martes, 15 de septiembre de 2020

Los huecos del Vedado

 Los huecos del Vedado

¡Qué no habremos hablado de La Habana!, pero así y todo siempre quedan muchísimas cosas que podemos contar de esta ciudad única en el mundo, dicho fuera de todo chovinismo, porque en realidad es tan hermosa como irrepetible.

Recientemente se celebraron los quinientos años de existencia de  La Habana, esa ciudad que aún en ruinas nos impresiona y que en algún momento tuvo más lujo y vida que Nueva York, algunos incluso la compararon con París, a ella llegó el ferrocarril primero que a España, el cine poco después de su invención y llegó a ser lÍder mundial en cantidad de salas de cine. En resumen y con respeto del resto del país, donde hay cosas preciosas y de gran valor histórico y con gente maravillosa, recuerdo ahora el refrán: “Cuba es La Habana y lo demás es paisaje”.

Y a pesar de los regionalismos, La Habana, como todas las capitales y las grandes ciudades, está conformada no sólo por los nacidos y los que allí viven, sino que cuenta con la representación y las costumbres de ciudadanos de todo el país, de ahí que se le haya endosado el título de “la capital de todos los cubanos”.

Un periodista mexicano, Victor Mona, trató con bastante éxito diría yo, definir cómo somos los cubanos, de lo cual recuerdo particularmente cuando nos retrató: “...Ningún obstáculo detiene su laboriosidad beligerante si la oferta es digna...Gallegos por el trabajo y judíos por la voluntad de sobrevivir, constituyen una legión empecinada.”  Y lo dijo refiriéndose a la presencia de cubanos en casi cualquier parte del mundo, en los lugares y las situaciones más insospechadas.

El resultado de esas características no podía ser otro sino haber construido una ciudad capital como La Habana, recreada en pedazos en otras partes del mundo, porque como dice Mona al respecto de los millones de cubanos que han emigrado: “No mendigan, trabajan.  Traen su música calurosa, el ruido de sus tambores, los frijoles negros y el bistec de palomilla con moros y maduros. Pero traen sobre todo la simpatía, la cordialidad y la laboriosidad. ¿Quiénes son? Son los cubanos del destierro, la única población mundial trasplantada, que (salvo los hebreos) en más de un tercio de siglo no han perdido su identidad. Los que admiraban a Cuba desde lejos como ejemplo supremo de pujanza latinoamericana, los que veían a Cuba como un milagro étnico y cultural, donde todo parecía un relajo pero todo funcionaba bien, ya no tienen que ir a Cuba para conocerla! Aquí la tienen dentro de los mismos Estados Unidos. Esta es Cuba . Estos son los cubanos. “


Ahora que no están allí, ansían tener lo que lograron en otras partes, pero en su Isla, en su Habana, con la que sueñan e idealizan desde la distancia y reviven constantemente en sus costumbres, sus anécdotas, sus remembranzas y hasta en sus comidas.   No importa que la mitad de La Habana está derrumbada, que las calles tengan miles de baches y que hasta la gente ya no sea igual que antes porque han sido corrompidos por la miseria y la violencia y los ha llevado en gran medida a no respetar ninguna norma civilizada y ciudadana salvo la sumisión a la represión y la fuerza física del régimen y acostumbrarse a vivir dentro de un sistema económico y social parasitario donde impera, sin desdén por las actitudes criminales, el beneficio individual y el ansia por depender de las remesas de los que se fueron.  No en balde el reguetón, con su ritmo primitivo y repetitivo y sus letras primitivas y vulgares, se han adueñado del gusto musical del cubano, tan selectivo y fino antes de la debacle nacional.

Pero si hay algo que no cambia con nada es que la Patria nuestra está allí, aunque hayamos sido profetas en otras tierras, por eso es que fuera de Cuba es donde verdaderamente se valoran a los legítimos patriotas y el patriotismo, y para darse cuenta de ello hay que vivir fuera de Cuba.

Y como eso se lleva tan profundo en el corazón hay que seguir hablando de Cuba, y en particular de La Habana, donde nací y viví la casi totalidad de mi vida, y no solo por eso, sino porque queda mucho por decir de ella, ya que ha sido una ciudad tan diversa y con tanta historia que no todos conocemos, abordó un tema que muchos han visto pero no todos hemos indagado sobre él.

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El Vedado

Probablemente La Habana sea una de las ciudades con los estilos arquitectónicos más diversos del mundo, que van desde los modernísimos rascacielos construidos a finales de la década de 1950 hasta palacios y castillos de la era colonial, pasando por construcciones clásicas, neoclásicas y una profunda huella del art-decó, expresión a la que en su momento debo dedicarle un artículo exclusivo por su importancia dentro de la arquitectura cubana.

Fuera de esos logros históricos, el aporte al desarrollo de la capital después de la toma del poder por la revolución, ha sido muy limitado y donde se ha hecho masivo, se puede considerar de aburrido, de falta de armonía con el entorno y de mala calidad, sufriendo un deterioro continuo como son los casos de Alamar y las comunidades repetitivas de construcciones estilo soviético o yugoeslavo, donde se han creado barrios similares a guetos, como San Agustín, o las adiciones a antiguos repartos residenciales como Altahabana, Fontanar, Abel Santamaría (antes Parcelación Zayas), Mulgoba, Víbora Park y en muchos otros barrios habaneros, aunque no estén habitados por personas de un mismo origen ni están aisladas o marginadas por motivos culturales o raciales y donde conviven profesionales con gente que no trabaja, todo gracias a la política ineficiente de desarrollo urbano y de viviendas.

A la par de ello, a la arquitectura y las obras civiles acometidas en los últimos sesenta años, se le puede añadir el y un ejemplo de ello es el Vedado, zona de bosques, de ahí su nombre, cuando la capital estaba rodeada de una muralla y cuando ese sitio prohibido, solamente contaba con chozas donde  los que trabajaban la tierra o las numerosas canteras existentes que soportaron el auge urbanístico en caminos y edificios capitalinos, guardaban sus herramientas y descansaban.

                   Restos de la muralla de La Habana -www.radiorebelde.cu

El Vedado era un vasto territorio donde destacaban la Quinta de Recreo de los Capitanes Generales, en la actual avenida de Carlos III, alrededor del cual había un parque y unas cien viviendas y barracones para esclavos.  También en el Vedado vivían tanto legal como ilegalmente, cientos de personas que se dedicaban a la pesca, a la agricultura, a la tala de bosques y otros oficios, lo que trajo consigo la aparición de pequeños asentamientos con desarrollo de pequeñas industrias como carpinteros, construcción de embarcaciones, curtidores, ganaderos, personal que estaba acompañado de esclavos, cimarrones y prófugos de la ley.

El auge económico y la desaparición de la Muralla de La Habana, hizo que el Vedado dejase de ser un territorio vedado, el cual fue progresivamente siendo habitado por personas pudientes, las que construyeron allí grandes mansiones, hasta que el Vedado llegó a ser a mediados del siglo pasado, el centro neurálgico, económico y social de La Habana, donde proliferaron los grandes hoteles, casinos, bancos, estaciones de radio y televisión, cines, restaurantes, cabarets, rascacielos y todo tipo de negocios, que se fueron trasladando desde su antigua sede en La Habana Vieja.  

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El Vedado y los huecos.

Todavía en la década de 1850 lo que hoy conocemos como La Rampa, la populosa calle 23 del Vedado, no era otra cosa sino una calzada de terracería completamente rodeada por espesos bosques donde se podían encontrar muchas cavernas en las que habían ocurrido numerosos accidentes.   Y fue precisamente a partir de este camino, que nace en la costa, ahora la majestuosa avenida llamada Malecón y yendo junto al mar hasta la desembocadura del Río Almendares, donde se encontraba el fortín llamado La Chorrera, que se desarrolló a un ritmo febril, lo que cien años más tarde sería el corazón de la actividad capitalina.

Eran notables algunas de esas cavernas o furnias, por cierto, palabra procedente del caló, la lengua de los gitanos en España, simas profundas en terrenos peñascosos, muchas de las cuales eran resultantes de la extracción de piedras de antiguas canteras que abastecieron de material a las construcciones y pavimentación de la capital y otras que indican claramente con sus piedras porosas, coronadas de puntas muy salientes, que el mar una vez dominó ese terreno.

El desarrollo trajo aparejado el incremento del valor del entorno y fue así que llegaron a edificarse majestuosas mansiones y famosas edificaciones, algunas justo colindando con una de esas cavernas, las cuales es válido mencionar.

                     Edificio Arcos https://segundazafra.blogspot.com


Edificio Arcos.

Probablemente una de las más conocidas es aquella que se encuentra justamente donde se erigió en la década de 1930 un desacostumbrado edificio de setenta y un apartamentos y que interrumpe la calle F entre las calles 19 y 21.    El Arcos se construyó sobre esta furnia que se conoce como “el hueco”, una de las más profundas del Vedado, y que en un momento llegó hasta G y 21.

                              Edificio Arcos - http://wikimapia.org

La entrada del edificio por la calle 21 se convirtió en el paso obligado de los peatones que iban hacia la calle 19, para así evitarse el acceso por un recorrido más largo, pero el paso de los años y el desdén estatal en el mantenimiento de las edificaciones, que antes los dueños ejecutaban religiosamente, ha hecho que este acceso por una escalera y el pasillo interior, hayan sido clausurados a causa de haber ocurrido derrumbes como el del pasillo de entrada por la calle 19 con el consiguiente peligro, a pesar de lo cual siempre hay un despistado que hace caso omiso de las advertencias, pero eso no nos asombra después de haber visto tantas manifestaciones de la estupidez humana con la actual pandemia de Covid-19.

