lunes, 15 de noviembre de 2021

El cliente y el marchante: frases y vocablos en desuso II.



 El cliente y el marchante: frases y vocablos en desuso II.


El lenguaje popular, según algunos académicos, es la verdadera forma de hablar del pueblo, con palabras llenas de vida, de colorido e ingenio que permiten de cierta forma librarse de la rigidez del idioma académico oficial y que hace que muchos nuevos vocablos, por su uso intenso y extensivo, se infiltren en el diccionario de la academia.


El tiempo se encarga de dejar atrás las voces que quedan en desuso y por ende se van olvidando.  En ello incide no sólo la gracia, el gusto y la originalidad, sino que en su mayoría están influenciadas por voces de otros idiomas, giros deportivos, tecnológicos y sobre todo por letras de canciones que al final fijan tanto cosas originales y bellas como detestables y vulgares.


Muchas de esas palabras que eran usadas en Cuba eran producto de omitir o alterar el orden de las consonantes, las vocales o sílabas, gran parte eran regionalismos que se usaron solo localmente y otras de mayor alcance, que fueron modificándose  en el léxico de una generación a otra, por lo que me voy a referir a las que eran más comunes durante mi infancia y juventud y que ya casi no escucho.


Los que fueron nuevos giros del idioma entonces, ahora son vocablos que pasaron y se olvidan, los artistas populares sobre todo inventan modismos y barbarismos que se hacen de uso diario como jerga popular, pero que con el tiempo son sustituidos por otros.  Aquí tenemos algunos:


Pero lo cierto es que el mundo cambia y nuestro vocabulario se tiene que adaptar y formar parte de esos cambios, los que en definitiva, nos guste o no, enriquecen y actualizan el idioma.


A


¡Abur!: una despedida cortés, adiós.


Acabóse (el): algo que no se esperaba, que llega al extremo con un final trágico.


Adré: es apócope de adrede, a propósito


Agua bomba: agua del tiempo, especialmente en verano.


Aguinaldo: al prohibirse la navidad en Cuba, esta palabra, tan asociada a esas fechas, también pasó al olvido.  Es un regalo, retribución especial o gratificación que se da por Navidad para hacerle frente a los gastos de esas fechas.  Era usual encontrar una alcancía en forma de Santa Claus en los establecimientos comerciales para que los clientes depositaran allí su aguinaldo.


¡Alabao!: Interjección de asombro.


Alantico: diminutivo de alante.


Ampanga (de): Fulano es de ampanga, significa que es una persona conflictiva, difícil.


¡Anjá!: interjección de aprobación.


B


Babia (estar en): estar despistado, ensimismado en un pensamiento y sin importarle nada.


Barrenillo: insistencia que causa molestia.


Bejuco: el telefono.


Berocos (los): los testículos, ¡no me sale de los berocos!


Berro: no es la planta que comemos en ensalada, sino significa disgusto, molestia.


Bledo: me importa un bledo, se refiere al escaso valor de esa planta y se identifica como alo despreciable.


Bomba (una), pecuña, tapa, es una peseta, una moneda de veinte centavos.


Boruga: requesón con azúcar que se toma como refresco que por su saber mi padre siempre  usaba la frase "es mas malo que boruga".


Botija verde: uno de los mayores insultos con una expresión muy usada “le dije hasta botija verde”.


Brava (a la) o a la cañona: por la fuerza.


Bruja: estoy bruja, estoy sin dinero.


Bofe, Chorro e’ plomo: un tipo pesado.


Buti: muy bueno, de buena calidad o apariencia.


C


Cachimbo: cosas de poco valor o también una pistola.


Cachumbambé: columpio o balancín, un tablón apoyado en el centro para subir y bajar alternativamente. (Cachumbambé, la vieja Inós, que fuma tabaco y toma café).


Cagua: sombrero.


Caja: (estar en caja) es cuando algo está ajustado y como uno lo quería.


Caja del Pan: el estómago (¡le dió por la caja del pan!), se decía que los boxeadores negros no llevaban por la caja del pan (cuando les daban por el estómago eran nocaut).


Cajetilla: es la dentadura haciendo un símil con las cajetillas de cigarros.


Calambuca: una beata muy apegada a la iglesia pero con falsa o exagerada devoción.


Calimbar: es marcar a los animales con un hierro ardiente  pero era más empleado para  castigar a alguien.


Cambia casaca o maromero: es el político que se acomoda a lo que le conviene.


Camisa de once varas (meterse en): meterse en un problema sin necesidad.


Campana: (estar) es sentirse bien.


Cañangazo: tomarse un trago de bebida alcohólica.


Cantúa: es un dulce de boniato, coco, ajonjolí y azúcar prieta, pero también se refiere a masturbarse.


Canuto: alguien muy bruto; mientras más viejo más bruto.


Carañuela: es hacer trampa en un juego. 


Carijo, sinónimo de carajo más bien en el habla del campesino.


Catibía: es un dulce hecho de yuca rallada y seca, pero se refiere a estar bobeando (no comas catibía).


Cayuco: un tipo rudo y tosco.


Cien (el número): se refiere a ir al excusado.


Ciro, Cirilo: sí, afirmativo.


Crápula: alguien que está en una organización criminal o se reúne con delincuentes.


Cuerazo: golpe dado con un látigo de cuero u otro instrumento de castigo.


Cundango, Cherna, Ganso, Pato, Yegua, Loca o Pájaro: distintas formas de nombrar a un  homosexual o maricón. Así se les identificaba a los que ahora conocemos como “gay” que en inglés significa alegre o divertido, cuando muchos de ellos no lo son.


Chayote: persona poco hábil o ignorante.


Cheche: alguien que quiere darle la brava a todo el mundo porque se cree mejor que los demás.


Chinchín: una llovizna fina.


Chiquear: dar un trato familiar o afectuoso.


Chiringa: hermano menor del Papalote o Cometa construido de forma rudimentaria que vuelan los niños.  


Chiripa: casualidad, azar, carambola.  Se salvó de Chiripa.


Choricera: es un tumulto, un desorden o un caos.


D


Desfrutabombao: que está mal de la cabeza.


Desguabinao: cansado, muy fatigado.


Destimbalarse: desbaratarse, sufrir un accidente.


Durañón, Codofredo: agarrado, tacaño., que camina con los codos.


E


Empacho: una indigestión, un dolor de estómago.


Encartonado: muy pálido, débil, desnutrido, se aplicaba a enfermos de los pulmones o tuberculoso.


Enyerbar: la solución de algún problema presenta muchas dificultades.


Equelecuá: viene del italiano eccolo qua, es una exclamación que se usa cuando se descubre, encuentra o confirma algo o tenemos una respuesta o solución.  Equivale a eso es, lo encontré, aquí está.


Escarrancharse: separar o abrir en exceso las piernas.


Esqueleto rumbero: alguien muy delgado.


F


Fá: al detergente en sentido general se le llamaba Fá, un apócope de una marca popular: FAB.


Féferes: tarecos, menudencia, trastos.


Ficha: alguien de baja condición moral.


Fletera: prostituta.


Flus o Flux: un traje de hombre.


Forro: trampa, engano.


Fotingo: un carro viejo (viene de foot in and go, los llamados tres patás de la Ford).


Fricandó: frio.


Fuácata: estar en la pobreza, la miseria, no tener dinero, estar en quiebra y fuácata es también  la onomatopeya de un golpe o caída.


Futibarse: escaparse de la escuela.



G


Galúa: una bofetada.


Gandío: alguien haragán, vago, comelón y que lo quiere todo para sí.


Gocho: define a la persona que come como un cochino, un puerco, un cerdo, sin modales.


Grillo, Lagartija: una mujer muy fea, sin atractivos.


Guabina: es aquel que quiere estar a bien con todo el mundo para no buscarse problemas y nada en cualquier agua sin tomar posiciones.


Guacarnaco, Guanajo, Sanaco, Zonzo o Zanguango: maneras de llamar a un bobo o mentecato.  


Guacho: un campesino, un guajiro.


Guanajote: tonto o menecato, aumentativo de Guanajo.


Guano: representa el dinero.


