domingo, 3 de febrero de 2019

Aeropuerto de Rancho Boyeros


Aeropuerto de Rancho Boyeros

Desde muy pequeño siempre sentí una atracción especial por los aviones. Muy chiquito veía volar a los pajaritos en el patio de mi casa en Bejucal y me gustaba verlos, pero cuando observaba a una o un grupo de tiñosas con su vuelo alto, silencioso y circular, me impresionaba aquella maravilla, Pero la verdadera fascinación fue cuando en el viaje de la mudanza desde Bejucal hacia el barrio de el Cerro en La Habana, al pasar por Rancho Boyeros, coincidimos en la carretera con el vuelo rasante de un avión que iba a aterrizar.  Ya aquello me marcó para siempre y aunque nunca pudo cumplirse, mi sueño siempre estuvo asociado a la aviación.

Cuando ya tuve una familia, uno de mis mayores satisfacciones era llevar a mis hijos caminando desde mi casa en el reparto Fontanar, el mayor de mi mano y el menor encima de mis hombros, y disfrutar la avenida de Rancho Boyeros hasta llegar al aeropuerto, subir a la terraza y ver como los aviones llegaban y despegaban.   Entonces en el aeropuerto la hoy llamada Terminal 1 era la única existente y de ella salían y llegaban los vuelos nacionales e internacionales. Su acceso era libre, de cualquier salón o cafetería o restaurante se veía la pista y el ubicarse en la terraza, también era sin restricciones.


Era una delicia para los muchachos pensar que los aviones iban a chocar contra el edificio de la terminal aérea y ver como en el último momento daban un corte y se ponían paralelos a la zona desde donde los veíamos.  Y lo mismo cuando iban a tomar pista para el despegue, ver como el chorro de aire caliente de las hélices nos hacía taparnos.

Y antes de eso, acostumbrábamos a ir a la cafetería del aeropuerto, en un ambiente acogedor y con la vista de la pista aunque no hubiera mucha actividad.

Con el tiempo la posición vanguardista que tuvo Cuba en la aviación fue cambiando mucho, primero para posicionarse entre las mejores aerolíneas del mundo, asociadas a la Pan American y después de la revolución con un declive que a pesar de que a tocado fondo, sigue hundiéndose.

Ha habido algunos intentos de recuperar este medio de transporte y llevarlo a donde debe estar, pero como todo en Cuba, se queda siempre corto el intento.  Y en este caso, tan corto como ocurre con el transporte en general.  Cubana es hoy una aerolínea sin aviones y con una seguridad en entredicho.

Pero aquí hay mucha historia que vale la pena repasar.

Poco tiempo después, en octubre de 1919 se constituye la primera empresa de aviación cubana, la Compañía Aérea de Cuba (C.A.C), siendo designado Agustín Parlá como Gerente General, la que tuvo corta duración.

Columbia

El Campamento Militar de Columbia o Ciudad Militar al que se le llamó de Columbia, porque fue ocupado en su inicio por tropas provenientes en su totalidad del distrito de Columbia en Casrolina del Sur, fue construido en la primera intervención norteamericana y transformado por el gobierno resultante del Golpe de Estado de Batista el 4 de septiembre de 1933.  Ello incluía diversas construcciones y facilidades militares, algunas también de uso civil y el campo de aviación, complementado por el obelisco conmemorativo al golpe militar, el cual se empleaba como faro para los aviones.  Este fue el principal aeropuerto de Cuba hasta 1930 y fue modernizado cuando tras el paso del ciclón del 26 fueron destruidos hangares y aviones.

Fue un momento importante para ese aeropuerto cuando Barberán y Collar, pilotos españoles hicieron el vuelo directo Sevilla-Camagüey y al día siguiente aterrizan en Columbia.

También desde Columbia despegaron aviones para hacer el primer bombardeo de una población civil cubana, cuando los rebeldes contra el gobierno de Machado, encabezados por Hevia y Carbó, tomaron el pueblo de Gibara.  Carlos Hevia sería presidente de la república por tres días y Sergio Carbó, quien sería director del periódico Prensa Libre y una figura política importante, había viajado a la Unión Soviética por sus inclinaciones marxistas y regresó desilusionado del comunismo.

Aeropuerto de Rancho Boyeros

La aerolínea bandera cubana, fundada en 1929, había sido un símbolo vanguardista en la industria de aviación latinoamericana, fue de las primeras que abrieron la era de los vuelos comerciales donde fue altamente competitiva.  En marzo de 1932 la Pan American Airways adquiere la Compañía Nacional Cubana de Aviación Curtiss, S.A. comprando todas sus acciones y el 6 de mayo de 1932, cambia la estructura y el nombre por Compañía Nacional Cubana de Aviación.

Todo ello pedía a gritos un aeropuerto con todas las de la ley, por lo que después de los estudios y proyectos correspondientes, el 24 de febrero de 1930 es inaugurado oficialmente el hoy conocido como   Aeropuerto Internacional “José Martí”, en el cual se inaugura la primera torre de control el 14 de enero de 1943.

El aeropuerto de Rancho Boyeros está situado a 18 kilómetros de La Habana y su ubicación tiene unas características que merece la pena conocer.

El cacique taíno llamado Habaguanex, que controlaba la zona de su primer asentamiento en la costa sur en 1519 dió nombre a la ciudad y se mantuvo a pesar de ubicarse posteriormente y hasta hoy en la costa norte en el puerto llamado entonces de Carenas, ideal por su geografía de bahía de bolsa para carenar las naves.


El lugar fue el asentamiento de un núcleo poblacional junto al camino real del sur, entre las poblaciones de Calabazar y Santiago de las Vegas.  El Camino Real del Sur fue el primero que atravesó la Isla de sur a norte, teniendo en cuenta la ubicación original de La Habana en lo que es hoy Surgidero de Batabanó, y el lugar surgió por el hecho de que las arrias de mulos con mercancías, al igual que los carreteros o boyeros que conducían carros tirados por bueyes, necesitaban detenerse para abonar el derecho de peaje, por lo que comenzaron a construirse ranchos para que los boyeros pudieran hacer un alto en el camino, descansar y protegerse de las lluvias.  Después llegó un nuevo impulso al construirse el ferrocarril de La Habana a Bejucal en 1837 y ser el territorio parte de su curso, reforzado más tarde con el Ferrocarril del Oeste.

El Rancho de los Boyeros estuvo vinculado siempre a las vías de comunicación y se desarrolló con ellas. Como había ocurrido con el transporte terrestre por carretera y por ferrocarril,  la construcción del primer aeropuerto del país se constituyó en símbolo por antonomasia de esta población y municipio y cuando se habla de Boyeros, se piensa en aviones.

Los estudios definieron el lugar en que se construiría el campo aéreo.  Era un lugar con numerosas fincas y donde también estaba la zona de Aguada del Cura. Los cultivos principales eran tabaco, piñas, naranjas y caña de azúcar, aunque había pastos para ganado y caballos y frutos menores.  Todas estas fincas fueron compradas por la Compañía Nacional Cubana de Aviación Curtiss, S.A. que construyó el aeropuerto.

Estas fincas se comunicaban con las zonas pobladas y la Calzada Real (Hoy Calzada de Bejucal),  mediante caminos carreteros que existían de acuerdo entre los propietarios de fincas para que todos pudieran acceder a los poblados. Todas las fincas adquiridas para el aeropuerto, se refundieron en un solo terreno para lograr la extensión necesaria para las pistas.


Al refundir las áreas quedó definido el territorio que ocuparía el aeropuerto, y la línea del ferrocarril Habana-Güines quedó dentro de las tierras del aeropuerto cruzando la pista principal. La terminal aérea se construyó del lado oeste de Rancho Boyeros, a continuación de la entonces finca Adelaida y junto a la línea del ferrocarril. En sus inicios tenía tres pistas, cruzadas en ángulos de 60°, la principal con 524 metros de largo por 36 de ancho, pero al final, lo necesario para esa etapa de la aviación, era que no dejaba de ser una sabana de medio kilómetro de largo por treinta metros de ancho cubierta de hierba corta.

El desarrollo de Rancho Boyeros desde entonces, ha estado relacionado con el aeropuerto. Inicialmente la terminal fue un edificio central pequeño, que se fue agrandando y extendiendo y más tarde equipado con una elevada torre de control con el equipamiento avanzado para la época.  Sucesivamente, al crecer los servicios aéreos se fueron creando facilidades para los viajeros y modernizado completamente.

El caserío cercano se convirtió en el Reparto Lutgardita, con centros comerciales, industriales, ganaderos y agrícolas, una escuela técnica industrial, una fábrica de pinturas y  otras industrias así como la concurrida Feria Nacional Agropecuaria, donde cuando era niño me llevaban a ver unos toros inmensos, unas vacas que parecían elefantes, unos caballos como los del cine, una extensa exposición avícola y de equipos mecánicos para la agricultura, todo rematado por un espectáculo de rodeo, pero lo que me gustaba de la Feria realmente eran los panes con lechón.

La ganadería entonces, después de la caña, ocupaba el segundo lugar en la creación de riquezas en Cuba.  Eran los tiempos en que la leche era distribuida de casa en casa, los lecheros ponían el litro de leche en la puerta de las viviendas recogiendo el vacío, algo que quedó para la historia y que se hace increíble para los que no conocieron la Cuba anterior a la revolución.

Comenzó de inmediato a construirse la Avenida de Rancho Boyeros, una amplia doble vía que durante mucho tiempo fue el único acceso a la terminal aérea.  La  avenida de Rancho Boyeros nos lleva al aeropuerto pero también al manicomio, hay que pasar por el hospital de Mazorra para llegar a ella.


Desarrollo de la aviación

Con el surgimiento del turismo internacional, La Habana se convirtió en un destino turístico por excelencia, sobre todo para los americanos. En los años 20 y 30 del siglo XX, sobre todo, el turismo era una de las principales fuentes de divisas de Cuba (superada sólo por el azúcar y el tabaco).  La Habana era el destino más popular del Caribe, especialmente para los estadounidenses, los cuales buscaban evadir las restricciones impuestas por la “ley seca” imperante en los Estados Unidos y porque en Cuba se sentían como en casa, pero con bebidas alcohólicas.

Después de la reducción del turismo provocado por la Gran Depresión, el fin de la ley seca en Estados Unidos y la Segunda Guerra Mundial, La Habana volvió a empezar a recibir visitantes en números significativos en los años 1950, cuando el crimen organizado estadounidense se apoderó de una buena parte de las industrias del ocio y el turismo del país. La Habana gastaba tanto dinero en fiestas como cualquier ciudad importante del mundo y era el eslabón más seguro en la actividad del juego controlada por la mafia.

Hay que destacar que el número de turistas estaba condicionado a las posibilidades de transportación. En la era actual, donde el turismo internacional masivo ha sido facilitado por la expansión de la aviación, lo que no existía en la década del 50, seguramente hubiera magnificado de forma sorprendente el turismo hacia Cuba. Si en los años 50 unos 250 mil turistas visitaban Cuba anualmente esa cifra, sin el bache provocado por la política restrictiva de viajar al cubano y limitación al turismo aplicada durante más de 30 años, fuera increíblemente grande. Otros polos turísticos surgieron y se desarrollaron gracias a esta nefasta política del gobierno comunista, como es el caso de Puerto Rico, República Dominicana, Jamaica y algunas islas de las Antillas Menores.

