jueves, 31 de enero de 2019

Algunos recuerdos de La Habana de 1958


Algunos recuerdos de La Habana de 1958


"El sitio donde gustamos las costumbres,
las distracciones y demoras de la suerte,
y el sabor breve por más que sea denso,
difícil de cruzarlo como fragancia de madera,
el nocturno café,
bueno para decir esto es la vida,
confúndanse la tarde y el gusto,
no pase nada, todo sea
lento y paladeable como espesa noche
si alguien pregunta díganle
aquí no pasa nada, no es más que la vida…"

Eliseo Diego



Esto lo escribió el poeta Eliseo Diego en el sitio en que tan bien se estaba, que era un café llamado “La Isla,” situado en la esquina de San Rafael y Galiano, establecimiento que todavía existía por los años en que escribía su famoso poemario “En la Calzada de Jesús del Monte”.  Y ese sitio en donde tan bien se sentía no solo le quedó en el lugar donde yace la memoria, sino también la silla de mimbre, la mesa, la gente pasando por una de las calles comerciales más concurridas de capital, el policía bajo una inmensa sombrilla atendiendo al tráfico, cambiando las luces del semáforo y sobre todo atendiendo a la incesante marea de peatones, la gente yendo en todas direcciones con bolsas y enormes jabas de papel de las tiendas, los vendedores de maní, de tamales y de billetes con su pregón interminable, las mujeres bien vestidas, algunas con sus hijos, que ese día decidieron “ir a La Habana” y el flujo incesante de carros y guaguas cuando aún Galiano era de doble sentido y la estrecha San Rafael todavía no era un bulevar.

Mientras escribía este artículo, que tan abrumadores recuerdos me trajo, lo interrumpí para cumplir uno de mis incumplidos deseos: escribir un libro que aunque tiene otras connotaciones y donde se mezcla la ciencia ficción, el humor y la fantasía, el centro del mismo es un viaje al pasado, a La Habana de 1958, a esa de la que voy a mostrar algunas pinceladas.

Al introducirme en este tema, que ha estado presente en todas mis memorias, pero que ahora tiene un dejo más profundo, me hizo pensar en muchas cosas que me pasaron en esos tiempos, un poco antes y un poco después y comprendo por qué se dice que todo tiempo pasado fue mejor y no es precisamente porque no nos hayan pasado cosas malas, sino porque muchas las echamos al olvido y otras yacen ahí como una cicatriz que si no la tocamos no las recordamos.

“Aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido”, escribió Miguel Hernández, y eso es lo que hacemos con lo que no deseamos recordar, pero que inevitablemente hay que enfrentar otra vez a lo largo de nuestra vida.

La memoria es selectiva y hace que solo recordamos lo que es más importante para nosotros, aunque muchas veces se convierte en traer al presente cosas que uno quisiera olvidar.  Por ejemplo a pesar de que trato de conformarme porque es la ley de la vida, con la muerte de mi querida perrita Lia y busco no pensar en ello, me viene constantemente a la memoria, en sueños o cuando estoy despierto, en detalles que tienen o no tienen nada que ver con ella.  Y eso ocurre porque como expresó la escritora Isabel Allende: “La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan; si puedes recordarme, siempre estaré contigo.”


Igual ocurre, por lo importante que ha sido en la vida de uno, recuerdos que nos molesta traer a la memoria pero que están ahí presentes aunque nos hieran, aunque sean heridas que en lugar de abrirnos la piel, nos abren los ojos, como dijera Neruda, y que además son necesarios para afrontar la vida y seguir adelante, y ese es el caso del año 1958, que no quisiera recordar por la suma de cosas indeseables que me ocurrieron, así que para que salga todo, voy a abordarlo y tratar de exprimir mis recuerdos, consciente de que cuando uno trae de nuevo el pasado, no lo vamos a ver con los mismos colores, así que  espero que utilizándolo pueda en cierta forma olvidar esos tiempos.

“When I was seventeen
It was a very good year
It was a very good year for small town girls
And soft summer nights
We'd hide from the lights
On the village green
When I was seventeen”

Diría en español:

“Cuando tenía diecisiete años fue un año muy bueno
Fue un año muy bueno para las chicas del pueblecito y las suaves noches de verano
Nos escondíamos de las luces en la plaza del pueblo
Cuando tenía diecisiete años”

Había hecho mía esta canción del compositor y letrista norteamericano Ervin Drake, que fue magistralmente interpretada por Frank Sinatra y cuyos trabajos han sido incluidos en el Great American Songbook, pero no fue así. Ese no fue un buen año, ni remotamente.

Por eso hay mucha gente que sigo queriendo y que ya se fueron, y mi perrita Lía y La Habana de esos años.   Como siempre las recuerdo, siempre están conmigo, no han muerto

La situación económica

En 1958 La Habana era una de las ciudades más modernas del mundo  y Cuba contaba con un nivel y calidad de vida muy superior a la de todos los países de Latinoamérica y muchos de Europa.

No hay forma de negar, porque están las estadísticas oficiales de las organizaciones internacionales y además las vivencias de los que conocimos esos tiempos, que la Cuba de los años 50 era el mejor país de América Latina para vivir y por ello la emigración hacia el país era deseada y muy restringida.

El peso cubano estaba a la par del dólar americano, la tasa de inflación era la más baja de América Latina con 1.4%. Muchos hablaban del dominio norteamericano sobre la economía nacional, pero en 1958 sólo el 14% del capital total invertido en la isla era norteamericano, y en el renglón económico principal, el 62% de los bienes de la industria azucarera, era propiedad de cubanos. Cuba ocupaba el lugar número 8 en el mundo en el pago de salarios promedio a trabajadores, superada sólo por Estados Unidos, Canadá, Suecia, Suiza, Nueva Zelanda, Dinamarca y Noruega.

Había 6,325,000 cabezas de ganado, de las cuales 940,000 eran vacas lecheras (quinto productor de la región, según la ONU), para una población de seis millones,  los cubanos tenían la más alta ingesta de proteína en Latinoamérica, después de Argentina y Uruguay y en salud, educación, transporte, telefonía, ferrocarriles, radio y TV, y por supuesto, en producción azucarera y tabacalera, Cuba era entonces y en casi todo, uno de los dos, y a menudo el primer país de Latinoamérica, en esos rubros y algunos más.

En 1958 Cuba tenía un sólido sistema de salud pública y alcanzó entonces el índice de mortalidad infantil más bajo de Latinoamérica, la relación de un médico por cada mil habitantes también era la más alta de la región.

Cuba era uno de los países más ricos de Latinoamérica y no sólo la cúpula política y empresarial vivía bien. Había desigualdad y pobreza, es cierto, pero Cuba tenía la mejor seguridad social de Latinoamérica y las más avanzadas leyes laborales con jornadas de 9 horas diarias, 44 a la semana y pago de 48 horas, un mes de descanso retribuido por cada once meses de trabajo, los meses de junio, julio y agosto por ley el comeercio mayorista y minorista, debía cerrar martes y jueves a la una de la tarde para cumplir el llamado horario de verano.

El equivalente de ese salario medio comparado con los niveles de la moneda hoy en día sería equivalente a 1128 dólares=peso cubano mensuales. Si un litro de leche de primera costaba 20 centavos, una libra de carne de res de primera 15, un galón de gasolina 29 centavos y comprarse un auto nuevo costaba dos mil dólares, y la inflación era imperceptible, el salario tenía un rendimiento impresionante.

En resumen Cuba era un país muy próspero y destacaba sobre todos los demás de América Latina al momento de la revolución encabezada por Fidel Castro. El ingreso per cápita, la alfabetización y la esperanza de vida dan cuenta de esto. Luego de sesenta años de gobierno socialista llevaron a Cuba a poseer una economía atrasada y pasó de ser el país más rico a estar por debajo de la media latinoamericana.

Son muchos los aspectos que pueden mostrar lo dicho anteriormente, pero estudiando asuntos por separado, una rápida comparación habla por sí sola.   No fue pues una crisis socioeconómica lo que alteró el orden social, fue el rompimiento del orden constitucional y democrático aprovechado por los oportunistas en política que después destruyeron al país.

La Prensa.

En 1958, Cuba contaba con 58 diarios de circulación nacional y 126 semanarios lo que lo llevaba a un segundo lugar en América.

Cuba ocupaba el lugar número 33 entre 112 naciones del mundo en cuanto a nivel de lectura diaria, con 101 ejemplares de periódicos por cada mil habitantes, lo cual también contradice el argumento de que el país estaba formado por un gran número de analfabetos.  Y a ello había que sumarla la inmensa cantidad de periódicos y revistas extranjeras que circulaban y tenían amplia demanda en el país.  Los principales diarios eran: El Diario de la Marina, El Mundo, Información, El País, Excelsior, Avance, Ataja, Alerta, Prensa Libre, El Crisol, y las revistas de mayor tirada Bohemia y Carteles.

Como en todas partes del mundo los periodicos estaban llenos de cosas triviales o indeseables, que son por lo regular lo que más le gusta a la gente, lo mismo que ocurre con la televisión, dondelas estupideces y la banalidad reinan, sobre todo con las telenovelas y programas de chismes.  A mucha gente le gustaba la crónica social o la crónica roja, pero los diarios tenían muchísimas secciones de interés y reportajes que brindaban cultura y entretenimiento a sus lectores.

Había un vendedor que me traia los periódicos algunos dias y sin falta los del sábado y el domingo, y siempre eran varios porque cada uno tenía una línea editorial diferente y había secciones o columnistas que nunca me los perdía y entre los que destacaba la sección En Cuba de la revista Bohemia por Agustín Tamargo, la revista semanal Rotograbado de El Diario de la Marina, los muñequitos de El País y Excelsior y Luis Aguilar Leon en su columna de Prensa Libre y la Universidad del Aire en radio CMQ, con Jorge Mañach del cual había que leerse todo lo que escribiera, las críticas cinematográficas de G.Caín y la de Costumbristas Cubanos de Enrique Roig de Leuchsenring, ambas en la revista Carteles, y en sentido general las secciones de Bohemia Gotas de Saber, Dentro del Suceso, Así se forja una nación por Jorge Quintana, Así va el mundo y Así va la ciencia.

Más que a los tiros y los muertos que fueron muchos menos de los que propagandiza el gobierno revolucionario, los atentados terroristas, el incendio ocasional de los cañaverales y la guerrilla inclusive, el triunfo de la Revolución se le debe a la prensa libre cubana que apoyó abiertamente a Fidel Castro, le hizo ganar la simpatía popular y socavó por completo la posición y la figura pública de Batista.  Muy lejos estaba la prensa cubana de avizorar como le pagarían.

Los primeros meses de Castro en el poder se caracterizaron por la ambigüedad. El principal motor de esa confusión fue el propio Fidel Castro. En una entrevista por televisión, el 2 de abril de 1959, declaró: “Perseguir al católico porque es católico, perseguir al protestante porque es protestante, perseguir al masón porque es masón, perseguir al rotario porque es rotario, perseguir a La Marina porque sea un periódico de tendencia derechista, o perseguir a otro porque es de tendencia izquierdista, a uno porque es radical y de extrema derecha y a otro porque es de extrema izquierda, yo no lo concibo, no lo hará la revolución. Lo democrático es lo que estamos haciendo nosotros: respetar todas las ideas. Cuando se comienza por cerrar un periódico, ningún periódico puede sentirse con seguridad; cuando se comienza a perseguir a un hombre por sus ideas políticas, nadie puede sentirse seguro”.