Guaniquiqui, Féferes, El Gallo: el dinero.


Guiso: (dar), echarse al pico, eliminar, romper con alguien o matarlo.


Güititío o huititío: un alfeñique, alguien diminuto y muy delgado.  El mejor ejemplo era la propaganda de Charles Atlas que decía: ¡No sea un alfeñique de 44 kilos!.  Angelo Siciliano fue un niño pequeño y débil que se convirtió en el fisicoculturista más importante de su época.


H


Habitante: sinónimo de vago, un tipo despreciable, que vive de los demás.



I


Invertida: tortillera o lesbiana. Cuando uno era pequeño se preguntaba qué cosa tendrían invertida.


J


Jacarandosa: alegre, simpática, desenvuelta.  El nombre sirvió para un anuncio de la cerveza Hatuey.


Jaiba, Jutia, Penco, Zopenco o Cucaracha: un tipo cobarde.


Jalao, juma o curda: una borrachera.


Janazo: un golpe dado con una estaca o palo puntiagudo que se usa para sembrar llamado Jan (dar jan).


Jarretúo:  Alguien que se comporta como si fuera más joven que la edad que tiene. Ingenuo.


Jeremiquear: gemido o llanto sin verdadero motivo para ello.


Jeringar: molestar, jorobar, fastidiar, irritar, una forma mas educada de decir joder.


Jolongo: saco de tela o yute con una cuerda en la boca para cerrarlo.


K


Kikimbol: un juego mezcla de softbol, béisbol y fútbol, porque se juega en un terreno de béisbol, juego al que más se asemeja y donde se patea, se coge y se tira una pelota grande.  Se consideró un juego imperialista después de la revolución.  Las nuevas generaciones no tienen idea de qué cosa es.



Kilo Prieto: era la moneda norteamericana de un centavo.


L


Lea: una mujer.


Lipidia: lipidioso, es alguien majadero, fastidioso, molesto, que siempre busca problemas.


Luna de Valencia (estar en): Alguien despistado, distraído o rezagado. 


M


Magua: representa engaño y también dinero (la magua).


Majomía: insistencia extrema.


Mamalón: el que vive de lo ajeno.



Manganzón: un tipo vago, perezoso.


Marchante: es el cliente de un comercio.


Maruga: es el tipo que no paga sus deudas o también se usa para señalar cosas inservibles.


Matrero: alguien engañoso en quien no se puede confiar.


Matul: es un bulto con ropa. ¡Recoge los matules y vete!


Matungo: se refiere a caballos viejos con muchas mataduras y a personas débiles y delgadas.


Mediotiempo: una persona de la edad madura.


Merequetén: es excelente, muy bueno, exitoso. ¡Le zumba el merequetén!.


Mingo: es el que sirve como objeto de burla de otros, alguien fácil de manipular, igual que la bola blanca del billar.


Moreno: se refería a una persona de la raza negra.


Moro: era empleado para designar a las personas de origen árabe, en particular los de mayor presencia en Cuba, los sirios y libaneses, de tez oscura, facciones finas y cabello negro lacio.  Un buen ejemplo es: "La Mora" de Eliseo Grenet, un clásico de Barbarito Diez con la orquesta de Antonio María Romeu:


"Allá en la Siria hay una mora

que tienen los ojos más lindos

que un lucero encantador,

¡Ay, mora! acabame de querer

que mi corazón está

que se devora

por quererte tanto mora..."


Moropo: la cabeza.


Morrocoyo: alguien que es duro para entender, poco inteligente.


Murumacas: es gesticular a otra persona.


N


Narra: se refería a los chinos o más bien a los asiáticos en sentido general, los que también eran llamados "paisano" o "capitán".  Y la "jaula del narra" era la fonda de chinos.


Negrada: es un grupo de negros; despues de la revolución se consideró una expresión  racista.


Nichardo, niche: una persona de raza negra.



Níquel: (un) era una moneda de cinco centavos y si era americano se le decía un búfalo.


Ñ


Ñame, cayuco: es alguien torpe, rudo, sin inteligencia ni capacidad, alguien bruto e inepto.


Ñao: miedo.


Ñáñara: una lesión en la piel.


Ñapa: una recompensa, algo que se añade gratis al comprador por el vendedor, la contra.


Ñinga: es el excremento de las personas: ¡que se vaya a la ñinga!.


Ñongo: un bobo.



P


Paluchero: el que habla mucha bobería para ganarse la simpatía de los demás.


Paraguayo: un machete recto de hoja larga que usaba la Guardia Rural.


Pardo: era así como se designaba a los mulatos.


Patato: una persona de baja estatura, había un pelotero famoso apodado Patato Pascual, Carlos Pascual, que no era tan bajito pero si comparado con otros (medía 5 pies 6 pulgadas o 1.68 metros) fue un pitcher, hermano del All Star de Grandes Ligas Camilo Pascual, y que también jugó para los entonces Senadores de Washington.  Antes del apodo de Patato, le decían “el cañón de Luyanó”, por la potencia de su brazo y jugó en la liga cubana de Béisbol, tanto con el Almendares como con el club Habana.


Patiseca: una fruta que ha perdido su jugo, alguien muy delgado, famélico.


Pega: (la) es el trabajo, la tarea.


Pepa (¡Viva la Pepa!): situación de desorden, juerga o bullicio.  Alude a la constitución española de 1912, promulgada el día de San José (Pepe).


Percha: es el saco de un traje.


Picador: es aquel que vive sin trabajar.  Se aplicaba al que pedía cigarros pero que también pedía de todo mediante la picardía criolla y el cuento que podía ir desde la enfermedad o la muerte de un familiar hasta lo mala que estaba la situación.


Pío (no decir ni pío): conformarse, no protestar, permanecer en silencio.


Piruja: prostituta.


Pitiminí: un alfeñique, igual que un güititío.


Polacos: puede que algunos fueran polacos, pero así se les llamaba a todos los emigrantes de Europa Oriental, muchos de ellos judíos, que comerciaban de forma mayoritaria en la calle Muralla en La Habana Vieja y sus alrededores, dedicados a la venta de telas y mercería.


Popis: tenis de goma y lona o tela muy baratos como eran los US Keds y ahora los famosos y caros Converse. Es curioso que en México la palabra es sinónimo de mierda.


Porra (¡vete a la porra!): mandar a alguien a un sitio odioso, mandar al carajo o al infierno.


Pulirla: es trabajar mucho, con ahínco para sobrevivir.


Punto: un personaje (Tremendo Punto, un Punto Filipino); puede referirse a alguien travieso o atrevido, aunque también puede designar  alguien noble e inocente, como el que se gana la lotería o juega a la bolita y obtiene un premio y entonces se dice: “el punto gana y se ríe, el banco pierde y se va”.  Recordemos la canción de la Orquesta Aragón, de la autoría de Richard Egües, “Tremendo Punto”, cuyas letras parece que venían de las conversaciones de los bares y barras de las bodegas.


Q


Quimbambas: en casa de las quimbambas significa muy lejos, un lugar impreciso, en casa del carajo.


R


Real: (un) realito Roosevelt era la moneda de diez centavos norteamericana que durante mucho tiempo tenía un por ciento de plata.


Rebambaramba: una confusión o alboroto, una bronca ruidosa, un altercado sonado, sobre el cual Amadeo Roldan compuso la suite “La Rebambaramba''.


Relambío: un tipo fresco, que se las da de gracioso y atrevido con las mujeres.


Revencúo: alguien intransigente o muy porfiado, que no cede.


Reverbero: una estufa de alcohol de poca eficiencia.  Probablemente todos los menores de cuarenta años no sepan de qué se trata, si acaso conocerán el dicho "reverbero, calienta pero no cocina", un chiste de tipo sexual aludiendo a ese artefacto de la cocina que podía servir solamente para platos muy poco elaborados.


S


Sambenito: echar públicamente la culpa de algo (le colgaron un sambenito), significaba una deshonra para la persona y sus descendientes.


Sangrón: alguien molesto, impertinente, pesado.


San se acabó, se acabó lo que se daba: se terminó, algo llegó a su fin o se completó.


