viernes, 11 de noviembre de 2022

Aguacate maduro…seguro

 


 Aguacate maduro…seguro

Varios hechos me llevan a escribir sobre este tema: primero el haber encontrado en mi reciente viaje a México para compartir con mi hijo mayor, donde por cierto el aguacate tenía un precio por las nubes, unos nuevos productos de McCormick, unos aderezos con sabor a guacamole en varias mezclas y por otro haber leído un interesante libro de Andy Robinson "Oro , petróleo y aguacates", donde se muestra que entre las materias primas más valiosas de América Latina están el oro, el petróleo, la carne, el hierro, los diamantes y esmeraldas, el cobre y también el único fruto: el aguacate.

Allí se muestra el aguacate al nivel de los otros productos mencionados porque es un alimento que por su sabor y sus características nutritivas ha alcanzado una demanda internacional sin precedentes.

Y ello también me trajo a la memoria algo que en un pasado lejano leí acerca de que Cuba era el mayor exportador de aguacates del mundo, y que finalmente encontré en una revista Bohemia de finales de la década de 1950 cuando se aseguraba, y no lo dudo, que Cuba era entonces el único país en el mundo exportador de este producto agrícola y que su valor ascendía a dos millones de pesos (cerca de 25 millones de dólares actuales).



Se hablaba de que Cuba era el único exportador de aguacates en escala comercial con un gran mercado en Estados Unidos, en particular Nueva York, Chicago, Boston, New Orleans, Tampa y Miami (básicamente lugares donde había grandes asentamientos latinos), mientras que las ventas en el mercado nacional ascendían entonces a 600 mil pesos (7 millones de dólares), todo ello basado en una producción de alrededor de sesenta millones de aguacates.  La depresión del mercado resultante de la Segunda Guerra Mundial benefició a los cerdos, que se alimentaron con cantidades considerables de aguacates durante esos años.

Hay que recordar que los aguacates caribeños son variedades mucho más grandes y cremosas que los que actualmente dominan el mercado como el Hass mexicano (para los cubanos resulta algo ridículo un aguacate tan pequeño, pálido, con poco sabor y con una corteza durísima), por lo que cuando se hable de unidades, hay que tener en cuenta que los aguacates cubanos son equivalentes de cinco a diez aguacates pequeños.  La variedad "Catalina" es la más reconocida por su tamaño, cremosidad y sabor y se asegura que el récord lo tiene un fruto obtenido en la finca de A. García en el municipio de Bejucal, que pesó seis libras y que para lograrlo representó un esfuerzo de desarrollo de más de veinte años.  "Catalina", como se le ha llamado a estos aguacates son los más famosos y demandados en Cuba.
 
Pero los años pasaron, llegó la revolución que acabó con todo y también el aguacate perdió su mercado internacional y de paso uno de los proyectos fallidos del Destructor en Jefe, la Brigada Che Guevara, acabó con decenas de miles de árboles frutales, entre los cuales estaban los aguacateros.

 
México y el aguacate

Con la lengua náhuatl, una de las más diseminadas del México prehispánico, se denominó "ahuacatl", sinónimo de "testículo" por su similitud, a esta fruta de un árbol que puede alcanzar los veinte metros de altura y producir hasta 150 frutos anualmente y pertenece a la familia del Laurel, que lo emparenta con el alcanfor y la canela, entre otros.

El aguacate es uno de los muchos regalos que México ha dado al mundo, que son muchos, como es el caso del Cacao, la Vainilla, el Maíz y el Tomate.

Por eso no es para nada extraño que México se haya convertido en el primer productor de aguacate en el mundo, un tercio de la producción mundial, y que su principal destinatario sea su vecino, los Estados Unidos, donde el gusto por el fruto ha crecido exponencialmente por su gusto y sus bondades.

Casi todo el aguacate que se come es mexicano, aunque en zonas donde viven latinos de otros países, prefieren el que conocen desde niños, como es el caso de los cubanos, dominicanos, puertorriqueños y de algunos países de Centroamérica, Colombia y Venezuela.

Pero estas cantidades no tienen nada que ver con el inmenso volumen que genera el aguacate mexicano, que genera muchísimos empleos y un intercambio de 2,5 miles de millones de dólares.

La producción mexicana de aguacate tiene a su líder productor, al estado de Michoacán, seguido de Jalisco, Yucatán, Guanajuato, Oaxaca, Guerrro, Chiapas, Veracruz y Puebla.  En 2021 la producción mexicana fue de 2.5 millones de toneladas de aguacate, siendo michoacanas las tres cuartas partes de ella.

México es lógicamente el mayor consumidor mundial de aguacate, con 7 kilogramos per cápita, seguido por Estados Unidos y Canadá.  

El ochenta por ciento de los aguacates consumidos en Estados Unidos proviene de Michoacán, donde ya se cultivaba ampliamente en las montañas que rodean el lago sagrado de Pátzcuaro desde mucho antes de la llegada de los españoles, una fruta silvestre de las tantas que crecían en esas tierras y en la que los purépechas no parecían muy interesados, por lo que jamás pudieron pensar que ella acabaría monopolizando el paladar del mundo.