Comenzaron desde arriba las más grandes campañas contra la libertad de expresión, afianzadas en las que hicieron los periódicos gubernamentales Hoy, del Partido Socialista Popular (comunista), y Revolución, órgano del Movimiento 26 de Julio. Así terminó la libertad de expresión en Cuba. La Escuela de Periodismo cambió su nombre y su personal. Su propósito era cambiar el pensamiento del cubano, convertir a la prensa en un instrumento del Partido. Se había logrado lo que Agustín Tamargo contestó a Castro, meses antes, cuando lo atacó por la televisión, acusándolo de reaccionario, le dijo: “Comandante Castro, no seguiré siendo periodista porque usted no quiere periodistas, usted lo que quiere son discos fonográficos”.

Los fanáticos solo ven lo que quieren ver, y a eso acostumbraron al pueblo, a un solo editorial y una misma noticia para todos los medios de prensa escrita, radial o televisiva y ahora hasta digital.  Fuera de eso, nada.  Por eso en Cuba nadie cree en la prensa.


El turismo

El turismo en Cuba antes de la revolución era algo que era completamente espontáneo porque las propagandas eran limitadas y poco efectivas.  Pero Cuba siempre estaba lleno de americanos, sobre todo en La Habana y Varadero, que eran los que más atractivos turísticos ofrecían.

En tiempos en que todavía no existían las facilidades de vuelos aéreos y bajos precios para este transporte, el número de turistas creció desde 166 mil en 1950 hasta cerca de trescientos mil en 1957 con una estancia media era de tres días, principalmente los fines de semana, pues muchos venían a disfrutar de espectáculos de cabarets y al juego en casinos.

El turismo se convirtió en la tercera fuente de ingresos al país, después del azúcar y el tabaco.
Ocho de cada diez visitantes eran norteamericanos, lo que era cerca del noventa por ciento del total de turistas.

Para muchos en Estados Unidos la Cuba de antes de la revolución era la isla del pecado y estaba sumida en los vicios del juego y la prostitución. Si bien el mundo de los casinos en Cuba recibió amplia cobertura en los medios de Estados Unidos, jamás fue un tema importante en los medios de la Isla ni en la conciencia cubana. Aparte de los turistas estadounidenses, que eran los clientes principales de los casinos, solo un pequeño número de cubanos, sobre todo blancos de clase alta y media alta jugaban en esos lugares.

El atuendo requerido por los casinos, así como el mínimo de las apuestas, excluía a la mayoría de los cubanos, aunque es cierto que un número relativamente pequeño, pero significativo, de cubanos se ganaba la vida trabajando en los casinos, y en los hoteles y cabarets donde generalmente estaban situados.

Fue exagerada la importancia económica que en Estados Unidos se le atribuía a los casinos y al turismo de la Isla. En 1956, un buen año para el turismo, el ingreso de ese sector fue solamente de 30 millones de dólares, escasamente el diez por ciento del monto de los ingresos de la industria azucarera en el mismo año.  Pero también esos datos eran inexactos porque no contemplaban los millones que se gastaban los turistas en compras, estancia en hospedajes particulares y otros rubros.  En realidad muchos comercios, artesanos, transportistas y  de otros oficios, tenían una gran dependencia del turismo extranjero.

Al triunfar la Revolución ese turismo desapareció inmediatamente.  Ya uno podía ir al parque Central, a la Avenida del Puerto, a los Casinos y hoteles más importantes, al Paseo del Prado, a Varadero, a la Plaza de la Catedral y no se tropezaba con un solo turista.  Y los que vivían de esos visitantes se quedaron sin medios de vida.

Más de treinta años duraría el veto al turismo extranjero en Cuba, porque no se podía llamar como tal a los escasos jefes de los países socialistas que venían a conocer, como premio a su trabajo, lo que era una playa de verdad.  El colapso de la Unión Soviético obligó a hacer renacer la industria turística cubana, cuyo desarrollo se vio vetada cuando en el mundo se hicieron más baratos los pasajes aéreos se desarrollaron los viajes de cruceros y la industria del turismo logró un boom mundial impresionante, fuera del cual quedó Cuba por su política restrictiva y misteriosa, lo que hizo que Bahamas, República Dominicana, Jamaica y otras islas del Caribe, vieran florecer sus ingresos con una bonanza gracias a Cuba, lo mismo que pasó con los peloteros de Grandes Ligas, que al no poder jugar los cubanos, se llenó de puertorriqueños y dominicanos, cuando antes había un par de ellos y decenas de cubanos en los rosters de los equipos.

El juego.

El turismo norteamericano venía en gran medida a jugar a los casinos, a los cuales solamente iban los cubanos de más altos ingresos, mientras que el cubano jugaba principalmente a la charada o bolita, una especie de loteria clandestina y propiamente en menor medida a la lotería nacional. Cuba tenía una lotería nacional estatal que había existido desde los tiempos de la colonia española, donde cada sábado por la tarde se celebraba un sorteo patrocinado por la Renta de la Lotería, una agencia gubernamental creada para dicho propósito. La Renta se había convertido en una fuente masiva de corrupción, aunque algunas organizaciones caritativas legítimas recibían fondos procedentes de los ingresos de la lotería. Los “banqueros” del juego ilegal no hubieeran sobrevivido sin sus numerosos agentes  o “apuntadores” en los barrios y que recogían las apuestas.

Los sorteos eran transmitidos por radio. En una mezcla peculiar de modernidad y Edad Media, el espectáculo semanal, que bien pudiera haber sido parte de una película de Luis Buñuel, presentaba a los niños huérfanos y abandonados criados por las monjas de la Casa de Beneficencia, anunciando los números de los varios premios con un canto distintivo, en una voz, tono y cadencia característica de la ocasión. Pero el hecho de que aun las fracciones más pequeñas de los billetes de la lotería estatal eran relativamente caras, estimuló el crecimiento de una lotería informal e ilegal, basada en los resultados de la lotería oficial, que aceptaba apuestas hasta de cinco centavos.La “bolita” era principalmente un juego de gente pobre. Pero para muchos pobres, y aun para gente de clase media, la bolita también se convirtió en una manera de sobrevivir o por lo menos suplementar el ingreso de los “apuntadores”.

Hasta la gente más humilde, cuya dedicación obsesiva al trabajo y al ahorro no pudo haber estado más lejos de la mentalidad del jugador, participaban en la bolita y no lo hacían porque esperaban ganar algo, sino porque sus pequeñas apuestas semanales, por lo regular siempre el mismo número o alusivo a algo que habían soñado y lo identificaban con el número correspondiente en la charada, era una manera de ayudar a una señora pobre del barrio que trabajaba como apuntadora para sobrevivir, aunque en el fondo quedaba siempre la esperanza.

Con el triunfo de la revolución el primero de enero de 1959, se estimuló el asaltar a los casinos y casas de juego con traganíqueles y destruirlos, al igual que los parquímetros que no tenían nada que ver con el juego, aunque siguieron funcionando por un tiempo las vallas de gallos, las carreras de caballos y la Lotería Nacional, que poco después pasó a ser administrada por el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda (INAV), que con lo recaudado en los sorteos fueron ejecutados varios proyectos habitacionales y se disminuyó el monto a ganar, hasta que finalmente desapareció y toda forma de juego se consideró ilegal.

En 1958 el juego era un medio de vida de mucha gente, boliteros, apuntadores y vendedores de billetes de lotería.  Todos ellos tuvieron que dedicarse otra cosa, también quedaron cesantes, o pasaron a una clandestinidad peligrosa.

Mi rutina semanal

Mi jornada normalmente era desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde, de ahi iba a mi casa, me bañaba, comía y me iba a estudiar el Bachhillerato en el Instituto de la Víbora, Los domingos desde las seis de la mañana estaba en pie hasta cerca de las siete u ocho de la noche que llegaba pues tenía un trabajo de portero en las Cuevas del Cura a cuarenta kilómetros de La Habana.  Por eso mi único momento libre eran las tardes y noches de los sábados.

En mi camino aventurero despues de terminar el trabajo los sábados, lo primero que hacía después de cobrar, era comprarme un pastel de hojaldre con ensalada de pollo, con el cual me pasaba toda la semana soñando, porque no era nada barato.  Después seguí mi camino por toda la calle Obispo, donde me encontraba todo tipo de vendedores, sobre todo empanadas, fritas, carretillas con naranjas en forma de pirámide y peladas que valían un centavo, y por supuesto tamaleros y vendedores de maní.


Pero mi destino, el sitio donde gustaba las costumbres, las distracciones y demoras de la suerte, como había dicho el poeta, era el restaurante Miami, donde durante mi juventud disfrutaba las tardes sabatinas y de paso reflexionaba sobre mi vida, que casi recién comenzaba.  Y pensando en ello llegué a una conclusión: Si uno pudiera manipular el tiempo borraría por completo mi paso por el año 1958, lleno de malos momentos, sufrimiento y lleno de esperanzas y anhelos que después se materializaron de forma aparente en  un espejismo que vivimos todos los cubanos en 1959 para luego convertirse en humo.

Y el restaurante Miami estaba justamente en la esquina del pecado, el lujo de los sábados por la tarde, era como un pecado, según Enrique Jorrín con “La Engañadora”:

“A Prado y Neptuno
Iba una Chiquita
Que todos los hombres
La tenían que mirar
Estaba gordita
Muy bien formadita
Era graciosita y en resumen colosal.
Pero todo en esta vida
Se sabe sin siquiera averiguar
Se ha sabido que en sus formas
Rellenos tan solo hay.
Que bobas son las mujeres que nos tratan de engañar,
¿me dijiste?.
Ya nadie la mira
Ya nadie  suspira,
Ya sus almohaditas
Nadie las quiere apreciar.”

Por supuesto la célebre historia de la engañadora la sabían todos los camareros del Miami, y contaban que podría hallarse en los años 30 del pasado siglo. En esa época las tendencias de la moda resolvieron “normalizar” la imagen de las mujeres, devolviéndole la feminidad que supuestamente habían perdido durante la década del 20. Las líneas rectas que había impuesto la diseñadora francesa Coco Chanel fueron sustituidas de nuevo por redondeces en el vestido y los peinados y resaltar las curvas se convirtió era lo importante.  En los 40 hubo un retorno a la austeridad, debido, en gran medida, a la influencia de la Segunda Guerra Mundial. Pero cuando la contienda terminó, los modistas decidieron cambiar el look militarizado y hasta famélico que entonces prevalecía y otra vez se impuso el gusto por las formas redondeadas.


