jueves, 27 de marzo de 2014

CARNAVALES DE LA HABANA


CARNAVAL DE LA HABANA.

CARNAVALES DE LA HABANA

Será que solamente he ido a los carnavales en La Habana y Santiago de Cuba, pero no me gustan los carnavales. Supongo que los de julio de 1970 me curaron definitivamente de la carnivalitis.

Son famosos los Carnavales de Río de Janeiro en Brasil, el de Venecia en Italia, el de Uruguay, y se dice que tan famosos como los mencionados son los de Santiago de Cuba, con la influencia de la corneta china y de los paseos de comparsas a ritmo de las congas de origen africano, supongo que para los extranjeros sea un espectáculo desconocido al igual que nosotros veríamos con interés un país con nieve.

Hay que reconocer que el carnaval no tiene otro igual en participación popular en Cuba, aunque hay festejos de renombre en la isla y cada pueblo o ciudad tiene los suyos, los prepara y disfruta a su manera y con sus recursos, que como sucede en muchos lugares del orbe, cada día son menos y más costosos.

Pero el carnaval trae muchas cosas malas también. Recuerdo que trabajaba en los años 70 en la Unión de Empresas del Vidrio. Se había hecho una inversión importante en la ciudad de Las Tunas con una fábrica de vidrio de última tecnología, con equipamiento y asesoría belga. Para ello se habían seleccionado cerca de 300 tuneros, enviados a prepararse primero a la fábrica de San José de las Lajas y después un número grande de ellos a vidrierías en Bélgica.

Pues los carnavales por poco acaban con Vidrio Las Tunas, que así se llamaba la empresa. La producción de vidrio no admite interrupción, pues se solidifica el vidrio y es una gran consumidora de combustible. Eso no importaba para los tuneros que ponían ante todo el disfrute de los cinco días de carnaval y no concurrían al trabajo, por lo que a muchos hubo que ir a buscarlos y despertarlos de la borrachera o sacarlos de los festejos la policía y obligarlos a ir al trabajo. Con los que estuvieron trabajando más tiempo ocurrió después lo mismo, solo querían estar en el carnaval y no volver al trabajo.
Pero eso es parte de otra historia.


CARROZA EN EL PRADO.

El carnaval de La Habana es la fiesta popular mayor de la capital de Cuba donde tradicionalmente ha participado una gran parte de la población a partir de la organización en barrios de pertenencia, (aunque cada día participan menos por lo peligroso de este espectáculo), lo que ha caracterizado a las comparsas representativas de cada uno de ellos. Sus orígenes datan de los albores de la época colonial en el siglo XVI, en torno a las fiestas del Corpus Crhisti y la salida de los cabildos de africanos y sus descendientes a partir del Día de Reyes. El Carnaval de la Habana actual refleja el drama de un crimen colectivo e involuntario de lesa cultura; denota la tergiversación profunda de una fiesta universal relacionada con el ciclo anual de muchos pueblos del orbe, vinculada con "... las fechas móviles de Cuaresma y Pascua de Resurrección, la cual cae invariablemente cada año en la luna nueva siguiente al primer domingo después del equinoccio de marzo" (Don Fernando Ortiz). Lo primero es que ya el carnaval no se celebra en esas fechas sino en otras decididas arbitrariamente.


Esta tradición ha sido trastocada por un espectáculo de gran cabaret al aire libre; lo que ha representado, por tanto, un triunfo de lo banal. Esta situación desploma más de cuatrocientos años de tradición folklórica. La primera respuesta define que el carnaval de hoy, sencillamente ha sido manipulado hasta convertirlo en la caricatura de un carnaval.
Los carnavales tenían preciosas carrozas, con música, mujeres bonitas, asimismo con los personajes mas demandados en los llamados “Muñecones”, enormes figuras que representan a los más diversos personajes, además de los faroleros, artistas que se integran al espectáculo portando aditamentos multicolores que hacen girar de forma continua todo lleno de colores y para apreciar toda aquella belleza y alegría no se necesitaba tener un palco, los pobres teníamos la oportunidad de disfrutarlo al igual que los de la clase media o que los ricos, solo había que ir y mirar...con eso
éramos felices.

