viernes, 10 de septiembre de 2021

Cubanos en el 9/11

 


 Cubanos en el 9/11


Nunca olvidaré el 9 de septiembre de 2001, hace exactamente veinte años, cuando me encontraba en el Hospital Hermanos Ameijeiras en un chequeo médico.  Ese lugar era uno de los pocos hospitales que contaban con varios televisores y al salir de una de las consultas, de pronto ví varios comentarios de asombro, lo que indicaba que algo inusual estaba ocurriendo.


Lo primero que le venía en esos momentos a la mente a los cubanos era algún anuncio relacionado con cambios políticos o económicos importantes o hasta esperaban el aviso de la muerte de Fidel Castro, pero no se trataba de nada de eso, sino de algo verdaderamente macabro para la civilización y que estaba ocurriendo en la ciudad más emblemática de los Estados Unidos: New York.


Era un golpe bajo de una organización terrorista islámica contra uno de los principales símbolos del progreso y del mundo occidental: un atentado a las Torres Gemelas del World Trade Center en Manhattan.


Ese no fue un atentado terrorista cualquiera, el mundo ya no fue el mismo a partir de entonces.


El World Trade Center


Tras concluir la Segunda Guerra Mundial, en 1946, se autorizó por el gobierno de New York la construcción del proyecto de 1943 que se llamaría Centro Mundial del Comercio o World Trade Center, en el mismo corazón de Bajo Manhattan en su parte oeste.


Originalmente era un edificio de setenta pisos, pero más tarde se proyectó por David Rockefeller, un complejo de edificios cuya supervisión y administración se le asignó a la Autoridad Portuaria de Nueva York y New Jersey, que incluía lo que sería conocido como las Torres Gemelas, dos enormes edificaciones que en su momento fueron los edificios más altos del mundo y que superaban al emblemático Empire State Building en cien pies de altura.


El proyecto del arquitecto jefe, Minoru Yamasaki, terminado en 1964, contemplaba siete edificios con una superficie útil de quince millones de pies cuadrados (casi 1.5 millones de metros cuadrados).  Dos años después empezó su construcción con un nuevo proceso de paneles de yeso reforzado con núcleos de acero, por lo que fueron pioneros en la edificación de rascacielos sin emplear mampostería (mortero con bloques o ladrillos) y a diferencia de los edificios altos convencionales, las paredes exteriores llevaban el mayor peso,  con columnas interiores solamente para los ascensores, lo que permitía espacios abiertos sin pilares.


La torre norte fue completada en 1970 y la torre sur en 1971, y el complejo conocido como World Trade Center se inauguró en 1973.  Ambas torres tenían 110 pisos de altura, una alcanzaba 1368 y la otra 1362 pies, (417 y 415 metros respectivamente), y en la torre sur se creó un mirador llamado Top of the World (la cima del mundo) con acceso público y desde el que se veía una vista espectacular.


En el World Trade Center se rodaron varias películas, destacando King Kong, de 1976, donde el gigantesco gorila en lugar de estar en el punto más alto del Empire State, se mueve entre el tope de ambas torres; Superman, de 1976 dirigida por Richard Donner y la actuación de Christopher Reeve, en mi criterio el que mejor ha encarnado a ese personaje; Escape from New York, de 1981, dirigida por John Carpenter con Kurt Russell y otras.


Mientras tanto, otras películas, ya filmadas o en proceso de producción, que tenían locaciones en las Torres Gemelas, o trataban temas similares con lo ocurrido en ellas, tuvieron que eliminar esas escenas, modificar sus guiones o procesarlas digitalmente, como fueron: Spiderman, Zoolander, Men in Black, Lilo y Stitch, Nosebleed, Collateral Damage, The time machine, Bad Company o Big Trouble.  Y aquellas cuya trama se situaba en el tiempo en que las torres existían, fueron agregadas de forma digital también, como Munich, Watchmen, Fringe y Life on Mars.


De esa manera el World Trade Center con sus Torres Gemelas, se convirtió, junto con la Estatua de la Libertad y el Empire State Building, en otro ícono de la ciudad de New York.  Hoy, el World Trade Center, con sus nuevas edificaciones sigue siendo un símbolo neoyorquino.


Las Torres Gemelas: admiración y odio


El World Trade Center se convirtió en un lugar para admirar por representar los valores de Estados Unidos y el mundo libre, por lo que fue objeto de culto por unos y de odio y desprecio por los enemigos del mundo libre.


Un hecho curioso es que la gigantesca Plaza Austin J. Tobin, rebautizada popularmente como Plaza World Trade Center, se vió azotada casi permanentemente por grandes vientos a nivel del suelo, con ráfagas fueron tan fuertes que fue necesario dotarla de cuerdas para que el viento no se llevara a los peatones al caminar.  Ese es el resultante de los "cajones" de aire a los alrededores de edificios altos, de lo cual soy testigo, por haber andado mucho por el Edificio FOCSA en La Habana, donde también se produce ese fenómeno a pesar de ser mucho más pequeño.


Pero ese fenómeno, junto con el Top of the World y el restaurante circular Windows of the World, 376 empresas de importancia internacional, con 50 mil personas empleadas en ella y entre cien y doscientos mil visitantes diariamente, siete niveles bajo el suelo con parqueo de dos mil plazas, una estación de tren, varias del metro y hasta un código de area (zip code) propio hicieron del World Trade Center el centro financiero de Estados Unidos.  Allí estaban las oficinas centrales del Bank of America, el Deutsche Bank, la financiera Cantor Fitzgerald, la aseguradora Marsh & McLennan, Morgan Stanley, las oficinas de la autoridad portuaria de New York, dependencias de la Bolsa de Nueva York, Siemens Telecomunicaciones, el Departamento de Finanzas y Hacienda de Nueva York, la empresa AT&T de Telecomunicaciones, embajadas, cadenas de televisión y muchas otras.


Esa importancia hizo que los ataques fueran muy variados, desde un misterioso incendio, un atentado con bomba hasta llegar a un robo de dinero en efectivo.


El atentado terrorista de 1993


Sobre el mediodía del 26 de febrero de 1993, un camión de la empresa Ryder, una de las más importantes entidades que alquilaban camiones, se parquea en el subsuelo de la Torre Norte.  El camión llevaba 680 kilogramos (1500 libras) de explosivos, con la idea de provocar el derrumbamiento de ambas torres causando cientos o miles de muertos.


A pesar de que se produjo la explosión, el objetivo no se alcanzó, abriéndose un agujero de treinta metros (100 pies) de profundidad y afectando cuatro niveles de hormigón.  Se calcula que 50 mil personas quedaron atrapadas en el edificio, muchos con dificultades para respirar, siendo rescatados por los bomberos y seis murieron en el atentado.


Ese fue el primer intento de la organizacion terrorista Al Qaeda que operaba en Afganistán, y al frente del hecho se encontraba Ramzi Yousef, quién huyó a Pakistán y mas tarde arrestado y extraditado a Estados Unidos donde enfrento un juicio junto a otros tres, siendo todos declarados culpables.


A partir de ese momento fueron reforzadas las medidas de seguridad y de acceso al World Trade Center.


El robo al Bank of America


El robo de 1.6 millones de dólares en efectivo del Bank of América fue planeado y ejecutado por el actor mafioso y pequeño criminal Ralp Guarino el cual logró obtener una placa de trabajador de mantenimiento gracias a Salvatore Calciano, quien le explicó que tras el atentado dinamitero de 1993, se habían incrementado las medidas de seguridad, dándole detalles de que un furgón acorazado de la compañía Brinks llevaba dinero a través del elevador hasta el piso once de la Torre Norte.


Después de preparar cuidadosamente el asalto, el miércoles 14 de enero de 1998, al llegar el camión sobre las 8 y 30 de la mañana  y al comenzar a descargar las bolsas con dinero, sometieron a los empleados del World Trade Center y a los guardias para efectuar el robo, llevándose un total de 1.6 millones, actualmente unos 2,5 millones de dólares, abandonando el lugar en pocos minutos.


Regresaron a sus domicilios, pero fueron rápidamente identificados y capturados, tres de ellos al momento y un cuarto en Albuquerque, Nuevo México, dos días después.  Guarino no pudo ejecutar sus ideas para esconder el dinero y el FBI sospechaba que detrás estaba la mafia, por lo que Guarino fue presionado, convirtiéndose en un informante por lo que se tomaron acciones contra la familia famosa DeCavalcante.


