lunes, 18 de julio de 2022

Carabina al tiro



Carabina al tiro


Cuando escucho la palabra "carabina" me vienen a la mente tres cosas:


Primero: Carabina proviene del francés "carabine", y consiste en un arma de fuego parecida al arcabuz y que se desarrolló convirtiéndose en un fusil ligero con el cañón rayado. 


Algunos recordarán de las películas de vaqueros la famosa carabina Winchester modelo 30/30, un arma muy famosa que se fabricó en varios calibres, de los cuales el más popular fue la carabina 30/30  y que fuera fabricada como arma de cacería, pero es probablemente el que más indios ha matado en las películas de Hollywood (y también en la vida real).  E de mayor producción fue el Winchester de 1894, diseñada por John Moses Browning  (la famosa compañía de producción de armas con productos exitosos como pistolas, fusiles, escopetas y cuchillos de cacería) y que se produjo hasta el 2006, siendo el fusil más vendido en toda la historia de los Estados Unidos.


Este fue el primer fusil de cacería que usaba cartuchos de pólvora sin humo, de ahí que se popularizara rápidamente y ha sido el más empleado en las películas del género Western o del Oeste americano, donde todos usaban esta arma como su fusil primario, entre las que destacan el Winchester 73, en la película de igual nombre protagonizada por James Stewart y en casi todas las del racista, borracho y violento ícono del western Joh Wayne.  También hay que mencionar que fue el arma más representativa de la Revolución Mexicana, habiéndose hecho muy popular el corrido "Carabina 30-30" interpretada por Miguel Aceves Mejía, Luis y Antonio Aguilar y otros.


La segunda es la expresión "la carabina de Ambrosio", cuyo significado es la representación de un objeto o persona completamente inútil, que no sirve para nada y que expresa el colmo de la inutilidad, incapacidad, ignorancia o torpeza.


Su origen se remonta a un campesino sevillano que a principios del siglo XIX decide dejar la labranza, donde no sacaba ni para comer, y decide dedicarse al bandidaje como asaltador de caminos, para lo que usaba una carabina que no estaba cargada con pólvora sino con semillas, por lo que cuanta gente trataba de asaltar se burlaban de él por su incompetencia, lo que hizo que le achacaba la culpa de su fracaso a su  famosa carabina. También se le llamó carabina a una chaperona joven que los padres le imponían a sus hijas en sus relaciones con sus pretendientes, algo que también fue inútil para garantizar la moral de las jóvenes.  


La popularidad de esta expresión fue magnificada por obras de Gustavo Adolfo Bécquer en sus "Cartas desde la Celda", Benito Pérez Galdós en "Miau" y en sus "Episodios Nacionales", así como otros escritores.


Y en México conocí que durante las décadas de 1970 y 1980 hubo un popular programa de variedades y musical en el que destacaba Manolo Muñoz, un cantante versátil conocido en Cuba y que se llamaba también “La Carabina de Ambrosio”.


Y la tercera está relacionada con uno de los juegos de mesa o entretenimiento cubano que solamente cede en popularidad para nosotros ante el dominó de nueve fichas.



La carabina para los cubanos.


En Cuba, sin duda alguna, la carabina es otra cosa. 


La carabina es una jugada de uno de los juegos de mesa preferidos del cubano, de aquellos que disfrutamos cada vez que podíamos, cuando la tecnología no dominaba nuestras vidas y la interacción humana era como debe ser para considerarse una sociedad.


Estaban el dominó, las barajas americanas, las barajas españolas, el parchís, el Monopolio, las Damas, las Damas Chinas, los palitos chinos, los rompecabezas, el ajedrez y muchos otros, pero el que nos ocupa era uno de los más populares: El cubilete.


En el cubilete la baraja americana es reproducida en los dados, lo que nos permite crear una gran variedad de modalidades a los cinco cubos o dados que vienen dentro del famoso cilindro de cuero, el depósito que da nombre al juego. 




Entre las variantes más usadas está la de la variante vasca que consiste en lanzar tres veces los dados para retar a los oponentes a superar el tiro en una ronda, durante la cual todos querrán conseguir la  "carabina", una combinación de Reinas y Ases que puede darnos dos puntos o "patas" cuando es mixta, cinco patas cuando es de Reyes, o diez patas cuando es de Ases, conocida como full de Ases y representa una victoria inmediata del juego y es conocida como el "Poker Dice", una variante para los dados del "póker de Ases de cinco cartas, ya que el juego se gana cuando se obtienen diez patas ó puntos.  Si nadie tira una carabina entonces gana una pata el que tenga la mano mas alta, o sea, cinco cundangos, cinco jevas, cinco gallegos o cinco negros.


Por lo tanto, una carabina al tiro, es algo muy raro y que muestra que hemos tenido muchísima suerte en lograrla, porque no interviene en ello nuestra habilidad para nada.


Cada dado tiene las representadas en sus lados las cartas de Póker americano: 

el As (que funciona como comodín), 

la K (que representa al Rey), 

la Q (Reina o cundango), 

la Jota (mujeres o jevas), 

el Gallego (10 rojo), el que solamente vale menos que el negro,

y el Negro (9 negro), una forma racista si se quiere ver así, por ser el que menos vale.



Las bodegas y el cubilete: 


Mientras que "cubilete" tiene otros significados en otros países como Colombia, donde es un cubo o balde pequeño, en México es el nombre de una montaña, el Cerro del Cubilete en Guanajuato, el cubilete de cocina, un recipiente usado como molde o un vaso de vidrio o metal mas ancho por su boca que por su base,  para nosotros el cubilete es un contenedor cilíndrico estrecho y hondo fabricado de cuero y que sirve para mover los dados en el juego del mismo nombre. Algunos cubiletes ahora tienen un forro interior de fieltro que hace que los dados generen un sonido agradable al momento de ser agitados, pero en mis tiempos eran completamiento de piel y los dados de marfil, lo que los hacían indestructibles.  


Y así tenía que ser porque el cubilete es un juego tradicional y muy popular en Cuba, donde, a diferencia de otros países, tenemos nuestras propias reglas y nos cuesta mucho asimilar las variantes mexicanas, por ejemplo. Mis amigos mexicanos juegan diferente el cubilete, pero al conocer el cubilete cubano ya están encantados con el mismo, hasta a veces yo dejo de ganar con tal de perder y cumplir la sanción: tomarme un "caballito" de un buen tequila.


El cubilete cubano es único y no solo por las características del juego, sino porque todos lo juegan y en particular era algo que se jugaba en todas las bodegas (una en cada esquina), donde la gente iba a refrescar y tomarse una cerveza y de paso jugaban una partida, o dos si se embullaban, o más, mientras seguían consumiendo y mejorando la calidad del "saladito" (botana o picadita en otros países).


Tengo gran añoranza por esas breves jornadas jugando cubilete con un amigo, donde el perdedor tenía que pagar la ronda y en cada ronda mejoraba el saladito; en la primera eran chicharrones, en la segunda aceitunas rellenas, en la tercera camarones salados, en la cuarta jamón español y de ahí en lo adelante lo que uno quisiera. Por eso siempre trataba de tirar carabina de naturales o full de ases, y si no, ganar la ronda porque aunque todo era muy barato, si perdía, tenía que pagar.


