jueves, 17 de abril de 2014

INSTITUTO DE ORGANIZACION DEL TRABAJO Y LOS SALARIOS.


INSTITUTO JULIAN GRIMAU EN SU ENTONCES SEDE DE CUBA Y OBISPO.

INSTITUTO DE ORGANIZACION DEL TRABAJO Y LOS SALARIOS.

"La organización del salario en el socialismo requiere una concepción integral a nivel de toda la economía de forma tal que se logre, dentro de las limitaciones actuales de la ciencia del trabajo, la máxima aproximación entre el salario y el aporte laboral del trabajador y, consecuentemente, que a trabajos iguales correspondan salarios iguales".
DrSc. Lázaro Gonzalez.

Este destacado científico de estudios del trabajo estaba bien claro de cuál era el camino. Al menos en esos momentos le hicieron caso, pero solo en ese momento.

Nuestro destacado escritor y periodista Leonardo Padura ya lo había señalado en un artículo: "Hace años los cubanos formularon una máxima para describir su relación laboral con el Estado: tú (el Estado) haces como que me pagas y yo (el ciudadano) hago como que trabajo. De esa forma tan sintética y precisa se resume la reciprocidad de los trabajadores con los salarios irrisorios, totalmente insuficientes, que reciben por su condición de obreros, técnicos y profesionales dependientes del principal empleador existente en el país, o sea, el Estado. Mucha gente seguirá haciendo como que trabaja sin trabajar, robándose lo que pueda o emigrando tras el dinero que le puedan pagar otras tareas… u otros empleadores, dentro o fuera del país. Esa es la única forma que tiene la gente de ponerle el consabido cascabel al gato incapturable del viejo refrán."

Después de la estrepitosa zafra de los 10 millones, el país tomó conciencia de que se hacía necesario tomar medidas que permitieran institucionalizar el país y a su vez impulsar el desarrollo económico y dejar de lado los métodos voluntaristas, al menos se tomó conciencia de ello.

PLANES QUINQUENALES.

Humberto Pérez, un economista formado en Moscú, fue el principal arquitecto de la creación de sólidas instituciones de planificación económica dirigiendo la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN) e inició el primer plan quinquenal, impulsando el Sistema de Dirección y Planificación de la Economía, copiado de las reformas introducidas en la Unión soviética en los años anteriores y que propulsaba la descentralización económica y el autofinanciamiento, buscando la solución al gran problema de la economía socialista: la ineficiencia.

Es en esos momentos que se incorpora dentro del Sistema de Dirección de la Economía un fuerte impulso a la organización del trabajo y los salarios, a partir de las extremas desviaciones que ella tenía, sobre todo en lo referente a la retribución salarial como forma de redistribución de la renta nacional y el papel motivador que debe llevar en sí.
Se preparan las condiciones para introduccir proyectos de Organización del Trabajo y los Salarios (OTS) en todos los sectores y ramas de la economía como premisa para la implantación de un reordenamiento salarial que estuviera acorde con el principio de distribución socialista, que al final no se diferencia mucho del capitalista: usted recibe en proporción a lo que aporta, en cantidad y complejidad.


AULAS DEL INSTITUTO.

Parte importante de ello fue la creación del Instituto Técnico de Organización del Trabajo "Julián Grimau" en el cual comencé a estudiar. Los estudios eran bastante completos y de él formaban parte numerosos trabajos prácticos relacionados con la temática, por lo que se daban clases 3 días a la semana y 3 se dedicaban a este tipo de trabajos, del que se se hicieron numerosos proyectos y se sacó una buena experiencia.

Pero como todo en Cuba se subordina a poner parches donde hay un hueco, estos trabajos prácticos se suspendieron a pesar de ser la parte más importante, pues era la aplicación práctica de lo que se estudiaba. Hay que aclarar que todos los alumnos eran trabajadores activos y cobraban su salario por estudiar, además había representación de todo el país, es decir alumnos desde Pinar del Río hasta Baracoa, muchos de ellos becarios internos, pero eso, al igual que con la zafra de los 10 millones y las posteriores movilizaciones agrícolas no importaba (parece que tampoco habían estudiado a los clásicos del marxismo, donde plantean la importancia de los costos en cualquier sistema económico).

Es por ello que abruptamente se interrumpieron los ejercicios profesionales y los tres días dedicados a ello se convirtieron en días de trabajo como estibadores en los muelles del puerto de La Habana. En esos momentos estaba en crisis la llamada cadena puerto-transporte-economía interna. Así que había que poner a quien fuera en función de despejar los almacenes del puerto, para a su vez evitar el congestionamiento existente con barcos en espera de atracar y descargar y el pago de estadía por ello.