Los ataques contra Estados Unidos


Antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos ya había sufrido una serie de atentados provocados por el terrorismo islámico, entre los que destacan el atentado contra  cuarteles en Beirut en 1983 con el resultado de más de 200 soldados estadounidenses y 58 soldados franceses muertos; el ya citado atentado con bomba en el subsuelo de la Torre Norte con saldo de seis muertos; los atentados terroristas en 1998 en Kenia y Tanzania con la muerte de más de doscientas personas, doce de ellas norteamericanas;  el atentado del World Trade Center, provocado por una furgoneta bomba en los cimientos de una de las torres y que mató a seis personas; os atentados terroristas a las embajadas estadounidenses en 1998 en Kenia y Tanzania que causaron la muerte de 213 personas, incluidas doce estadounidenses; en el año 2000 el atentado contra el USS Cole, el destructor portamisiles que fue objeto de un ataque suicida con bombas por terroristas de Al Qaeda en el puerto yemenita de Adén, matando 17 marineros e hiriendo a decenas de otros y con considerables daños a la nave y la crisis de los rehenes en Irán, que duró 444 días y en el cual un grupo de iraníes tomó como rehenes a 66 diplomáticos y ciudadanos norteamericanos azusados por la revolución islamista del clérigo islamista chiita, el ayatolá Ruhollah Jomeini por mencionar algunos hechos de relevancia.


Lo cierto es que el mundo extremista islámico incesantemente preparó este tipo de atentados terroristas contra Estados Unidos y como sabemos contra otros países occidentales.


Fueron relevantes los atentados del 11 de marzo de 2004, un grupo de ataques terroristas en cuatro trenes en Madrid donde explotaron diez bombas simultáneamente con 193 muertos y dos mil heridos, obra de  Al Qaeda y el Grupo Islámico Combatiente Marroquí.  El atentado al semanario francés Charlie Hebdo en París el 7 de enero de 2015, en su sede, cuando dos enmascarados asesinaron a doce personas además de herir de gravedad a otras cuatro.  Le siguió los atentados en París en noviembre de 2015, cuando fueron tiroteados cinco bares y restaurantes y se produjo una toma de rehenes en la sala de conciertos Bataclan y explosiones suicidas en el Estadio de Francia y otros lugares, ataques terroristas reivindicados por los yihadistas del Estado Islamico, siendo considerada la peor masacre en Francia desde la Segunda Guerra Mundial, con un saldo de 131 muertos y 415 heridos.


Todo esto sin contar los numerosos hechos aislados que han ocurrido en muchos países.

Pero para Estados Unidos, la nación líder del mundo, estaba destinada una macabra acción.


Los preparativos del 9/11


Fue a inicios de 1999 que Bin Laden dio la orden de planificar la "Operación Aviones", a partir de conocer que el jefe de Al Qaeda en Arabia le contara que el 31 de octubre de 1999 el copiloto del vuelo 900 de Egyptair estrelló la nave contra el mar matando a más de 200 personas que iban a bordo, lo que le dio la idea de que era más beneficioso para la causa estrellarlo contra un edificio emblemático.


En Estados Unidos existen un grupo de lugares que son símbolos de la riqueza y el éxito de América y contra ellos tenía que lograrse algo que mostrara al mundo que a pesar de su fortaleza, no eran invencibles, por lo que fueron concebidos numerosos planes, concluyéndose uno que proyectaba lo siguiente:


Serían secuestrados doce aviones, para lo cual serían entrenados y preparados como pilotos los militantes extremistas islámicos dispuestos a sacrificar su vida por Alá, el cual esperaría en el cielo a cada yihadista con 72 vírgenes.


La acción consistiría en estrellar los aviones contra los siguientes objetivos:


Dos contra las Torres Gemelas del World Trade Center en New York

Uno contra el Empire State Building en Nueva York

Uno contra el Pentágono en Arlington, Virginia, cerca de Washington

Uno contra la Casa Blanca en Washington, D.C., residencia del presidente

Uno contra el Capitolio de los Estados Unidos en Washington, D.C., sede del Congreso

Uno contra la Torre Sears, el emblemático edificio de Chicago

Uno contra la Pirámide Transamerica, el icónico edificio de San Francisco

Uno contra el Columbia Center, el edificio más alto de Seattle

Uno contra la Prudential Tower en Boston

Uno contra la U.S. Bank Tower en Los Ángeles

Uno sin precisar su objetivo.


Pero precisamente por la cantidad de objetivos se vio que era un evento muy difícil de alcanzar y se fueron reduciendo las metas hasta llegar a cinco por su importancia estratégica:


Las dos Torres Gemelas, símbolo de la economía capitalista norteamericana

El Pentágono, donde radica la Secretaría de Defensa y que representa el poderío militar estadounidense

El Capitolio, sede del poder legislativo de Estados Unidos

La Casa Blanca, símbolo del poder ejecutivo y residencia del presidente


El estrellar un avión contra un edificio tuvo su antecedente más importante cuando en 1945 un bombardero mediano B-25 Mitchell, volando en una densa niebla, se estrelló contra el Empire State Building entre los pisos 78 y 80, produciendo catorce víctimas mortales.  Pero la idea de chocar un avión contra un edificio, símil de los kamikazes pero a mayor escala, fue tratado en varias películas, como en The Medusa Touch (1978) y en uno de los capítulos de la serie The Lone Gunmen de 2001 donde era secuestrado un Boeing 727 con el fin de estrellarlo contra una de las Torres Gemelas.


Ese fue el plan final, pero solamente pudieron ser secuestrados cuatro aeronaves porque el piloto suicida del quinto, fue detenido fortuitamente por el FBI en agosto de 2001, cuando ya la ejecución del plan estaba en fase avanzada.


Ahora se conoce que nueve de los 19 terroristas ejecutores de los atentados del 9/11 fueron objeto de controles adicionales a los normales antes de embarcarse por sospechas de los servicios de seguridad y por diversas razones, entre ellas problemas en su documentación, pero así y todo abordaron las naves.  Y de los numerosos preparativos, que van desde la obtención de visas para entrar a Estados Unidos, la masiva preparación de sauditas como pilotos de aviones comerciales, a nadie le llamó la atención.


El 11 de septiembre de 2001: el día que el mundo cambió.


El mundo cambió la mañana del 11 de septiembre de 2001.


El ataque sin precedentes en que de forma sincronizada 19 terroristas islámicos secuestraron cuatro aviones comerciales de pasajeros para ser empleados como proyectiles y estrellarlos contra objetivos en Washington y New York fue un horrendo e inconcebible ataque no a las instituciones de poder de los Estados Unidos sino al mundo entero porque atentó contra todas las normas de civilidad.


Ello provocó una ola de temor no solo hacia los vuelos aéreos, sino a todo tipo de transporte y constituyó un momento en que se reflexionó sobre la necesidad de cambiar por completo las políticas internas e internacionales de seguridad aérea en particular.


No vamos a repetir la historia, todos la conocemos, la destrucción del World Trade Center, el impacto importante contra el Pentágono y la heroicidad de los pasajeros del vuelo 93 de United Airlines, que hicieron fracasar el complot terrorista y se estrellaron en Shanksville, Pennsylvania.


Como es de costumbre, aparecieron multitud de teorías conspirativas sobre lo ocurrido, pero lo cierto es que ese día perecieron 2996 personas en el World Trade Center, más los pasajeros y tripulaciones de los aviones estrellados, 25 mil heridos, muchos con lesiones de por vida, 265 muertos en los aviones estrellados y 125 muertos en el edificio del Pentágono.  Entre ellos 343 bomberos, 23 policías y 37 policías de la Autoridad Portuaria de New York y New Jersey, para un total de 3334 fallecidos.


Con el tiempo esta cifra sigue creciendo por enfermedades resultantes de la nube y partículas tóxicas inhaladas por miles de bomberos, policías y autoridades que participaron en las tareas de rescate.  Han sido identificados como víctimas de ello más de cuatrocientos agentes.


Como dato interesante se calcula que unos 17400 personas se encontraban en el World Trade Center en el momento de los ataques y que cuando el primer avión, el vuelo 11 de American Airlines impactó la Torre Norte a las 8:46 de la mañana, la mayoría de los que se encontraban en los pisos por debajo de los pisos en que se produjo el choque, pudieron evacuar el edificio.


Para tener idea de la magnitud del desastre, el banco de inversiones Cantor Fitzgerald, con oficinas en los pisos 101 al 105 de la Torre Norte, perdió 658 empleados,  la compañía de seguros Marsh & McLennan, ubicada en los pisos 93 y 100 de la Torre Norte, tuvo 358 empleados muertos, Aon Corporation, la financiera ubicada en la Torre Sur, perdió 175 trabajadores.


Se calcula que entre los fallecidos, hay 67 del Reino Unido, 41 de India, 32 de Sudáfrica, 28 de Corea del Sur, 25 de Republica Dominicana, 24 de Canadá, 21 de Argentina, 18 de Colombia, 17 de Indonesia, 16 de Filipinas, 16 de Jamaica, 15 de México, 14 de Trinidad y Tobago, 13 de Venezuela, 11 de Alemania, 11 de Ecuador, 10 de Australia, 10 de Italia 10, 9 de Rusia y otras cantidades pequeñas de muchos otros países.


Y por supuesto, también hubo víctimas cubanas.


Los siete cubanos que murieron en el 9/11


New York fue uno de los principales lugares donde se asentaron los exiliados cubanos desde la época de nuestras guerras de independencia junto con Tampa y Cayo Hueso y después fue cediendo terreno a lugares como Miami, quedando una importante colonia cubana en New Jersey, sobre todo en Union City, pero New York es sitio donde predominan los puertorriqueños y dominicanos, entre otras nacionalidades latinas, pero donde los cubanos son minoría.