Sapingo: es un insulto extremo que define a un estúpido, un comemierda.


Se armó la de Pancho Alday: una fajazón que termina en tragedia.


¡Sió!: es una voz para mandar a callar.


Sirimba: un desmayo, un desvanecimiento’.


Socotroco: seboruco, es sinónimo de bruto.


¡Solavaya!: cuando uno no quiere tener nada que ver con alguien o con algo, se usaba esta palabra.  Los muchachos decíamos así cuando veíamos venir al policia de ronda o pasar a un carro fúnebre.  Los mayores la decían cuando se hablaba de un enfermo, la muerte, el anuncio de un ciclón o un desastre natural.


Subuso: ni hablar, de eso nada monada.


T


Tacos: los zapatos; un experto en el juego de billar.  También un juego parecido al béisbol pero jugado con un pedazo de palo de escoba como bate y una pelota de papel forrada con “teipe: o cinta aislante, o hasta con un corcho o una tapa de botella.


Tapiñao: algo que está oculto.


Tarimaco: cualquier objeto que no sirve para nada.


TItingó: una bronca o revuelta, un pleito multitudinario, una reyerta, un molote.


Toletazo: golpe dado con un tolete o palo que usaban los policías.


Torombolo: un tipo gordo y barrigón.


Tralla: la cadena del reloj de bolsillo conocida por leontina; tralla identifica también a los delincuentes o gente de malvivir.


Tránsfuga: alguien que siempre está huyendo por llevar mala vida o que cambia constantemente de bando.


Trompetilla:el sonido de cerrar la mano en forma de trompeta y soplar con la boca, con el fin de desaprobar o burlarse de alguien.  Era toda una institución cubana que ya apenas se usa.


V


Verraco es alguien majadero, impertinente e idiota.


Ventrecha: ¡le partió la ventrecha!, es la zona del pez próxima a la cabeza, el mismo vientre.


Vigueta: algo muy sonado, tremendo (cogió una borrachera vigueta).


Viyaya: identifica a alguien muy vivaracho, travieso, dinámico y alegre.  En el patio central de la desaparecida Plaza del Vapor en La Habana, se organizaban juegos de pelota donde entre los hombres había una mujer que jugaba la primera base, Eulalia González, conocida por "Viyaya", que desplegaba un juego contagioso y travieso y los pitchers rivales no tenían paz con ella, por lo que le arrimaba la bola, dando pie a muchas broncas.  Era el ejemplo vivo de lo que era una "Viyaya", lo que hizo que la contrataron para jugar en Estados Unidos en la liga femenina.  Pero en realidad se aplicaban a niños muy traviesos.



W


Warandol: es una de las telas más empleadas para hacer sábanas. “Como warandol de a peso”, significaba algo bueno y barato.


Z


Zambeque: alguien tonto y majadero.


Zambullo: una persona pequeña y sucia.  No sé por qué empleamos la voz: zambullo, suelta lo que no es tuyo, que quiere decir que no te apropies de lo ajeno.


Zoquete: alguien irrespetuoso.


Y así habrá muchísimas otras que ahora ni recuerdo ni encuentro.  Si mi abuela estuviera todavía entre nosotros, seguramente me hubiera dicho decenas más.


Añoranza por el lenguaje 


Muchas palabras quedan en el olvido, surgen otras que las sustituyen o que responden a los cambios en el mundo, las nuevas tecnologías y las nuevas modas, costumbres o funcionamiento de la sociedad. Esas palabras pueden desaparecer y olvidarse, pero no la Cuba donde las conocimos.


Cuba no se olvida, no es una bandera o una guayabera, una comida o un paisaje, una playa o el cielo azul, o las palabras que escuchamos durante nuestra niñez y juventud, sino el conjunto de todo eso que al final es una herida abierta en el alma y que nos acompaña hasta el final.


Por eso habrá siempre palabras nuevas, pero estas, algunas de las que eran el hablar popular de nuestra juventud, son parte importante de nuestra existencia y de nuestra cubanía.  No importa que ahora no las entiendan ni siquiera los cubanos más jóvenes y mucho menos nuestros descendientes que nacieron en otros países.  Pero para nosotros siguen significando mucho.







sábado, 6 de noviembre de 2021

El cliente y el marchante: frases y vocablos en desuso I.

 


El cliente y el marchante: frases y vocablos en desuso I.


En el lugar menos pensado le vienen a la mente a uno las cosas más insospechadas, y voy a poner como ejemplo la historia que voy a contar.


En un tratamiento médico sistemático al que asistía diariamente de lunes a viernes, normalmente me atendía la misma persona, un joven brasileño con el que uno podía entenderse bien tanto en inglés como en español.  La otra persona era una terapista haitiana con similares capacidades y ambos con mucha amabilidad.


El brasileño siempre estaba hablando de que tenía ganas de que llegara el viernes para ir a practicar su hobby preferido, irse a una playa a nadar y a tomar cerveza y así, en el breve tiempo de acomodo y terminación del proceso, fuimos amenizándolo con una alimentación de sus conocimientos del "lenguaje cubano", lo que tuvo su culminación cuando un dia en que llegué a la clínica mucho antes de lo normal, al ser atendido enseguida, le dije inocentemente: "hoy no hay clientes".


Ahí comenzó a reírse, diciendo que era la primera vez que escuchaba esa palabra aplicada a otra cosa que no fuera ir a comprar a un supermercado.  Ahí quedó lo gracioso de la conversación, pero la memoria puede patinar y demorarse, pero nunca falla, y ella me trajo otra palabra: marchante.


Fue así que aproveché para incorporar al brasileño a su jolongo de léxico cubano la citada palabrita, para lo que tuve que explicarle que cuando yo era niño, no existían los supermercados y las compras habituales se hacían en pequeñas tienditas, conocidas como bodegas para los cubanos, y que la gente que allí iban, que ni siquiera pagaban al momento, sino que en una libretica le iban apuntando lo adeudado y era liquidada los sábados cuando se cobraba, esos eran los llamados "marchantes".


Así que ahora hay que averiguar de dónde viene lo del marchante, que no debe ser alguien que se marcha o se va, ni un militar que ejecuta una marcha militar.


Dicen los diccionarios que "marchante" es un comerciante en obras de arte, un cliente habitual de un bar o restaurante, o en sentido general un comprador.  Entre los sinónimos de marchante está por supuesto cliente y otro curioso: "parroquiano", que sobre todo en Andalucía, se identifica como el que acostumbra a comprar en una misma tienda o ir a comer a un mismo lugar.  Pero el parroquiano lo conocíamos como la persona que pertenece a una parroquia, el que vivía dentro del territorio de una parroquia, división territorial de la Iglesia Católica atendida por un párroco.


Y en Argentina, con ese español tan incomprensible, "tirarse a la marchanta" es abandonarse uno mismo, y un buen ejemplo de ello es el conocido tango "Mano a Mano" de Carlos Gardel:


"Rechiflao en mi tristeza, hoy te evoco y veo que has sido

en mi pobre vida paria sólo una buena mujer;

tu presencia de bacana puso calor en mi nido,

fuiste buena, consecuente y yo sé que me has querido

como no quisiste a nadie, como no podrás querer.


Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta,

gambeteabas la pobreza en la casa de pensión;

hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,

los morlacos del otario los tirás a la marchanta

como juega el gato maula con el mísero ratón..."


Pero la cosa va mucho más atrás en el tiempo.  El vocablo marchante, ya en desuso, se refería a una nave o barco que se dedicaba exclusivamente a transportar mercancías o pasajeros, lo que derivó en "mercante".  También se usó para designar el vendedor ambulante y todo ello viene del latín, y de ahí al francés: "marchand", con el que se designaba a un cliente de un establecimiento comercial, sobre todo en un mercado público.  Y en Cuba el marchante era el asiduo a un comercio.


La libretica del gallego.


Y el marchante más representativo era el cliente del bodeguero.