Las rondas de carabina me traen a la mente también mis primeros Cubalibre, aquella combinación de ron con Coca Cola o Mojitos que ahora me saben muy diferente, así como cuando la cosa se extendía, aquellos deliciosas anchoas o jamón serrano.  Una diversión sana y al alcance de todos los bolsillos, que tristemente desapareció en Cuba y solo quedó para la "nueva clase".


En Cuba desaparecieron todo tipo de juegos y apuestas, como los casinos, las máquinas tragamonedas, la lotería, el hipódromo, el cinódromo y otros más, pero aún subsisten clandestinamente la charada o bolita, las apuestas en la pelota (la pasión nacional) y el dominó, pero el cubilete vio desaparecer a su lugar por excelencia: la barra de la bodega.


Los cubanos sabemos que los juegos de azar nos brindan muy escasas probabilidades de ganar, las que no dependen de nuestra habilidad, sino del azar, pero eso no es lo importante para nosotros, sino la emoción del momento ante el desasosiego de lo que va a ocurrir.


Personalmente me gustan los juegos de mesa familiares en los cuales lo más que podemos perder es el que momentáneamente se burlen de uno o tener que pagar la derrota tomándose un trago o algo parecido, pero nunca perder lo que hemos logrado en la vida trabajando o porque nos cayó del cielo, por ser débiles o adictos ante un juego de azar como si fuera una droga o algo peor que ésta.


Por eso, entre otras razones, tengo tanta nostalgia por el cubilete, porque me recuerda tiempos muchísimo mejores, a pesar de lo que piensen algunos que no los vivieron.



El Cerro del Cubilete


Como viví cinco años en un lugar muy cercano al sitio al que me voy a referir, lo vuelvo a ver cada vez que vuelvo allí a compartir con mi hijo y mi nuera, no puedo dejar de mencionar otro cubilete, esta vez una montaña con un significado religioso que la acompaña.


El Cerro de Cubilete se halla en la región del Bajío, que de bajo no tiene nada, es una larga y extensa meseta de más de dos mil metros de altura que corre por el centro de México.  El cerro como tal está a quince kilómetros de la ciudad capital de Guanajuato, a 2661 metros de altura, y a 800 metros de la meseta del Bajío, siendo la elevación más alta de todo el estado de Guanajuato.  En su cima hay una edificación que contiene un museo y un templo y una estatua de Cristo Rey en su cima, la que puede verse desde la distancia.


Se cuenta que en 1919 el Obispo de León, Guanajuato, de visita en el pueblo de Silao, el más cercano al cerro, imaginó cómo sería ir a esa montaña, disfrutar de la hermosa vista desde allí y oficiar en su cima una misa.  Se recabaron fondos y el 12 marzo de 1920 se efectuó la misa y se colocó la primera piedra de un monumento que se construiría en recordación y homenaje al hecho.


Un mes después, tras haber realizado un artesano labró en piedra una estatua de Cristo de tres metros de altura sobre un pedestal de seis metros, que fue llevada a la cima. El 10 de abril de ese mismo año el Obispo, acompañado de más de veinte mil personas subieron al Cerro al atardecer haciendo brillar con fogatas a la montaña y al amanecer el prelado bendijo el sitio, la declaró como "lugar santo" y le cambió el nombre a "Montaña de Cristo Rey", bendiciendo la escultura y celebrando la misa.


Después se trató de hacer un monumento mayor, involucrando al Vaticano en el proyecto pero el gobierno de Plutarco Elías Calles frustró los planes.  El 30 de enero de 1928 fue dinamitado el monumento,  el que fue destruído durante la Guerra Cristera, un levantamiento contra el gobierno mexicano debido a disposiciones anti-Católicas añadidas a la Constitución mexicana y que tuvo en la zona uno de sus escenarios más crudos.


Más tarde la Iglesia pidió permiso para levantar otro monumento y el presidente Obregón lo negó, por lo que nuevamente el Obispo Valverde mandó a confeccionar un nuevo monumento a Cristo Rey, en este caso el tercero, el que fue conservado en la Catedral de León hasta que llegó un nuevo gobierno, en este caso el del presidente Avila Camacho, autorizó no solamente el monumento sino un santuario. La escultura, que representaba una columna de nubes con la figura de Cristo fue trasladada por partes a la cima del Cerro y donada poco después a la ciudad de San Luis de la Paz.


La cabeza del dinamitado monumento anterior fue llevada en camión por todo el país en una ‘gira misionera’ como una forma de recaudar financiamiento para la obra, la que concluyó en la década de 1950, siendo hoy uno de los santuarios religiosos más importantes de México, pero nadie lo conoce como lo bautizara el Obispo, sino que sigue siendo "El Cerro del Cubilete".



La carabina al tiro de los cubanos de hoy


Carabina al tiro fue lo que sacaron los que pudieron irse por Camarioca, por los Vuelos de la Libertad, por el Mariel, se sacaron la Loteria de Visas o pudieron irse por reunificación familiar o acogiéndose a la Ley de Ajuste Cubano tanto cuando estaba vigente la Ley de Pies Secos-Pies Mojados o entraron legalmente a los Estados Unidos y permanecieron un año y un día para legalizar su estado migratorio.


Carabina al tiro también fue lo que sacaron los que pudieron hacerse ciudadanos españoles gracias a la Ley de Memoria Histórica y así lograr un largo proceso para sacar de su familia de la Isla, o los o las que se casaron con ciudadanos extranjeros y lograron una ciudadanía en otros países, o los que tuvieron la oportunidad de viajar por motivos laborales, estudios, eventos científicos, becas o eventos deportivos y aprovecharon la oportunidad de dejar atrás la Isla y con ello su vida, su familia y sus raíces, un costo muy alto.


La carabina al tiro puede compararse con algo sobre lo que escribí recientemente: sacarse la lotería sin billetes.  Ambos son flechazos del azar que nos tocan a algunos cubanos.


















lunes, 11 de julio de 2022

Los barberos

 


Los barberos


Otra crisis empezó en Cuba en los años sesenta cuando a los Beatles se les ocurrió dejarse el pelo largo.  En ese entonces en Cuba tener el pantalón apretado, el pelo largo o hasta una mota o patillas eran consideradas, según definición indiscutible del emperador en jefe, "actitudes elvispreslianas" y por ende contrarrevolucionarias.  Esa moda hizo que los barberos redujeran considerablemente sus ingresos, porque muchos jóvenes, a pesar de los pesares y siempre que no fueran estudiantes universitarios o trabajaran en lugares importantes, porque esa era causal para ser botados, se dejaron el pelo largo y por ello el barbero se quedó sin clientes.


Antes de eso, cuando alguien estaba con el cabello largo y descuidado, la gente pensaba dos cosas: o estaba enfermo, probablemente tuberculoso, o estaba cumpliendo una promesa a San Lázaro.  Al único que se le perdonaba eso era al Caballero de París.



La gente calculaba el estado financiero de una familia por la frecuencia con que los niños iban a la barbería.  Los cánones de la época solamente perdonaban el pelo largo con lo que dije anteriormente o con el hecho de que la persona fuera un poeta, un pintor o un científico, el resto tenía que mantenerse pelado de acuerdo con la moda.  Otros casos con el pelo largo eran considerados un símbolo de rebeldía o de personas negligentes y sucias.


Yo mientras tanto y por la inevitable herencia, cada vez tenía menos pelo, y mi barbero, que era también calvo, me decía, para consolarme, que pelar a un calvo era como arreglar un traje a alguien que no le quedaba bien, que era más difícil pelar a un calvo que a un peludo.  Pero en verdad aquello no me daba ningún consuelo.