Es por eso que ese día perdieron también la vida en el World Trade Center pocos cubanos como fueron:


Nancy E. Pérez, 36 años, que vivía en Secaucus, Nueva Jersey, justo al lado de Union City y que era empleada de la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey con el cargo de supervisora.  Había llegado a Nueva York desde Cuba con sus padres y hermanas en 1970.


George Merino, 39 años, residente de Queens, Nueva York, empleado de la compañía de inversiones Fiduciary Trust International, había nacido en Matanzas y salió de Cuba en 1968 con siete años de edad para instalarse en Nueva York.


Niurka Dávila, de 47 años, residente de New York, y empleada de la División de la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey. Nacida en Cuba, comenzó a trabajar en la Autoridad Portuaria en 1985 como Rosa Dávila y luego de naturalizarse como ciudadana estadounidense eligió cambiar su nombre por el de Niurka.


Juan Lafuente, de 61 años, residente en Poughkeepsie, Nueva York, era empleado del Citibank y había nacido en Cuba. Emigró a Estados Unidos para estudiar en la universidad, y en 1964 se casó con Colette Mericle, alcaldesa de Poughkeepsie entre 1996 y 2003. Lafuente trabajó en IBM durante 31 años y tenía un cargo de alta responsabilidad en Citibank. El 11 de septiembre casualmente asistía a una conferencia en un restaurante de la Torre Norte.


Michael A. Díaz-Piedra III, de 49 años, residente de New York, empleado del Bank of New York, del que era vicepresidente a cargo de la planificación de recuperación de desastres.  Díaz-Piedra era hijo de un rico hacendado cubano exiliado después de la revolución.  Su familia, propietaria de plantaciones, emigró a Estados Unidos en 1960 y se fueron a vivir a la Florida y años más tarde se mudaron a Nueva Jersey. Llegó a Estados Unidos desde Cuba cuando tenía 8 años y siempre mantuvo fuertes lazos con la cultura de su patria y mantenía vivos sus deseos de regresar a la Isla cuando hubiera democracia.


Carlos Domínguez, de 34 años, residente de East Meadow, en el condado de Nassau, Nueva York, era un calificado ingeniero de Marsh & McLennan Cos Inc. donde fungía como encargado del servidor de seguridad del sistema informático de esa empresa ubicada en el piso 95 de la Torre Norte. Nació en los Estados Unidos hijo de padres cubanos.


Marco Motroni, de 56 años, era un músico cubano de ascendencia italiana. Nació en 1945 en La Habana, y su familia emigró a Estados Unidos tras la llegada al poder de Fidel Castro, y en 1963 se graduó de la George Washington High School en Manhattan. Era integrante de la famosa orquesta Novel, en la que hizo por más de 20 años música cubana, la que defendía a ultranza.  Sus raíces cubanas permanecieron intactas y salieron a la superficie a través de la música.  De Mark Motroni se sabe que sus antepasados llegaron a Cuba desde Pisa a principios del siglo XX y su abuelo, Rolando Motroni Marchetti, nacido en Cuba, era un escultor que trabajó con los reputados arquitectos Govantes y Cavarrocas en la mayor parte de los edificios construidos por ellos, como fueron la mansión Xanadú, la famosa propiedad conocida como la casa Dupont en Varadero, el Capitolio Nacional, la Biblioteca Nacional "José Martí", el Palacio renacentista con tintes de Art Decó de Catalina Lasa y Juan Pedro Baró en Paseo y 17, la administración de la Universidad de La Habana, la Facultad de Artes y Letras y otras obras. Desde joven Marco Motroni comenzó a cantar en la Orquesta Típica Novel, fundada en 1961, con la mejor influencia de la música popular cubana con los formatos del conjunto sonero y de la charanga, fue uno de sus primeros integrantes y permaneció allí como cantante durante casi dos décadas.  Trabajaba paralelamente como agente en Wall Street y se vincula a la financiera Carr Futures, con oficinas en Wall Street.


Cuando a las 8:46 am, el Boeing 767 del vuelo 11 de American Airlines se estrelló contra los pisos del 93 al 98 de esa torre, Marco se encontraba  en el piso 92 de la Torre Norte en una reunión de trabajo.


Pudo hablar con su padre y decirle: “ningún ser humano hace cosas como esta, nadie merece esto”.


Las repercusiones del 9/11


Las pérdidas humanas no se pueden calcular, es lo más valioso que tiene el ser humano y por ello no es cuantificable.


Pero en el orden económico las pérdidas se estiman en el orden de los 123 mil millones de dólares, sobre todo en la drástica reducción de la actividad aeronáutica, los edificios e infraestructura destruidos y los que fue necesario demoler y reconstruir, así como la afectación a los negocios y actividades que debieron recuperarse, algunos completamente.  Todo ello sin evaluar que la economía se vio completamente paralizada, se desregularizar los mercados, se bajaron los tipos de interés y los impuestos, lo que al final trajo consigo una burbuja inmobiliaria en las hipotecas, que sumado a los gastos en las guerras de Irak y Afganistán, totalmente  injustificadas y sin ningún efecto positivo salvo el político para mostrar la fortaleza del gobierno de turno, trajo consigo la aparición de una grave crisis económica en 2008, entrando el país en la mayor recesión desde el crack de 1929.


Pero por lo más importante, para garantizar la vida humana, Estados Unidos cambió para siempre.


En otro orden de cosas, hizo que aumentara el racismo, la desconfianza y el odio contra las personas de origen árabe y practicantes de la religión islámica.  Ello obligó a crear el Departamento de Seguridad Nacional para centrar la atención de la lucha antiterrorista. Junto con ello se aprobó el USA Patriot Act, La Ley Patriótica, que limita o suspende algunas libertades y derechos que aparecen en la constitución, con el fin de garantizar la seguridad interna.


Casi diez años después de los atentados, el 2 de mayo de 2011, Osama bin Laden fue ejecutado por tropas de élite estadounidenses en Abbottabad, Pakistán.


Y veinte años después las tropas de Estados Unidos se retiraron de Afganistán, dejando atrás una guerra que nunca iba a ganar.


El 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos sufrió el ataque terrorista más mortífero en su historia, cambiando el rumbo internacional que abrió un debate importante a cerca del terrorismo en el mundo y que a pesar de todo lo que se ha hecho al respecto, parece que no tiene fin ni solución, porque mientras haya religiones, que todas tienen como base la intolerancia y el dogmatismo y en nombre de ellos persiguen la guerra, no habra paz para la humanidad.


La barbarie nunca podrá ser aceptada por los hombres porque no tiene sentido, por eso la historia no puede olvidar a estas víctimas tanto de este hecho, para nosotros en particular los cubanos muertos en este hecho, ni a los que han dado su vida para combatir el terrorismo y la maldad, que en nuestro mundo, es la mayor amenaza.


El 9 de septiembre, junto con el 7 de diciembre son días que mundialmente nos recuerdan la infamia de la que es capaz el ser humano.






viernes, 3 de septiembre de 2021

El lumpen


 El lumpen


De la ropa sucia, que se lava en casa, no se puede hacer una bandera blanca

Izo este par de calzoncillos

hago flamear mi par de calcetines

¿Y dónde - pienso - lavan la ropa sucia los sin casa?.

Yo, que creo tener una casa y que no hago, por eso, la guerra

no estoy en paz ni conmigo mismo ni con nadie

(quién demonios es el sí mismo en estos casos)

en lugar de lavar la ropa sucia hago de ella - y me traiciono - una bandera de

rendición.

Enrique Lihn


Ahora que se acerca el primer lunes de septiembre, que en Estados Unidos es un día conmemorativo conocido como el Labour Day o Día del Trabajo, el equivalente al Primero de Mayo en casi todo el resto del mundo, viene a colación algo muy relacionado con el trabajador o más bien con su antagonista, el que no da un golpe y vive de lo que se presente, el llamado “lumpen”.


Sin duda alguna la palabra "lumpen" la conocimos después de la revolución, porque antes ni nos percatamos en lo absoluto de que existía salvo para algunos estudiosos de las obras de Carlos Marx.


El lumpen surgió con fuerza como un personaje representado por un vago, que trataba por todos los medios de evadir el trabajo y fue particularmente utilizado como propaganda de lo que no debía ocurrir, por ser un sujeto negativo, durante diferentes etapas a lo largo del proceso revolucionario.


Algunos recordarán que en Cuba circuló un semanario humorístico con ese nombre, al estilo de Zig-Zag, Palante, El Pitirre, El Sable o Melaíto, los que en diferentes momentos fueron suspendidos por el régimen cubano.  Desde entonces el humor ha sido el arma subversiva que más ha temido la dictadura.


La ofensiva revolucionaria de 1968 criminalizó mediáticamente todo lo que no lo hubiera sido hasta ese momento o ya lo había sido antes como fueron dejarse el pelo largo, los pantalones estrechos, tener familia en el exterior, ser homosexual o religioso y sobre todo criticar las acciones del gobierno.  Pero al igual que con Zig Zag y otras publicaciones, solamente a los extremistas les hacía gracia lo que publicaban.