Fue así que surgió Aerovías Q S.A. era una de las cuatro aerolíneas comerciales cubanas. Se podía llegar al aeropuerto de Columbia en Marianao a las siete de la mañana y tomar un avión, del que salía uno cada hora a Miami o Cayo Hueso.  Como relaté en un artículo había gente que tomaba este vuelo, iba de compras, paseaba, almorzaba o cenaba y tomaba el avión de regreso y en 40 minutos estaba de vuelta en La Habana.  Y como era propiedad del presidente Batista, todos los vuelos salían desde Columbia.

La Terminal Internacional José Martí es el aeropuerto más grande de la isla. Han existido intentos de trasladarla a otros sitios, entre ellos a San Antonio de los Baños, donde Estados Unidos construyó durante la Segunda Guerra Mundial una impresionante base aérea, que mantuvo su uso militar.   Pero eso representaba alargar en veinte kilómetros más la distancia hasta la capital.

Durante los años y el desarrollo de la aviación, se vio que era necesario agrandar la pista para darle acceso a los aviones de nueva generación, trasladar de sus cercanías torres de alta tensión eléctricas con las que habían chocado aviones y eliminar el pase del ferrocarril a través de la pista.  Igualmente construir terminales aéreas para dar servicio al incremento de los pasajeros que emplean este servicio y para ello, como es usual en Cuba, se aplicó la política.


La terminal No. 1, la primera y única existente durante decenios, se dejó exclusivamente para el tráfico nacional, se creó sin muchas condiciones, la número 2, destinada a los viajeros desde y hacia Estados Unidos, para no contaminar ideológicamente al resto, una exclusiva para uso militar de transporte que tuvo gran desempeño en viajes con personal a la guerra de Angola y otra denominada Aerocaribbean exclusiva para una aerolínea paralela creada para el turismo internacional.  Y se acometió la construcción de lo que sería la terminal más importante, la número 3 para los viajes internacionales.  Esta terminal, más moderna que las otras, es realmente insuficiente y de servicios deficientes, por lo que no compite con aeropuertos regionales de ninguna parte, no digamos ya con terminales de grandes ciudades.

Hice una simple comparación con algunos aeropuertos que he conocido, no voy a hablar de Europa o Estados Unidos, sino de América Latina: México, Cancún, Panamá, Santa Cruz de los Pinos en Bolivia, Santiago de Chile y Buenos Aires.   En ninguno de ellos había falta de agua, ni de limpieza y artículos de aseo en los baños, ni tiendas cerradas, ni mucho menos zonas oscuras sin electricidad o calor.   Es vergonzoso que la cara de Cuba al mundo sea tan fea,  tenga tantos problemas y los responsables no tomen medidas con ello.  Es como invitar a alguien a tu casa y que se la encuentre sucia y desarreglada, esa es la impresión que se va a llevar de tí.


Rancho Boyeros: sinónimo de dolor, tristeza y alegría

Como ha ocurrido con absolutamente todo en Cuba, después vino el misterio y la prohibición de viajar para los cubanos y la restricción de los extranjeros para ingresar a Cuba (en Cuba lo que no es prohibido, es obligatorio). La nefasta y cruel política migratoria del régimen impidió a los cubanos a salir de su país, y si lo hacían, la negación a regresar, siquiera de visita. A sus enemigos, cada vez que pudo, y particularmente en el evento del Mariel, los deportó prácticamente, como hacía Stalin con todo aquel que le molestara o combatiera. Aquel que saliera del país, como el caso de mi padre, no podía volver a tener contacto ni saber de su familia por ninguna vía. Un crimen que no se paga con nada. Y todavía, cínicamente, aspiran a que la historia los absuelva.

Como vimos, todo el desarrollo turístico de muchos países, se nutrieron de lo que Cuba negaba, y ahora ven en peligro su estatus económico.

Pero el tema más difícil de abordar es el resultante de la práctica más cruel del gobierno revolucionario: su política migratoria. Para muchos este sitio es en la actualidad un lugar de recuerdos, también de lágrimas y nostalgia por las raíces.

Primero los vejámenes a los que se iban solamente con lo que llevaban puesto, rodeados de gente y humo, una algarabía en las que muchos lloraban porque aunque dejaban atrás esa tierra de falta de libertades y escaseces, también dejaban a sus familiares y amigos que no volverían a ver probablemente nunca más.y donde también se quedarían atrás una vida entera de sacrificios, sueños de los que solo llevarían el recuerdo.  Eran momentos muy dramáticos los que esas paredes contemplaron, para muchos los peores momentos de sus vidas.  Algunos no lloraban pero en su mirada se podía adivinar lo que llevaban por dentro, un mundo de sufrimiento contenido.

Con mucha esperanza, pero con el miedo de llegar a un país desconocido en el que había que comenzar de cero, predominaban los pensamientos de los que se iban y de los que se quedaban  la incertidumbre de cómo les iría, que no los tendrían para apoyarlos y que no iban a saber de ellos a no ser casualmente.  Y peor era la situación de los que se iba una parte de la familia y la otra no, por distintas causas, porque unos no querían dejar lo que conocían, otros porque tenían miedo al cambio y otros porque al hijo no le daban la salida por estar en la edad militar.  Pero en esos momentos también salieron a flote los peores sentimientos humanos.


Sin duda debieron haber sido muy duros contemplar la casa donde uno vivió, la cama donde durmió, los muebles, lámparas, adornos, discos, libros, fotos, todo lo que resume una vida, y que había que dejar atrás.  Y todos en ese momento, justo antes de subir la escalerilla del avión, se repetían que nunca iban a olvidar sus raíces.  Y muchos lo han cumplido, han recreado su vida anterior en otras tierras, con sus virtudes y sus defectos, han tratado de crear otra Cuba, la que llevaban cosida en el alma.  Se iban decepcionados de lo ocurrido en el país, pero no de la tierra que los vio nacer.

En los últimos lustros se ha producido la visita de aquellos que se fueron y que el régimen les permitió visitar la Isla y sus familiares para de paso ayudarlos económicamente a mantenerse en el poder, y a otros se les sigue negando la entrada a su país que es como negarle la entrada a su casa.

Esto sin duda trae mucha alegría, pero después inevitablemente, vuelve la tristeza de la separación de nuevo.  Sin duda que la política no cabe en la azucarera.

Para los cubanos este sitio es en la actualidad un lugar de despedidas, recuerdos, también de lágrimas y nostalgia.  Pero no solo se fueron por ese aeropuerto los que más nos vienen a la memoria, los millones de cubanos que han tomado el camino del exilio, sino también, y a lo largo de la historia, muchos personajes políticos o públicos y hasta algunos que con disfraces y falsificación de pasaportes, burlaron a las autoridades migratorias.
                                                  El general Rafael del Pino

Punto de escape.

Por allí se escaparon muchos personajes, unos huyendo de la persecución política como el presidente dictador Gerardo Machado, que tenía su finca La Nenita muy cerca del aeropuerto por si acaso debía fugarse precipitadamente, como ocurrió.  Tras la huelga general de 1933 y ver cómo el pueblo ajusticiaba a los machadistas y saqueaba sus viviendas, lo que se convirtió en un frenesí de anarquía que afectó la vida de inocentes, por lo que con su escolta y otros funcionarios llegó a la pista aérea, pero solo pudieron abordar seis, que era la capacidad del Sikorski anfibio de la Pan American que dispuso el embajador norteamericano.  Después se produciría la fuga de Batista y muchos de sus colaboradores, tanto por Boyeros como por el aeropuerto militar de Columbia.  Machado fue el primer presidente cubano que voló en avión, y uno de los primeros mandatarios en hacerlo en el mundo.Charles Lindbergh, el primer aviador en atravesar solo y sin escalas el océano Atlántico, invitó al dictador a sobrevolar La Habana  Ford de tres motores con capacidad para diez pasajeros y dos tripulantes. A partir de ahí ese mismo aparato u otro con características similares, que hacía entonces los vuelos Habana-Santiago de Cuba con escala en la ciudad de Camagüey, estuvo al servicio de Machado cada vez que el dictador lo solicitaba. Le falló sin embargo el día de la fuga, el 12 de agosto de 1933. Pidió dos aviones, de 12 plazas cada uno, para huir de la justicia popular con sus más cercanos colaboradores, y tuvo que conformarse con un aeroplano de seis plazas.

El General Rafael del Pino, de la Fuerza Aérea Cubana,  el 28 de mayo de 1987, voló con su esposa y tres hijos en un pequeño bimotor Cessna 402 de la empresa estatal Aerocaribe hasta Cayo Hueso (Key West).
           El mayor Orestes Lorenzo con una fuga y un rescate de su familia, ambos de película.,
      
No fue único, sino reiterado el hallar cadáveres de cubanos que se introdujeron como polizontes en el tren de aterrizaje de aviones, lo que hizo que las medidas de seguridad en el aeropuerto fueran reforzadas y un jeep militar siguiera al avión hasta que despegara.

Casos como este ocurrieron en los aeropuertos de Milán, Gatwick, Heathrow y Crowley en Londres, Barajas en Madrid, Dusseldorf, Varese en Italia, Ciudad de México y Dusseldorf en Alemania.  No se sabe la cantidad de los que pueden haber caído al mar al abrirse el compartimiento.

 Durante los regímenes políticos anteriores, por ejemplo, bajo las dictaduras de Machado y Batista, los inconformes con dichos sistemas políticos abandonaron el país por barco o avión, como un pasajero común y corriente,  En los años cincuenta fueron cientos los revolucionarios fidelistas que se fueron de Cuba con un boleto de avión o subiendo tranquilamente a un Ferry hasta Cayo Hueso, el que se podía tomar diariamente en la bahía de La Habana. En aquellos tiempos de la revolución, aún bajo una dictadura, los cubanos éramos más libres y los primeros éxodos cubanos, ocurridos todos bajo el régimen, tuvo un caso particular cuando entre 1960 y 1962 salieron de la isla 14,048 niños hacia Estados Unidos, autorizados por sus padres, el famoso éxodo llamado Peter Pan, algo verdaderamente triste y traumático.

Pero después que a Fidel Castro se le ocurrió cerrar las fronteras, comenzó entonces lo que el había empleado exitosamente: el secuestro de aviones.

Secuestros

Han sido tantos los secuestros o intentos que se han sucedido desde la etapa revolucionaria que solo nos vamos a referir a algunos de los más sonados.  Desde 1959 hasta 2003 habían sido secuestrados 54 aviones cubanos, la mayoría hacia Estados Unidos.

Uno de los primeros fue unl avión comercial DC-3 de Aerovías Q, que cubría el vuelo de La Habana a Nueva Gerona, es secuestrado por nueve y  obligan al piloto a aterrizar en Key West, Estados Unidos.

El 19 de marzo de 2003, seis cubanos armados con cuchillos secuestraron un avión DC-3 de la compañía Aerotaxi, que cubría la ruta Nueva Gerona-La Habana con 36 ocupantes, y lo desviaron a Cayo Hueso.  El 10 de abril del 2003, ocho hombres desde Nueva Gerona, en la Isla de la Juventud, exigieron viajar hacia Cayo Hueso en una avión AN-24 de fabricación soviética con 46 personas a bordo.