“El hueco” reclama lo suyo porque el hombre no  ha atendido lo que un día construyó.

                  Puente en la calle 23 sobre el río Almendares.

Calle 23 entre 22 y 24

A principios del siglo XX una de las zonas de desarrollo de la Habana fue la zona de Marianao y Miramar, divididas de la capital por el cauce del río Almendares.  El propietario de la mayoría de esos terrenos eran José López Rodríguez, conocido por "Pote" y Ramón Mendoza, por lo que presionaron al gobierno para que se ejecutaran vías de acceso desahogadas a esos lugares.

Entonces cruzar el río Almendares a la altura de la calle 23 solo era posible para peatones a través de un puente colgante estrecho que daba miedo y los coches o carros lo  hacían en una embarcación de fondo plano para el transporte fluvial.  Fue así que se construyó el puente de 23 sobre el Almendares, con 58 metros de altura y que fue el primero ejecutado con hormigón armado, tras superar numerosos problemas para asentar sus pilotes y otras soluciones de ingeniería, concluyendo la obra en 1911, por lo que ya tiene casi 110 años de existencia.   Inmediatamente la Havana Electric Railway Co. obtuvo la concesión del servicio de tranvías hacia Marianao a la vez que se le asignaba el mantenimiento del pavimento y la instalación de luminarias en el puente.

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El puente fue nombrado Puente Asbert en honor Ernesto Asbert Díaz, Coronel del Ejército Libertador y entonces gobernador de La Habana. En 1913 Asbert se batió a tiros con el jefe de la policía de La Habana, acción en la que éste resultó muerto y que le costó su carrera política, pero la gente llamó y siguió llamándolo el Puente de 23 o Puente del Almendares.  Y de Asbert probablemente nadie se acuerda.

Mientras tanto “Pote”, el mayor interesado y que era famoso por su fortuna, por ser el propietario de La Moderna Poesía, la mejor librería y papelería de Cuba; dueño de la Casa del Timbre, donde se fabricaban los sellos del Timbre Nacional y los billetes de la Lotería Nacional; miembro accionista y directivo de la compañía de Electricidad y Gas de La Habana; de la Havana Electric Railroad; propietario principal del Banco Nacional; propietario de dos centrales azucareros y constructor del Reparto Miramar, decidió construir un acceso a ese reparto incipiente, con un puente conocido como el Puente de Pote, terminado en 1921 y que enlazaba la calle Calzada con la Quinta Avenida tal y como hoy lo hace el túnel de Calzada construido en 1958.  Era un puente de acero con dos sendas contrarias y que se elevaba para dar paso a las embarcaciones que iban por el río.

            Puente de POTE  -https://www.facebook.com

Una historia interesante la de este inmigrante gallego, que habrá que abordar con mayor profundidad porque su vida parece una novela, pero volvamos al puente de 23, que forma parte de la calle 23 y su construcción facilitó las comunicaciones entre las dos ciudades más importantes de la provincia en aquella época: La Habana y Marianao.  Ya vimos que su altura es de casi sesenta metros, por lo que en sus alrededores se observan varias elevaciones, en ambas orillas y nos vamos a referir a una de ellas, la de 23 entre 22 y 24.

Entre las calle 23 y 21 por una parte y 20 y 24 por la otra, se  interrumpe el acceso yendo por la calle 22 hacia 21 por la existencia de un gran hueco, una extensa sima donde hay ahora un campo de tiro, o al menos lo había hace una década.   Y en el cierre del acceso, a mano derecha, había un restaurante llamado El Farallón, un poco escondido, pero que lo sabroso de la comida y lo barato, en particular las pizzas, hicieron de él un lugar muy concurrido, que según leo no ha podido mantener con el tiempo su calidad y ahora tiene reseñas nada favorables.  Y siguiendo por 23 hasta llegar al puente observamos varios declives y zonas no construidas, donde hay focos semi boscosos y hasta un terreno de pelota y la zona baja llamada El Fanguito, uno de los barrios más indigentes de la ciudad, un laberinto de maderas podridas, zincs oxidados y el lugar donde mejor se puede ver de cerca la putrefacción del río Almendares y donde por el hacinamiento nadie se escapa de los toques de tambor y de santo y el reguetón.

El hueco parece seguir ahí pero El Farallón, el que un día fuera afamado restaurante, cayó en desgracia.

Paseo y 23

En una de sus esquinas asomaba una inmensa furnia que ahora no es perceptible.   Yendo hacia Marianao por la calle 23, una vez que cruzamos Paseo, a mano izquierda en la misma esquina se puede ver ahora una especie de parquecito con escaleras.

Ahí mismo estaba ese gran hueco que fue rellenado con escombros de otras construcciones y la mayoría no conoce el hecho, porque ese lugar tuvo que ser emparejado para hacer viable el paso del tranvía.

                   Iglesia Metodista de K y 25 - https://www.facebook.com
                    
El Hoyo de Aulet

El Hoyo de Aulet o La Vega es probablemente uno de los más conocidos, porque todavía existe, a pesar de los esfuerzos para rellenarlo, lo que no ha podido completarse.

Va desde la calle L hasta J y desde la calle 23 hasta 27.    Los rellenos realizados permitieron que la calle 25 pudiera continuar.  Dentro de los profundos sumideros que bordeaban el camino que ahora conocemos como calle 23 o La Rampa, este era el más famoso.

        Casa de Menocal N Y 25 https://lazarosarmiento.blogspot.com

Pero todavía queda un declive notable donde está la que fuera la casa de Fausto, hermano de Mario García Menocal, Presidente de la República entre 1913 y 1921, ubicada en un promontorio de rocas y que a su vez fuera Representante a la Cámara, después Senador de la República y administrador del Central Morón y donde ahora radica el Palacio de los Matrimonios de Plaza.

De lo que no ha sido rellenado vamos a referirnos ahora, porque lo que resta de esa furnia, van a ser empleados en la construcción de lo que sería el edificio más alto de La Habana y lo vamos a llamar “el hueco de K y 25.

Solamente hay que imaginarse lo que era dar pico en el diente de perro en esa altura con respecto al mar y trasladarla hasta las cercanías de la muralla, pasando por trillos dentro del monte o por el propio camino que después sería la calle 23 o La Rampa.  Era una tarea titánica que no se si estaría bien, salvando las distancias y el momento, compararla con la construcción de las pirámides.  Pero de todos modos era toda una  hazaña.

Haciendo esta reflexión me viene a la mente el joven José Martí, de diecisiete años, con un grillete en una pierna unido a una cadena a la cintura, trabajando doce horas diarias en condiciones infrahumanas en las canteras de San Lázaro, a partir de lo cual escribiría después su obra El presidio político en Cuba y le dedicaría unos versos a su madre:

"Mírame, madre, y por amor no llores: si esclavo de mi edad y mis doctrinas, tu mártir corazón llené de espinas, piensa que nacen entre las espinas, flores.”

Si la dureza de los trabajos forzados, castigo por un delito más que honroso de querer la libertad de su patria afectó la salud de hombres jóvenes como Martí, siendo en las canteras de San Lázaro, donde había además hornos de cal, qué no sería a los que trabajaron en la zona del vedado en la roca viva.

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El Hueco de k y 25

Como una manera de ganar adeptos por su populismo, el gobierno revolucionario acometió una política de desarrollo en el interior del país que tuvo dos consecuencias: el desarrollo de guetos al estilo soviético y la construcción de industrias, en su mayoría de tecnologías obsoletas muchas de las cuales han dejado de funcionar.

Mientras tanto, La Habana, tras el boom constructivo de los años cincuenta, fue abandonada a su suerte y dejó de crecer hacia arriba y en sentido general con las insuficiente construcción de edificios y viviendas y obras de infraestructura.

                         Edificio Atlantic - https://upload.wikimedia.org

Se pueden considerar escasos los edificios altos erigidos en más de medio siglo: varios de 18 plantas, unos pocos de 25 plantas, otro experimental en Malecón y F, llamado Edificio Girón y el más destacado, el edificio Atlantic en 1ra y D, frente al Malecón, con 25 pisos de altura y una arquitectura vanguardista.   El Atlantic (en la calle primera, no el de 23 y 12 donde radica ahora el ICAIC y que en los bajos estaba el Cine Atlantic, el único de setenta milímetros en Cuba)  está considerado un ícono de la arquitectura cubana porque es novedoso en cuanto a materiales empleados, vigas de alta resistencia y alta durabilidad y equipado con las más modernas tecnologías, como en su momento también lo fue el edificio Girón.

        El edificio de 25 plantas donde vivia al fondo a la derecha-                                      https://www.facebook.com

Entre los destinados a viviendas está el Edificio Central en Boyeros y Tulipán, mi última residencia en Cuba, con 26 pisos; el edificio Conill en Conill y Panorama, Nuevo Vedado, con 26 pisos, el edificio Raquel Perez con 21 pisos en San José y Espada, Centro Habana; el Edificio de Infanta y Manglar, con 21 pisos y llamado "Fama y Aplausos" por la cantidad de artistas y dirigentes que allí viven; el Esquina de Tejas I y II con 21 pisos donde antes estaba el cine Valentino.   Y abundan en mayor medida y en varias ciudades importantes del país, edificios de 18 plantas.