Pero desde hace años El Lumpen volvió a aparecer, ahora en una versión digital y con un humor bastante discutible para mi gusto y con menos credibilidad en lo que publica, pero se entiende que se trata de sátira fantasiosa que no creo que


Lo importante es que la palabrita impactó entre los cubanos y todavía, a pesar de que la mayoría no sabe de qué se trata ni su origen, sigue aplicándose.  Si antes de 1959 hubiera sido de dominio público, al Negrito del Batey de Alberto Beltrán lo hubieran llamado "el Lumpen".


El auge de la palabrita lumpen en Cuba


Ya vimos que el auge de la palabrita comenzó con la llamada “Ofensiva Revolucionaria” de 1968 que destruyó la economía y siguió con el fiasco de la zafra de los 10 millones que llevó al país al abismo, pero continuó como parte de los los giros del idioma en Cuba.  Ya se había empleado, pero con menos fuerza en los primeros años de la revolución, donde se reprimió a jóvenes con posturas no afines a la revolución y que fueron llevados a campamentos de trabajo de la UMAP.


Pero su mayor uso fue a partir de los sucesos de la Embajada del Perú y el puente marítimo de Mariel hacia los Estados Unidos en mayo de 1980.  Los mítines de repudio, al mejor estilo de los nazis, consistió en atacar con golpes e insultos a los que abandonaban el país y los títulos que les endilgaron era el de “gusano,escoria, antisocial, siquitrillado,lacra social y lumpen”, calificativos para desprestigiarlos como personas.  


Esto se estableció de tal forma que lumpen, gusano o escoria era repetido como un cliché a todo el que siquiera se expresara en contra de alguna medida del régimen y de ello no se salvaba ni siquiera los familiares.


Un versito de esos años decía:


“Se robaron el café y el cigarro en La Victoria

Y no puede ser la escoria porque la escoria se fue.”


Los cubanos sabíamos que escoria eran las impurezas del metal cuando era fundido o maquinado, gusano era alguien que se arrastra, pero lo de lumpen, ese era un nombre totalmente ajeno a nuestro vocabulario.  Los revolucionarios los interpretaron como sinónimo de personas viles y despreciables.


Origen


Pero el origen de la palabra lumpen es otro.


Se trata de un germanismo, derivado de “lappen” (trapo o harapos), cuya derivación Lumpen, describe a aquellos que viven al margen de la sociedad en condiciones de pobreza extrema, o sea, harapientos, mendigos, vagabundos y ladrones que viven sin trabajar, los marginales, lo peor de todas las clases sociales y sin conciencia de clase, pero no tuvo una relevancia notable hasta que fuera acuñada por Carlos Marx, lo que hizo que se hiciera de uso común en los regímenes comunistas.


No es la única palabra alemana que empleamos a menudo sin saber su origen, como es Alzheimer, Búnker, Bundesliga, Volkswagen, Leitmotiv, Kaputt, Blitzkrieg, Kindergarten, Kirsch, Zeppelin, Poltergeist, Delikatessen, Putsch, Strudel, Zeitgeist, Edelweiss, Gestapo, Nazi, Schnaps, Oktoberfest, Hamster, Realpolitik, Lager, Sauerkraut, Wermut, Pilsener, Dachshund, Autobahn, Berline, Kobalt, Pretzel, Kitsch, Accordion, Aspirin, Pistole, Zink, Proletariat,  Panzer, entre otras.


“Lumpemproletariado” es un término propio de la teoría marxista, que fue empleado por Karl Marx y Friedrich Engels a mediados del siglo XIX en sus obras. 


Con su teoría comunista, plantearon la injerencia del estado en todos los aspectos de la vida, desde la ideología, controlando y censurando la educación y los medios de comunicación y difusión, pasando por la prohibición de las religiones, la injerencia gubernamental sobre la familia, el establecimiento de políticas de un único partido, la estatalización de todos los medios de producción y financieros y la militarización de la sociedad, garantizando con ello el que el grupo gobernante se mantenga en el poder.


Tanto en su obra cumbre, “El Capital”, como en el Manifiesto Comunista, los teóricos del socialismo y el comunismo, definen al lumpen como lo más bajo de todos los estratos sociales, una masa de desclasados que fue separada del proletariado o clase obrera, y que se alimenta económicamente de cualquier tipo de actos criminales o el actuar como pordioseros o mendigos.  El lumpen no es el vago que ha sido erradicado de los campos y se ven obligados a delinquir para vivir, sino que es un producto de la descomposición social que es muestra de la marginalidad extrema, como son los indigentes, mendigos, prostitutas, drogadictos y todo tipo de delincuentes de baja monta y que pueden vivir de lo que para otros constituyen desechos.


Su modo de vida está por debajo de los más miserables integrantes del proletariado y no aportan nada a la sociedad, ni siquiera su fuerza de trabajo, son totalmente improductivos.


Y que el lumpen no posee conciencia de clase alguna, es un grupo social muy fácil de ser comprado por las clases poderosas para apoyar sus proyectos, de ahí que fuera aprovechada esta característica para definir que los enemigos de la revolución eran lumpen comprados por el “oro yanqui”.


Marx escribió una obra monumental: El Capital, donde detalla la esencia del sistema capitalista.  Fuera de eso, toda su producción fue una porquería inservible, ni siquiera como abono, muchas de ellas para complacer a quien lo mantenía: Federico Engels.


La Corte de los Milagros


En su monumental obra "El Jorobado de Nuestra Señora de París", se habla de la llamada Corte de los Milagros, una zona marginal del París del siglo XVII, donde se reunían mendigos, falsos impedidos físicos, prostitutas y toda ralea de baja condición.  Durante el reinado de Luis XIV, el Rey Sol, el más famoso de la historia de Francia y cuyo reino duró 72 años, contrastando con la opulencia y derroche de la corte, la inmensa mayoría de la población estaba sumida en la pobreza de forma tal que muchos tenían que convertirse en mendigos o delinquir para no morir de hambre.


Las constantes guerras con su secuela de tullidos y mutilados, así como huérfanos, la enorme subida de los impuestos para sufragar las guerras y el derroche de los nobles y la corona, llevó al empobrecimiento casi total de los menos favorecidos.

Es ese el origen de la Corte de los Milagros, lugar donde vivían hacinados estos infelices y donde a los niños se les enseñaba a robar desde pequeños y donde la policía ni el ejército no se atrevían a entrar.  Allí tenían sus leyes y su propio gobierno, encabezado por su propio rey, El Grand Coesre.  Llegó un momento en que existían en París doce lugares conocidos como la Corte de los Milagros, los que eran los lugares más peligrosos de toda Francia.


Victor Hugo se inspiró en los personajes de la Corte de los Milagros para escribir la citada novela, donde destacan Quasimodo, el jorobado y sordo campanero de la Catedral de Notre Dame y la gitana Esmeralda, injustamente condenadas al patíbulo.


Y el nombre de la corte viene nada menos de que muchos fingían incapacidades, enfermedades o lesiones que no tenían y que les servían para pedir limosna o para robar y cuando regresaban a sus hogares en los barrios marginales donde vivían, desaparecían como por obra de un milagro su invalidez.  No podía llamarse de otra forma sino Corte de los Milagros, un lugar donde diariamente ocurrían tantos "milagros".


Probablemente esta haya sido la inspiración de Carlos Marx para definir al lumpen.


Cuando años después Carlos Marx escribe “El XVIII Brumario de Luis Bonaparte”, analizando la crisis política post revolucionaria en Francia, destaca el papel que tuvo el lumpenproletariado al ser manipulado por el emperador Napoleón III y sus agentes, los que gracias a dádivas  reunieron a todo el lumpen parisino para apoyarlos en su control de la sociedad.  Al respecto dijo Marx que “nunca un gobernante había especulado de forma más estúpida basado en la estupidez de las masas”.  Para el filósofo, el lumpenproletariado representaba lo peor de lo corrupto, reaccionario y sin conciencia de clase alguna.



El concepto de lumpen en la Cuba de hoy


Fidel Castro aprovechó la oportunidad de ir conceptualizando a sus enemigos con las peores calificaciones, demonizándolos como parásitos sociales.  Distintas etapas fueron propiciando el destierro o exilio de muchos de ellos y el resto fue objeto de una represión al mejor estilo Stalinista.  Según los conceptos revolucionarios, todo el que abandonó el país, ya sea por la vía de Camarioca, los Vuelos de la Libertad, el Éxodo del Mariel, la Crisis de los Balseros y los cientos de miles que lo han hecho por otras vías, es un lumpen, un gusano y un vendepatrias.


Y esa es una falsedad histórica.  El verdadero ejército de lumpen está en Cuba, haciendo papel de chivatos, y plegados a todas las desvergüenzas del régimen en contra de su propio país.



Después vendría la UMAP, los conceptos de “lacra social” y “peligrosidad”, los que sumados al deterioro progresivo de la economía, hicieron posible una aceleración de la aparición masiva del lumpen como integrante importante de la sociedad, empleada con un doble objetivo para controlar a toda la nación: el lumpen llevado a la miseria por el régimen y el lumpen dispuesto a venderse al régimen por migajas.   Al final sus filas están integradas por los elementos más desmoralizados de todas las capas sociales y que está concentrada básicamente en las grandes ciudades.