En 2007 tres reclutas  camagüeyanos escaparon del servicio militar en Managua,La Habana, secuestraron un ómnibus y llegaron hasta la terminal 1 donde se encontraba un Boeing 737 listo para despegar y en tiroteo con la policía fueron detenidos.

Uno de ellos, entre los más conocidos está salido de Santiago de Cuba, rumbo a La Habana, el 27 de marzo de 1966. El piloto dijo que no se iba a dejar robar su avión, porque para eso “había que matarlo”.  Así que lo mataron cuando el secuestrador se dio cuenta de que lo había engañado llevándolo a Rancho Boyeros en lugar de a Miami.  El asesino escapó por la ventanilla delantera de la cabina y huyó de las autoridades que llegaban, y se perdió en la inmensa ciudad de La Habana. Comenzó una búsqueda de varios días que involucró no sólo a los órganos de la Seguridad, sino a todas las fuerzas represivas y a chitavos para capturar al peligroso asesino, emocionado con los graves sucesos a la población como si se tratara de una novela de suspenso.  Al cabo de una semana de búsqueda fue hallado escondido en una iglesia habanera donde lo habían ocultado.  Betancourt, que fue fusilado de inmediato, se hizo popular entre los cubanos.

Como después el que tratara de secuestrar una lancha o un avión era fusilado sin contemplaciones, esta práctica, sumada a las extremas medidas de seguridad, fue aplacándose hasta desaparecer.

Pero como parte de la moda de secuestrar aviones, revolucionarios y delincuentes de todas partes del mundo se dedicaron de desviar aviones hacia Cuba.  A cada rato venía un avión americano secuestrado por un delincuente y sobre todo por los llamados “Panteras Negras” que escudados en militancia política, trataban así de evadir la justicia.  Y uno de esos casos lo viví particularmente de cerca.

El avión secuestrado era un Boeing 747 y la pista de Rancho Boyeros resultaba insuficiente para el aterrizaje.  Además al avión lo habían tiroteado al despegar y parte de su tren de aterrizaje estaba inutilizado.   Por ello el aeropuerto se llenó de gente en sus alrededores, para ver como de noche, el avión gigantesco que nunca habían visto los cubanos, mientra daba vueltas para gastar combustible, finalmente pudo aterrizar después de que la pista se llenara de espuma contra incendios.  Todo un espectáculo para ver un avión con cientos de personas jugándose la vida por la acción de un “revolucionario”.

Pero lo más curioso es el pronunciamiento oficial en el periódico: "El 2 de agosto de 1970, se produce el primer secuestro de un Jumbo. Se trata de un Boeing 747 que viaja con 378 pasajeros a bordo hacia Puerto Rico. El avión, que sale de Nueva York, es obligado a desviarse hacia Cuba. En el aeropuerto de La Habana el secuestrador abandona el avión y se entrevista con Fidel Castro.”

Un jefe de estado recibiendo a un terrorista, al cual por supuesto le dieron asilo en Cuba como a muchos otros.


Accidentes

A pesar de ser la aviación el medio de transporte que cuenta con menor cantidad de accidentes por las medidas de seguridad que alrededor de él se toman, sin embargo cuando ocurre alguno, por lo general son aparatosos y tienen mucha difusión.  Y Cubana de Aviación y el aeropuerto de Rancho Boyeros también tienen sus tristes historias en este sentido.

El Il-62 de Aeroflot (SSSR-86614) se estrelló el 27 de mayo de 1977 en La Habana cuando aterrizaba en Rancho Boyeros. Se producen 68 víctimas fatales de 70 personas a bordo, la segunda peor catástrofe aérea en Cuba y estuvo causada por el choque con torres de alta tensión muy cercanas a la pista, las que fueron trasladadas posteriormente. La hermana de un compañero de trabajo regresaba con su esposo de una misión en la embajada de Cuba en Moscú y falleció en el accidente.

Un IL-18 iba a hacer el vuelo CU-T899 de Cubana hacia Managua, Nicaragua y se estrella poco después de despegar, en las inmediaciones de San José de las Lajas, a las 8.22 de la mañana del 19 de enero de 1985.  Se le quemó un motor poco después de despegar y conocí los detalles porque un hijo de un compañero mío de trabajo era el copiloto.

El más triste y grave de los accidentes lo protagonizó el CU-T1281 de Cubana con destino a Milán en Rancho Boyeros, a las siete de la noche del 4 de septiembre de 1989, cuando el IL-62 Intenta despegar con mal tiempo y al final de la pista un viento descendente vertical le hace perder altura y estrellarse saliendo del aeropuerto con un balance de 160 muertos: 126 del avión y 34 vecinos del lugar. Este desastre está calificado como el accidente N° 43 por la cantidad de muertos en toda la historia de la aviación mundial.  En particular también lo viví pues era un lunes y recién había llegado del trabajo cuando sentí un estruendo tremendo y de inmediato se sintieron sirenas de ambulancias y carros patrulla.  Un verdadero desastre que conmocionó a la aviación cubana.

Y aunque no tienen nada que ver con el aeropuerto de Boyeros, voy a referirme al aeropuerto de Santiago de Cuba.

Santiago de Cuba es una de las provincias de nuestro país que con mayor frecuencia sufre eventos sísmicos y así ocurre desde tiempos atrás: se habla de inundaciones, penetraciones del mar y fuertes terremotos que dejaron la región devastada, aunque estos eventos no han sido significativamente importantes en los tiempos modernos.

Pero estas historias han hecho surgir en el imaginario popular muchas leyendas que hablan de catástrofes y malos augurios, de la desaparición de las embarcaciones durante las tormentas, la violenta marea, la fuerza de las olas, el hundimiento en el mar de grandes porciones del territorio y sucesos que inestabilizan la transportación aérea.

Y su sustento es la Fosa de Bartlett o Fosa de las Caimán, situada frente a las costas de Oriente cubano, que cuenta con una amplia variedad de leyendas y creencias populares que la distinguen como una zona peligrosa.

La fosa posee una profundidad máxima de 7,686 metros; siendo el punto más profundo del mar Caribe. Según los estudios científicos es una depresión submarina de mil 400 kilómetros de largo y se extiende desde la isla Caimán hasta República Dominicana. Por supuesto, la costa suroriental de Cuba está incluida en este perímetro. Frente a la ciudad de Santiago de Cuba se encuentra lo que se conoce como el accidente geográfico conocido como promontorio, que son las zonas menos profundas de la fosa de Bartlett. Las zonas más profundas de este accidente geográfico encuentran frente al Pico Turquino”. Pero tiene unos dos mil kilómetros de longitud y una anchura media de doscientos kilómetros y llega hasta Guatemala, donde se llama falla de Motagua y penetra en el Pacífico.

Por eso se dice que el aeropuerto, ubicado al lado del mar, es una zona propensa a ser afectada por los efectos de la fosa y los incesantes aunque imperceptibles temblores de la corteza terrestres en la zona.  Y algunos ejemplos de ello son los siguientes accidentes:

Este  aeropuerto está rodeado de montañas por lo que los aviones suelen dar un rodeo para aproximarse a tierra sobrevolando el mar.  Y en él prevalece el trágico recuerdo de los accidentes de dos naves insignias de Cubana, los DC-4 bautizados “Estrella de Cuba” y “Estrella de Oriente”, en los años cincuenta.

El 27 de marzo de 1962. El avión IL-14, se precipita al mar después de haber despegado del aeropuerto de Santiago de Cuba con destino a La Habana. Fallecieron sus 22 ocupantes.

El 24 Octubre de 1990 un Yak-40 con 26 pasajeros y siete tripulantes se accidentó al aterrizar en Santiago de Cuba, provocando la muerte de 10 personas y heridas al resto de los viajeros
Al chocar contra una meseta a unas cinco millas del aeropuerto. El accidente ocurrió de noche bajo condiciones lluviosas.  El hijo de Mazorra, un viejo realizador de la Radio con el que tenía buenas relaciones, era el piloto de la nave y dijo que no halla explicación a lo ocurrido porque hasta ese momento el avión estaba respondiendo sin problemas y ellos estaban concentrados en la maniobra al máximo por las inclemencias del tiempo.


Un Antonov An-24RV, el 11 de julio de 1997,  poco después de despegar del aeropuerto de Santiago de Cuba, a una altura de 150 metros y a cinco kilómetros de distancia de la costa, se le detuvo el motor izquierdo y cayó al mar en su vuelo nocturno. Fallecieron todos los pasajeros, cinco tripulantes y 39 pasajeros cuyos cuerpos no pudieron ser rescatados pues cayeron en uno de los puntos de mayor profundidad del Mar Caribe.

Y el reciente accidente del Boeing 737 arrendado por Cubana de Aviación al despegar del aeropuerto de Boyeros en mayo de 2018 para un vuelo nacional con 110 muertos, muestra el estado crítico de la aviación en Cuba, tema del que no vale la pena hablar más.


Experiencias personales.

En los numerosos viajes de trabajo  que hice por todo el país, cuando de Santiago de Cuba iba de regreso a La Habana ocurrió un accidente en el que aparentemente uno de los trenes de aterrizaje se desprendió.  El avión, un AN-24 estaba tomando pista, por lo que no había alcanzado mucha velocidad y solo fue un susto.

Pero los sustos no acabaron ahí.  En una ocasión, volando en un Bristol Britannia de Aerocaribbean, un avión que lo tomé en Las Tunas y cuando subí a él con una escalera que era parecida a las de los bomberos, pues las normales no llegaban a la altura de la puerta, ví que habría unos veinte asientos y el resto del avión estaba colmado por unos colchones en el suelo y unos pallets de madera, a lo que se sumaba un intenso olor a gallina.  Aparentemente habían transportado pollos en jaula o algo así y todavía había en el ambiente olor y plumas.  Pero lo sorprendente fue cuando aquel armatoste despegó, parecía que se iba a desarmar y al girar el avión, tomar altura o descender, los colchones y las plumas lo acompañaban en el movimiento.  Nunca como hasta entonces había rezado a la Virgen.

Otra ocasión, también desde Santiago de Cuba, al despegar sentimos un ruido extraño, después durante el vuelo vimos mucho movimiento, y sin que fuéramos informados sospechamos que había problemas con el tren de aterrizaje.  Pero después al llegar a Boyeros y cuando ya pensamos que estábamos a punto de tocar la pista, mientras llovía torrencialmente, el avión tomó altura violentamente y tras unas vueltas que se nos hicieron interminables, el aparato aterrizó, todavía lloviendo pero con menos intensidad, mientras el avión se inclinó hacia la izquierda peligrosamente, pero se enderezó y cuando llegamos a la zona de embarque vimos como ya ahí estaban los bomberos.

Y otra fue cuando en vuelo a Las Tunas, bien temprano en la mañana, el vuelo salía a las 7 de la mañana, sentimos otro ruido como de romperse algo y en poco más de la mitad del viaje vimos como uno de los motores se paraba y echaba humo. Hubo quien se paró asustado, pero nos tranquilizaron y nos dijeron que harían una parada en el aeropuerto más cercano que era Camagüey.  Allí estuvimos desde las 8 hasta casi el anochecer, cuando aparentemente estaba solucionado el problema y el viaje de unos ciento treinta kilómetros había que hacerlo en tiempo récord pues el aeropuerto tunero no tenía luces.