Todo parece indicar que la inspiradora de la canción usaba ropa interior con rellenos que aumentaban considerablemente sus formas. El autor del tema, el violinista y compositor cubano Enrique Jorrín, refirió que un día había entrado a la sala de baile de Prado y Neptuno, donde él tocaba con la orquesta América, una joven desarreglada que se había dirigido rápidamente al baño. Cuando salió parecía otra, se había peinado, maquillado y sus curvas habían crecido inexplicablemente. Los músicos notaron la transformación y exclamaron que aquella muchacha era una engañadora. A partir de la anécdota Jorrín escribió la letra de la canción y a la música que compuso para que la acompañara le dio el nombre de “cha-cha-cha”.

A finales de los años cincuenta Bubbles Darlene, una bailarina exótica norteamericana que visitaba La Habana, salió a pasear por el Prado prácticamente desnuda, ataviada con una sombrilla y una capa transparente debajo de la cual solo llevaba un blúmer negro. Cuando la policía la detuvo explicó que había escuchado en la radio el tema de La engañadora y había salido a demostrar que no todas las mujeres tenían necesidad de usar almohadillas para mostrar su silueta.

Sistemáticamente iba al Miami para disfrutar un Steak de Jamón a la Hawaiana  y una cerveza Guinness Cabeza de Perro, pero a veces, no muchas pero a veces, cambiaba la rutina y me encaminaba al Centro Asturiano para comerme uno de los gigantescos sandwiches que allí hacían con un vaso, no copa, de un vino grueso y fuerte.  O excepcionalmente me comía un arroz frito.

No hay plato más enigmático que el arroz frito. Esta manera de preparar el arroz llegó a Cuba procedente de San Francisco, California. Y su ingreso se produjo en la primera mitad del siglo XX. De hecho, su arraigo en esta Isla tuvo lugar fundamentalmente en la ciudad de La Habana, y se servía por un precio de miseria  en las numerosas fondas de chinos que proliferaron en aquella época en diferentes zonas de la ciudad, principalmente en el Barrio Chino, pero para mí la Segunda Estrella de Oro, justo en la diagonal del Mercado Único, era el sitio ideal. El Nanking y El Pacífico, en el Barrio Chino eran excelentes y también estaban el Mandarín y el Polinesio, o el 2do Dragón de oro en Ayestarán y 20 de mayo.  Pero de diez veces, ocho iba al Miami.

Con la revolución comenzaron a escasear los principales ingredientes de su preparación. No obstante, aún sin camarones, ni jamón, ni salsa de soya continuó elaborándose porque los cubanos somos los reyes de los sustitutos en todo, principalmente en la cocina, así que la salsa de soya o salsa china como le decimos, se inventó a partir de una mezcla de caramelo de azúcar con raíces de jengibre, vinagre y lo que apareciera y los frijoles germinados o frijjolitos chinos eran reemplazados por  fideos o espaguetis picados finamente y el jamón el pollo y los camarones por lo que apareciera.

Durante ese año también me compré mi primer traje en El Sol, una famosa sastrería en la Manzana de Gómez, que decía que sus trajes eran “anatómicos y fotométricos”.  Lo cierto es que era un traje gris de unas rayas casi imperceptibles, que era muy fino y me quedaba muy bien y que además pfui liquidando cómodamente durante medio año.


La educación

Ya que mencioné que estudiaba en el Instituto de la Víbora, es bueno referirse a la educación en Cuba, la que después ha sido considerada no solo en el país, sino internacionalmente uno de los mayores logros del régimen socialista.

Sin dudas alguna Cuba tiene la población más educada de toda América Latina. La alfabetización está muy próxima a ser universal, pero antes de la revolución existía también una educación pública, que al menos en las ciudades y en particular en La Habana era universal y sobre todo de mucha calidad. El que salía o completaba el sexto grado de la educación primaria, era sin dudas una persona preparada para la vida. el mejor índice de alfabetización de tota Latinoamérica después de Uruguay.

En 1958, Cuba tenía tres universidades financiadas por el gobierno y otras tres de carácter privado. La matrícula de las universidades bajo el control del gobierno era de veinte mil estudiantes.  Había novecientas escuelas privadas oficialmente reconocidas, con una matrícula total que superaba los cien mil estudiantes.  El sistema de educación pública contaba con veinticinco mil maestros, y el de la educación privada con tres mil quinientos y era famosa la calidad de los maestros normalistas..

En ese año estudiaba en el Instituto de la Víbora el Bachillerato. La matrícula era gratis, previa aprobación de un examen de ingreso y los libros en algunas materias había que comprarlos, sobre todo libros de ejercicios, pero no eran muy caros.

Era muy famoso un libro titulado “Lecciones de Ingreso a la Segunda Enseñanza”, todo un compendio de Español, Matemáticas, Historia de Cuba y Universal, Geografía y Ciencias y lo devoré, por lo que obtuve una muy buena nota en mi prueba de admisión. Se podía obtener el título de Bachiller en Letras o Bachiller en Ciencias, o ambos. La diferencia eran la cantidad de materias, por lo que yo opté por los dos, pues ambos campos me gustaban.

Estudié primaria en una escuela privada, Redención, perteneciente a la Sociedad Económica de Amigos del País y después en el Plantel Jovellanos del Centro Asturiano al que pertenecía, Comercio, así que desarrollé estos estudios en planteles privados sin pagar nada y después el bachillerato en el Instituto que era público.   Eso más o menos quiere decir que el que no estudiaba era porque no quería o era un burro.

Creo que efectivamente en los primeros lustros del gobierno revolucionario se le dio un impulso tremendo a la educación en todos los niveles, ahora está en franco declive, y hasta se ha perdido lo peor, la educación formal.  Maestros, ingenieros, licenciados y médicos pululan a montones que escriben mal, su cultura general es muy limitada y no tienen noción de lo que es la educación formal.  Eso no existía en La Habana de 1958.


El túnel de la Bahía de La Habana

Ya La Habana tenía dos túneles bajo el río Almendares: el de Línea que sustituyó al famoso Puente de Pote y el de Calzada que unía el Malecón con la Quinta Avenida de Miramar.  Pero esos eran túneles de poco calado y no muy largos. 

Pero eso no era óbice para que Jorrín volviera a la carga, ahora con “El túnel”

"Y yo conozco un muchacho que maneja un maquinón
que le dice a las chiquitas vamos al túnel mi amor

Ay mi vida qué tragedia el carro se me paró,
y aquí en el medio del túnel hasta la luz se apagó

Y ahora dicen las chiquitas cuando ven el maquinón
Vamos al túnel mi vida, vamos al túnel mi amor.."

En los años cincuenta La Habana era un hervidero de construcciones: la Plaza Cívica con los principales edificios gubernamentales, el Teatro Nacional, la Biblioteca Nacional, la Terminal Interprovincial de Ómnibus, la Vía Blanca, grandes hoteles como el Capri, el Havana Hilton, el Havana Riviera, la urbanización acelerada del Vedado, en particular La Rampa, la construcción de decenas de edificios altos como el Retiro Radial, Retiro Odontológico y Retiro Médico, así como los más altos de la capital, El Focsa y el Someillán, la Ciudad Deportiva y un sinnúmero de obras dieron un vuelco al panorama de la ciudad.  Y a ello se iba a añadir el Túnel bajo la Baía de La Habana.

Grandes propietarios como Sarrá urgieron al gobierno a acortar el largo recorrido bordeando la bahía para acceder al este de la capital y llegar hasta Santa María del Mar. El Túnel de la Bahía complementaria la construcción de Vía Monumental y de la urbanización del Residencial Vía Túnel, formó parte de proyecto de la nueva ciudad que se llamaría "Gran Habana del Este" que estaría dividida en zonas, como: la Zona Industrial; alrededor de la Bahía de La Habana, Zona Comercial; a la izquierda de la Vía Monumental del Túnel, Zona Residencial, frente a la costa norte y Zona de Oficinas; a la salida del Túnel donde estarían ubicados edificios gubernamentales. incluyendo el nuevo palacio presidencial.


Paralelamente al túnel se construyó la autopista hasta la Vía Blanca. llamada Vía Monumental  sería necesario bordear durante más de media hora de recorrido casi 20 kilómetros.  Se llegó a denominar la Monumental como la autopista más grande del mundo, haciendo comparación de sus dimensiones (100 ó 150 metros de ancho), con las de: Boulevard Roosevelt en Filadelfia, 86 metros de ancho, el Boulevard Reyes en Bruselas; 80 metros de ancho, la Avenida de los Campos Elíseos en París; 68 metros de ancho y la avenida del Commonwealth en Inglaterra; con 73 metros de ancho.

El túnel tendría 733 metros de largo, para conectar La Habana con el extremo este de la capital, con las hermosas playas del litoral capitalino y de manera  particular como punto de enlace al balneario de Varadero, en la provincia de Matanzas. Este túnel, con 4 sendas, dos en cada sentido del tránsito, constituye una de las siete maravillas de la ingeniería civil cubana y está sumergido en la bahía de La Habana, a una profundidad de entre doce y catorce metros.

Su constructor sería la Compañía de Fomento del Túnel de La Habana, S.A mientras que la Société des Grands Travaux de Marseille y la inspección a pie de obra quedó a cargo de la Frederick Snare Corporation, la constructora del Havana Hilton y  asu vez de obras monumentales en Estados Unidos como el Rip van Winkle Bridge y el Verrazano Narrows Bridge a la entrada de Nueva York en 1964, comenzó en Matanzas y siguió con construcciones portuarias a principios del siglo pasado en el puerto de La Habana, y creo subsidiarias en Colombia, Chile, Ecuador, Perú, Puerto Rico y Venezuela aparte de la de Cuba.  También fue el constructor de facilidades en la Base Naval norteamericana de Guantánamo, el acueducto de Santiago de Cuba y los puertos de Tarafa en Camagüey para exportar azúcar y los de níquel de Nicaro y Moa. Más tarde construyó el famoso Hotel Internacional de Varadero.  Y por si fuera poco fue el constructor de Xanadú, la mansión de la familia Dupont en Varadero, ahora llamada Las Américas.

Los trabajos de construcción comenzaron el 19 de septiembre de 1955, duraron 2 años, 8 meses, y 12 días y fue inaugurado el 31 de mayo de 1958.  Muchas veces me acerqué a ver la construcción pero aquello era imposible por la cantidad de equipos y de materiales, no se veía mucho.  Después de ser inaugurado esperé un poco, y más o menos a los quince días, estaba haciendo el viaje a pie por el túnel, para lo que no había peaje, e hice el regreso por la senda contraria.  Era algo de moda para el que no tenía carro.

Después me dio por irme a la costa, al costado del castillo del Morro, a reposar el almuerzo de las tardes de sábado, y la vista era impresionante, era una ciudad viva y creciente.  Y el túnel era un símbolo de desarrollo.


Fórmula 1 en La Habana y Fangio

En 1958 la Fórmula 1 no tenía la fama de la que goza actualmente.

La Fórmula 1, conocida como F1 y que es la categoría reina del automovilismo es la competencia o carrera de automovilismo internacional más popular y prestigiosa, las máquinas que la corren poseen la última tecnología disponible, y las mejoras que fueron desarrolladas en la Fórmula 1 terminaron siendo utilizadas en automóviles comerciales.  La mayoría de los circuitos de carreras donde se celebran los Grandes Premios son autódromos, aunque también se utilizan circuitos callejeros, como el de La Habana y en el que participan escuderías como Ferrari, Alfa Romeo, McLaren, Porsche y Maserati.