A ello ha contribuido no solo la necesidad, sino de forma principal, la pérdida de valores relacionados con el comportamiento moral y social.


El lumpen en la Cuba republicana.


Desde el bandidismo hasta las acciones de corrupción gubernamental de casi todos, por no ser absoluto, los gobiernos republicanos, los años donde el gangsterismo campeaba por sus respetos en los mandatos de Grau y Prío y muchos otros hechos delictivos, hasta uno inconcebible, que se robara el diamante del Capitolio y apareciera en la gaveta del presidente de la nación, muestran que el lumpen, no como definición, pero sí como oficio, estaba presente en las capas más bajas y las más altas de la sociedad.  


Me crié en el Cerro, un barrio pobre, donde conocí mucha gente de muy bajos ingresos pero que luchaban a capa y espada por sobrevivir y otros que eran, según conocí después, el típico lumpen.  Y como lo viví de cerca, voy a mencionar unas palabras que eran terroríficas para los niños y adolescentes de mi generación: Aldecoa y Torrens.



Aldecoa.


A mediados del siglo XIX el catalán Zoilo Aldecoa compraba unos terrenos en lo que hoy es Nuevo Vedado y Puentes Grandes, donde creó una urbanización que lleva su nombre.En ese barrio humilde se construyó el primer apeadero del ferrocarril cubano, el Paradero de Ciénaga, donde más tarde se crearon grandes talleres ferroviarios.  Allí está el Bosque de la Habana, el Jardín Zoológico y otros sitios de interés.


Pero lo que más nos ocupa es la Escuela Correccional de Aldecoa.  Este reformatorio acogía tanto a niñas como a jovencitas, que podían ser ubicadas como lumpen: mendigas, rateras, prostitutas y se decía que allí se preparaban para la vida, dándoles una educación adecuada e instruirse con hábitos morales y de buenas costumbres.


Pero en el fondo aquello era un reformatorio y la palabra lo dice todo.  Si es terrible cuando pensamos en la vida de una persona abandonada por sus padres y que es criada en un orfanato, sin duda es mucho más duro criarse en un reformatorio, que implica reformar, corregir conductas por las buenas o por las malas.


Por eso cuando alguien hablaba de Aldecoa, a las muchachitas se les ponían los pelos de punta y a los muchachos nos parecía que todas las que allí estaban no solo eran unas puticas, sino que eran unas criminales.


Una vecina, llamada Mirta y conocida como Mirta la loca, porque gustaba de enseñar sus senos a otros jóvenes, aparentemente, porque nunca conocí la verdad, fue enviada a Aldecoa para ser reformada.  La reforma fue tal que cuando regresó, comenzó a “trabajar” en el barrio de Colón.



Torrens


Viajando por la Autopista Novia del Mediodía, yendo hacia San Antonio de los Baños, nos encontramos las instalaciones de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), donde antes hubo un centro de radioescucha  electrónica soviética, la conocida Base Lourdes.  Los más jóvenes pensaran que esos eran terrenos yermos o agrícolas pero nada más alejado de la realidad, los más viejos sabemos lo que allí hubo: un reformatorio para lumpen juveniles, el tristemente recordado Campamento de Torrens.


Desde 1942 hasta 1959 allí existió el llamado Campamento de Orientación Infantil de Torrens, a donde iban a parar los niños y adolescentes que fueran sorprendidos en broncas callejeras, robando, deambulando por las calles, robando frutas o ropa en patios ajenos, durmiendo en estaciones de trenes o en la calle y otras conductas derivadas de no tener familia o no tener quien los protegiera.  Se argumentaba que allí iban a escolarizarse, aprender un oficio y prepararlos para la vida, pero en realidad los empleaban como mano de obra sin retribución para trabajar en la agricultura y la cría de animales.


Como era un reformatorio, las condiciones de vida eran las propias de un presidio que iba desde el hacinamiento hasta el maltrato.  Por eso cuando nos hablaban de que habían enviado a alguien a Torrens, todos comentábamos que debía estar pasando las de Caín.


Deben haberse logrado muy pocos reinsertados a la sociedad como plenamente rehabilitados.  Personalmente conocía un par de hermanos que vivían en un solar muy cerca de mi casa, en Salvador y Suzarte, el solar del 20, que eran conocidos como "los polacos".  Dentro de aquel solar donde vivían decenas de personas de la raza negra, eran los únicos blancos.  Tenían una hermana mayor que era prostituta y ellos desde muy niños, siempre estaban en peleas callejeras y en robos menores, por lo que en una ocasión la policía los capturó y los envió a Torrens.


Tendrían entonces 10 u 11 años.  Salieron de Torrens a los 16 o 17 y se convirtieron en los guapos del barrio.  Uno de ellos era monaguillo de la iglesia de El Salvador, pero nada más alejado de su comportamiento que el de un servidor de Dios.  Eran borrachos, pendencieros, apuntadores de bolita, vendedores de mariguana y todo lo malo que se pueda pensar, no ya para sobrevivir, sino también para la buena vida, pues vestían bien, usaban buenos relojes y siempre andaban en fiestas.  


"Los polacos" aprendieron más de la conducta delictiva durante su estancia en Torrens que lo que habían aprendido en las calles del Cerro.   Allí se hicieron unos perfectos lumpen.


También hubo otro reformatorio de menores en Guanajay,  pero ahora en los terrenos que ocupaba el reformatorio de Torrens hay un centro universitario, y para no olvidar completamente la historia, en lugares muy cercanos se han creado la Prisión de Valle Grande, el Centro Penitenciario de Mujeres de Occidente y la Prisión de Mujeres Manto Negro.  El espíritu de la represión se mantiene ensombreciendo la zona.


El lumpen de hoy


Entre los resultados de la globalización, está la aparición de una élite que no pertenece a ningún país en particular y que no depende de ningún gobierno, y que a su vez crece sobre la historia, la cultura y las tradiciones, lo que va a acumuando las riquezas en un solo sentido.


Mientras ello ocurre, crece el lumpen, que representa un peligro que viene desde lo más bajo de la sociedad y por su gran número se hace muy peligroso.


Los cubanos deberíamos sentir vergüenza por tanto odio que nos inculcaron, por tanta hipocresia que nos vimos a compartir para sobrevivir, y a lo menos que podemos aspirar los que estamos lejos de nuestra patria, es a reconocer que solo hay un enemigo, la dictadura castrista, y sembrar la mentira, la desidia y el odio entre cubanos es ser tan bajo, tan lumpen como la fauna que desgraciadamente prolifera en nuestro país actualmente y que en buena medida respalda al régimen por su baja catadura moral.


Con todo el desastre que ha dejado el fidelismo, ni la Isla se ha hundido en el mar como predijo ni la Cuba republicana y democrática ha dejado de existir, sigue viva en cada cubano que está fuera del país y en muchos dentro de Cuba.  



La lumpenización, por definir de alguna forma la pérdida de valores cívicos, poco a poco va a desaparecer, y solamente quedarán vestigios de este mal.  La cultura de la honradez y el respeto volverá a tener vigencia.  Las personas llamadas a representar el orden y la ley dejarán de dedicarse a acumular beneficios personales y se desterrará el falso igualitarismo inmoral y se restaurará la conciencia ciudadana.


Las recientes protestas del 11 de julio en Cuba, muestran que los cubanos no hemos perdido la esperanza, y que aquella república fallida que mostró hechos vergonzosos como el gangsterismo, el bonche universitario, la corrupción de los funcionarios públicos y los golpes de estado, a pesar de todo, brindaba a los cubanos dos cosas que perdieron con la revolución: esperanza y libertad.  La palabra lumpen pasará al olvido como tantas cosas que no vale la pena ni recordar.




sábado, 14 de agosto de 2021

De cómo me olvidé del olor de los libros



 De cómo me olvidé del olor de los libros


“El saco de la sabiduría humana se había roto y se desgranaba en la noche de Temuco. No dormía ni comía leyendo... Para mí los libros fueron como la misma selva en que me perdía..." 

Pablo Neruda.


Todos nos hemos sentido atraídos por el olor de los libros en alguna ocasión. Y es que los libros en papel desprenden un aroma muy característico y que les identifican plenamente. Eso sí, el olor de los libros ha evolucionado. No huele igual un libro antiguo que un libro nuevo… y eso es debido a los componentes químicos que hay en ellos.


He leído interesantes explicaciones como esta: "los libros antiguos tienen un olor dulce con notas de vainilla, flores y almendras causado por la degradación de los compuestos que componen el papel, mientras que los libros nuevos su olor no suele considerarse tan especial y diferente a los otros, pero si tiene algunas características que se dan por la composición de los materiales usados como el papel, la tinta y el pegamento.”