En todos ellos se repiten los mismos problemas de deterioro de escaleras, accesos, pintura, ascensores, agua, y todo lo que se les pueda ocurrir pensar.

Y no se debe atribuir a la revolución el ahora Hospital Hermanos Ameijeiras, que a principios de la revolución estaba casi concluido con destino a ser sede del Banco Nacional de Cuba y cuya terminación se realizó 23 años después en 1982

Se han reformado o construido edificaciones y otras se han convertido en hoteles de alta gama, pero lo que es rascacielos, no se ha construido ninguno.  Probablemente los más altos hayan sido el Hotel Meliá Cohiba, en primera y Paseo en el Vedado con veintiún pisos y las dos torres  del Tritón-Neptuno con veinte.  Por eso me pregunto cómo sería el skyline habanero si la revolución no hubiera tomado el poder en Cuba;  sin duda se vería más espectacular que el de Ciudad de Panamá.

Por eso aprovechando el lugar privilegiado y la existencia del hueco de K y 25, se ha decidido construir el primer rascacielos en Cuba desde hace seis décadas.


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Desde la populosa parada de ómnibus  existente en la calle 23 frente a la heladería Coppelia, y justo al lado de un banco y una popular notaría, el hueco apenas puede verse, pero en el fondo se observan materiales y equipos de construcción que aprovecharon el lugar para ser guardados.

En la zona más céntrica de La Habana, a pocos pasos del Hotel Habana Libre, a pocas cuadras del edificio FOCSA y el Hotel Nacional y a la vista del monumento a José Martí en la Plaza de la Revolución, todos los cuales superará en altura, será otro símbolo más del papel dominante del turismo en la economía cubana y agrandará la diferencia entre ser extranjero y ser cubano.   Con sus 42 plantas, 565 habitaciones y 154 metros de altura, será la torre más alta de Cuba.

Para llegar 33 metros más alto que el FOCSA, tuvieron que pasar 66 años, ya que estará concluido como hotel de cinco estrellas en 1922 según la planificación socialista, en la cual ya  no cree nadie desde hace mucho tiempo.

El Hotel Nacional y zonas colindantes

Los ataques de corsarios y piratas, así como la toma de La Habana por los ingleses, hizo que se edificaran varias obras defensivas, entre las que se encontraba la famosa Batería de Santa Clara.   Esta Batería fue ubicada en la elevación Taganana, donde hoy está el emblemático Hotel Nacional.  Muy cerca, en Calzada y Línea, frente al Malecón y a unos metros del Hotel Nacional, se ubica el Servicentro Tángana, no se si nombrado así en referencia a la colina y cueva Taganana o a una tángana en específico, que en Cuba significa bronca o discusión violenta.

En ese mismo lugar, en la llamada Cueva Taganana, llamada así porque en el siglo XVI fue refugio de un indio del mismo nombre, fueron creados túneles donde fueron atrincheradas tropas cubanas durante la llamada Crisis de los Misiles o Crisis de Octubre de 1962.

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Toda la zona estaba llena de cavernas y en la zona colindante, donde hay ahora un complejo de edificaciones comerciales y el Ministerio del Trabajo  había una gigantesca furnia que fue emparejada y donde se celebraban peleas de boxeo y donde también funcionó un terreno de pelota.   

Y punto y aparte fue el hueco donde hoy se encuentra el Hotel Habana Libre, antes Hilton.

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El Habana Hilton

Esta zona la vine a conocer prácticamente hasta cuando ya estaba en construcción el hotel, pero conozco a una persona que trabajó en esa obra con la Frederick Snare Corporation desde su inicio hasta su inauguración y me transmitió muchas historias sobre el lugar y ese hecho.

Lo primero es que el lugar en donde se ubica el Hotel, era una furnia que fue emparejada de forma tal que allí se celebraban juegos de pelota, como se acostumbraba en Cuba, donde equipos de los vecinos de un barrio o de centros de trabajo, formaban su equipo y los domingos se dedicaban a jugar pelota y a jugarse dinero, cómo conocí en el Placer de Paniagua y en el Biuty en el Cerro.  Eran aficionados, pero había que verlos jugando, contaba con un árbitro al que le pagaban por sus servicios y en los alrededores se ubicaban los espectadores, pero como en todo juego, sobre todos en los que hay intereses por medio, el amor propio subía de tono y las tánganas eran tremendas.   Mucha gente que estaba esperando noticias por tener algún familiar ingresado en el Hospital Reina Mercedes (donde ahora está la heladería Coppelia), o que esperaban el momento para ingresar a la tanda del Radiocentro o para asistir a algún programa de radio o televisión en vivo en la CMQ, también se acercaban a curiosear, porque dondequiera que haya un juego de pelota la gente se detiene a ver qué pasa.

El Habana Libre en construcción visto desde 23 y N.  Todavía no estaba construido el edificio del Retiro Médico. Al fondo la funeraria Caballero.

Su construcción estuvo rodeada de muchos accidentes, entre ellos la muerte de un obrero al que le cayó encima una plancha de acero.  Además apareció muerto otro obrero cuya hecho nunca se aclaró y del que se decía era un revolucionario furioso por sus protestas reiteradas.   En los momentos de efervescencia revolucionaria en que fue construido, existieron varios sabotajes, entre ellos el de los miles de rollos de alfombra para los pisos, que fueron quemados y que hubo que importar nuevamente.

El Havana Hilton se inauguró el 19 de marzo de 1958 y en ese momento se posicionó como el hotel más grande y más alto de América Latina.  El Hilton se sumó al incontenible desarrollo hotelero cubano, donde ya destacaban el Habana Riviera, el Capri, el Rosita de Hornedo, el Hotel Vedado, el Flamingo, el Saint John's, el Copacabana, el Colony en Isla de Pinos, el Jagua en Cienfuegos, el Hotel Internacional de Varadero y otros ya posicionados como el Hotel Nacional, el Presidente, el Sevilla, el Comodoro, el Lincoln, el Victoria, el Deauville, y otros venidos a menos pero con gran historia como el Saratoga, el Packard, el Inglaterra y el Plaza y muchos otros de menor categoría.

La empresa Hilton no era dueña del Habana Hilton; sólo lo administraba, y había sido  financiado y construido con fondos de la Caja de Retiro del Sindicato Gastronómico, una operación completamente legal.  Por eso cuando se expropió el hotel no lo hicieron a la Hilton, sino al sindicato cubano.  La nacionalización y el cambio de nombre a Habana Libre le costó a la caja de retiro los 28 millones de pesos = dólares que había invertido.  

Dos años después de su construcción, parte del mural de la artista plástica Amelia Peláez ubicado en su fachada se derrumbó sobre la piscina y una bailarina del cabaret Tropicana y  su acompañante fallecieron en el hecho.   La construcción del mural, elaborado en México, se le había encomendado al italiano Luis Schodeller (más conocido en su casa a la hora del almuerzo) , al que se le pagó la enorme suma de 300 mil dólares y al final su reparación fue acometida por un equipo totalmente integrado por cubanos y más nunca ha tenido problemas.

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Después distintas administraciones extranjeras tuvieron que renovar y reformar el Hotel, sobre todo añadiendo una escalera de incendio con la que no contaba y cambiando componentes y mobiliario que lo modernizaron.

Hubo una época, durante los años sesenta y setenta, en que los hoteles habaneros eran muy baratos, por lo regular diez pesos la noche, así estuvimos varias veces en el Nacional, el Riviera y el Capri, pero curiosamente nunca lo hicimos en el Habana Libre, no sé por qué, y es que a pesar de que andábamos mucho por la zona de la Rampa, sobre todo para ir a Coppelia, al cine y a restaurantes, siempre nos llamó mucho la atención el Nacional y el Capri.

Mi último contacto con el Habana Libre fue cuando pocos días antes de irme de Cuba, fui a una tienda externa del hotel a comprar un par de botellas de Ron Santiago para llevarme a México y al salir conocí por la multitud y el cierre de la calle L que ese día era el escogido por el llamado "Hombre Araña", el francés Alain Robert, que escaló las 27 plantas del hotel ante la mirada asombrada de miles de personas.


El Hotel Habana Libre hoy en día sigue siendo uno de los hoteles más emblemáticos de La Habana no solo por su ubicación, sino porque la capital se ha transformado en una máquina del tiempo, donde las memorias permanecen vivas, iguales, inalterables y él es uno de los símbolos vivientes de la capital de los años cincuenta.

En Cuba no se dispone de financiamiento para construir o reparar viviendas, las calles son un desastre, las redes sanitarias están colapsadas, el servicio de agua es inestable y deficiente, no hay alimentos ni medicinas en cantidades suficientes, el transporte es un caos, pero sin embargo se se dispone de cientos de millones de dólares para la construcción de hoteles, dirigidos por los militares allegados al régimen, que se embolsarán la mayor parte de las ganancias y robarán a manos llenas.  Y encima de eso contratarán a trabajadores indios, a los que les pagan cuarenta o cincuenta veces lo que le pagan al cubano, porque éstos no son productivos, y no pueden serlo cuando no hay estímulo al trabajo.