Pero tengo muchas vivencias de los barberos, sobre todo de la época anterior al desastre revolucionario.



Los barberos


“Barbero”, según el diccionario de la Real Academia Española, es la persona que tiene por oficio afeitar o arreglar la barba, pero en Cuba, el barbero no solo afeita, probablemente sea lo que menos hace, porque su ocupación principal es la de peluquero.   Volviendo al diccionario de la Real Academia, entonces peluquero es la persona que tiene por oficio peinar, cortar el pelo o hacer y vender pelucas, rizos, etc.


Pero para los cubanos el barbero es el que corta el cabello a los hombres y el peluquero es el que atiende el  cabello de las mujeres.  Ningún hombre cubano va a decir que va a la peluquería ni que se va a cortar el cabello, simplemente se va a pelar o a afeitar. En otros países, se cortan el cabello y se rasuran.


El barbero de mediados del siglo XX lograba a base de mucho oficio y tijeras lo que hoy hace una maquinita eléctrica y los niños íbamos, asustados, a pelarnos a la barbería donde todavía se pelaba el abuelo y donde también se pelaba su padre. De manera que el barbero, aparte de pelarnos, conocía una buena parte de la historia de toda la familia, al igual que nosotros conocíamos la de él.


La barberia


La barbería más famosa que conocí fue aquella donde ejecutaron al capo mafioso Albert Anastasia el 25 de octubre de 1957 en Nueva York, y que fue noticia de primera plana. Umberto Anastasio dirigió durante años la organización conocida como "Murder Inc." al servicio de la Cosa Nostra y especializada en sacar del camino a los rivales.


Pese a ser un connotado asesino y responsable de más de cien homicidios, solo cumplió una corta condena en la cárcel de Sing Sing ya que los principales testigos desaparecieron.


Fue asesinado a balazos el 25 de octubre de 1957 en la barbería del Hotel Park Sheraton (Hoy Park Central Hotel New York ubicado en el 870 de la Séptima Avenida en Manhattan) por encargo de Vito Genovese y Carlo Gambino, otro miembro de la organización. El propio Gambino le sucedió en el cargo.


Anastasia participó en la conferencia de La Habana de 1946 efectuada en el Hotel Nacional, donde participaron los principales líderes de la Cosa Nostra y entre los grandes ganadores de aquella conferencia de criminales están el nombre de Lucky Luciano, Meyer Lansky, Frank Costello, Santo Trafficante Jr. y Albert Anastasia.


Pero Anastasia era demasiado ambiciosoy tras la inversión de Meyer Lansky en el Habana Riviera y el haberle cedido el judío el Casino del Habana Hilton, Albert reclamó se le transfiriera el Riviera.  Así se fueron acumulando fricciones con distintos jefes mafiosos y la otra conferencia (Apalachin meeting) fue donde se selló su sentencia.


Dos encapuchados llegaron a la barbería "Park Sheraton" donde se encontraba con su barbero Bocchino y lo cosieron a balazos en el propio sillón donde lo atendían. 


Por supuesto, como es costumbre, el asunto quedó sin resolverse a pesar de que sus guardaespaldas no estaban con él, se sabía quienes se beneficiaban con su muerte y que Santo Trafficante Jr. fue el último en visitarlo poco antes de su asesinato.


Pero el asesinato en pleno mediodía, en un centrico lugar de New York, fue sin duda una noticia impactante relacionada con lo que podia ocurrir hasta en una barbería.


La barbería de mi barrio.


La barbería de mi barrio y las de todos los barrios tenían una característica: era un lugar a donde las mujeres no iban, salvo a pelar a algún niño.  Y en las pocas barberías que había una mujer es porque ella era la manicura, porque allí acudían hombres que se arreglaban las manos.


Mi tia conocía a una manicura que trabajaba en una barbería grande que había en la Calzada del Cerro y ella le contaba que la manicura que arreglaba las uñas a las mujeres en la peluquería hablaba sin parar y la que le arreglaba las uñas a los hombres en la barbería, solo escuchaba, apenas hablaba.  El parlamento era algo exclusivo de los barberos.


Pero en esencia la barbería siempre fue un lugar popular, donde iban los que se pelaban, los que se afeitaban y los que iban a conversar, porque si por algo se caracterizaba la barbería es porque alli se hablaba sin parar de cualquier tema y el gran conversador era el barbero.  Creo que lo hacía para entretenerte y te sorprendiera diciendo: ya terminamos, mirate al espejo.



A veces en una misma barbería iban a pelarse el jovencito, el padre y el abuelo.  El cubano, al que le cayó la peor maldición existente con el comunismo donde hay que hacer cola para todo, no tenia sangre para esperar en una cola en cualquier parte, salvo en el salon de la barbería, ahi si no tenía apuro para nada, porque era entretenido.


Si algo recuerdo de los barberos es el peine en la oreja y al alcance de la mano los paños blancos que a veces nos apretaban casi hasta asfixiarnos, las brochas, los potes con el jabón de afeitar, el pomo de colonia, el de talco y las tijeras, la navaja y la torturadora maquinita, que entonces era de mano y siempre halaba los pelos al cortarlos y el cepillo y el espejo de mano como punto final del pelado o afeitado.


Había mucha gente que se acordaba de pelarse los domingos, cuando el barbero menos quería trabajar, pero cuando llegaba al Salón se daba cuenta de que a medio barrio había tenido la misma ocurrencia, por lo que ese día había más gente que el resto de la semana.  De la barbería había que ir directo a la ducha, porque si no la picazón era tremenda, a pesar de tantos paños y tanto talco.


Y mientras tanto el barbero estaba habla que te habla. Abordaba todos los temas posibles, después de darte un periodico o una revista recomendándote un artículo que no te interesaba y que probablemente él no había leído y si por casualidad respondias a un tema cualquiera, entonces se vestía de experto en lo que fuera y te daba una disertación interminable, que solo acababa cuando te ponía el espejo en la nuca para que vieras lo bien que habías quedado.


En mi juventud estaba de moda el pelado alemán, super corto y que dejaba el pelo muy bajo y al frente de una pulgada de largo, de forma tal que parecías un cepillo, pero aquello era el último grito y junto con un pantalón sin pliegues y sin bajos, era lo máximo.  Eso fue hasta que llegó Elvis Presley y es moda regresó cuando a Elvis lo mandaron al Servicio Militar en Alemania.  Y después con los Beatles y los grupos rockeros, se acabó el pelado alemán.


Menos mal que se afeitaba y daban los retoques con navaja, la que se afilaba en una tira de cuero preparada para ello, porque si no, al llegar la revolución, también en la barbería hubiéramos tenido que sufrir la tortura que conocimos con las cuchillas del campo socialista.


Afeitarse se convirtió en una odisea, y la llegada de cuchillas de afeitar, hechas en Checoslovaquia, atenuó pero no resolvió el problema, que se volvió un sufrimiento. Aparecieron primero las Patria o Muerte y Venceremos, una marca tan revolucionaria como de desastrosa calidad, a la que bautizaron como “lágrimas de hombre”. Después vendrían otras soviéticas como Sputnik y Neva, y otras Checas como Admiral y Astra, ya de mejor calidad, pero nada parecido a las que usábamos antes.