Como dije en casi cada esquina había un puesto de chinos y enfrente, invariablemente una bodega de españoles, casi siempre gallegos o asturianos. Tanto unos como otros vivían dentro del propio local del comercio o en el piso superior del mismo.  En esa bodega se acostumbraba a hacer las compras, llamadas "mandados", del día, y no pagar en ese momento, el gallego con su infaltable lápiz en la oreja, lo anotaba en una libretica que llevaba el comprador y la deuda se liquidaba cuando se pudiera. No creo que nadie hiciera trampa con eso, era una relación de mutua confianza.


Lo usual en las casas era comprar lo que se iban a consumir en el día y dejar el refrigerador o la nevera para la leche y el agua y algunas otras cosas que requirieran una temperatura más fresca. La mayoría de las familias en los años 40 y 50 del pasado siglo cocinaba con carbón, lo que era lento y sucio, pero esos sabores maravillosos son inolvidables.  Eran la combinación de carnes frescas, vegetales recién cosechados y cocinados lentamente con carbón.


Todavía recuerdo que la comida de los domingos era casi invariablemente el arroz con pollo, porque este animalito costaba tres veces más que la entonces miserable carne vacuna, que hoy es ansiada por los cubanos como el oro rojo, algo prohibido a partir del triunfo revolucionario, por eso para nosotros el lujo mayor es comerse un bisté de palomilla con papas fritas. En ese entonces se prefería comprar los pollos vivos, en pollerías y no congelados como hoy en día.  Si a este plato le faltaba el pimiento morrón de lata y los petit pois, entonces estaba incompleto.


El bodeguero no era un comerciante ajeno a sus clientes, marchantes o parroquianos, se codeaba a diario con ellos, los conocía a profundidad y participaba de sus alegrías y de sus penas.  La gente iba a la bodega como quien va a casa de un amigo.  No importaba que algunas bodegas mejoraran y tuvieran neveras gigantescas, anaqueles barnizados y muchas luces y pomos con golosinas, ellos seguían siendo el amigo de todos en el barrio, alguien que no se puede borrar de nuestra idiosincrasia.



Lo cierto es que las bodegas cubanas siguen teniendo muchos marchantes aunque los anaqueles estén vacíos. 


Con esta anécdota me aparecen de nuevo muchas palabras que han quedado en el olvido, que ya no forman parte del léxico y solo la recordamos algunos ancianos o gente madura.  Y si antes la prensa tenía un papel importante en la creación de nuevas voces, vocablos y frases, ahora ese papel fundamentalmente recae en Internet, sobre todo en las redes sociales, el nuevo asesino del idioma de Cervantes (el antiguo asesino era en particular el habla argentina y en particular de Buenos Aires).  


Solo nos resta hacer similar análisis con frases que han quedado solamente en nuestra memoria y que no significan nada para las nuevas generaciones, pero que vale la pena recordarlas, muchas de origen español, que ya no se escuchan.


Frases en desuso.


Comer catibía o comer bolas: credulidad excesiva en algo mientras los engañan.


Comerse un pan: equivocarse


!Se la comió!: hizo algo excelente.


Dar caritate: pasear con su pareja por delante de alguien que fuera su amante.


Estar en la tea o en la fuácata: es estar en la pobreza o la indigencia.


Estar la caña a tres trozos: estar en una situación muy complicada, es pensar de forma pesimista sobre política o asuntos sociales.


Estar en el pico del aura, es gran dificultad para lograr algo que se quiere


Irse a freír tusas: es mandar a alguien a alejarse de donde está para que no moleste o no se entere de lo que se conversa.  La tusa es lo que queda después de desgranar la mazorca de maíz, así que es enviarlo a hacer algo inútil.



Pegarse el jamón: vivir a costillas del Estado, en este caso de Liborio.  Algunas caricaturas representaban al presidente del país siempre con un jamón entero a cuestas.


Acabar con la quinta y con los mangos: Destruirlo todo, arrasar.  


Más se perdió en Cuba: cualquier problema o pérdida es insignificante respecto a otras y no debe preocuparnos.


Salir como bola por tronera: fracasar en una empresa, de la tronera, del juego de billar, de donde no se sale.


Ser un ñame con corbata: alguien sin educación ni cultura que desempeña un cargo para el que no es apto.


Al fin parió Catana es desengañarse de algo por lo que se porfiaba sin razón.


Eramos pocos y parió Catana: llegó más gente en el momento menos adecuado, algo que sucede inesperadamente y que se añade como una nueva preocupación.


¡Y un jamón!: es rechazar algo que se pretende por otro.


Bodeguero, hijo caballero y nieto pordiosero: Los descendientes no luchan por mantener un estatus que les cayó del cielo, sino lo despilfarran.


Comer de lo que pica el pollo: Estar actuando como un tonto, estar comiendo mierda.


Te peinas o te haces papelillos: implica que se debe tomar una decisión.


Se acabó lo que se daba: no queda nada, el final.


Se sacó la rifa del guanajo: Una situación inesperada que no sabemos cómo solucionarla.


Ni hablar del peluquín: rechazar totalmente algo que acabamos de escuchar. Se hizo popular con una canción de Juan Legido y los Churumbeles de España.


Chenche por chenche: es un intercambio de una cosa por otra, viene del inglés "change for change".


Comerse un cake: llevarse un susto, sucede algo diferente a lo esperado.


Se acabó el pan de piquito: se acabó lo bueno.


Al carajo albañiles que se acabó la mezcla: ya no queda nada que hacer.


Ni la cabeza de un guanajo: una comparación ridícula o algo que no tiene sentido definirlo como bueno.


Irse a empinar chiringas: equivale a mandar al diablo.


El bayú de Lola: un relajo extremo o un inmenso reguero y caos.


El potrero de Don Pío: donde no se respetan leyes ni a nada ni a nadie, donde impera el desorden.


Esto está de apaga y vámonos: La cosa está muy difícil.


Metérsela hasta el collín: alude a los machetes Collins, que tienen la marca al lado de su empuñadura.  Significa que se llevó algo hasta las últimas consecuencias y también tiene una significación sexual.


Se formó la de San Quintín: Se armó tremendo problema.


Caerle como un 20 de Mayo: tiene el significado de caer de forma masiva y aplastante sobre alguien, pues el 20 de Mayo de 1902 en Cuba se instauró la República.


Voló como Matías Pérez: hace referencia a Matías Pérez, un toldero y aeronauta aficionado cubano que levantó vuelo en su globo en junio de 1856 sin que se supiera más de él. La frase se aplica al que desaparece sin dejar huellas.


Vivir como Carmelina: alude a Carmelina Arechabala, que tuvo una vida de comodidad y opulencia gracias al negocio familiar, la fábrica de rones y otras bebidas Arechabala, creadora de la marca Habana Club.


Perder güiro, calabaza y miel: implica perderlo todo, generalmente por no tomar una decisión en el momento preciso.


Meter La Habana en Guanabacoa: Guanabacoa es un municipio de la capital cubana, por lo que la expresión se utiliza para indicar cuando se intenta introducir algo en un espacio insuficiente para ello.


Pasar por la piedra: tener sexo.


"¡Liberales de Perico! ¡A correr!": El Ejército estaba en manos de Menocal y con su apoyo los conservadores sembraban el pánico allí donde hubiera un político con ideas contrarias. Aún así los liberales de Perico se reunieron a celebrar un mitin de protesta. Al comenzar el discurso del liberal con la frase "¡Liberales de Perico!", aparecieron los conservadores atacando a tiros a los congregados, por lo que agregó: "a correr".


Donde la mula tumbó a Genaro.: un momento crítico.


Ser hacha y machete: tener habilidad para algo, ser muy diestro.


Ángela Pérez: exactamente; es una variación de “anjá”, que significa afirmación.


Quemar el tenis: es irse de prisa.


Guayabitos en la azotea: significa que alguien está loco.


Olray (alright) era más usualmente empleado que el actual O.K. (Okey) para indicar que todo está bien.


Niet poni maiev: significa no en ruso, una negativa rotunda.


La botella del mondongo: un premio ridículo.


Artículos desaparecidos.


Pero aquí no queda lo olvidado, continuamos con cosas materiales y no me refiero a objetos  que pueden parecer cercanos como el cassette, los vídeos VHS o Betamax o el Walkman, sino a otros artículos un poco más antiguos y que eran comunes en todas las casas cubanas.  Son las cosas que quedaron atrás por imperativo de los tiempos y la tecnología.