Desde 1950 se celebran los llamados Grandes Premios, entre los que se destacan actualmente  los de Abu Dabi, Alemania, Australia, Austria, Barein, Bélgica, Canadá, España, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, México, y otros que cuentan con pistas adecuadas para ello.

El mejor piloto a finales de los cincuenta era Juan Manuel Fangio, el que se hallaba en La Habana en febrero de 1958 para competir en el Gran Premio de Cuba.


Fangio se hallaba en el hall del Hotel Lincoln donde se hospedaba, cuando un joven del comando guerrillero se le acercó con un revólver y le secuestró para demeritar el evento.
Ante la ausencia de Fangio, el francés Maurice Trintignant lo reemplazó en la carrera. Sin embargo la competencia estaba maldita de antemano y fue breve debido a un accidente en la quinta vuelta que le causó la muerte a siete espectadores y donde hubo decenas de heridos.

El hecho de que se organizara un Gran Premio de Fórmula 1 en Cuba a finales de los 50 tuvo que ver con la tendencia de la F1 de viajar a lugares que otros deportes evitarían.  Finalmente la carrera se canceló.  Pero los titulares no hablaban de la carrera, sino del secuestro de Fangio. Una propaganda a favor de los insurrectos y contra Batista fue el balance del hecho.


Fangio es considerado por muchos expertos del automovilismo como uno de los mejores pilotos profesionales del automovilismo mundial de todos los tiempos, incluso el mejor, por haber logrado cinco títulos mundiales de Fórmula 1 durante las temporadas de 1951, 1954, 1955, 1956 y 1957, y los subcampeonatos de 1950 y 1953.Fangio obtuvo 24 victorias, 35 podios, 29 pole positions y 23 vueltas rápidas en 51 Grandes Premios. Mantuvo durante un extenso período el récord de más títulos en Fórmula 1 hasta que fue desplazado por Michael Schumacher en 2003. Sin embargo, se mantiene como el piloto de mejor promedio de victorias, el único piloto que ganó campeonatos de Fórmula 1 con cuatro escuderías distintas y el piloto campeón más longevo de la historia.

Por eso en Cuba cuando alguien maneja muy rápido, pero lo hace bien, le dicen: eres un Fangio. Aunque nunca pudimos verlo correr.


Elecciones, la última en la historia de Cuba.

Una de las cosas que no puedo olvidar por su connotación, fueron las elecciones de noviembre de 1958.  Mi padre había estado preso por conspiración contra el gobierno y entonces se encontraba alzado en la Sierra del Escambray, mientras que la situación del país era de casi total inestabilidad.

La prensa mostró que Andrés Rivero Agüero, por entonces Primer Ministro del gobierno de Fulgencio Batista resultó electo presidente ​para el período 1959-1963.  Una de las cosas por las que floreció la revolución y un gobierno comunista pudo llegar al poder, fue porque los cubanos no fuimos capaces de contar con un gobierno verdaderamente democrático, la república se convirtió en un relajo, la corrupción dominaba el espectro político y la gente estaba harta de tanto latrocinio y mentiras.  Y dentro de ese panorama, las elecciones generales  siempre fueron una falacia y se caracterizaron por el plan de machete o la represión policial y sobre todo de la Guardia Rural, la compraventa de votos, el robo de las urnas y fraudes de todo tipo para alzarse con la victoria.

Fueron famosos muchos lemas políticos vacíos, comenzando con la conga “La Chambelona”, le siguieron "Tiburón se baña pero Salpica", de José Miguel Gómez; "Ahí viene el mayoral sonando el cuero", identificaba a Mario García Menocal; "Agua caminos y escuelas", prometía Gerardo Machado y se convirtió en un dictador; "la cubanidad es amor", decía Ramón Grau San Martín mientras se robaba del tesoro nacional l74 millones de pesos e intentaba robarse el diamante del Capitolio; "yo quiero ser un presidente cordial", repetía Carlos Prío mientras el país era dominado por el pandillerismo y gangsterismo, la corrupción y la droga; y el lema  "Paz, trabajo y progreso", trajo trabajo y progreso pero no paz.  Una república fallida que tuvo un final muy infeliz.  Por ello Rivero Agüero resultaría electo presidente con el 15,19 por ciento de los votos, mientras más del 60 por ciento se abstenía de votar.


Pero lo que más recuerdo son las congas de los negros arrollando detrás de los altoparlantes invitando a votar por Rivero, esos mismos eran los que después apoyarían a Fidel Castro hasta matarse.  La frase que expresa que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen, tiene su mejor expresión en Cuba.

Y el destino de las elecciones en Cuba todos los conocemos, se inspiraron en las soviéticas, según el estilo Stalin, unos comicios donde nadie vota por el presidente y los diputados son desconocidos que representan al pueblo por votación unánime siempre y después eligen al presidente también unánimemente, al igual que las leyes que promulgan.  Por muy fraudulentas que fueran, eran mil veces más democráticas que las elecciones socialistas, que son una farsa.


Huelga del 9 de abril: guerra avisada no mata soldado

Como vivía entre conspiradores contra Batista, pues mi padre era miembro activo del 26 de julio y mi jefe era del Movimiento de Resistencia Cívica, uno de los dirigentes principales de esa organización dirigida por Manolo Ray, estaba al tanto de todas las situaciones y al estar preso mi padre, Jorge Serra, mi jefe, me alertó el 8 de abril que no fuera a trabajar el día siguiente ni dejara que nadie en mi casa saliera a la calle, porque iba a haber una huelga que iba a tumbar al gobierno de Batista.

Pusimos el radio desde temprano y sobre el mediodía se escuchó una arenga llamando a una huelga general revolucionaria. Hubo un sonado asalto a una armería en La Habana Vieja y en el Cotorro y Guanabacoa, los revolucionarios tomaron estaciones de policía y en otras partes del país hubo levantamientos similares, pero la coordinación no fue buena y la huelga fracasó, sobre todo porque no se paralizó el transporte, punto clave en cualquier movimiento de este tipo, hubo delaciones y se careció de armas. Por supuesto que Fidel Castro culpó a todo el mundo menos a los que estaban con él en la Sierra, lejos de los tiros, porque en las ciudades hubo acciones heroicas y muchos mártires.

 Al final la huelga fue un fracaso y su única consecuencia fue hacer que la vida del cubano se hiciera más inestable y llena de temores a ser reprimido sin razón.  La fallida huelga, con sus bombas, fuegos, los sabotajes, los asaltos a mano armada y las acciones poco coordinadas entre la guerrilla mientras comían carne de puerco en las lomas y la clandestinidad que fue la que puso los muertos, caracterizaron ese día que llenó de sangre el suelo cubano, tanto los contrarios al régimen, como los policías y muchos ciudadanos inocentes que no tenían nada que ver con ello.
Esa práctica de echarle la culpa a los demás de todo lo que sale mal, así como de considerar una victoria la más aplastante derrota, caracterizaron a la Cuba que vendría después.


Terrorismo revolucionario

Hay dos pilares que han soportado la revolución cubana: la mentira y la represión.

La mentira se hizo sistemática, manipulada, tergiversada, oculta y a medias.  La contradicción, las afirmaciones que luego se desmienten y las versiones diferentes han sido el centro de los discursos y expresiones de Fidel Castro, conocedor de que los pueblos no tienen memoria y del principio nazi de que una mentira repetida se convierte en una verdad.

La represión abarcaría todas las esferas de la vida y sería el centro de los mecanismos de control que llegaría a límites que no sospechábamos, de los que habíamos oído y leído por las experiencias de los países comunistas, pero que eran tan absurdos que dudábamos que fueran ciertos.

Pero en 1958 todavía la revolución no había llegado al poder, pero enseñaba sus credenciales a través de la falsa propaganda y sobre todo de la forma de represión que podían aplicar en esos momentos: el terrorismo

La revolución comenzó con una ola de terrorismo urbano, donde no importaban los daños colaterales, los atentados terroristas de todo tipo se fueron incrementando como una forma de desestabilizar la sociedad en lo económico, social y político.

El 8 de noviembre de 1957 fue llamada la noche de las cien bombas, porque esa cantidad aproximadamente hicieron explosión de forma coordinada en la capital y de ello avisó a la policía uno de los principales asesinos expertos en terrorismo, El Curita, Sergio González, quien sería uno de los terroristas que más homenajes recibiría en Cuba en la etapa revolucionaria.


Se volaron registros de electricidad y telefónicos que tuvieron a gran parte de la capital sin servicio durante días, se produjo la voladura de los cables de la Estación de Ferrocarril de Bejucal y de la Estación de Ómnibus Nacionales, una explosión en el acueducto de Vento, un incendio en la refinería de la Esso, quema de guaguas, inutilización de transportes de todo tipo, y decenas de bombas y petardos en tiendas, edificios, bares y cines, y en algunos de estos hechos los propios terroristas murieron o fueron gravemente heridos.

Fueron famosos los petardos estallados en el cine teatro América, bomba de fósforo en Cinerama, el Cabaret Tropicana, el Ten Cents de Galiano, la Manzana de Gómez, y en muchas esquinas habaneras.  Un clima de terror total auspiciado por la consigna Cero Tres C, o 03C, se hizo realidad con centenares de acciones terroristas en lugares públicos, que se corresponden con su consigna de cero Cine, cero Compras y cero Cabaré.


Y aunque no fue el primero, si se empleó como sistemático el secuestro de aviones, que fue incrementándose a pesar de que uno de ellos provocó numerosas muertes al caer a la Bahía de Nipe. El primer secuestro aéreo político de la historia sucedió en Bolivia. El hecho ocurrió sobre los cielos de Bolivia y Argentina el 26 de septiembre de 1956 en un avión del Lloyd Aéreo Boliviano que transportaba a 47 presos políticos, pero Fidel Castro lo empleó muchas veces, lo institucionalizó y después se volvió contra él mismo, pero esa es otra historia.

1958 fue un año malo en todos los sentidos pero en particular por el terrorismo revolucionario, tema del cual después de la caída del régimen de Batista, se convirtió en un tabú tocarlo.

Pero que se podía esperar si Fidel y Raúl Castro usaron como posición de fuego para atacar al Cuartel Moncada un hospital repleto de pacientes.


Mi pedacito de terrorismo

Mi vinculación con la insurrección contra Batista se manifestó de dos maneras. En la primera fue cuando en esos tiempos, en que trabajaba en la Librería El Gato de Papel, en Obispo entre Habana y Aguiar, y uno de los dueños, Jorge Serra, era de la dirigencia del Movimiento de Resistencia Cívica encabezado por Manuel Ray y con el que tenía más confianza pues era además amigo de mi padre, me pidió que llevara un paquete a una dirección en el Vedado,  tomara un taxi y no me distrayera en el camino, que fuera directo al asunto.  Me alertó de que si había problemas con la policía, botara el paquete y huyera.  Ya ese asunto un poco que me asustó, medio que despertó mis ansias de aventura, pero como siempre hacía, para buscarme 30 centavos que era sustancioso para mí en esos tiempos, en lugar del taxi me fui a pie y en el camino, como era usual a mediados de 1958, me tropecé con varios carros patrulleros de la policía, pero como el que no la debe no la teme, aunque sin saberlo la debcía, yo seguí mi camino como si nada, a pesar de que tenía sospechas de que había algo peligroso. Llegué al lugar, que era un edificio en la calle B entre 23 y 25 y cuando toqué me pidieron que me identificara y cuando dije que era de parte de Manolito, me pidieron dejara el paquete en la puerta y me fuera. Una trama emocionante.  Jorge me explicó después que lo que había llevado era una propaganda llamada Cero Tres Ce, cero compras, cero cine, cero cabaret, que constituyó una de las campañas de difusión más exitosas de la lucha contra Batista.