No obstante no se me olvida que una de esas cuchillas tenía impresa a un hombre con la cara enjabonada afeitándose y con una cara de angustia tremenda. Una dolorosa experiencia era afeitarse en un sistema que no dejó casi ningún resquicio de la sociedad que no fuera afectado negativamente.


Después para defenderse, a alguien se le ocurrió el invento y los cubanos acudimos al barberito y a otros remedios porque la historia de los barberos fue quedando atrás por varias razones.


El Barberito


En la década de 1970 apareció en Cuba una nueva invención socialista: El Barberito, una especie de peine de doble cara al que se le ponían dos cuchillas de afeitar y que se suponía que estaba encargado de satisfacer las necesidades mínimas de pelado y con ello alargar las visitas a la barbería.  Decían sus instrucciones que para los hombres de pelo no muy abundante, el uso del barberito era más efectivo, por lo que en esos casos hasta podría sustituir la necesidad de ir al barbero.


Mi suegro compró uno y como ya mis entradas estaban bastante pronunciadas nos suscribimos al barberito.  Pero aquello resultó un fiasco, el artefacto ni pelaba ni afeitaba y probablemente muy pocos lograron hacer algo positivo con tal invento, además de que como las cuchillas estaban escasas, las que se le ponían al aparato eran las usadas, por lo que picaba aún menos.


Las pocas veces que lo utilicé me recordó aquellos tiempos en que nos pelaban con las maquinitas manuales que estiraban el pelo y lo halaban dolorosamente.  Un verdadero desastre.


En fin, el Barberito fue otro mini proyecto fallido del socialismo cubano.


El primer barbero habanero cuando estos eran médicos y dentistas


En los tiempos antiguos, creo que salvo en el antiguo Egipto donde la depilación era generalizada y no solo en la cabeza, la gente no era muy adicta a pelarse y afeitarse.  Ya en la Edad Media, donde la Iglesia dominaba todas las esferas de la sociedad, la necesidad de asistencia médica surgió, como muchas otras cosas, en los monasterios y los monjes hicieron aportes a la medicina (al igual que en muchas otras cosas, como la escritura, la cerveza y los vinos), incluyendo los tratamientos por sangrías, pero con la bula papal de que "La Iglesia no derrama sangre", una burla total cuando casi toda la sangre derramada en el mundo entero se debía a sus dogmas y acciones, prohibió las sangrías y dio lugar a la aparición del  cirujano-dentista-barbero.


Ellos tuvieron acceso a los monasterios, pues a los monjes se les prohibía usar barba o estar pelados de una forma distintiva para diferenciarlos de otras órdenes.  Fue así que los barberos fueron adquiriendo los conocimientos prácticos que tenían los monjes sobre procedimientos quirúrgicos y tratamiento de enfermedades.


De esta manera además de pelar y afeitar, fueron autorizados a dar masajes, aplicar ventosas, extraer piezas dentarias, hacer sangrías, aplicar sanguijuelas y operar forúnculos, otros eran capaces de tratar fracturas, esguinces, dislocaciones, úlceras, enfermedades de la vista, hernias y problemas digestivos.


Cuando en La Habana todavía no se había construido el Castillo del Morro, los vecinos fueron testigos de un evento histórico: la llegada en agosto de 1552 de Juan Gómez, el primer barbero-cirujano, que sería más demandado por su accionar médico que como barbero.  Su bienvenida contó con los únicos tres músicos que había en la naciente ciudad y poco después, al ver la calidad de su trabajo, se le dio la exclusiva del comercio de boticario y de que nadie podía atender sus dolencias y curarse con otra persona, lo que afectó a los curanderos y brujeros que pululaban entonces a falta de alguien con algún conocimiento al respecto.


Y como barbero no aparece en la historiografía muchas o ninguna referencia.


El identificador de las barberías


Cuando había una batalla, lo cual era cotidiano, la tienda en la que trabajaba el cirujano-barbero y a la que había que llevar a los heridos, era señalizada con un poste que se pintaba en colores rojo y blanco. El rojo representaba la sangre derramada durante las operaciones y el blanco por las vendas que el barbero utilizaba durante la intervención.


Ello lo hicieron visible empleando una estaca decorada con franjas de estos colores y de esa estaca se colgaban palanganas de bronce, una en la que se guardaban las sanguijuelas; y la otra era el depósito que recibía la sangre.  El color azul, que se añadió al poste de identificación del barbero podría tener dos orígenes diferentes, uno de ellos que el añadir el azul al poste quedaba con los colores de la bandera americana. En Italia, se cambió el color azul por el verde, para hacerlos coincidir con los colores de su bandera. Pero en la Inglaterra de 1745 se creó el Real Colegio de Cirujanos, separando ambas profesiones y por tanto siendo obligatorio definir el símbolo que los identificara, quedando el rojo y el blanco para los cirujanos y añadiendo el azul para los barberos, cuyas funciones son las que conocemos: pelar y afeitar.


Sin embargo, la separación de la cirugía de la medicina persistió, y solo con la Revolución Francesa se creó la profesión médica unida, como la conocemos hoy, al margen de sus especializaciones.  


El llamado indiferentemente poste de barbero, caramelo, cilindro, pirulí o cilindro con tres colores en trazado helicoidal,  con el paso del tiempo se adoptó como el peculiar identificador de las antiguas barberías. Un símbolo muy útil en épocas en las que el analfabetismo era mayoritario y suponía una  bonanza para el pueblo iletrado, al igual que lo fueron la identificación de bebidas con cabezas de animales.


Durante muchos años estuvieron de moda los postes de barbero giratorios, pero han pasado de moda igual que los barberos que se quitaron la bata blanca y usan cualquier vestimenta. La barbería actual es una competencia entre la vieja escuela y los que se acomodan a la moda de la barba larga o recortada y los pelados con figuras en la cabeza gracias al pelado.


Y están los que como yo, nos pelamos al cero y se acabó el problema, siempre estamos frescos.


Pero al hombre no va a dejar de crecerle el pelo y la barba, por lo que de alguna manera, según la marea de la moda, el negocio prosperará  o decaerá, pero nunca desaparecerá.


Las barberías de hoy


Recuerdo a mi padre afeitándose diariamente, con agua caliente y un jabón para afeitar que con una brocha hacía una espuma grandiosa. Después se echaba, a golpecitos, una loción olorosa para después de afeitar, y parecía no un simple guaguero, sino el gerente de un banco.


Cuando podía hacerlo, me metía en el baño y a escondidas me echaba aquella loción en la cara añorando el día en que pudiera hacerlo por necesidad. Creo que ese era un deseo de todos los adolescentes y algunos, al igual que yo, ahora nos declaramos estúpidos por haber tenido esos pensamientos porque ahora nos pesa ser esclavos del afeitado.


Unos no se afeitan porque quieren que una cuchilla les dure una eternidad o porque no usan un buen producto, o no usan agua caliente o dejan muchos días entre una afeitada y otra y por ello dicen que el afeitado les produce ronchas, erupción y molestia, o no saben descañonar debidamente y entonces se dejan crecer la barba. Pero también está la moda. Basta que un famoso se la deje para que la gente empiece a imitarlo.