Las enciclopedias. Un tema sobre el que he abundado y que sigo añorando por lo que representaron en mi juventud y en la mayoría de mis contemporáneos.



Las máquinas de escribir.  Un sonido que no olvido y que hasta he tenido puesto en el teclado de mi computadora por lo agradable que me resulta escucharlo.  Representaron un invento tan importante que la distribución del teclado QWERTY, creado para ellas, es el estándar para teclados de todos los dispositivos digitales.


Los teléfonos fijos con marcador de disco pesaban una tonelada y eran irrompibles.  Recuerden aquellos de la marca Kellogg.



Plumas fuente: ¿quién no quería tener una Parker, o aunque fuera una Esterbrook?. El bolígrafo acabó con su reinado.


Las cámaras fotográficas analógicas de rollos.  La mayoría de nuestras memorias se capturaron con estas cámaras, en las que había que ser cuidadoso para evitar que hubiera fotos defectuosas, después venía el revelado y la impresión, por lo que sin duda la fotografía digital le ganó la partida por un amplio margen.


Los centros de mesa tejidos a crochet.  Estaban en todas las casas.


Los cigarros de chocolate.  Como fumar era considerado un signo de distinción, existían cientos de marcas de cigarrillos de chocolate, que disfrutamos como si estuviéramos fumando igual que los adultos.


Mosquiteros.  Bebés, niños y adultos dormíamos con mosquiteros cubriendo la cama.  Era una colgadura de gasa que impedía entrar a los mosquitos o insectos.


Medicinas. Nadie sabe hoy día que es el argirol, el yodo, el mercurocromo, la sal de higuera, el palmacristi, el árnica, y muchas otras con las que nos curamos afecciones comunes.



Afiladores de tijeras y cuchillos. Los amoladores o afiladores paseaban por los barrios sonando una especie de flautilla (mini flauta, flauta de afilador, silbato de afilador), ahora son innecesarios.


Ceniceros y escupideras.  Los avances en la salud pública y su prevención, hicieron que estos objetos, antes comunes en todas partes, desaparecieran completamente.


Pan con Timba: pan con dulce de guayaba.  Acompañado con una Materva o un Royal Crown Cola, los refrescos de mayor contenido líquido, eran una merienda abundante.


Las fosforeras y encendedores. Todos queríamos tener una Ronson y sobre todo las que no se apagaran con el viento o tuvieran una forma atractiva o curiosa.  Fenecieron junto con el descubrimiento de lo nocivo del vicio de fumar, aunque subsisten.


Los contenedores de aluminio para fabricar cubitos de hielo con una palanca para sacarlos.


Las guías telefónicas, cada año más voluminosas, con las páginas blancas de los abonados y las páginas amarillas de los comercios y empresas y las correspondientes libretas de direcciones y números telefónicos.


Los mapas de carreteras y ciudades que daban en las gasolineras. Esso, Shell y Texaco eran los mejores.


Los lavaderos, ya fueran de madera o construídos de cemento y cerámica eran la forma más común de lavar cuando no todos tenían lavadoras.  Muchos trabajos pasamos con ellos, así que no los olvidamos.


Las máquinas de moler carne manuales.  En todas las casas había una y allí se molía la carne, el maíz, los vegetales, y lo que fuera.


Los relojes despertadores de cuerda.  Esos nos despertaban quisiéramos o no y difícilmente fallaban.


Las latas de galletas grandes, donde se guardaba el azúcar, el arroz y lo que se compraba en grandes cantidades.


Los litros de leche de cristal.


Las máquinas de coser (y las costureras). Mucha ropa, sobre todo de mujer, era confeccionada de esta forma.


Las neveras.  Se les echaba hielo y allí se guardaban cosas elementales, porque las compras se hacían a diario, sobre todo de productos perecederos.



Frases de origen religioso


Y también estaban los vocablos religiosos, muy abundantes y muy empleados, ya fuera para agradecer o maldecir.


Empezó Cristo a padecer.


Alabado sea el Señor.


Gracias a Dios.


Que Dios te acompañe.


Que Dios te bendiga.


Ave María purísima.


Que Dios no lo quiera.


Vaya con Dios.


Valgame Dios.


Me cago en Dios.


Me cago en la hostia.


El copon bendito.


Hace un frío (calor) del copón.


Te voy a dar una hostia.


Y así hasta el infinito esa mezcla de religioso y profano que tenemos los cubanos, según nos convenga, era también objeto de nuestra habla popular.  Ahora hay que agradecer o maldecir todo a la revolución y el comunismo.


Ahora que la vulgaridad ha sido elevada al nivel de la cultura, una política cultural de la revolución, junto con el desprecio por todos los valores éticos y civiles que eran parte de nuestra identidad, implica que entre las muchas tareas que tenemos los cubanos, cuando tomemos el control libre de nuestra Isla, está el desterrar para siempre, de nuestra tierra, la fealdad, y la vulgaridad en nuestra forma de expresarnos. 


Que se vaya con los Castro y su legado maldito, la grosería, los malos modales, la incultura, la chusmeria y la seudocultura del asere,  símbolos de una era ideológica, que pretendió y que ha logrado en cierto medida destruir, junto con la economía y la sociedad, nuestra idiosincrasia y el desprecio por nuestros verdaderos valores patrios y nuestros patriotas, lo que por suerte vive y revive entre los cubanos en el exilio.Encartonado: muy pálido, débil, desnutrido, se aplicaba a enfermos de los pulmones o tuberculosos.




lunes, 1 de noviembre de 2021

Las redes sociales: ese enemigo


 Las redes sociales: ese enemigo


Sin duda el mundo se puede dividir en muchos momentos: antes y después del descubrimiento del fuego, antes y después del descubrimiento de la rueda, antes y después del descubrimiento de la energía eléctrica, antes y después del descubrimiento de la energía nuclear y más recientemente antes y después de la aparición de la tecnología informática e Internet.


Ahora que se ha producido una masiva interrupción de los servicios de casi todas las redes sociales como Facebook, Whatsapp, Instagram y otras, vuelvo a mis reflexiones sobre este tema, que hace tiempo vengo observando y que han hecho que yo no sea precisamente un entusiasta usuario de dichas redes.


Hasta hace unos pocos años no existía Internet y mucho menos las redes sociales, pero entonces para mí la vida era más feliz, más simple, más pacífica, te permitía pensar por ti mismo y las influencias sobre las personas no eran tan abrumadoras, por lo que al final eras más libre.


Al crearse las redes sociales probablemente no se pensó en que ellas representarían un mecanismo eficiente para la  manipulación del subconsciente de los usuarios, influenciado en ellos con pensamientos que pueden provocar diferentes estados de ánimo, como miedo, euforia injustificada, tristeza, superficialidad y sobre todo aislamiento físico y falta de empatía.


No soy psicólogo ni nada por el estilo, solo voy a dar mi criterio de por qué no soy un entusiasta de las redes sociales y las considero una peligrosa aproximación a varias cosas que pueden llevar a la destrucción de la civilización.


Es cierto que algunas como Whatsapp tiene una utilidad que comparten otros pocos servicios y es que ahorran mucho dinero en llamadas telefónicas y permiten el intercambio de fotos, videos y documentos de forma sencilla y expedita.  Pero el resto, en particular Facebook, Instagram y Twitter, y decenas de otras que existen, se me hacen sumamente peligrosas, y voy a compartir algunos razonamientos del por qué así lo pienso.


Algunos casos reales


Son conocidos los casos de personas públicas a las que le han sido bloqueadas o suspendidas sus cuentas en algunas de estas redes, por su uso continuo de mentiras, calumnias, teorías de conspiración infundadas y otras informaciones que causan una conmoción social.  Eso es sin duda muy preocupante porque los que se creen sus falsedades y las comparten son millones.  Pero voy a referirme a hechos aislados, que ejemplifican como en el orden individual también representan una amenaza.  Pero esos son hechos de dominio masivo, no como los que voy a mencionar y que han afectado individualmente a las personas.