Existen ciertas características que seducen a las personas y hacen que éstas se decidan por la lectura de libros en papel (entre otras cosas) frente a los libros electrónicos. Algunas de esas características tienen que ver con los sentidos: la vista (;les gusta ver el libro como objeto, en particular su portada, el tacto (les gusta tocar y sentir el libro) y, como no, el olfato (les atrae el olor que desprenden los libros).


Estoy seguro que desde niños hemos disfrutado pasando las páginas de un libro recién comprado y respirando el aroma fresco de papel nuevo y tinta recién impresa.  Y eso que no hemos acometido lo más importante, su lectura.


Volviendo al olor de los libros antiguos, diremos que es un olor embriagante y que se destaca cuando estamos en las bibliotecas y en las librerías de segunda mano.  En particular yo disfrutaba mucho en  las librerías de venta de libros de uso en Cuba y en México, donde fui particularmente impactado por la interminable cantidad de títulos y ediciones


La descomposición química de compuestos dentro del papel es la consecuencia del “olor a libro viejo”, donde sobre todo la celulosa y la lignina, entre otras sustancias químicas, son las responsables del color amarillento y de su olor.


Esta descomposición química se llama “hidrólisis ácida”, y produce una amplia gama de compuestos orgánicos volátiles, que contribuyen al olor de los libros antiguos.


Sin yo saberlo, desde una cuadra antes de llegar a mi librería de venta de libros, discos y revistas de uso, a la que me he referido en otros artículos, La Biblioteca, ya me atraía el olor de los libros viejos.  

Pero antes de eso, en momentos en que el olor todavía no representaba nada para mí, sino cuando me di cuenta de lo que representaba la lectura, se me quedó grabada una frase de Josep Conrad, “El autor sólo escribe la mitad del libro. De la otra mitad debe ocuparse el lector”, lo cual es cierto, la literatura nos despierta toda la fantasía que tenemos en nuestra mente y representamos, según nuestros gustos y modelos, lo que el autor quiso decir en su obra y eso no tiene nada que ver con el hecho de que el libro sea nuevo o viejo. Y pronto iba a recibir una lección muy esclarecedora sobre el tema.


En una de mis tantas visitas a La Biblioteca, me encontré un libro de Ray Bradbury que no conocía: El Placer de Quemar, algo así como una reflexión acerca de su famosa obra Fahrenheit 451, donde los bomberos, en lugar de apagar los fuegos, se dedican a incendiar libros.  Una persona se me acercó y me hizo un comentario sobre lo que quiso decir Bradbury con el libro que tenía en la mano y era que “No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe...


Esa persona no era otra sino el dueño de La Biblioteca, el lugar que tantas veces he nombrado y en el que me sentía tan a gusto entre miles y miles de libros de uso, discos y revistas, por lo que al reconocerme con un asiduo al lugar y un amigo de los libros me pidió que le dejara contarme una historia, que era algo así como la que narro:


“Había una vez (como deben empezar todos los cuentos) un ladrón que se dedicaba a robar exclusivamente libros viejos.  No solo no le daban importancia a su robo, sino que algunos se alegraron y le agradecieron que lo hiciera, porque, al menos en esos tiempos, a la gente le costaba mucho botar las cosas que ya no usaba aunque estuvieran viejas.  Y no se acostumbraba a donar nada, era una práctica que no existía, salvo para las grandes fortunas que ya no sabían qué hacer con tantas cosas y que además les servía para enaltecer su ego, y no como ahora, también para evadir el pago de impuestos.


Pasaron los años y el ladrón de libros viejos ya tenía una acumulación gigantesca de libros y como lo que se robaba no le daban importancia, nadie sabía quién era el ladrón, pero además como nunca le habían dicho nada, pensó que lo que hacía no era nada malo, por lo que se le despertó un apetito aún mayor, ahora por los libros que fueran todavía más viejos, como los que había en los museos, las bibliotecas, los conventos, las universidades y las iglesias.


Algunos de esos libros eran antiquísimos y muy valiosos, algunos ejemplares únicos que podían alcanzar un valor muy alto, pero a eso él no le daba importancia, para él eran solamente libros viejos como los que había estado robando durante mucho tiempo y a ellos les daba el mismo valor que el resto que había coleccionado.  


A causa del valor de esos libros, reforzaron la vigilancia, pusieron alarmas y finalmente lo capturaron.  De su gran colección solo se llevaron los libros que pertenecían a museos y bibliotecas, a pesar de que todos los tenía bien ordenados y protegidos, por lo que le preguntó a los policías por qué no se llevaban los otros, que eran muchísimos más.


Porque son libros viejos que no sirven para nada, fue la respuesta.


El ladrón fue a cumplir su condena, lo que le sirvió para reflexionar de que todos los libros, por viejos que sean, pueden servir para algo o para alguien y que no se deben despreciar porque están viejos y usados.   Su verdadero valor sólo se sabe cuando son leídos.


Al salir en libertad, el ladrón puso un establecimiento donde anunciaba la venta de “Libros usados y otros tesoros” y fue todo un éxito.  Fue así que la gente llevaba allí sus libros viejos, ya leídos pero que podían serles útiles y agradables a otros que no los hubieran leído.


Cuando el ladrón cumplió la condena que le impuso el juez montó un puesto al que llamó “Libros usados y otros tesoros”. Muchos llevaban allí sus libros viejos para darles otra oportunidad a esas páginas que ya no les resultaban útiles a sus dueños, pero que podían ser muy útiles en unas nuevas manos.


Todavía no sé por qué el dueño de La Biblioteca me hizo ese cuento porque él sabía que  yo era de los que sabía perfectamente el valor de los libros, que por estar usados, haber sido leídos por otras personas o simplemente por ser viejos, no dejaban de tener tanto valor de uso como valor de cambio.  Pero sin duda la moraleja puede y debe ser dada a conocer a otros que piensan que lo viejo, por ser viejo, hay que desecharlo.


Probablemente eso pensó un amigo que en México me regaló la enciclopedia completa de El Tesoro de la Juventud, una edición de los años setenta al cual él seguramente ya no le hallaba valor, y en la que sin embargo descubrí cosas nuevas y redescubrí otras viejas.


Y probablemente fue a partir de ese momento que vine a darme cuenta del olor de los libros viejos, que desde los tiempos de La Biblioteca me impactó y todavía seguía atrayéndome.



Las disyuntivas de la lectura.


Miguel Hernández, ese poeta gigante, nos dejó “El Niño Yuntero”, una pincelada de su autobiografía, que de alguna manera le recordaba que su padre le pegaba cada vez que lo veía leyendo por la noche, porque para él los libros eran sinónimo de pérdida de tiempo y lo único importante era que su hijo pastoreara el ganado, pero así y todo el pequeño Miguel se atrevía a encender un candil en su habitación cuando todos dormían porque para él la literatura era la vida misma.


En la escuela se incentivaba la lectura, pero no todos podían  ir a la escuela y no todos tenían acceso a libros, por lo que el ejemplo de Miguel Hernández nos muestra que la lectura no es un acto mecánico sino absolutamente voluntario de las personas y que en la medida en que, desde la primera infancia, cada uno sea formado en lo que luego se convierta en hábito o preferencia, hasta llegar a ser una necesidad o una forma de vida, ello se traduce en seres humanos más completos tanto social como intelectualmente, 


El acto de leer responde más al placer que a la necesidad, con independencia de que exista  como algo imprescindible la lectura informativa para estudiar.


Y como todo a lo largo de la historia, el libro ha tenido sus momentos de transición, es conveniente comenzar con la que he vivido más recientemente en este sentido.




Mi transición.


Tuve acceso hace alrededor de doce años a mi primer lector de libros electrónicos.  Al inicio era muy desconfiado con el dispositivo, sobre todo porque no tenía el olor de los libros.  Como la tecnología era incipiente, el lector era pesado, lento y se calentaba, pero así y todo me fui dando cuenta de que ese era el futuro y que inevitablemente, igual que en ese momento, cuando ya existía un veloz procesador i7 y un disco duro de 3 Terabytes, la cosa había comenzado con un procesador de 8 bits y un disco duro de 5 Megabytes, que era entonces del tamaño de un camión, y con los ebooks ocurriría exactamente lo mismo, y se impondrían modelos y tecnologías más avanzadas en todos los sentidos.


Pero cuando aquello, mis inicios con el libro digital, yo tenía mi biblioteca particular con miles de volúmenes, atesorados durante casi medio siglo, y que no podrían acompañarme a dondequiera que fuera por mucho que quisiera. 


Por eso con todas las vueltas que hemos dado los cubanos hasta finalmente lograr irme de Cuba con mis hijos, fue obligatorio deshacerme de mis libros y los regalé; algunos le dieron valor a lo que para mi era muy valioso y otros los tiraron al cesto de la basura o los vendieron por centavos.  Pero no importaba, lo que decían esos libros estaban ya para siempre conmigo y ahora con las posibilidades del libro digital podría recuperarlos y hacer que viajaran conmigo a cualquier parte.  Esto último no ha sido posible cumplirlo totalmente, hay libros que ni con dinero se pueden conseguir en ediciones digitales como dos entrañables de Maurice Leblanc, ese autor que nos trajo al personaje de Arsenio Lupin, y cuyas obras “La Isla de los Treinta Sepulcros” y “Dorotea, la Volatinera”, no he podido encontrar, por referirme solo a un ejemplo.