Y entonces hemos vuelto a un siglo atrás, cuando imperaba el hombre barbudo, pero con una diferencia: la mayoría de las barbas que vemos no son cuidadas, sino crecidas espontáneamente, así que nos vamos acercando a la imagen del hombre primitivo.  Yo que soy amante del béisbol, veo cómo uno tras otro los peloteros van al juego con una imagen que si no tuvieran un uniforme impecable y tantos artefactos que ahora usan, parecerían un grupo de cromañones.   Cuando veo a un pelotero debidamente pelado y afeitado me vienen a la memoria los tiempos de Joe Dimaggio, Mickey Mantle, Lou Gehrig, Ted Williams, Ty Cobb, Babe Ruth, por citar a los más grandes, en unas épocas donde los jugadores lucían elegantes y no mamarrachos.


Por eso mi memoria vuela a mi infancia y adolescencia, donde imperaba el hombre rasurado.


Los hombres, sin excepción, estaban siempre pelados y afeitados. Cuando uno veía a alguien con el pelo largo o barbudo, la explicación siempre era que se trataba de un vagabundo o que era una persona que había hecho una promesa a algún santo. En esos tiempos los accesorios más conocidos eran las máquinas y cuchillas de afeitar Gillette, Gem, Wilkinson y Pal, mientras que las cremas de afeitar y lociones para después de rasurado, más demandadas eran Gillette, Mennen, Old Spice, Varon Dandy, Palmolive, Williams y Colgate.


Pero sin duda alguna el sinónimo de una buena afeitada era Gillette.


Apenas me salieron tres pelitos en el bigote, comencé a usar Gillete como cuchilla y como crema de afeitar y Skin Bracer de Mennen como loción para después de afeitar y es lo que uso todavía, tras un lapso de cinco décadas o más sin ellas gracias a la revolución.


Y las barberías cubanas de hoy son muy variadas, desde las lujosas y caras hasta aquellas donde te pelan sentado en una banqueta en una acera.  Pero ahora se le ha ocurrido al régimen, tras décadas en que los barberos fueron empleados estatales, y después pasaron a ser trabajadores por cuenta propia, regularle el máximo a cobrar por sus servicios, y los barberos han sacado las cuentas de lo que les cuestan las cuchilla de afeitar, la colonia, el talco, la laca, la licencia, los impuestos, la seguridad social, la electricidad y otros servicios básicos y por ello algunos están pensando en entregar la licencia y dedicarse a otra cosa o pelar clandestinamente en su casa.   


Por eso probablemente veremos otra vez a los cubanos dejarse la melena, porque las barbas ya las tienen aunque sea un símbolo que odiamos.


Mi recuerdo más curioso de los barberos


Y no puedo dejar de mencionar algo que siempre me llamó la atención y que nunca olvidé.


Todos los fines de semana iba con mi padre a hacer compras en la Plaza de Cuatro Caminos o Mercado Único, como indistintamente se conoce.   La Plaza, como usualmente la llamaban, desde los años veinte del siglo pasado, era uno de los lugares más visitados de La Habana, su actividad nunca paraba.  En la Plaza había de todo y a los mejores precios, pero en particular íbamos a comprar productos del mar, porque los pescadores llegaban al puerto con sus goletas con viveros con el pescado vivo y lo llevaban a la plaza en cajas de zinc con hielo.  Pargos y Rabirrubias en su corrida eran los preferidos de mi padre y si no el Serrucho, la Sierra y la Cherna, aparte de los camarones y en ocasiones las langostas.


A mi me encantaba pasear por la planta alta de la Plaza, porque allí no solo estaban los productos cárnicos y los del mar, sino también muchos puestos gastronómicos, en particular fondas chinas con sus deliciosas sopas chinas y el arroz frito, el mismo que muchas veces mi padre llevaba a casa cuando terminaba a medianoche su trabajo.  Pero lo que más me llamó la atención fue la de los barberos de la plaza.


En las edificaciones situadas justo enfrente por toda la cuadra frente al Mercado por la calle Monte, había a todo lo largo tres o cuatro escalones altos para subir a la parte techada donde había muchos negocios. 


Pues allí si usted quería pelarse lo pelaban pero de pie, el usuario en un escalón bajo y el barbero en uno más alto.  Eso salía mucho más barato que ir a una barbería. Cuando uno estaba mal pelado o raspado, o tenías lo que llamamos "cucarachas" siempre le decían: ¿Te pelaste en la plaza?.






domingo, 26 de junio de 2022

Se acabó el pan de piquito

 


Se acabó el pan de piquito


El léxico de los cubanos está lleno de frases que se transmiten de generación en generación, un tema que abordamos repetidamente y que parece no tener fin, por el arraigo tremendo que tiene en la sociedad cubana. Estas frases van cambiando con el tiempo y se adaptan a las nuevas circunstancias, destacando que tienen diferentes significados en diferentes partes del país y las empleamos aunque algunas veces o muchas, no conocemos de dónde proceden. Indagar en ello nos permite acercarnos a nuestra historia de una forma más interesante y atractiva.


Debido a que en un restaurante me sirvieron un pan que me recordó uno que era mi preferido cuando niño, en aquella época en que en todos los barrios había varias panaderías y todas competían por ofrecer productos de más calidad y mayor variedad.  Recuerdo perfectamente que desde una cuadra antes, cuando iba a buscar el pan para la comida, sentía el intenso olor de los panes recién horneados y la boca se me hacía agua.


Esa panadería, a tres cuadras de mi casa, hacía un tipo de pan al que se le llamaba "pan polaco" y era un pan pequeño que terminaba en dos puntas y en la parte superior.  Y por supuesto que estaban los panes de flauta, el pan de manteca, el trenzado, las galletas panaderas, los palitroques, los coscorrones, los bonetes, los panes de gloria y muchos otros productos, pero el preferido en mi casa era el pan polaco o pan de piquitos. 


Cuando regresaba a la casa con el pan para toda la familia (un pan que siempre estaba fresco porque al sacarlo del horno se ponía en canastas y al entregarlo lo envolvían en una especie de papel de china para que conservara su textura, mi abuela, sabiendo que ese era un momento esperado por mí, acudía a una de las frases más usadas: "te pusiste las botas".


Ese refrán se remonta a cuando se recibe algo esperado o no, pero que te resulta muy agradable o te resuelve un problema, entonces era adecuado decir que te pusiste las botas. Esta frase surge cuando las botas, un calzado exclusivo de las personas pudientes, podían adquirirlo y así verse resguardados del frío y cómo para ello había que tener una posición económica alta, pues "ponerse las botas" se asoció a poder disfrutar de cosas que uno apetece y que no están al alcance de todos o lograr algo que muchos ansían.


Por eso para mí volver con los panes de piquito o panes polacos era "ponerme las botas", porque siempre me comía más de uno. Entonces no se concebía sentarse a la mesa a almorzar o a comer o cenar sin que hubiera pan.


Y era afortunado porque el que "Cortaba el bacalao" siempre me permitía comer todos los panes de piquito que quisiera.  Esa frase, muy antigua también, se refería a la persona que mandaba o estaba al frente de un grupo o familia.  Como en las colonias españolas el bacalao salado era, junto con el tasajo, una de las productos más empleados para la alimentación, se hizo popular el símil de que el capataz encargado de alimentar a los esclavos era el que "cortaba el bacalao" y decidía a quién dar los trozos mayores o los más pequeños.


Y por supuesto que una de las frases más empleadas tenía que estar relacionada con el pan.