En México, una pareja que había pasado varios meses con su hijo en Estados Unidos, al regresar, escribió en las redes que celebrarían un encuentro con la familia en tal lugar el domingo tal, donde compartirían todas las experiencias vividas. Al regresar del encuentro familiar, se encontraron que la reja de la casa había sido violentada, la puerta, una sólida entrada de roble con doble cerradura, destruida, y se habían llevado joyas, ropa, perfumes, una laptop, una tablet, un teléfono celular, relojes, carteras, dinero en efectivo y todo lo que pudieron.


Nadie vio nada y nadie supo nada, pero ante la insistencia de la víctima, una ciudadana española, la policía logró capturar al ladrón y resarcir parcialmente lo robado monetariamente, aunque no los artículos, pero el ratero confesó que había obtenido la información por lo que se había comentado en redes sociales sobre el viaje a Miami, el regreso y la celebración.


Otro caso del que también supe fue de un colombiano que vivía en Estados Unidos y hacía muchos años no iba a Colombia, donde le quedaban solamente unos primos que casi no conocía porque no se veían desde niños.  Fue así que pregonó por las redes su viaje, el ansia por visitar los lugares donde pasó su niñez y lo que normalmente se comenta como añoranza por su tierra.   El muchacho llegó a Colombia y en el aeropuerto de Bogotá se encontró con que había dos personas con un cartel con su nombre dándole la bienvenida.


Le dijeron que venían de parte de su primo que quería darle una sorpresa.  La sorpresa se las llevó el joven cuando le pusieron una pistola en la cabeza y le quitaron todo lo que llevaba, lo llevaron a varios cajeros donde agotó todo el dinero que podía extraer de las tarjetas de crédito y lo dejaron desnudo y amarrado en un monte alejado de la ciudad.  Las redes habían dado la alerta para planificar un atraco con todas las de la ley.


Estos son solo dos casos que conocí personalmente, ahora me pregunto ¿cuántos parecidos o de peor final habrán existido?.  Seguramente que muchos y es que la vida personal se comparte con amigos y familiares y no se expone ante los demás, porque de gente mala está lleno el mundo.  


Y ni hablar de los innumerables casos de invasión de la privacidad publicando fotos de desnudos, llevando la burla a extremos que han causado suicidios y otro tipo de daños psicológicos a las personas, siendo los más vulnerables los jóvenes y adolescentes.


Por eso considero que las redes sociales son campo fértil para la ingenuidad, aunque para mí son el non plus ultra de la imbecilidad.

Algunas características negativas


El cúmulo de información que circula a través de internet y en particular por las redes sociales es tal que vivimos en constante incertidumbre: se hace difícil decidir qué video vemos hasta el final, qué cosa leemos, a qué enlace nos conectamos, si el título de algo aparentemente atrayente, justifica su contenido.


Al final estamos siendo influenciados por los mal llamados “influencers”, en su mayoría unos idiotas que con mentiras y artimañas, conductas fingidas o extremas, la mayor parte de las veces nos estimulan a ser cada dia mas imbéciles y de conducir al mundo a un lugar peor de lo que ya está.  Y ni hablar de las nuevas generaciones que no conocen otra cosa, porque es el facilismo, un mundo donde los comunicadores que nos comunican cosas nocivas son los más seguidos.


Eso sin evaluar que el normal giro de los idiomas, las redes sociales van en camino a destruirlos con las nuevas palabras, vocablos y apócopes que nos parecen simpáticos, pero que a la larga son un atentado a la cultura.  Al paso que vamos la gente, que ya perdió el hábito de la lectura, tampoco será capaz de escribir.


Se ha vuelto común que los jóvenes no sepan identificar en un mapa a casi ningún país, no sepan quienes fueron figuras históricas, ni tengan los elementales conocimientos de la cultura básica que nos enseñaron cuando éramos niños.


Y han hecho que la interacción familiar se limite a contactos ocasionales en el momento del desayuno o la cena, si acaso.

Redes sociales: el Gran Hermano


El Gran Hermano de 1984, esa novela apocalíptica de George Orwell, ya está entre nosotros, son las redes sociales.


Las redes sociales han propiciado que estemos viviendo en un mundo que nos vigila constantemente y que busca permanentemente modificar nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento.


A ello ha ayudado mucho el sorprendente incremento de los servicios de infocomunicaciones y la aparición masiva de dispositivos digitales de todo tipo, en particular los smartphones o teléfonos inteligentes.  Ello ha facilitado que aunque no queramos, se ejerza influencia en nosotros con mensajes que modifican nuestra conducta y nuestro razonamiento de tanto repetirse.


Ejemplos hay de sobra, sobre todo aquellos que son sumamente dañinos.  ¿Se imaginan que estas redes hace cien años hubieran incidido en nuestro pensamiento con mensajes divisivos y mentiras inconcebibles, sin base lógica ni científica y manipulando a la gente como lo hacen ahora?.


Probablemente en el mundo existirían todavía epidemias de viruela, poliomielitis, tifus, sarampión, tuberculosis y gripe de todos los tipo que se han conocido, los extremistas anormales del Ku Klux Klan seguirían colgando negros, el régimen nazi se mantendría en el poder, sojuzgando países y gaseando judíos, las mujeres y otras minorías no tendrían derecho al voto y en lugar de democracia existiría un régimen monárquico al estilo medieval, en sociedades cada vez más totalitarias y caóticas.  Todo ello gracias al uso inadecuado, por fallas en su diseño y falta de control de las redes sociales.


Desde la antigüedad Platón justificó lo que llamó "mentiras nobles" cuando el gobernante decía una falsedad como una forma de lograr el bienestar del pueblo.  Después estaba otra "mentira noble", la visita de los Reyes Magos cada 6 de enero para traer regalos a los niños.


Maquiavelo en "El Príncipe" afirmó: “Los hombres son tan simples y se someten a tal punto a las necesidades presentes, que quien engaña encontrará siempre a quien se deje engañar”.  No en balde con su obra, el florentino se considera un autor maldito en cuya obra se han basado muchos autócratas.


En los tiempos actuales la mentira ha llevado a las sociedades al autoritarismo y al totalitarismo, con consecuencias nefastas, dos grandes guerras mundiales y numerosos conflictos regionales que no cesan.  Y todo eso cuando no existían las redes sociales, las que ahora amenazan al orden político y social.


Ya el nazismo fue capaz de crear mecanismos de manipulación mediante el empleo de mentiras repetidas, mientras mayor fuera la falsedad, más creíble se volvía, en una práctica cruel de control mental que también emplearon exitosamente los regímenes comunistas y que vivimos en Cuba con Fidel Castro.  


En Estados Unidos estamos viendo que con la ayuda de las redes sociales, la mentira se ha universalizado, porque casi la mitad de la población se cree que las elecciones fueron robadas, que en las vacunas contra el Covid-19 se inocula un chip para controlar el pensamiento, que los miembros del partido Demócrata son todos comunistas manipulados por el gobierno cubano, que los planes de beneficios sociales hay que recortarlos o eliminarlos, al igual que los impuestos para que los que más ganan paguen menos o no paguen nada, que los peores dictadores del mundo como Vladimir Putin y Kim Jong Un son gente simpática que quieren lo mejor para su pueblo y el mundo, que es válido denigrar a verdaderos héroes norteamericanos como John McCain, que de los débiles y minusválidos hay que burlarse, que los latinos son todos unos asesinos, ladrones y violadores y los asiáticos y del medio oriente unos terroristas, que el cambio climático es un invento de los chinos, que los aliados históricos de Estados Unidos son unos aprovechados y que todos los valores en los que nos hemos criado son una falacia.  Tantos absurdos juntos se los creen millones de personas, una buena parte de ellos tremendamente incultos y practicantes de religiones extremadamente ortodoxas, aunque una parte inclusive tiene preparación científica.  Así de grave es el problema.


Gracias a Twitter, Facebook y otras redes sociales, que soportan todo lo que la gente pregone,  Estados Unidos está envenenado con mentiras y dividido peligrosamente como nunca antes en su historia.  En la crisis política que atraviesa el país líder del mundo libre, ha tenido un papel importante la personalidad de determinados individuos, pero sobre todo el uso nocivo que han hecho de sus mensajes destructores a través de las redes sociales.