EL PUERTO DE LA HABANA EN LOS AÑOS 80 ESTABA SIEMPRE CONGESTIONADO.

Al principio la gente buscaba la manera de enfermarse aunque fuera uno de los tres días, pero pronto hasta eso evitaron por varias razones. Una el trabajo no era ni mucho menos para matarse. Siempre había oído uno hablar de los estibadores del puerto como un trabajo durísimo, pues parece que los estibadores del momento lograron ablandar ese tipo de tarea, si eso era así y ellos cobraban salarios buenísimos por esa labor, ¿por qué nosotros íbamos a hacérsela a ellos?
Otra razón es que de una manera u otra la gente se la agenciaba para aunque fuera en los bolsillos llevarse aunque sea media libra de garbanzos o una lata de sardinas, o tomarse o comerse cualquier latería que hubiera en los muelles y cuyos envases estaban completamente canibaleados. Fresas naturales (algo exótico en Cuba), aceitunas rellenas, anchoas, leche condensada con chocolate, espárragos, carne prensada, eran los objetivos preferidos, tanto de los trabajadores de los muelles como de nosotros.

Como jefe del un grupo tuve que intervenir numerosas veces por detectarse a alumnos con cargamentos en los bolsillos, broncas con los estibadores y hasta una vez que abrieron cajas que contenían el exquisito cognac armenio (entonces soviético) Ararat y pasarle la mano al jefe de los almacenes del puerto pues hasta casos de alumnos medios curda o curdas completo existieron.


CARNE DEL INSTITUTO JULIAN GRIMAU.

Solamente en el trimestre final del curso, al final de los dos años, suspendieron esos trabajos y nos dieron tiempo para hacer un proyecto final.

Pero tuve muy buenas experiencias en los estudios y también en el intercambio con mis compañeros, ahí había desde trabajadores de una empresa agrícola, hasta otros de la industria eléctrica o de la planta de níquel de Moa, con una participación mayoritaria de personal de la Industria Básica y la Industria Ligera.

Cuento algunas anécdotas, siempre se hacen afinidades y una de ellas fue con Bernardo, y Denis, un amigo nuestro que era de la Empresa Agropecuaria Horquita en las cercanías de Cienfuegos, al que a menudo dejaba irse los viernes y no concurrir al muelle los sábados para que tuviera más tiempo con su familia, en particular con su hijo recién nacido; nos invitó a a comernos un puerco a casa de su padre, que vivía en plena ciénaga de zapata y fuimos bien contentos.


UN PAISAJE MUY PARECIDO A LOS ALREDEDORES DE LA CASA DEL PADRE DE DENIS EN LA CIENAGA.

Era tremenda aventura y además estaba acordados traernos una pierna de puerco cada uno, por lo que fuimos con un maletín propio de escuela, tomamos el ómnibus para Aguada de Pasajeros y de ahí una guaguita que iba hasta Horquita. En Yaguaramas nos esperaba Denis, eran cerca de las 4 de la mañana, tomamos un carretón de caballos que hacía el viaje hasta Horquita y de ahí, ya adentrándonos en la ciénaga, caminamos como dos horas hasta que llegamos a casa del padre de Denis. Era un lugar completamente salvaje, en el medio de la nada, no había electricidad ni caminos, pero el padre y la madre disponían de comida abundante y sobre todo de la tranquilidad y paz que da el campo.
El puerco que nos ibamos a comer ya estaba muerto y estaban asando la mitad delantera y las costillas. El padre de Denis tomó un machete, cortó un racimo de plátanos machos y sacó malanga de varias plantas, así como naranja agria, ajos y cebolla. Y comenzamos a conversar y a tomar aguardiente, no me gusta pero era lo que se tomaba allí.


EL PUEBLO DE HORQUITA EN CIENFUEGOS.

Así que nos pasamos el día tomando, comiendo chicharrones y tostones hasta que estuvo asado el puerco y comimos hasta saciarnos con malanga con mojo criollo creo que no olvidaré nunca esa comida. Sacando cuenta nos habíamos tomado 6 botellas de aguardiente entre tres y llegaba el momento de la partida. El efecto del alcohol más la llenura de tanta comida sabrosa, nos tenía medio desorientados. Denis cogió los dos perniles, bastante grandecitos y sacamos nuestros maletines con las respectivas bolsas de nylon. Ninguno de los dos maletines fue capaz de asimilar tan gran botín, así que la pierna se salía y se veía. Era verano, así que no había un abrigo o algo para taparlo, pero así montamos en dos yeguas, en una ibamos Denis y yo y en la otra Bernardo que era más gordito. Menos mal que eran yeguas bien mansas, porque yo no sabía ni por donde iba.