Se acabó el pan de piquito


"Se acabó el pan de piquito" era una frase de uso muy común en Cuba, pero indagando sobre sus orígenes, resulta que ahora se lo atribuyen varios países: los boricuas que surgió debido a un vendedor de pan de Caguas, los venezolanos que allí tuvo origen y que es cuando un acontecimiento rompe la rutina, pero lo cierto es que en la Cuba del siglo XX ya era muy corriente y todos recurrían a ella cuando la ocasión lo ameritase.


Ciertamente no sé a cuál pan de piquito se refiere la frase, pero asumo que es uno similar a ese que yo compraba en la panadería de al doblar de mi casa y que iba a buscar asiduamente más o menos a la hora en que salía del horno.  Le decían pan polaco, era un pan pequeño, con dos puntas, una franja durita como un pequeño palitroque en la corteza y un sabor delicioso, esponjoso por dentro y crujiente por fuera era de esos panes que se pueden comer solo y los disfrutas tremendamente.  No volví a ver un pan igual hasta que conocí el bolillo mexicano, muy parecido pero no igual.


Según cronistas de la época, el Pan de Piquito era adictivo y doy fe de ello. Mientras que de lunes a viernes desayunaba con una lata grande de galletas Gilda o El Gozo las que rompía dentro del café con leche, los sábados y domingos, cuando se podía desayunar con más tranquilidad, iba a la panadería a buscar el pan de piquito recién salido del horno y además llevaba pan de gloria o coffee cake.  No creo que haya otros momentos que recuerde con más deleite que aquellos desayunos donde el vaso grande y grueso donde se tomaba el café con leche se rebosaba con los panes de piquito con mantequilla y después los coffee cakes cubanos, que no los he vuelto a comer iguales.


Por supuesto que con la llegada del gobierno revolucionario, se acabó el pan de piquito, y no solo física y literalmente el pan de piquito, sino que la frase pudo ejemplificar todo su poder abarcador.


Se acabó el pan de piquito en toda su extensión


En Cuba verdaderamente se puede aplicar la frase de que se acabó el pan de piquito, porque tantas variedades de pan cubano, ahora no quedan más unas pocas y hechas con ingredientes de mala calidad.  Junto con el pan de piquito se fue el pan de agua, el pan de manteca, el pan de gloria, los coscorrones, los palitroques y las galletas panaderas.  Y si por casualidad las hay no tienen la calidad ni el sabor de entonces.


Pero no solo al pan se le puede aplicar la frase.


A los cubanos se les acabó el pan de piquito en casi todas las esferas de la vida.  


Se les acabó el pan de piquito en sus ambiciones de vivir una vida mejor, en poder decidir su propio destino, en emprender un negocio, en escoger qué leer, qué música escuchar, qué película ver, en expresar sus ideas, en irse del país o en cualquiera otra situación que una persona libre puede escoger.   Cuando el gobierno castrista llegó al poder se hizo famosa una canción que decía: "Llegó el comandante y mandó a parar".  Realmente se puede analogar con "se acabó el pan de piquito", porque todo lo bueno se acabó con el nuevo gobierno, un régimen impuesto a tiros y que fue coartando todas las libertades poco a poco.


Después se acabó el pan de piquito para todos los que tenían una pequeña empresa, para el deporte profesional, el de verdadera calidad competitiva, para los librepensadores, para los escritores, artistas, profesionales y para todas las personas, los que tuvieron que conformarse con ser empleados de un solo empleador y encauzar sus profesiones dentro de las regulaciones, normas y dogmas que les impuso el gobierno socialista.


Hay otros que dicen que a los feos y las feas se les acabará el pan de piquito cuando quiten la obligatoriedad del uso de máscaras debido a la pandemia de COVID 19. Pero esa es otra de las tantas formas que tiene el cubano de evadir su propia realidad, porque ha estado obligado a usar una máscara o una doble cara desde hace sesenta años como forma de sobrevivir.


En todas partes a los cubanos se nos ha acabado el pan de piquito


Los cubanos no hemos estado a la altura de Martí.  El Apóstol se ha convertido en algo que siempre está presente pero es como si no estuviera, Martí es solo un objeto de concreto o yeso que no nos recuerda lo que debemos hacer, sino que hace aflorar nuestra universal hipocresía de demostrar lo que no sentimos y a lo que nos hemos acostumbrado.  Nuestro patriotismo no puede basarse en el odio hacia el "imperialismo", acerca de lo cual Martí, a pesar de lo que nos han sembrado, nunca fue antinorteamericano y ese país, Estados Unidos, fue donde más tiempo de su vida vivió.  Martí murió definitivamente no cuando cayó en Dos Ríos, sino cuando lo convirtieron en un falso mito comunista y lo señalaron como autor intelectual de lo peor que nos ha ocurrido a los cubanos.  Con la muerte de Martí, se acabó el pan de piquitos moral para los cubanos.


Y a los cubanos se nos acabó físicamente no solo el pan de piquito y la mantequilla, también la democracia y la libertad de decidir el futuro.  Tras seis décadas de haberse acabado el pan de piquito ahora en Cuba se ha acabado también el pan.

                                  El pan cubano de Miami


Algunos dirán que ello no importa mucho porque el pan más malo del mundo probablemente sea el que se produce en Cuba ahora, más bien se parece al pan que se consumía en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.  El pan no racionado, que esté cada vez más escaso, tampoco es para decir que se destaca por ser de muy buena calidad, pero es mejor que el de la libreta pero su costo es prohibitivo para la mayoría de los cubanos.


Y es que de eso se trata; porque mientras el "pan de piquito" que consume la cúpula gobernante no le llega a los cubanos y el pueblo es obligado a pasar por todas todas las carencias habidas y por haber y no solo materiales.  


Cuba va como el cangrejo, yendo hacia atrás hasta caer al vacío, porque el pan de piquito ya se les acabó.


Pero a pesar de que los cubanos no nos ponemos de acuerdo y en lugar de combatir al enemigo común nos atacamos entre nosotros, inevitablemente llegará el día en que también a los que han ensombrecido a nuestra patria se les acabará el pan de piquito.  Y espero que sea para siempre.




miércoles, 8 de junio de 2022

Se sacó la lotería sin billetes

 


Se sacó la lotería sin billetes


La lotería es algo de lo que muy a menudo se hablaba durante mi niñez y juventud.  Un tío jugaba desesperadamente todos los sábados por la tarde iba a mi casa a escuchar por la televisión el sorteo, donde veía y escuchaba con mucha atención  los niños huérfanos de la casa de beneficencia cantar:


97855 ¡Cien pesos!


14002 ¡Cien pesos!


41842 ¡Cien pesos!


00207 ¡Cien pesos!


hasta que llegaba el momento más esperado:


11724 ¡Premiado en Cien Mil pesos!


11724 ¡Premiado en Cien Mil pesos!


11724 ¡Premiado en Cien Mil pesos!


Después de escuchar tres veces el premio gordo, mi tío, como siempre, se iba rezongando y maldiciendo porque no se había sacado nada y había perdido los cincuenta centavos de los dos boletos que había comprado.


La posibilidad de hacerse rico invirtiendo una pequeña cantidad de dinero atrae a todos, pero las probabilidades de obtener ese premio son tan remotas que más vale la pena guardar ese dinero y probablemente con el paso de los años habremos acumulado una pequeña fortuna de forma real y no dependiendo del azar.