Y ahi no paran las anécdotas.  Había ocasiones en que no había pasaje disponible y se resolvía viajar en un avión militar AN-26, con pocas capacidades y de asientos laterales como los que se emplean para el paracaidismo.  En el medio del cuerpo del avión, había decenas de cajas sujetadas por una malla o red y a su vez bultos de periódicos Granma en su primera edición con destino a Las Tunas, cuando todavía no se había construido en las provincias orientales el poligráfico que le daría ese servicio al territorio.

El AN-26 era de autoservicio, uno se levantaba y se despachaba café, jugos, agua o caramelos y hasta paquetes de galleta había, pero los pilotos no tenían el más mínimo sentido de que aquello era un transporte de personal.  Lo mismo había maniobras suicidas que nos ponían la carne de gallina que grandes y acelerados descensos, mientras los paquetes de periódicos nos perseguían para aplastarnos.  Mientras los militares que allí viajaban se reían a carcajadas, los civiles estábamos al borde del colapso.

Estas son solo anécdotas personales que forman parte de mis recuerdos, lo verdaderamente significativo es que el Aeropuerto Internacional José Martí de Rancho Boyeros es un sitio, que por muchas razones, al cubano no se le despinta.


Y aunque no es directamente relacionado con este artículo, es histórica la foto del Air Force One con el presidente Obama al aterrizar en el aeropuerto de Boyeros.











jueves, 31 de enero de 2019

Algunos recuerdos de La Habana de 1958


Algunos recuerdos de La Habana de 1958


"El sitio donde gustamos las costumbres,
las distracciones y demoras de la suerte,
y el sabor breve por más que sea denso,
difícil de cruzarlo como fragancia de madera,
el nocturno café,
bueno para decir esto es la vida,
confúndanse la tarde y el gusto,
no pase nada, todo sea
lento y paladeable como espesa noche
si alguien pregunta díganle
aquí no pasa nada, no es más que la vida…"

Eliseo Diego



Esto lo escribió el poeta Eliseo Diego en el sitio en que tan bien se estaba, que era un café llamado “La Isla,” situado en la esquina de San Rafael y Galiano, establecimiento que todavía existía por los años en que escribía su famoso poemario “En la Calzada de Jesús del Monte”.  Y ese sitio en donde tan bien se sentía no solo le quedó en el lugar donde yace la memoria, sino también la silla de mimbre, la mesa, la gente pasando por una de las calles comerciales más concurridas de capital, el policía bajo una inmensa sombrilla atendiendo al tráfico, cambiando las luces del semáforo y sobre todo atendiendo a la incesante marea de peatones, la gente yendo en todas direcciones con bolsas y enormes jabas de papel de las tiendas, los vendedores de maní, de tamales y de billetes con su pregón interminable, las mujeres bien vestidas, algunas con sus hijos, que ese día decidieron “ir a La Habana” y el flujo incesante de carros y guaguas cuando aún Galiano era de doble sentido y la estrecha San Rafael todavía no era un bulevar.

Mientras escribía este artículo, que tan abrumadores recuerdos me trajo, lo interrumpí para cumplir uno de mis incumplidos deseos: escribir un libro que aunque tiene otras connotaciones y donde se mezcla la ciencia ficción, el humor y la fantasía, el centro del mismo es un viaje al pasado, a La Habana de 1958, a esa de la que voy a mostrar algunas pinceladas.

Al introducirme en este tema, que ha estado presente en todas mis memorias, pero que ahora tiene un dejo más profundo, me hizo pensar en muchas cosas que me pasaron en esos tiempos, un poco antes y un poco después y comprendo por qué se dice que todo tiempo pasado fue mejor y no es precisamente porque no nos hayan pasado cosas malas, sino porque muchas las echamos al olvido y otras yacen ahí como una cicatriz que si no la tocamos no las recordamos.

“Aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido”, escribió Miguel Hernández, y eso es lo que hacemos con lo que no deseamos recordar, pero que inevitablemente hay que enfrentar otra vez a lo largo de nuestra vida.

La memoria es selectiva y hace que solo recordamos lo que es más importante para nosotros, aunque muchas veces se convierte en traer al presente cosas que uno quisiera olvidar.  Por ejemplo a pesar de que trato de conformarme porque es la ley de la vida, con la muerte de mi querida perrita Lia y busco no pensar en ello, me viene constantemente a la memoria, en sueños o cuando estoy despierto, en detalles que tienen o no tienen nada que ver con ella.  Y eso ocurre porque como expresó la escritora Isabel Allende: “La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan; si puedes recordarme, siempre estaré contigo.”


Igual ocurre, por lo importante que ha sido en la vida de uno, recuerdos que nos molesta traer a la memoria pero que están ahí presentes aunque nos hieran, aunque sean heridas que en lugar de abrirnos la piel, nos abren los ojos, como dijera Neruda, y que además son necesarios para afrontar la vida y seguir adelante, y ese es el caso del año 1958, que no quisiera recordar por la suma de cosas indeseables que me ocurrieron, así que para que salga todo, voy a abordarlo y tratar de exprimir mis recuerdos, consciente de que cuando uno trae de nuevo el pasado, no lo vamos a ver con los mismos colores, así que  espero que utilizándolo pueda en cierta forma olvidar esos tiempos.

“When I was seventeen
It was a very good year
It was a very good year for small town girls
And soft summer nights
We'd hide from the lights
On the village green
When I was seventeen”

Diría en español:

“Cuando tenía diecisiete años fue un año muy bueno
Fue un año muy bueno para las chicas del pueblecito y las suaves noches de verano
Nos escondíamos de las luces en la plaza del pueblo
Cuando tenía diecisiete años”

Había hecho mía esta canción del compositor y letrista norteamericano Ervin Drake, que fue magistralmente interpretada por Frank Sinatra y cuyos trabajos han sido incluidos en el Great American Songbook, pero no fue así. Ese no fue un buen año, ni remotamente.

Por eso hay mucha gente que sigo queriendo y que ya se fueron, y mi perrita Lía y La Habana de esos años.   Como siempre las recuerdo, siempre están conmigo, no han muerto

La situación económica

En 1958 La Habana era una de las ciudades más modernas del mundo  y Cuba contaba con un nivel y calidad de vida muy superior a la de todos los países de Latinoamérica y muchos de Europa.

No hay forma de negar, porque están las estadísticas oficiales de las organizaciones internacionales y además las vivencias de los que conocimos esos tiempos, que la Cuba de los años 50 era el mejor país de América Latina para vivir y por ello la emigración hacia el país era deseada y muy restringida.

El peso cubano estaba a la par del dólar americano, la tasa de inflación era la más baja de América Latina con 1.4%. Muchos hablaban del dominio norteamericano sobre la economía nacional, pero en 1958 sólo el 14% del capital total invertido en la isla era norteamericano, y en el renglón económico principal, el 62% de los bienes de la industria azucarera, era propiedad de cubanos. Cuba ocupaba el lugar número 8 en el mundo en el pago de salarios promedio a trabajadores, superada sólo por Estados Unidos, Canadá, Suecia, Suiza, Nueva Zelanda, Dinamarca y Noruega.

Había 6,325,000 cabezas de ganado, de las cuales 940,000 eran vacas lecheras (quinto productor de la región, según la ONU), para una población de seis millones,  los cubanos tenían la más alta ingesta de proteína en Latinoamérica, después de Argentina y Uruguay y en salud, educación, transporte, telefonía, ferrocarriles, radio y TV, y por supuesto, en producción azucarera y tabacalera, Cuba era entonces y en casi todo, uno de los dos, y a menudo el primer país de Latinoamérica, en esos rubros y algunos más.

En 1958 Cuba tenía un sólido sistema de salud pública y alcanzó entonces el índice de mortalidad infantil más bajo de Latinoamérica, la relación de un médico por cada mil habitantes también era la más alta de la región.

Cuba era uno de los países más ricos de Latinoamérica y no sólo la cúpula política y empresarial vivía bien. Había desigualdad y pobreza, es cierto, pero Cuba tenía la mejor seguridad social de Latinoamérica y las más avanzadas leyes laborales con jornadas de 9 horas diarias, 44 a la semana y pago de 48 horas, un mes de descanso retribuido por cada once meses de trabajo, los meses de junio, julio y agosto por ley el comeercio mayorista y minorista, debía cerrar martes y jueves a la una de la tarde para cumplir el llamado horario de verano.

El equivalente de ese salario medio comparado con los niveles de la moneda hoy en día sería equivalente a 1128 dólares=peso cubano mensuales. Si un litro de leche de primera costaba 20 centavos, una libra de carne de res de primera 15, un galón de gasolina 29 centavos y comprarse un auto nuevo costaba dos mil dólares, y la inflación era imperceptible, el salario tenía un rendimiento impresionante.

En resumen Cuba era un país muy próspero y destacaba sobre todos los demás de América Latina al momento de la revolución encabezada por Fidel Castro. El ingreso per cápita, la alfabetización y la esperanza de vida dan cuenta de esto. Luego de sesenta años de gobierno socialista llevaron a Cuba a poseer una economía atrasada y pasó de ser el país más rico a estar por debajo de la media latinoamericana.

Son muchos los aspectos que pueden mostrar lo dicho anteriormente, pero estudiando asuntos por separado, una rápida comparación habla por sí sola.   No fue pues una crisis socioeconómica lo que alteró el orden social, fue el rompimiento del orden constitucional y democrático aprovechado por los oportunistas en política que después destruyeron al país.

La Prensa.

En 1958, Cuba contaba con 58 diarios de circulación nacional y 126 semanarios lo que lo llevaba a un segundo lugar en América.

Cuba ocupaba el lugar número 33 entre 112 naciones del mundo en cuanto a nivel de lectura diaria, con 101 ejemplares de periódicos por cada mil habitantes, lo cual también contradice el argumento de que el país estaba formado por un gran número de analfabetos.  Y a ello había que sumarla la inmensa cantidad de periódicos y revistas extranjeras que circulaban y tenían amplia demanda en el país.  Los principales diarios eran: El Diario de la Marina, El Mundo, Información, El País, Excelsior, Avance, Ataja, Alerta, Prensa Libre, El Crisol, y las revistas de mayor tirada Bohemia y Carteles.

Como en todas partes del mundo los periodicos estaban llenos de cosas triviales o indeseables, que son por lo regular lo que más le gusta a la gente, lo mismo que ocurre con la televisión, dondelas estupideces y la banalidad reinan, sobre todo con las telenovelas y programas de chismes.  A mucha gente le gustaba la crónica social o la crónica roja, pero los diarios tenían muchísimas secciones de interés y reportajes que brindaban cultura y entretenimiento a sus lectores.