Entre los primeros que descubrieron su valor estuvo el geógrafo y navegante Martín Fernández de Enciso, que en su "Suma de Geografía", publicado en Sevilla en 1519, escribió: "lo que hay dentro del fruto del aguacate es como mantequilla, tiene un sabor delicioso y deja un gusto tan blando y tan bueno que es maravilloso", al igual que el conquistador español Gonzalo Fernández de Oviedo, que fue uno de los primeros en probar el aguacate a principios del siglo XVI, el que lo describió  en su “Historia general y natural de las Indias” como "una pasta similar a la mantequilla y de muy buen gusto".  Así, muy lentamente fue conquistando paladares a lo largo de todo el mundo, no solo por su sabor, sino también en la medida en que fueron descubiertas  sus amplias propiedades alimenticias.

Lo mismo que hace medio milenio los españoles, después de destruir y tomar a Tenochtitlán, siguieron en todas direcciones en busca del oro y llegaron a Michoacán, ahora en el siglo XXI, se produce la fiebre no del oro, sino del aguacate y tanto en las orillas de Pátzcuaro como en Uruapan, la capital de este fruto, todo el mundo quiere cultivar aguacate.

Al principio, en Estados Unidos no tuvo mucha aceptación, hasta que se dieron cuenta que era el hidalgo, el principal aristócrata entre los ingredientes de las ensaladas.  Ningún otro podía competir con él. Y el punto final para comercializar este producto fue cuando lanzaron la campaña de que ver el Super Bowl, la final del fútbol americano, tenía que ser acompañado de papas fritas con salsas y ninguna mejor que el guacamole.

Si antes la comida rápida, principalmente los tacos eran los principales destinos del aguacate o del guacamole, hoy en día no hay marca corporativa que no lo posea, y no se concibe la celebración de días festivos o celebraciones, como el Super Bowl, sin aguacate.  Por eso cuando cercano a ese evento deportivo seguido nacionalmente de forma masiva, se anunció por Estados Unidos que se detenía la importación de aguacate mexicano debido a que cuando los inspectores norteamericanos de la fruta en Michoacán fueron enfrentados por el crimen organizado, el que tuvo conciencia del valor inmenso de esta producción y tuvo como resultado amenazas y extorsión a los productores.  Felizmente se resolvió la situación, pero da una medida de la importancia del aguacate en los hábitos alimenticios de los estadounidenses y en la economía de ambos países.



El sabor y el valor nutricional del aguacate

El aguacate es en sí un alimento milagroso, una comida perfecta, ya que sus beneficios para la salud son inmensos, principalmente por sus grasas que no afectan la salud coronaria.

Es libre de colesterol, es la fruta con mayor contenido de fibra soluble lo que ayuda a absorber los nutrientes, contiene elementos como vitaminas (B, C, E y K)y grasas saludables que fortalecen el corazón, el cerebro, el cabello, el sistema inmunológico, es rico en antioxidantes en particular Omega-3, es muy saludable para la piel y previene la osteoporosis, baja los niveles de colesterol y previene el cáncer de las vías digestivas.   

Y qué decir de las mascarillas de aguacate para el cabello o la piel, que retrasa el envejecimiento, regenera la piel, retiene la humedad del cabello y nutre el pelo seco, aportando suavidad y brillo.


Tipos de aguacates

A pesar de que se da como segura la paternidad del aguacate a México, lo cierto es que existen tres variedades definidas, botánicamente clasificadas como:

Persea americana Mill o Aguacate caribeño

P. americana Mill o Aguacate mexicano

P. nubigena var o Aguacate guatemalteco

Y con la antillana hay serias discrepancias, porque se asegura que los primeros ejemplares de esta especie fueron encontrados por los españoles y los ingleses cuando colonizaron a las islas caribeñas, pero también  fueron encontradas semillas de aguacate en Perú, enterradas con momias incas de casi un milenio antes de nuestra era.  A su vez hay evidencias de que el cultivo en México es de 1500 años antes de Cristo.

El aguacate, conocido antiguamente por los americanos como "alligator pear" o "butter pear", siendo más acertado el segundo, actualmente es el famoso "avocado", que probablemente tomaron del francés: "avocatier".

Los aguacates mexicanos se pueden clasificar en varios tipos:

Hass: es el más conocido, de piel rugosa y verde oscura que al madurar es morado y tiene una textura que hace recomendable consumirlo en sándwich.

Lamb Hass: igual al Hass, sólo que es más ancho y de color negro.

Bacon: muy popular y de gran consumo, con piel fina y muy cremoso, lo hace ideal para el guacamole.

Reed: tiene forma redonda, su piel es verde claro y fácil de quitar, bueno para aguacates rellenos.

Pinkerton: es el más largo, con una piel muy gruesa. y pulpa cremosa ideal para taquería.

Fuerte: es mayor al de los demás y su cosecha es del otoño a la primavera. Algo parecido al que en Cuba llamamos aguacate de Navidad, porque es el único tipo que se cosecha en esa época.

Y otros dos aguacates, que destacan porque o tienen poco sabor como el Zutano o tienen sabor a anís como el aguacate Criollo.

Principales variedades cubanas
Mientras tanto, nosotros también tenemos nuestras variedades, como debe ocurrir en otros países antillanos y caribeños. Las más relevantes son:

Catalina o Catalino
Es la variedad más importante cultivada en Cuba y que todos quieren tener por su sabor y su buen tamaño.
Madura de septiembre a noviembre y su producción es abundante. Su fruto es verde claro, su pulpa es amarilla intensa; su tamaño es de mediano a grande y tiene forma estrecha en una parte y ancha en la otra.