Y de la niñez y la juventud ni hablar, el daño parece irreversible, porque el tóxico es inoculado desde edades muy tempranas.


Los manipulables


El diseño de manipulación y adicción de las redes es superior a la natural avidez de conocimientos que ha caracterizado a esas edades en todos los tiempos.   Y todo se supedita a ganar dinero.  Es más válida una estupidez inconcebible que le hace gracia a algunos y se disemina como un virus maligno y llega a millones, que una cita que nos ilustra, nos entretiene y nos da cultura, nos prepara para la vida y nos permite ser más civilizados e instruidos y vivir más plenamente.


De hecho todos los usuarios de las redes sociales, en particular los más jóvenes, no son más que seres capturados en una jaula controlada por los llamados "influencers", con influjo nefasto en casi la totalidad de ellos.  Y ni hablar de los perfiles falsos, donde una anciana de ochenta años se nos presenta como una niña de quince y un asesino como un amante de la naturaleza y la poesía.


Y en esas mentes inmaduras, la manipulación de las emociones sociales, acompañada de falsas recompensas y reconocimientos, es donde se fraguan hechos horribles como niños asesinando a sus compañeritos en la escuela, suicidios incomprensibles, asaltos, incendios y muchas otras atrocidades a las que no se les encuentra sentido alguno.  Todo ello producto puramente del odio por el odio.


Y todo eso se logra de forma primaria a través de la adicción, que hace que aceptemos que las redes nos espíen y manipulen.  Por otra parte ello es difícil de controlar, porque si gracias a las redes sociales y a Internet podemos acceder a servicios de transportación, de compras o de prestaciones e información de todo tipo, se hace muy difícil, sino imposible, renunciar a ellos y una vez que una de estas aplicaciones comienza a explotarse y es útil, es imposible zafarse de su dependencia.  Y en otros casos no hay otra forma de acceder a lograr un objetivo si no es por ese medio.


Los miles de millones de dólares que ingresan las redes sociales por concepto de publicidad digital procede principalmente de entidades cuyo objetivo es modificar nuestro comportamiento.


Es difícil discernir entre lo que es verdaderamente útil y lo que nos convierte en títeres de los manipuladores e influyen negativamente en nuestro desarrollo, el desechar el que sea amplificado lo negativo más que lo positivo.


Sería muy positivo comparar lo que está ocurriendo con las redes sociales con lo que en su momento sucedió con la industria tabacalera cuando se comprobó científicamente el daño del tabaco para la salud, o cuando las pinturas con plomo eran nocivas y producían envenenamiento.  Se fue reduciendo significativamente el consumo de tabaco y las pinturas dejaron de llevar plomo como un componente.   


Algo parecido tendrá que ocurrir con las redes sociales para eliminar su nocividad social, pero soy del criterio de que al igual que en los casos anteriores, ello no va a ocurrir espontáneamente.

Y está otro tema, como predomina el anonimato, mucha gente se comporta de forma desagradable e incomprensible detrás de ese anonimato o de una falsa identidad, mientras que otros triunfan precisamente por su actuación escandalosa e incivilizada.  Y es que Internet se alimenta principalmente de las reacciones negativas, y voy a poner un ejemplo actual.


Hay un canal de Youtube de una seudo cocinera cubana, que se destaca por su incultura, su vulgaridad y su falta de ética al elaborar recetas mientras se escucha la misma elaboración por otra persona mientras está grabando.  Pero ese no es el problema, sino que esta persona sin valores se ha convertido en una celebridad.  En una visita a un centro turístico en República Dominicana, donde derrochó incultura y chusmeria, llegó a manifestar (textualmente):


 "graba eso que la gente ve cualquier mierda en Youtube".


Sin palabras.  Pero tristemente tiene razón.  Este canal lo ve mucha gente mientras otro, de un profesional de la gastronomía, un cocinero educado y con exquisita presentación y elaboración de lo que hace y que con sus videos preserva la gastronomía cubana fielmente, lo ve muchísima menos gente.


Veo con tristeza como interesantes reportajes, citas de situaciones o informaciones de todo tipo con respaldo científico, curiosidades históricas, explicaciones técnicas y manifestaciones artísticas de calidad, presentadas por autoridades en esas materias, todas con el rigor necesario para darle validez a estas informaciones, cuentan con pocas visualizaciones, mientras que sitios dedicados al chisme, intrigas, estupideces, vulgaridad, odio, división, mentiras y falacias, chusmeria y música sin valores, son vistas por millones.  No es que no siempre haya sido así (recordemos “pan y circo'',el término acuñado por los romanos para mantener a los ciudadanos alejados de las cosas verdaderamente importantes y establecerlo como un estilo de conducta social ), pero ello se ha agravado con las redes sociales.


Pero ello no es un hecho casual, recordemos que por mucho que nos guste un deporte, un tipo cayéndole a patadas a un balón, no aporta a la sociedad ni un alpiste comparado con el de un científico, un investigador, un ingeniero o un médico, y sin embargo el futbolista gana mil veces lo que debía corresponderle a los que nos hacen la vida mejor y nos la salvan y son admirados  por millones, mientras los verdaderos campeones permanecen casi en el anonimato.


El caso de la sancochera cubana chusma es un ejemplo que tristemente se repite hasta el infinito, porque el sensacionalismo, lo alarmante, lo morboso, lo vulgar, es lo que atrae y hace que mucha gente lo vea y por ende logra dinero.  En el mundo de unos años atrás eso era inconcebible.


Cuba y las redes


No quisiera referirme al tema de Cuba, porque me da tristeza.  Hay decenas de "influencers" cuya influencia es nefasta porque pregonan el odio, todos son mejores que los demás, todos tienen la verdad para lograr la independencia de Cuba, y desestiman todas las iniciativas, propiciando el debate y la intriga para que más gente los vea por los escandaloso de sus planteamientos.   Esa es una de las razones por las que el comunismo en Cuba va a costar mucho que desaparezca, porque si por  algo se destacan los cubanos es por no unirse en el objetivo común que es acabar con la dictadura.    Y la inmensa mayoría de esos personajes, como decimos los cubanos, "no le tiraron ni un hollejo a un chino" cuando estaban en Cuba.  Algunos llevan muchos años en Miami y tras haber fracasado en todo lo que hicieron, ahora se han erigido en grandes patriotas, predicando principalmente con lo sensacional y la mentira, el engaño, el ataque y la calumnia.  Usan los mismos métodos que provocaron que nos fuéramos de Cuba: el chantaje, la hipocresía, la difamación, la burla, la gritería y el ataque sin razón.


Ninguno de ellos son capaces de ver sus propios defectos porque predican sin emplear el ejemplo, porque no lo dan ni pueden darlo.  Y sin embargo son exitosos en las redes sociales y viven cómodamente de los ingresos que ella produce. Es algo realmente vergonzoso.


Y lo verdaderamente triste, es que ahora que algunos pueden conectarse a las redes sociales en Cuba, tienen a estos farsantes como unos líderes a los que hay que seguir.  Pero acuérdense que el pueblo cubano está acostumbrado a que lo tupan y a seguir al que lo hunde. Eso lo inició Fidel Castro y lo sembró para siempre en la mente del cubano.


Pero al final las redes no tienen la culpa de que también los cubanos hayan sucumbido al virus que idiotiza a las personas en su conexión con el ciberespacio y que el exilio cubano no aprenda de sus errores, sino que disfruta de ellos y adora que se formen show mediáticos que al final solo sirven para engrosar los bolsillos de los influencers y no ayudan para nada a liberar a Cuba.


Lo peor


Lo peor de las redes sociales es que han asesinado a la verdad y los asesinos son vistos como nuevos mesías.  El alterar la realidad es su objetivo, ya sea para captarnos para que nos sumemos a una plataforma política (o una posición de seguir a los que no tienen ninguna plataforma), vendernos un producto, o simplemente para convertirnos en adictos a su contenido y con ello embolsarse dinero.  Y para ello también emplean identidades falsas y personas que no existen como si fueran sus seguidores.  El objetivo principal es obtener ingresos y el segundo manipularnos, o ambos a la vez, que al final es lo mismo.