Había un vendedor que me traia los periódicos algunos dias y sin falta los del sábado y el domingo, y siempre eran varios porque cada uno tenía una línea editorial diferente y había secciones o columnistas que nunca me los perdía y entre los que destacaba la sección En Cuba de la revista Bohemia por Agustín Tamargo, la revista semanal Rotograbado de El Diario de la Marina, los muñequitos de El País y Excelsior y Luis Aguilar Leon en su columna de Prensa Libre y la Universidad del Aire en radio CMQ, con Jorge Mañach del cual había que leerse todo lo que escribiera, las críticas cinematográficas de G.Caín y la de Costumbristas Cubanos de Enrique Roig de Leuchsenring, ambas en la revista Carteles, y en sentido general las secciones de Bohemia Gotas de Saber, Dentro del Suceso, Así se forja una nación por Jorge Quintana, Así va el mundo y Así va la ciencia.

Más que a los tiros y los muertos que fueron muchos menos de los que propagandiza el gobierno revolucionario, los atentados terroristas, el incendio ocasional de los cañaverales y la guerrilla inclusive, el triunfo de la Revolución se le debe a la prensa libre cubana que apoyó abiertamente a Fidel Castro, le hizo ganar la simpatía popular y socavó por completo la posición y la figura pública de Batista.  Muy lejos estaba la prensa cubana de avizorar como le pagarían.

Los primeros meses de Castro en el poder se caracterizaron por la ambigüedad. El principal motor de esa confusión fue el propio Fidel Castro. En una entrevista por televisión, el 2 de abril de 1959, declaró: “Perseguir al católico porque es católico, perseguir al protestante porque es protestante, perseguir al masón porque es masón, perseguir al rotario porque es rotario, perseguir a La Marina porque sea un periódico de tendencia derechista, o perseguir a otro porque es de tendencia izquierdista, a uno porque es radical y de extrema derecha y a otro porque es de extrema izquierda, yo no lo concibo, no lo hará la revolución. Lo democrático es lo que estamos haciendo nosotros: respetar todas las ideas. Cuando se comienza por cerrar un periódico, ningún periódico puede sentirse con seguridad; cuando se comienza a perseguir a un hombre por sus ideas políticas, nadie puede sentirse seguro”.

Comenzaron desde arriba las más grandes campañas contra la libertad de expresión, afianzadas en las que hicieron los periódicos gubernamentales Hoy, del Partido Socialista Popular (comunista), y Revolución, órgano del Movimiento 26 de Julio. Así terminó la libertad de expresión en Cuba. La Escuela de Periodismo cambió su nombre y su personal. Su propósito era cambiar el pensamiento del cubano, convertir a la prensa en un instrumento del Partido. Se había logrado lo que Agustín Tamargo contestó a Castro, meses antes, cuando lo atacó por la televisión, acusándolo de reaccionario, le dijo: “Comandante Castro, no seguiré siendo periodista porque usted no quiere periodistas, usted lo que quiere son discos fonográficos”.

Los fanáticos solo ven lo que quieren ver, y a eso acostumbraron al pueblo, a un solo editorial y una misma noticia para todos los medios de prensa escrita, radial o televisiva y ahora hasta digital.  Fuera de eso, nada.  Por eso en Cuba nadie cree en la prensa.


El turismo

El turismo en Cuba antes de la revolución era algo que era completamente espontáneo porque las propagandas eran limitadas y poco efectivas.  Pero Cuba siempre estaba lleno de americanos, sobre todo en La Habana y Varadero, que eran los que más atractivos turísticos ofrecían.

En tiempos en que todavía no existían las facilidades de vuelos aéreos y bajos precios para este transporte, el número de turistas creció desde 166 mil en 1950 hasta cerca de trescientos mil en 1957 con una estancia media era de tres días, principalmente los fines de semana, pues muchos venían a disfrutar de espectáculos de cabarets y al juego en casinos.

El turismo se convirtió en la tercera fuente de ingresos al país, después del azúcar y el tabaco.
Ocho de cada diez visitantes eran norteamericanos, lo que era cerca del noventa por ciento del total de turistas.

Para muchos en Estados Unidos la Cuba de antes de la revolución era la isla del pecado y estaba sumida en los vicios del juego y la prostitución. Si bien el mundo de los casinos en Cuba recibió amplia cobertura en los medios de Estados Unidos, jamás fue un tema importante en los medios de la Isla ni en la conciencia cubana. Aparte de los turistas estadounidenses, que eran los clientes principales de los casinos, solo un pequeño número de cubanos, sobre todo blancos de clase alta y media alta jugaban en esos lugares.

El atuendo requerido por los casinos, así como el mínimo de las apuestas, excluía a la mayoría de los cubanos, aunque es cierto que un número relativamente pequeño, pero significativo, de cubanos se ganaba la vida trabajando en los casinos, y en los hoteles y cabarets donde generalmente estaban situados.

Fue exagerada la importancia económica que en Estados Unidos se le atribuía a los casinos y al turismo de la Isla. En 1956, un buen año para el turismo, el ingreso de ese sector fue solamente de 30 millones de dólares, escasamente el diez por ciento del monto de los ingresos de la industria azucarera en el mismo año.  Pero también esos datos eran inexactos porque no contemplaban los millones que se gastaban los turistas en compras, estancia en hospedajes particulares y otros rubros.  En realidad muchos comercios, artesanos, transportistas y  de otros oficios, tenían una gran dependencia del turismo extranjero.

Al triunfar la Revolución ese turismo desapareció inmediatamente.  Ya uno podía ir al parque Central, a la Avenida del Puerto, a los Casinos y hoteles más importantes, al Paseo del Prado, a Varadero, a la Plaza de la Catedral y no se tropezaba con un solo turista.  Y los que vivían de esos visitantes se quedaron sin medios de vida.

Más de treinta años duraría el veto al turismo extranjero en Cuba, porque no se podía llamar como tal a los escasos jefes de los países socialistas que venían a conocer, como premio a su trabajo, lo que era una playa de verdad.  El colapso de la Unión Soviético obligó a hacer renacer la industria turística cubana, cuyo desarrollo se vio vetada cuando en el mundo se hicieron más baratos los pasajes aéreos se desarrollaron los viajes de cruceros y la industria del turismo logró un boom mundial impresionante, fuera del cual quedó Cuba por su política restrictiva y misteriosa, lo que hizo que Bahamas, República Dominicana, Jamaica y otras islas del Caribe, vieran florecer sus ingresos con una bonanza gracias a Cuba, lo mismo que pasó con los peloteros de Grandes Ligas, que al no poder jugar los cubanos, se llenó de puertorriqueños y dominicanos, cuando antes había un par de ellos y decenas de cubanos en los rosters de los equipos.

El juego.

El turismo norteamericano venía en gran medida a jugar a los casinos, a los cuales solamente iban los cubanos de más altos ingresos, mientras que el cubano jugaba principalmente a la charada o bolita, una especie de loteria clandestina y propiamente en menor medida a la lotería nacional. Cuba tenía una lotería nacional estatal que había existido desde los tiempos de la colonia española, donde cada sábado por la tarde se celebraba un sorteo patrocinado por la Renta de la Lotería, una agencia gubernamental creada para dicho propósito. La Renta se había convertido en una fuente masiva de corrupción, aunque algunas organizaciones caritativas legítimas recibían fondos procedentes de los ingresos de la lotería. Los “banqueros” del juego ilegal no hubieeran sobrevivido sin sus numerosos agentes  o “apuntadores” en los barrios y que recogían las apuestas.

Los sorteos eran transmitidos por radio. En una mezcla peculiar de modernidad y Edad Media, el espectáculo semanal, que bien pudiera haber sido parte de una película de Luis Buñuel, presentaba a los niños huérfanos y abandonados criados por las monjas de la Casa de Beneficencia, anunciando los números de los varios premios con un canto distintivo, en una voz, tono y cadencia característica de la ocasión. Pero el hecho de que aun las fracciones más pequeñas de los billetes de la lotería estatal eran relativamente caras, estimuló el crecimiento de una lotería informal e ilegal, basada en los resultados de la lotería oficial, que aceptaba apuestas hasta de cinco centavos.La “bolita” era principalmente un juego de gente pobre. Pero para muchos pobres, y aun para gente de clase media, la bolita también se convirtió en una manera de sobrevivir o por lo menos suplementar el ingreso de los “apuntadores”.

Hasta la gente más humilde, cuya dedicación obsesiva al trabajo y al ahorro no pudo haber estado más lejos de la mentalidad del jugador, participaban en la bolita y no lo hacían porque esperaban ganar algo, sino porque sus pequeñas apuestas semanales, por lo regular siempre el mismo número o alusivo a algo que habían soñado y lo identificaban con el número correspondiente en la charada, era una manera de ayudar a una señora pobre del barrio que trabajaba como apuntadora para sobrevivir, aunque en el fondo quedaba siempre la esperanza.

Con el triunfo de la revolución el primero de enero de 1959, se estimuló el asaltar a los casinos y casas de juego con traganíqueles y destruirlos, al igual que los parquímetros que no tenían nada que ver con el juego, aunque siguieron funcionando por un tiempo las vallas de gallos, las carreras de caballos y la Lotería Nacional, que poco después pasó a ser administrada por el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda (INAV), que con lo recaudado en los sorteos fueron ejecutados varios proyectos habitacionales y se disminuyó el monto a ganar, hasta que finalmente desapareció y toda forma de juego se consideró ilegal.

En 1958 el juego era un medio de vida de mucha gente, boliteros, apuntadores y vendedores de billetes de lotería.  Todos ellos tuvieron que dedicarse otra cosa, también quedaron cesantes, o pasaron a una clandestinidad peligrosa.

Mi rutina semanal

Mi jornada normalmente era desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde, de ahi iba a mi casa, me bañaba, comía y me iba a estudiar el Bachhillerato en el Instituto de la Víbora, Los domingos desde las seis de la mañana estaba en pie hasta cerca de las siete u ocho de la noche que llegaba pues tenía un trabajo de portero en las Cuevas del Cura a cuarenta kilómetros de La Habana.  Por eso mi único momento libre eran las tardes y noches de los sábados.

En mi camino aventurero despues de terminar el trabajo los sábados, lo primero que hacía después de cobrar, era comprarme un pastel de hojaldre con ensalada de pollo, con el cual me pasaba toda la semana soñando, porque no era nada barato.  Después seguí mi camino por toda la calle Obispo, donde me encontraba todo tipo de vendedores, sobre todo empanadas, fritas, carretillas con naranjas en forma de pirámide y peladas que valían un centavo, y por supuesto tamaleros y vendedores de maní.


Pero mi destino, el sitio donde gustaba las costumbres, las distracciones y demoras de la suerte, como había dicho el poeta, era el restaurante Miami, donde durante mi juventud disfrutaba las tardes sabatinas y de paso reflexionaba sobre mi vida, que casi recién comenzaba.  Y pensando en ello llegué a una conclusión: Si uno pudiera manipular el tiempo borraría por completo mi paso por el año 1958, lleno de malos momentos, sufrimiento y lleno de esperanzas y anhelos que después se materializaron de forma aparente en  un espejismo que vivimos todos los cubanos en 1959 para luego convertirse en humo.