A. García No. 1 y No. 2
Maduran en los meses de julio y agosto y se consideran  unas variedades de baja producción. Presenta un fruto ligeramente curvo, de forma de pera, muy grande y de color verde con una pulpa amarilla intenso.  La No.2 es algo dulce.

Buena Esperanza
Tiene un color verde pálido con tonos amarillentos, es grande con cuello largo y grueso. Su pulpa es pastosa y de color amarillo intenso. Sus rendimientos son buenos y madura en los meses de julio y agosto.

Suardia o Navidad
Madura entre diciembre y enero, o sea, una maduración tardía.  Tiene frutos redondos, de corteza gruesa y color verde oscuro, su pulpa es menos cremosa y tiene un color amarillo pálido.

Wilson Popenoe
Tiene frutos largos y curvos, con una corteza amarillenta al madurar durante el verano.

Choquette
Igualmente madura en los meses de noviembre a enero. Tiene forma de corazón y su corteza es verde. Tiene una pulpa de consistencia suave de color amarillo pálido y su tamaño varia de mediano a grande.

Manteca
Con un fruto grande y en forma de pera, corteza amarillenta, tiene una pulpa suave y es la primera variedad en madurar, en el mes de mayo.

Amado Gómez
Su fruto es grande, cáscara verde claro, la pulpa es amarilla clara, y una consistencia pastosa, el llamado aguacate panudo.

Julio
Madura tempranamente, entre mayo a julio y produce en abundancia. El fruto es verde claro brillante, su pulpa es amarilla clara, y tiene tamaño mediano.

Otros grandes productores de aguacates actualmente, son Colombia, Brasil, Chile, República Dominicana, España, Australia, Nueva Zelanda, Indonesia, Perú, Estados Unidos e Israel.  Como se puede ver, países que no conocían el aguacate más que por su nombre ahora compiten como grandes productores y consumidores.

Y como una curiosidad está el "avozilla" (un aguacate grande como Godzilla), el aguacate gigante, grande como un melón, desarrollado por una empresa sudafricana y que pesa más de un kilogramo y medio (tres libras y media).

También está el aguacate Lula, nativo de la Florida y que fue cultivado a partir de 1919. siendo un híbrido entre las variedades mexicana y guatemalteca, pero realmente las variedades que más se ven en este Estado donde vivo, son el Hass mexicano y otras procedentes de República Dominicana, Colombia, Ecuador, Costa Rica y Guatemala, que son las que más consumo porque son las que se parecen al aguacate cubano.

                                              El pagua de Veracruz.



¿Aguacate o como se llama?

En mi primer viaje a Argentina vi que llamaban "palta" a unos aguacaticos diminutos, que más tarde sabría que era el Hass, pero esa no fue mi mayor impresión, sino la que menciono a continuación.

Me dio risa cuando leí que en el sitio web Hassdiamond.com, se habla de que en Cuba al aguacate se le conoce como "Pagua", un vocablo que nunca escuché y que ahora compruebo que es una inexactitud, pues así es como se le llaman a los aguacates de tamaño mediano parecidos a los cubanos y que son cosechados en Veracruz.  Al que le digan "Pagua" en Cuba va a pensar que están hablando en chino, porque nadie sabe a qué se refiere.

En México se le conoce comúnmente como pagua, cura, chalte, chinena, chinin, chinene, kiyo, kiyau, aguacate de monte, aguacate de manteca, aguacatón, aguaco, pera salvaje, palta y persea.  Pero el pagua es el que muestro en la foto y que vi abundantemente en Veracruz y que me recordó a los aguacates que conocí toda la vida.

Se que el guacamole es delicioso y ha ganado mucho terreno en la preferencia, pero para mi no hay nada igual a un delicioso aguacate panudo, cortado en lascas al que le agregamos sal y aceite de oliva y unas lascas de cebolla.  Creo que no hay otra ensalada igual.  Una ensalada cubana sin aguacate no es nada, y si hace falta lo picamos en cuadritos para que toda la familia alcance.

Y está el tema de que se compra el aguacate verde, después que comprobamos por el sonido que la semilla está suelta y lo ponemos en un sitio oscuro, a veces envuelto en un papel de periódico, para que se madure para el día siguiente, y ese es todo un ritual porque toda la familia abre a cada rato y comprueba si el aguacate ya está listo.  Otros recomiendan hacer lo mismo pero junto con un plátano maduro o una manzana, lo que acelera el proceso químico de maduración del aguacate.

Y ahora vienen los "tecnológicos" con la teoría de pinchar el aguacate con un tenedor, cubrirlo con un papel film transparente y meterlo en el microondas por treinta segundos, pero los expertos aguacateros dicen que le cambia el sabor.  


Mi mata de aguacates.

En el patio de mi casa se sembró una mata de aguacates de injerto.  A los dos años estaba produciendo y a los diez años era un monstruo gigante que cubría gran parte del patio y del techo.  Sus frutos colgaban y desde la terraza los cogíamos.  Era un aguacate panudo, del que nos gusta a los cubanos, firme y de mucho sabor, cremoso, que no se desbarataba.

Ahí les dejo una foto de mi hijo Carlos pequeño para que tengan idea del tamaño de un aguacate todavía en crecimiento.  Y otra cosa importante, como era imposible comernos la producción enorme del aguacatero, le dábamos a la familia y regalábamos en el vecindario.  Un año nos dio la curiosidad de contar la producción: cerca de 500 aguacates.

Por lo tanto aquel árbol que cuidamos y regamos con tanto esmero, no era representativo de lo que se dice de que producen alrededor de 150 frutos por año.  Este dió tres veces esa cifra.