Siendo entonces un niño lo que más me gustaba de los carnavales eran las serpentinas, pero también disfrutaba mucho de los panes con lechón, los enchilados de muelas de cangrejo, y las carrozas. Y lo que menos me gustaba era el gentío y muchas veces el calor insoportable por tanta gente y luces. Pero me llevaban y no tenía otra opción.
Este proceso se vio sometido durante la etapa republicana (1902-1958) a diversos altibajos, entre prohibiciones de las actividades y la comercialización dependiente de campañas políticas electorales. Los desfiles tradicionales se efectuaban a lo largo del Paseo del Prado y en los alrededores del Capitolio Nacional.


CARNAVAL EN EL MALECON.

El carnaval habanero alcanzó gran esplendor hasta la década de los años setenta del pasado siglo XX, gracias al apoyo institucional recibido, pero a partir de los años ochenta fue decayendo sistemáticamente debido a varias situaciones desfavorables. La fecha histórica de principios de cada año (febrero), fue trasladada para julio, por cuestiones políticas; se creó una Empresa para atender el aseguramiento y organización del carnaval y ello propició un proceso de burocratización y corrupción que fue debilitando la capacidad creativa y participativa de los diversos barrios
habaneros en la organización de sus comparsas.

Las gestiones que habitualmente realizaba cada comunidad para organizar su participación en el carnaval comenzó a depender de presupuestos generales que asignaba el Estado con la intención de apoyar, pero en la práctica, generaba una total dependencia y un evidente desarrollo desigual. Por ejemplo, mientras algunas comparsas ostentaban cada año lujosos trajes, depurados diseños y una relativa abundancia de recursos, otras como las comparsas tradicionales iban decayendo como flores marchitas, lo que desestimulaba la participación de los jóvenes en estas actividades, junto con la desilusión de sus fundadores.



CARNAVALES EN EL PRADO AÑOS 50.

Esta competencia desigual fue un factor que contribuyó al deterioro de las comparsas tradicionales unido al hecho de que ellas iban perdiendo su identidad al convertirse en comparsas patrocinadas por el estado. La propia división político-administrativa de 1976 influyó, pues en la ciudad de La Habana también se cambiaron los límites de municipios sin considerar criterios históricos, culturales ni espaciales, se eliminaron los nombres de los barrios, que permanecieron en la memoria histórica de la población adulta, y fueron creadas las Circunscripciones, un espacio operativo relacionado con los órganos del Poder Popular, pero que nada tenían que ver con las tradiciones festivas de la población, ni con el sentido de pertenencia, ni con la identidad local. A usted le pueden imponer ahora
mismo otro nombre y usted siempre seguirá llamándose como siempre se llamó, como ha ocurrido con tantas cosas en Cuba, antes y después de la Revolución.

El carnaval de La Habana es, o ha sido transformado en, un espectáculo al aire libre que organizan diversas instancias del gobierno de la ciudad de La Habana para que la población residente o de tránsito en la capital asista y consuma lo que "ordenadamente" debe transcurrir en una fecha desconectada de su tradición histórica y en un espacio que tampoco se corresponde con el crecimiento demográfico de la ciudad.

Además el carnaval de La Habana se ha convertido, desde hace varias décadas, en un verdadero dolor de cabeza para quienes tienen la complicada tarea de promover y "organizar" una supuesta "fiesta popular" con el fin de propiciar una diversión en el más estricto orden y con un mínimo de gastos, donde la obtención de ganancias no siempre se revierte en el propio desarrollo del carnaval. Un amigo, que en sus tiempos fué oficial de la policía en la estación de La Habana Vieja (Picota) me contaba que era una masacre cualquier noche de carnaval, entre puñaladas, punzonazos, golpes, riñas tumultuarias, etc.


CARNAVALES ACTUALES.

El primer Carnaval Socialista se celebró en Febrero de 1962, y fue planeado por los funcionarios del Instituto Nacional de Cultura con el fin de erradicar “los falsos conceptos” carnavalescos heredados del capitalismo, así como para estimular la interacción de blancos y negros dentro de marcos institucionales controlados.Los volantes promocionales insistían en la espontánea concurrencia habiéndose ya, sin embargo, seleccionado quienes asistirían a esta fiesta. En 1964 se incorporó como requisito para ser elegido estrella o lucero del carnaval las cualidades revolucionarias. Las
ganadoras de los concursos de belleza realizados entre 1968 y 1971 fueron coronadas “Estrellas de la Cosecha,” cada una en representación de un cultivo diferente (entre ellos el café y los cítricos, cultivos casi desaparecidos en la Cuba de hoy, pero florecientes entonces). Es decir usted podía reunir todos los atributos de belleza y simpatía, pero si no cumplía con su integración revolucionaria, ni siquiera podía aspirar a dicho concurso. Una vez más la política detrás de todo o mejor dicho, ante todo. Al pueblo pan, vino y circo como en la antigua Roma.