Ese salio bien, aunque me di cuenta de mi irresponsabilidad y estupidez, pero sin comerla ni beberla, me vi envuelto en otra que fue más comprometedora y peligrosa.  Cerca de las seis de la tarde de un sábado, después de mi recorrido habitual al restaurante Miami y de ir al cine Rialto, crucé toda la calle San Rafael para entrar a curiosear al Ten Cent de Galiano. No recuerdo por qué me detuve en una cafetería La Isla en la misma esquina de San Rafael y Galiano y donde después supe que era el sitio preferido del poeta Eliseo Diego.

Supongo que habrá sido para comprar una cajetilla de cigarros Royal Suaves que era los que fumaba, pero el hecho es que siento una explosión y aquello se llena de pronto de perseguidoras o patrullas de la policía. Entonces la calle San Rafael era abierta al tránsito y con sentido de circulación hacia Prado, donde finalizaba y no como ahora que es un bulevar peatonal, y la calle Galiano era de doble sentido y controlada por un semáforo con un policía y el tráfico vehicular y peatonal eran impresionantes.  Por tanto, al estar en la misma esquina, corrí por Galiano hacia Reina y cuando llegué justo frente a la entrada de Fin de Siglo, crucé la calle, pues todos los carros y guaguas se habían detenido y la marea humana que me acompañaba o de la que yo formaba parte, iba en desbandada.  Un poco antes de la esquina de Galiano y San José, en el mismo medio de la calle se detuvo una perseguidora y sus ocupantes se bajaron con ametralladoras Thompson y a todos los jóvenes que por allí corrían, los detuvieron y pusieron contra la pared.  Yo llevaba para mi madre unos pastelitos de ensalada de pollo que con el empujón se hicieron puré.  Pero milagrosamente la radio de la patrulla los convocó y salieron en dirección hacia el Malecón, así que todos los que pasamos el susto no corrimos, volamos.  Yo tomé por San José hacia Belascoaín y ya he narrado la historia de que me metí en el famoso burdel Tía Nena, donde varios como yo hicieron lo mismo y ahí terminamos hasta que consideramos que la situación se había tranquilizado. Y nadie tenía espíritu de entretenerse en otra cosa mientras esperaban.

Quiere decir esto que el terrorismo no solo provoca víctimas inocentes cuando ocurre un atentado por una bomba, un tiroteo o un secuestro de un avión u otro transporte, también afecta a los que no tienen nada que ver con el hecho y pueden ser acusados de haberlo realizado como casi me pasa a mí.


La embajada de Brasil.

Mi padre era un sencillo guagüero, pero que tenía el concepto de que las cosas iban mal y que había que hacer algo por acabar con el desgobierno de Batista y lograr que se instaurara de nuevo la democracia y la justicia social.

Por su participación en acciones de sabotaje, sobre todo después de la Huelga del 9 de Abril de 1958, mi padre es perseguido y apresado en ese propio mes por el connotado asesino Orlando Carratalá Ugalde. Después de algo más de un mes en la fatídica Décima Estación del Cerro, es soltado e inmediatamente el Movimiento lo llevó y asiló en la Embajada de Brasil en La Habana, sita en Calle G y 19 en el Vedado. Estuvo un tiempo recuperándose de las fracturas y golpes recibidos y la decisión del Movimiento fue que se fuera para Venezuela mediante el salvoconducto que la embajada de Brasil había emitido. Sin embargo mi padre optó por irse a luchar a la Sierra Maestra, pero lo enviaron al Escambray, donde debía esperar la llegada de las columnas de Camilo y el Che. De esto nos enteramos un día que fuimos a verlo a la embajada y ya no estaba. Un contacto del movimiento 26 de Julio, que traía todos los meses dinero para el pago del alquiler de la casa y otros gastos nos dijo que papá estaba camino a la Sierra Maestra.


En la Embajada de Brasil, al igual que lo hicimos antes en la Décima Estación, íbamos mi madre y yo casi todos los días, en el primer caso para presionar y poder verlo y llevarle comida (aceptaban la comida pero nunca lo vimos mientras estuvo preso y después supimos que nunca se la dieron) y en el segundo para darle aliento e insistirle se fuera para Venezuela. A la embajada, a pesar del ambiente y el trato exquisito del embajador Vasco Leitão da Cunha, no me gustaba ir por una sola razón, siempre nos invitaban a almorzar y si uno se negaba casi lo obligaban y la verdad que la comida no me gustó ni una sola vez, pues unos macarrones nadando en leche no son mi fantasía culinaria. Yo se que no todos los brasileños comen así, porque si fuera el caso, los compadezco, aunque para gustos se han hecho colores y lo que para unos es una delicia para otros es un asco.

De mediados de julio de 1958 hasta el 6 de enero de 1959 no supimos nada de mi padre, lo que pasaba por nuestra mente era peor que tener conocimiento de lo peor que pudiera pasarnos, que hubiera perdido la vida. De esa etapa de su vida mi padre no ha querido hablar mucho, solo contaba que estuvo en una finca con otros dos compañeros alrededor de veinte días pasados los cuales se apareció un enviado del Ché a recogerlos para llevarlos a su presencia.  Tuvieron sus recelos pero resultó ser cierto. A mi padre lo asignaron a la escuadra del Teniente Manuel Manals, perteneciente al pelotón del Capitán Ramiro Valdés, de la Columna No. 8 "Ciro Redondo" comandada por el Ché Guevara. Cuenta mi padre que Ramiro Valdés era un sumiso con el Ché y que ambos eran partidarios de la sangre y no de la sanción o condena, y mucho menos de la reeducación, que no había rasgos de humanidad en ellos ni en las órdenes que recibían y que les conminaban a hacer todo lo posible por eliminar o subvalorar lo hecho en el Escambray por el Segundo Frente y por el Directorio Revolucionario, ya que se trataba de "bitongos improvisados que ven la revolución como una aventura de Errol Flynn", según frases que les inculcaban y recalcaban. Muchos años después leí esta pregunta y su respuesta: "¿A qué participante del ataque al Cuartel Moncada los médicos lo diagnosticaron como psicópata y lo separaron de la población penal en Isla de Pinos? Pues nada menos que a Ramiro Valdés."

Pero las personas como mi padre, que no era de los que le habían afectado intereses alguno, pero que conocía desde adentro "al monstruo y le conocía las entrañas" como dijera Martí, no podía quedarse con los brazos cruzados.

El seis de enero de 1959, mi padre, combatiente del movimiento 26 de julio y del Ejército Rebelde en la Sierra del Escambray, regresó a La Habana después de haber peleado con la columna comandada por Ernesto "Che" Guevara y llegó temprano por la mañana como el mejor regalo de Reyes para mí, aunque ya no tenía edad para creer en esa fábula, pero no había alegría mayor, después de lo vivido, que tener a mi padre sano y salvo a mi lado. En el barrio todos lo felicitaban, era el único "barbudo" conocido, todos querían fotos con él, pero tenían que apurarse, pues mi padre se peló, se afeitó, botó el traje verde olivo en la basura y nos explicó que se avecinaba una farsa que iba a destruir a Cuba.

En medio de la hipnosis colectiva surgida con el triunfo de la Revolución, la convicción de que ya no habría más represión ni muertos y el país florecería económica y socialmente, la mayoría, incluyéndome yo, no creímos en su pesimismo. Como siempre pasa a esa edad, estaba convencido de que nuestros padres andaban equivocados y tenían un pensamiento anticuado. Darme cuenta de lo contrario, años después, de la razón que tenía y que le hice caso omiso, fue la más amarga de mis horas.

Por eso siempre hay que escuchar y hacerle caso a lo que dicen los padres.


La peor Nochebuena de mi vida.

Llegó el mes de diciembre de 1958.  Todavía me enardecían los coros de la conga de los negros del barrio detrás del mitin por Rivero Agüero y sacaba balance de lo ocurrido.

Tenía trabajo y bastante bien retribuido, pero mi padre había estado preso, torturado, asilado en una embajada y ahora se encontraba en el Escambray alzado y no sabíamos nada de él.  El movimiento 26 de julio prácticamente mantenía la casa, así que eso no era preocupación.

Las clases en el Instituto donde estudiaba bachillerato, se habían suspendido.  Era un peligro ir al cine, a un restaurante y hasta salir a la calle, pero había que hacerlo.

Esa Nochebuena quizás la peor de mi vida.  Pronto terminaría una pesadilla, pero la que vendría sería mucho peor.

Al triunfo revolucionario todo nos parecía como de ensueño, sentíamos que habíamos llegado a la cima, pero no nos acordamos de la frase de Napoleón, de que mientras se sube, uno se puede detener, pero en la caída no hay forma de detenerse.

Tanto para sus fanáticos como para sus adversarios, Fidel siempre estaríaa ahí con sus discursos de cuatro horas que la gente veía como a un reality show de nuestros días, inclusive tomando chocolate y comiendo galletas como si estuviéramos en un ciclón (lo estábamos sin saberlo), sus carteles efectistas y sus consignas grandilocuentes.

Ese era el principio de la caída que sesenta años después todavía no termina.

Así y todo, !cómo me gustaría volver a recorrer esas calles de La Habana de 1958!.  Aunque es una ficción, envidio al personaje principal de mi novela.

















































domingo, 19 de agosto de 2018

Las Lomas de La Habana y congas famosas


Las Lomas de La Habana y congas famosas

La acepción más aceptada por los especialistas es que el nombre Habana proviene del cacique taíno Habaguanex, pero entre otras teorías hay una que considero bastante acertada y es la palabra taína Jabana, la forma como los arahuacos del occidente cubano denominaban a una sabana. Y es que La Habana, considerando no sólo la capital, sino la histórica provincia que va desde la costa norte con el estrecho de la Florida hasta el golfo de Batabanó en el sur, es una extensa sabana, salvo algunas alturas menores en la zona central que va de Bejucal hasta Madruga y que se extienden hasta Limonar en Matanzas.

Y la ciudad de La Habana como tal, es casi plana, por eso llaman la atención algunas lomas que en una geografía con un entorno montañoso o mixto no tendrían importancia alguna.  Para mí, que pasé mis dos años de vida en Bejucal, del cual vine a conocer después sus características, y que también es una zona muy plana, solamente destacaba la llamada Loma de Bejucal, a la entrada del pueblo y donde estaba situada la famosa Ciudad de los Niños del Padre Testé, posteriormente convertida en base de cohetes y ahora en total abandono. Muy cerca estaba otra loma que todos conocemos, la loma del Cacahual, en primer lugar porque allí está el panteón que recuerda al Titán de Bronce, Antonio Maceo y que además permite observar una fantástica vista de la capital.