Y el restaurante Miami estaba justamente en la esquina del pecado, el lujo de los sábados por la tarde, era como un pecado, según Enrique Jorrín con “La Engañadora”:

“A Prado y Neptuno
Iba una Chiquita
Que todos los hombres
La tenían que mirar
Estaba gordita
Muy bien formadita
Era graciosita y en resumen colosal.
Pero todo en esta vida
Se sabe sin siquiera averiguar
Se ha sabido que en sus formas
Rellenos tan solo hay.
Que bobas son las mujeres que nos tratan de engañar,
¿me dijiste?.
Ya nadie la mira
Ya nadie  suspira,
Ya sus almohaditas
Nadie las quiere apreciar.”

Por supuesto la célebre historia de la engañadora la sabían todos los camareros del Miami, y contaban que podría hallarse en los años 30 del pasado siglo. En esa época las tendencias de la moda resolvieron “normalizar” la imagen de las mujeres, devolviéndole la feminidad que supuestamente habían perdido durante la década del 20. Las líneas rectas que había impuesto la diseñadora francesa Coco Chanel fueron sustituidas de nuevo por redondeces en el vestido y los peinados y resaltar las curvas se convirtió era lo importante.  En los 40 hubo un retorno a la austeridad, debido, en gran medida, a la influencia de la Segunda Guerra Mundial. Pero cuando la contienda terminó, los modistas decidieron cambiar el look militarizado y hasta famélico que entonces prevalecía y otra vez se impuso el gusto por las formas redondeadas.


Todo parece indicar que la inspiradora de la canción usaba ropa interior con rellenos que aumentaban considerablemente sus formas. El autor del tema, el violinista y compositor cubano Enrique Jorrín, refirió que un día había entrado a la sala de baile de Prado y Neptuno, donde él tocaba con la orquesta América, una joven desarreglada que se había dirigido rápidamente al baño. Cuando salió parecía otra, se había peinado, maquillado y sus curvas habían crecido inexplicablemente. Los músicos notaron la transformación y exclamaron que aquella muchacha era una engañadora. A partir de la anécdota Jorrín escribió la letra de la canción y a la música que compuso para que la acompañara le dio el nombre de “cha-cha-cha”.

A finales de los años cincuenta Bubbles Darlene, una bailarina exótica norteamericana que visitaba La Habana, salió a pasear por el Prado prácticamente desnuda, ataviada con una sombrilla y una capa transparente debajo de la cual solo llevaba un blúmer negro. Cuando la policía la detuvo explicó que había escuchado en la radio el tema de La engañadora y había salido a demostrar que no todas las mujeres tenían necesidad de usar almohadillas para mostrar su silueta.

Sistemáticamente iba al Miami para disfrutar un Steak de Jamón a la Hawaiana  y una cerveza Guinness Cabeza de Perro, pero a veces, no muchas pero a veces, cambiaba la rutina y me encaminaba al Centro Asturiano para comerme uno de los gigantescos sandwiches que allí hacían con un vaso, no copa, de un vino grueso y fuerte.  O excepcionalmente me comía un arroz frito.

No hay plato más enigmático que el arroz frito. Esta manera de preparar el arroz llegó a Cuba procedente de San Francisco, California. Y su ingreso se produjo en la primera mitad del siglo XX. De hecho, su arraigo en esta Isla tuvo lugar fundamentalmente en la ciudad de La Habana, y se servía por un precio de miseria  en las numerosas fondas de chinos que proliferaron en aquella época en diferentes zonas de la ciudad, principalmente en el Barrio Chino, pero para mí la Segunda Estrella de Oro, justo en la diagonal del Mercado Único, era el sitio ideal. El Nanking y El Pacífico, en el Barrio Chino eran excelentes y también estaban el Mandarín y el Polinesio, o el 2do Dragón de oro en Ayestarán y 20 de mayo.  Pero de diez veces, ocho iba al Miami.

Con la revolución comenzaron a escasear los principales ingredientes de su preparación. No obstante, aún sin camarones, ni jamón, ni salsa de soya continuó elaborándose porque los cubanos somos los reyes de los sustitutos en todo, principalmente en la cocina, así que la salsa de soya o salsa china como le decimos, se inventó a partir de una mezcla de caramelo de azúcar con raíces de jengibre, vinagre y lo que apareciera y los frijoles germinados o frijjolitos chinos eran reemplazados por  fideos o espaguetis picados finamente y el jamón el pollo y los camarones por lo que apareciera.

Durante ese año también me compré mi primer traje en El Sol, una famosa sastrería en la Manzana de Gómez, que decía que sus trajes eran “anatómicos y fotométricos”.  Lo cierto es que era un traje gris de unas rayas casi imperceptibles, que era muy fino y me quedaba muy bien y que además pfui liquidando cómodamente durante medio año.


La educación

Ya que mencioné que estudiaba en el Instituto de la Víbora, es bueno referirse a la educación en Cuba, la que después ha sido considerada no solo en el país, sino internacionalmente uno de los mayores logros del régimen socialista.

Sin dudas alguna Cuba tiene la población más educada de toda América Latina. La alfabetización está muy próxima a ser universal, pero antes de la revolución existía también una educación pública, que al menos en las ciudades y en particular en La Habana era universal y sobre todo de mucha calidad. El que salía o completaba el sexto grado de la educación primaria, era sin dudas una persona preparada para la vida. el mejor índice de alfabetización de tota Latinoamérica después de Uruguay.

En 1958, Cuba tenía tres universidades financiadas por el gobierno y otras tres de carácter privado. La matrícula de las universidades bajo el control del gobierno era de veinte mil estudiantes.  Había novecientas escuelas privadas oficialmente reconocidas, con una matrícula total que superaba los cien mil estudiantes.  El sistema de educación pública contaba con veinticinco mil maestros, y el de la educación privada con tres mil quinientos y era famosa la calidad de los maestros normalistas..

En ese año estudiaba en el Instituto de la Víbora el Bachillerato. La matrícula era gratis, previa aprobación de un examen de ingreso y los libros en algunas materias había que comprarlos, sobre todo libros de ejercicios, pero no eran muy caros.

Era muy famoso un libro titulado “Lecciones de Ingreso a la Segunda Enseñanza”, todo un compendio de Español, Matemáticas, Historia de Cuba y Universal, Geografía y Ciencias y lo devoré, por lo que obtuve una muy buena nota en mi prueba de admisión. Se podía obtener el título de Bachiller en Letras o Bachiller en Ciencias, o ambos. La diferencia eran la cantidad de materias, por lo que yo opté por los dos, pues ambos campos me gustaban.

Estudié primaria en una escuela privada, Redención, perteneciente a la Sociedad Económica de Amigos del País y después en el Plantel Jovellanos del Centro Asturiano al que pertenecía, Comercio, así que desarrollé estos estudios en planteles privados sin pagar nada y después el bachillerato en el Instituto que era público.   Eso más o menos quiere decir que el que no estudiaba era porque no quería o era un burro.

Creo que efectivamente en los primeros lustros del gobierno revolucionario se le dio un impulso tremendo a la educación en todos los niveles, ahora está en franco declive, y hasta se ha perdido lo peor, la educación formal.  Maestros, ingenieros, licenciados y médicos pululan a montones que escriben mal, su cultura general es muy limitada y no tienen noción de lo que es la educación formal.  Eso no existía en La Habana de 1958.


El túnel de la Bahía de La Habana

Ya La Habana tenía dos túneles bajo el río Almendares: el de Línea que sustituyó al famoso Puente de Pote y el de Calzada que unía el Malecón con la Quinta Avenida de Miramar.  Pero esos eran túneles de poco calado y no muy largos. 

Pero eso no era óbice para que Jorrín volviera a la carga, ahora con “El túnel”

"Y yo conozco un muchacho que maneja un maquinón
que le dice a las chiquitas vamos al túnel mi amor

Ay mi vida qué tragedia el carro se me paró,
y aquí en el medio del túnel hasta la luz se apagó

Y ahora dicen las chiquitas cuando ven el maquinón
Vamos al túnel mi vida, vamos al túnel mi amor.."

En los años cincuenta La Habana era un hervidero de construcciones: la Plaza Cívica con los principales edificios gubernamentales, el Teatro Nacional, la Biblioteca Nacional, la Terminal Interprovincial de Ómnibus, la Vía Blanca, grandes hoteles como el Capri, el Havana Hilton, el Havana Riviera, la urbanización acelerada del Vedado, en particular La Rampa, la construcción de decenas de edificios altos como el Retiro Radial, Retiro Odontológico y Retiro Médico, así como los más altos de la capital, El Focsa y el Someillán, la Ciudad Deportiva y un sinnúmero de obras dieron un vuelco al panorama de la ciudad.  Y a ello se iba a añadir el Túnel bajo la Baía de La Habana.

Grandes propietarios como Sarrá urgieron al gobierno a acortar el largo recorrido bordeando la bahía para acceder al este de la capital y llegar hasta Santa María del Mar. El Túnel de la Bahía complementaria la construcción de Vía Monumental y de la urbanización del Residencial Vía Túnel, formó parte de proyecto de la nueva ciudad que se llamaría "Gran Habana del Este" que estaría dividida en zonas, como: la Zona Industrial; alrededor de la Bahía de La Habana, Zona Comercial; a la izquierda de la Vía Monumental del Túnel, Zona Residencial, frente a la costa norte y Zona de Oficinas; a la salida del Túnel donde estarían ubicados edificios gubernamentales. incluyendo el nuevo palacio presidencial.


Paralelamente al túnel se construyó la autopista hasta la Vía Blanca. llamada Vía Monumental  sería necesario bordear durante más de media hora de recorrido casi 20 kilómetros.  Se llegó a denominar la Monumental como la autopista más grande del mundo, haciendo comparación de sus dimensiones (100 ó 150 metros de ancho), con las de: Boulevard Roosevelt en Filadelfia, 86 metros de ancho, el Boulevard Reyes en Bruselas; 80 metros de ancho, la Avenida de los Campos Elíseos en París; 68 metros de ancho y la avenida del Commonwealth en Inglaterra; con 73 metros de ancho.

El túnel tendría 733 metros de largo, para conectar La Habana con el extremo este de la capital, con las hermosas playas del litoral capitalino y de manera  particular como punto de enlace al balneario de Varadero, en la provincia de Matanzas. Este túnel, con 4 sendas, dos en cada sentido del tránsito, constituye una de las siete maravillas de la ingeniería civil cubana y está sumergido en la bahía de La Habana, a una profundidad de entre doce y catorce metros.

Su constructor sería la Compañía de Fomento del Túnel de La Habana, S.A mientras que la Société des Grands Travaux de Marseille y la inspección a pie de obra quedó a cargo de la Frederick Snare Corporation, la constructora del Havana Hilton y  asu vez de obras monumentales en Estados Unidos como el Rip van Winkle Bridge y el Verrazano Narrows Bridge a la entrada de Nueva York en 1964, comenzó en Matanzas y siguió con construcciones portuarias a principios del siglo pasado en el puerto de La Habana, y creo subsidiarias en Colombia, Chile, Ecuador, Perú, Puerto Rico y Venezuela aparte de la de Cuba.  También fue el constructor de facilidades en la Base Naval norteamericana de Guantánamo, el acueducto de Santiago de Cuba y los puertos de Tarafa en Camagüey para exportar azúcar y los de níquel de Nicaro y Moa. Más tarde construyó el famoso Hotel Internacional de Varadero.  Y por si fuera poco fue el constructor de Xanadú, la mansión de la familia Dupont en Varadero, ahora llamada Las Américas.