Con la fumigación desde avionetas para acabar con la epidemia de dengue de 1980 en La Habana, también se acabó con aquel árbol hermoso.

Por eso probablemente a la única gente a la que le tengo envidia es a los que tienen una mata de aguacate en su casa.



Chistes y dichos con el aguacate

Hay muchas frases, adivinanzas y chistes tontos que uno aprende cuando niño y le parecen tan graciosos que no lo olvidan.

Uno de ellos es el chiste que nos viene a la cabeza a todos los cubanos cuando escuchamos a alguien pregonar "Aguacate madurooooo…".  Enseguida viene el versito":

"Aguacate maduro: peo seguro,
"Aguacate caliente: peo silente,
Aguacate pintón: peo y mojón".

Y es algo bien realista, porque sin dudas el aguacate produce gases, pero también está:

"Verde con puntas: guanábana; verde sin puntas: aguacate"

Una adivinanza: "Agua pasa por mi casa, cate de mi corazón, si no lo adivinas eres un burro cabezón: el aguacate".

Una frase: "Un aguacate al día mantiene al doctor ausente".

“No puedes hacer feliz a todo el mundo, no eres un aguacate”.

“Siempre que haya un vacío en tu vida llénalo con aguacate”.  (Amado Nervo)

“Que nunca nos falte amor...ni el aguacate”.

"Es triste amar sin ser amado, pero más triste es saber que había aguacate después de haber almorzado".

"Con todo respeto señorita, yo con usted de aguacate como cualquier guacamole".

Y un chiste en boga en la Cuba de después de llegar al poder la revolución

    "Se perdió la carne roja

    y aquel sabroso chorizo,

    no se sabe que se hizo,

    y del buen queso de la Rioja,

    no hay opción para el que escoja

    dejó la planificación.

    Pero muy dichosos que son

    que los salvó el aguacate,

    Un salvador al rescate

    de nuestra Revolución".




Y quién no recuerda cuando nos disputamos las semillas del aguacate, que se oxidan rápidamente, para con ellas hacerle dibujos de modo que quedaran como unas calaveras.

Y una curiosidad: mi hijo nunca ha comido aguacate, dice que no le gusta, pero si le presentan un guacamole, lo devora completo.



El aguacate en la memoria del cubano

En nuestros días el aguacate ha llegado conquistar lugares en los que hace pocas décadas atrás eran solo un nombre en el diccionario y hoy en día es un alimento demandado en todo el mundo, pero para los cubanos siempre fueron un fruto deseado y de gran consumo.

Y lo más curioso es que el aguacate, un fruto que debió de dejar de existir cuando los grandes dinosaurios que los comían desaparecieron y quedó condenado a no reproducirse porque la supervivencia de las especies vegetales está dada principalmente porque los animales coman todo su fruto, se vayan en otras direcciones y allí o en el trayecto defequen la semilla dando lugar a un nuevo fruto y esto solo ocurría con el aguacate cuando más de diez a trece mil años antes de nuestra era los mamuts y otros herbívoros gigantes cumplían esa función.

Es por eso que el aguacate es un caso de anacronismo evolutivo y no está claro cómo esta especie vegetal pudo sobrevivir hasta que los seres humanos comenzaron a cultivarlos.

Puede ser que para un cubano en Cuba comer aguacate sea difícil pero se logra, para un cubano de Miami, es lo más normal del mundo, pero para un cubano que viva en Europa o Asia, comerse un aguacate es algo así como ganarse la lotería, las probabilidades son mínimas.  Hay quien ha comentado que cambia un aguacate cubano por una rastra de manzanas, peras o uvas, tal es la desesperación por degustar nuevamente ese fruto.
 
¡Ah! y que no se me olvide mencionar el helado de aguacate que me tomé en Dolores Hidalgo, México. ¿Decían que era una broma?.
















sábado, 29 de octubre de 2022

Comprar un Cadillac y morir

 


Comprar un Cadillac y morir


Hace muchos años, tantos que ni recuerdo, me leí un libro con un título muy sugestivo: "Ver Londres y morir".   Los autores eran Paul Alexandre y Maurice Roland y me llamó mucho la atención cuando lo encontré, entre otros, en las ediciones baratas que ofertaba la librería e importadora de revistas, libros y cómics Madiedo, situada en la calle O'Reilly, en los tiempos en que yo trabajaba en la librería "El Gato de Papel", situada a cuadra y media de ella y a donde iba a buscar títulos que los clientes habituales me habían pedido y no había en existencia, ante lo que les contestaba que pasaran luego y que lo iría buscar al almacén, algo falso porque en realidad lo compraba en Madiedo y muchas veces no se le ganaba nada, pero no se perdía al cliente habitual.


Esos libros (nuevos) normalmente costaban entre diez y quince centavos y me destornillo de la risa cuando veo que en Amazon ofertan ese mismo título, usado, a 26 dólares.   Sin duda una novela de misterio y policíaca  interesante, que leí con gusto pero nada más, pero que ahora me hace reflexionar en varias cosas debido a su título.