Pero al mudarme para el barrio de El Cerro, en mis andanzas con otros mataperros (que nunca matamos ni lastimamos a ningún perro, todo lo contrario, los buscábamos para jugar, acariciarlos y darles lo que tuviéramos de comer), muy cerca de la casa me encontré con una maravilla: la loma de la calle Chaple entre Esperanza y Vía Blanca. Aquello era una simple lomita de no más de 15 o 20 metros de desnivel y de alrededor de 50 metros de largo pero con un buen grado de inclinación y para nosotros era todo un reto bajarla y subirla porque en los alrededores no había otra tan inclinada.
    Chaple y Vía Blanca, donde recientemente hubo un derrumbe, al fondo el acueducto de Palatino.

Años después en un viaje en carro a Guanabo, en un Jeep de un tío, me pareció escalofriante bajar la loma del intermitente de Vía Blanca hacia la playa, que también era solamente otra lomita. Pero así ocurre cuando casi todo lo que te rodea es plano o casi llano y un accidente pequeño te parece algo espectacular.  Eso le ocurre al habanero cuando va por los pocos lugares donde en la capital se rompe la monotonía de la uniformidad rasa y nos encontramos con un paisaje diferente.

“Son de la loma” es una de las canciones cubanas más famosas de todos los tiempos y su compositor, Miguel Matamoros, el líder del reconocido trío halló inspiración en una pregunta de una niña en la entrada del teatro donde actuaba. Dice el son:

"Mamá, yo quiero saber / de dónde son los cantantes; / que los encuentro galantes / y los quiero conocer, / con sus trovas fascinantes / que me las quiero aprender. ¿De dónde serán? (Ay, mamá). / ¿Serán de La Habana? (Sí, señor). / ¿Serán de Santiago? (Cómo no), / tierra soberana. / Son de la loma, / cantan en llano (sí señor, cómo no). / Mamá, que son de la loma, / mamá, que cantan en llano"...

 El son cubano, uno de los más influyentes géneros de la música latinoamericana, se dice que surgió en la región oriental de Cuba, pero eso solo es válido como tradición oral. Se dice que el tresista de origen haitiano Nené Manfugás, de origen haitiano, lo llevó desde Baracoa a los carnavales de Santiago de Cuba y que de ahí algunos miembros del ejército libertador lo llevaron a La Habana. Lo cierto es que hay evidencias de que esta manifestación artística se fue gestando en la capital desde mediados del siglo XIX y no solo en Oriente, por lo que la paternidad no puede ser concedida.  Algo parecido ocurre con la rumba y sus distintas variantes que se le atribuye exclusivamente a la capital y no es así, pues tuve gran desarrollo en Matanzas. Y algo muy significativo es que las llamadas Rumba flamenca, Rumba catalana y Rumba gallega, tienen su origen en la rumba cubana y podrán tener su propia identidad pero se derivan de ella.

Y no hablo de la conga o tumbadora, ese instrumento de percusión creado en Cuba, creado a partir de las maderas de los barriles de vino y cueros, y que sustituyeron a los barriles de bacalao y de velas con los que en Matanzas y La Habana se tocaba inicialmente la rumba, sino a la conga, ese ritmo sincopado que acompaña con tambores a las comparsas de carnaval desde los tiempos de la esclavitud, que comenzó en la celebración del Día de Reyes y que en los inicios de la etapa republicana en nuestro país y diría yo hasta nuestros días, se emplea como elemento de propaganda política para motivar a las masas tras su ritmo.  La conga es quizá el baile popular cubano más añejo y arrastra a muchas personas bailando y cantando.

No puedo dejar de recordar a Eduardo Alvarez, amigo e hijo de un amigo y que trabajó mucho tiempo conmigo y el cual, por ser negro, era escogido para tocar la tumbadora arrollando por todas las oficinas, cuando en realidad era un negro fino, que no le gustaba la música afrocubana ni su religión (a pesar de que su padre era un tremendo santero) sino la música norteamericana y era un fanático de Michael Jackson y Earth Wind & Fire, por lo que malamente tocaba el tambor haciendo ruido, pero sin sentirlo. Son los estereotipos que nos creamos de que si eres negro tienes que ser brujero y saber tocar el tambor.

Pero no es del son, sino de la conga, y no de las montañas santiagueras, sino de las tímidas lomas habaneras que vamos a escribir hoy.
                               Convento de Belén en La Habana Vieja.

A la loma de Belén

El barrio de Belén, en la Habana Vieja, que limita desde la Avenida del Puerto hasta la calle Acosta y desde Egido hasta Muralla, no tiene ninguna elevación. Aunque ahora tiene otra división, Belén formaba parte del habanero barrio de San Isidro el que contaba una de las zonas de tolerancia que se conocían entonces en La Habana como centros la prostitución en la ciudad.

Desde niños todos los cubanos hemos estuchado esta tonada:
“A la loma de Belén,
de Belén nos vamos.
A la loma de Belén,
de Belén nos vamos...
Aééé... Eááá...
Aé, componedores...
Aé, remachadores...
Y yo voy a la loma, buscándote.
Aé, componedores...
Aé, remachadores...
Y yo voy a la loma, buscándote.”
                                   Abelardo Barroso, el tercero de izquierda a derecha.
La canción fue compuesta por Juana González y su esposo Felipe Neri, autor de clásicos cubanos como Tribilín Cantore y Tres Lindas Cubanas y fue popularizada por el Sexteto Habanero, con su cantante Abelardo Barroso al frente.

Yo conozco el Arco de Belén en la calle compostela y Acosta, del cual hice referencia en el artículo sobre los catalanes en Cuba y que fue construido para  facilitar el traslado de los enfermos convalecientes desde el Convento hacia las construcciones que la orden poseía en terrenos al otro lado de la calle, ya que las autoridades sanitarias de la ciudad habían prohibido el movimiento de estas personas a través de la vía pública temiendo una epidemia en su marcha desde el Convento de Nuestra Señora de Belén de La Habana, se encontraba localizado en las manzanas comprendidas entre las calles Compostela, Acosta, Picota y Luz, en La Habana Vieja.


A pesar de haber buscado exhaustivamente no he encontrado a qué se refiere, a no ser que tenga una connotación religiosa, pero en el barrio de Belén no hay lomas.

Las lomas que sí existen

 La Habana es predominantemente llana pero tiene sus lomas y son más de diez y están dispersas por toda la ciudad, lo que pasa es que muchas de ellas las subes tan concentrado en tu actividad que no notas siquiera que están allí, con excepción de unas pocas.


La loma del Burro

Una de las lomas más famosas es la loma del Burro. Con 55,6 metros de altura está en la frontera entre los barrios de Luyanó y Lawton, no muy lejos de la Iglesia de Jesús del Monte y en diferentes épocas ha contado con algunos árboles, sobre todo pinos y ahora es una loma pelada.  Pelada de vegetación, porque está repleta de restos de brujerías, desde un gallo hasta un racimo de plátanos podridos con un lazo colorado.

Parece que el nombre viene de algún burro que pastaba allí, pero lo verdaderamente triste de este lugar, muy cercano al conocido Hospital Materno antiguo Hijos de Galicia, es que en sus faldas estaba el aciago barrio de las Yaguas, donde muchos decían que era un refugio de prostitutas, mariguaneros, ladrones, brujeros y borrachos, cuando en realidad la mayoría de los que allí subsistían eran personas decentes que fueron desalojados de sus viviendas por no poder pagar el alquiler. 

Su nombre viene de las yaguas de palmas que después de ser empleadas en la industria del tabaco, las fábricas botaban en la Loma del Burro, y con ellas se construyeron unas mil quinientas casetas donde vivían unas seis mil familias sin electricidad ni agua corriente y por supuesto sin ninguna medida sanitaria. Una verdadera vergüenza de los gobiernos republicanos y una de las pocas cosas buenas que hizo el gobierno revolucionario, aunque después sus políticas provocaron que nadie pudiera aspirar a tener su vivienda.

 La loma de Chaple o de Luz

Es una de las de mayor elevación, está en el barrio de Santos Suárez y es una de las más significativas de la ciudad, con 66,7 metros de altura. Su nombre viene de Joaquín de la Luz, pero es más conocida por el de su urbanizador, Eduardo Chaple.

Este lugar es un mirador natural de la capital y está lleno de grandes mansiones venidas a menos y que en su momento fueron cuna de la alta burguesía y hoy estructuras que se despedazan por días, pero que siguen contando con la vista panorámica más impresionante de La Habana que van desde el Monumento a José Martí, la Rampa con el Hotel Habana Libre hasta el Capitolio y el Morro a la entrada de la Bahía.

Probablemente cuando haya un cambio de sistema, se derrumbará lo que no se haya derrumbado entonces y se harán otras construcciones, seguramente unos impresionantes restaurantes con terrazas para admirar la vista.


Loma de Jesús del Monte  

Con solo 39.8 metros de altura, la Loma de Jesús del Monto, protegida por un alto paredón hacia la avenida de Diez de Octubre, cuenta en su cima con la iglesia de igual nombre y la más antigua de La Habana fuera de las desaparecidas murallas. Este lugar fue una elevación de carácter estratégico en el período en que La Habana fue conquistada por los ingleses y también es histórica porque allí se produjo la sublevación de los vegueros ante el estanco del tabaco.

Al comienzo de su expansión en ella se instalaron familias adineradas; ahora es un lugar sumamente miserable y olvidado.

La loma del Mazo 

Situada en la Víbora, cercana al Instituto de Segunda Enseñanza, en Juan Bruno Zayas y Patrocinio hasta Vista Alegre y con una altura de 76.6 metros es el uno de los lugares más elevados de La Habana y también jugó un papel importante en la toma de La Habana por los ingleses y es no menos destacada e impresionante la vista desde ese lugar.

La loma de Atarés

Teniendo en cuenta su altitud y su ubicación, fue levantada en ella en el siglo XVIII el Castillo de San Domingo de Atarés como una de las fortificaciones del sistema defensivo de La Habana colonial.

Desde que fue edificada, el castillo ha sido utilizado como fortaleza militar, sede de la guardia presidencial, prisión y unidad militar. Es de las pocas fortalezas españolas de La Habana, al igual que el Castillo del Príncipe que en la actualidad no se encuentra abierta al público y no ha sido convertida en museo, en particular porque su estado de conservación no es bueno.

El acceso al lugar es por una falda inclinada y preparada por los constructores para que fuese muy difícil o casi imposible de escalar por quien quisiera asediarla por tierra o por mar. Las naves podían acercarse al sitio por la ensenada de Atarés, pero no al castillo.

He leído que  la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana inició el proceso de restauración del Castillo de Atarés. Esta es una obra de gran valor patrimonial que a pesar de estar declarado Monumento Nacional está en estado deplorable. A su vez esta decisión está reforzada por los resultados de excavaciones arqueológicas recientes que refuerzan su importancia y la calificación del castillo como otro de sus miradores naturales.