Los trabajos de construcción comenzaron el 19 de septiembre de 1955, duraron 2 años, 8 meses, y 12 días y fue inaugurado el 31 de mayo de 1958.  Muchas veces me acerqué a ver la construcción pero aquello era imposible por la cantidad de equipos y de materiales, no se veía mucho.  Después de ser inaugurado esperé un poco, y más o menos a los quince días, estaba haciendo el viaje a pie por el túnel, para lo que no había peaje, e hice el regreso por la senda contraria.  Era algo de moda para el que no tenía carro.

Después me dio por irme a la costa, al costado del castillo del Morro, a reposar el almuerzo de las tardes de sábado, y la vista era impresionante, era una ciudad viva y creciente.  Y el túnel era un símbolo de desarrollo.


Fórmula 1 en La Habana y Fangio

En 1958 la Fórmula 1 no tenía la fama de la que goza actualmente.

La Fórmula 1, conocida como F1 y que es la categoría reina del automovilismo es la competencia o carrera de automovilismo internacional más popular y prestigiosa, las máquinas que la corren poseen la última tecnología disponible, y las mejoras que fueron desarrolladas en la Fórmula 1 terminaron siendo utilizadas en automóviles comerciales.  La mayoría de los circuitos de carreras donde se celebran los Grandes Premios son autódromos, aunque también se utilizan circuitos callejeros, como el de La Habana y en el que participan escuderías como Ferrari, Alfa Romeo, McLaren, Porsche y Maserati.

Desde 1950 se celebran los llamados Grandes Premios, entre los que se destacan actualmente  los de Abu Dabi, Alemania, Australia, Austria, Barein, Bélgica, Canadá, España, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, México, y otros que cuentan con pistas adecuadas para ello.

El mejor piloto a finales de los cincuenta era Juan Manuel Fangio, el que se hallaba en La Habana en febrero de 1958 para competir en el Gran Premio de Cuba.


Fangio se hallaba en el hall del Hotel Lincoln donde se hospedaba, cuando un joven del comando guerrillero se le acercó con un revólver y le secuestró para demeritar el evento.
Ante la ausencia de Fangio, el francés Maurice Trintignant lo reemplazó en la carrera. Sin embargo la competencia estaba maldita de antemano y fue breve debido a un accidente en la quinta vuelta que le causó la muerte a siete espectadores y donde hubo decenas de heridos.

El hecho de que se organizara un Gran Premio de Fórmula 1 en Cuba a finales de los 50 tuvo que ver con la tendencia de la F1 de viajar a lugares que otros deportes evitarían.  Finalmente la carrera se canceló.  Pero los titulares no hablaban de la carrera, sino del secuestro de Fangio. Una propaganda a favor de los insurrectos y contra Batista fue el balance del hecho.


Fangio es considerado por muchos expertos del automovilismo como uno de los mejores pilotos profesionales del automovilismo mundial de todos los tiempos, incluso el mejor, por haber logrado cinco títulos mundiales de Fórmula 1 durante las temporadas de 1951, 1954, 1955, 1956 y 1957, y los subcampeonatos de 1950 y 1953.Fangio obtuvo 24 victorias, 35 podios, 29 pole positions y 23 vueltas rápidas en 51 Grandes Premios. Mantuvo durante un extenso período el récord de más títulos en Fórmula 1 hasta que fue desplazado por Michael Schumacher en 2003. Sin embargo, se mantiene como el piloto de mejor promedio de victorias, el único piloto que ganó campeonatos de Fórmula 1 con cuatro escuderías distintas y el piloto campeón más longevo de la historia.

Por eso en Cuba cuando alguien maneja muy rápido, pero lo hace bien, le dicen: eres un Fangio. Aunque nunca pudimos verlo correr.


Elecciones, la última en la historia de Cuba.

Una de las cosas que no puedo olvidar por su connotación, fueron las elecciones de noviembre de 1958.  Mi padre había estado preso por conspiración contra el gobierno y entonces se encontraba alzado en la Sierra del Escambray, mientras que la situación del país era de casi total inestabilidad.

La prensa mostró que Andrés Rivero Agüero, por entonces Primer Ministro del gobierno de Fulgencio Batista resultó electo presidente ​para el período 1959-1963.  Una de las cosas por las que floreció la revolución y un gobierno comunista pudo llegar al poder, fue porque los cubanos no fuimos capaces de contar con un gobierno verdaderamente democrático, la república se convirtió en un relajo, la corrupción dominaba el espectro político y la gente estaba harta de tanto latrocinio y mentiras.  Y dentro de ese panorama, las elecciones generales  siempre fueron una falacia y se caracterizaron por el plan de machete o la represión policial y sobre todo de la Guardia Rural, la compraventa de votos, el robo de las urnas y fraudes de todo tipo para alzarse con la victoria.

Fueron famosos muchos lemas políticos vacíos, comenzando con la conga “La Chambelona”, le siguieron "Tiburón se baña pero Salpica", de José Miguel Gómez; "Ahí viene el mayoral sonando el cuero", identificaba a Mario García Menocal; "Agua caminos y escuelas", prometía Gerardo Machado y se convirtió en un dictador; "la cubanidad es amor", decía Ramón Grau San Martín mientras se robaba del tesoro nacional l74 millones de pesos e intentaba robarse el diamante del Capitolio; "yo quiero ser un presidente cordial", repetía Carlos Prío mientras el país era dominado por el pandillerismo y gangsterismo, la corrupción y la droga; y el lema  "Paz, trabajo y progreso", trajo trabajo y progreso pero no paz.  Una república fallida que tuvo un final muy infeliz.  Por ello Rivero Agüero resultaría electo presidente con el 15,19 por ciento de los votos, mientras más del 60 por ciento se abstenía de votar.


Pero lo que más recuerdo son las congas de los negros arrollando detrás de los altoparlantes invitando a votar por Rivero, esos mismos eran los que después apoyarían a Fidel Castro hasta matarse.  La frase que expresa que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen, tiene su mejor expresión en Cuba.

Y el destino de las elecciones en Cuba todos los conocemos, se inspiraron en las soviéticas, según el estilo Stalin, unos comicios donde nadie vota por el presidente y los diputados son desconocidos que representan al pueblo por votación unánime siempre y después eligen al presidente también unánimemente, al igual que las leyes que promulgan.  Por muy fraudulentas que fueran, eran mil veces más democráticas que las elecciones socialistas, que son una farsa.


Huelga del 9 de abril: guerra avisada no mata soldado

Como vivía entre conspiradores contra Batista, pues mi padre era miembro activo del 26 de julio y mi jefe era del Movimiento de Resistencia Cívica, uno de los dirigentes principales de esa organización dirigida por Manolo Ray, estaba al tanto de todas las situaciones y al estar preso mi padre, Jorge Serra, mi jefe, me alertó el 8 de abril que no fuera a trabajar el día siguiente ni dejara que nadie en mi casa saliera a la calle, porque iba a haber una huelga que iba a tumbar al gobierno de Batista.

Pusimos el radio desde temprano y sobre el mediodía se escuchó una arenga llamando a una huelga general revolucionaria. Hubo un sonado asalto a una armería en La Habana Vieja y en el Cotorro y Guanabacoa, los revolucionarios tomaron estaciones de policía y en otras partes del país hubo levantamientos similares, pero la coordinación no fue buena y la huelga fracasó, sobre todo porque no se paralizó el transporte, punto clave en cualquier movimiento de este tipo, hubo delaciones y se careció de armas. Por supuesto que Fidel Castro culpó a todo el mundo menos a los que estaban con él en la Sierra, lejos de los tiros, porque en las ciudades hubo acciones heroicas y muchos mártires.

 Al final la huelga fue un fracaso y su única consecuencia fue hacer que la vida del cubano se hiciera más inestable y llena de temores a ser reprimido sin razón.  La fallida huelga, con sus bombas, fuegos, los sabotajes, los asaltos a mano armada y las acciones poco coordinadas entre la guerrilla mientras comían carne de puerco en las lomas y la clandestinidad que fue la que puso los muertos, caracterizaron ese día que llenó de sangre el suelo cubano, tanto los contrarios al régimen, como los policías y muchos ciudadanos inocentes que no tenían nada que ver con ello.
Esa práctica de echarle la culpa a los demás de todo lo que sale mal, así como de considerar una victoria la más aplastante derrota, caracterizaron a la Cuba que vendría después.


Terrorismo revolucionario

Hay dos pilares que han soportado la revolución cubana: la mentira y la represión.

La mentira se hizo sistemática, manipulada, tergiversada, oculta y a medias.  La contradicción, las afirmaciones que luego se desmienten y las versiones diferentes han sido el centro de los discursos y expresiones de Fidel Castro, conocedor de que los pueblos no tienen memoria y del principio nazi de que una mentira repetida se convierte en una verdad.

La represión abarcaría todas las esferas de la vida y sería el centro de los mecanismos de control que llegaría a límites que no sospechábamos, de los que habíamos oído y leído por las experiencias de los países comunistas, pero que eran tan absurdos que dudábamos que fueran ciertos.

Pero en 1958 todavía la revolución no había llegado al poder, pero enseñaba sus credenciales a través de la falsa propaganda y sobre todo de la forma de represión que podían aplicar en esos momentos: el terrorismo

La revolución comenzó con una ola de terrorismo urbano, donde no importaban los daños colaterales, los atentados terroristas de todo tipo se fueron incrementando como una forma de desestabilizar la sociedad en lo económico, social y político.

El 8 de noviembre de 1957 fue llamada la noche de las cien bombas, porque esa cantidad aproximadamente hicieron explosión de forma coordinada en la capital y de ello avisó a la policía uno de los principales asesinos expertos en terrorismo, El Curita, Sergio González, quien sería uno de los terroristas que más homenajes recibiría en Cuba en la etapa revolucionaria.


Se volaron registros de electricidad y telefónicos que tuvieron a gran parte de la capital sin servicio durante días, se produjo la voladura de los cables de la Estación de Ferrocarril de Bejucal y de la Estación de Ómnibus Nacionales, una explosión en el acueducto de Vento, un incendio en la refinería de la Esso, quema de guaguas, inutilización de transportes de todo tipo, y decenas de bombas y petardos en tiendas, edificios, bares y cines, y en algunos de estos hechos los propios terroristas murieron o fueron gravemente heridos.

Fueron famosos los petardos estallados en el cine teatro América, bomba de fósforo en Cinerama, el Cabaret Tropicana, el Ten Cents de Galiano, la Manzana de Gómez, y en muchas esquinas habaneras.  Un clima de terror total auspiciado por la consigna Cero Tres C, o 03C, se hizo realidad con centenares de acciones terroristas en lugares públicos, que se corresponden con su consigna de cero Cine, cero Compras y cero Cabaré.


Y aunque no fue el primero, si se empleó como sistemático el secuestro de aviones, que fue incrementándose a pesar de que uno de ellos provocó numerosas muertes al caer a la Bahía de Nipe. El primer secuestro aéreo político de la historia sucedió en Bolivia. El hecho ocurrió sobre los cielos de Bolivia y Argentina el 26 de septiembre de 1956 en un avión del Lloyd Aéreo Boliviano que transportaba a 47 presos políticos, pero Fidel Castro lo empleó muchas veces, lo institucionalizó y después se volvió contra él mismo, pero esa es otra historia.