Esta es una frase parecida a otras famosas y cuyo origen se remonta a los tiempos del imperio Romano, donde primeramente se decía, junto aquella de "todos los caminos llevan a Roma", la de "¡Para ver a Roma y morir!", la que no se quedó allí y le siguió otra referente a Nápoles: "¡Para ver a Nápoles y Morir!",lo que con el tiempo fue degenerando hasta que sobre la década de 1930 el escritor ruso-soviético Ilya Ehrenburg que vivía y trabajaba en la ciudad a orillas del Sena, se enamoró de ella de tal forma que escribió el libro "Mi París", donde se repetía la frase “¡Para ver París y morir!”.  Hay muchos que han escrito sobre la capital francesa, su cultura bohemia, la buena cocina, la creación de tendencias de moda y perfumes, los palacios y la Torre Eiffel, pero sobre todo la vida común de sus habitantes, desde los miserables hasta los más ricos, que hicieron o reforzaron la admiración por la Ciudad Luz.


Y supongo que los escritores hayan parafraseado este tema y lo hayan llevado a Londres.  No he encontrado otras referencias de estos autores, por lo que probablemente su único triunfo haya sido el título del libro.

¿Pero por qué, sin ton ni son, me viene a la mente ese libro?.


Una razón que puede explicarlo o no, y es la siguiente:


El primo, o más bien el esposo de una prima de una amiga, que quedó viudo hace alrededor de dos años y que a pesar de que es una persona fiestera y con recursos económicos, una casa en los Cayos de la Florida con un bote, otra casa en Miami, un buen carro y sin problemas financieros, trató de buscar alivio a su soledad, pero todos los encuentros que tuvo le salieron mal, hasta que un día, en el club de Miami a donde los más viejos van a bailar, vio a una señora bailando sola y le pidió permiso para acompañarla y de ahí surgió una atracción.


La mujer, también viuda e igualmente con recursos económicos, era una compañera ideal, pues no había otra cosa por medio que no fuera la empatía y así fueron conociéndose y compartiendo.

Y con el tiempo conocí que esta mujer, cubana igual que todos los que menciono en este artículo, desde muy niña había tenido un anhelo: comprarse un Cadillac.  Nunca lo hizo, pero ya viéndose con recursos y con una edad en la que el final se acerca, decidió comprarse un Cadillac del año.  De ahí que me vino a la mente la imagen del caso: "Comprarse un Cadillac y morir".


No es que en ambos casos lo que hacemos termina con la muerte, ni ir a Roma, ni a Nápoles, ni a París, ni a Londres, ni comprarse el Cadillac, pero se ve como el lograr una meta, después de lo cual, no importa lo que pase.


Pero ejemplos como ese podemos nombrarlos en cada familia, y yo voy a rememorar los míos.


El tío tanguero


Enrique era hermano de mi padre y como persona no valía mucho, había tenido muchos fracasos matrimoniales, se llevaba mal con todos sus hermanos y acostumbraba hablar mal de ellos.  En más de una ocasión lo oí criticando a mi padre, pero mi abuela lo paralizaba y le decía que si no cambiaba el tema se fuera inmediatamente.  Ella tuvo muchos hijos, algunos tuvieron buena posición y nunca ayudaron a los más pobres y solo iban a verla un rato, el día de las Madres y en Navidad, pero nunca admitió una queja al respecto.


Pero Enrique, guaguero como mi padre, tenía un anhelo, un objetivo central en la vida que nunca alcanzó, o ni siquiera le picó cerca porque tenía un defecto que aniquilaba cualquier meta que se trazara: era un borracho perdido.


Su afición era cantar tango, eran tiempos en que entre Carlos Gardel, Daniel Santos, Panchito Riset y Juan Legido se disputaban la preferencia musical de los cubanos y en particular la mía que pasaba una buena parte del día, quisiera o no, escuchando la radio que en mi casa se apagaba cuando el último se iba a dormir.


El trío Irusta-Fugazot-Demares, Hugo del Carril, Alberto Gómez, Libertad Lamarque, Agustín Magaldi, Julio Sosa, Charlo, Enriques Santos Discépolo, Mercedes Simone y por supuesto Gardel se convirtieron en ídolos en Cuba y varios cantantes cubanos comenzaron o hicieron toda su carrera dentro del tango, entre ellos Emilio Ramil, conocido como el Gardel Cubano por su timbre parecido al Morocho del Abasto, fueron seguidos por Olga Chorens, Tony Alvarez, Manolo Fernández, René Cabel, Fernando Albuerne, Elena Burke, Berta Pernas, Alfredo Cataneo, Roberto Espí, Olga Guillot y otros.  La Habana fue la segunda plaza del tango en el mundo entero en la década de 1950 y La Habana tuvo tantas orquestas, clubes y cabarets como Buenos Aires, lo que hizo que muchos artistas del tango argentino fueran a cantar a la capital cubana, es más, el accidente de Carlos Gardel se produce cuando iba a viajar hacia La Habana.


En la familia se comentaba que Enrique cantaba muy bien el tango, eran tiempos en que en la moda masculina imperante no podía faltar el sombrero, así que cuando iba a cantar, se impersonaba con una bufanda, completamente anacrónica para nuestro clima tropical, pero Carlitos, que parece que todas sus películas las hizo en invierno, nunca se las quitaba y los imitadores del Zorzal Criollo no se sentían inspirados si no la usaban.


Enrique tenía sus tangos preferidos y uno de ellos era "Uno" que me aprendí de memoria pues diariamente venía por la calle (vivía al doblar de mi casa) tarareando y como yo era ya un experto en tangos por lo que mencioné del radio que no se apagaba, conocía las interpretaciones de Julio Sosa, de Hugo del Carril, de Libertad Lamarque y la que más me gustaba, las de Roberto Goyeneche, conocido por el polaco con la orquesta de Anibal Troilo.