Llegamos al poblado cerca del anochecer e hicimos el viaje de regreso desde Yaguaramas a Aguada de Pasajeros, tras una larga espera por la guagua y no se cuántos cafés para espabilarnos. No he dicho que en ese tiempo estaba todavía fresca la secuela de la fiebre porcina, por lo que la cría de cerdos estaba bien controlada y el andar con carne de cerdo era penado. Así que con tremendo susto e intriga, como si fuéramos narcotraficantes o algo así, entramos a la espera del ómnibus para La Habana, nos recostamos encima de los maletines escolares para que nadie viera lo que había dentro pero siempre con el temor de que lo revisaran a uno. Por supuesto a esa hora pasaron policías y más policías, pero nos hicimos los dormidos, cosa que no nos costó mucho trabajo, y tuvimos suerte que pudimos llegar a nuestras casas satisfechos por el viaje, la compañía, la comida y el botín preciado.


IMAGINENSE UN MALETIN COMO ESTE CON LA PIERNA DE PUERCO SALIENDOSE Y SIN PODERLO CERRAR.

Otro personaje del que no puedo dejar de hablar es Florentino Villamil. Era de las personas de mayor edad en el aula y había sido durante muchos años sobrecargo de buques de la flota mercante cubana. Es por ello que tenía un estándar de vida fuera de lo común en esos tiempos en Cuba. Florentino iba diariamente en una moto MZ y otras veces iba en su VW flamante. Me contaba que lo había comprado en Holanda al increíble precio de 40 dólares. Aparentemente había sido de una compañía publicitaria pues tenía un radio amplificador Blaukpunt el cual él solo valía varias veces los 40 dólares (Blaukpunt o Punto Azul era un radio alemán que era sinónimo de calidad y solo lo traían los autos de lujo).


VOLKSWAGEN ESCARABAJO DE 1965 COMO EL QUE LE CHOCARON A FLORENTINO. ABAJO EL FORD INTERCEPTOR QUE LE DIERON POR REPOSICION.


Hicimos buena amistad y ayudaba a Florentino en los estudios y muchas veces me llevaba o me iba a buscar a la casa. Un día me cuenta que iba por el Vedado por la calle 23 y le salió, llevándose la luz roja, un jeep de la policía y le dió de lleno al VW, dejándolo hecho polvo. Por suerte solo tuvo un esguince en una mano, pero ahí comenzó su calvario para que le arreglaran o le repusieran su carro. En esos momentos se estaba ensamblando en Cuba una especie de jeep con carrocería plástica y con motor VW que lo bautizaron como Montuno y no es que fuera algo de lo común, pero en su interior lo que había eran motores y cajas de velocidad Volkswagen producidas en México y ello era una exclusiva que tenía el Ministerio del Interior.

La solución final fue no arreglarlo ni reponerlo, por supuesto algún personaje del Ministerio del Interior vió en ello la oportunidad de legalizar lo suyo y le ofrecieron como compensación un Ford Interceptor de 1959, que eran los autos que usaban las patrullas policíacas ya desechadas, en muy buen estado y con un radio Motorola con amplificador en las cuatro ruedas, un supercargador y un tanque de gasolina doble. Aquello lo deslumbró, y a pesar de que le dijimos que siguiera insistiendo en lo del VW, aceptó el trato.


JEEP MONTUNO, TODAVIA EXISTEN MUCHOS EN CUBA

Por supuesto el Ford estaba impecable, pero se necesitaba un dineral para mantener aquel monstruo tragador de gasolina, así que solo lo caminaba esporádicamente y al final lo tuvo que vender....para comprarse otro VW pero mucho más viejo.

Tuve la suerte de ser nuevamente el estudiante más destacado y en la graduación en el Ministerio del Trabajo me correspondió dar el discurso de turno, lo cual hasta salió en el periódico.

Dos conclusiones positivas de la "Julián Grimau": estaba preparado para retos laborales superiores y ahora si no había quien me parara en mi meta de hacerme Ingeniero.


ADIOS A LA ADUANA, YA NO TENDRIA QUE ECHARME MAS SACOS AL LOMO.

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