Loma de Monserrate 

Estas loma, de la cual casi no nos damos cuenta que existe por lo pobre de su inclinación, aunque el que va manejando en Cuba para ahorrar gasolina recurre al hecho de apagar el motor y desde Cerro y Boyeros, si no se encuentra con un obstáculo o semáforo, puede ir bajando por gravedad hasta Carlos III, la loma del Príncipe y la de la Universidad.

En este lugar, antes de ser construida la Plaza Cívica, ahora llamada Plaza de la Revolución fue construida la ermita de la virgen de Monserrate, nombrada por el pueblo como la ermita de los Catalanes.

Loma de Aróstegui 

Casi no se le conoce por este nombre sino por la loma de la Universidad de La Habana. Y se conoce popularmente por la colina Universitaria con su famosa escalinata por el lado de Sán Lázaro o entrada principal y un corto pero empinado acceso por Carlos III y el comienzo de la Calle G en el Vedado.


La loma del Ángel (o Cecilia Valdés)

Sin duda una pequeñísima loma tiene una tremenda presencia en la cultura del cubano. Y todo se debe a la novela Cecilia Valdés o La Loma del Ángel (1882) del cubano Cirilo Villaverde, una de las novelas cumbres de la literatura hispanoamericana del siglo XIX.

Esta obra refleja a la sociedad cubana colonial y el mestizaje como rasgo distintivo de la nación cubana, a través de la historia amorosa entre una bella mulata y el hijo de un hacendado español y el talento narrativo de Cirilo Villaverde nos ofrece un impresionante fresco de la Cuba colonial tras el período independentista del resto de los países hispanoamericanos y la permanencia de la colonización española y la esclavitud en nuestro país.

Es muy difícil encontrar un cubano que no reconozca la importancia de la novela Cecilia Valdés para la cultura nacional. Pero muchos no conocen que Cirilo Villaverde vivió la mayor parte de su vida adulta (de 1849 a 1858 primero y luego de 1860 hasta su muerte en 1894) en Estados Unidos y que su obra cumbre fue publicada en Nueva York, ciudad en la que vivió casi cuarenta años tras.participar en el movimiento conspirativo encabezado por el general venezolano Narciso López, ser condenado a diez años de prisión y después a muerte, y lograr escapar de prisión y huir a Estados Unidos.

Justo en la esquina de Cuarteles y Avenida de Bélgica se encuentra la Iglesia del Santo Ángel Custodio, escenario principal de la historia de Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde.

Y no lo cojan a relajo diciendo la famosa frase: (ya lo dijo Villaverde al salir del hospital, cuando el mal es de cagar, no valen guayabas verdes


La loma del castillo del Príncipe. 

Es la más alta colina de la capital, y fue nombrada en honor del príncipe Carlos, hijo del rey Carlos III, y en ella está ubicado el castillo del Príncipe, fortaleza militar que sirvió de prisión durante la época colonial y la era republicana.  Este castillo se constituyó en el más importante de La Habana y continuó siendo una prisión hasta la década de 1970. Luego el gobierno lo transforma en una unidad de ceremonias militares y en sus faldas se podían ver a los integrantes de bandas militares ensayando y también lo conocí como un almacén de publicaciones del Instituto del Libro y que cumplía simultáneamente ambas funciones.

Popularmente se le conoce como “la loma”” aludiendo al presidio y la Sonora Matancera con Celia Cruz al frente popularizó en los años 50, de la autoría de Javier Vázquez, el número “Palo Mayimbe

“”¡Palo Mayimbe: me llevan pa’ la loma! –¡Eh, me llevan pa’ la loma, me llevan pa’ la loma! –¡Palo Mayimbe: me llevan pa’ la loma! –¡Mayimbe: de la loma, Mayimbe: de la loma! –¡Palo Mayimbe: me llevan pa’ la loma! –¡Eh, nos vamos pa’ la loma, nos vamos pa’ la loma!»

                         Loma y restos de la Ciudad de los Niños a la entrada de Bejucal.

Palo son denominaciones de orígen Bantú, traídos por esclavos de África central esclavizados en Cuba y de la religión Yoruba de la zona del Golfo de Guinea y se asocian con otras ramas religiosas como Palo Monte, Palo Mayombe, Palo congo, Brillumba y Kimbisa. Mientras tanto en Cuba un Mayimbe es un jefe, y Mayombe es de uso en santería.

Por lo tanto a la gente que tenga poder, el cubano le llama Mayimbe.  !Oye jefe me llevan preso!, diría algo parecido la canción.

Por supuesto hay otras elevaciones en La Habana, pero sin llegar a alcanzar trascendencia como estas, pero podemos referirnos a la Loma del Ingenito, al sur de Lawton y al este de Víbora Park, la pálida loma del Zoológico de 26 en Nuevo Vedado por 26 y algunas otras un poco más pronunciadas que hay en esa zona,  y saliendo de la zona central de la capital están la loma de la entrada principal de la playa de Guanabo, las de las entradas a las playas de Tarará y Santa María del Mar, las alturas un poco más impresionantes por estar junto a la bahía, las de Casablanca, el Cristo de La Habana y la fortaleza de la Cabaña, y la de la entrada a Cojímar.
                                                            Intermitente Guanabo y Vía Blanca

Las congas

Y muchos se preguntarán si el tema tratado ha sido el de las lomas de La Habana, ¿que hacen aquí las congas?  Muy simple: al rememorar lo que fue el Castillo del Príncipe, llamado popularmente “la loma”, la memoria de lo antiguo, siempre alerta, me recordó “palo mayimbe me llevan pa’ la loma” y ahí surgió la idea de escribir sobre algo que también es parte de la cultura cubana aunque tenga profundas raíces africanas: la conga.

Desde que el hombre primitivo concibió la forma de vivir sin trabajar y surgiera el brujo de la tribu, que sería el interlocutor entre los hombres y las fuerzas que dominan la naturaleza, a las que había que obedecer y dar ofrendas, también se pensó en una forma de aflojar las
Tensiones. Supongo que los brujos de la tribu hayan acompañado con sonidos, que se fueron convirtiendo en música, estos rituales y con ello apareció lo que después se conocería como una fórmula triunfadora: pan y circo.

Al pueblo, pan y circo, es una expresión que todos conocemos y que a pesar de que se dice tuvo su origen en el imperio romano "panem et circenses" era una práctica que el hombre había descubierto mucho antes como forma de ofrecerla al pueblo a cambio de obediencia, de confianza y de mantenerse ocupados con estos asuntos y no meterse en aquellos que la clase o grupo dominante reservaban para su círculo político íntimo. En esos tiempos era el circo romano con sus gladiadores y espectáculos sangrientos, en nuestros días son los juegos de fútbol.  El que fuera entre 1823 y 1932 Capitán General español de la Isla de Cuba, Francisco Dionisio Vives, decía:  dale al cubano un guateque donde no falte un lechón asado, ron, guitarra, tiple, güiro, gallos y mujeres y no pensará en política”.  Vives fue nombrado después con el título de Conde de Cuba.

Fue así que más tarde los primeros agricultores se reunieron con los rostros enmascarados y los cuerpos  pintados para agradecer la fertilidad de los suelos, dar gracias por la lluvia y alejar a los malos espíritus, todo ello mediante una fiesta. Ese sería el germen de lo que hoy conocemos como carnaval y que tiene carácter universal con formas específicas en cada región del mundo.


En Cuba desde épocas muy remotas se celebran todos los años fiestas populares como los carnavales y las parrandas. De los primeros son famosos los de La Habana, Santiago de Cuba y las celebraciones de San Juan en Camagüey y de las parrandas , que son competencias entre barrios de un mismo pueblo, destacan las de Remedios, Camajuaní y las famosas Charangas de Bejucal. Los Tambores de Bejucal, famosos en las charangas de mi pueblo, se destacan con  “Mamá se fue, mamá se fue, con la conga en la calle vamo’ a guarachar”.

En todas estos festejos no pueden faltar las comparsas, carrozas y desfiles pero ninguna puede existir sin una conga. La conga es un género musical muy relacionado con la rumba y muy parecido a ella, pero que se caracteriza por un baile colectivo que avanza por las calles con su ritmo pegajoso y con la única exigencia de marcar el ritmo. Son famosas la conga habanera y la oriental, esta última emplea una corneta china y tiene mucha influencia haitiana, sobre todo identificada por este instrumento y por el coro que repite como es el caso de "Abre que viene el Cocoyé". Y la Academia Española de la Lengua, que aprueba casi cualquier barbaridad, todavía no ha aprobado la acepción cubana de “arrollar”, que es bailar por las calles al sonido de una conga, que no es precisamente atropellar, ni dar vueltas ni ir rodando, es ir gozando al ritmo de la música.

Pero sin duda la conga habanera es la más popular y extendida, a pesar de lo que digan los santiagueros.

Una muy famosa que todos hemos escuchado es la creada por Chano Pozo: "Siento un bombo mamita me está llamando, sí, sí, son los Dandys" siempre presente en los carnavales de cualquier parte. O la que escuché muy a menudo durante mi niñez y juventud cuando vivía en el barrio del Cerro y que se sentía todo el año:
"Oye mamita no te asustes cuando veas,
el alacrán tumbando caña.
Costumbres de mi país, mi hermano
Yo no tumbo caña
que la tumbe el viento
que la tumbe Lola
con su movimiento".

Era la conga de la comparsa del Alacrán cuya sede estaba a escasas dos cuadras de mi casa . “Flores, flores, ahí viene La Jardinera, viene regando flores”, era el estribillo de la comparsa La Jardinera.

También sonaron mucho "Yenyere Gumá original de Cachao: “”Yenyere guma la buena noche, buena noche, Yenyere guma la buena noooche ¿cómo está usted?”. Y también Yayabo, original de Sancti Spíritus: Tu que me decías que yayabo no salía más, tu que me decías que yayabo no salía más, Yayabo está en la calle con su último detalle y su ritmo sin igual, Aaa yayabo ya salió. Aaa yayabo ya salió.”

Seguramente no olvidamos una bien contagiosa y simpática:
“Abre que voy caminando
Abre que voy echando un pie
Abre que voy cuidao' con los cayos
Abre que voy lo digo otra vez”
O una bien tradicional:
“Al carnaval de oriente me voy
Donde mejor se puede gozar
Al carnaval de oriente me voy
Donde mejor se puede gozar”

Y una conga muy famosa internacionalmente, y en Cuba también, es la interpretada por los Lecuona Cuban Boys en los años 30, la Conga de Jaruco, llamada así por el sobrenombre de su autor, Ernesto Vázquez:

“La conga de Jaruco
Ahí viene arrollando.
La conga de Jaruco
Ahí viene arrollando.
Y tiene en su comparsa
La alegría del lugar
Que viene arrollando
Con su ritmo sin igual..."