 

"Uno busca lleno de esperanzas

el camino que los sueños

prometieron a sus ansias…

Sabe que la lucha es cruel y es mucha

pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina

uno va arrastrándose entre espinas

y en su afán de dar su amor

sufre y se destroza hasta entender:

que uno se ha quedao sin corazón...

Precio de castigo que uno entrega

por un beso que no llega

a un amor que lo engañó...

¡Vacío ya de amar y de llorar

tanta traición!


Si yo tuviera el corazón...

(¡El corazón que di!...)

Si yo pudiera como ayer

querer sin presentir...

Es posible que a tus ojos

que me gritan tu cariño

los cerrara con mis besos...

Sin pensar que eran como esos

otros ojos, los perversos,

los que hundieron mi vivir.

Si yo tuviera el corazón...

(¡El mismo que perdí!...)

Si olvidara a la que ayer

lo destrozó y... pudiera amarte..

me abrazaría a tu ilusión

para llorar tu amor..."


Ese impresionante tango hacía que mi tío no saludara a nadie hasta terminarlo, era como una especie de fascinación que sentía por ese y por otros números.


Fue así que se presentó en un concurso y de ahí fue seleccionado para otro, hasta llegar a un nivel en que fue descalificado.  Eso fue una verdadera catástrofe porque digno de un tanguero, Enrique se sumió en la bebida, algo para lo que no necesitaba justificación, pero que le daba un nuevo motivo, por lo que cuando cantaba, solo lo hacía con aquella de Enrique Santos Discépolo, "Esta noche me emborracho".


Para tratar de aliviar su pena, se comentaba que otros actores comenzaron su carrera como cantantes de tango y tuvieron que dejarlo porque su verdadero talento estaba en la actuación como fueron los casos de Carlos Badía, Armando Bianchi, Guillermo Alvarez Guedes, Ricardo Dantés, Emroqie Santiesteban  y hasta un político: Luis Conte Aguero.



Su tormento duró poco tiempo, porque un día llegó un personaje buscándolo para contratarlo para cantar los fines de semana en un bar especializado en tangos cuyo nombre no recuerdo. De ahí en adelante venía por la calle, cantando:


"Golondrinas de un solo verano

con ansias constantes de cielos lejanos.

Alma criolla, errante y viajera,

querer detenerla es una quimera...

Golondrinas con fiebre en las alas

peregrinas borrachas de emoción...

Siempre sueña con otros caminos

la brújula loca de tu corazón...


Criollita de mi pueblo,

pebeta de mi barrio,

la golondrina un día

su vuelo detendrá;

no habrá nube en sus ojos

de vagas lejanías

y en tus brazos amantes

su nido construirá.

Su anhelo de distancias

se aquietará en tu boca

con la dulce fragancia

de tu viejo querer...

Criollita de mi pueblo,

pebeta de mi barrio,

con las alas plegadas

también yo he de volver."


No tendría mucho éxito y no se cuanto duró en ello, pero al menos pudo realizar su sueño de cantar tangos y recibir a cambio el aplauso.



Volver a España


Ya he comentado que no recuerdo mucho a mi abuelo paterno, es más, no recuerdo que nunca haya tenido un gesto amable hacia mí ni me haya dirigido la palabra.  Murió cuando yo tenía tres o cuatro años, pero eso no es justificación para que no sintiera hacia mí algún afecto, porque recuerdo que la mayor parte de mi infancia estuve en los brazos de mi abuela andaluza, que me besaba, me hablaba, me hacía cuentos, me enseñó a leer, me cocinaba dulces especiales y me malcriaba a más no poder.  A cambio de ello yo le hacía caso en todo y ella era mi refugio, mi roca, el lugar donde me sentía seguro.


Pues muchas veces escuché conversaciones entre mis abuelos de hacer un viaje y volver a España.  Se hablaba de los que quedarían vivos y los que ya no estaban entre nosotros.  De la vieja casa de Madrid y de Andalucía, de primos, hermanos, lugares comunes, comidas, romerías, de cómo sería la España que dejaron atrás hacía cincuenta años.


Supongo que esa sería la mayor aspiración de cientos de miles de españoles que por una razón u otra dejaron el terruño y se fueron a "hacer las Américas".  La imagen más exacta nos la dió Alberto Cortés con su desgarradora pieza "El abuelo".


Y un día me atreví a preguntárle a mi abuela sobre el tema, ya era entonces yo un joven, casi un hombre y me contó que todos sus conocidos, amigos y parientes, siempre tenían presente el hecho de que de una forma u otra, algún día regresarían a España, de visita o para morir allá donde estaban sus raíces sin desdorar que en Cuba había creado una familia que a su vez se había ramificado en muchas otras.


A principios de los veinte gozaban de buena posición por el puesto de ejecutivo de mi abuelo en el Banco Español de la Isla de Cuba, pero había una escalera de hijos que hacía imposible viajar con tantos, así que el viaje siempre se fue posponiendo y después vino una época de vacas flacas y la imposibilidad económica de realizar el sueño.


Pero durante toda mi niñez, mi abuela Amalia diariamente, en los cuentos que me hacía, regresaba a su pueblo, sus montañas, recreaba las costumbres andaluzas, las comidas, las romerías, las amigas y los familiares que dejó atrás, recreó hasta las vacas y cabras que pastaban en invierno en la parte baja de la casa de piedra y hasta los lobos que la atemorizaban cuando debía recorrer las serranías o los alrededores de la villa para hacer algún mandado.