La miseria pulula en Cuba mientras en los huecos del Vedado, lugar donde su eliminación siempre estuvo asociada al desarrollo, ahora se construye un hotel para extranjeros y para llenar los bolsillos de los que han arruinado y desangrado al país. 

Y no podemos dejar de mencionar, aunque no tiene nada que ver con los huecos, aunque el mismo se puede considerar un hueco si de edificaciones se trata, el Edificio Girón.

                                  Edificio Girón al Fondo

El Edificio Girón en Malecón y E

Probablemente pocos lo conozcan por este nombre, pero todos lo tienen como una curiosidad, no solo por su ubicación, sino por la propaganda que se le dio de ser un proyecto experimental donde por primera vez se construyó un edificio alto, de 18 pisos, con moldes deslizantes de hormigón.   Este modelo no se repitió, pero la experiencia obtenida de esta obra permitió la prefabricación masiva que hizo que se erigieran varios edificios de 18 plantas en La Habana.

                          Algunas obras de Antonio Quintana. 

Antonio Quintana Simonetti fue el arquitecto creador de esta obra, igualmente responsable de algunas otras conocidas, como el edificio Enriqueta Fernández en 23 y 26, que en sus bajos cuenta con el restaurante chino Yang Tse; el edificio del Retiro Odontológico en L entre 21 y 23 donde ahora está la escuela de Economía de la Universidad de La Habana, toda una maravilla en un entorno envidiable; el edificio del Seguro Médico, otro ícono de las Rampa en 23 esquina a N, donde ahora está el Ministerio de Salud Pública; el edificio de Rafael Salas en 25 y G, un punto de referencia en la zona y que es un albergue estudiantil.   Todas estas obras fueron realizadas antes de la revolución y después de ella se le encargó la construcción del Parque Lenin y el Palacio de las Convenciones, así como el citado Edificio Girón.   Sin duda alguna a él se deben estas obras simbólicas de la arquitectura habanera. 

                      Dazra Novak - https://habanapordentro.wordpress.com

Al edificio Girón lo conocí muy bien porque un compañero de trabajo vivía allí.  Aunque era feo estéticamente en su interior, sin duda los apartamentos son amplios y muy iluminados y ventilados, pero ya en ese tiempo, hace más de veinte años, los problemas de mantenimiento eran agudos.  Un edificio sin pintura, al lado del mar, en una zona que se inunda en cuanto hay un poco de viento, por muy bien construido que esté, no podía dejar de tener tantos problemas como los que mi compañero me enumeró.

Como ha ocurrido con casi todos los edificios altos de La Habana, y lo hago extensivo a las casas de las familias que no tienen recursos, que es la mayoría, la conservación de los inmuebles es un problema crítico creado por el socialismo y que ha llevado al crecimiento del  enorme déficit habitacional del país.   Del resto de los edificios creados por Quintana se puede decir lo mismo, todos han atravesado por agudas crisis donde se ha visto afectada su obra y de lo cual no han estado ajenos otros íconos como el FOCSA, el Someillan y hasta hoteles emblemáticos como el Habana Libre y el Capri.

             23 y L en1950 - https://myblog-arnaiz.blogspot.com

Apología del Vedado

Del llamado monte Vedado, tupido por árboles de maderas preciosas como caobas, robles y cedros, con un terreno peñascoso marino poblado por gaviotas, aves y todo tipo de animales y con algunos trillos casi intransitables en el diente de perro, surgió su desarrollo urbanístico con tres grandes barrios, El Vedado, El Carmelo y Medina.

El Vedado fue sin duda la primera urbanización que progresó de forma planificada.  Se concibió formada por manzanas de cien metros por cada lado, con grandes avenidas como son la calle G o Avenida de los Presidentes y Paseo, amplias y bellamente arboladas,  proyectadas además para lograr el paso de los vientos alisios, con muchos parques y parterres con árboles para lograr sombra y algo muy importante, se introdujo en Cuba el uso racional y moderno de números y letras para identificar las calles.

Las personas más ricas se fueron mudando desde el Cerro hacia el Vedado, lo que trajo consigo la construcción de grandes mansiones cercanas al mar, la aparición de balnearios tipo pocetas, edificios públicos, escuelas, cines, restaurantes, teatros, hoteles, clubes, cabarets, casinos, tiendas y todo tipo de comercios.  A ello le siguieron edificios altos de más de veinte pisos y se erigió lo que es el skyline habanero, una imagen que se puede considerar detenida en el tiempo.

                     Avenida de los Presidentes o calle G

Las personas pudientes comenzaron a mudarse hacia Miramar en los años cincuenta y solamente la revolución pudo detener el crecimiento de esta zona.

Por el Vedado entró a Cuba la modernidad y ahora, abandonado, deteriorado y saqueado, no es ni sombra de lo que un día fue.   Me da gracia de que en Miami casi todo el mundo al que le preguntan de qué parte de Cuba es, responde que habanero y que vivía en el Vedado, a pesar de que hable como santiaguero, y ello responde a que el Vedado era un signo de distinción y refinamiento, de decencia, pero ahora está convertido en un lugar donde impera la cultura del barracón y la marginalidad.   Grandes mansiones han sido convertidas en solares, muchos edificios  y mansiones están derrumbados o a punto de derrumbarse, los cines convertidos en ruinas, restaurantes icónicos desaparecidos o devenidos en fondas ni siquiera comparables con las de los chinos en la era republicana o transformados en almacenes pestilentes,y sobre todo la proliferación de solares negativamente famosos como el Blumer Caliente, el Hormiguero, el Pentágono o la Mierdita, ese es el Vedado de 2020.

                         El barrio de la Timba en los años 40 

Una vez un sitio ostentoso y lujoso, orgulloso y deseado, el Vedado envejece tristemente de la peor manera.

El basurero histórico en que se ha convertido la revolución cubana ha logrado hacer que Cuba se parezca a un agujero negro donde ni siquiera la luz, o la esperanza en este caso, puede  escapar de él.  A diferencia de esta referencia, los huecos o furnias del Vedado, tapados o descubiertos, un día canteras y otro cimientos, siguen ahí como mudos testigos de la historia de un país, que a diferencia del resto del mundo, ha visto mejores tiempos. 

                   Avenida Paseo con La Timba a la izquierda

Sin duda alguna, con esta remembranza de las furnias del Vedado vuelvo a pensar, desde la distancia que parece insalvable, que si ser cubano es una suerte, ser habanero es toda una fortuna, a pesar de la debacle del Vedado.

Hay que seguir viviendo con la filosofía de la poetisa Dulce María Loynaz,  Premio Cervantes de 1992 y que vivió sus noventa y cinco años de vida en el Vedado, cuando tras afirmar que la política pasa y la cultura permanece, dijo: “Yo he vivido esta revolución como un paréntesis”, lo que quiere decir que las aguas volverán a coger su nivel, porque afortunadamente queda mucho de La Habana que no se ha desplomado.

Ojalá que eso ocurra antes de que las furnias vuelvan a estar cubiertas por el mar.

                       https://myblog-arnaiz.blogspot.com


































viernes, 28 de agosto de 2020

Cuba, el imperio de los carros americanos viejos

 


Cuba, el imperio de los carros americanos viejos

Cuba es famosa en el mundo actual por varias cosas, casi todas relacionadas con la fallida revolución encabezada por Fidel Castro que no fue otra cosa que espuma y humo, otras por haber sobrevivido a la caída del campo socialista y la URSS y otra que alude a las aberrantes medidas que no existen en ninguna otra parte del mundo y que la hacen un país que se ha detenido en el tiempo y que parece de otro planeta.  

Pero una de esas cosas relevantes y que causa gran curiosidad en el mundo es la gran cantidad de carros de más de medio siglo de construidos que constituyen el grueso de su parque automotriz.  Y eso es algo que sin duda tiene una historia muy curiosa detrás.

Este ha sido un tema presente cada vez que acceso a mis memorias, pero un artículo que leí recientemente me hizo ver que hay muchas cosas de las que no he hablado y que seguramente mis contemporáneos las recuerdan.

Cuba, que nació como República casi a la par del nacimiento de la industria automovilística norteamericana, no podía ser otra cosa, por muchas razones, sino el imperio donde los carros americanos dominaran por completo el transporte terrestre.

La influencia en el transporte, tras la salida de la órbita española y la entrada a un mercado más cercano como el nortemaricano, hizo que en materia de transportación, casi en todas sus manifestaciones, automotor, ferroviaria, marítima y aérea más tarde, estuvieran conformadas por productos de Estados Unidos.  Ya en Cuba estaban sembradas

Cuando en 1957 comencé a trabajar, y tuve un acceso y una libertad de movimiento de la que hasta entonces no había gozado, tuve muchas experiencias que me hicieron pensar que en Cuba no había cabida para otras marcas que no fueran las de las tres grandes automotrices americanas, la General Motors, la Ford y la Chrysler.  Pero así y todo pude ver mucha gente que tenía carros europeos y hasta conocerlas y compartir con ellas, las que en cierto modo subestimaban a los productos automotrices norteamericanos.

También tuve la suerte de trabajar en una librería en la calle Chacón entre Cuba y Aguiar, situada justamente enfrente a la oficina estatal donde se pagaba el impuesto del transporte terrestre, que entonces era obligatorio, porque se entregaba trimestralmente una chapa o placa nueva para el carro, con un color diferente, lo que hacía fácil detectar quién no había pagado el impuesto correspondiente.   Por supuesto que casi todos los carros contaban con una matrícula particular y eran contados los carros oficiales o militares.