Y hay un prolífico autor, Rafael Ortiz, conocido por Mañungo,  que daría al cancionero cubano números clásicos cubanos como Bombón cháa, Muy junto al corazón, Dame un trago cantinero, ¿Por qué me guardas rencor?, Sol de verdad y Amor de loca juventud. pero su composición más famosa sin duda y resultante de una apuesta acerca de que él, compositor de boleros, no podía crear una rumba o una conga, se convirtió en la música que es la que identifica inequívocamente al género:

“Uno dos y tres, Uno dos y tres, Uno dos y tres
Que paso más chévere, que paso más chévere   
El de mi conga es
Uno dos y tres, uno dos y tres, que paso más chévere
Que paso más chévere el de mi conga es”

Eran los tiempos del sombrero jipijapa, de los tranvías y del fox trot, cuando la conga comenzó a salir de los solares y de esta pieza surgió por primera vez el vocablo "chévere", palabra de un ritual de la sociedad secreta afrocubana abakuá en La Habana, y que ahora muchos países  quieren atribuirse como propia. En abakuá “chévere quiere decir valiente, excelente, maravilloso y la expresión "Ma' chévere" era un título que se le daban a los Mokongos o dignatarios reconocidos por sus habilidades, lo que de hecho nos identifica a chévere con cualidades positivas. “Chévere’ es exclusiva de Cuba y a través de la música se extrapola a otros países.
                                 Ricardo Leyva, de Sur Caribe y el laureado pianista Frank Fernández.

Y de hace pocas años apareció un toque de finura, naciendo con ello una nueva sonoridad de dicho género. “Añoranza por la conga”, ritmo con acordes nuevos para romper el mito de que sólo en época de Carnaval se debe gozar una conga.  Añoranza por la conga, de la autoría de Ricardo Leyva con su grupo Sur Caribe, nos muestra otra cara de la realidad cubana, el exilio y la emigración vista a través de la conga. Elegante y contagiosa.

"Micaela se fue pa´ otra tierra buscando caminos,
que por buenos o malos quien sabe le impuso el destino.
Solo vive llorando, sufriendo y pensando en su vino,
que no es vino, señor; ni aguardiente, señor;
es la conga, señor santiaguera...

...Si los santos son tantos, son tantos más tantos,
óyeme Mayeya no juegues con los santos.
Que los mejores congueros tienen disciplina,
sigan arrojando y paren en la esquina.
Y con el chenche bochinche cualquiera va a caer,
pónganse la capa que ahorita va a llover.
Y para despedirme que canten los cantantes,
oigan santiagueros sigan adelante.
Oigan santiagueros sigan adelante.
Oigan santiagueros sigan adelante.
Oigan santiagueros sigan adelante."


Para lo último, la emblemática Ae, ae la Chambelona

Ae, ae la Chambelona es una de las congas más representativas de esta música y de nuestro país y tuvo una connotación política tal que el resto de las actividades de la vida republicana posteriores no podían dejar de contar con una conga.

La Chambelona, vocablo que tampoco ha aprobado la Real Academia Española, es muy diferente al pirulí que define el idioma y que es muy diferente aunque ambos sean un caramelo con un palito. Al cubano no hay quien le confundan un pirulí con una chambelona.

Pero realmente la conga no se llamaba así, sino que fue la versión cubana con influencia africana de una vieja tonada española y que viene de Chambas, pueblo de la entonces provincia de Camagüey, y perteneciente hoy a Ciego de Ávila y que por tanto se llamaba Chamberona, o música de Chambas.

En ese pueblo había una prostituta a la que le llamaban la Chamberona, y la conga en su primera interpretación, que data de 1908 decía:

“Pedro Sánchez del Portal
Un alcalde sin igual
Elegido en su persona.
¡Aé, aé, aé la chambelona!
Todo liberal ya grita:
Yo no tengo la culpita
Ni tampoco la culpona.
¡Aé, aé, aé la chambelona!”

...y otra version:
Desde que se fue Chinchilla / y ha venido Polavieja / yo no como mantequilla / ni tampoco ropa vieja / ¡Aé, aé, aé la chambelona…”

Después de dos intervenciones norteamericanas, la vida política de Cuba estaba polarizada entre conservadores, con Mario García Menocal al frente, un tipo sin carisma y el clásico pesado que podía pasar por argentino, pecado mortal para los cubanos que resiste casi cualquier cosa menos la pedantería y la pesadez, y por otra parte los liberales con el popular con fachada de guapo José Miguel Gómez, Mayor General de la Guerra de Independencia y que después fuera conocido como “Tiburón” (cuando se baña salpica) al frente de ese Partido y cuyo candidato presidencial era Alfredo Zayas, tan inteligente como corrupto. No había nada más parecido a un conservador que un liberal pero así son las cosas.

Sorprendió a todos que durante la campaña, llegara un tren a la estación central de La Habana con cientos de liberales para apoyar a Zayas, los  que venían ejecutando algo que se convirtió en una especie de himno que decía “Aé, aé, aé La Chambelona”.“Yo no tengo la culpita ni tampoco la culpona” y se añadía, “Aé, aé, aé La Chambelona”.

”La Chambelona”, con su pegajoso ritmo y letra burlona no ofrecía dudas en la victoria en las elecciones, pero como siempre ocurre con el cubano, que cuando no llega, se pasa, como decía el Generalísimo Máximo Gómez, el general dominicano artífice de nuestra independencia y uno de los que mejor conocía la idiosincrasia del cubano, comenzaron los ataques a Menocal a través de su esposa, Mariana Seva, que tenía fama de prostituta.

Las elecciones tuvieron como resultado un gran fraude, por lo que estalló una insurrección encabezada por José Miguel Gómez, la cual no tuvo mucha duración.  Todo al son de la Chambelona, donde fue más el ruido y discursos que los muertos que hubo. Como se diría en la Cuba de hoy: “más rollo que película”.

La Chambelona trajo hace un siglo violencia, inestabilidad política y mucho rencor en el seno del pueblo cubano, lo mismo que haría la revolución muchos años después.  Pero la Chambelona quedó incólume y se siguió usando a lo largo de toda la república. Dos momentos que recuerdo:

“Batista no tiene madre, porque lo parió una mona/ Ae, ae, ae, la chambelona…”
Y no olvido a finales de 1958, en la etapa más crítica e inestable del país y con la caída del gobierno batistiano muy cerca, se celebraron elecciones donde el candidato gubernamental era Rivero Agüero y todavía está en mi mente la conga que pasó varias veces tocando La Chambelona a favor del candidato de Batista.  Los mismos integrantes de esa conga, muchos de ellos de la comparsa del Alacrán, fueron los mismos que apoyaron irrestrictamente a Fidel Castro dos o tres meses después, algunos fueron destacados represores o dirigentes del Partido. 

Esa es la triste historia del ser humano, se mueve exclusivamente por intereses o miedo y el cerebro que le dio la naturaleza lo utiliza muy poco,  por eso no lo digo ni remotamente en juego cuando me refiero a menudo de que los perros son mejores que los hombres. Ya lo dijo Roberto Carlos: “yo quisiera ser civilizado como los animales”.

Todos la hemos tarareado alguna vez o hemos participado del coro espontáneo que la entona. Los tiempos cambiaron, pero La Chambelona sigue siendo La Chambelona.

La revolución cambió muchas cosas, entre ellas los carnavales, que ahora son un descalabro total, faltos de elegancia, de belleza y sobre todo de decencia y de respeto. Y ahora las congas son un instrumento político reiterativo a todos los niveles. Hay un ejemplo que da risa y es la
 “Conga cubana contra la homofobia y la transfobia”.  Esto no resiste el menor comentario. Un país donde hasta vestirse o dejarse el pelo de forma no tradicional era sancionado con la cárcel y las conductas sexuales disidentes eran un delito mayor ahora quiere ser ejemplo de tolerancia. No comparto la represión de la mariconería o el tortillerismo, cada cual que viva de acuerdo a su conveniencia y gustos, pero el apoyo irrestricto a estas manifestaciones por parte de sus mayores represores históricos es algo sumamente asqueroso y de poca credibilidad y no con eso van a limpiar la mancha de todo lo que hicieron.
                                    Adolfo Luque, René Cañizares and Miguel Angel Gonzélez
Sin conga no hay pelota

Se dice que en 1912 los Anacoretas del Fe,  (!qué nombrecito!) un equipo de pelota fue el primero en ser animado con una conga. El Fe tiene que haber sido un equipo fuera de liga porque tenía en su alineación a Mike González, Adolfo Luque y Julián Castillo en su alineación.

En 1901, con evidente matiz patriótico, inicia su historia la Liga Cubana de Béisbol, organizando un campeonato con Habana, Almendares, Cubano, San Francisco y Fe.

Poco antes del comienzo del juego se sintieron los acordes de la Jardinera: “Del jardín cubano cortaremos flores…”. La gran conga de la comparsa se situó en el lugar donde después siempre se encontraría, entre el home y el dugout de tercera base, el del home club o equipo local.  Pero otras fuentes dicen que desde años antes de que se constituyera la Liga cubana moderna de pelota ya la conga se encontraba presente, aunque en las calles y como parte de la celebración del triunfo del equipo local.

Durante la década de los 50 el Cienfuegos contó con la conga matancera de Papá Boza, que también animó a los Cubans Sugar Kings apoyados por Roberto “Bobby” Maduro, dueño del club de Triple A

Y por supuesto que hay que hablar de la conga de los Industriales en el estadio Latinoamericano.  Nadie en Cuba se imagina un juego de pelota sin una conga con mucho ruido en las graderías.  Y mucho menos si es Industriales el equipo en el terreno.

Un juego de pelota en Cuba sin una conga o al menos una trompeta y una tumbadora, es algo insípido, la misma herencia que tenemos de la pasión por la pelota la tenemos por la conga como expresión de alegría. Por eso ya en los estadios no hay una sola conga, sino varias y al menos en el estadio Latinoamericano, con la gran emigración, legal o ilegal, que hay en La Habana, no se sabe si la conga que suena más dura es la que apoya a los Industriales o a los equipos del interior. Pero todas le dan fuerzas al equipo y a los jugadores.

 Para desgracia del cubano, hoy en día la pelota está muerta en Cuba, a la espera de ser declarada cadáver y ni las congas la pueden revivir.

Para el cubano, la conga es un instrumento que sirve para cualquier cosa.  Tal es así que hasta José Luis Cortés, el Tosco, le dedicó una conga a Barack Obama: "Obama, Obama, vuélvete loco y ven Pa' La Habana";

Y todo ello ha ocurrido pese el aislamiento en el que la revolución sumió a nuestra cultura y la ha hecho pese a todo y hasta pese a Internet una perfecta desconocida, el mercado es hoy un terreno donde a un cubano le resulta difícil batear un jonrón.  Y una prueba de ello está en que algunos propios ejecutivos cubanos, que se olvidaron de sus raíces y se cree que inventaron otras nuevas que nos refleja, dicen despectivamente: suena muy cubano o en el boxeo y en otras disciplinas: tiene el estilo cubano y como también les pasa a los peloteros, les cuesta mucho trabajo acomodarse a actuar en las ligas mayores.  Olvídense de los dominicanos, puertorriqueños y venezolanos en cualquier esfera: Están ahí porque Cuba estuvo ausente medio siglo, su futuro no está en lo que son hoy. En la música, en el deporte, en el turismo y en muchas cosas más, no pueden competir con el cubano.  A pesar de nuestras propias trabas y de las de nuestra propia gente el porvenir es incierto, pero lleno de grandes oportunidades.

                                            Vista aérea del Castillo del Príncipe.