La situación histórica ha cambiado, pero los prejuicios contra el carnaval se mantienen vivos o yo diría que se han aumentado considerablemente. El balance es que son más tragedia que diversión.


REINAS DEL CARNAVAL

Reinas del Carnaval.

Un periodista se dedicó a realizar un inventario que le permitiera hallar la cantidad de reinas, damas y modelos que quedaban en Cuba.
"Comencé por Norka, para muchos la mejor modelo cubana de todos los tiempos, la cual llegó a ser contratada por la casa Dior. La ex compañera de Korda, en la entrevista que le realicé, mencionó una limitante en las modelos de la isla: “Las cubanas nacieron para gustarles a los hombres y el fashion show exige que el maniquí se comporte como una percha que se mueve”, dijo. Y alabó los concursos de belleza como una frivolidad inherente a la condición humana. “No solo de consignas viven el hombre y la mujer”, recuerdo que aseveró".

Después llegó el turno a la fallecida Dinorah del Real (Reina del carnaval de La Habana en 1955), que no quería hablar sobre el asunto pero después se decidió y relató la pompa de las perseguidoras de la policía siguiendo el lujoso convertible que transportaba a la reina y sus damas. Del Real fue una de las más celebradas locutoras de la televisión cubana, puesto al cual accedió por su belleza y su simpatía, y estaba graduada de la Escuela Normal de Maestros. Dinorah fue una mujer muy completa como madre, esposa y artista y hasta formó parte de la selección nacional de baloncesto femenino que en aquellos tiempos jugaba, para aumentar su nivel, con el equipo masculino, en el que militaban celebridades como José Llanusa, Fabio Ruiz, Fico López y Risita Quintero.

La actriz Ana Viñas fue dama del carnaval en 1958, posteriormente se convirtió en modelo de la cerveza Hatuey, matriculó actuación y se convirtió en una de las mejores actrices de teatro y cine del país con títulos como Los Sobrevivientes, de Tomás Gutiérrez Alea. Siguió en el turno Flora Lauten, la última Miss Cuba que compitió en el concurso de Miami Beach en 1960, en donde fue atacada por los exiliados cubanos batistianos, quienes quisieron arrebatarle la bandera nacional que ella defendió con valentía y civismo, estos concursos no debe tener ningún matiz político.

Odalys Fuentes fue otra gran modelo de rostro único, descubierta por el empresario de televisión Gaspar Pumarejo. Cuenta Odalys que el canal 2 de la televisión había convocado a jóvenes para acompañar a Lucho Gatica en su primera presentación en Cuba. “Entonces entró un hombre comiendo un choripán (Pumarejo) inspeccionó a las decenas de muchachas y señalándome exclamó: ‘dejen a ese animal que es el mejor del día’”, contó Odalys Fuentes. La frase del empresario cubano era copia al carbón de la lanzada por el “mogul” Darryl Zanuck cuando se refirió a Ava Gardner. Pero el
verdadero animal era Gaspar Pumarejo a pesar de toda su habilidad para los negocios.

Pero lo de Odalys Fuentes no terminó allí pues fue modelo para América Latina de la línea de cosméticos Max Factor, y junto a Ana Viñas, maniquí de la cerveza Hatuey. Odalys pasó a la actuación y dejó huella en legendarias telenovelas como Doña Bárbara y El naranjo del Patio. Se casó y tuvo tres hijos con el comandante Oscar Fernández Mel, persona decente y médico cultivado que poco a poco fue siendo eliminado del poder, después de haber sido alcalde de La Habana y embajador de Cuba en el Reino Unido.


LOS CARNAVALES DE 1970.

Los Carnavales del 70.