Al final, pienso yo, que no necesitó, como muchos otros, el regresar físicamente a España, porque España siempre estaba presente, como nos ocurre ahora a los cubanos que estamos fuera de la Isla.


Manolo


Manolo era un muchacho de unos veinte años con el que trabajábamos juntos en la Librería y Encuadernación "Juan Cebrián" en La Habana Vieja.   Nunca supe con certeza, porque no le gustaba hablar de ello, las particularidades de su vida, de lo cual siempre se quejaba.  Algunos comentaban de que era homosexual, un escándalo en La Habana de los años cincuenta, porque vivía en un apartamente con un amigo, pero por lo menos a él no se le veían poses ni manifestaciones afeminadas, todo lo contrario, se veía que le gustaban las mujeres, pero como era tan hermético, tampoco supe de noviazgos suyos.


Y la gran meta de Manolo era hacerse piloto.  Se pasaba la vida con revistas de aviación, algunas de las cuales me introdujo en su conocimiento, compartimos artículos de Mecánica Popular y nos fajábamos por traducir artículos de Aviation Week and Space Technology, y cualquier cosa en la que se hablara de aviones, aeropuertos, pilotos famosos, aviación comercial, historia de la aviación y otros relacionados, era motivo de conversación y de compartir la información.


En buena parte Manolo me influenció en el amor hacia la aviación, esa profesión tan compleja como peligrosa, al menos en aquellos años.


Cuando el gangster conocido como "Troncoeyuca", pariente de mi compañero de juegos de la cuadra donde vivía y que era piloto de Masferrer o de El Colorado, no recuerdo bien, se estrelló con su avión Cessna, Manolo insistió en conocer los detalles y hasta fue a ver a mi amigo Mundito, el cual de su pariente solo sabía el nombre y que de vez en cuando iba a su casa a ver a su abuela.  A ese nivel llegaba la obsesión de Manolo por los aviones, de investigar y conocer todo lo que pudiera sobre ese mundo.


Desde hacía un tiempo Manolo había solicitado entrar al ejército, donde iba a ganar menos que en la librería, pero era la posibilidad, según alguien le había prometido, de entrar en la Academia de Pilotos de la Fuerza Aerea y cuando la cosa en el país estaba más complicada por la inestabilidad política, el terrorismo y la represión, a mediados de 1958, Manolo fue llamado a filas.


Se fue muy contento, pensando que iba a resolver rápidamente su entrada a la escuela aérea, que a lo mejor tenía suerte por ser joven y fuerte, con buena estatura y físico y un buen nivel cultural, lo mandaban a estudiar a alguna academia en Estados Unidos y regresaría cuando ya toda la pesadilla de la revolución y la guerra hubiera acabado.


Nada más lejos de lo que pensaba fue lo que le ocurrió.


No volví a ver a Manolo hasta 1962, cuatro años después y fue cuando me enteré de su mala fortuna y de su mala decisión.


Al entrar al ejército pasó todo un período no muy largo de entrenamiento básico, disciplina militar, voces de mando, marchas, armamento, tácticas de combate y todo lo relacionado con una preparación elemental.  Tras completarla, se dijo, ahora me mandan a la Academia, pero no fue así.


Le dieron equipamiento completo, lo montaron en un tren blindado y lo enviaron hacia la Sierra Maestra.  Allí pudo ver que la mayoría de los reclutados estaban igual que él engañados y además muy mal preparados para enfrentar una guerra de guerrillas de grupos que llevaban meses en esas andanzas, conocían el terreno, estaban bien armados y contaban con el apoyo de los campesinos.


Manolo se convirtió, sin quererlo, en uno de los entonces llamados "casquitos".


No quiso hablarme de los numerosos sustos que pasó, de los que vió morir o perder un brazo o una pierna, pero al final pudo sobrevivir, aunque muchos no saben si hubiera sido mejor la muerte que lo que le ocurrió.


Lo hicieron prisionero con un grupo numeroso de casquitos, los que fueron llevados al penal de Puerto Boniato y donde fueron sometidos a todo tipo de vejámenes, hambre, torturas físicas y mentales.  Nadie le creía que el había entrado al ejército porque lo iban a preparar como piloto, pero además, le decían que si hubiera sido piloto entonces habría sido capaz de matar mediante bombardeos a civiles inocentes, por lo que lo encontraron culpable por lo que hizo y por lo que pudo haber hecho y se ensañaron con él.


A finales de 1962, justo después de la Crisis de los Misiles o Crisis de Octubre, me lo encontré en una guagua cuando iba a ver a mi abuela en el reparto Buenavista.


En un principio no lo conocía, aquel hombre fornido y joven, era ahora un flaco enjuto, con parte del pelo cano y los ojos hundidos.  Nos bajamos del ómnibus y en una cafetería me contó lo que pudo, porque me di cuenta de que le costaba trabajo revivir su sufrimiento.  Toda la conversación siempre fluyó debido a que su familia estaba fuera del país y él trataría de irse con ellos.


Después de ese día, también por su propia seguridad, nunca volvimos a vernos, pero estoy seguro que Manolo nunca más se sentiría atraído por la aviación, al menos por ser piloto, porque no solo no cumplió su sueño, sino que pasó por situaciones muy difíciles que lo dejaron marcado.