1958 fue un año malo en todos los sentidos pero en particular por el terrorismo revolucionario, tema del cual después de la caída del régimen de Batista, se convirtió en un tabú tocarlo.

Pero que se podía esperar si Fidel y Raúl Castro usaron como posición de fuego para atacar al Cuartel Moncada un hospital repleto de pacientes.


Mi pedacito de terrorismo

Mi vinculación con la insurrección contra Batista se manifestó de dos maneras. En la primera fue cuando en esos tiempos, en que trabajaba en la Librería El Gato de Papel, en Obispo entre Habana y Aguiar, y uno de los dueños, Jorge Serra, era de la dirigencia del Movimiento de Resistencia Cívica encabezado por Manuel Ray y con el que tenía más confianza pues era además amigo de mi padre, me pidió que llevara un paquete a una dirección en el Vedado,  tomara un taxi y no me distrayera en el camino, que fuera directo al asunto.  Me alertó de que si había problemas con la policía, botara el paquete y huyera.  Ya ese asunto un poco que me asustó, medio que despertó mis ansias de aventura, pero como siempre hacía, para buscarme 30 centavos que era sustancioso para mí en esos tiempos, en lugar del taxi me fui a pie y en el camino, como era usual a mediados de 1958, me tropecé con varios carros patrulleros de la policía, pero como el que no la debe no la teme, aunque sin saberlo la debcía, yo seguí mi camino como si nada, a pesar de que tenía sospechas de que había algo peligroso. Llegué al lugar, que era un edificio en la calle B entre 23 y 25 y cuando toqué me pidieron que me identificara y cuando dije que era de parte de Manolito, me pidieron dejara el paquete en la puerta y me fuera. Una trama emocionante.  Jorge me explicó después que lo que había llevado era una propaganda llamada Cero Tres Ce, cero compras, cero cine, cero cabaret, que constituyó una de las campañas de difusión más exitosas de la lucha contra Batista.

Ese salio bien, aunque me di cuenta de mi irresponsabilidad y estupidez, pero sin comerla ni beberla, me vi envuelto en otra que fue más comprometedora y peligrosa.  Cerca de las seis de la tarde de un sábado, después de mi recorrido habitual al restaurante Miami y de ir al cine Rialto, crucé toda la calle San Rafael para entrar a curiosear al Ten Cent de Galiano. No recuerdo por qué me detuve en una cafetería La Isla en la misma esquina de San Rafael y Galiano y donde después supe que era el sitio preferido del poeta Eliseo Diego.

Supongo que habrá sido para comprar una cajetilla de cigarros Royal Suaves que era los que fumaba, pero el hecho es que siento una explosión y aquello se llena de pronto de perseguidoras o patrullas de la policía. Entonces la calle San Rafael era abierta al tránsito y con sentido de circulación hacia Prado, donde finalizaba y no como ahora que es un bulevar peatonal, y la calle Galiano era de doble sentido y controlada por un semáforo con un policía y el tráfico vehicular y peatonal eran impresionantes.  Por tanto, al estar en la misma esquina, corrí por Galiano hacia Reina y cuando llegué justo frente a la entrada de Fin de Siglo, crucé la calle, pues todos los carros y guaguas se habían detenido y la marea humana que me acompañaba o de la que yo formaba parte, iba en desbandada.  Un poco antes de la esquina de Galiano y San José, en el mismo medio de la calle se detuvo una perseguidora y sus ocupantes se bajaron con ametralladoras Thompson y a todos los jóvenes que por allí corrían, los detuvieron y pusieron contra la pared.  Yo llevaba para mi madre unos pastelitos de ensalada de pollo que con el empujón se hicieron puré.  Pero milagrosamente la radio de la patrulla los convocó y salieron en dirección hacia el Malecón, así que todos los que pasamos el susto no corrimos, volamos.  Yo tomé por San José hacia Belascoaín y ya he narrado la historia de que me metí en el famoso burdel Tía Nena, donde varios como yo hicieron lo mismo y ahí terminamos hasta que consideramos que la situación se había tranquilizado. Y nadie tenía espíritu de entretenerse en otra cosa mientras esperaban.

Quiere decir esto que el terrorismo no solo provoca víctimas inocentes cuando ocurre un atentado por una bomba, un tiroteo o un secuestro de un avión u otro transporte, también afecta a los que no tienen nada que ver con el hecho y pueden ser acusados de haberlo realizado como casi me pasa a mí.


La embajada de Brasil.

Mi padre era un sencillo guagüero, pero que tenía el concepto de que las cosas iban mal y que había que hacer algo por acabar con el desgobierno de Batista y lograr que se instaurara de nuevo la democracia y la justicia social.

Por su participación en acciones de sabotaje, sobre todo después de la Huelga del 9 de Abril de 1958, mi padre es perseguido y apresado en ese propio mes por el connotado asesino Orlando Carratalá Ugalde. Después de algo más de un mes en la fatídica Décima Estación del Cerro, es soltado e inmediatamente el Movimiento lo llevó y asiló en la Embajada de Brasil en La Habana, sita en Calle G y 19 en el Vedado. Estuvo un tiempo recuperándose de las fracturas y golpes recibidos y la decisión del Movimiento fue que se fuera para Venezuela mediante el salvoconducto que la embajada de Brasil había emitido. Sin embargo mi padre optó por irse a luchar a la Sierra Maestra, pero lo enviaron al Escambray, donde debía esperar la llegada de las columnas de Camilo y el Che. De esto nos enteramos un día que fuimos a verlo a la embajada y ya no estaba. Un contacto del movimiento 26 de Julio, que traía todos los meses dinero para el pago del alquiler de la casa y otros gastos nos dijo que papá estaba camino a la Sierra Maestra.


En la Embajada de Brasil, al igual que lo hicimos antes en la Décima Estación, íbamos mi madre y yo casi todos los días, en el primer caso para presionar y poder verlo y llevarle comida (aceptaban la comida pero nunca lo vimos mientras estuvo preso y después supimos que nunca se la dieron) y en el segundo para darle aliento e insistirle se fuera para Venezuela. A la embajada, a pesar del ambiente y el trato exquisito del embajador Vasco Leitão da Cunha, no me gustaba ir por una sola razón, siempre nos invitaban a almorzar y si uno se negaba casi lo obligaban y la verdad que la comida no me gustó ni una sola vez, pues unos macarrones nadando en leche no son mi fantasía culinaria. Yo se que no todos los brasileños comen así, porque si fuera el caso, los compadezco, aunque para gustos se han hecho colores y lo que para unos es una delicia para otros es un asco.

De mediados de julio de 1958 hasta el 6 de enero de 1959 no supimos nada de mi padre, lo que pasaba por nuestra mente era peor que tener conocimiento de lo peor que pudiera pasarnos, que hubiera perdido la vida. De esa etapa de su vida mi padre no ha querido hablar mucho, solo contaba que estuvo en una finca con otros dos compañeros alrededor de veinte días pasados los cuales se apareció un enviado del Ché a recogerlos para llevarlos a su presencia.  Tuvieron sus recelos pero resultó ser cierto. A mi padre lo asignaron a la escuadra del Teniente Manuel Manals, perteneciente al pelotón del Capitán Ramiro Valdés, de la Columna No. 8 "Ciro Redondo" comandada por el Ché Guevara. Cuenta mi padre que Ramiro Valdés era un sumiso con el Ché y que ambos eran partidarios de la sangre y no de la sanción o condena, y mucho menos de la reeducación, que no había rasgos de humanidad en ellos ni en las órdenes que recibían y que les conminaban a hacer todo lo posible por eliminar o subvalorar lo hecho en el Escambray por el Segundo Frente y por el Directorio Revolucionario, ya que se trataba de "bitongos improvisados que ven la revolución como una aventura de Errol Flynn", según frases que les inculcaban y recalcaban. Muchos años después leí esta pregunta y su respuesta: "¿A qué participante del ataque al Cuartel Moncada los médicos lo diagnosticaron como psicópata y lo separaron de la población penal en Isla de Pinos? Pues nada menos que a Ramiro Valdés."

Pero las personas como mi padre, que no era de los que le habían afectado intereses alguno, pero que conocía desde adentro "al monstruo y le conocía las entrañas" como dijera Martí, no podía quedarse con los brazos cruzados.

El seis de enero de 1959, mi padre, combatiente del movimiento 26 de julio y del Ejército Rebelde en la Sierra del Escambray, regresó a La Habana después de haber peleado con la columna comandada por Ernesto "Che" Guevara y llegó temprano por la mañana como el mejor regalo de Reyes para mí, aunque ya no tenía edad para creer en esa fábula, pero no había alegría mayor, después de lo vivido, que tener a mi padre sano y salvo a mi lado. En el barrio todos lo felicitaban, era el único "barbudo" conocido, todos querían fotos con él, pero tenían que apurarse, pues mi padre se peló, se afeitó, botó el traje verde olivo en la basura y nos explicó que se avecinaba una farsa que iba a destruir a Cuba.

En medio de la hipnosis colectiva surgida con el triunfo de la Revolución, la convicción de que ya no habría más represión ni muertos y el país florecería económica y socialmente, la mayoría, incluyéndome yo, no creímos en su pesimismo. Como siempre pasa a esa edad, estaba convencido de que nuestros padres andaban equivocados y tenían un pensamiento anticuado. Darme cuenta de lo contrario, años después, de la razón que tenía y que le hice caso omiso, fue la más amarga de mis horas.

Por eso siempre hay que escuchar y hacerle caso a lo que dicen los padres.


La peor Nochebuena de mi vida.

Llegó el mes de diciembre de 1958.  Todavía me enardecían los coros de la conga de los negros del barrio detrás del mitin por Rivero Agüero y sacaba balance de lo ocurrido.

Tenía trabajo y bastante bien retribuido, pero mi padre había estado preso, torturado, asilado en una embajada y ahora se encontraba en el Escambray alzado y no sabíamos nada de él.  El movimiento 26 de julio prácticamente mantenía la casa, así que eso no era preocupación.

Las clases en el Instituto donde estudiaba bachillerato, se habían suspendido.  Era un peligro ir al cine, a un restaurante y hasta salir a la calle, pero había que hacerlo.

Esa Nochebuena quizás la peor de mi vida.  Pronto terminaría una pesadilla, pero la que vendría sería mucho peor.

Al triunfo revolucionario todo nos parecía como de ensueño, sentíamos que habíamos llegado a la cima, pero no nos acordamos de la frase de Napoleón, de que mientras se sube, uno se puede detener, pero en la caída no hay forma de detenerse.

Tanto para sus fanáticos como para sus adversarios, Fidel siempre estaríaa ahí con sus discursos de cuatro horas que la gente veía como a un reality show de nuestros días, inclusive tomando chocolate y comiendo galletas como si estuviéramos en un ciclón (lo estábamos sin saberlo), sus carteles efectistas y sus consignas grandilocuentes.

Ese era el principio de la caída que sesenta años después todavía no termina.

Así y todo, !cómo me gustaría volver a recorrer esas calles de La Habana de 1958!.  Aunque es una ficción, envidio al personaje principal de mi novela.