Tras el reciente y estrepitoso fracaso de la zafra de los 10 millones que iban pero que no fueron !Y de que van van¡, el país andaba cabizbajo, con depresión ante la evidente realidad de que, a pesar de los esfuerzos y los sacrificios, no siempre se triunfaba. Así que los estrategas consideraron que lo mejor para sacudir el gran abatimiento colectivo, era, dado el carácter fiestero del cubano, darle unos carnavales inolvidables.

Desde la capital hasta el pueblito más pequeño, las autoridades botaron la casa por la ventana dotando de presupuesto y recursos suficientes a las carrozas y comparsas, sacaron a la venta la comida y la bebida que desde hacía mucho tiempo andaban perdidas y crearon el ambiente adecuado. El perico está llorando de Tata Güines se escuchaba una y otra vez y la gente a bailarlo y a tirar hacia arriba los envases de perga llenos de cerveza mientras los vigilantes hacían la vista gorda porque las órdenes eran que el pueblo se divirtiera. La gente compraba la cerveza por cubos.

Pero bien entrada la noche llovieron los navajazos y los palos y cascazos de la policía. Por aquellos tiempos, una guerra enfrentaba a guapos y pepillos, a los ambientosos contra “los chicos de la onda”. Y a la policía contra todos. Las broncas entre guapos y pepillos estallaban por cualquier motivo o sin él. Las armas eran, además de los puños, ladrillos, botellas, chavetas o cinturones anchos de enormes y contundentes hebillas. Los bandos estaban bien delimitados. Los guaposos de Párraga, Mantilla y San Miguel del Padrón, con motas, casquillos de oro y platino en los dientes, pantalones anchos y zapatos apaches. Los pepillos de La Víbora, Santos Suárez, Alta Habana El Vedado y Miramar, con melenas y pantalones acampanados. Unos bailaban casino con Revé, y Los Van Van. Los otros se contorsionaban con el rock, al que por aquella época le habían levantado algo la prohibición, al menos en Nocturno, Radio Cordón de La Habana y Radio Liberación (CMQ con nombre cambiado), hasta que lo volviesen a proscribir en 1971, luego del Congreso de Educación y Cultura que nos metiera de cabeza en el Decenio Gris.

El Carnaval Santiaguero.

El carnaval en Santiago de Cuba se vive de forma diferente, su colorido, su intensidad, con un calor humano indescriptible, es el más loco y desenfrenado de los carnavales cubanos, es por ello, que es uno de los de mayor popularidad en la isla y en el Mundo. Música y baile divierten a turistas y pueblo de la capital oriental, que se entrega a él en cuerpo y alma, por los días que dura la tan esperada celebración.

Sus raíces están en la época colonial con las procesiones religiosas, en honor al santo patrón que dio nombre a la homónima ciudad. Los vecinos de la villa fundada por Diego Velázquez, recorrían las principales calles y daban vueltas alrededor de La Catedral, hasta hoy con una posición privilegiada y donde supuestamente fue enterrado el avezado conquistador español a pedido suyo.

La celebración del Día de Santiago Apóstol, el 25 de Julio, era ambientada por los cabildos y parrandas, fueron institucionalizados y hasta hoy constituyen el más grande evento cultural de la provincia de Santiago de Cuba y uno de los más importantes del país caribeño.


CARNAVAL EN SANTIAGO DE CUBA

Este carnaval consiste en desfiles de las Congas (comparsas) de origen africano, predominan los toques de tambores, quinto, campana, corneta china, instrumento este, distintivo en la conga santiaguera y otros instrumentos, los cuales arrastran tras de sí, a una impresionante multitud de personas, que marcan el compás de la música con el típico paso que los santiagueros conocen desde la cuna (tal parece que van cojeando).
Estuvimos en los carnavales de Santiago en el año 1980 y se los regalamos a los ilustres santiagueros, la verdad que hasta miedo nos dió.

"Perdona que te disculpe", como dice Cristinito, que me perdonen los que gustan del Carnaval, para mí es una reunión multitudinaria de borrachos y antisociales. La Habana ya no tiene ni reinas, ni luceros, ni carnavales ni estrellas.

CARNAVAL EN LOS AÑOS 50.

1 comentario:

Unknown dijo...

En lo único que no concuerdo es con las reinas de belleza en ningún lugar ni momento, los considero puramente machistas, cualquier tipo de concurso de belleza.