El viaje a México de mis suegros


Mi suegro Antonio tenía muchísimas virtudes.  Era un hombre trabajador que con escasa instrucción pero con muchísima educación y cultura de la vida, logró por sus esfuerzos, llegar a ser carrero de la Canada Dry, y tener dentro de esa empresa la mejor zona de distribución, por lo que sus 14 o 15 horas de trabajo diario representaban un salario muy superior al que ganaban un abogado y muchos médicos u otros profesionales.  


Así pudo comprar un terreno y construir la casa de sus sueños en el reparto Fontanar, comprar otros terrenos para fabricar, uno en el reparto Versalles en Marianao donde iba a construir apartamentos y una farmacia, otro en Santiago de las Vegas y un tercero en Brisas del Mar en Guanabo.  Aparte de su trabajo como vendedor de Canada Dry, era comisionista de la tienda Ultra y vendía a crédito, por lo que sus finanzas estaban en un buen momento.

 


Mandó a sus hijos a buenas escuelas y guardaba celosamente los ahorros en dólares, porque tenía una misión en la vida, ir junto con mi suegra Josefina, a un viaje a España, la tierra de los padres de ambos, pero primero estaba decidido a hacer un corto viaje a México, país cercano que le llamaba la atención, lo que había sido reforzado por criterio de amigos que le habían dado buenas referencias sobre ese viaje.


Poco a poco fueron acumulando no solo dinero en divisas, sino también planificando las características del viaje, la ropa adecuada para el momento de la visita y otros detalles.  Era una meta fácilmente alcanzable y todo apuntaba a que los esfuerzos de muchos años no habían sido en vano.


Pero llegó el comandante y mandó a parar.  


Ni dólares, ni terrenos (por suerte los pudo vender a tiempo), ni España, ni México.


Uno de los tantos sueños rotos por una revolución que lo ha destruido todo.


Aviador o guitarrista


Siempre tuve dos cosas muy claras: yo iba a ser un guitarrista, pero no uno cualquiera y además un piloto y para ello iba a esforzarme al máximo.


Al final no fui ninguna de las dos, pero no por dejar de tratarlo o quizás por no lucharlo suficientemente.


Sobre el tema de la aviación ya sabía la odisea de mi amigo Manolo y después la de otro conocido del barrio que se incorporó a las milicias con el mismo objetivo y tras años de sacrificio nunca pudo lograrlo, pero lo de la guitarra transitó por varios momentos, unos que pude haber superado y otros no.


Siempre me llamó la atención la guitarra como instrumento musical, el piano también pero se decía que los pianistas todos eran "maricones" y ponían el ejemplo de Ernesto Lecuona, Bola de Nieve y Liberace, y además había que comprar un piano, mientras que la guitarra era un instrumento más asequible.


Comenzando por los tríos, de los cuales me impresionaron los requintos como el de Los Panchos (Alfredo Gil), Los Tres Reyes (Gilberto Puente) y los Tres Caballeros (Chamín Correa), Chet Atkins con su música country, pero en particular me llamaba la atención la guitarra acústica y el virtuosismo de los guitarristas españoles, como Andrés Segovia y los numerosos intérpretes del flamenco.  La introducción de la guitarra eléctrica en el jazz me resultaba particularmente atractiva y disfrutaba con el Nat King Cole Trio y sus solos de guitarra junto con el virtuosismo de Nat.


Después vendría el Rock and Roll y la guitarra traería nuevas sonoridades, impensables hasta entonces y gracias a la tecnología estas se irían desarrollando sin parar.


Y que hice para materializar mis deseos: muy poco realmente, estaba tan centrado en trabajar y ganar dinero, con lo cual me iba muy bien, que di unos meses de clases con un virtuoso y reconocido profesor de guitarra, Nené Enrizo, pero al final lo dejé.  Retomé mis estudios de guitarra con un amigo, vecino de una noviecita en la antigua Quinta Canaria en Arroyo Apolo, que llevaba años estudiando y era todo un virtuoso y a pesar de ello continuaba sus estudios.


Cuando tocaba piezas clásicas españolas como el Concierto de Aranjuez, los ojos se me iban para sus dedos y lo único que deseaba era poder tocar igual que él.  Mi vieja guitarra la había descuidado, inclusive se había mojado y tuve que comprar una nueva y gracias a que tenía dinero adquirí una mejor.


Pero igual, el ganar dinero era mi prioridad y también me peleé con la noviecita, así que mis viajes se hicieron menos frecuentes y luego vinieron otras prioridades que nunca debían haber sido tales y así mi relación con la guitarra se quedó en la simple admiración por ese instrumento.


Paco de Lucía, Vicente Amigo, Manolo Sanlúcar, Atahualpa Yupanqui, Carlos Montoya, Carlos Santana, George Benson, Jimmy Page, Jimmy Hendrix, Stevie Ray Vaughan, Eddie Van Halen, Tommy Emmanuel, Brian May, Chuck Berry, Django Reinhardt, Mark Knopfler, Gypsy Kings, Robert Johnson, Al Di Meola, Slash, Neil Young y muchos otros que se me quedan, son personas que no solo admiro, sino que envidio de la forma más sana posible porque tuvieron la voluntad que no tuve.


Por eso solo me queda disfrutar sus interpretaciones y mover los dedos al compás de sus melodías como si fuera yo el instrumentista y de paso mirar hacia el cielo cuando pasa un avión.


No todos llegamos a conseguir lo que ansiamos.