Yo personalmente, seguí los consejos de mi padre y jamás me gasté un centavo en juegos de azar, así de que a pesar de que conocía a muchos billeteros (así se le llamaban a los vendedores de billetes de lotería) nunca les compré ninguno.  Es más, trabajé directamente con el zar de las billeterías habaneras, Adolfo Cacheiro.  Probablemente no había nadie en La Habana que no conociera sus billeterías El Gato Negro, la que revendía billetes a los vendedores callejeros en grandes cantidades, y en las que compraba muchísima gente porque allí habían vendido muchos números premiados.  Su gran venta le permitió expandir sus negocios, un próspero restaurante llamado Café Europa ubicado en Obispo y Aguiar, lugar muy céntrico, cercano a las oficinas de la Western Union, y a los más fuertes bancos de la Cuba de entonces, el Banco de los Colonos, The Royal Bank of Canada, First National Bank of Boston, Banco Hispano Cubano, Trust Company of Cuba, Banco Godoy Sayán, Banco Gelats, The First National City Bank of New York, Chase Manhattan Bank, Bank of Nova Scotia,; compañías de Seguro como Siboney, Interamericana de Seguros, La Cubana, La Mercantil, Richmond Insurance Co., Sociedad Panamericana de Seguros, Trust Insurance Agency, Galban Lobo Trading Co. S.A.; y muchas otras oficinas como la Western Union, el Ten Cents de Obispo y muchísimos otros negocios que hacían que fuera muy exitoso. 


También se hizo propietario de grandes extensiones de tierra y en particular de uno de singular belleza natural: las llamadas Escaleras de Jaruco, con una cueva natural de excepcional belleza turística, Las Cuevas del Cura y después decide junto con el hijo del dueño de la Librería Juan Cebrián donde yo trabajaba, emprender el reto de crear una nueva librería en la calle donde más librerías había, Obispo y a la que llamó El Gato de Papel y que fue todo un éxito y que estaba al lado de uno de sus puntos de venta de billetes de lotería.


Después llegó la revolución y primero reformaron la Renta de la Lotería Nacional, convirtiéndola en el Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas, que iba a resolver el problema de la vivienda en Cuba.  Ese fue el primero de los tantos proyectos fallidos de Fidel Castro, aunque resolvió algunos problemas pero no en la medida que se necesitaba.


No obstante, si valoramos lo construido por el INAV, dirigido por Pastorita Nuñez una guerrillera de mucho carácter, lo que se construyó fue de lo mejor que se ha hecho durante los sesenta años de gobierno revolucionario.  Hasta ahí y porque todavía quedaban los efluvios de un sistema que funcionaba: el capitalismo.


Historia de la Lotería


Como todo lo que tiene que ver con el dinero, se le atribuye a los judíos la invención de un mecanismo que permití hacerse rico con un golpe de fortuna y esto viene afirmado así en vrios libros de la Biblia, donde el destino del pueblo elegido (los judíos) queda en manos de una lotería, la cual se consideraba una suerte en la que la intervención de Dios era decisiva.


Pero fue en Roma (siempre Roma y cuando no Grecia) que se dice que existía una lotería que repartía premios y trofeos durante las fiestas Saturnales.   Las Saturnales eran las más importantes fiestas romanas que se celebraban a finales de cadas año en honor a Saturno, Dios de la agricultura y comenzaban con un sacrificio en el Templo de Saturno, seguido por banquetes y festejos desenfrenados durante una semana donde se relajaban todas las normas sociales.  El papa Julio I hizo que las Saturnalias coincidieran con el nacimiento de Jesús de Nazaret para acabar con la tradición y que ellas pasaran a ser asimiladas como la fiesta cristiana de la Navidad y de Año Nuevo, aprovechando que el solsticio de invierno ocurría en esas fechas.


La lotería de las Saturnales después se extendió a casi todas las esferas de la vida, las que fueron decididas por juegos de azar y hasta una lotería del amor hubo y el azar decidía la vida de las personas, con el futuro dependiendo de la buena o mala suerte.


Estos juegos de azar fueron derivando en rifas, donde los comerciantes venecianos salían de lotes de mercancías lentas por rifas por un precio muy bajo. La lotería moderna, que comenzó siendo un juego. Deriva del francés “loto”. Parece que fue introducida en Francia en 1525 por los soldados de Francisco I provenientes de Italia.


Estos soldados, la habrían conocido en Italia, donde se atribuye el invento del loto a un tal Benedetto Gentile, que se inspiró para crearlo en una costumbre seguida por el consejo municipal de la ciudad de Génova para renovar los cargos públicos.


Como se vio que era una forma fácil de recaudar importantes sumas de dinero, la lotería se difundió y expandió por varios países, primero en Europa, y posteriormente en las colonias de América.


La lotería estatal surgiría en España en diciembre de 1763 cuando en la capital española se realizó el primer sorteo de la llamada Real Lotería de Madrid y sus Reinos, creada por Carlos III, que introducía el nuevo juego imitando el de la Corte de Roma y otros países.  Fernando VII, se apercibe de la conveniencia de utilizarla como una gran fuente de recaudación de recursos  al darse cuenta del éxito de la lotería instituida por las Cortes de Cádiz en 1811, la cual era una lotería en el sentido moderno del término.


La Loteria cubana


Con la Real Orden de 27 de enero de 1812 las autoridades coloniales establecieron en Cuba la institución de la Lotería Nacional, bajo los mismos principios de funcionamiento de los de la Madre Patria.  


Al terminar el dominio español, los interventores norteamericanos prohibieron la Lotería Nacional, la cual señalaron como fuente de vicios y corrupción colonial, pero en 1903, tras establecerse la República de Cuba, un grupo de senadores elaboraron un proyecto con el objetivo de restablecer la institución. El proyecto se discutió entonces en la Cámara de Representantes y luego de largo debate fue aprobado el 5 de enero de 1905.


No obstante estar aprobado el proyecto por el poder legislativo, el presidente de la República, Tomás Estrada Palma lo devolvió al Congreso un día después y se negó a aprobarlo. Tras la caída de Estrada Palma y la corrupta administración del interventor Charles Magoon, llegó al poder el general  José Miguel Gómez (llamado Tiburón, el que llevó la corrupción a niveles nunca antes vistos por lo que se le llamó “Tiburón se baña pero salpica”), quien restableció la Lotería Nacional mediante Ley del 7 de julio de 1909.


Así pasó medio siglo donde la Lotería fue un mecanismo donde probablemente habría corrupción, pero donde la gente contaba algo con qué soñar.  El bombo era el artefacto que podía traer suerte a alguna familia.


Muchos hablan del llamado "bombo", sin saber que a la lotería de visas norteamericana la comparan con las máquinas que de forma aleatoria elegían los números premiados en el sorteo de la Lotería Nacional haciendo girar unas bolitas con los números y las cifras correspondientes con las que serían premiados.  Los niños de la beneficencia extraían del bombo una bolita con el número y después otra con la cifra de dinero correspondiente.


Estas transmisiones por radio y televisión buscaban que el evento fuera considerado transparente y honrado, sin trucos, aunque hay muchas teorías que yo personalmente dudo porque eran niños los encargados de seleccionar las bolitas premiadas, aunque la maraña es intrínseca al ser humano, por lo que no la descarto totalmente y asumo que la mayor corrupción estaba en el empleo de lo recaudado.


Una estadística de 1957 asegura que lo que invertían los cubanos todos los años en billetes de lotería, juegos de la charada y otras variantes de la bolita ascendía a entre noventa y cien millones de pesos, mil millones de dólares a los precios actuales.  Una cifra verdaderamente gigantesca.