Y mayoritariamente, casi absolutamente, según un conocido que allí trabajaba y que era cliente de la librería, los carros registrados eran norteamericanos.

Pero vamos por partes, porque aunque era exactamente así, ello mayormente respondía a un razonamiento económico, que no tenía nada que ver con el gasto de combustible, porque entonces el costo de un galón de gasolina, como se vendía entonces y que representaba casi cuatro litros, costaba veintiocho centavos, por lo que con unos ocho pesos, entonces equivalentes al dólar, se llenaba el tanque.  El principal motivo era que un carro de un modelo de un par de años atrás, por lo regular con poco kilometraje y casi nuevo, podía adquirirse por entre doscientos y quinientos pesos, algo al alcance de muchos.  Y como nos habíamos acostumbrado al “american way of life”, no concebíamos otra cosa sino un carro grande, cómodo y con un motor capaz de halar una locomotora.

Ya he mencionado el gran negocio que había con la ida de gente a Miami exclusivamente a comprar carros de uso, montarlos en el Ferry y revenderlos en La Habana.  Y el gran centro de la venta de carros usados radicaba en la Vía Blanca, muy cerca de donde vivía, por lo que podía ver decenas de ellos con modelos de todo tipo.  Recuerdo que una vez me embullé a comprar lo que entonces se consideraba un cacharro, un Ford de 1939, de color vino y con las gomas un poco gastadas pero muy cuidado, por solo cincuenta pesos, que era menos de la mitad de lo que ganaba en un mes de salario.  Pero todo quedó en un sueño de juventud, que de haber tenido más voluntad lo hubiera realizado porque era un buen negocio.

         1958 KarmannGhia - https://cubanclassics.blogspot.com

Los carros europeos

Si  había una diferencia notable que la gente valoraba más que otras que mencionaré después, es que los carros norteamericanos lucían más modernos y eran más grandes y cómodos que los europeos.   La gente veía a los carros de los países del viejo continente como feos, chiquitos e incómodos, que probablemente fuera verdad, pero la diferencia en otros sentidos, sobre todo el tecnológico, de fiabilidad y durabilidad era abismal a favor de ellos.  Pero ya estábamos los cubanos acostumbrados al consumismo y un carro pequeño no daba el impacto de un carro grande americano, por lo que se decía: “caballo grande, ande o no ande”.

Afortunadamente tuve la suerte de conocer personas que tenían carros europeos, y con ellos aprendí el por qué seleccionaron esas marcas, aunque la mayoría no pensara igual que ellos.

En primer lugar estaba el consumo.  Aunque el combustible era barato como expliqué antes, para qué se necesitaba un motor de doscientos, trescientos o más caballos de fuerza, cuando para mover a una familia bastaba con sesenta y abusar innecesariamente en el consumo de combustible y lubricantes.

Y la gente no valoraba lo más importante, la excelencia mecánica, incomparablemente superior y una mayor fiabilidad y duración, porque el carro era algo efímero y en pocos años había que conseguir uno más moderno, porque ese era el estilo de vida.

                1948 Ford Prefect - https://upload.wikimedia.org


El dueño de donde trabajaba tenía un Consul, un producto Ford hecho en Inglaterra y un conocido de mi suegro un Prefect, también un Ford inglés.  Curiosamente el poseedor del Prefect había sido jefe de mecánica del central Ermita en Guantánamo, donde el americano dueño de la industria, todos los equipos que poseía, camiones, tractores, carros, ferrocarril y hasta un avión eran exclusivamente de la marca Ford.  En sus viajes a Estados Unidos, Carlos, nuestro amigo, conocido como Carlos el mecánico, había pasado diferentes cursos y aprendido que el mejor carro americano era el Ford, pero que debía hacer concesiones en la calidad para bajar costos y lograr más ventas, lo mismo que hacían sus competidores, pero que los productos Ford construidos en Inglaterra, tenían estándares de calidad muy superiores a los americanos.  Por eso compró un Prefect para su uso personal.  Y en el 2011 cuando abandoné Cuba, todavía su hijo, que también se hizo un gran mecánico y un hace de todo como el padre, mecánico, electricista, soldador, carpintero, chapista, plomero, mantenía en perfecto estado el carro.

A su vez conocí otra experiencia, la del Dr. Entenza, que aparte de su condición de abogado civil, acostumbraba a viajar a Miami y regresar en el día para hacer compras, entre ellas un par de carros que enviaba hacia Cuba en el Ferry para venderlos posteriormente mientras él viajaba en avión.  Y para su uso personal tenía un Volkswagen Ghia que era un carro deportivo y que prefería entre todos los demás, después de haber tenido muchos carros americanos de todo tipo, desde económicos hasta un Chrysler Imperial, pasando por después de haber “disfrutado muchísimo”, como me decía, un "escarabajo" Volkswagen, conocido en Cuba como VW, que al final le era un poco chico para su estatura, pero que consideraba un carro excelente.   Esa excelencia del Ghia venía de que era un híbrido concebido a partir de un chasis y un motor Volkswagen, probado en el mundo entero, su mezcla con el Porsche, con el que tenía mucho en común, sobre todo en estilo, al que se le sumó el diseño de Virgil Exner, autor del Chrysler D'Elegance, todo con el toque del carro italiano, lo hicieron un auto único.

Audi https://saablog-in.blogspot.com

En el feo Audi de los años cincuenta nadie podía avizorar que sería uno de los carros de excelencia mundiales en el siglo XXI.  Eran tan feo que le decían "el sapo" y el único que lo superaba en fealdad, era el francés Citroen 2cv, probablemente el más horrible de la historia, pero igual que el otros galos, el Renault y el Peugeot, eran de excelente factura.  También aparecía en algunas cantidades algo mayores el Fiat en sus modelos 500 Topolino y el 600.  De todos se veían muy pocos realmente.

                             El Citroen CV-2

Se veían algunos carros de lujo, como los ingleses Bentley, el Aston Martin y el Jaguar, pero el más aceptado por los pudientes y por ende con mayor presencia era sin duda el alemán Mercedes Benz.  Pero todos ellos en cantidades limitadas por sus altos precios y mantenimiento.
SAAB https://saablog-in.blogspot.com

Estaba presente en no pocas cantidades el Saab, un carro que se consideraba feo, pero en realidad era subvalorado, pues esa compañía sueca produce autos de altísima calidad y hasta aviones, de donde comenzó su historia, construyendo aviones para la fuerza aérea sueca.  El inglés Vauxhall y el alemán Opel, eran a su vez subsidiarias de la General Motors, ocurría lo mismo que con la Ford, y a su vez la historia se repetía con el Hillman, un producto inglés de la Chrysler.


Indicadores de Cuba

El hecho de que Cuba contara con un sistema de transporte altamente eficiente, en el cual se incluía por encima de todos el ferrocarril, no era producto de la casualidad.   El ferrocarril era clave para la principal industria del país, la azucarera, pero el resto del transporte terrestre era inherente al desarrollo.

No solo era un reflejo de que Cuba tuviera los mejores indicadores y se ubicaba dentro de los tres países más desarrollados de Latinoamérica, y que en algunos aspectos era el primero tras Estados Unidos, las divisas eran las más sólidas de la región, el país no tenía deuda externa y la inflación era la más baja de la región y el peso se igualaba al dólar, lo que no tenía ningún otro país, era el más saludable de Iberoamérica, con la mortalidad infantil más baja, el segundo lugar en habitantes por médico, y la mortalidad total más baja, había más de seis millones de cabezas de ganado, casi una por habitante, ocupaba el tercer lugar en alfabetizados, era el de más alto porcentaje de gasto público en educación y muchos otros indicadores positivos.   La nación con más autos, televisores y cines de América Latina no podía estar ajena a la existencia de automóviles. 

Y por ello en 1958 Cuba era el sexto país del mundo en el promedio de automóviles por habitantes.   Había registrados más de ciento ochenta mil carros sin incluir los de chapa oficial, ni unos veintiocho mil registrados como de alquiler.  Y de ellos el 94 por ciento eran de procedencia norteamericana.

          Messerschmidt KR175 - http://historicphotosets72.blogspot.com

A diferencia de los aviones, este carro daba risa, pero era muy eficiente.

Del total de autos importados, la cantidad según el volumen la ocupaban Chevrolet, Ford, Dodge, Buick, Willys, Plymouth, Pontiac, Oldsmobile y le seguían el Chrysler, De Soto, Mercury, Cadillac, Studebaker y Hudson y de ahí comenzaban los europeos, en cantidades representativas de un muy bajo porciento de los norteamericanos y representada por marcas como el Ford Ingles (Prefect), VW, Opel, Hillman, Land Rover, Isetta, Messerschmitt (esa imitación de carro del que las gente se reía), el Isetta, Fiat, Peugeot, Citroen,Renault y otros.

1951-52_Henry-J  https://cubanclassics.blogspot.com

Un carro que me impresionaba mucho era el Henry J., producido por Kaiser-Frazer y nombrado en honor a su fundador Henry John Kaiser, fue un carro barato y atractivo que le hizo gran competencia a las grandes compañías sobre todo por su bajo consumo de combustible.  Pero en un mundo dominado por la troika de los grandes de Detroit, era imposible alcanzar costos de producción inferiores a ellas.   Pero dejó una herencia impresionante, fue el primer carro con "coladepato" comos se le llamara después al Cadillac que imitó su cola.