 


Esa transición no fue fácil porque cuando ya había alcanzado un grado importante de convencimiento de las bondades del libro electrónico, en México me robaron el lector, que además contenía cientos, probablemente mucho más de mil, de mis obras preferidas.  Fue así que, provisionalmente, al menos hasta que pudiera obtener otro ebook, retomé la búsqueda del olor de los libros viejos, en este caso en los llamados “Tianguis”, los mercados mexicanos donde se vende de todo y en los que me di cuenta de que ese país, uno de los punteros en cantidad y calidad de existencia de editoriales y gusto por la lectura en Latinoamérica, también había sido corroído por el virus de la ignorancia y un libro costaba menos que un kilo de nopales.


Allí conseguí muchísimas obras ya leídas y otras desconocidas para mí, y hasta me regalaron una colección de la Enciclopedia El Tesoro de la Juventud de los años setenta como narré.  Quiere decir que el olor de los libros viejos me acompañó durante gran parte de los cinco años que viví en ese país.


Al llegar a Estados Unidos, vi que el ebook es el rey, a pesar de lo cual el sistema editorial de libros impresos sigue siendo muy fuerte y la venta de libros físicos también, pero los miles de libros que conservo en mi Kindle, un aparato que no cambio por ningún libro, satisfacen mi sed de lectura de forma que siempre tengo cientos de libros pendientes de lectura.


Pero desde hace tiempo, cada vez que me he ido de vacaciones a Fort Myers Beach, me he encontrado que hay una buena cantidad de tiendas de cosas usadas, las llamadas thrift store, que siempre tienen una importantísima carga de libros, muchos de ellos como nuevos.   Me he resistido a no comprar alguno de ellos, pero hay autores que he seguido con atención y algunos de sus títulos o no han sido traducidos al espanol o simplemente no se consiguen en su versión digital sino a precios bastante altos, por lo que finalmente me rendí ante la evidencia y compré unos cuantos ejemplares.  


Se que no es lo mismo cuando comienzo nuevamente a leer un libro físico con los obstáculos que ahora le encuentro a ese tema: necesito tener una luz prendida para leer, tengo que marcar por donde dejé la lectura, no puedo hacer uso inmediato de acotaciones del libro ni tomar notas para después revisar, sino hacerlas con un lápiz o bolígrafo en la página y es probable que me pese mucho más que el ebook o me moleste la solapa, pero siempre es bueno volver sobre lo andado.  Pero,  así y todo estoy disfrutando, como si leyera por primera vez en ese formato, “White Flame'' de James Grady, el autor de “Six days of the Condor”.


Pero lo mejor de todo es que no tengo que hacer como un amigo, que me dice que se acostumbró también a leer en dispositivos electrónicos, pero que necesita, imprescindiblemente, prender una de las velas que imitan en olor de los libros viejos y que si no es así no puede concentrarse en la lectura.


Los inicios del libro


Fue en Mesopotamia, cuna de la primera civilización humana, donde Sumerios, Amoritas, Asirios y Caldeos poblaron las fértiles tierras entre los ríos Tigris y Eufrates, abandonaron el nomadismo y construyeron las primeras ciudades, 


Crearon técnicas para la construcción y el represamiento de las aguas que hicieron que el hombre alcanzara cierto control sobre la naturaleza.  Pero un asunto vital fue que fueron los Sumerios los que desarrollaron la primera escritura humana, la escritura cuneiforme en placas de arcilla, el primer paso hacia la evolución de la escritura y la aparición del libro.



En la historia del Libro el libro mesopotámico no solo fue el primero sino que tenía unas características muy destacadas.  Se escribía por el frente y el reverso de la tablilla, al final había un colofón con el título de la obra, el propietario de la tableta, el autor y el escriba y se  incluía la fecha y una maldición para quienes se apropiaran de ella, la destruyeran o copiaran, una versión de esos tiempos para el derecho de autor.


Las tablas de arcilla eran unidas por medio de anillos o correas y sus contenidos iban desde documentos, narración de victorias militares, textos literarios, textos para la enseñanza, fábulas y obras de astrología, medicina y matemáticas, destacándose entre ellos “El Código de Hammurabi”, que regulaba los derechos y deberes de las personas y el  “Poema de Gilgamesh”, narración en verso sobre el  legendario gobernante de Uruk, la ciudad de la antigua Babilonia..


El libro Sumerio se puede comparar con el momento en que Neil Armstrong pisó por primera vez la superficie lunar: un inmenso paso para la humanidad.  Ambos representaron un antes y un después en el desarrollo de la sociedad.


Después vino el papiro con los Egipcios, que emplearon los rollos fabricados a partir de la médula de esa planta tan abundante en las orillas del Nilo y que se cortaba en tiras, prensaba, plegaba y secaba, obteniendo una hoja en la que se podía escribir con el tallo de una caña y que tras ser procesadas por el escriba se pegaban unos con otros obteniendo rollos de decenas de metros de largo.  Y sorprendentemente la tinta empleada, roja y negra, contiene pigmentos y plomo, para que secara rápidamente y se impregnara en el papiro.


Más tarde en Grecia surge el pergamino, en esencia la piel del cordero y otros animales, debidamente tratada y que resultaba ser una superficie muy pulida, elástica y resistente, por lo que fue el mejor soporte de la escritura y que se siguió empleando durante varios siglos


Y siguiendo las pautas de los Sumerios, los libros, fueran de tablillas, papiros o pergaminos protegidos por una cubierta de madera, donde su versión más moderna fue la de pergaminos pegados como tapa y en su interior papiros o pergaminos escritas por ambas caras.


Mientras esto ocurría en la mayor parte del mundo, en la cerrada sociedad china se había inventado en el año 105 el papel y en el siglo VI la impresión con caracteres de madera (los chinos siempre inventando), una etapa decisiva en la historia del libro y la más importante en la de la imprenta: los tipos móviles.


Los tipos movibles o intercambiables primero fueron de arcilla en 1041 y en 1298 de madera y se crearon las mesas giratorias de impresión.   Sin desdorar su mérito, toda la gloria se le ha atribuido a Johannes Gutenberg, quien se apropió del invento chino e imprimió con la máquina que creó la Biblia de Gutenberg, lo que representó  para el mundo occidental la universalización de la imprenta y el libro.


Pero el libro impreso más asntiguo no es la Biblia de Gutemberg, sino uno del año 868, seis siglos antes, el Sutra del Diamante, descubierto hace un siglo en una cueva china y que hoy se conserva en la Biblioteca Británica.


Del resto todos lo conocemos de una forma u otra, la imprenta y el mundo del libro, con la aparición de las editoriales, representaron una de las fuerzas económicas más pujantes de los últimos siglos.  Después se inventó el formato de bolsillo, con libros pequeños y económicos, se introdujeron diferentes tipos de letras, entre ellas las cursivas, que ahorran espacio e hicieron más sencillo y cómodo el proceso de lectura.


Ese fue el formato que conocimos de niños, de jóvenes y hasta de viejos, hasta que apareció el e-book, una de las más impactantes fases de la revolución digital.


La revolución digital llega al libro.


Este proceso de transformación o transición del libro del papel a lo digital no es ni la primera ni la mayor revolución en la historia del libro.


Mientras unos ganan adeptos y ceden sus posiciones en favor del otro, cada uno tiene sus ventajas y desventajas y ambos conviven en el mundo de la literatura y el pensamiento.


Mucho antes de que Internet se hiciera conocida mundialmente, surgió el primer libro electrónico de forma global en 1971 con el Proyecto Gutenberg, que pretendía y lo ha logrado en gran medida, crear una biblioteca digital gratis con libre acceso, con obras clásicas de la literatura mundial.


Una década más tarde aparece el primer libro digital a la venta,  el Random House 's Electronic Dictionary.  De ahí en adelante el avance fue más lento, hasta que en 1996 aparece el lector Rocket en una versión avanzada pero con un precio también muy avanzado, 250 dólares,  Le sigue Softbook, también muy caro y con una suscripción de 20 dólares mensuales para descargar libros vía módem telefónico.


Le siguen decenas de dispositivos diferentes, pero todos muy lejos del camino que finalmente encontraron estos dispositivos.  Pero llegó una prueba que hizo que editoriales, creadores de contenidos y fabricantes de dispositivos se dieran cuenta de que había un mundo nuevo por explotar ante ellos, y fue cuando Riding the Bullet, un título de Stephen King, vendió en su versión digital medio millón de ejemplares en dos días a 2,5 dólares cada uno.  ¡Casi dos millones de dólares a los precios actuales en dos días!.


De cualquier dispositivo que tuviera memoria y pantalla, se pasa entonces a la especialización de dispositivos dedicados exclusivamente al libro electrónico, de forma tal que emularon con los libros tradicionales, a partir de que contaban con bajo consumo de energía, alto nivel de contraste aún con luz diurna y pantallas con dimensiones no muy pequeñas, sino parecidas a las de los libros tradicionales.