En 1968, con la destructiva Ofensiva Revolucionaria y tras 156 años de existencia, desapareció la lotería y se declararon ilegales todos los juegos.  Pero la gente siguió jugando,


La bolita y otros juegos


La lotería se acabó, pero la avidez del cubano por el juego no.


Y qué mejor sustituto que aquel difundido por los emigrados chinos que identificaban a los números con animales, objetos o situaciones: la charada, la bolita o la china.  En Cuba la “bolita” representa mucho más que un juego de azar o una adivinanza basada en los números o en los astros, es casi una institución nacional, ya sea legal, las autoridades se hagan de la vista gorda o la prohiban totalmente como hizo la dictadura castrista.


Los sorteos de Castillo o de Colón, continuaron como si nada.  ¿Qué habrán tirado? continuaron preguntando las amas de casa y los adictos al juego.  Y se seguía jugando "al prohibido" como a las barajas, al siló, al póker, al billar o al dominó.  Hasta hoy  los cubanos siguen jugando la charada cubana en los números que se jugaban en las loterías de Venezuela, y luego, con las loterías de Miami con la ayuda del internet.  Los sueños o las cosas que nos pasen seguramente van a cambiar nuestra vida y por eso vale la pena jugar al número que identifica la señal que nos dieron.


La gente no se saca nada, o se saca muchísimo menos de lo que había derrochado jugando, pero siguen esperanzados con una fortuna que nunca va a llegar.    


Y si no, también tenías la esperanza de sacarte una Villa Jabón Candado o una casa del periódico el País o hasta tener buena suerte en las rifas clandestinas o las apuestas deportivas o de otro tipo.  Las loterías, las apuestas o todo lo que tenga que ver con el azar no es la solución a los problemas económicos o deseos.  Pensar en ello es como vivir en Disneylandia o en el país de Oz y no con los pies en la tierra.


Pero gracias a esta forma de pensar mucha gente no murió de hambre, como el billetero y su familia.


El billetero


"El que puede hacer, hace, el que no, vende billetes", era un dicho popular de la Cuba republicana.


El billetero era un humilde vendedor que recorría las calles portando un gran cartón donde exhibía los billetes de la lotería que vendía al precio de 25 centavos y cuya ganancia personal le alcanzaba escasamente para sobrevivir.


Era uno de los ocupantes de los peldaños más bajos en la escala de la pobreza, igualado con los vendedores de periódicos, de maní o de tamales y solo por encima de los mendigos. Eran miles de hombres, incluyendo niños, que se dedicaban a este triste oficio donde podían vender la fortuna de otros mientras ellos vivian precariamente.


Se podían ver por cualquier parte del país pregonando los números que iban a salir premiados.



Los billetes eran de papel grueso, impresos con determinadas medidas de seguridad, marcas y contraseñas, igual que el papel moneda para evitar su falsificación y tenían el número que representaban en caracteres grandes y estampado en seco el escudo nacional y el valor, así como la fecha y el número del sorteo al que pertenecía.  El billete entero, que contaba con cien unidades de veinticinco centavos cada uno, costaba veinticinco pesos, lo que representaba casi un salario, por lo que el premio gordo difícilmente se lo podía ganar alguien que no fuera rico.


Pero al final muchos vivieron gracias a este pobre recurso al igual que otros oficios de muy poca remuneración que ya mencioné.


Particularmente conocía uno que siempre estaba ubicado en un costado de la librería “La Moderna Poesía”, por donde tenías que pasar diariamente.  Era un hombre ya mayor al que le faltaban las piernas y los brazos y así y todo obtenía su sustento vendiendo billetes.


Y de todos los pregoneros, eran los mejores, eran los decanos del pregón.


La maldición de la Lotería


Hay quien dice que la lotería, su sucesor la bolita y otros juegos de azar son una especie de maldición para los cubanos en los que históricamente han intervenido todas las clases sociales, analfabetos y letrados, blancos o negros, ricos y pobres, todos igualmente interesados en que la suerte les sonría y no tener que trabajar más nunca para vivir fastuosamente y hacer realidad todos sus anhelos y caprichos.


Realmente eso es no valorar realmente lo más importante y hacernos esclavos de los sueños.  No es que se pierdan o se renuncie a las ambiciones, pero es mejor tratar de ser feliz con lo que tenemos, luchar por una vida mejor y disfrutar aquello con lo que contamos, que no siempre son las cosas materiales.


La gente no valora debidamente un refrán que pasó de moda pero no de vigencia:  “de enero a enero el dinero es del banquero” y sigue jugando, acudiendo a supersticiones como guardar el billete en un lugar especial, acompañarlo de amuletos hasta el momento del sorteo, mantenerse fiel a un número preferido, ver a un adivino o brujo, interpretar los sueños y asociarlos a números, ingresar a la tienda donde se va a comprar el boleto con el pie derecho o el izquierdo si el dia es par o impar, frotar el boleto en el vientre de una embarazada o en la cabeza de un calvo, rezarle a San Cono y otros rituales inútiles.


Y este quehacer no es privativo de los cubanos, dondequiera que he ido he visto la misma avidez por buscar ganarse la lotería o cuantos inventos y variaciones similares existen en prácticamente todos los países y donde pude comprobar, sobre todo en los tres que más he conocido: Argentina, México y Estados Unidos, que mucha gente está en las nubes esperando el maná del cielo viviendo esa quimera.  No importa que las posibilidades sean mínimas, imperceptibles, casi inexistentes, la gente sigue comprando boletos de lotería, raspaditos o lo que sea, el problema es no perder la ilusión de que algún día la vida le cambiará.


Pero está el dicho que da título a este artículo:"sacarse la lotería sin billetes".


Ello presupone que tengas un premio sin haber arriesgado nada y hay unos cuantos ejemplos.


Artistas mediocres que le cayeron bien a un empresario y son llevados a los primeros lugares de la preferencia y obtenido grandes fortunas creadas no en base a su talento sino a una campaña de mercadeo.  Los hombres o mujeres que se casan con personas que cuentan con una gran fortuna y lo hacen sin que medie el amor por su parte.  


 Y hay unos cuantos cubanos que se han sacado la lotería sin billetes.


El comunismo acabó con nuestro país, lo llevó a ser uno de los más atrasados del planeta, con la mayor emigración respecto a su población en el mundo, sin haber existido una guerra en él e hizo desaparecer los valores históricos y la esperanza de tener una vida mejor.  Algunos se sacaron la lotería sin billetes por tener familiares en otros países que les permitieron abandonar este desastre.


Otros tuvieron mucha suerte y se ganaron la llamada "lotería de visas" del gobierno norteamericano.  Esos cubanos se ganaron la lotería sin billetes, no tuvieron que arriesgar nada y obtuvieron lo más preciado: la libertad y la posibilidad de labrarse su propio futuro.


¡Esa es una verdadera lotería sin billetes!


Pero la lotería es mucho más que eso porque vivir es el gran premio de la lotería, la experiencia es la acumulación de las loterías que nos hemos ganado y que no hemos cobrado, y para muchos la mejor lotería es el agradecimiento, el respeto o el aplauso, que valen mucho más que el dinero, porque el dinero no compra ningún sentimiento sincero.  Al final ganar la lotería  no significa nada y la gente pobre que ha ganado la lotería no son ricos, son pobres que ganaron la lotería.