                            Un Jaguar, excelencia pura.


Dos experiencias para no olvidar

Cuando uno es joven, y probablemente es algo que continúa durante toda la vida, tener un carro es un deseo de los materiales que no cesa de atraernos.  Por eso cuando se me presentaron dos oportunidades, que aunque fueron simples espejismos, las disfruté muchísimo.

La primera fue con un Jaguar.  No se si todos serían igual, pero este era de un lujo impresionante.  Tenía todo su interior, salvo el techo y los asientos, hecho con maderas preciosas, los relojes eran algo exquisito, con un radio Thomson considerado una joya de las comunicaciones, asientos de piel y lujo por todas partes.  Estamos hablando de 1962 o 1963 y ese no era un Jaguar viejo, pero aparentemente llevaba algún tiempo sin usarse y era la fantasía de los que teníamos que hacer guardia en el trabajo, al menos pasar esas horas admirando una maravilla de la tecnología y hacernos idea de que lo estábamos manejando.
            El fenomenal Mercury - http://thevancouverexpress.blogspot.com

La otra se presentó en 1960 cuando un primo mío trabajaba cuidando por las noches un parqueo donde se guardaban carros de un organismo vinculado a las relaciones exteriores situado en el Vedado.   En un sótano había una docena de carros pero que no eran cualquier cosa, y tenía a su alcance las llaves de todos.

Así que nos subimos a prodigios de último modelo tales como un un Lincoln Premiere, un Chrysler Imperial, un Cadillac Coupé de Ville, un Packard Clipper, un Bentley Continental y un Mercury Montclair.  Muchos de ellos ya venían con asientos regulables, subida y bajada de los cristales de las puertas con motor, indicadores para doblar y muchas otras cosas que los carros regulares no tenían.  Todo era de primera y eran carros del año o del anterior.

Por supuesto que con mucho cuidado todos los arrancamos y nos movimos un poco dentro del parqueo, asustados para no darles un golpe.  Habíamos probado por primera vez la dirección hidráulica y el corte y lo suave del timón nos impactó.   Al final cada uno escogió el suyo: mi primo Héctor se quedó con el Lincoln, el carro de los presidentes y yo no cambiaba ninguno de aquellos por el más modesto, pero más impresionante, el Mercury.  No se realmente por qué fue desactivada esta marca, pero sin duda en motores marinos, continúa produciendo por su calidad que compite con los mejores.


Los preferidos de los cubanos.

Muchísimos años después en el ambiente de la informática se acudía a cada rato a una referencia:  Apple era el equivalente al Cadillac, más caro y lo usaban poca gente, mientras que Microsoft era el Chevrolet, más barato y por eso lo prefería la mayoría.  Y eso, decenas antes, ocurría con los carros.   Y eso ocurría cuando todavía los carros se producían para durar muchos años, si no hubiera sido así, Cuba habría regresado al transporte tirado por animales.

En primer lugar estaban sin duda los tres grandes: el Chevrolet Bel Air, el Ford Fairlane y el Dodge Coronet.  Eran los más baratos de las grandes productoras y con aceptable calidad, por lo que eran muy populares.  Pero tanto la GM, como la Ford y la Chrysler, se metieron en aventuras que los pusieron a temblar por los reveses económicos que representaron, en particular el Edsel y el Corvair.


                Edsel arriba, Chevrolet Corvair abajo.

Tenía un vecino propietario de un Edsel y después de un Chevrolet Corvair, los dos grandes fracasos de la Ford y la General Motors respectivamente.  El primero ha sido el fiasco más grande en la historia del automovilismo, cuando se trató de hacer un carro de corte lujoso sin que su costo fuera excesivo, pero la gente no veía diferencia entre un Ford corriente y un lujoso Mercury que gozaba de mucha aceptación, y menos fabricar algo a medio camino entre sus gamas altas y bajas y que tuviera problemas de fiabilidad mecánica y consumo excesivo aparte de no ser un auto hermoso.  En cuanto al Corvair, el único de la GM con motor trasero enfriado por aire y de tamaño mediano y su nombre venía de la conjugación de dos modelos exitosos: el Corvette y el Bel Air. Al principio fue muy exitoso y se vendieron doscientos mil autos del primer año de producción, pero a pesar de que se produjo, con modificaciones durante seis años, el carro que persiguió un aspecto juvenil y deportivo con soluciones técnicas de avanzada, barato para mantener lo que hizo que las otras grandes de Detroit sacaron el Ford Falcon y el Chrysler Valiant Para competir con él, el Corvair estaba condenado a muerte porque tenía grandes fallos de ingeniería que afectaban su seguridad, que seguramente hubieran sido resueltos por un rediseño, pero la competencia no daba tiempo para eso.

No se si mi vecino, que era dueño de un negocio de botellería y adicto a beber, era un mal chofer o algo parecido, pero nunca tuvo un carro al que no le encontrara muchos defectos, por lo que pienso que el defectuoso era él que no sabía manejar y que además era una persona tan agarrada al extremo tal que comentábamos sobre los lugares a donde íbamos a comer o pasear y la mujer le pedía que lo llevara, a lo que le respondía que vendiera una mandolina que tenían a ver si alcanzaba para comerse un sandwich.  Era el tipo de personas que tiene dinero y no aprovecha la vida.  Cuando murió, el hijo, un tipo detestable, viró boca abajo la casa y aparentemente halló el dinero porque se compró un Mercedes Benz de 1958 y metió a la pobre Carola, la viuda, en un asilo en Bejucal, en donde probablemente le fue mejor con las monjitas que con el hijo y su nuera.

                Buick 53 - https://jerrygarrett.files.wordpress.com

El Buick Roadmaster de 1953 era uno de los carros más poderosos y cómodos y a su vez hermoso, mientras que el Ford Fairlane de 1955 era un auto impresionante con un poderoso motor y un estilo modernista.   Eran pura potencia y mi padre los había comprado, pero a su vez los tenía entregados a dos personas que los manejaban como taxistas, lo que ayudaba a amortizar el gasto de la compra.  Y viajar en ellos era como ir en una amplia y cómoda alfombra mágica.  Y estamos  hablando de hace más de sesenta años, cuando todavía no eran comunes muchas de las comodidades actuales.

Y en lo que respecta al mercado de las motocicletas, dominaban la Indian, la más antigua  y mayor productora,  y sobre todo la Harley Davidson, para aquellos que podían pagarla, sin duda era la más reconocida.  Pero estaban las poderosas inglesas BSA y la Norton.   Y en las motos de bajo cubicaje estaban la austríaca Push para la que no hacía falta licencia de conducir, por lo que era el anhelo de todo joven, así como la multiusos motoneta Cushman.

               Cushman en Varadero- National Geographic Magazine 1947

Y hubo un caso curioso, que merece un punto y aparte, el del Skoda. 

El caso de la marca Skoda fue una excepción, porque construido en Checoslovaquia, era probablemente el único carro del campo socialista que se vendía en Cuba antes de la revolución.  Dentro de la óptica de los carros europeos no era el más feo y probablemente era de bastante buena calidad para los estándares de entonces.

Sin embargo, este carro no se vio masivamente después de la Revolución.  Sus razones habría porque probablemente tendría su mercado en la Europa capitalista y con los cambios sociales y políticos la Skoda, una de las empresas productoras de automóviles más antiguas del mundo, tras la caída del comunismo se convirtió en una subsidiaria del Grupo Volkswagen.

                                Skoda 701


Las guaguas Skoda

Y estaba el tema de las guaguas.  El transporte de la Gran Habana Metropolitana, estaba basado exclusivamente en el transporte por ómnibus con dos grandes compañías, la Cooperativa de Omnibus Aliados (COA) y los Autobuses Modernos, los primeros con General Motors americanos y los segundos con Leyland ingleses, con una eficientísima frecuencia de entre uno y cinco minutos y que hacía que las gente utilizara los carros particulares prácticamente para pasear o para determinadas gestiones y prefiriera el transporte público.  Las rutas conectaban a la Habana con los pueblos cercanos y el servicio de "confronta" en horas de la madrugada era impecable.  Es verdad que entonces La Habana tenía la tercera parte de la población actual, pero eso no demerita en lo absoluto la excelencia del servicio.



                Un General Motors Coach, la mejor guagua. Ruta 57 donde trabajaba mi padre con el recorrido Vedado-Avenida del Puerto.

Pero después de la revolución comenzaron a llegar varios modelos de ómnibus Skoda, los que existieron en un momento en que el parque de General Motors y Leyland todavía asumía el grueso del movimiento de pasajeros, y se garantizaba la frecuencia de las rutas en un minuto o dos.  Ya las guaguas soviéticas PAZ 672 y LIAZ 158 habían mostrado su incomodidad para los pasajeros y choferes, así como su alto consumo de combustible porque no eran adecuados para el clima cubano.   Fue así que llegaron las primeras guagua Skoda, que por su forma fueron bautizados como "pepinos” y que tampoco dieron buen resultado en el transporte urbano. 

          El Skoda, conocido por "pepino" por su forma.