Ello vino acompañado de que los fabricantes y editores se pusieron de acuerdo para unificar en pocos formatos los que se pudieran leer en los equipos, mientras que en el orden tecnológico surgió un elemento transformador: la tinta electrónica.


La tinta electrónica fue el auténtico detonante para el despegue de los eReaders , porque las pantallas de tinta electrónica permiten una lectura natural con sensaciones aún superiores a las de leer un un libro de papel y con menor fatiga visual que leer en otro dispositivo digital.



Y Fiona fue el proyecto inicial del que surgió el Amazon Kindle, el que en 2007 cambió completamente el mundo del libro digital y puso a temblar el libro convencional.  La popularidad del Kindle fue tal que popularizó la lectura de libros electrónicos, sobre todo en Estados Unidos.


Con el Kindle apareció el teclado físico y más tarde uno virtual, la pantalla de tinta electrónica y aunque fue un producto más cerrado que otros competidores, con características muy positivas, se convirtió, también gracias al programa Calibre de su propiedad, en el referente del e-reader o lector de libros electrónicos.  Pero además se acompañó de algo más importante, la creación de un sistema de venta y suscripción de títulos, con el que comenzó, junto con la venta de libros físicos, el gigante Amazon.


Después surgirían muchas versiones de Kindle hasta llegar a Paperwhite, más ligero, mejor contraste y mayor velocidad de cambio de páginas y que fue reduciendo su precio hasta hacerlo más compacto y de mayor capacidad, por lo que nadie ha podido destronarlo.


Una nueva modalidad: los audiolibros


Ahora ha surgido, buscando su cuota de mercado, el llamado Audiolibro.  Muchos se preguntan qué es esto, y yo también.


Yo no incluiría a los Audiolibros dentro del concepto de lectura, porque no se trata de eso, no es lo mismo leer un libro que escucharlo, porque la lectura, aunque no representa un mayor esfuerzo mental que la escucha, porque para comprender el lenguaje escrito empleamos un proceso mental similar al que utilizamos para aprender el lenguaje oral, no creo que se obtengan resultados similares si leemos o si escuchamos lo que otro lee.


Si algo tiene de positiva y de creativa la lectura es que decodificamos el texto escrito y lo imaginamos en nuestra mente de la forma que queramos, lo que hace que vivamos la historia dentro de nuestra psiquis   Pero leer es algo que hacemos, mientras que escuchar es algo que alguien nos transmite, no lo hacemos, sino que nos ocurre, somos un ente pasivo en ese proceso.  La lectura impone que tomemos parte activa en la narrativa, mientras que un audiolibro avanza aunque no hayamos entendido o procesado lo que otro lee, por lo que el impacto en nuestra conciencia no es totalmente efectivo y no tendrá el efecto que tiene la lectura, la que nos obliga a procesarlo y hasta que no lo hagamos no avanzamos.


Vuelvo a la cita de Josep Conrad, de que la mitad que nos toca poner como lectores va a desaparecer porque alguien está leyendo por nosotros y en su vocalización va a mostrar sus estados de ánimo, sus exclamaciones, sus inflexiones, algo que nos tocaría hacer si estuviéramos leyendo nosotros.


Puede que escuchar un libro y no leerlo no sea necesariamente negativo o nocivo, puede que pueda ser una excelente herramienta para los niños, aunque creo que nunca van a sustituir los cuentos de los abuelos, pero considero que leer y escuchar son dos medios diferentes que no necesariamente pueden lograr los mismos resultados.  


Sin duda alguna me quedo con la lectura.  Para lo otro está la radio, aunque hay quienes afirman que también la era del podcast está al finalizar.  ¿Quién sabe?, cuando la televisión comenzó su auge, muchos vaticinaron que la radio tenía los días contados y siete décadas después, sigue bien viva.


La disyuntiva de los lectores de hoy


Muchos se preguntan si se lee más en formato impreso o en digital.


Todo parece indicar que el libro digital le va ganando la batalla al del libro físico, pero no es una victoria rápida ni definitiva, porque a pesar de que ahora hay muchísimo menos lectores que hace no un siglo, sino medio siglo, todavía sigue existiendo una cantidad importante de gente que valora lo que es la lectura y no solo con fines educativos o profesionales, sino como entretenimiento y cultura.


Y es que simplemente algo tan arraigado en la civilización como la lectura no desaparece ni se extingue, simplemente se acomoda a los cambios tecnológicos que se producen en la sociedad y avanza junto con ellos.


No hay duda alguna de que el libro físico es más lento y costoso de producir y distribuir que el digital, mientras que el libro electrónico tiene muchas ventajas pero algunos lo consideran impersonal, cosa que no es cierto.  Hoy en día las ediciones digitales tienen el mismo rigor que los de papel y tinta y además el libro electrónico tiene un alcance universal que nos permite conocer autores y obras de cualquier parte del mundo, que probablemente en libro físico jamás conoceríamos.


Mientras que el libro en papel para unos nos da el placer de tocarlo, escribirlo, subrayarlo, dedicarlo, regalarlo o prestarlo (y olerlo por supuesto) e inclusive guardar algún recuerdo dentro de él, el libro electrónico es de más fácil transportación y lectura, no requiere de luz externa para verlo y en un solo volumen, de poco peso, se pueden cargar miles de obras literarias o libros de todo tipo, por lo que se dice que gracias a los ebooks ahora se lee más.


Aunque ya no se ven, como antes, a gente leyendo en todas partes, como acostumbraba a ver en los viajes en guagua, todavía mucha gente lee sistemáticamente, conversa sobre literatura y siguen considerando la lectura un valor intrínseco e inseparable del ser humano y todos nos creemos mejores si leemos, nos sentimos más cultos y preparados para la vida gracias a ello.


Mientras que el libro físico puede ser un regalo que se guarde para siempre con cariño, no es práctica regalar un libro o un grupo de obras digitales.  Por otra parte el libro digital pasó de su primer soporte, la computadora, a poder ser disfrutado en cualquier dispositivo electrónico, ya sea una tablet, un teléfono celular, hasta su más pulido soporte, el lector de libros electrónicos o e-reader.


Y otra ventaja es que la descarga de los contenidos digitales cada vez son más baratos e impera, con un gran volumen, los títulos gratuitos, que van desde obras antiguas y clásicas hasta contemporáneas, tanto en cualquiera de las manifestaciones de la literatura y de las obras educativas o de consulta.


El formato digital nos permite contar con los libros que desees cuando quieras, son fácilmente descargables y se leen en la pantalla en lugar de pasar las hojas de papel, despiertan en la última página que leíste, y son de fácil acceso en ellos la tabla de contenidos, comentarios, notas y los gráficos y fotos se ven igual que en el libro impreso.


Un ebook es un libro en formato electrónico. Así de fácil. Este ebook se descarga a un ordenador o cualquier otro tipo de dispositivo de lectura y se lee en una pantalla en lugar de pasar las hojas de papel. Puede haber páginas numeradas, tabla de contenidos, fotos y gráficos exactamente igual que si el libro fuera impreso.


Casi seis siglos de existencia del libro tal y como lo conocemos hoy, se ve amenazada por ser sustituida por el libro electrónico o digital, que con alrededor de 25 años de existencia, domina alrededor del treinta por ciento del sector en Estados Unidos y mientras se reduce la producción del libro de papel, aumenta la de los digitales.


Ya no hay que hacerle caso a Benjamin Disraeli cuando dijo que cuando necesitaba leer un libro, lo escribía.  Ahora basta con descargarlo de Internet.


Como diría mi abuela: el libro de papel y el electrónico son el mismo perro con diferente collar.


Y al margen de esta disyuntiva, hay otra más grave, la de los que leen y los que no leen.  Para estos últimos, está la frase de Neruda:


"Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo".


Desgraciadamente la tecnología está convirtiendo a los seres humanos en entes no pensantes, a los que se les da todo masticado, anquilosando el cerebro y condicionándolo a mecanismos que no le aportan nada a su intelecto y a su desarrollo.  Y lo triste es que ese proceso comienza desde la infancia y al llegar a adultos no saben hacer nada, ni siquiera una operación matemática sencilla, sin la ayuda de un procesador digital, sea cual sea.  El teléfono celular inteligente nos hace más brutos y ha sustituido al reloj, la cámara, el calendario, el despertador, los mapas, los equipos reproductores de audio, los reproductores de video, el televisor, los dispositivos de juegos electrónicos, el profesor, el libro y hasta a la familia.


Para mí ese es un triste destino de la humanidad, y va mucho más allá del libro y la lectura.  Ojalá que no pase como ocurre con los muertos, que reciben más flores que cuando estaban en vida porque el remordimiento y el arrepentimiento es mucho más fuerte que el amor y la gratitud.  Por eso, ante una fiesta de amigos y familiares, yo pondría un gran letrero que dijera: “no hay WiFi, hablen entre ustedes”.


Pero al final, como bien dijo Abraham Lincoln: “mi mejor amigo es la persona que me dió un libro que no había leído”, y eso será cierto con independencia de si es un libro en papel o electrónico.