Es usual hacer nacer las teorías de conspiración más absurdas y ello vuelve menos creíbles a los medios de difusión tradicionales,  abrumándonos con informaciones sin fundamento, lo que es un fraude masivo.  El mejor ejemplo es el de la campaña anti vacuna, que puede estar contribuyendo a que enfermedades que hace muchos años fueron erradicadas, vuelvan a surgir.   Cualquier idiota o malpensado, devenido periodista de nuevo tipo, destruye la verdad.


Y es que la ambigüedad es tal, que lo que decimos en las redes sociales puede no ser lo que quisimos decir y se cambia en beneficio de otros.  La comunicación y la cultura adquieren otra dimensión que las hace prescindibles.  Solo importa la cantidad de seguidores, las visitas, los likes o clicks, el contenido no interesa.  Es como estar en una cárcel donde tu nombre es sustituido por un número o como cuando los nazis tatuaban un número en el brazo de los infelices que enviaban a un campo de concentración y exterminio.


Por ello en nada se puede creer.  Si lo que se dice es falso, los usuarios falsos, las identidades falsas ¿que se puede esperar sino una gigantesca falsedad?. Y por ende a las noticias reales ahora se les llama “fake news'', porque según sus estándares, lo real es falso.  La realidad ha sido sustituida por números que se convierten en dinero.


Bondades


Por lo general la influencia de las redes en sus miembros o usuarios puede ser positiva si se emplea adecuadamente y de forma segura, porque los familiariza con las tecnologías que probablemente serán sus principales herramientas de trabajo en cualquier rama que se desempeñen .


También son efectivas porque permiten compartir contenidos e informaciones que pueden ser beneficiosos si se emplean de forma adecuada y también nos facilitan de forma expedita el estudiar en equipo, buscar información y consultar dudas.


Eso sin hablar la gran cantidad de información cultural, científica, literaria y de todo tipo, que ha hecho de Internet la mayor enciclopedia del conocimiento humano. 


Si aprovecháramos todo eso, sería maravilloso.


Camino hacia la idiotez


En resumen, las redes sociales, en mi humilde criterio, están convirtiéndonos en idiotas, lo que es muy deprimente.  La manipulación que no vemos, nos lleva a buscar constantemente razones para vernos envueltos en intrigas, disputas, sucesos alarmantes, y a cambiar nuestra personalidad de acuerdo con el trucaje que se haga de la información, que al fin y al cabo no es tan discriminada como parece, sino que tiene sus objetivos y que no pueden ser detectados muy fácilmente, pues está plagada de mensajes subliminales.


Yo sucumbí al principio a la atracción de esas redes, pero me di cuenta que eso me estaba convirtiendo en otra persona.  Ya bastante había tenido con la vida que llevamos los cubanos en Cuba, donde para subsistir había que andar de la mano de la hipocresía y fingir lo que no se siente, lo cual no es para nada necesario en el mundo libre, por eso renuncié a ser un juguete de la manipulación y un cómplice de la mentira.


Desde que se popularizaron las redes sociales, ha aparecido una realidad: lo que dicen los imbéciles reciben más atención que los que nos aportan algo para hacer mejor nuestra vida.  No puede ser positivo el que te sientas tentado a atacar, a insultar y a anular a los que no piensan igual que tú.  Es mejor apartarse de ese lugar y no dejar que tu carácter y tus valores sean degradados.


En resumen, las redes sociales requieren imprescindiblemente de una regulación, para que puedan funcionar como lo hacen las redes de empresas e instituciones, que cuentan no sólo con importantes normas de funcionamiento para que no se aparten del objetivo por el que fueron creadas.


El relajo y el caos que hay en las redes sociales y el daño que hacen sobre todo a los jóvenes, es inaceptable, sobre todo por la invasión de la privacidad, la falsa sensación de tener amigos que no lo son para nada, su carácter adictivo y la información falsa y perjudicial a la que se tienen acceso porque cualquiera pone cualquier cosa en ellas y la mayoría nadie las verifica y cualquiera se las cree.


Un ejemplo tétrico: tomar Lysol o introducir en el cuerpo una luz ultravioleta para matar al virus del Covid-19.  Esto lo creyeron millones y algunos murieron por imbéciles, al hacerle caso a un presidente más imbécil que ellos, que es mucho decir.  No solo es trágico, sino vergonzoso.


No hay otro remedio, o se regulan las redes sociales o lo mejor que podemos hacer es retirarnos de ellas, aunque a esto último mucha gente, la mayoría probablemente, no le va a hacer caso y seguirán siendo cómplices silenciosos de la mediocridad, el automatismo y la falsedad, con los peligros que ello conlleva.  Eso sin contar con que pueden robarte la identidad y perjudicarte en muchísimas cosas o llevarte a situaciones peligrosas para tu integridad física o psicológica, donde lo menos nocivo es que acaben con tu dinero o tus bienes.   Las redes sociales son los sitios más peligrosos a los que nos podemos conectar en Internet, en todos los sentidos.


No se trata de satanizar las redes sociales, sino de conocer sus peligros, porque los riesgos en línea son muchos e insospechados. 


El mundo no puede moverse sobre la base de que alguien quiera llamar la atención, quiera vengarse de la ingenuidad de los demás o por diversión provoque escándalos infundados sin pensar en sus consecuencias o haga populares retos que pueden causar daños  insospechados.  


Dos noticias alentadoras.


Por si fuera poco, ahora Facebook, la principal o más poderosa red social, se enfrenta a denuncias, conflictos de relaciones públicas o de intereses, con citaciones ante el Congreso de los Estados Unidos, en una crisis de credibilidad a la que se la llamado “ The Facebook Papers”, o “Los papeles de Facebook”, mediante lo cual se han descubierto mecanismos que le han permitido a grupos coordinados, la siembra de la violencia, el odio y la desinformación, mientras que la Empresa, solamente interesada en hacer dinero, se ha hecho la ciega y la sorda.  De ahí que Facebook, a lo que le seguirán otras compañías tecnológicas, se encuentren en la picota pública.


Y la otra es que hay señales reiteradas de que estas compañías necesitan ser reguladas como ocurrió con las tabacaleras.  La más esperanzadora es el anuncio del Cirujano General de los Estados Unidos de julio de este año, lo que ha marcado un punto de viraje en la política relajada con Internet y su historia, y que ha declarado que el barraje de desinformación que se disemina a través de las redes sociales se considera un peligro para la salud pública.  Se hace un llamado a las compañías tecnológicas para tomar las medidas que reduzcan o eliminen los daños derivados de ello, mediante la priorización de la detección temprana de lo que se considere desinformación, protegiendo en particular a los profesionales de la salud pública como un ejemplo del daño al sector al que debemos estar agradecidos y los que muchos le deben la vida.


Como ocurrió décadas atrás con las empresas tabacaleras, se hace imprescindible definir como la desinformación daña a los norteamericanos (y al resto del mundo), lo que determina que las redes sociales sean un producto que requiere de regulaciones para proteger a sus consumidores.


Ello implica el rediseño de los algoritmos que emplean, de forma tal que sus mecanismos de búsqueda y recomendaciones no traigan a la superficie información falsa, imprudente, insensata y nociva, y que se haga más fácil para los usuarios identificar y reportar la desinformación.


Porque como dijo Demócrates, el filósofo griego: "Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de burla".


Ahora se dice que Facebook va a cambiar su nombre a partir de todas las críticas recibidas y los escándalos en que se ha visto envuelto.  Podría llamarse "Espiabook" o algo parecido (parece que van a escoger el de “Meta”, pero el problema no es de nombre, sino de fondo, porque si no, sería el mismo perro con diferente collar.


Abandonar las redes sociales y volver a vivir un poco a la antigua, va a ser beneficioso para todos.  Nos va a llevar nuevamente a sentirnos un poco más humanos.  Desafortunadamente creo que es una utopía pensar que eso va a ocurrir.


Cuando el teléfono estaba asociado a un cable, éramos libres.