Diganmelo a mi que durante dos años tuve que tomar diariamente en ida y regreso la ruta 5 hasta Guanabacoa y a cada rato se rompían, eran calurosos e incómodos.   Pero después se vio que en el transporte interprovincial y sin exceso de carga se comportaban bastante bien.  Los choferes de guagua a los que le tocara un Skoda tuvieron que quitarse el uniforme y la corbata que los identificaba, para vestirse con ropa de trabajo que les permitiera asumir las luchas con la grasa y el churre del motor que les tocaba a cada rato, lo que terminó cuando llegaron a Cuba los Hino, la versión japonesa de los General Motor Coach que ninguno ha superado.  

     La Hino conocida como Colmillo Blanco - www.elrinconcubano.es

Solamente la GM y la Hino tuvieron todas las condiciones para propiciar que el chofer manejara con comodidad y el pasajero con un mejor bienestar, tanto en su versión urbana como en la interprovincial al que se bautizó como “Colmillo Blanco” y constituyó un hito en la transportación en el país, una especie de renacer de los GM que tanto extrañaba la gente.

Pero todavía recuerdo los tranvías, los que casi no monté, y sí tengo muchas vivencias de las llamadas “Guaguas de palo”. de la COA que tenían carrocerías de madera combinada con lona encerada en el techo y estaban hechas sobre chasis de camiones.  Más tarde comenzaron a producirse en el país guaguas con carrocerías metálicas y el pasaje costaba seis centavos y fue subido a ocho cuando aparecieron los General Motors.  

Una guagua de palo y un tranvía en la Esquina de Tejas https://www.pinterest.com.mx/

Las guaguas de palo eran muy curiosas porque tenían carrocerías aerodinámicas y algunas viajaban desde la capital hasta Santiago de Cuba.  Ah y las guaguas de palo no tenían puertas, así que siempre cabía uno más.

De lo ocurrido después de los primeros años de la revolución con los Ikarus, Girón, las guaguas holandesas asfixiantes, los camellos y los articulados mejor ni hablar, el transporte ha ido de lo sublime a lo ridículo.

                                         Studebaker Lark 


Tu Studebaker "estudesgracia"

Ese chiste me lo disparaba a cada rato un amigo mecánico, pero después me decía, pero al final me explicaba que solo era solo un juego de palabras y que no respondía a la realidad porque el Studebaker era un buen carro.

Peter Studebaker, un inmigrante holandés, a principios del siglo XX se erigió en el mayor fabricante de carros arrastrados por caballos, de lo que pasó, al iniciarse las era del automóvil,  a la construcción de chasis para varias automotrices.  Ya en 1902 construyó su primer carro, el Studebaker con un motor eléctrico, el estándar hacia dónde vamos ahora, pero poco después incorporaron el motor de explosión interna, el que erróneamente triunfó, y en 1910 fundó la Studebaker Corporation.

Le hizo una buena competencia a los grandes de Detroit y en 1935 al recuperarse la industria de la recesión, logró un gran éxito con motores de seis cilindros con el Champion, el Commander y el Land Cruiser.

                 El camión de Studebaker fue básico para el Ejército Rojo.

Studebaker fue durante seis décadas sinónimo de carros de buena calidad a bajo precio, de robusta construcción y estilo de avanzada.  En diferentes competiciones obtuvo récords de categoría y resistencia.  Ello le valió para que la Studebaker obtuviera contratos muy favorables para suministrar camiones y motores de aviación al ejército durante la Segunda Guerra Mundial.  El Studebaker US6 de 2 y 5 toneladas fue construido en la inmensa cantidad de 220 mil unidades y fue suministrado mayoritariamente a la Unión Soviética y fue reconocido por su resistencia, potencia y fiabilidad, incluyendo su buen funcionamiento con combustible de mala calidad.  Sirvió no solo para transportar tropas sino también carga, piezas de artillería y fue la plataforma de los lanzacohetes Kastiusha, por lo que el propio Stalin envió una carta de agradecimiento a la compañía por su excelente calidad y ayuda a la victoria.  Y por si fuera poco, el diseño soviético del famoso camión ZIL 151 y 157 se basó en copiar el Studebaker.


Tras concluir la contienda, presentó en 1947 el modelo Starlight y en 1953 el Starliner, considerados entre los carros más hermosos jamás construidos, pero los problemas financieros hicieron que tuviera que unirse a la Packard, lo que no logró resolver su permanencia en el mercado, a pesar del éxito del Studebaker Hawk en 1959.


Al final, el Studebaker no era ninguna desgracia, todo lo contrario, pero no siempre triunfa lo mejor, sino el que tiene mejor administración, publicidad o ambas cosas, aunque sea un producto mediocre y no el mejor.  No se puede aplicar a todo, pero si a muchas cosas.  

No necesariamente el producto de más calidad es el que se convierte en éxito en ventas, lo que muchas veces obedece a cuando la innovación deja atrás a sus competidores, aunque sea momentáneamente.  Algunos se han posesionado de una fama y un mercado y no notamos que de le han introducido cambios en el tamaño o las fórmulas con el fin de ahorrar y ganar más.  El caso del Studebaker es todo lo contrario de la Madre Teresa de Calcuta, que nos la vendieron como buena, mientras que los tres grandes le hicieron una campaña de descrédito a la compañía tal que la gente olvidó lo que había representado la Studebaker durante la Guerra.


         Carros patrulleros Oldsmobile de 1952 y 1957 https://www.pinterest.com.mx


Las perseguidoras y los “caballitos”

Creo que desde que por primera vez se sustituyeron los caballos de la policía por motocicletas, la empleada siempre fue la Harley Davidson, sin duda alguna la mejor, más potente y sobre todo más impresionante.   Recuerdo el novio de una tía que vivía con nosotros y que era de la llamada “motorizada” (a los policías que andaban en motos les decían “caballistas”) y del cual me llamaba mucho la atención cuando llegaba y sobre todo cuando se iba por el ruido que hacía la Harley y que según he leído es un sonido patentado y que no puede ser imitado por ninguna otra marca, era la sensación de los muchachos del barrio, pero lo que iba a contar al respecto es que un día vinieron con la noticia de que el joven había tenido un accidente en la Calzada de 10 de Octubre, llegando a la Quinta Dependientes, donde hay una curva pronunciada y una bajada con algún declive, había patinado y a causa de ello se dió un golpe en la cabeza que le costó la vida.  Desde entonces y a pesar de que me gustan, le tengo un respeto extremo a lo que tenga solamente dos ruedas y si las he montado ha sido por necesidad extrema.

        Policia Nacional de Cuba 1950 - httpswww.flickr.com

Mi relación con las motos es tan nefasta que poco más de una semana antes de irme de Cuba, una moto de un policía encubierto me rozó y me tiró al piso y me hice un rasponazo en la cabeza y en el brazo, pero afortunadamente más nada, pero lo tomé como una advertencia para ratificar que me cuidara de ellas.

Y en cuanto a las llamadas “perseguidoras” que no son otra cosa que los carros patrulleros de la policía, hago memoria y siempre me vienen, por lo menos hasta 1958, la marca Oldsmobile.  Al menos así eran las perseguidoras en La Habana, supongo que las del resto del país se irían nutriendo de los modelos que la policía habanera sustituyera.   Y después vino un carro famoso y fabricado especialmente con ese objetivo, el Ford Interceptor de 1958 que aparentemente fue el escogido a partir de ese año..

        Ford Interceptor 1959

Varios años después, tenía un amigo que había sido sobrecargo en un buque de la marina mercante y había comprado en Holanda por una suma ridícula que todavía me cuesta trabajo creer, un VW escarabajo, que tenía un radio Blaupunkt que probablemente debía costar más que el carro.  Pero un buen día un jeep de la policía se llevó una luz roja e hizo del VW un puré.   Tras meses de negociación le dieron en compensación un Ford Interceptor, del cual me di gusto en revisar completamente y manejar.  Era una maravilla, con un tanque adicional de combustible que representaba ciento veinte galones de combustible, pero que a ningún particular le hacía falta ni podía tener esa cantidad de gasolina,  un radio Motorola con un amplificador y dos bocinas que abastecían a una fiesta ruidosa, pero que en la práctica era poco útil y lo peor, un motor V8 de más de trescientos caballos de fuerza y con un supercargador que tragaba más gasolina que un avión.

Eran los tiempos en que el gobierno tenía negocios con la VW de México y en Cuba se ensamblaban muchos de los VW Beetle o Escarabajo, llamados “vochitos” en ese país y que en Cuba además desarrollaron en una especie de jeep plástico con motor y tecnología de la Volkswagen bautizado como Montuno, que no era más que una imitación del Volkswagen Thing, por lo que perfectamente le podían haber entregado  en compensación al menos uno de esos, pero lo que querían era salir de los Interceptor.

Así que en esos tiempos, donde solamente se podían vender o comprar los carros americanos anteriores a 1959, tuvo que realizar mil gestiones hasta que al final lo autorizaron a venderlo y con ello compró una moto MZ para no quedarse a pie, pero sin dudas salió perdiendo.

Ahora veo en los clasificados de venta de carros usados, los Ford Interceptor, que ahora no son parecidos al Ford Fairlane sino que son utilitarios SUV, que se venden a precios ridículos a pesar de que son modelos de un par de años atrás y no tienen un millaje excesivo, pero la gente conoce lo gastadores que son.

