pelaban pero de pie, el usuario en un escalón bajo y el barbero en uno más alto.  Eso salía mucho más barato que ir a una barbería. Cuando uno estaba mal pelado o raspado, o tenías lo que llamamos "cucarachas" siempre le decían: ¿Te pelaste en la plaza?.