De todas maneras los tiempos que viví con los Oldsmobile y los Ford Interceptor no los quiero recordar, porque todos les teníamos terror a la policía, que era, creo que como en todos los países, abusadores y a diferencia de lo que dicen en su lema de que protegen y sirven a la ciudadanía, lo que es relativamente cierto, al final siempre cometen muchos abusos que los denigran y hacen que la gente no los quiera.  En eso se parecen las fuerzas armadas a los políticos, que por lo regular se aprovechan y abusan, no sirven al pueblo, sino a sus intereses y se envalentonan cuando tienen un cargo o un uniforme.

                        Edificio de la Ambar Motors en la Rampa, Vedado.

La Vía Blanca y las agencias

Lo primero que recuerdo de la Vía Blanca, de este tema por supuesto, porque ese era el espacio preferido de mis aventuras para subirme a los vagones de miel de purga y corretear en el Parque Forestal, era los impresionantes sitios de ventas de carros usados, uno tras otro, sin interrupción, decenas de ellos con miles de ofertas.  Y en la esquina de Vía Blanca y Primelles, estaba el moderno salón de exposiciones de la Ford, con grandes vidrieras para que viéramos lo último de esa productora, entonces recién inaugurada y que antes radicara en la National Motor Co. Ford en la calle Marina frente al Malecón.

Pero para un artículo tan demandado, tenía que haber muchos representantes y vendedores, por lo que había cerca de 70 agencias de diferentes marcas,  la mayoría de ellas estadounidenses.

General Motors tenía sus salones de exposición en el edificio Ambar Motors de 23 entre Infanta y P en el Vedado, pero que además de distribuir autos, camiones y ómnibus, contaba con más de treinta agencias en el país e inmensos almacenes en Vía Blanca y Paso Superior.

Además tenía una agencia especial de la Buick en Hospital y 25, así como era muy conocida la agencia GM de García Tuñón en Calzada y F en el Vedado; Villoldo Motors era el distribuidor del Pontiac; en Belascoaín 857  estaba otra agencia de Oldsmobile, Cadillac y camiones GMC; otra agencia en Malecón y G; Humboldt Motor en Humboldt 7 representaba al Pontiac; y uno de los comerciales de la televisión de esos años era el de Vaillant Motors anunciando la llegada del Buick de 1957 con un eslogan de esos de los que verdaderamente pegan: ”Usted si puede tener un Buick”.

       Antigua agencia de la Ford, ahora Peugeot a precios disparatados.

La Chrysler tenía su centro en Hospital y 23, pero estaba la de José Grande con los Dodge y los De Soto en 12 y B en el Reparto Almendares; Atlas Motors en 25 No. 107 en el Vedado con Chrysler, Fargo y Plymouth; Jorrín Motors en Hospital No. 3 con productos de la Chrysler; Sabatés Motor Co. en San Lázaro 308 era agente de la Lincoln y la Mercury; Autos Losada en Zanja y Hospital y Vía Blanca Motors en Fábrica 148 con igual oferta y en 23 y P, justo frente a Ambar Motors, la Dodge tenía su agencia.

En Calzada esquina a 10 estaba la Williams Motor, agentes de la Hudson; Luyanó Trading en Calzada de Luyanó 929 distribuía los Studebaker; J. Ulloa y Compañía en Prado 3 y 5 y en el 55 después, representaba al Packard, mientras que Aguilar Auto Company, en Zapata 1415; cara visible del Studebaker, también del Packard al unirse ambas en 1954.  En Animas y Escobar estaba la Willys Distributors representantes de la Willys y el Jeep; Autos Occidental S.A¨ en Calzada 210 era la principal Agencia para el Willys Jeep, aunque, también lo representaba Soler Motors, en Infanta 710.  En Marina y Vapor la Motors Mart Corp eran distribuidores de Kaiser Frazer.   Importadora Metropolitana, en Baratillo 9, era el representante del Hudson y la Cadena Automovilística S.A. en Zanja 505 al Nash, manteniéndose separadas después de la unión de ambas marcas  en 1954.  Y en Infanta y Benjumeda estaba la Land Rover, de bastante aceptación para el trabajo agrícola.

Y de lo que eran piezas, accesorios, gomas, acumuladores, lubricantes, etc. la oferta era interminable y muchos de ellos se producían en el país, por lo que había una sólida cultura automotor.

Y reitero entre 25 y 28 centavos el galón (galón, no litro) de gasolinas de calidad, como la Esso, Shell, Texaco, Sinclair las principales de entonces y que contaban con refinerías en La Habana y Santiago de Cuba, las que impulsaban con la propaganda sus productos estrella: Esso Extra Motor Oil, Shell con ICA, Sinclair HC Azul y Texaco Fire Chief, todas de primera.

           Ferry Key West-Havana - www.facebook.com

Pero como expliqué, estaba el Ferry entre Cayo Hueso y La Habana en el que por el precio de 30 dólares usted podía viajar con su carro o traer uno o varios de Miami. Este era un negocio altamente rentable pues en el Ferry cabían hasta 125 autos y su peaje era barato, por lo que era muy fácil  comprar autos usados y llevarlos a Cuba, ya que eran carros de poco uso, en excelente estado y muy baratos. La Vía Blanca, desde la ciudad Deportiva hasta el comienzo de Santos Suárez, el llamado Puente de Agua Dulce, estaba colmada de venta de autos usados traídos de Estados Unidos donde por 200 o 300 pesos se obtenía un auto en muy buen estado, casi nuevo.


Cuba, un museo rodante de carros anticuados

Se calcula que todavía circulan en Cuba unos 75 mil carros norteamericanos, construidos entre 1925 y 1960 y la mayoría de los años cuarenta y los cincuenta.

Por tanto, si hay algo abundante en Cuba son estos carros viejos, de sesenta años o más de haber sido fabricados, algo muy diferente a lo que ocurre en otras partes del mundo, cuando si se encuentra alguno de estos autos es porque son piezas museables o de coleccionistas, mientras que en Cuba durante medio siglo fueron casi exclusivamente los existentes, pues los de fabricación soviética y otros, fueron destinados al sector estatal y una parte muy pequeña a afortunados que se les asignó.  Estos carros americanos a los que se ha rebautizado como “almendrones”, la mayoría han sido modificados y convertidos en verdaderos Frankenstein con motores Diesel y otras piezas de decenas de marcas y modelos para los que se han desarrollado grandes inventos para adecuarlos a la tecnología original, algo sin duda inaudito.  Pero dentro de este universo se pueden encontrar verdaderas joyas que conservan su configuración inicial, vaya usted a saber cómo.  Necesidad e ingeniosidad se combinaron para que el cubano pudiera seguir motorizado.



Mi suegro tenía un Plymouth de 1952 y se usaba bastante poco, pero llegó el momento en que no había piezas para él o la cuenta no daba por lo que se decidió venderlo y yo solamente tuve oportunidad de tener carros propiedad del trabajo, aunque los usaba como propios, pero que desafortunadamente fueron todos Lada soviéticos, que daban más problemas que lo que resolvían, pero era la única forma de tener un auto.  No en balde mi esposa lo bautizó como “la bartabia”, un verdadero desastre andante.  Y que conste, siempre escuché hablar de “bartabia” como algo que no funciona bien, pero realmente no he encontrado de donde sale la palabra ni si se escribe así.

Hoy en día han desaparecido muchas de las marcas más gustadas en Cuba: el Plymouth, el De Soto, el Pontiac, el Oldsmobile, el Mercury, el Packard, el Studebaker, el Henry J., el extraño Messerschmitt, el BMW Isetta, la motoneta Cushman y muchos otros, y solamente los coleccionistas cuentan con modelos destacados, algunos considerados clásicos de más de medio siglo atrás, pero sin embargo en Cuba muchos de ellos siguen existiendo...y rodando.

Y no solo se han mantenido esos carros, se ha creado una especie de adoración hacia ellos, creando clubes.  Ellos son el Club de Autos Clásicos Británicos y Motos, el Club de VW Escarabajos de La Habana, Club de Autos Antiguos, Club de Motos Harley-Davidson, Club de Autos Clásicos A lo Cubano, Club Amigos del Motor de Cuba y hasta un Club de Autos Rusos de Cuba.

A este hecho, muy probablemente único en el mundo, le han dedicado artículos en revistas especializadas, reportajes, documentales y muchísimas historias en blogs personales y diarios.


Ejemplos de ello son History Channel con "Carros Americanos Clásicos de Cuba" muestra que Cuba ha hecho un homenaje lleno de amor a la edad de Oro de Detroit; Discovery Channel con la exitosa serie "Cuban Chrome", un reportaje bien completo y objetivo; Full Galaxy realizó "Cuba sobre ruedas", así como varios reportajes de Automotriz TV, Mekanikeando a lo Cubano, Cuba Classic Car Club "A lo Cubano", y hasta se han filmado varias carreras ilegales de carros clásicos y motos y miles de otras producciones de aficionados.  No en balde la octava parte de la saga fílmica Rápido y Furioso, se filmó en La Habana.

Y en las imágenes utilizadas para las campañas turísticas de viajar a Cuba, junto a una mulata rumbera y una playa, tiene que aparecer sin falta un carro americano de los cincuenta.

Y como de recuerdos se trata, recuerdo muy intensamente mi casa y frente a ella el Lada Combi que quisiera olvidar a pesar de que me resolvió muchos problemas, pero me torturó mucho con su deficiente tecnología.